jueves, 3 de abril de 2025

ENTRE DOS AGUAS - Capítulo 19 < DESPEDIDA

 No quiso acompañarle hasta el aeropuerto. Ya la despedida fué dura para aumentar más su dureza en el aeropuerto. Al menos ella fué difícil tener que decir adiós cuando a penas había sido un ¡hola!. Sería un recuerdo imborrable para ella y, pensaba que para él no tanto .  puesto que, además de estar casado, la misma historia se daría cada dos por tres con su esposa.

Y en ese mismo instante, se dió cuenta de que ella había sido "su amiguita". Esa forma peyorativa de definir a las mujeres que "juegan" con un hombre casado. En eso se había convertido y que ella había dado el visto bueno. Lo deseo desde que cumplió dieciocho años: encontrarlo y hacer lo que había hecho . Pero estaba segura de que no se repetiría, no porque ella no lo deseara, sino porque era casado y además diplomático   por lo que debía cuidar in extremis su reputación y que lo que hiciera su mano derecha estuviera oculto para la izquierda. Esa era una regle que debían seguir a rajatabla, aunque en algi¡una ocasión fuese incumplida.                         

sábado, 29 de marzo de 2025

ENTRE DOS AGUAS < Capítulo 18 - TE QUIERO ¿ ME QUIERES?

   

 Todo fue rápido o al menos se lo pareció, lo había deseado desde siempre pero nunca imaginó que pudiese ser realidad,  hacerse realidad. Y sin embargo lo era. Ella, cerrando los ojos se dejaba acariciar  y escuchaba las palabras que deseó oír desde que era una adolescente en boca de aquel hombre que ahora la hacía suya y  susurraba al oído , lo que siempre deseo escuchar. Y la fuerza en sus brazos rodeándola y atrayéndola hacía él, como si tuviera miedo de que, al separarse, la magia desapareciera.

Ella se dejaba llevar- Sus brazos la rodeaban totalmente como si tuviera miedo de que huyera de su lado. Sus labios buscaban los suyos y sus maravillosos besos rodeaban su rostro bajando por su garganta hasta llegar al escote y aún dibujaban un camino de deseo que, poco a poco llegaba a su objetivo.

Era una seducción en toda regla que ella no esperaba pero que disfrutaba al máximo con el hombre que amaba. Porque si, ahora sabía que lo que sentía por él no solo era atracción de juventud, sino el llegar a ese lugar recóndito del placer y ser amada por la persona que deseara desde que era una jovencita atrevida, pero también tímida ,ante una demostración tan a las claras de deseo y amor, ambos unidos en una sola persona en una sola boca buscando la suya y en una sola entrega a la persona que había estado esperando media vida y, que al fin había llegado y demostraba, como ella misma, que el verdadero amor, era cosa de dos. De un alma y otro que se deseaban desde muy jóvenes pero, que habría de pasar muchos años para que, ambos se dieran cuenta de que se necesitaban el uno al otro y que no había fuerza humana que les separara.

Elizabetta estaba como en una nube de la que no quería apearse. En el recóndito lugar de su alma siempre lo había deseado tal y como se manifestaba en aquel momento. Se rendía por momentos a su hechizo y a su deseo. No quería luchar contra ello y poco a poco se rindió a aquella magia que había surgido sin esperarlo; al menos en ella no. Sería la noche más feliz de su vida y tan largo tiempo esperándolo. No quería pensar si estaba bien o mal. Tenía derecho a expresar lo que sentía al igual que él. Era su primera experiencia y no la dejaría escapar. Había tenido novio con anterioridad, era cierto, pero nunca había llegado al límite, quizás porque era una relación sin amor.

