jueves, 20 de abril de 2017

Dos hermanas - Capítulo 10 -Cena para dos

Estaba nuevamente en casa. Retrocedió en el tiempo, y giró la cabeza en dirección a la cama vacía de su hermana.  No la producía dolor dormir allí, al contrario le daba paz y serenidad.  Recorrió con la mirada todos los objetos ordenados encima de la cama, en alguna estantería  o sobre algún mueble.  Tenían el sello de Ada, o sería quizá su falta lo que les hacían más especiales.  Recuerdos de la niñez de las chicas, que su madre no había querido regalar a nadie, máxime después de la muerte de su hija mayor.  Se sentía cansada, posiblemente fuera la paz que allí se respiraba, lejos del ajetreo y contaminación de Londres.  Poco a poco fue entornando los ojos, hasta que la venció un profundo sueño, del que sólo se despertó al escuchar unas voces en el piso de abajo..


Eran Arnold y el niño. ¿ Qué hacer, bajar o fingir que seguía durmiendo?  Despacio se abrió la puerta y la carita sonriente de su sobrino, se asomó cautelosa por si estaba dormida, algo que ella fingió para gastarle una broma.  El niño se acercó sigiloso hasta la cabecera, y Ada abrió un ojo, y al verlo se lanzó sobre su tía, y ambos juguetearon a hacerse cosquillas, riendo como si ambos fueran de la misma edad.  Se peinó un poco y bajaron para saludar a Arnold que esperaba  charlando con sus suegros.  Desde el piso de arriba, podía escuchar perfectamente sus voces y la explicación que él daba a sus padres referente a su visita

- Íbamos hacia el pueblo y al pasar frente a vuestra casa, vi el coche de Alexa, y el niño comenzó a palmotear y a pedirme que pasásemos a veros.  Y aquí estamos.  En ese momento alzó la vista y vio a Alexa que tomando la mano del niño, bajaban por las escaleras.  Se levantó cortés para saludarla, y ambos se dieron dos besos en las mejillas como hacían siempre.

- Quiero quedarme a comer aquí, papa- dijo el niño mirando a su tía
- Lo siento, cielo, pero ya hemos quedado y has de venir conmigo
- Pero es que no quiero ir. Los mayores os ponéis a hablar y yo me aburro
-He dicho que no puede ser, mañana si lo deseas te quedarás, pero hoy no puede ser-.  Alexa le miró extrañada de tan tajante respuesta. Algo importante debía traerse entre manos para requerir la presencia del niño:

-"Seguramente querrá que se conozcan, y es normal y natural, sólo que al pequeño Arnold, no le hace ninguna gracia."   Lo pensaba para si, sintiendo una punzada de desilusión.  El niño comenzaba a llorar, y para consolarle, le dijo:


-Arnold, tu ya eres mayor, y los chicos mayores acostumbran a cumplir la palabra que dan.  Si papa ha dicho que os están esperando, has de ir. Vamos a hacer una cosa, si papa nos da permiso. A vuestro regreso te quedas a dormir aquí ¿ vale ?

Arnold la miró como agradeciendo la oportunidad de que su hijo no fuese enfadado, pero también ¿habría otro motivo por el que se alegraba?  Posiblemente si, pero no quería pensar en ello.  Tenía derecho a tener sus aventuras; su madre acababa de explicarle que salía con una chica, seguramente iban a reunirse con ella, de modo que tendrían la noche para ellos solos.  ¿ Cómo había sido tan tonta?  Encima se lo servía en bandeja, en lugar de luchar por él, se lo cedía a otra chica.  Había perdido la cabeza, no le cabía la menor duda.  Pero fue el propio Arnold quién cortó el hilo de sus pensamientos

-Pasaré a buscarte a las siete. Cenaremos fuera de casa y charlaremos tranquilamente.  Hacía mucho tiempo que no venías por aquí- le dijo dirigiéndose a Alexa
- Tienes razón. pero el trabajo me quita mucho tiempo
- Bien, pues esta noche me lo cuentas todo.  Ahora vamos un poco justos de tiempo.  Despídete Arnold, luego volveremos.- El niño ante la perspectiva de que volvería por la tarde, pareció conformarse, y dando la mano a su padre, salieron más tranquilos para reunirse con quién se hubiera citado.

