lunes, 4 de enero de 2016

Desencuentros - Capítulo 8 - Fin de la historia

La claridad de un nuevo día comenzaba a filtrarse a través de las cortinas de la habitación. Perla se despertaba lentamente sintiendo el brazo que la rodeaba. Como si de repente se diera cuenta de lo ocurrido durante la noche. ¿ Qué locura había cometido ? ¿ Qué le había impulsado a cometer semejante disparate? ¿ Por qué ? Él dormía plácidamente a su lado ajeno a lo que ella estaba debatiendo consigo misma. Apartó el brazo que descansaba sobre su pecho y se deslizó fuera de la cama , vistiéndose con el camisón y poniéndose la bata que estaba tirado en el suelo. Recogió las llaves de su habitación y salió de la estancia sin hacer ruido. Estaba asustada: Se daba cuenta de lo que él representaba en su vida, pero no estaba segura si para Jeff ella era lo mismo. Había sucedido todo muy rápido, pero no podía culpar a nadie, puesto que había sido ella misma quién había acudido a la habitación de él.



A toda prisa se duchó,, se vistió y recogió todo como si temiera que él hiciera acto de presencia en cualquier momento. No quería quedarse a solas con Jeff, y pensó que si la buscaba en la cafetería no discutirían. Su actitud le parecía ridícula, inapropiada para una mujer de su edad, pero tenía dudas. Estaba segura de sus sentimientos pero no de los de él.


Respondió enseguida a las caricias que ella le daba, intensamente, pero ni una sola palabra de amor que es lo que esperaba. En toda la noche, ni siquiera en los momentos más álgidos salieron de sus labios palabras como “ te quiero, eres mi vida". Tan sólo exclamaciones, susurros..., pero nada más Estaba desconcertada y arrepentida. Su mente trabajaba a mil por hora reprochándose haber tenido una experiencia sexual con otro hombre que no fuera su marido. Pero ´el estaba muerto…¿tenía derecho a reconstruir su vida ? Era joven, atractiva y deseaba compartirla con Jeff, pero él no respondía a sus expectativas. Sencillamente no era hombre de una sola mujer siempre estaba enredado en alguna aventura y eso la dolía, porque ella si se había entregado a él con los cinco sentidos


Se dirigió a la cafeteria. Se sentó en una mesa cercana al mostrador, de esta manera si se enfadaba con ella siempre sería en silencio, a pesar de que no acostumbraba a dar voces, pero sus palabras eran cortantes y la violentaban mucho. Quizá supiera en su interior que no se había comportado bien. Debió quedarse en la cama hasta que él se despertara y no huir como una aventurera ocasional. No tenía apetito, pero su propia impaciencia hizo que pidiera un café. No había empezado a tomárselo cuando Jeff hizo acto de presencia en la cafetería, y en contra de lo que pensaba la saludó dando los buenos días y besando sus labios al tiempo que la sonreía con dulzura.


--¿ Por qué te has levantado tan pronto ? Yo esperaba que estuviéramos algo más, puesto que no tenemos prisa.


Perla se sonrojó y bajó la cabeza. Le daba vergüenza mirarle a los ojos, algo que Jeff no comprendía.
--¿ Qué te ocurre ?
--Nada, no me ocurre nada
--Oye. el tono de tu voz me dice todo lo contrario. ¿ Por qué estás tan distinta a anoche?
--No lo vuelvas a mencionar. Lo de ayer fue un error tremendo del que estoy muy arrepentida. Nunca debió ocurrir, nunca
--¿ Cómo dices ? ¿ Me estás diciendo que lo que sucedió anoche no ha significado nada para ti?
-- Si, si ha significado. Fue una metedura de pata descomunal. No te culpo, la responsabilidad ha sido toda mía
--Pero, … ¡ es inaudito ¡ Para mi ha sido muy, muy importante. He acariciado ese sueño durante mucho tiempo. Ahora me dices que ha sido una metedura de pata… ¡ No me lo puedo creer ¡ Entonces, ¡ es que he sido un juguete para ti.! ¿ qué pretendías ?
--No pretendía nada. Fue un momento de debilidad, eso es todo
--¿Eso es todo? Y mis sentimientos ¿ no importan ?
--Nunca has demostrado el más mínimo interés hacia mi.. Siempre he sido como una“!hermana pequeña”! para ti. A las primeras de cambio te enredabas con alguna chica. Nunca tuviste en cuenta lo que yo podía sentir
--Porque siempre levantabas un muro en tu vida. Siempre anteponías la memoria de tu marido  ¿que querías que hiciera ? Todo esto no puede estar pasando…
--Ni siquiera anoche me dijiste que me querías. ¿ Por qué lo hiciste, , por qué accediste a mis deseos. ? ¿ Por caridad ? Ah, claro seguro que pensarías “ esta pobre, desde que se ha quedado viuda  …."
--¿ Piensas eso realmente,? ¿de verdad lo piensas?
--Naturalmente que lo pienso. Si no fuera cierto no te lo diría
--Muy bien. Si es así como piensas, será mejor que cortemos nuestra relación en este preciso momento. Te has reído de mi y yo confiaba en que sería distinto, pero veo que he sido un instrumento para tu satisfacción, así que por favor déjame en paz. No deseo volver a verte nunca más. He tratado durante todo este tiempo de cuidarte, de protegerte y de esconder mis sentimientos para no herirte, pero he comprobado que no todos somos iguales. Te espero en el coche.



