Los O'Connor - Capítulo 14 - Sorpresa inesperada

Y de nuevo se vio desembalando sus cosas en el pabellón de caza. A regañadientes, Brendan  había consentido;  no le parecía justo esa solución, pero también conocía el carácter de Iris, y no quería estropear la poquísima armonía que reinaba entre ellos.  Al cabo de unos días, todo estaba en orden, y dispuesta para comenzar su nueva vida en Irlanda. Brendan habló con Thomas, y ambos hermanos quedaron de acuerdo en que sería muy útil en el departamento de Arte, como su ayudante . Y así fueron pasando los días, pero la situación entre ellos en nada cambiaba, al menos en la de Iris.    Brendan siempre estaba malhumorado.  Nada estaba saliendo como él pretendía. A cambio podía disfrutar de su hija y la niña del padre. Los fines de semana la llevaba a pasear en un pony que le había comprado, ante la alarma de Iris

- No me gusta nada que monte a ese animalito- recriminaba a Brendan
- Tranquila, no la pasará nada. Estoy  con ella

Disfrutaba de su trabajo, la gustaba muchísimo, y Thomas era siempre muy amable y cariñoso con ella.  Trataba de implicarse a fondo en su tarea, porque de esta manera no pensaba en otras cosas, que cada vez se colaban en su cabeza con más frecuencia.  Brendan estuvo algunos días de viaje por el continente, y hasta le echó de menos a la hora de la comida.  Acuerdo al que habían llegado para que Victoria tuviese más idea de familia y de lo que era un hogar con papa y mama juntos. Fue una tarea de mucha paciencia hasta que  él consiguió el visto  bueno de Iris.

  A menudo,  se asomaba al balcón de su habitación y miraba en dirección al pabellón, aunque solo fuera para ver sus luces encendidas.  Allí estaban su mujer y su hija, y él a escasos metros, tenía que conformarse con mirar las ventanas.  Alguna noche, desesperado, salía después de cenar e iba al pub a tomar una copa, para alejarse de aquella complicada situación.  Cada vez deseaba más a su mujer; la amaba, de eso no tenía duda, pero ella permanecía herrática como el primer día.

Iris,  a su vez, prestaba atención a cualquier ruido que llegara desde la mansión. Oyó llegar un coche de madrugada, pero no quiso saber nada.  Por la mañana temprano, al levantarse, si la picó la curiosidad y se asomó al balcón que daba a la entrada principal de la mansión Sería su coche que llegó tarde y no lo cerró en la cochera.  Pero se equivocaba, vio que  el coche aparcado en la puerta no era el de Brendan.  No lo conocía, pero un timbre de alarma surgió en su mente ¿ quién sería el que vino a las tantas?

Se vistió rápidamente y se acercó a la mansión, advirtiendo a María de que estaba en la casa, por si la niña se despertara.  Paul, le franqueó la entrada y la indicó que Brendan estaba desayunando en el comedor,  y hacia allí se dirigió resuelta.  Se sorprendió al comprobar que estaba solo.  Miró alrededor con curiosidad ante la extrañeza de él

- ¿ Qué pasa? ¿ Qué miras ? - la preguntó
- Nada en realidad. Sólo que pensé que tenías invitados
- ¿ Por qué piensas eso ?
-He visto un coche que no es el tuyo aparcado a la entrada.  Pero no he debido venir; he sido muy indiscreta
- Pensabas que estaba con una mujer ¿ verdad? - ella no esperaba esa respuesta y se quedó callada-
¡ Por todos los santos ! ¿Has venido por eso? ¿ Qué te ocurre ? Creo que tengo derecho a vivir la vida, al igual que haces tú.  Ese fue el acuerdo que tuvimos. Pero no.  No hay ninguna mujer en mi cama, si es eso lo que piensas
- ¿ Y el coche ?
- Sencillamente se me estropeó y me dejaron este. Ya ves que todo es muy sencillo. Sólo tu mente calenturienta lo hace más complicado

Ella dio media vuelta, y salió de la estancia  rápidamente. Él la alcanzó antes de salir y tomándola de un brazo  la dijo

- ¿ Hasta cuándo vas a tener este jueguecito conmigo ?
-¿ Qué insinuas ?
-No insinuo nada, te lo estoy diciendo
- Suéltame, por favor.  Me estás haciendo daño
- Descuida mujer, ya lo hago

Iris salió avergonzada de allí.  No había creído la versión que Brendan le había dado, pero además la molestaba que él pensara que estaba celosa, aunque en realidad fue eso lo que la hizo acudir a la mansión. ¿ Sería cierto lo que la dijo ?  Tardaron varios dias en verse.  Enviaba a Victoria con Maria a la hora de la comida, para que lo hiciera con su padre, pero ella almorzaba en la oficina con cualquier excusa.  Se retrasaba por la noche para no encontrarse con él.   Brendan imaginaba que todo era por no verle.  Y en este tira y afloja seguían con sus vidas adelante.