Y fiel a su promesa,  se presentó nuevamente con el niño.  Se había cambiado de ropa . Se puso un traje impecable que le sentaba igual que a un modelo,  y ahora se le veía más atractivo.  Ella  un elegante vestido y juntos salieron dispuestos a pasar una agradable velada.  La madre, al verlos, sonrió, pero no hizo ningún comentario.  Arnold se sentía deslumbrado por Alexa: estaba muy distinta, guapísima, pero tenía algo en la mirada que le hacía que no fuera ella. Tenía los ojos apagados y no brillantes y luminosos como siempre.  Sentía curiosidad por saber de su relación con Arthur, porque de ello dependían muchas cosas.  No se atrevía a preguntarle abiertamente,  Lo dejaría para la cena, acompañándose por un buen vino a ver si se les soltaba la lengua a ambos.


Tenían una mesa reservada en el mejor restaurante de la ciudad.  Un lugar íntimo y agradable, que se prestaba a una noche de confesiones íntimas.  Después de saber que lo suyo con Arthur había terminado, Arnold comenzó hablando de sus planes de futuro que no estaban con la chica con la que había estado saliendo.

- Es muy complicado, mi hijo no la quiere.  Creo que se ha fijado un modelo en su cabeza y ninguna le parece bien, tan sólo una es de su complacencia y de la mía también, pero ella no sabe nada

 Ella le escuchaba en silencio mirándole a ratos, y otros bajando la cabeza.

Se le notaba nervioso, inquieto como si temiera pronunciar el nombre de la elegida, y esa confesión causaba un profundo dolor en el corazón de Alexa.  Estaba claro que  no pensaba en ella, que ni siquiera se imaginaba lo que pudiera sentir por él. Y callaba evadiéndose a ratos de la conversación, pensando en sus cosas o simplemente no queriendo escuchar lo que tenía que decirla. ¿ Por qué la había elegido como confidente?  No lo entendía.  Durante una temporada habían estado algo tirantes, por eso es que ahora con su confesión no sabía a dónde quería ir a parar

- ¿ Me estás escuchando? - Fue la voz de él la que la sacó de sus pensamientos- ¿ Bien qué tienes que decir?

Ella parpadeó inquieta.  Le había dicho algo, trascendental a todas luces, y no sabía lo que era. Justo en ese momento salió del planeta Tierra para huir a dónde ? ¿ Qué sería lo que le dijera y que ella no prestó atención ? ¿ Cómo rectificar ahora sin saber a qué se refería ?

- Perdona Arnold, se me ha ido el santo al cielo ¿ qué me estabas diciendo?
- Nada, es igual. Está visto que no te interesa- respondió él
-No, en serio. Si me interesa, de verdad.  Todo lo vuestro me importa. Es que tengo un problema entre manos y... sin querer... me he puesto a pensar en ello. Lo siento, perdóname
- No te preocupes.  No era importante

Pero sí lo era por el tono de su voz y el cambio de gestos en su rostro. Presentía que había sido algo trascendental, al menos para él y justo en ese momento se había evadido de su presencia.  Tuvieron un lago silencio.  Estaba claro que ese no era el programa que él había imaginado para esa noche, pero ella torpemente lo había echado todo a perder.  No se lo perdonaría nunca.  De repente presintió que tenía algo que ver con ella, con aquella cena. Con aquel cambio de indumentaria más elegante, y un pensamiento cruzó raudo por su cabeza ¿ Y si la estaba pidiendo que fuera su esposa?  Había pedido disculpas y él no había dicho nada, así que se lo jugaría todo a una carta:

- Si quiero - Lo dijo tan claro y tan rotunda, que Arnold se la quedó mirando extrañado de su reacción
- Si quieres ¿ qué Alexa?

