¿ Existen las casualidades ? Capítulo 5 - Albert

A raiz de su fracasada relación con Elsa, se sumergió en el trabajo. Era incansable en su labor por llegar a cualquier rincón en que fuera necesaria su presencia. Estaba en Bolivia, cuando le llegó una orden de la central de su Organización para que acudiera a sus oficinas en La Paz.  Tenían una misión urgente para lo que era requerida su presencia a la mayor brevedad. 
Le trasladaban a otro país. El motivo era que el médico titular de la zona había tenido que regresar a su casa por motivos de salud.
- Pero mis pacientes necesitan que les siga cuidando-  expuso ante su jefe
- Tus pacientes, gracias a ti, pueden pasar una temporada sin atención. Además está en camino quién te substituirá
No hubo argumentos posibles que hiciera desistir al jefe, por tanto,  no sin antes gruñir lo suyo, se resignó a obedecer las órdenes oportunas.  Después de recibir las instrucciones, dio una vuelta por la capital y se dirigió al hotel.  Llamó a Philip y le contó lo sucedido, a lo que el amigo le respondió
- ¡ Hombre, no es para tanto !
- Si, si lo es. Tenía mi vida organizada en aquel lugar, estaba a gusto y la gente me quería, a pesar de que mi carácter no es el mejor
- ¿Tu carácter ?,¡ pero si eras un ángel !   Se me está ocurriendo una idea. . .  ¿ Qué tal si me desplazase hasta allí y te echara una mano?
- Pero tu no perteneces a mi ONG
-Bueno, pero siempre es bienvenida una mano que ayude ¿ Qué te parece ?
-Que sería lo mejor que me ocurriese en mucho tiempo
Ambos amigos rieron.  Quedaron ponerse en contacto cuando Albert supiera la fecha exacta y el lugar a dónde debían dirigirse. El Salvador era el destino y así se lo comunicó a Philip y ambos médicos  se encontraron en la capital del país San Salvador.
Para Philip constituía toda una novedad, nunca había trabajado de esta forma. Había sido siempre un médico de hospital, modesto, pero con más medios con los que contar.
El choque cultural para Philip, fué grande. Ni siquiera se había imaginado la escasez de todo que sufrían  aquellas personas. Pero enseguida se hizo con la situación. Les trataban con cariño y respeto y los aldeanos supieron ganarse el afecto de aquellos dos médicos.  Para Albert no supuso ninguna novedad. Estaba acostumbrado, sabía a lo que se enfrentaba, sólo que en esta situación tenían que contar con la repentina erupción del volcán cercano.
- Si eso ocurre, Dios no lo quiera, habrá que convencer a estas gentes de que deben dejar todo, y cuando digo todo, incluyo no sólo la casa, también los animales y todo aquello que les impida salir rápidamente de aquí-.   Advirtió Albert a Philip
- ¿Pero tan grave es la situación?
- Esperemos que no se de. Te lo advierto porque hay que evacuar en minutos. Hay que ser muy diligentes y persuasivos. Ellos no querrán dejar a sus animales, son su medio de vida, pero como habrás observado solamente nosotros tenemos vehículo y habrá que utilizarlo para transportar a las personas más delicadas de salud, o a los ancianos.  Eso suponiendo que no tengamos un parto. . .
- ¿ Un parto ?
- Si. No me digas porqué, pero siempre hay una mujer pariendo cuando menos falta hace . . .
- Por Dios, Albert, no hables así

Philip

Albert
- En el caso de que no tengamos presencia del volcán, en la estación de las lluvias el cielo se abre y la cantidad de agua que cae ni te la imaginas. El barro, la lluvia, los animales muertos, . es terrible. Pobrecillos. . . y lo que más me admira de ellos, es que siempre están contentos y dan gracias a Dios por haberles conservado  lo poquísimo que puedan rescatar
- Y ¿ no se puede hacer nada?
-¿ Cómo qué ?
-Construir refugios, o edificios para guarecer a los bichos. Qué se yo, pero hacer algo
- ¡ Ay Philip ! no estamos en el Norte . . .
- ¿ Y si recibiéramos algún donativo ?
- ¿ De quién ? la mayoría de los ricachones no sabrían localizar en el mapa el lugar dónde estamos
- Te noto que tienes el carácter muy agrio y pesimista
- Deja que lleves unos meses y me dices . . .
Mantenían esta conversación tumbados en la cama, dispuestos a conciliar el sueño después de una jornada de duro trabajo.  A Philip le preocupaba el carácter de su amigo, le desconocía por completo. Él no era así, tan amargado.  Sus facciones se habían endurecido y en pocas ocasiones sonreía. ¿ Tendría algo que ver Elsa? " No creo", pensó. "Ha pasado mucho tiempo y nunca la menciona ". Pero esa idea le rondaba incesantemente en la cabeza.  Recordó que aún no había contactado con ella para comunicarla el nuevo destino. Mañana sin falta la escribiré, y con un bostezo entornó los ojos y se quedó dormido.

