sábado, 27 de febrero de 2016

Nadie hablará de mí cuando ya no esté - Capítulo 24 - Angustia, confesión, alivio

 Ese día salió antes del trabajo. No esperaría a Anderson que tenía una reunión con un cliente a última hora de la tarde.  Estaba en la recta final del embarazo,  Sólo le faltaban quince días para salir de cuentas.  Estaba deseando de que llegase el momento, y a la vez lo temía.  Todo era nuevo para ella, mejor dicho para ellos. Ni siquiera contaba con la presencia de su madre, ya que llegarían en las fechas cercanas a su salida de cuentas.  Tenía ganas de verles y darles un abrazo.  Desde la boda no les había visto, pero ahora que ella misma iba a ser madre, comprendía mejor el inmenso cariño que se siente por un hijo, y comprendes muchas cosas, que antes de ser padre,  no entiendes.

Se tumbó en el sofá y puso los pies en alto para que le bajase la hinchazón de los tobillos.  Se sentía bastante pesada y torpe.  Los calambres  y los lumbagos la martirizaban a menudo, pero pronto pasaría todo y tendría a su hijito en los brazos, y esa sería la mayor compensación de todo,.
Un fuerte timbrazo en la puerta hizo que se levantara, no sin esfuerzo,  y se encaminara hacia ella

- ¿ Quién podrá ser ?- se preguntaba.  Pero pronto descubrió a la visita  que había interrumpido su ligero descanso

- ¡ Oh querida, cómo estás ya !  Debes estar agotada -.  Era Sara ¿ Cómo sabía donde vivían ? Los ojos abiertos de para en par por el asombro, y de su boca no acertaba a salir ni una sola palabra
- No creí causar tanta sorpresa.  Me acordé que estabas encinta y decidí comprar algo para el bebe.
- ¡ Sara ! No... no esperaba a nadie... Pero... pasa, por favor
- ¿ Estás sola ? Anderson  no debería dejarte sola estando tan adelantada ¿ Para cuando lo esperas?
- Todavía me queda. Mi marido no tardará en llegar
- ¡ Me encantará saludarle ! Hace días que no nos vemos



La curiosidad y su sospecha hicieron que formulase aquella pregunta, que no debió hacer, ya que con ello facilitaba el terreno a su enemiga.

- ¿ Os veis con frecuencia?
- Bueno...  yo diría que si... Aunque, claro, no todo lo que quisiéramos
- ¿ Qué quieres decir con eso?
- Nada, querida.  Es una forma de hablar
- Sara perdóname y no lo tomes como una descortesía, pero no me encuentro muy bien.  Creo que deberías irte
- ¡ Adela !  Eso es una grosería
- Interpretalo como quieras, pero deseo que te vayas de mi casa.  No eres bien recibida
- ¿ Por qué ? ¿ Acaso temes que si me ve, tu marido, desee volver de nuevo conmigo? ¿ Tan insegura estás?  Recuerdo que él me comentaba que tenías bastantes fallos en tu autoestima
- Lo que yo tenga o deje de tener, no es asunto tuyo.  Tómalo como quieras, y si te enfadas mejor.  No eres bien recibida, te lo he dicho ya. Sal por favor -.  Se dirigió a la puerta y abriéndola obligaba a Sara a salir de allí
- Espera, creo que olvidas algo- dijo mientras recogía el regalo, que sin abrir permanecía encima de la mesita
- Puedes quedarte con ello- replicó furiosa Sara
- No querida.  Mi hijo no necesita tus regalos. ¡ Ah ! y deja en paz a mi marido

Sara salió dando un portazo.  Adela tuvo que sentarse. Las piernas se negaban a sostenerlas. ¿ ´De dónde había sacado las fuerzas para echarla ? No  hubiera imaginado jamás  hacer semejante cosa, pero ahora, precisamente su hijo, le estaba dando fuerzas .  Sentía que le tenía que defender.  Que tenía que defender a su familia, aunque corría el riesgo de que Anderson se enterara y regañaran por ese motivo.   Sara había insinuado que se veían con frecuencia.  Quizá hubieran vuelto a intimar, aunque en realidad lo dudaba, pero no le importó. Su crónica inseguridad, se había borrado en un momento, cuando se sintió agredida y humillada por esa arpía, y lo que era peor para ella, no iba a consentir que nadie hiciera daño a su hijito, aunque ahora él no se diera ni cuenta.

