El otro lado del mundo - Capítulo 9 - Una proposición honesta

Y Bella compartió mesa y mantel con la familia D'Tella.  Todos se mostraron simpáticos, y la sobremesa fue amable y distendida; hasta Giovanni, que se mostrara al principio algo estirado, se relajó y participó de las anécdotas de Alessandro con sus amigos y los turistas.


Tomando el café de después del almuerzo en una sala contigua al comedor, el señor D'Tella, sutilmente, derivó la conversación hacia Anna.  Deseaba saber de su vida en Australia, y principalmente cuándo había muerto y cómo.  Bella relató sus penurias del principio al llegar a Australia, su casamiento y por último su muerte.  Él la escuchaba con atención, sin interrupciones, cosa que extrañaba a su hijo, que nunca le había visto interesado por nada de sus amigos.

Hacia la mitad de la tarde, dieron por concluida la visita , y ambos jóvenes salieron de la casa, para reunirse con los amigos de Ale: sería una más del grupo.  A la hora de las presentaciones, supo que la chica con que le vio besarse, era Tatiana, la novia de Alessandro. Sin saber la razón, ambas mujeres se miraron con recelo. A Tatiana, no le entusiasmaba en exceso que tuviera amistades tan guapas como lo era Bella.  Fingió estar encantada de la vida.  Y así transcurrió la tarde.  Bella se despidió del grupo y dando un paseo fue a su hotel.  Había sido un día curioso, algo extraño.


Como cada noche, se acomodó en las almohadas de su cama, y tomando el diario, procedió a seguir con la lectura que había dejado el día anterior.  Daba un salto en el tiempo, y ahora su abuela estaba en Sidney:

" Decidí dejar aquel empleo.  Una compañera  se marchaba a Sidney buscando un mejor trabajo; insistió en que me fuera con ella.  Tenía un poco de dinero ahorrado, y me daría para el billete y subsistir hasta encontrar de nuevo donde trabajar. Helena, una chica griega llegada como yo y con las mismas esperanzas, esperaba encontrar empleo y marido también.  Y emprendimos el vuelo, llegando a Sidney.  Tuvimos suerte y enseguida encontramos trabajo.  Ella de camarera, yo cuidando a unos niños pequeños, que hacían me desesperase: eran maleducados y además al no saber muy bien el idioma, no nos entendíamos demasiado bien.  Pero el sueldo era bueno, aunque tenía muchas horas de trabajo y poco tiempo libre.  Decidí un día, ir en busca de mi amiga Helena.  Ella había encontrado al hombre que buscaba y estaba plenamente feliz.
 Había una vacante como camarera, y sin dudarlo, la solicité.  Al menos no tendría que aguantar a esos niños tan consentidos por sus padres. 


 Empecé mi trabajo, en el que además del sueldo, sacaba bastantes propinas, y porqué no decirlo, alguna burrada de algún hombre que comía en ese lugar y se creía con derecho a todo.  A uno tuve que pararle los pies, al haberme dado un azotazo en el culo, cuando me volví de espaldas para atender otra petición.  Le respondí con un bofetón que no esperaba y le solté una buena parrafada en italiano que no se enteró, pero le ponía como la hoja del perejil.
Accidente como ese, no volvió a producirse, hasta que un día llegó un muchachote fuerte como un toro y alto como un armario, acompañado de otro hombre mayor que él.  Me acerqué para entregarles la carta, y me impactó la larga mirada que me dedicó.  Yo tenía poca experiencia con los hombres; sólo había estado con Giovanni, y después no tuve tiempo más que para viajar y trabajar.  Pero fue en un descanso, mientras tomaba un café en la parte trasera del restaurante, cuando se me acercó despacio. Estaba extrañada porque nunca solía pasar ningún cliente.  Digamos que era la parte privada del personal; alguien debió indicarle algo, y allí se personó.  Desde el primer momento supe que era tan novato como yo, y luego comprendí el porqué ".
" Señorita, me dijo, no soy de este lugar y desconozco lo que se hace en estas ocasiones. Tengo un rancho muy lejos de aquí, y no la miento si  digo que es la primera vez que vengo a Sidney y ...
 "¿ Y ?, repliqué yo, que ya estaba en guardia por si era otro acosador.
 " Verá, es difícil para mi decir estas cosas, pero estoy buscando esposa y me he fijado en usted " 
" ¿ Cómo dice ?--repliqué yo asombrada de tamaño disparate. 
" Pues eso..., que quiero casarme.  En el rancho estoy bastante solo, la ciudad más próxima está a más de un día de camino y yo necesito una mujer a mi lado que comparta todo conmigo y me de hijos"
" O sea, una esclava- repliqué indignada " 
" No, no, por favor no. Una mujer que comparta mi vida, mi casa y mi trabajo. No soy rico, pero tengo ahorros y viviríamos bien. ¿ Qué responde ? Trabajaría lo mismo que aquí, pero no tendría que aguantar impertinencias como aquí, sólo..."
 " Tendría que dormir con usted, ¿ no es eso ?- respondí airada- "¿No se da cuenta de lo que me está proponiendo? Hace cinco minutos que nos hemos conocido y me está pidiendo que me vaya con usted.  Me ha tomado por una fulana?"  

