Nadie hablará de mí cuando ya no esté - Capítulo 8 - Azul frente a frente

Las jovencitas estaban entusiasmadas al contemplar la magia del paisaje del Lago Ness. Inquietas y nerviosas, preguntaban constantemente a Anderson  cuándo iba a aparecer el famoso monstruo, lo que provocaba grandes carcajadas en el fotógrafo

- Chicas no  molestéis, por favor- reprendía  Mónica
- No.   Estoy encantado con ellas. No te preocupes, no me molestan en absoluto- contestaba él

Sacó fotografías del grupo de chicas , de las monitoras  y de Adela.  Para ella puso más dedicación, y a través del objetivo la veía linda, aunque en su rostro se reflejaba algo de... ¿ qué ?...    Pero quizá fuese eso lo que la hacía más atractiva para el fotógrafo.

Esperaron pacientemente a que las chicas corrieran de acá para allá con la energía que sólo la juventud puede derrochar.  Sentados en unas piedras, los adultos charlaban animadamente.  Sara procuró sentarse al lado de Anderson.  Algo especial  sentía por el fotógrafo, que también la prestaba más atención que a Mónica e incluso que  a Adela.  Ella se daba cuenta del juego de la monitora, y a su nostalgia por Aleck, se unió el malhumor por las intenciones de la chica



- Es una descarada. ¿ Qué pretende?  Bueno en realidad lo sé. ¡Pero si se van pasado mañana!...No me gusta esta chica...  la veo demasiado...   atrevida, eso es, por no decir otra cosa peor- pensaba Adela mientras contemplaba el paisaje con la mirada perdida en el horizonte.


A la hora indicada  regresaron al restaurante para almorzar. Mónica y Adela charlaban de cosas intrascendentes. Anderson y Sara, por otro lado, de cosas referentes al apasionante trabajo del escocés.  Ella mostraba gran interés, cosa que extrañó al chico, pero como la veía extrovertida, tampoco le dio demasiada importancia

- ¿ Cuál será tu próximo viaje?- le preguntó Sara
- No lo sé aún. Me he tomado unos días de vacaciones para asistir a la boda de mi hermano.  Normalmente voy por libre, aunque mis trabajos se basan principalmente en reportajes para National
-¡ Cómo me gustaría tener un trabajo como el tuyo !-  contestaba Sara, mientras los ojos de ambos se encontraban
- Me parece que lo idealizas mucho.  Es bastante duro y pesado.  Hay veces que las jornadas son de horas y horas.  Muchos días  tienes que acampar en pleno campo, según sea el reportaje. Otras veces, sin embargo, es muy gratificante. Por ejemplo cuando has de fotografiar a modelos, o estrellas famosas.  Aunque no creas...,  también ellos tienen sus pegas
- ¡ No me lo puedo creer ! ¿ También retratas a las celebrities?   ¡¡¡ Uau !!!

Anderson estalló en una ruidosa carcajada que hizo que  Mónica y Adela  volviesen la cabeza en su dirección



- ¿ Qué le causará esa risa ?- comentó Mónica - Seguro que alguna payasada de Sara
- Seguramente- dijo de malhumor Adela

En la mesa del comedor, Sara y Anderson se sentaron juntos y frente a ellos Adela y Mónica.
Adela miraba de reojo a la pareja que tenía frente a ella .

- Se le ve encantado de la vida. ¡ Los hombres !  Pierden la cabeza ante una escoba con faldas.  Son todos iguales- pensaba  Adela,  mientras aumentaba por momentos su disgusto por la escena de la pareja.
- ¿ Tomas una copa conmigo cuando las chicas se acuesten?- preguntó Anderson a Sara
- Lo siento, y bien que me gustaría, pero no puedo. Mónica y yo, tenemos que cuidar de las fierecillas que tenemos a nuestro cargo
- Ya... es lógico...  tenéis responsabilidad- respondió él
- ¿ Irás por España alguna vez?
- Posiblemente.  He estado en varias ocasiones, y  quién sabe... es fácil que así sea
- Bien, pues si vas,  toma nota de  mi número de móvil. Allí mi responsabilidad termina al acabar la clase y recobro mi vida privada

Anderson grabó en su móvil el número de la chica.  De momento no tenia trabajo que tuviera que desplazarse en esa dirección, pero una idea cruzó por su cabeza " igual me da pasarme un par de días por alli, en lugar de estar en Inverness".



Las monitoras y su grupo regresaron  a España y la normalidad volvió al lugar.  Adela estaba algo molesta con Anderson por la atención prestada a Sara , que en su opinión era excesiva.  Para ella sólo tenía las palabras justas, y aquella corriente de simpatía que se originó al conocerse,  había desaparecido.  El se mostraba más distante e incluso a penas se veían.  Anderson  frecuentaba la casa de sus padres una vez restablecidas las relaciones, y Adela seguía con su trabajo con los turistas y con el hotel.  Seguía pensando en regresar a Madrid, máxime ahora que definitivamente nada se le perdía en Escocia.