Anderson llegó tarde.  La reunión se había prolongado más de lo debido, y cuando ya estaba dispuesto a marcharse, una llamada de teléfono le retuvo un rato más.  Adela supo en cuanto entró, que llegaba de malhumor. Lo notó en su forma de saludarla, en su frio beso que depositó en la mejilla.  Ella le miraba de reojo, esperando su reacción de un momento a otro.  Lo que no sospechaba era el motivo de su mal genio.  Adela permaneció tumbada en el sofá, mientras Anderson daba paseos de un lado a otro de la habitación, como queriendo reprimir su cólera.  Al fin no pudo aguantar más, y de forma inesperada estalló

-¿ Me puedes decir a qué viene todo esto? ¿ Te he dado algún motivo para  que te comportes como una cria? Debes madurar.
- Te ha llamado ¿ verdad ? Dime lo que te ha contado, por favor.  Mucho me temo que su versión no coincide con lo que en realidad ha ocurrido. Pero ¿sabes  que ? no me interesa. Insinuó algo que tú estás corroborando y ahora entiendo muchas cosas.
- ¿ Qué es lo que entiendes?
- Nada, Anderson, nada.  Sólo se que algo ha fallado entre nosotros desde hace tiempo.  Esa mujer es mala y tu la estás  defendiendo frente a mi, cuando en realidad yo soy la que está pasándolo mal  No importa.  Ya está todo aclarado. Podréis veros todo lo que deseéis. Yo no voy a ser ningún impedimento


- ¿ Qué  quieres decir con eso?
- Creo que debemos guardar distancia. Es hora de que vaya a visitar a mis padres.  Quizá así veamos las cosas más claras, aunque yo lo tengo bastante definido.
- Debes haberte vuelto loca. Estás casi para dar a luz y piensas en hacer un viaje en avión de más de dos horas.  No te entiendo, francamente no te entiendo.  ¿ En qué  momento lo has decidido ?
- Ahora.  Ha sido ahora, y has sido tú con esta conversación.  Ella no ha dejado de importarte nunca, aunque no te dieras cuenta. ¿ Por qué, entonces, te uniste a mi?
- ¡ Vaya pregunta más tonta !  Te he querido siempre, siempre, y tu lo sabes.  Al menos deberías saberlo.  Todo esto es una locura.  No me interesa esa mujer para nada, es más, la quiero fuera de nuestras vidas
- Eso justamente fue lo que hice, y por lo que estamos teniendo una nueva pelea.  Siempre por ella. Te recuerdo que no es la primera que tenemos por su causa. Pero algo tengo que agradecer de su visita de esta tarde: me ha curado la inseguridad. La ha borrado de mi vida de un plumazo. ¿ Y sabes por qué?  Porque con su actitud, con sus palabras, supe que quería meter cizaña en nuestra relación, y sentí que debía defender a mi familia, a nuestro hijo, y sin más la eché de casa.  No sé qué es lo que te ha contado, pero francamente no me interesa en lo más mínimo. Tú ya has tomado la determinación por ella, y así será.  No te preocupes por nosotros.  Soy capaz de sacar al bebe adelante yo sola.  No vas a tener ninguna atadura, pero no voy a consentirte, ni a ti ni a nadie que intervenga en mi casa, en mi matrimonio. Necesito poner distancia de por medio, ya te lo he dicho.  He de pensar muy bien lo que voy hacer, se me acaba el tiempo.  Te lo he repetido en más de una ocasión: soy una persona que pasará por la vida sin pena ni gloria, no dejaré ninguna huella, hasta ahora, porque ahora sí dejaré, al menos una vida que recordará a su madre el día que ya no exista.  Con un poco de suerte quizá tenga el color de mis ojos, o de mi cabello, o sea algo tímido como yo. Quizá tenga algún rasgo que me recuerde, y entonces mi vida no habrá sido tan vacía, tan inútil. Y ahora discúlpame, tengo que hacer mi maleta
-¿ Te has vuelto loca?.  Rematadamente loca. No vas a ir a ninguna parte.  Esta es tu casa. Soy tu marido. Yo te quiero más que a nada, y no la estoy defendiendo   a ella, estoy defendiendo a mi familia, a ti y a nuestro hijito ¿ es que no te das cuenta?  La conozco mejor que tú y se de lo que es capaz.  Efectivamente me llamó cuando ya venia a casa. Fue bastante desagradable, porque estaba hecha una furia y me dijo cosas desagradables de ti, y entonces decidí que no se lo iba a consentir y fui a verla, para decirle cara a cara, el desprecio que me  infundía y que por encima de todo eres mi mujer. No se lo que te ha dicho, pero no nos hemos visto desde el día de las fresas.  Ni siquiera hemos hablado por teléfono.  Pero sé que es una artista en el doble sentido.  Sabe perfectamente cómo decir algo en el momento que a ella le interesa, y es lo que ha hecho contigo. Y sí,  estoy furioso contigo porque no me has dicho todo lo ocurrido, que pienso,  es de hace tiempo. Eres mi mujer y llevas a mi hijo en tu vientre ¿ crees acaso que es por arte de magia?  Deberías saber que cuando hemos hecho el amor, ha sido eso,  amor, y no otra cosa.  Han habido muchas mujeres en mi vida, tu ya lo sabes porque yo te lo dije, pero desde  que comenzamos nuestra relación, ninguna, óyeme bien, ninguna,  se volvió a meter en mi cama.  Tú has sido la única en mi vida desde hace mucho  tiempo.  A estas alturas creí que ya lo sabrías, pero no.  Ha tenido que venir esa intrigante a abrir una brecha tan profunda en nuestras vidas, como pensar  en abandonarme.  ... Perdona, pero soy yo quién piensa que no me amas lo suficiente para compartir mi vida.  Que todo ha sido un espejismo de mis ansias por tenerte cerca.  Nunca imaginé que llegaríamos a esto
- Pero yo te quiero... no deseo abandonarte, solo...   que ella me dio a entender... bueno ya puedes imaginar lo que me dio a entender