Suspiraba profundamente cuando llegó al clímax . Nunca había experimentado sensación tan placentera como la que estremecía todo su cuerpo sin poder reprimir un estremecimiento de placer. Se dio cuenta de que le había amado durante toda su corta vida  y que había deseado esa sensación que experimentaba ahora que la daban ganas de gritar y que si no lo hacía era debido a que la boca de él tapaba en un profundo beso la suya.
Era delirio, amor , y lascivia, porque deseaba que aquello que sentía , no desapareciera sino que, se prolongara más y más hasta no poder resistir.  Él decía palabras encendidas en su oído lo que hacía que ella respondiera con suspiros, quejidos y sobre todo placer. 
Transcurrió una hora, dos, tres ... no sabría decir el tiempo pero si el placer inmenso que sintió y, que el adormecido amor que sintiera desde joven por él, rebrotase con fuerza en aquella habitación, en aquél momento, entre sus brazos que deseo estar y, que nunca se planteó estar. 
No quería pensar en que se tenían que separar nuevamente. Que él estaba casado y que sabía el amor profundo  que sentía en silencio Carlo. Esa era su noche, sus horas que pasarían rápidas y que, probablemente tardarían en volver a verse, si es que alguna vez lo hacían de nuevo. Era como si la hubiese marcado a fuego. No volvería a estar con nadie, porque nadie podría estar a su altura y vivir lo vivido aquella noche en la habitación de un hotel.

Iban silenciosos analizando cada uno de ellos lo sucedido hacía algunas horas entre ellos. No podía leer en la cabeza de Paolo, pero en la suya, había dado un paso trascendente que nunca olvidaría. Aquella tarde-noche, quedaría grabada en su memoria para siempre mientras viviera.  Sabía que sería una relación corta, por mucho apasionamiento que sintieran . Él estaba casado ¿ Cómo se le había ocurrido acostarse con él? ¿Cómo había cedido a la tentación? Y es que él había sido una tentación desde el principio de los tiempos para ella. Se olvidó del criterio para dar paso a la cerrazón de sus sentimientos. Ningún hombre había ocupado antes ese lugar, y fue una tentación demasiado fuerte, perdiendo totalmente el criterio de que él, era fruta prohibida por mucho que la dijera que no amaba a su esposa y fue un casamiento casi impuesto por sus respectivos padres. Pero miró hacia atrás cuando se le presento la ocasión, al ser ya marido y mujer. Y no sólo eso, sino que siguió adelante, cumpliendo con su deber como esposo.  Le contaría  a ella su aventura de esa noche? Seguro que no. Por lógica, los hombres no tiene consecuencias a la vista, por eso hacen de su capa un sayo. La esposa no se enteraría nunca de que había tenido una noche loca de pasión con una antigua amiga de colegio. 

Y de repente la luz se hizo en su cabeza:

—Él no tendrá repercusiones... ¿pero y yo? — se decía en su interior silenciosamente— No, es posible. Ha sido una sola noche... Intensa, si, pero una noche.

Se hacía miles de preguntas a solas en su casa, en su cama. Pero la duda estaba sembrada. Sólo había que esperar unos días y lo sabría seguro. Pero no le había dado lugar al que marchaba al día siguiente. Ni el tiempo que iba a permanecer en el lugar al que iba destinado...

—No, no podrá ser. Las casualidades no existen, claro que eso no fue casualidad... No adelantemos acontecimientos. No ocurrirá. No es tan sencillo. Ha sido la primera vez.  Basta ya de pensar en ello. Ya no tiene remedio; lo hecho hecho está...

Pero a pesar de todo, no se podía quitar la idea de la cabeza dándole vueltas continuamente lo que haría si su comportamiento tuviera consecuencias.


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ENTRE DOS AGUAS < Capítulo 17 < EL AMOR NUBLA LOS SENTIDOS

 Despertaron de la ensoñación al sentir unas voces que se acercaban. No se daban cuenta de que no estaban solos en un lugar público. Sus cuerpos se separaron bruscamente. Habían olvidado que estaban en el Coliseum  En ese lugar tan especial para ella  y, ahora lo sería aún mas. Por algo significaba tanto inconscientemente. Si consiguiera el empleo, cada vez que pasase por allí sería su lugar mágico., su sitio más especial. Pero también pensaba que cuando él se fuera , para ella quedaría marcado, posiblemente , para él fuera una anécdota.

La dirigió una sonrisa cuando, ya recompuestos, esperaban al grupo que se reunieran con ellos. Las voces, aunque bajitas, indicaban, no sólo que se acercaban, sino el   respeto que imponía aquellas ruinas que se estaban reconstruyendo para darles el poderío que en su época tuvieron. 

