sábado, 30 de enero de 2016

¿ Existen las casualidades ? Capítulo 10 - El rescate

Cuando apuntaba el alba, la expedición salió del poblado guiados por el hombre que sabía por donde,  probablemente,  Elsa, y sus acompañantes debieron tomar el retorno. Anduvieron unos tres kilómetros y no encontraban rastros de nada. El desánimo reinaba entre todos ellos, cuando uno de los soldados que iba en cabeza dio la voz de alarma
- Aquí están, aquí están

El coche accidentado se encontraba en el fondo de un barranco no muy alto, pero lo suficiente para que un herido no pudiera subir.  No había señales de vida ni movimiento alguno
- Elsa... Elsa -  gritaba desesperado Albert
Rápidamente pidió al capitán una cuerda para poder descender por la pendiente y llegar hasta el coche
- No señor, no le permito bajar. De ninguna de las maneras. El suelo está muy resbaladizo y podría herirse
 - Capitán, la mujer que está ahí abajo me importa mucho y además soy médico.   Si están heridos,¿ usted puede atenderles?   No dudo de su buena voluntad y que debe cumplir con su deber, pero el mio es atender a los heridos, así que no discutamos. Deme  una cuerda me   ataré y desde aquí arriba iré descendiendo hasta llegar a ellos.
 - Esta bien. Yo bajaré con usted
 - Pues vamos

Se ataron por la cintura.   Arriba los soldados sujetaban las cuerdas mientras ellos descendían.  No tardaron mucho en llegar. La ansiedad de Albert era enorme; en cuanto estuvo cerca del coche, de nuevo comenzó a llamarles pero no obtuvo respuesta.  Se temía lo peor, había pasado demasiado tiempo desde que se accidentaron
Llegó hasta el coche que con las ruedas hacia arriba había formado un hueco por el que asomaban unos cabellos rubios manchados de barro.  Rápidamente buscó su pulso que débil continuaba latiendo. Limpió de su  rostro el barro que lo cubría y le dio a beber un sorbo de agua. Elsa ni siquiera movía los labios para beber. Mojó una gasa que sacó del maletín de auxilios y empapadas en  agua se lo pasó por los labios
-Capitán ¿ localiza a los hombres?
 - Si aquí hay uno y está vivo. Inconsciente, pero vivo
 - Dele un poco de agua, despacio, en pequeñas dosis. Deben estar deshidratados. ¿ No hay nadie mas ?  El hombre era Tomás . Recobró un poco el conocimiento al ingerir el agua y en un susurro dijo
- La señorita está herida y Antonio tiene un brazo roto.
 - ¿ Antonio ? ¿ dónde está ?
Antonio llegó al poco rato portando en un trozo de su camisa unas  frutas silvestres  
con que poder  alimentarse.  Tomás  al tener una pierna rota, no podía moverse. El fue quién explicó cómo ocurrió el  accidente. Elsa al viajar en el asiento del copiloto, se llevó la peor parte
Albert escuchaba el relato sin dejar de inspeccionar su cuerpo . Tenía una herida en el muslo con bastante sangre coagulada que después de limpiarla observó que carecía de importancia. Lo que más le preocupaba era su respiración entrecortada. Tenía la boca abierta y cada vez el esfuerzo por respirar era mayor. Tenían que mover el coche para poder sacarla, no se la podía tocar hasta saber si tenía fracturas y el alcance de las mismas.   Le puso  un collarín y dando órdenes al capitán le pidió que bajasen algunos soldados, mientras otro establecía contacto con la Prefectura
- Dígales que llamen a la Organización. Allí está el padre de Elsa y habrá localizado un helicóptero. Deles las coordenadas y dígales que vengan sin perder un momento. Están graves y el terreno es difícil. A ella  no podemos moverla; no sabemos qué clase de fracturas tendrá.
Las noticias se recibieron en Prefectura e inmediatamente McDermon se puso en movimiento.  No tardaron mucho en llegar, pero a Albert el tiempo se le hacía eterno. La tenía tomada de la mano, acariciaba su rostro y le mojaba los labios con agua. Temía que se hubiera fracturado alguna costilla y hubiera interesado los pulmones. Por la respiración se temía ese pronóstico. Quizás tuviera derrame, abrió su ropa para comprobar si había algún hematoma en su pecho, y un color violáceo le hizo desesperarse aún más.  Estaba a punto de derrumbarse. Todos los hombres que habían bajado, trataban de mover el coche para poder poner en una camilla a Elsa que tenía el cuerpo empapado de agua y helado. Albert le había puesto una manta pero la lluvia no cesaba. Montaron una especie de toldo para que los heridos al menos no se mojasen.  Con unos palos que recogieron y unas vendas inmovilizó el brazo de Antonio y la pierna de Tomás.  Les debía doler mucho, pero ellos no se quejaban. Estaban preocupados por la situación de la joven que no volvía en si.  De vez en cuando una especie de susurro salía de sus labios, a modo de quejido, pero la dificultad para respirar cada vez era mayor.  Albert miraba constantemente el rostro de ella, como queriendo convencerse de que aquello no estaba ocurriendo, pero sí ocurria y Elsa estaba grave, muy grave y él no podía hacer más que esperar para evacuarla.
Por fín se oyo un ruido que todos identificaron con el helicóptero. Albert levantó el rostro hacia el cielo como dando gracias a Dios por la llegada del aparato.  Pero no podía  aterrizar, por tanto habrían de transportarla . Dando un salto,  bajó McDermon con el rostro demudado. Albert y él se miraron sin decir nada, y  apretó su hombro para infundirle valor. En la cesta,  con sumo cuidado,  subieron a Elsa hasta el helicóptero y después a Tomás y Antonio. El padre de la joven y Albert tuvieron que subir con una escala e inmediatamente después el aparato se puso en movimiento  Acordaron con el capitán volver a recogerles y partieron rumbo al hospital.  Allí aguardaban su llegada y sin pérdida de tiempo fueron atendidos.  El estado de ella  era preocupante, no sólo por las lesiones,  tenía una fuerte deshidratación al no haber ingerido ni líquido ni alimento en varios días.