- ¿ Por qué no me lo dijiste ? Directamente, sin ambages. Nos hubiéramos evitado todo este jaleo
- Pero además...  tu has estado muy frio conmigo desde hace días.  No eres tan cariñoso como antes.  Llegas a casa de malhumor, apenas hablamos . Lo entiendo, estoy pesada y poco atractiva.  Pero eso ya lo sabías...  Te he decepcionado, lo sé, pero...  yo hago lo que puedo
- ¿ Que ? Precisamente ahora es cuando estás más bonita ¿ no te das cuenta? Eres tu la que me esquivas Hablé con Michael porque noté tu distanciamiento, y me dijo que les sucede a algunas mujeres  al quedarse embarazadas. Hay algunas que hasta odian a sus maridos porque les culpan de lo que les está ocurriendo
- Yo no te odio, ni te culpo de nada.  Yo te quiero y estoy feliz de tener a este bebe, pero precisamente porque te quiero mucho, me duele todo esto.  Me siento que no represento nada para ti.
- ¡ Por Dios ! Somos un par de estúpidos enfrascados en un problema inexistente. Eres todo para mi  ¿cómo has podido pensar eso?  Anda ven aquí.  Abrázame y zanjemos de una vez este embrollo en el que nos hemos metido nosotros solos, sin ayuda de nadie.  Olvida por favor todo lo ocurrido. Olvida a Sara.  No creo que vuelva a aparecer más por aquí, y si eso ocurre, dímelo.  No me ocultes nada. Que no volvamos a tener malentendidos entre nosotros.

Adela se refugió en los brazos de su marido, que la besaba insistentemente tratando de calmar el llanto que sacudía su cuerpo.

Nuevamente, a la mañana siguiente, volvió a salir el sol en sus vidas.  El estaba más cariñoso con ella, que lo había estado en los últimos tiempos.  Conocía la causa del distanciamiento de su mujer, y creía había disipado todas sus dudas respecto al amor que sentía por ella.  Adela sonreía incesantemente y acariciaba la mejilla de él, mientras ponían la mesa para desayunar.  Anderson acariciaba el vientre de ella, transmitiendo con esa caricia el amor que sentía por el pequeño, que  no tardaría en llegar al mundo.