Se les reunió el grupo y ellos, cada uno en un extremo del espacio disimulaban lo mejor que podían uno tirando fotos de una parte y ella mirando alrededor, Imponían aquellas piedras rotas y desgastadas de lo que en su día fuera la muestra del poder inmenso que ejercía Roma para el resto del mundo, y para otros la crueldad que significaba la muerte de muchos hombres como gladiadores.

Todo eso bullía en su cabeza y eso es lo que deseaba vivir cada día, el lugar de los pomposos discursos de los señores embajadores de la mayoría de países del mundo. Una vez pasado el mal rato del estreno, ya era un trabajo mecánico para ella sin pompa ni lujo en lo que se había convertido, ahora totalmente ruinoso. Por eso se decidió que había que reconstruirlo, para que todos los visitantes que llegaban hasta allí se admiraran de la grandeza que era Roma...Al quedarse rezagados Paolo la miró y sonrió. Su primer abrazo y beso de adultos, había sido en ese lugar, que ella adoraba sin restricciones,



El resto del itinerario lo hicieron con la compañía  del grupo. No había forma de escaparse de allí. No les quedaba más remedio que seguir adelante o darse la vuelta y desandar el camino hecho, cosa que se vería muy extraño antes sus compañeros y al hallarse solos cuando el grupo entró. Se imaginaría lo que allí estaba ocurriendo. Unos lo interpretarían como romanticismo y, los otros como buscando la oportunidad de templar sus ánimos que, al parecer estaban algo excitados. Decidieron con una mirada seguir adelante y que fuera lo que Dios quería.

Y lo que Dios quiso fue que, al final de la comida decidieron ir al hotel en el que él se hospedaba. Ella estaba nerviosa. Sabía el riesgo que correría si aceptaba la invitación. No quería pensar en ello. con suerte no sucedería nada. Era un hombre casado y diplomático. Estaba obligado a comportarse como es debido. ¿Y cómo es debido? se preguntó así misma. Una voz interior la repetía sin parar "está casado, está casado..." Desoyó esas voces y dejaría que pasara, si algo pasase, y siguió lo que el destino marcaría para ellos y lo que estaban viviendo. Era feliz. Le tenía para ella sola. No recordó ni una sola vez a su mujer. Seguro que el matrimonio era uno de tantos que se dan entre ese tipo de sociedad. Ella era libre y, por una vez seguiría sus instintos. Ya no era una jovencita asustadiza y vigilada de cerca por sus padres para advertirla de con quién debía ir. Había cumplido veintitrés  años,  y por tanto, era libre de "tontear " con alguien " sin ir más allá. Pero si acaso fueran... No pensaría en eso y dejaría que la vida y el destino siguiese su marcha.

La sacó de su ensimismamiento el mismo Paolo que, extrañado de su silencio, detuvo su andar y pararse frente a ella:

— ¿Qué te ocurre? estás ausente. ¿Acaso te has ofendido por besarte? No he podido evitarlo. He recordado cuando éramos unos críos...Ya me gustabas un montón.

—¿Por qué nunca volviste a Positano?

—Me enredé con la carrera y una cosa trajo la otra y conocí a la que es mi mujer. Una santa pero ella estaba en mi misma situación. Acordamos unir nuestras vidas en una tarde loca que tuvimos, pero ninguno de los dos lo deseábamos. Ambos teníamos nuestros secretos. Más tarde nuestros padres nos unieron. Tú no estabas allí, yo era demasiado joven y, el porvenir me lo pintaban de color de rosa...El resto puedes imaginarlo: tuvimos que casarnos aprisa. Sería un borrón enorme en mi curriculum y en un mes se organizó la boda fuera de Italia. Así no se sabría nada. Cuando regresamos ya éramos marido y mujer. Después saqué plaza en América y luego en una embajada .Total aquí estoy con destino en la ONU


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viernes, 21 de marzo de 2025