Transcurrieron  más de tres meses y afortunadamente el volcán continuaba dormido y aún faltaba tiempo para la época de las lluvias.  Todo era normal. Los médicos continuaban con su labor, pero aquella mañana recibieron una notificación de que una comisión de la ONG llegaría en breve para facilitarles medicinas, si las precisaban.

Y llegó la comisión que estaba integrada por un guía, un administrativo y una cooperante alemana que tenía por nombre Karen. Era una mujer joven, aunque mayor que Albert y Philip, muy experimentada, simpática y agraciada sin ser excesivamente bonita.  Enseguida establecieron una corriente de simpatía, aunque Albert se mostraba algo retraído.  No sabía definir la atracción que sintió hacia ella. Debía ser la novedad de volver a ver unos cabellos rubios, o quizá fuese el recuerdo de otra mujer con el mismo color de pelo:  Elsa.
A pesar del tiempo transcurrido, de vez en cuando su rostro volvía a su memoria muy a su pesar.  No sabía nada de ella, pero su recuerdo seguía latente.  Philip nunca le había mencionado que ella estaba en un país vecino y que en cualquier momento iría a visitarla.  Ella tampoco imaginaba quién era el compañero de Philip que tanto mencionaba en sus cartas.

Karen

Karen invitó a los amigos a tomar una cerveza después del trabajo y ellos aceptaron. No les vendría mal un rato de ocio. Philip se dió cuenta de la afinidad que sentían Karen y Albert, y al cabo de un rato con la excusa de que estaba cansado les dejó solos.
Karen quiso saber el por qué un médico tan refutado como él no estaba dirigiendo un gran hospital en América
- Es muy sencillo Karen. No podría acostumbrarme al modo de vida americano, ya no. Llevo mucho tiempo fuera de casa
- Pero, en todo este tiempo ¿no te has casado, o te has enamorado de alguien y formado una pareja?

Albert se la quedó mirando seriamente, y sin saber muy bien por qué comenzó a relatar los avatares de la vida que le había llevado hasta allí.  El nombre de Elsa salió en repetidas ocasiones y ella se dio cuenta que aún la quería, aunque él se resistiese a admitirlo

- No, Karen eso pertenece al pasado.  La  quise mucho, pero ya no forma parte de mi vida
- ¿ Estás seguro ?
- Tan seguro como que hace siglos que no la veo y posiblemente no la veré más .  Ella pertenece a otra clase de personas, a las más acomodadas y yo soy un aventurero
- ¿ Sabes qué ? Si yo fuera ella, no te habría dejado escapar

 Albert rió, pero al tiempo nunca pudo explicar lo que le movió a aproximarse a ella, besarla y llevarla hasta un lugar alejado de todos y amarla intensamente.  El amanecer les sorprendió juntos y así sería todo el tiempo que Karen permaneció en el pueblo. La mañana de la despedida se quedaron sin palabras, sólo se miraban. Karen sabía que él no la amaba, no como ella hubiera querido, pero se quedaba con lo que ambos habían sentido en esas pocas noches que habían estado juntos.
- ¿ Cuándo volverás ? -  le  preguntó Albert
- No sé. No depende de mi. Yo me quedaría toda la eternidad, a tu lado, si estuviese en mis manos. Hay gente que necesita de nuestro trabajo. Dame un beso. Tengo que irme

Se despidieron pero no tardaron mucho tiempo en volverse a ver. Esta vez Karen traía una sorpresa para Albert  La noticia del regreso de la joven causó expectación. No tenían noticias de que viniese ninguna expedición. Regresaba ella sola y el guía

-¿ Por qué vienes ?-  preguntó Philip -  ¿ Ocurre algo ?
- Si Philip, ocurre. Necesito hablar con Albert ¿ dónde está ?
- Vendrá al atardecer. Ha ido al pueblo cercano; había que vacunar a unos chiquillos. ¿ Sabe él que venías ?
- No, no. Es una sorpresa. . .  espero