Los días siguientes fueron de paz entre ellos, y Adela dejó de trabajar para esperar la próxima llegada de su hijo.  Lo tenía todo preparado para el acontecimiento y esperaba con ilusión la llegada de sus padres en un par de días.  Lo tenía todo dispuesto, tan solo le faltaban algunas cosas en la despensa y pensó que debía ir al supermercado para terminar sus compras.  Anderson le había dejado a la puerta del establecimiento .  Mandaría a un empleado del hotel a recogerla y la dejaría de nuevo en casa.  No quería que cargase peso, inclusive no deseaba que saliera de casa.

- Avísame si te encuentras rara. Hazlo inmediatamente- le dijo él cuando se despidió de ella- Te quiero, Dely, ¿ lo sabes?
- Claro que lo se.  Anda que vas a llegar tarde al trabajo.  Estoy bien, estoy bien.  Aún quedan unos días para que llegue- dijo pasando su mano por la tripa.

Pero en realidad no se encontraba muy bien.  Había notado que su vientre había bajado.  Su rostro había cambiado de expresión y se encontraba cansada.  No quería preocupar a su marido, y por eso había ocultado su preocupación.  Pensaba que la llegada de  su hijo era inminente

- Espera un poquito, chiquitín, sólo un par de días, a que lleguen los abuelos

Hizo sus compras y el empleado la dejó en casa y la ayudó a colocar las cosas en  su sitio. Tras ofrecerle una taza de te, el muchacho regresó al hotel nuevamente.  Ella se quedó sola y se tumbó en el sofá del salón. Se encontraba extraña.  Decidió llamar a su marido.  Su estado no era el normal de todos los días.  No era que se sintiera molesta ni cansada, era una sensación diferente

- ¿ Estás bien ? - la voz ansiosa de Anderson respondió enseguida a su llamada
- Lo siento Andy.  No, no estoy bien.  No se que me ocurre, pero creo que la llegada...
- Voy para allá- Anderson no la dejó terminar la frase.  Tardó poco más de veinte minutos en llegar a su casa.  Entró nervioso, impaciente y preocupado.
-Dely, Dely - llamaba  a voces al no encontrarla en el salón
- Estoy en el baño- respondió.  Anderson fue en su busca preocupado decidido a acudir al médico, después de ponerse en contacto con él
- Cariño ¿ llega ya ?
- Creo que si...  He manchado un poco
- Vámonos, ahora.  Michael ya está avisado.  Le he llamado antes de salir del hotel.  Nos espera en la clínica
- ¡ Oh Dios mio !
- ¿ Que ocurre, que pasa ?
- Espera , espera...
- ¿ Estás rompiendo aguas?
- Creo que si. ¡ Oh Dios mio !
- No te asustes. Tranquilízate. No voy a dejarte sola. Vamonos ya, por favor
- De acuerdo, vamonos

Llegaron enseguida . Michael lo tenía todo preparado.  Se había adelantado unos días, y aunque el bebe era de su tiempo, no le gustaba que se precipitara el parto.  La instalaron en su habitación y dos enfermeras la prepararon para monitorizarla.  Los dolores del parto habían comenzado mientras iban en dirección al hospital,  y Anderson, lívido y nervioso, tomaba nota de la frecuencia.  Mientras las enfermeras se encargaban de Adela, Michael llamó a Anderson

- Todo está controlado, Anderson.  No me gusta que se haya adelantado, pero no es la primera vez que ocurre. Cuando la monitoricemos comprobaremos que todo va bien,. Quédate tranquilo
- No Michael, no estoy tranquilo. Presiento que por tu expresión algo no va bien ¿ me equivoco ? Dime la verdad, por favor
- Cuando la reconozca  y comprobemos el monitor, te diré cómo anda todo. No me gusta que se haya adelantado, pero te repito, no es infrecuente.  Quédate a su lado y disimula la preocupación.  Ella necesita ahora todo tu apoyo.