ENTRE DOS AGUAS - Capítulo 13 - LA SORPRESA

Tomó un taxi y no tardó mucho en llegar. Como siempre el tráfico en Roma era infernal y los improperios del taxista iban en aumento. Elizabetta sonrió ante los ademanes  e insultos que dirigía a los transeúntes. Ella trataba de aplacarle porque tenía tiempo suficiente, pero el hombre dialogaba insultando a quienes se interponían en su trabajo. Ella iba tranquila sabiendo que de sobra había tiempo para ser puntual. Y al fín, al cabo de un buen rato la dejó a las puertas de la galería en donde exponía Carlo.  En el escaparate se exhibía uno de los cuadros. Trataba de una mujer joven cubierta por un velo que marcaba sus formas pero no el rostro. Se detuvo un instante antes de entrar para admirar la formidable obra de su amigo que tenía delante. La composición del velo que cubria su cuerpo era perfecto. Dejaba entrever  a la imaginación lo que cubría, pero no se veía lo que por otra parte se imaginaba. Ni siquiera el rostro cubierto en una parte por la cabeza girada y el perfil tras un abanico. Ni siquiera imaginó que pudiera ser ella.

Desde dentro el pintor observaba a la muchacha detenida ante el cuadro en el escaparate. Se puso algo nervioso al creer que había descubierto su secreto. Buscaba en su cabeza incesantemente algo con que justificarlo porque estaba seguro que le preguntaría  si no le abroncase por haberlo hecho. La justificación era sencilla: unos borradores que hizo de su imaginación en la última noche que pasaron de despedida. Era difícil volverla a ver y por ese motivo y por un whisky de más, crearon es formidable cuadro que primero fue borrador.  No la insinuaría nada. Dejaría a ver si ella se reconocía en él y entonces lo justificaría.   

Sabía como era su carácter  y su forma de pensar. Era una chica moderna, pero no hasta ese extremo. Ni hablar de posar desnuda para un pintor ni para nadie sin tomar en cuenta que las personas que se dedican a ese oficio pueden ser tan decentes como quienes trabajan en otro menester, pero ella no lo creía pues, era ra la vez que la modelo no se enamoraba del pintor o viceversa. En su cabeza no entraba, por eso es que ni siquiera se lo insinuó: simplemente en la soledad de su casa así la imaginó  así lo compuso haciendo de ello una obra magistral. Estaba coladito por ella hasta los huesos y ella del otro amigo, por eso guardó silencio y respetó a ambos sus sentimientos.

Con una sonrisa que dividía su cara en dos, Elizabetta entro en la sala de exposiciones, sonriendo abiertamente complacida por lo que acababa de ver y pensando que era otra persona quién había posado para él. Ignoraba que era de un boceto de hacía mucho tiempo que estaba destinado a ser devorado por el fuego y, que afortunadamente se arrepintió a tiempo.

Extendiendo los brazos penetró en la sala y ambos amigos se estrecharon de emoción. Hacia tiempo que no se veían. Sólo se limitaban a escribirse o a alguna llamada telefónica. Él era un pintor que comenzaba a ser reconocido entre los entendidos y, ella sumergida en Naciones Unidas. Ambos disponían de muy p0co tiempo libre y sus visitas mutuas, se dispersaban en el tiempo. El abrazo fue intenso y emocionante por parte de ambos. Sin querer habían retrocedido a los años de la adolescencia y a borbotones salían de su garganta  al unísono, todas sus correrías infantiles.

Él conocedor de los sentimientos de ella, trataba por todo los medios no mezclar churras con merinas,  pero ella evocaba constantemente su adolescencia y de rechazo  a  Paolo.

—Espera un momento, voy a por una copa y me cuentas — interrumpió Carlo cortando momentáneamente la conversación referente a cómo les iba en el trabajo a ambos.

Alzaron sus copas para brindar por sus respectivos trabajos y la alegría de volver a estar en contacto y por el éxito de la exposición. Entrechocaron sus copas mientras eran observados, por la secretaría de la dueña de la galería que estaba a punto de llegar. Buscaba sin cesar el parecido de la joven que ahora reia con el pintor y el cuadro muestra de la exposición: 

—Es ella. No tengo la menor duda. Nunca, en ninguna de la exposiciones que hemos hecho, ha estado tan contento como lo está en esta. Y no es porque sea la primera vez que exponga, sino porque la modelo de su gran obra es esa joven. No tengo la menor duda. Ya buscaré la ocasión de preguntárselo. Se le ve feliz y entusiasmado. Y es por ella; es el motivo de su alegría. Está coladito hasta los huesos. No Hay más que mirarle para darse cuenta de ello. Él nunca se había mostrado tan eufórico. En ninguna de las exposiciones que hemos realizado juntos.  Me alegro. Es un buen chico y merece ser feliz y, hoy lo es. ¡ Vaya si lo es !