Jeff abonó la cuenta y salió del local en dirección al vehículo que les llevaría de nuevo a Madrid. Sentía un inmenso dolor. Al comprobar que ella permanecía inamovible, que no había significado nada,,, que todo lo vivido aquella noche, era una simple anécdota en su vida.


Durante el regreso ninguno de los dos habló en todo el camino. Perla le llevó hasta la puerta del hotel. Jeff bajó del coche y con un simple adiós, dio por terminada su relación. Ella arrancó sin pronunciar palabra. No fueron fáciles los días siguientes. Pensaba que se había equivocado: quizá debió hablarlo con él antes de acusarle de desamor, pero ya era demasiado tarde. Pensaba que no le volvería a ver. Había perdido la oportunidad de ser feliz nuevamente.


Habían pasado tres semanas desde el incidente con Jeff, cuando una inesperada llamada telefónica la sobresaltó. Apenas había amanecido y a esas horas ciertos avisos no auguran buenas noticias. No estaba dormida, pues siempre estaba desvelada. Saltó de la cama pensando en Jeff, quizás hubiera sufrido un accidente…. Preocupada, descolgó el teléfono
--¿ Quién es?
-Señorita, la llamo de la residencia de Belchite. Es referente a Dolores, siento comunicarle que ha fallecido esta pasada noche
--¡ Oh Dios mío ¡ Pobrecilla. No sé qué decir. Salgo inmediatamente para allá.
--Cuando llegue pregunte por Nora, por favor. Es la directora de la residencia. Tiene un encargo para usted.
--Descuide, así lo haré. Muchas gracias por avisarme.


En menos de una hora estaba sentada al volante , en carretera camino de Belchite. Llegó sobre las diez de la mañana, y como la empleada le había indicado, preguntó por la directora, que la recibió en su despacho.Como había supuesto, se refería a la caja de los tesoros de Dolores. No pudo evitar emocionarse cuando la tuvo entre sus manos. Después de relatarle cómo había ocurrido el suceso, la condujeron hasta la capilla ardiente que habían instalado en la iglesia de la Residencia. Por prescripción judicial, hasta pasadas veinticuatro horas del deceso, no podían darle sepultura, por eso hacia mediodía decidió ir a alguna pensión del pueblo y alquilar una habitación, pues hasta el día siguiente a primera hora de la mañana no sería el entierro. Acudieron varios compañeros de la residencia cuyo desplazamiento les fuera más fácil. En su coche llevó a tres ancianos, de los más conocidos por Dolores. Sería enterrada en el Viejo, junto a su marido y su hija.

Una vez sepultada, pidió quedarse a solas frente a la tumba durante unos instantes. Tenía que narrarle a Dolores que le iba a ser muy difícil cumplir con su promesa, pero estaba dispuesta a llevarla a cabo. Se despidió de ella como si pudiera escuchar su congoja. En su cabeza se agolpaba la muerte de la mujer y el recuerdo del último viaje que realizó con Jeff y que tanta trascendencia tuvo en su vida..



 No se encontraba muy bien. Tenía molestias en el estómago. Lo achacó a la tensión nerviosa vivida en los últimos tiempos. Paro pasaban los días y no mejoraba, por lo que decidió acudir a su médico. El diagnóstico la dejó helada,, no podía ser


-- Pero doctor, sólo ha sido una noche… No es posible…


--Hija mía, ¿ Crees acaso que se necesita una eternidad ?. Si, estás embarazada,. Pero de todas formas te haré una ecografía. Pasa a la salita contigua.


Efectivamente el médico no se había equivocado: se estaba formando una nueva vida en su interior.

El médico corroboró el diagnóstico

Cuando salió a la calle caminaba como una autómata, sin rumbo fijo. Las palabras del médico retumbaban en su cabeza. Sentía miedo a lo que se le venía encima, algo para lo que no estaba preparada, y tenía que vivirlo sola. Pensó en sus amigas y en cuanto llegó a su casa, fueron convocadas para una reunión urgente,, para ese mismo día La sorpresa que sintieron no fue menos que la suya propia al recibir la noticia.