El monitor indicaba que había sufrimiento fetal.  Los dolores se habían parado y ella comenzaba a estar más fatigada de lo normal.  Anderson miraba intermitentemente a su mujer y al médico, tratando de adivinar lo que estaba ocurriendo.  Por fín Michael habló con él

- Anderson, el niño se ha dado la vuelta y tiene dificultades para nacer. Hay que hacer una cesárea
- ¿ Ella está bien ? La encuentro muy agotada
- Lo está, por eso no podemos perder mucho tiempo
- De acuerdo. Haz lo que creas oportuno, pero sálvales .... , a los dos.
- De acuerdo, voy a disponerlo todo rápidamente.  No hay tiempo que perder. El bebé está sufriendo y es peligroso. Podríamos perderle

Fue conducida al quirófano.  Anderson no le soltaba la mano y la sonreía como si no ocurriera nada  que no fuera normal.  Adela no hablaba, de vez en cuando cerraba los ojos y cuando los abría, los fijaba en su marido queriendo adivinar lo que sucedía.  Transmitiéndole su pensamiento.

Entraron en el quirófano.  El anestesista estaba preparado y todo dispuesto. Las enfermeras colocaron la pantalla .  Todos estaban en silencio. Sólo la voz de Michael dando instrucciones a sus ayudantes . Ya estaba en marcha el monitor cardiaco, el gotero, y ya estaban aplicándole la anestesia.

- Anderson, no te vayas.  No me dejes sola. Te quiero
- Yo también te quiero cielo, y no me moveré de tu lado.  -La dio un breve beso en los labios, antes de que Adela se sumergiera en el sueño de la anestesia
- ¿ Cómo va todo ?

Preguntaba Michael, y en su voz había preocupación.  Cuando el anestesista le dio la indicación, con un corte preciso hizo una incisión en el vientre de Adela.  Anderson, lívido, no articulaba palabra. Presentía que no iba todo lo bien que debiera.  Agarrado fuertemente a la mano de su mujer, alejaba de su cabeza un mal presagio.  No podía ser, no podía ser.  Y mentalmente recitaba una letanía pidiéndole a Dios que les ayudara.  El médico sacó al niño,  que tenía un color azulado, y rápidamente se lo entregó al pediatra que inmediatamente procedió a limpiarle y a reanimarle.  Anderson veía la escena como si estuviera viendo una película.  No podía ser real, no podía estar ocurriendo.  Con los ojos muy abiertos observaba todos los movimientos en silencio.  No podía ni hablar, hasta que un llanto fuerte llenó la habitación haciendo que todos sonrieran a un tiempo.




Una enfermera mostró el recién nacido a su padre durante un instante e instintivamente, y a pesar de que ella no le escuchaba, se lo mostró a Adela, que permanecía inconsciente. Tenía los ojos nublados por la emoción. Abrazó al niño con infinito amor, un amor maravillado ante el milagro de la vida. Pero una voz le volvió a la realidad: " la estamos perdiendo" .

- Anderson tienes que salir - dijo Michael con voz contundente
- No Michael no me voy
- Sal ahora mismo- le ordenó con voz fuerte y rotunda

Una enfermera le tomó del brazo e hizo que saliera del quirófano, e inmediatamente la enfermera,  regreso al interior.  El monitor cardíaco daba señales de debilidad.  La dieron masajes No reaccionaba, entonces decidieron que había que actuar sin pérdida de tiempo, y la inyectaron directa al corazón.  Inmediatamente, su corazón volvió a tomar el ritmo normal y todos volvieron a  respirar tranquilos. Cuando hubo pasado el peligro, Michael salió para hablar con Anderson y explicarle lo ocurrido.  Cuando le vio salir del quirófano se precipitó hacia el médico.  En su rostro se reflejaba la ansiedad y preocupación, el miedo a no saber lo que estaba ocurriendo en esa habitación en donde su mujer estaba en peligro