Y el tiempo voló en aquél día del reencuentro y, no se habían cumplido las predicciones que  se hiciera Elizabetta : Paolo no había acudido a la invitación de su amigo y, por consiguiente su esperanza se había desvanecido. De momento no le volvería a ver en mucho tiempo, ya que no habría otra convocatoria de asamblea en bastante tiempo, es decir, no le volvería a ver muy probablemente nunca. La desilusión era por parte de ambos, ya que los dos le apreciaban y recordaban con cariño aquellos tiempo de adolescencia. Pero era sabido que, al ser mayores cada uno tiraría por otro camino cumpliendo los sueños de la  adolescencia que , como es sabido, es de difícil cumplimiento al correr cada uno de ellos por otros derroteros. Sería difícil contactar con él y la desilusión era de ambos. Querían revivir los viejos tiempos y para eso era necesario que estuviera él. Hubiera sido el día completo. Éxito rotundo de la exposición, la presencia de su amor secreto y ... su buen amigo. En el fondo se alegró de que no pudiera venir. Así no la vería, porque ellos se verían a buen seguro, se lo había prometido. Pero con un, poco de suerte ella no estaría y no tendría oportunidad de verla. 

Sabía de los sentimientos que ella sentía por el otro amigo, pero ignoraba que se había casado y esperaba su primer hijo. Esa parte no sería él quién informara a la joven. No quería destrozarla el corazón. Con el suyo roto, ya era suficiente.


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jueves, 20 de marzo de 2025

ENTRE DOS AGUAS < Capítulo 12 < Visita a la exposición

Era domingo y no tenía trabajo. Al cabo de una semana dura, podía relajarse y desinteresarse por lo que pasaba en el mundo. Ya había cogido las riendas del trabajo y nada impedía que se relajara y que disfrutara, al menos de un fin de semana sin preocupaciones. Se desperezaba en la cama retorcido su cuerpo para destensarse de la postura que durante toda la noche había mantenido. Sonrió al pensar en los días que había tenido una preocupación constante por las traducciones pero ya le había cogido el tranquillo  ahora se permitía el lujo de estar tranquila y serena.  Bien es verdad que, las reuniones de ahora eran de menor importancia que la tenida al graduarse por primera vez. Él ya no estaba y, era quién la ponía más nerviosa. No le había vuelto a ver desde que tuvieran su intervención por tanto no habían cruzado ni dos palabras. Ella sabía quién era él, pero no era a la recíproca.  Tosió como si algo la molestara en la garganta y de un salto se puso de pie. Tenía planes para ese día: primero el Coliseum y después, para comer con Carlo después de cerrar la exposición. Tenía ganas de hacer las dos cosas porque la visita turística había representado mucho en ella y era su aspiración a la que no renunciaría nunca. Y la segunda estaba ansiosa por charlar con su amigo de tanto tiempo. Era como un hermano para ella. Fue su gladiador en las mil batallas con los chicos cuando llegó a la adolescencia. Le tenía un cariño especial. Echaba de menos el hermano que nunca tuvo  y además se sentía segura a su lado. Sabía que él la protegería ante el mundo entero si es que fuera necesario. Una sonrisa afloró en su cara recordando las veces que se peleó por ella en el instituto y ante el propio Paolo cuando se les unió. De repente se dio cuenta que había dejado de sonreír y ahora su mueca era de añoranza. ¿Por qué aquella gloriosa etapa fue tan breve. ¡Éramos tan felices juntos ... !

—¿Por qué he tenido que recordar eso ahora? ¿ Por qué no sale de mi memoria de una  buena vez ? No quiero que nada ni nadie enturbie mi dia. Carlo es  como un hermano para mí...

De repente suspendió sus pensamientos y se detuvo en su caminar hacia la ducha, dando paso a una voz interior que le daba la razón de porqué era como un hermano  no un novio. Porque sí, ella hacía mucho que conocía los pensamientos del muchacho, aunque se hiciera la desentendida. De adolescente porque le halagaba y de mayor, no quería saberlo porque su cabeza estaba llena de imágenes de Paolo, tan arrogante, tan alto, tan elegante, tan...