A Albert le facilitaron ropa médica para limpiarse del barro y  la humedad .  Cuando se hubo cambiado, pidió estar en el quirofano, petición que fue atendida. Les dio el pronóstico que él creía padecía la muchacha, mientras las enfermeras desnudaban a Elsa y el médico se preparaba para la inspección y saber el diagnóstico seguro. 

Tenía dos costillas rotas y fisura en otra,  y como había temido, una de las costillas interesaba el pulmón.  Albert se desesperaba y tuvo que ser animado por su compañero médico que atendía a la muchacha.  Le  aplicaron oxígeno lo que la facilitaba la respiración. La limpiaron la herida de la pierna y la aplicaron puntos de sutura. La herida era grande pero no peligrosa. 

Cuando  fue introducida en la UCI, Albert salió   para hablar con Thomas que estaba  delante de la puerta del quirofano.  Ambos hombres estaban agotados por el nerviosismo y la emoción

- Nunca podré pagarte lo que has hecho por mi hija
- Yo la amo, ¡ Dios mio no sabía cuánto ! Tiene que vivir, tiene que vivir. Aunque no me mire más nunca, aunque no la vuelva a ver, pero que viva, que viva
- Ven aquí muchacho.  Thomas le abrazó emocionado ante el desconsuelo de él
Lo que no sabía McDermon es que el remordimiento por la discusión que mantuvieron no le dejaba vivir en paz, máxime desde que Elsa había tenido el accidente No era culpable de lo ocurrido. No había podido despedirse de ella  cuando se fue   Ahora estaba grave en la cama del hospital.    No quisieron irse a descansar.  Sentados   en un sillón a la espera de que algún médico de la UCI les diera noticias. De vez en cuando iba a la ventanilla de la dependencia a ver si ella había vuelto en si
-  La hemos sedado. Cuanto más tranquila esté será mejor para ella. Tiene dolores, pero sedada no se da cuenta y el descanso la conviene Vayan a dormir un poco Si hay alguna novedad les    llamaremos enseguida.
Al escuchar estas últimas palabras, ambos hombres  recordaron que no habían llamado ni a la madre ni a Philip
- Thomas  ¿le dijiste a Thelma lo que había ocurrido ?
- No exactamente. La dije que estaba con algo de fiebre. Ella quería venir a toda costa y aún no sé si no se presentará mañana o pasado. Trataré de tranquilizarla. Aquí no puede hacer nada más que esperar.
Como había sospechado McDermon, su mujer se presentó a los dos días. No la habían convencido las explicaciones de su marido. Presentía que ocurría algo grave.  Elsa permaneció en la UCI durante cuatro días, pero de no surgir complicaciones el diagnóstico era bueno