- Michael ¿ qué ha ocurrido?- le preguntó al médico
- Tranquilo Anderson, ya pasó todo- le decía mientras se sentaba en una silla a su lado- Te hice salir porque por un momento creí perderla, pero inmediatamente reaccionó a la inyección que la pusimos. Ahora mis ayudantes la están controlando y atendiendo para trasladarla a la UCI
-¿A  la UCI ? ¿ Sigue en peligro ?
-Quiero tenerla en observación durante unas horas, mientras elimina la anestesia.  Quiero comprobar que todo está en orden.  Podrás verla unos minutos.  Si todo va bien, como espero, la trasladaremos a planta no tardando mucho y allí podrás disfrutar de tu mujer y de tu hijo.  Por cierto el niño está perfectamente.  Ahora podrás verle en el nido.   Ha pesado  tres kilos y ochocientos gramos
- No se cómo darte las gracias. Mil años que viviera no te agradecería bastante lo que has hecho por mi familia
- Vamos, vamos, es mi trabajo, y es una satisfacción enorme la que sentimos cuando todo sale bien.  Ahora tendrás que disculparme, tengo otro parto.  En cuanto tenga un rato libre pasaré a veros.
- Gracias Michael, gracias siempre.
-Es un niño fuerte y precioso.  Enhorabuena.  Respira tranquilo.  El susto ya ha pasado.  Cuando terminen de arreglarla, una enfermera te acompañará para que la veas. Sólo podrás estar con ella un máximo de diez minutos.  Estará volviendo de la anestesia, así que no te asustes si no te habla o si la encuentras adormilada. Todo está controlado. Dale un beso y vete a casa a descansar y a relajarte.  Te avisaremos cuando la pasemos a planta. Y ahora me voy. Hasta luego



Anderson esperó,  a penas diez minutos, cuando una enfermera salió en su busca para conducirle hasta la UCI.  Fueron los momentos más largos de su vida, pero al fin estaba frente a ella.  Estaba adormilada y pálida, y unas ligeras ojeras bordeaban sus ojos.  Se acercó despacio y la tomó una mano apretándosela. Besó su frente y no pudo reprimir un callado llanto.  Había estado a punto de perderla, y se daba cuenta de lo mucho que significaba para él.  Ella lo era todo.  Acariciaba suavemente su rostro y ella a veces abría los ojos, aunque su mirada estaba perdida. La susurraba dulces palabras al oído.  No sabía si ella las escuchaba, pero necesitaba decirla  lo importante que había sido encontrarla y hacerla su esposa.

- Señor, tiene que salir ya. Lo siento

Anderson levantó la cabeza y miró a la enfermera, asintiendo con la cabeza. Cinco minutos, cinco breves minutos para estar con ella.  Obedeció inmediatamente, y en ese momento recordó que tenía un hijo y que ni siquiera había ido al Nido para verle.  Preguntó a la misma enfermera dónde estaba, y se encaminó hacía allí.  Tras los cristales miraba buscando a su hijo, y una enfermera sonriente, le sacó de la cunita y le acercó hasta la ventana para que pudiera verle.  Era el niño más hermoso y sonrosado que nunca había visto.  Tenía la piel morenita como su madre, aunque no sabía muy bien si ese sería su color natural, o es que lo tenía por estar recién nacido.  La pelusilla de su cabello era rojizo como el de él, pero no pudo ver el color de sus ojos porque estaba dormido.  Tranquilo y feliz ajeno a todo lo que podía haber ocurrido al nacer.  Se dio cuenta de que unas lágrimas rodaban por sus mejillas.  El, el hombre rudo, viajado, y de vuelta de tantas cosas, se emocionaba al ver a su hijo y,  un feliz orgullo recorrió su cuerpo estremeciéndole. " Ya somos una familia", se dijo para sí.  La enfermera volvió a dejarle en su cuna y Anderson salió a la calle desorientado, y sin saber muy bien dónde ir.  Le parecía mentira que todo hubiera ocurrido y que todo hubiera pasado.  Se subió al  coche y antes de ponerlo en marcha decidió que tenía que notificar el nacimiento del niño.  Llamó primero a sus suegros.  Les contó lo ocurrido y una llorosa Eugenia se lamentaba de no haber estado al lado de su hija



