El buen humor reinaba entre todos ellos. Estaban satisfechos por el resultado del primer día. Habían realizado su trabajo a la perfección. El foco de todos estaba en la debutante Elizabetta, pues nerviosa como estaba, les preocupaba el resultado de su intervención. Pero todo se había llevado con calma y airosamente. Hacía la mitad del evento. se relajaron. No solamente estaban satisfechos con cada intervención sino que los nervios se iban templando y, poco a poco la sesión llegaba a su fin. Había sido un día muy largo y de nervios, interminable. Máxime para la más novata e inexperta: Elizabetta, por eso cuando todos se reunieron una vez terminado el día, acordaron festejarlo a su manera que era ir a cualquier hamburguesería y descargar adrenalina que en grandes dosis contenían, a pesar de que no era la primera vez para la mayoría de ellos.
Elizabetta desistió de la idea. Estaba muy cansada y deseaba relajarse bajo una buena ducha y acostarse y tratar de dormir porque al día siguiente la prueba continuaba, aunque ya sabía el método de cómo actuar si alguna contingencia se diera.
Por mucho que insistieron no consiguieron que les acompañara. Deseaba estar a solas, relajarse y meterse en la cama para, al día siguiente estar despejada aunque fuera más de lo mismo. Nunca se sabia porque siempre surgía algo que hacía que cambiase todo, que diera la vuelta la situación imprevista. Y de esa manera y con ese pretexto ella decidió dar un paseo antes de meterse en casa, Reflexionar sobre lo vivido y pensar en cómo actuar cada vez que le tuviera a él como jefe. Pensaba que no se repetiría la historia una vez hubiese pasado esta sesión, Pensaba que había resultado una especie de rifa y le había tocado a ella por chiripa. Quizás la próxima vez, si se diera el caso, no coincidirían. ¿ Se alegraba de que eso ocurriese? No sabría decirlo . Mejor no pensar en ello. Transcurriría el tiempo y quién sabe... puede que fuera otro el delegado o incluso que ella no trabajase en Naciones. Era un buen empleo y bien remunerado, pero su verdadero sueño era el ser guía de turismo. No tenía tantas complicaciones y, además, él no estaría.
Sin apenas darse cuenta, había llegado a su domicilio. Tan inmersa estaba en sus cavilaciones que hasta le había hecho corto el trayecto. Había reflexionado sobre ese día tan extraño y el encuentro con él sin esperarlo. Desilusionada pensó en aquellos tiempos de adolescencia en que eran una piña los tres juntos y, sin embargo ahora mírate, suspirando por alguien que ni siquiera recordaba de quién se trataba la persona que tenía bajo su mando aunque fuese esa vez y, quizás la única.
Y sumida en sus reflexiones se encontraba frente a su casa. El tiempo había transcurrido entre reflexión y reflexión sin darse cuenta. Subió los escalones que la separaban de la entrada e introdujo la llave en la cerradura cediendo la puerta a su presión. Se trataba de la clásica entrada neoyorquina. Unos escalones la separaba de la acera. Se detuvo un momento a contemplar la fachada, netamente de los años veinte, cuando Nueva York comenzaba a ser la gran urbe que ahora era. Se preguntaba así misma si se encontraba a gusto en esa ciudad, tan grande, tan desmesuradamente grande con relación a cualquier otra. Y recordaba la primera impresión que tuvo al llegar; miraba hacia los rascacielos y sentía la sensación de que se le venían encima. Que apenas podía encontrar un poco de cielo que no estuviera ocupado por algún rascacielos. Y el tráfico incesante de personas de coches. Todos con prisa, todos inquietos a donde quiera que fuesen.
De repente añoró desesperadamente el lugar que la vio nacer , en el que llevaba una vida sosegada y tranquila. Pero eso era "el progreso" si es que un ataque al corazón se podía llamar progreso. Esa ajetreada vida llegando siempre tarde a cualquier sitio o a cualquier cita.
Echó de menos su país y a su familia. ¿Pero era ese el motivo? Indudablemente no. Sentía añoranza de su adolescencia y lo feliz que era. En ese momento llegó a su imaginación, la cara de aquel chico, hoy un hombre convertido en político. Creyó que desde siempre era esa su idea, pero ellos eran demasiado jovenes y soñadores para, siquiera imaginar, cómo sería su vida futura y, si se cumplirían los sueños que cada uno de ellos tuviera. Y su imaginación no paraba de reflejar unas imágenes inexistentes en la realidad. Se veía asimismo corriendo feliz por una campiña de las afueras y los dos chicos corriendo tras ella, alegres y felices. ¿Dónde han ido a parar aquellos jóvenes alegres? Cada uno por un lado, lejos uno de los otros y, tan dispares sus profesiones que era inimaginable volver a verles reunidos y despreocupados como entonces.
Tras un suspiro, metió la llave en la cerradura para entrar en su apartamento. o en parte de el. Fue directa a su habitación y quitándose los zapatos de una sacudida, se tumbo encima sin siquiera descorrer la colcha. Deseaba seguir pensando en aquellos años de adolescencia que fueron felices, sin ocuparse del futuro y del gran error de pensar que su amistad sería indestructible. Sólo le quedaba Carlo. Él siguió fiel a su amistad, exceptuando cuando fue a cumplir su sueño: el de ser pintor. Lo había conseguido y comenzaba a sonar su nombre como una promesa de futuro. En cambio ella todo lo que anhelaba era ser la guía turística en el Coliseo.. ¿ Por qué esa atracción hacia ese lugar? Sonrió al recordarlo, seguramente porque siempre se añora lo que no se consigue y el magno edificio era su meta. Siempre había sido su sueño desde que una vez hace tiempo, paseó por sus ruinas evocando a Nerón con el pulgar hacia abajo. A pesar de ser cruel, le atraía esa parte de la historia, del momento que que el emperador dio la orden de prenderla fuego. A la hermosa y eterna Roma.
Poco a poco los ojos se la fueron cerrando hasta entrar en el profundo sueño del descanso. Y soñó viéndose cuando estaba en el instituto y tras ella dos jovencitos gritando su nombre y corriendo tratando de alcanzarla. Y de repente había desembocado en el Coliseum y se veía sonreír feliz ante esa magna visión Y de repente, todo se borró ante ella y poco a poco, el frio de la noche la despertó. Mirando a un lado y otro de la cama, dándose cuenta de que la magia había terminado. Por la mañana tendría otra nueva sesión y la incógnita de si podría hacer bien su trabajo.
—Sí, lo haré. Estoy segura de ello.
De un salto se tiró de la cama ya que el frio nocturno se hacía notar y ella estaba con la misma ropa con que se echó pensando que no se dormiría.