No, no había sido lo que había imaginado.  No se le ocurría otra forma para que volviera a contarle aquello que la decía cuando no prestó atención

- No sé lo que me estabas diciendo. Eres un cabezota y no quieres repetirlo.  Te he pedido perdón y aún así sigues en tus trece No sé qué más puedo decir.  Creo que debemos retirarnos, puesto que las cosas no han surgido como estaban previstas.
- ¿ Quieres irte a casa?
- Si, lo quiero. No debí aceptar tu invitación.  Me estás haciendo cómplice de algo que a duras penas soporto, y sin embargo deseo ayudarte, pero no sé qué nos pasa que nuestra complicidad se ha esfumado, desde hace tiempo. Posiblemente sea yo la culpable, o quizá lo seas tu, no lo sé, pero no me siento cómoda. Así que si, quiero irme
- Está bien - Y alzando la mano llamó la atención del camarero para que trajera la cuenta.


Tenía el presentimiento de que estaba relacionado con ella y se hubiera dado de bofetones por haber sido tan inoportuna.  Había estropeado, sin querer, una noche que se anunciaba especial.  Caminaron en silencio, pero él la tomó de la mano, algo que ella agradeció y alivió en algo su frustración.

- Perdona - le dijo Arnold - He  sido muy descortés contigo. No he tenido en cuenta que tú también tendrás tus problemas, máxime ahora que has roto con Arthur

Ella sin poderse contener por más tiempo, estalló llena de ira por la actitud de él que seguía sin darse cuenta de lo que representaba para ella, y que en lo que pensaba era precisamente, que había elegido a otra mujer para ocupar el lugar de su hermana, y no era precisamente ella.

- Eres torpe Arnold, y además estás ciego.  No entiendes nada ¿ Crees acaso que eres tú solo el que tiene problemas, el que está sufriendo?  Pues entérate, llevo años sufriendo por ti.  Mi vida ha estado marcada por tí y he tenido que guardar silencio siempre.  Y ahora... no quieres decirme de lo que estabas hablando porque yo he sido una estúpida y me evadí de mi problema por unos instantes.  Ese ha sido mi fallo. Está bien.  Sigue tu camino y no vuelvas a dirigirme la palabra mientras vivas.  No quiero volver a verte nunca más; déjame tranquila seguir adelante.

Pero algo ocurrió en ese momento que no entendía, porque él rompió a reir a carcajadas, algo que la enfurecía aún más.

Dos hermanas - Capítulo 9 - Algo por resolver

No habían vuelto a verse, ni tenía intención de viajar  hasta que no solucionase de una vez el asunto Arthur.  Tampoco había sabido nada de Arnold, y ante lo sutil de su confesión la última vez que se vieron, sería muy posible que anduviera con alguna chica.  Desechó inmediatamente ese pensamiento. Difícilmente soportaba a otra mujer en los brazos de él.  Y pasaron dos semanas más, y Arthur regresó. Venía con la piel tostada por el sol, y su aspecto en general era relajado. Lo primero que hizo al entrar en el despacho, fue buscar con la mirada a Alexa, y sus ojos se encontraron

- Tenemos que hablar - la dijo después de saludarla.