" No, en absoluto.Sería mi esposa, no mi amante. Me he expresado mal, perdóneme".
 "Es la cosa más absurda que me ha ocurrido nunca,- repliqué-.  Definitivamente no. No le conozco y usted no sabe nada de mi.  Es una rotunda locura, y créame, no estoy tan desesperada como para dar ese paso.  Si al menos nos conociéramos..., quizá si.  He de confesarle que no está nada mal como hombre, pero hay algo más en la vida en común que la fachada, créame, y yo estoy escarmentada"
 " Ha tenido novio y lo dejaron¿ es eso ?" 
" Si, exactamente eso.  Creí conocerle después de tiempo de relaciones, y fíjese con lo que salió: se casó con una señoritinga; yo era pobre " 
" Pues ahí lo tiene, y eso que se conocían.  Voy a estar por aquí tres días. Piense mi proposición y me contesta cuando vuelva.  Vendré a diario mientras estoy aquí, así tendremos ocasión de charlar cuando termine su trabajo"

 Y así le conocí y nos casamos un mes después.  Sin a penas conocer su nombre, ni su vida, y sin estar enamorados.  Fue como una tranxación bancaria: él tendría mujer que le hiciera la comida, lavara su ropa, durmiera en su cama, y yo sería ama de casa, dueña y señora en su rancho"

Bella, dejó la lectura en ese punto. Sonreia, y parecía estar viendo a Anna sonriendo también, mientras le contaba sus primeros días de casada con el abuelo. No estaba enamorada de él ¿ por qué se casaría ? Quizá la soledad, el trabajo... o quién sabe si el destino le había preparado esa jugada. Al menos obtendría el respeto de aquel rudo hombre inexperto en cuestión de mujeres.  Ambos aprenderían juntos, porque ella tampoco sabía mucho sobre ese tema.  Se quedó dormida con el libro entre las manos y la luz encendida.


 Soñó aquella noche con su abuela y entre sueños mezcló la extraña comida que había tenido con la familia de Alessandro.  Las imágenes se mezclaban sin sentido.  Se despertó sobresaltada cuando ya amanecía; apagó la luz y dándose una vuelta en la cama, se quedó dormida nuevamente.

El día amaneció con calor, espeso por la humedad.  Le daba pereza levantarse, pues era aún temprano.  Intrigada por la lectura interrumpida de la noche anterior decidió continuar en donde lo había dejado.  Sus abuelos ya eran marido y mujer, pero... ¿ cómo habría sido su noche de bodas ? No se lo imaginaba: dos extraños intimando a ese nivel por primera vez.  Imaginaba a Anna nerviosa y quizá acordándose del novio que la dejó plantada, ante un  extraño al que acababa de conocer prácticamente, y que según había confesado no tenía mucha experiencia con mujeres, es decir : sólo con alguna clase de mujeres.

Anna era tan frágil, tan dulce, tan vulnerable...  Esa es la primera impresión que daba al verla, pero en realidad era fuerte y templada por las necesidades pasadas.  Persona que no se arredraba por nada acostumbrada a lidiar con toda clase de dificultades, y " esa " no sería un obstáculo para ella.  Pero se equivocaba; tenía que confesarle que no era el primer hombre de su vida, y que con el novio italiano había perdido su virginidad, aunque no tuvo consecuencias en  aquel hecho.  Ella aún le recordaba, sobretodo cuando las cosas le iban mal, pero creía superar aquella relación que la dejó tan mal animicamente.

Bebió la copa de champán que Lyan le ofreció y armándose de valor, decidió que era la ocasión para decirle que había sido de otro hombre.

Lyan, al recibir la noticia, se la quedó mirando fijamente, pero no dijo nada, dio media vuelta y abandonó la habitación conyugal.  Instantes después, oyó el rugir de un motor y un coche, con él al volante,  que abandonaba la casa.  Anna, se arrepintió de habérselo dicho.  Sabía que para un hombre, era importante ser el primero, pero creyó que debía decírselo, y así lo hizo.  Aunque esperaba una reacción airosa de él, no se produjo, pero la dejó sola en el caserón , en una casa todavía extraña para ella, en un lugar extraño, y con un matrimonio todavía más extraño.

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