Llegaba tarde a la oficina y no la gustaba que eso sucediera. Buscaba algo en un cajón de su cómoda, pero éste se atascó con algún objeto y no había forma de poder abrirlo. Por momentos se ponía más nerviosa, hasta que de un empellón furiosa, el cajón cayó al suelo junto con su contenido.  En el reverso del mismo vio que había una especie de carpeta sujeta a la madera con un trozo de cinta americana.  La curiosidad tiene nombre femenino. Tomó  el cajón y lo dejó encima de la cama, despegando la carpeta para ver lo que contenía.   Estaba haciendo algo que no era correcto, pero era su mueble y su casa; tenía perfecto derecho a averiguar lo que se escondía allí. Algo valioso y secreto debía ser para esconderlo  tan celosamente, y a buen seguro que sería de Brendan. ¿ Pero por qué estaba allí ?  Una vez en su poder, lo abrió y descubrió que se trataba de dibujos.  Dibujos de ella en distintas posturas, pero el último la llenó de estupor. Nadaba en una charca desnuda. ¿ Cómo se había atrevido a dibujar aquello ? ¿Era un enfermo sexual, un sinvergüenza?. ¡ Con razón lo ocultaba  !  Decidida salió en dirección a la casa.  A esta hora estaría desayunando, pero Paul la indicó que estaba en su despacho trabajando desde hacía mucho rato.

Dió unos golpecitos en la puerta y a la voz de Brendan, abrió la puerta, portando la carpeta en la mano.  Nerviosa, con paso firme, llegó hasta donde él estaba, que extrañado al verla  preguntaba al ver la expresión de su cara de pocos amigos.

-¿ Qué demonios ocurre ahora ? - Ella sin dar siquiera los buenos días, dejó caer la carpeta encima del escritorio
-¿ Qué es esto, qué pasa?
-Dímelo tu. ¿ Cómo demonios te has permitido hacer ésto? ¿ Quién te ha autorizado? Has invadido mi privacidad y eso es demandable, así que explícate

Brendan tomó la carpeta y vió los dibujos que había realizado de Iris desde que la descubriera en la charca cuando era adolescente y que motivó el suceso ocurrido con posterioridad, y  otros que había creado sucesivamente a través del tiempo ¿ Qué podía decir?  Levantó la mirada hacia ella, y lentamente habló

-Este dibujo-dijo señalando al de la charca- te lo hice hace mucho tiempo. Estaba intrigado por saber dónde ibas cada mañana por las caballerizas, pero  no montabas a caballo.  A escondidas te espié, hasta que descubrí tu secreto. Y si, vi como te desnudabas y contemple tu cuerpo    Trataba de imaginarte por las noches nuevamente; tenía fantasías contigo, es cierto.  Por eso... ocurrió todo... aquello. Yo era muy joven.  Tenía las hormonas revueltas y te vi desnuda, con un cuerpo perfecto. Días después ocurrió..., bueno ya sabes lo que pasó. Mi deseo pudo más que la razón; pero eso es ya conocido. El resto de los dibujos, los he ido haciendo a raiz de volvernos a ver años después. Los hacía de memoria, imaginándote, porque estabas grabada a fuego en mi cabeza. Un día los guardé y... sencillamente olvidé donde los puse.  Los busqué por todo el pabellón, pero no dí con ellos.  Siento que los hayas descubierto.  No los hice con mala intención, si es eso lo que te indigna. Ahora ya lo sabes.  Creo que me enamoré de ti el día que te vi nadando.
- Yo... pensé, al verlos..., que eran recientes. Me confundes mucho, Brendan.  No termino de entenderte; unas veces insinúas unas cosas y otras... Quédate con ellos, o haz lo que quieras.  No me pertenecen. Estaban en tu casa . Creo que es mejor que me vaya
-Espera. ¿ Te han ofendido? ¿ Los rompo?
- No me han ofendido. Bueno el de la charca un poco si.  Creí que era otra cosa...Son tuyos, haz con ellos lo que quieras

Y con la misma rapidez que entró se fue dejando a Brendan algo perplejo. Se la veia sofocada y nerviosa. Él estaba indeciso; le había declarado abiertamente su amor, pero ella no se había dado por aludida.

- No le intereso lo más mínimo.  Por mucho que me esfuerce, es inútil.

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