--Tienes que decírselo,- exclamó Araceli
--No ni hablar. Es cosa mía nada más
--¿Estás loca ? Tiene derecho a saberlo. Además ¿cómo vas a enfrentarte a una maternidad sola, sin tener ni idea y sin ayuda…? Ahora te pesa, pero debiste pensarlo antes.. Venga, llámale..
--No, no insistas. No voy hacerlo.


Trabajó todo cuanto pudo para poner al día su cometido en la editorial. Se acercaban las Navidades, la época fuerte en ventas de libros. Pidió unos días de adelanto en sus vacaciones navideñas y dispuso todo para su viaje a Estados Unidos. No sabía la dirección del abuelo, por tanto no le quedaba otro remedio que ponerse en contacto con Jeff.


Aguardó a que en América fuera una hora razonable para poder hablar. Decidida marcó el número de él
--¿ Si ¿


Su varonil voz retumbó en sus oídos, esa voz tan deseada de escuchar, perdida irremediablemente. Echaba de menos sus discusiones, sus charlas que siempre terminaban en eso:: discutían por cualquier cosa. Pensaba que eran de todo punto incompatibles.




--Jeff, soy yo
-Ah, ya. Dime ¿qué quieres?


Ni una amable palabra, , ninguna sorpresa por su llamada, , una frialdad absoluta. Verdaderamente ya no formaba parte de su vida


--Verás. Dolores ha fallecido y yo tengo que cumplir mi promesa, pero ignoro el domicilio del abuelo. Necesito saber a dónde debo acudir
--Bien. Toma nota. Mis padres y mi abuelo, viven en un pueblo a las afueras de Nueva York. Su dirección es…. ¿Sabes cuándo vas a venir ?


--Seguramente el martes. Mañana tengo que ir a recoger el billete.
--Bien , avisaré a mis padres . O mejor, toma nota de su teléfono y ponte en contacto con ellos para que te recojan en el aeropuerto.


--¿ Cómo va tu libro ?
Jeff sorprendido por la pregunta, tardó unos momentos en contestar. Al fin dijo


--Bien, bien. Ya está en imprenta
--¿Querrías enviarme un ejemplar cuando estén a la venta?


--Claro. Te lo enviaré. Ahora si me disculpas tengo una visita
--¡ Oh, perdón ¡ te ruego me disculpes. Adiós


Jeff le había mentido. Estaba solo en casa, pero el escuchar su voz le hacía daño. Le hubiera preguntado mil cosas. A pesar de que había pasado algún tiempo, no la había olvidado, , al contrario estaba más furioso y no quería ni oir de entrevistarse con ella. Lo estaba pasando mal. Quería liberarse de una vez de la influencia de la muchacha.


Perla al día siguiente, llamó a los padres de Jeff. Mantuvo una conversación amable y cortés con el padre y más participativa con Gena, la madre. Era extrovertida, sincera y amable. Quedaron en dar la fecha fija de su llegada a América y ambas colgaron el teléfono.


Hasta el último momento mantuvo la esperanza que iría Jeff a buscarla , pero no fue así. En su lugar acudieron sus padres y cómo no,, el abuelo. Un perfecto caballero, educado y a pesar de su edad muy atractivo. En verdad observó lo que dijo Dolores: “ te pareces a aquel jovencito que fue novio de mi hija!””


Era alto, muy mayor, pero el color de sus ojos y su brillo eran iguales a los de Jeff. Y hasta tenía su misma sonrisa y el mismo hoyuelo en su barbilla. Al verse frente a él, no sabría describir la sensación de ternura que tuvo. Allí estaba uno de los protagonistas de su propia historia. Quizás nunca, aquel venerable anciano, llegase a saber lo que cambió su destino con el suceso ocurrido.


El abuelo, fue el primero que la abrazó, agradeciéndole la misión que había desarrollado y le había conducido hasta allí. Perla llevaba un paquete dentro de una bolsa que cuidaba con especial esmero, no por su fragilidad, sino por el hermoso contenido del que había sido depositaria.

El abuelo fué el primero en abrazarla


Ya en la casa, les entregó el paquete que Dolores había preparado . El abuelo pidió permiso para retirarse a su habitación y en soledad contemplar aquellos recuerdos tan queridos para él a pesar del tiempo transcurrido.