Ella se dio cuenta de que algo había cambiado durante el tiempo de separación. Su saludo, si bien fue cariñoso, no tenía la calidez de otro tiempo.   Mentalmente pidió que se hubiera olvidado de ella, ya que le rechazaría y rompería de una vez su relación. No podría amarle nunca como él merecía; permanentemente seguía pensando en Arnold, y aunque no disfrutaba con ello, tampoco lo podía evitar
La invitó a comer en un restaurante cercano a la oficina.  No importaba el tiempo que les llevase esa entrevista, pero era urgente aclarar su contencioso.  Ninguno de los dos se atrevía a romper el hielo, y fue ella la que tomó la palabra en primer lugar:



- Se que esto va a ser muy difícil para ambos, pero creo que es necesario dejar claro todo lo que nos está ocurriendo.  Se que has tenido mucha paciencia conmigo, que me has dado tiempo sin exigencias, pero... el caso es que estoy igual que al principio y creo que no voy a cambiar. Durante el tiempo que has estado de viaje, he ido a ver a mi familia, y al volver a verle, me he dado cuenta de que nada había cambiado.  Que nuestra tregua, era eso, una tregua, un espejismo, pero que mi corazón seguía en el mismo punto de partida.  He comprobado que lo nuestro sería inútil dilatarlo en el tiempo No puedo evitarlo, y eso me hace sufrir por ti y por mi.  Porque no merezco el amor que me das, y te aseguro que daría cualquier cosa porque pudiera olvidarme de él, pero no puedo.  Es una tortura porque , de verdad quisiera amarte con todas mis fuerzas, pero él se interpone entre nosotros.  No quiero hacerte daño, y me está costando muchísimo esta confesión, pero no podemos seguir así por más tiempo. El sexo no puede unirnos, porque eso también llegaría a su final y entonces no nos quedaría nada, sólo amargura y tristeza. Lo siento, lo siento muchísimo  - Y rompió en un sollozo tapando su cara con las manos.  Él las retiró suavemente, y respondió:
- Lo sé.  Todo lo que has dicho, ya lo sé. Te amo con todas mis fuerzas, pero tienes razón hay algo más que la cama de un fin de semana. Sé que voy a pasarlo mal porque mi amor es grande, pero te comprendo, y porque te amo, conozco esa sensación de amar sin ser correspondido. Creo que debemos dejar nuestra relación en este punto, y quedarnos con lo mejor de lo que hemos vivido y mantener nuestra buena amistad.  Siempre estaré aquí, para cuando me necesites, si es que lo deseas. Cuando necesites llorar sobre un hombro, tendrás el mío, esté donde esté y con quién esté, si llegara el momento de volver a amar.  Siempre tendrás un lugar preferente en mi vida, porque has sido muy importante.  Pero no deseo que mantengas una lucha constante con tus sentimientos por mi causa. Trata de ser feliz, con él o sin él, pero vive y sé feliz.


- Hay otra cosa: voy a dejar mi puesto.  No puedo seguir trabajando a tu lado.  Ha sido demasiado importante lo ocurrido entre nosotros, como para permanecer impasible.  Sería todo más difícil.  Si no lo he hecho antes, ha sido porque esperaba tu regreso. Bien ya estás aquí y yo dejaré de trabajar el próximo viernes.  No deseo sea una despedida definitiva entre nosotros.  Desearía verte alguna vez, pero comprendo que de momento es mejor para los dos que no nos veamos durante algún tiempo.  Cuando todo se haya serenado. Posiblemente, no tardando, encontrarás a alguien que te vuelva a enamorar, y hasta decidas sentar la cabeza y formar una familia.  Me alegraría muchísimo, saber al menos, que eres feliz.
- Pero¿ dónde vas a ir?
- Es una decisión que tomé hace varios días, y solicité un puesto en Bronson & Bronson Publicity, y me lo han dado, Así que viviré en Londres y comenzaré en unos diez días aproximadamente.
- ¡ Vaya ! lo tenías todo muy pensado
- Exacto.  Es algo que vengo madurando durante mucho tiempo.
- Bien, pues creo que ya nos hemos dicho todo.  Pero por favor, no te olvides de mi. Llámame de vez en cuando; podríamos salir a cenar o a un cine...
- '¡Claro !, pero sin otra condición que la de charlar. Sin nada más ¿ me entiendes?
- Te entiendo, y te doy mi palabra.