- ¡ Dios mio, mi pobre niña !
- No Eugenia, no te lamentes.  Todo está bien. Ha sido muy valiente, y tu nieto es una maravilla. Te vas a enamorar de él en cuanto le veas.  Ahora llamaré a mi padre y a mi hermano, que no saben nada. Esta noche más tranquilamente os volveré a llamar y hablaré con Alvaro para explicarle todo, porque imagino que querréis saberlo al detalle.  De todas formas ¿ cuando venís?
- Por mi, saldría ahora mismo. Pero Alvaro tiene que dejar unos asuntos solucionados, aunque se volverá enseguida. Yo me quedaré más tiempo, si me lo permitís
- ¡ Qué cosas dices ! Eres la madre de mi mujer, la mujer que me acaba de hacer padre ¡ cómo no voy a permitírtelo! Venís a vuestra casa, siempre que queráis. Siempre seréis bien recibidos. Más tarde os llamo.  Yo también necesito recuperarme de tanta emoción
- Cuídate, hijo- le contestó Eugenia
- Luego os llamo. Adiós

A continuación marcó el número de su padre y le comunicó la noticia. El señor McLochlaim, apenas podía hablar de la emoción.

- Hijo ¿ de verdad me dices que todo está bien?
- Si, papá.  Todo ha pasado ya. Te lo explicaré con más detalle luego. Voy a decírselo a Aleck y después iré a verte hasta la hora de volver al hospital
- Bien hijo mio.  Haz lo que tengas que hacer

Puso el coche en marcha y se encaminó hacia el Ayuntamiento.  Quizá su hermano aún estuviera trabajando.  Efectivamente aún no se había marchado y cuando conoció la noticia, ambos hermanos se fundieron en un abrazo, y por primera vez Anderson, al sentir la presión de los brazos de su hermano, supo que se relajaba, que sus músculos crispados, se distendían, y por fin se daba cuenta de lo que significaba esa bolita de carne sonrosada que dormía plácidamente en una cunita no muy lejos de su madre, a la que estuvo a punto de no conocer.  La emoción pudo con él nuevamente cuando sintió el abrazó de Aleck. Le reconfortaba tanto ...  Se había sentido perdido en aquellas horribles horas de incertidumbre. Por fin cuando se hubo calmado, Aleck le dijo

- Venga vamos a tomar un café. Quiero que me lo cuentes todo con detalle




Bajaron a la cafetería del Ayuntamiento, y en una mesa apartada, Anderson relató a su hermano el episodio del parto.  Pero necesitaba contarle un capítulo de la vida de Adela que él ignoraba y que despejaría de una vez el silencioso contencioso que guardaba para si

- Quiero que me escuches con atención lo que voy a contarte. Adela me lo contó hace tiempo, cuando al principio de nuestra relación.  Es un secreto que solamente lo conocemos ella, su amiga Clara y yo, y por supuesto ahora tu.  Te conoció en una boda que celebrabais en El Lago, cuando ella vino a estudiar, con apenas dieciséis años. Le causaste una gran impresión, tanto, que estuvo enamorada de ti, en silencio,  hasta que regreso a Escocia.  Por ti intervino en tu campaña, pero se mantuvo alejada al casarte con Maureen, y fué el día de tu boda, a mi regreso para asistir a ella, cuando la conocí, y me enamoré.  No se si fue un flechazo.  Sólo se que buscaba su compañía y conseguimos ser buenos amigos, pero ella no correspondía a mi amor porque aún se acordaba de ti.

 Pasó el tiempo y entonces se dio cuenta de que había alguien que bebía los vientos por ella, y por fin accedió, en un principio,  a salir y posteriormente, conseguí conquistarla.  Quiero que sepas, que ese episodio está ya olvidado y superado y ahora nos amamos como nunca pensé que pudiera  suceder.  Pero hoy al verla tan débil, tan agotada,  y estando a punto de perderla, me he dado cuenta de que ella es la que me mueve a hacer todo y que yo soy su mundo, y ahora el mundo de ambos es nuestro hijo.  Siempre ha sido una chica solitaria e introvertida.  Luché mucho para que olvidara sus complejos, y lo he conseguido.  Espero que dentro de unos días, cuando todo vuelva a la normalidad recobremos nuestro equilibrio, y podamos al fin ser felices.