Albert llegó efectivamente al atardecer. Venia cansado y maloliente. Hacía mucho calor.  En la puerta de su pabellón esperaba Karen que corrió hacia él con los brazos abiertos en un emocionado abrazo

- Pero . . . ¿ qué haces aquí ? ¿ pasa algo ? ¿ te han destinado a este lugar ?
- No mi amor, he venido porque tengo algo que decirte
-Bien, pues dime
- Verás, no es fácil para mi porque soy plenamente consciente de nuestra situación
- No andes con rodeos, por favor. Me tienes en ascuas
- Estoy embarazada de ti
- ¿ Cómo dices ?
-Que vamos a tener un hijo
- Pero eso es estupendo, maravilloso ¡ Dios mio, un hijo !

La abrazó besándola y riendo hasta que ella le apartó suavemente. Tenía que seguir hablando con él
- ¿ Que pasa ? Todo va bien ¿ no es cierto ?
- Verás. El niño si, pero yo no
- ¿ Cómo que tú no?
- Me han detectado un tumor. Debía someterme a un tratamiento que hace peligrar la vida de nuestro hijo, y . . .
- No me digas que lo has rechazado
- Si, así es.  Quiero tener ese hijo, quiero darte ese hijo. Me lo aplicarán cuando haya nacido
- Pero el tiempo es primordial, no puedes esperar tanto ¿ De cuanto estás ?
- De nueve semanas
- No puedes esperar a dar a luz, sería demasiado arriesgado
- Lo sé. Los médicos  han hablado muy claro. Quiero ese bebé y si no llego a tiempo, al menos habré vivido los meses más hermosos de mi vida, pero a tu lado. Si no lo consigo te dejaré parte de mi, y prométeme que lo cuidarás y lo amarás más que a nadie. Será como vivir en él
- ¡ Dios mio, Karen ! ¿ Sabes lo que me pides? Si no lo conseguimos ¿ qué haré yo con una criatura tan pequeña en este lugar, sin madre que lo cuide,¿ me lo quieres decir ?
- Pues regresa a tu casa. Haz feliz a tus padres llevándoles un nieto o una nieta.  Yo siempre estaré contigo,  en esa criatura

Karen y Albert

 La abrazó y lloró amargamente en sus brazos. No estaba enamorado de ella, pero la quería y respetaba. Admiraba enormemente su sacrificio por darle ese hijo que aliviara un poco su decepción por la vida.

Karen permaneció en el poblado y llegó el fin de su embarazo y fué asistida en el parto por Philip, ya que Albert permanecía al lado de ella.  Nunca había  más brillo en los ojos ni mejor color en las delgadas mejillas de Karen.   Se la veía feliz por el momento que estaba viviendo:  había conseguido llegar al final y conocido a su hijo, porque era un varoncito sano y sonrosado.  Ambos padres le abrazaron con ternura y de los ojos de Albert se escaparon dos lágrimas de emoción y pesar.  Sabía que a Karen le quedaba poco tiempo.

En cuanto fue posible, le aplicaron la quimioterapia. No podía criar a su hijo, pero tenían que intentar salvarla.  Albert quería llevarla a la capital y permanecer con ella todo el tiempo que fuese necesario, los tres juntos, pero ella sabedora de su final, no quiso de ninguna de las maneras



- Quiero quedarme aquí, donde nos conocimos, donde ha nacido nuestro hijo, en el lugar al que has consagrado tu vida.

Ante la desesperación de Albert, Karen se fué apagando lentamente. Una mañana pidió al que consideraba su esposo, la acercase a una ventana para ver el hermoso amanecer de aquel día.  Estaba tranquila, feliz. Pidió que la depositasen al niño en sus brazos dio un beso a Albert y cogida de su mano contemplando el amanecer lentamente cerró los ojos para siempre.

Philip tuvo que arrancar a Albert que permanecía abrazado al cuerpo de Karen y del niño.    La enterraron bajo un árbol frondoso y los lugareños la hicieron una cruz y se la pintaron de colores " para que siempre esté alegre", dijeron a Albert.  Acudió todo el pueblo. Albert con su hijo en brazos pidió le dejaran solo para despedirse de ella. Se hincó de rodillas junto al montón de tierra que cubría su sepultura y lloró largo rato, silenciosamente, con un dolor¡ tan
 profundo!...   Nunca había sentido nada igual.  Fué Philip quién se acercó a recoger al niño de los brazos de su padre. El llanto del bebé indicaba que tenía hambre y comenzaba a refrescar al anochecer de aquel triste día, el más triste de su vida.


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