jueves, 20 de marzo de 2025

ENTRE DOS AGUAS < Capítulo 12 < Visita a la exposición

Era domingo y no tenía trabajo. Al cabo de una semana dura, podía relajarse y desinteresarse por lo que pasaba en el mundo. Ya había cogido las riendas del trabajo y nada impedía que se relajara y que disfrutara, al menos de un fin de semana sin preocupaciones. Se desperezaba en la cama retorcido su cuerpo para destensarse de la postura que durante toda la noche había mantenido. Sonrió al pensar en los días que había tenido una preocupación constante por las traducciones pero ya le había cogido el tranquillo  ahora se permitía el lujo de estar tranquila y serena.  Bien es verdad que, las reuniones de ahora eran de menor importancia que la tenida al graduarse por primera vez. Él ya no estaba y, era quién la ponía más nerviosa. No le había vuelto a ver desde que tuvieran su intervención por tanto no habían cruzado ni dos palabras. Ella sabía quién era él, pero no era a la recíproca.  Tosió como si algo la molestara en la garganta y de un salto se puso de pie. Tenía planes para ese día: primero el Coliseum y después, para comer con Carlo después de cerrar la exposición. Tenía ganas de hacer las dos cosas porque la visita turística había representado mucho en ella y era su aspiración a la que no renunciaría nunca. Y la segunda estaba ansiosa por charlar con su amigo de tanto tiempo. Era como un hermano para ella. Fue su gladiador en las mil batallas con los chicos cuando llegó a la adolescencia. Le tenía un cariño especial. Echaba de menos el hermano que nunca tuvo  y además se sentía segura a su lado. Sabía que él la protegería ante el mundo entero si es que fuera necesario. Una sonrisa afloró en su cara recordando las veces que se peleó por ella en el instituto y ante el propio Paolo cuando se les unió. De repente se dio cuenta que había dejado de sonreír y ahora su mueca era de añoranza. ¿Por qué aquella gloriosa etapa fue tan breve. ¡Éramos tan felices juntos ... !

—¿Por qué he tenido que recordar eso ahora? ¿ Por qué no sale de mi memoria de una  buena vez ? No quiero que nada ni nadie enturbie mi dia. Carlo es  como un hermano para mí...

De repente suspendió sus pensamientos y se detuvo en su caminar hacia la ducha, dando paso a una voz interior que le daba la razón de porqué era como un hermano  no un novio. Porque sí, ella hacía mucho que conocía los pensamientos del muchacho, aunque se hiciera la desentendida. De adolescente porque le halagaba y de mayor, no quería saberlo porque su cabeza estaba llena de imágenes de Paolo, tan arrogante, tan alto, tan elegante, tan...

—Será mejor que me meta en la ducha —se dijo en voz baja, como para ella sola. Pero ese recuerdo, adormecido a medias, hizo que su sonrisa se borrara de la cara con un poquito de nostalgia . Ella seguía enamorada de él, aunque nunca se lo dijera ni él tampoco expresase algún sentimiento hacia ella.

La sonrisa se había borrado de su cara. Se puso frente al espejo del cuarto de baño y le interrogó. como si él tuviera la solución al problema de que él pasara olímpicamente de ella. Hacía morisquetas ante el espejo de mujer fatal, o sonreía o... se le saltaron las lágrimas. Aunque no quería reconocerlo estaba perdidamente enamorada de él. Siempre lo estuvo ...

— Y siempre lo estaré... — dijo al espejo como si éste le hubiera increpado. 

Sacó su lengua dirigida a ella misma tomando la imagen que reflejaba y, dando media vuelta se desvistió y se metió en la ducha.  El tiempo había corrido ante tantas divagaciones y de temprano hacía tarde. Tendría que apresurarse porque entre haberse quedado dormida y sus reflexiones, lo que creyera ser un momento, el tiempo se le había echado encima,

Tomaría un taxi y así llegaría a tiempo, porque no es que estuviera muy lejos de donde vivía pero no quería quedar mal con Carlo y sería puntual con la hora en que habían quedado.

—Siempre tienes que entrometerte—se dijo así misma al verse reflejada en el espejo aunque en su cabeza fuera la imagen de Paolo que exhibía su magnífica dentadura al reírse.


Antes de acostarse la noche anterior, había dejado preparada la ropa que se pondría. Se trataba de un conjunto de falda y chaqueta que la favorecía mucho y con el cuál, cada vez que se lo ponía, llamaba la atención entre los masculinos. No era muy alta. Tenía la estatura normal en las latinas, pero armoniosa en sus formas. Su rostro era amable y suave de gestos. Su cabello era castaño claro y sus ojos azules porque procedía de la región de Liguria.. toda su familia materna era de allí y, aunque su padre era de Nápoles, había sacado los rasgos ligures. Ella no se creía espectacular, sin embargo lo era. Sobre todo ante la visión del pintor que se le notaba en grado sumo que perdía sus huesos por ella. Se había resignado a ser como su escudero, como un hermano para ella. Pensaba que mejor ser eso que nada. Al menos eso le permitía permanecer cerca y ayudarla si lo necesitara. Estaba resignado a ser el segundo, ya que dese hacía tiempo conocía los verdaderos sentimientos de ella hacia su otro amigo. Pero nunca dijo nada. Ni a ella, ni a él. Se mantenía en un segundo plano como si para él fuera su "hermana meno"  y así se mantendría hasta que Dios quisiera.

—Mejor estar cerca de ella como hermano y no repudiado como novio— se decía así mismo como para consolarse del papel que  le tocaba vivir.

Se le echaba la hora encima y ella iba corriendo de un lugar a otro hasta que se diera el visto bueno. Atusó su cabello y repasó, para bien, el poco maquillaje que llevaba. Atusó su falda y tras perfumarse. cerró la puerta tras sí.¿ Se había maquillado para el pintor, o más bien para el diplomático?  En el fondo si lo sabía por mucho que se dijera así misma que no sabía. Pese a todo iba contenta por ver al pintor. Le quería, pero de una forma muy distinta   que al diplomático . Él era de casa—se dijo— y Carlo es mi hermano. 

Nada más bajar paró a un taxi y le dio la dirección de la exposición, Repartidos por toda la ciudad, dado que su nombre se escuchaba en todas las salas de exposiciones y las críticas habían sido rotundas referentes a su talento, algo que ella le daba una relevancia relativa porque le había conocido siendo un casi niño y era "de casa"  Desconocía las veces que él le había retratado porque nunca la dio la oportunidad de que supiera los sentimientos que le inspiraba. Para Elizabetta era su hermano y por nada del mundo perdería ese aprecio sin desterrar primero a Paolo, cosa harto difícil. Pero la protegería desde lejos.          
 


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Autora< rosaf9494quer

Edición< Marzo 2025

Ilustraciones< Internet

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