- No tenía ni idea de este episodio.  Me alegro que me lo hayas contado.  Se que lo pasaste mal cuando me casé con Maureen y eso nos había separado durante algún tiempo. Hermano, eres generoso y bueno.  Sabías el secreto de Adela y nunca diste a demostrar nada.
- Espero que al conocerlo, no te cree ninguna violencia, porque no lo he hecho con esa intención. He pasado horas muy difíciles y pensé,  mientras esperaba delante del quirófano, que si todo salía bien, pasaría página definitivamente de todo lo ocurrido hasta este día.  Para ello tenía que hacer un examen de conciencia y tú me faltabas en él.  Y ahora me voy. Quiero ir a casa a contarle a papá todo y después volveré al hospital en cuanto me avisen
- Ve con cuidado por la carretera, y gracias por ser tan buen hermano como eres.

Se abrazaron nuevamente y Anderson salió del edificio aliviado por la confesión hecha a su hermano.  Creía que debía saberlo, y  se había quitado un peso de encima. Más conforme y tranquilo , puso  rumbo a la casa de su padre.  Cuando llegó, encontró al anciano  impaciente por conocer todo lo acontecido.  Detalló minuciosamente toda la sucesión de lo vivido durante esas horas. Al concluir su relato, el padre estaba disgustado, pero más tranquilo

- Dime ¿ ella está bien? ¿ Cómo es el bebe?
- Cuando salí del hospital, aún no había vuelto completamente de la anestesia, pero del incidente surgido en el quirofano, estaba recuperada. Y el bebe es lo más bonito, lo más precioso, y lo más grande que he vivido nunca
- Bueno,  bueno-  dijo el padre riendo-  Veo que estás entusiasmado. Deseo ir a verles cuanto antes
- Te prometo que mañana vendré a buscarte y te llevaré a que le conozcas. Hemos hecho un trabajo espléndido- por primera vez en muchas horas, Anderson fue capaz de reir

Su móvil sonó. La voz algo impersonal de una enfermera, le anunció que Adela ya estaba en planta con su hijito al lado y perfectamente

- Gracias por avisarme. Voy para allá inmediatamente- fue lo que respondió Anderson
- Papá tengo que irme.  Es del hospital.  Ya está en la habitación. Estoy impaciente por verles. El niño está con ella
- Bien, hijo. Pero ve con cuidado. Y llámame cuando les veas y me dices cómo están
- Así lo haré, papa.

Y salió corriendo impaciente por estar al lado de su mujer y su hijo.  Estaba nervioso, pero no por preocupación, muy al contrario, alegre y contento por poder abrazarles.  Una enfermera le acompañó hasta la habitación que ocupaba Adela.  Abrió la puerta sigilosamente, por si ella estaba dormida. Adela estaba despierta y tenía al bebe en los brazos.  Se paró un momento para contemplar la imagen que se mostraba ante sus ojos: ella lloraba de emoción mientras acariciaba la pequeña cabecita.  Levantó la vista y entonces comprobó que Anderson la miraba emocionado




- Andy...   es nuestro pequeño
-Mi amor -  y corrió a su lado abarcando con su abrazo a la madre y al hijo, a su familiaBesaba una y otra vez el rostro de ella ,   juntando en la caricia,  las lágrimas de ambos
 - Dely, Dely...  me has dado el hijo más precioso que un hombre deseara tener
- Anderson, mi vida.  Nunca hasta ahora me había dado cuenta de lo importante que eres para mi. Cuando pensaba  en el quirófano que no viviría, mi único pensamiento era para ti.  Mentalmente, antes de perder la consciencia te pedía que fueras fuerte para criar a este pequeño.  Creí que no llegaría a conocerle, que no te vería nunca más.
 -Calla, calla, por favor.  Olvídalo.  Piensa sólo en nuestro pequeñín. ¡Es tan bonito!  Estoy muy orgulloso de ti, de ambos.  Nunca creí que llegaría a quererte tanto, a necesitarte tanto.  Creí que  no era posible quererte más, pero cuando te vi cómo luchabas por traer a nuestro hijo al mundo, supe lo importante que has sido y  eres en mi vida.



Un suave beso fue el broche final, de aquella declaración mutua, mientras el bebe dormía plácidamente sobre el vientre de su madre, protegido por el amor de ellos.


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