sábado, 9 de enero de 2016

Cruce de destinos - Capítulo 3 - La emoción del primer día

Cuando salió de la entrevista, llamó por teléfono a  Coraleen y quedó con ella para comer juntas.

- Te invito.   Hay que celebrarlo. Te tengo que contar muchas cosas sobre el trabajo que voy a realizar y el super jefe que voy a tener-.  Y soltó una carcajada  colgando a continuación.

Su amiga trabajaba en una financiera cerca de donde ella iba a acudir a su trabajo. En una cafetería cercana hicieron una comida ligera, pues Coraleen no tenía mucho tiempo. Deprisa sin apenas dar explicaciones le contó a groso modo el contenido de la entrevista, su despacho, su jefe y todo.

- Te lo contaré todo más detalladamente cuando llegues esta noche a casa. Compraré una botella de vino y haremos una cena especial para celebrarlo.¡ Estoy tan contenta...!

Al día siguiente se levantó temprano y puso especial cuidado en su arreglo. Eligió   el vestido que se iba a poner y se maquilló con esmero.  El cabello lo recogió hacia atrás en una trenza y al dar por finalizado el arreglo personal, se miró con satisfacción en el espejo, sonriendo complacida.

- Humm, estoy bien, muy bien.

Hizo un mohín y sonrió.  Cogiendo su bolso se dirigió a desayunar, pero apenas si tomó una taza de café. Estaba demasiado nerviosa y emocionada: era su primer día de trabajo importante. Se acabarían los apuros para llegar a fin de mes y podría darse algún capricho con más frecuencia. Su amiga ya había salido al trabajo, pues ella entraba a una hora más temprana. Llegó a la oficina de las primeras. Saludó a la señorita de Recepción y a Carmeen, su compañera de despacho,  de quién requirió le informase cual iba a ser su trabajo a realizar. Carmeen era un encanto de mujer. Acababa de casarse hacía unos pocos meses y esperaban su primer hijo. Siempre estaba sonriendo y era amable y muy bonita. Se ofreció para ayudarle en todo lo que pudiera y le mostró lo que más urgente era: estudiar el modo de crear una guardería en el mismo edificio para todos los trabajadores que tuvieran hijos

- Son buenos jefes y muy considerados. Aunque guardan  las distancias, pero son cercanos.  ¿Conoces al otro hermano?
-No,- contestó Christine.- ¿Quién es, es mayor? No se porqué tengo la manía de que el gran jefe tiene que ser mayor.
- Noo, en absoluto, es un par de años mayor que el nuestro, pero es de un carácter más reservado. Es más huraño y le vemos poco por aquí. El trabaja en la novena y viaja mucho. De vez en cuando se toma unas vacaciones y nadie sabe a dónde va. Cuando está muy estresado desaparece por una semana y cuando regresa, la verdad, se le nota poco el relax. También es muy guapo, distinto a  Clive, pero muy guapo también. Si no estuviera casada, me lo ligaría.

Ambas mujeres soltaron una alegre carcajada a la par que cada una tomaba asiento en su mesa dispuestas a comenzar su trabajo.

Carmeen

Christine estaba estudiando los planos del espacio para la guardería, cuando  alguien entró en el despacho contiguo. Dió los buenos días y cuando quiso levantar la cabeza, se había esfumado dentro de la habitación en la que estaba el despacho de Clive.

-¿Quién era ?-  peguntó a su compañera.
- Oh, el gran sheriff, Es extraño que haya bajado y además nuestro jefe aún no ha llegado. -.
Apenas hubo terminado la frase, volvió a salir, pero esta vez si le dio tiempo a Christine ver el rostro del mandamás: era el hombre del ascensor... El la dirigió una  leve mirada y esbozó una sonrisa. Sin duda se había acordado de la anécdota. Ella se quedó cortada sin poder articular palabra. Cuando hubo marchado,Carmeen se la quedó mirando y le dijo

- Hija, parece que te ha dado un aire
- Es que...

Christine le contó la anécdota y ambas rieron de nuevo. El día se prometía muy interesante.
Leyendo el periódico y comiendo un croisan, pasó Clive delante de ellas, al tiempo que sonreia y les daba los buenos días.  Desde la puerta se dirigió a Christine y la pidió que entrara en su despacho con el plano para la guardería. Ella hizo lo que le pidió, pero al tiempo un nudo en el estómago le atenazaba. Estaba muy nerviosa, era su primer día y estaba despistada, sin apenas conocer a nadie y sin saber muy bien cuál iba a ser su misión. Pero pronto se tranquilizó, porque su jefe como le había advertido su compañera, era simpático y cercano. Ambos estudiaron el plano e hicieron diversos apuntes. De pronto él se quedó mirando el papel y al levantar la mirada se fijó en el rostro de ella más detenidamente que le miraba expectante. De repente la dijo

Clive Hutchinsons
-Mañana a primera hora llame al arquitecto. Decidido, haremos la guardería en este lugar y pronto. La gente necesita esta ayuda. De acuerdo, pues de momento eso es todo, Christine. Puede regresar a su mesa; si necesito algo la llamare a través del ordenador. Pregunte a Carmeen la clave , o mejor ponga la suya  y me la comunica directamente, de este modo solamente la conoceremos nosotros dos. De todas formas dígaselo también a Carmeen por si acaso cuando usted  falte ella pueda entrar , por si tiene que solucionar algo.

De esta forma terminó su primer día de trabajo. Un día un tanto irregular entre el trabajo, los nervios del debut y la presencia de aquel hombre que le había impresionado desde que se entrevistara con él.  Le apetecía ir andando hasta casa. Hacía una tarde preciosa y le agradaba que la brisa la diera en la cara. De esta forma aplacaría sus nervios de debutante y reflexionaría sobre la manera de aprender a hacer su trabajo pronto y bien.  Había pasado el día con el nudo en el estómago. No le apetecía ir a casa y ponerse a hacer cena y decidió que comería cualquier cosa en una cafetería y cuando llegase se daría un baño caliente y a continuación se iría a dormir. Al día siguiente había que madrugar.

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