Un día al terminar su jornada laboral, Anderson se personó en el hotel

-¡ Dichosos los ojos que te ven ! - le saludó Adela al verle
- Si, tienes razón.  Hace días que debía haber venido, pero ¿ sabes?, mi padre no anda muy bien de salud, y me daba pena dejar solos a mis padres, hasta que Aleck regrese de su luna de miel.  Haré un viaje a España y después de estar un par de días allí, regresaré al trabajo.  Estoy esperando me comuniquen mi nuevo destino
- Claro, haces bien. Aprovecha la ocasión que te sirvieron en bandeja- le dijo Adela con acritud
- Oye... ¿ puede saberse qué te pasa?
- Nada, a mi no me pasa nada.  Pero te quedaste coladito por Sara, y de no haber sido por las chiquillas hubieras ligado desde aquí
- Creo que eso no es asunto tuyo.  No eres ni mi madre, ni mi hermana, ni nadie de mi familia para reprocharme nada. Soy un hombre libre, ella también, somos adultos y podemos hacer lo que nos venga en gana



- Tienes razón, perdóname. ¿ Quién soy yo para gruñirte? Te ruego me disculpes.  Deseo que te vaya bien en mi país.  Yo no tardaré mucho en regresar.  Y ahora si me disculpas, tengo que irme
- ¿ Por qué te vas ? Discúlpame tú también.  He sido grosero. No debí contestarte de ese modo
- No.  La impertinente he sido yo. No debí meterme en tu vida. Pero, es que aquel día lo pasé mal, tenía recuerdos dolorosos y el veros tan, tan...  no sé cómo decirte.. me recordó algo y aún me dura
- ¡ Vaya, lo siento ! ¿ Firmamos la paz ?  Me gustas mucho y me gustaría que fuéramos amigos.  Hay algo en ti que me inspira confianza, pero tu te muestras, a veces, muy reservada, y no te entiendo muy bien
- ¿ Me ves reservada ? Yo creo que no  lo soy. Enseguida te conté mi problema
- Cierto, pero hay algo... Bueno, será mejor que lo dejemos ahí ¿ Quieres tomar algo ?
- No gracias, te lo agradezco, pero me retiro ya.  Estoy muy cansada. Hoy he tenido un grupo muy grande y hemos ido hasta Edimburgo, así que estoy loca por meterme en la cama
- Ya...  Bueno... pues entonces nos despediremos. No sé cuando regresaré. No sé a dónde voy a ir ni cuanto tiempo estaré fuera de casa.  Me gustaría que no perdiéramos la comunicación.  Te doy mi número de teléfono por si quieres contactar conmigo.  Podríamos  charlar aunque fuera  un breve momento
- Claro, toma también el mio.
- ¿ Me dirás cuando te marchas ?
- En cuanto lo sepa.  Estoy hecha un lío, y no se qué hacer.  Si regreso a Madrid me matricularé en alguna facultad ,  pero no sé siquiera lo que estudiar.  Como verás estoy bastante despistada de todo.
- Tienes tiempo. Eres muy joven, podrás hacer lo que quieras. ¿ Puedo preguntarte la edad?
- Claro, todavía la puedo decir.  Tengo veinte años
- Te llevo ocho. Eres como una hermana pequeña que me hubiera gustado tener
- ¡ Eres muy viejo ! - dijo riendo a carcajadas
- Menos mal que te ríes. Tienes una sonrisa preciosa, no la ocultes.  Haz que los mortales disfrutemos de ella
- ¡ Qué galante ! Gracias, eres muy amable
- No, no es amabilidad. Es cierto

Y así entre piropos, bromas y risas, estuvieron charlando hasta muy tarde.  Tan absortos estaban en la conversación, que no se dieron cuenta que se habían quedado solos en el bar del hotel, y los camareros les miraban con caras de pocos amigos

- Creo que debemos irnos, o nos echaran a palos- dijo riéndose Anderson
- No me había dado cuenta de lo tarde que es. Mañana tengo que madrugar.  Hay turistas a la vista
- Pues vámonos. Te acompaño hasta tu habitación.  Es tarde  y no vaya a ser que te encuentres con algún patoso que llegue algo bebido
- ¡ Qué galante ! Eres mi caballero andante- respondió ella mirándole y sonriendo

Anderson, la miraba fijamente con rostro serio. Miraba  detenidamente sus bonitos ojos,  su boca, su pelo..Ahora la tenía más cerca y podía examinarla con detenimiento.  Quizá fuera la conversación distendida que habían mantenido, o quizá fuese que no la había mirado fijamente hasta esa noche.  Se hizo un silencio entre los dos, y fue Adela quién lo interrumpió

- Bueno... pues vámonos



Y lentamente se encaminaron hacia el ascensor.  El la cogió del codo y ella no dijo nada.  Le agradaba ese muchacho y la forma delicada con que la trataba.  Era simpático y cariñoso. Tenía conversación fácil y era divertido.  Gracias a eso, había olvidado por unas horas el rostro de su hermano, de Aleck. Era su secreto, nunca le diría que fue él quién le había robado la tranquilidad.  Le agradaba tenerle como amigo.  Era de esas personas en quién se podía confiar: abierto, sincero y noble.

- Decididamente, me gusta.  Si, me gustará que sea mi amigo.  De esos en los que puedes llorar sobre su hombro cada vez que lo necesites. ¡ Lástima que cada uno vayamos por cada lado !  Sería estupendo coincidir en un mismo lugar- pensaba Adela mientras llegaba el ascensor que la conduciría hasta su habitación




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