—Será mejor que me meta en la ducha —se dijo en voz baja, como para ella sola. Pero ese recuerdo, adormecido a medias, hizo que su sonrisa se borrara de la cara con un poquito de nostalgia . Ella seguía enamorada de él, aunque nunca se lo dijera ni él tampoco expresase algún sentimiento hacia ella.

La sonrisa se había borrado de su cara. Se puso frente al espejo del cuarto de baño y le interrogó. como si él tuviera la solución al problema de que él pasara olímpicamente de ella. Hacía morisquetas ante el espejo de mujer fatal, o sonreía o... se le saltaron las lágrimas. Aunque no quería reconocerlo estaba perdidamente enamorada de él. Siempre lo estuvo ...

— Y siempre lo estaré... — dijo al espejo como si éste le hubiera increpado. 

Sacó su lengua dirigida a ella misma tomando la imagen que reflejaba y, dando media vuelta se desvistió y se metió en la ducha.  El tiempo había corrido ante tantas divagaciones y de temprano hacía tarde. Tendría que apresurarse porque entre haberse quedado dormida y sus reflexiones, lo que creyera ser un momento, el tiempo se le había echado encima,

Tomaría un taxi y así llegaría a tiempo, porque no es que estuviera muy lejos de donde vivía pero no quería quedar mal con Carlo y sería puntual con la hora en que habían quedado.

—Siempre tienes que entrometerte—se dijo así misma al verse reflejada en el espejo aunque en su cabeza fuera la imagen de Paolo que exhibía su magnífica dentadura al reírse.


Antes de acostarse la noche anterior, había dejado preparada la ropa que se pondría. Se trataba de un conjunto de falda y chaqueta que la favorecía mucho y con el cuál, cada vez que se lo ponía, llamaba la atención entre los masculinos. No era muy alta. Tenía la estatura normal en las latinas, pero armoniosa en sus formas. Su rostro era amable y suave de gestos. Su cabello era castaño claro y sus ojos azules porque procedía de la región de Liguria.. toda su familia materna era de allí y, aunque su padre era de Nápoles, había sacado los rasgos ligures. Ella no se creía espectacular, sin embargo lo era. Sobre todo ante la visión del pintor que se le notaba en grado sumo que perdía sus huesos por ella. Se había resignado a ser como su escudero, como un hermano para ella. Pensaba que mejor ser eso que nada. Al menos eso le permitía permanecer cerca y ayudarla si lo necesitara. Estaba resignado a ser el segundo, ya que dese hacía tiempo conocía los verdaderos sentimientos de ella hacia su otro amigo. Pero nunca dijo nada. Ni a ella, ni a él. Se mantenía en un segundo plano como si para él fuera su "hermana meno"  y así se mantendría hasta que Dios quisiera.

—Mejor estar cerca de ella como hermano y no repudiado como novio— se decía así mismo como para consolarse del papel que  le tocaba vivir.

Se le echaba la hora encima y ella iba corriendo de un lugar a otro hasta que se diera el visto bueno. Atusó su cabello y repasó, para bien, el poco maquillaje que llevaba. Atusó su falda y tras perfumarse. cerró la puerta tras sí.¿ Se había maquillado para el pintor, o más bien para el diplomático?  En el fondo si lo sabía por mucho que se dijera así misma que no sabía. Pese a todo iba contenta por ver al pintor. Le quería, pero de una forma muy distinta   que al diplomático . Él era de casa—se dijo— y Carlo es mi hermano. 

Nada más bajar paró a un taxi y le dio la dirección de la exposición, Repartidos por toda la ciudad, dado que su nombre se escuchaba en todas las salas de exposiciones y las críticas habían sido rotundas referentes a su talento, algo que ella le daba una relevancia relativa porque le había conocido siendo un casi niño y era "de casa"  Desconocía las veces que él le había retratado porque nunca la dio la oportunidad de que supiera los sentimientos que le inspiraba. Para Elizabetta era su hermano y por nada del mundo perdería ese aprecio sin desterrar primero a Paolo, cosa harto difícil. Pero la protegería desde lejos.          
 


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