Ni Gena ni Perla pudieron evitar el emocionarse y tuvo que ser Jeffrey padre , quién las consolara. Al cabo de un rato,, una vez repuestas de las emociones, Gena condujo a Perla hasta su habitación para instalarse.. Pensaba quedarse sólo un par de días, pero se acercaba el día de Acción de Gracias y esa festividad era muy celebrada por la familia. La convencieron para que se quedara unos días más. Gena era muy cariñosa con ella, se prestaba a las confidencias,, tenía especial manera para ganarse la confianza de las personas, y se ganó la de Perla. Gena la contó que la hubiera gustado tener otro hijo más, : una chica, pero complicaciones a la hora de dar a luz a Jeff, provocaron que nunca más pudiera volver a ser madre. Perla conmovida , la abrazó diciéndola cuanto sentía lo ocurrido


--No te preocupes, ha pasado mucho tiempo, ya está superado. ¡ Me hubiera gustado tanto tener una hija ¡ … Ahora te toca a ti. Cuéntame…


Gena tenía una especial habilidad para recibir las confidencias...




Perla narró todo lo ocurrido con la enfermedad de Carlos, , su fallecimiento, la depresión en la que cayó y las inseguridades y remordimientos que sufrió posteriormente. Muy de pasada la contó cómo se conocieron Jeff y ella.


No dió ningún nombre sólo evocó que había conocido a un hombre del que se había enamorado y que por motivo de su inseguridad, había roto su relación. Narró la noche apasionada que tuvo con él y la consecuencia de aquello…


--Si Gena, me he quedado embarazada y estoy muy asustada…




--Hija, tienes que hablar con el padre de la criatura


--No. Es responsabilidad mía; yo fui quién llamó a su puerta buscando su pasión, y fue mío el remordimiento que sentí al día siguiente por haber sido infiel a mi marido
--¿Infiel ? ¡, pero si hace varios años que enviudaste.! Tienes derecho a vivir de nuevo. Además, él también tuvo su culpa. No le pusiste un puñal en el pecho para que te hiciera el amor. .Seguro que estaba encantado de la vida.


No dijo ningún nombre, pero Gena intuyó enseguida que se trataba de su hijo. El cúmulo de circunstancias coincidían con lo narrado por Perla. Comprendió el porqué él no había venido a saludar a su amiga, y comprendió también la tristeza que había permanentemente en los ojos de la muchacha
--Pero ¿ tu quieres a ese muchacho ?


-Naturalmente que le quiero y muchísimo. Lo he comprendido cuando era demasiado tarde. Quizás estaba confiada de que él nunca me dejaría, hasta que se cansó de aguantar mis insensateces
--Pero tienes que decírselo. Es su padre, tiene derecho a saberlo. Si luego no quiere saber nada de ti, pues allá él, pero es tu obligación. Se lo debes a tu hijo que algún día te pedirá responsabilidades.


--Tienes razón,, pero todavía no estoy preparada. Son demasiadas cosas las que tengo que asimilar; además seguramente se habrá buscado otra pareja. Es un buen partido y además muy guapo. Con la sinceridad que la caracterizaba, Gena abordó la pegunta a bocajarro
--Ese hombre es Jeff ¿verdad ?


Perla se quedó callada. Como en tantas ocasiones bajó la cabeza avergonzada. Le pesaba haber sido tan sincera con la madre del hombre del que se había enamorado
--Es Jeff ¿verdad?-  la preguntó por segunda vez-  Pues debes decírselo, de lo contrario le hablaré yo


--No por favor Gena, no lo hagas. Debo ser yo quién lo haga, pero necesito unos días más. No quiere ni oir hablar de mi, no quiere verme nunca más ¿ Cómo voy a decirle ahora que vamos a tener un hijo?
--Está bien. Esperaré hasta que me digas, pero si tú no lo haces lo haré yo.


Gena sospechaba que Jeff no pasaría el día de Acción de Gracias con ellos. Ahora lo comprendía todo, el porqué no había ido a ver a su amiga ni volvería a casa mientras ella estuviera allí. Abrazó a Perla que lloraba sin cesar y trató de calmarla, cosa que consiguió a duras penas.
Cuando Perla se hubo retirado a descansar, cogió el teléfono y marcó el número de su hijo


--Jeff
--Hola mamá ¿ cómo estáis?
--Bien, estamos bien. La que no se encuentra bien es Perla
--¿Está enferma ?
--No pero tiene graves problemas
--¿Problemas, de qué tipo ?
--Es muy largo de contar…¿No vendrás, verdad?
--No, Tengo compromisos. No, no iré
--Bien. Hijo mío cuídate y ten un feliz día de Acción de Gracias. A propósito, Perla se va al día siguiente de la fiesta, te lo digo por si vuelves a casa…


--Mamá,.. mamá…
--Adiós hijo mío. Pásalo bien





Cuando colgó el teléfono, Gena sonrió. Conocía muy bien a su hijo y sabía que estaría dando vueltas a la cabeza y que posiblemente se presentara a verles, a pesar de contar con la presencia de Perla.




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