Thelma
- Tendrá muchas molestias durante bastante tiempo. Tendrá inconvenientes para dormir que lo tendrá que hacer sentada hasta que las costillas suelden. No se la puede dar otra cosa que no sean calmantes para el dolor. Padecía un conato de hemorragia, pero la cortamos a tiempo, con lo cuál sólo queda esperar
La trasladaron a planta. Los tres esperaban en la habitación a que la llevaran. Adormilada por los calmantes pudo ver a sus padres y el rostro angustiado de Albert que se había echado a un lado.  Pero ella le vio y reclamó su presencia, apenas le hijo un "hola" tenuamente, pero sus ojos se clavaron en él y esbozó una leve sonrisa.  La dejaron que durmiese todo lo que quisiera. Albert dijo a los padres
- Tengo que regresar. Aquí no hago nada y Philip puede necesitarme en el poblado. Quiera Dios  que  cesen  las  lluvias de una vez, o al menos que no llueva tanto. Os ruego que llaméis a la Organización y yo a mi vez me pondré en contacto con ellos. Quiero estar al tanto de su evolución.
- Que Dios, si crees en él, te pague todo lo que has hecho por nuestra hija Nunca te agradeceremos bastante lo que hiciste por ella. 

  Fue  lo que Thelma le dijo al despedirse refrendado por Thomas  Se dieron un abrazo. Antes de salir,  Albert se dirigió a la cama de Elsa y depositó un beso en su frente.  Posteriormente fue a visitar a Tomás y Antonio agradeciéndoles su comportamiento con la muchacha.  Después se dirigió  a  sacar un billete para el avión que había de llevarle de nuevo a El Salvador

Pasadas dos semanas ,los McDermon consultaron con los médicos si sería factible trasladarla a Nueva York en un avión medicalizado.  De esta manera Else abandonó Guatemala y comenzaba su recuperación en casa de sus padres, que había de ser larga, molesta y dolorosa.  Albert recibía noticias de ella a través de Philip que llamaba con frecuencia a los  padres.




Terminó la estación de las lluvias y Albert se planteó su regreso aprovechando las vacaciones.  La organización entendió sus motivos y le concedió la excedencia que había solicitado.  Llevaba mucho tiempo por aquellas tierras y dudaba si se acostumbraría de nuevo al ritmo de una ciudad como Nueva York.

Una mañana, días antes de emprender el regreso, recibió una llamada de Elsa. Estaba emocionado, nervioso y sorprendido cuando acudió a la centralita para atenderla

- ¡ Eh ! ¿ cómo te encuentras?
- ¿ Ya eres mi amigo ? - con una sonrisa le dijo ella
- Sabes que si. He de pedirte perdón por lo que ocurrió. Entonces no me encontraba en mi mejor momento y lo pagué contigo
- Mis padres me han contado todo y te agradezco lo que hiciste por mi. He de suponer que sientes algo de estima
- Seguro que si -  le contestó Albert




Tenía un nudo en la garganta. Estaba escuchando su voz y sonreia. Se habían esfumado todos los rencores entre ellos. Comenzaban una nueva etapa en sus vidas.

- ¿ Vendrás a verme algún día ?
- Posiblemente
- Bien, te dejo que estarás ocupado. Creo que aún no se te ha pasado el enfado conmigo. Te noto muy escueto y sin ganas de hablar.  Espero tener más suerte en otra ocasión. Adiós Albert, da un besito enorme a Feddy y otro para tí. Cuídate
- Adiós Elsa. Recupérate pronto. Saluda a tus padres, adiós

¡ Cuántas cosas hubiera querido decirla ! ¿ Por qué no había podido hacerlo?  No quería que ella notase lo importante que era en su vida, lo importante que había sido siempre y que siempre sería.  Inevitablemente debería ir a visitarla en alguna ocasión, cuando regresase, pero tardaría. No tenía seguridad en sí mismo y le daba miedo que ella adivinase lo que sentía y crear un clima de incomodidad  que de nuevo les condujera a enemistarse.


2 comentarios:

  1. hay cosas que valen la pena, pero otras que no. Cuando nos encontramos ante una situación de vida o muerte, se aplica esta premisa. Pedir perdón, volver a recomenzar restablecer comunicación con alguien, aunque antes que eso hay que actuar con precisión y tino.

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  2. Hay cosas a veces que valen la pena, otras no. pedir perdón decir, un te amo de cual fuere su naturaleza, o reestablecer una comunicación con alguien con el que hace mucho no se ha tenido pero siempre con tino y exactitud

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