Y salieron del restaurante y regresaron a la oficina, sin hablar, pero ante sus compañeros, estaban como si tal cosa, aunque los que les conocían bien, sabían que era el final.

Buscó un apartamento en Londres no muy lejos de su puesto de trabajo.  No conocía bien la ciudad.  Siempre que había estado en esa ciudad, iba al centro, a los lugares de ocio clásicos que suele frecuentar la juventud, pero nada sabía de los barrios alejados del centro. Para ubicarse, se mudó a la ciudad  durante   ese fin de semana, puesto que al siguiente lunes comenzaría en su nueva agencia.

Pasaron varios meses antes de que se decidiera a volver a Swindon.  Iba preparada por si Arnold, por fin, se había decidido a organizarse.  Trató de sacar la conversación con su madre para que la pusiera en antecedentes de lo que había ocurrido durante su ausencia.

- Está saliendo con una chica.   Creo que aún no ha hecho el mes. Pero, el niño...
- ¿ Qué le pasa al niño?
- Pues no la tiene mucha simpatía, y habla mucho de ti. Demasiado
- ¿ Qué quieres decir con eso?


- Sabes que te adora, y siempre te está poniendo como ejemplo, y descarta de antemano a cualquier otra mujer que se acerque a su padre.
-¿ Y tú no le dices nada?
-¿ Qué quieres que le diga? Es algo que ha de solucionar Arnold.  No puedo llegar y decirle "esta chica no te conviene", en el caso de que así fuera.  Pero ni siquiera la conozco.  Ademas, si a él le gusta... Ya iba siendo hora de que comenzara a vivir de nuevo.
- Claro, perdona
- ¿ Qué te ocurre?  Te noto algo alterada, sobre todo cuando hablamos de este tema
- Estoy bien, mamá, sólo que acabo de mudarme de casa, de trabajo.  tengo una vida más agitada en la capital, y todo me pone algo nerviosa.  He de centrarme y acostumbrarme al ritmo de vida de una gran ciudad como es Londres
- ¿ Tienes amigos?
- Lo que se dice amigos, pues no. Salgo con alguna compañera a comer o al cine, pero muy superficial.  En fin, todo llegará.

Su madre se la quedó mirando, nada convencida de la explicación de su hija.  Presentía que no le decía toda la verdad, y entonces, de repente, se acordó de las discusiones que mantenía con su hermana a cuenta de Arnold, y ese recuerdo, la dejó pensativa. ¿ Seguiría enamorada de él ?

miércoles, 19 de abril de 2017

Dos hermanas - Capítulo 8 - Algo para no olvidar

El encuentro inesperado con su cuñada, había sacudido hasta los cimientos de Arnold. No podía seguir así.  Estaba claro que ella no había indicado realmente nada sobre su ruptura con Arthur, por lo tanto, las cosas deberían quedarse como estaban.  Pero tomó una decisión, por el bien de su hijo:  comenzaría a reconstruir su destrozada vida.  Era sábado, así que acudiría al pub a ver si veía a  algún amigo y tener una charla, con el propósito de fomentar de nuevo la relación con los viejos amigos y compañeros.  Se puso un traje, y dejó a un lado los vaqueros y la camiseta, que desde que Ada faltara, eran su atuendo preferido.  Estaba como desorientado,no se ubicaba en la actualidad.  Le parecía que el tiempo se  había detenido en él, pero había avanzado para los demás.



Al entrar en el pub, fue recibido con alegria por los amigos que allí estaban reunidos, y se llevó alguna que otra mirada de las chicas que estaban pasando el rato solas o acompañadas.  Era un hombre guapo, con buena presencia, y además gozaba de las simpatías de todos los que le conocían.  había hecho un paréntesis en su vida,  primero al casarse con Ada, y  debido a su enfermedad , se había dedicado por completo a ella.  Se mantenía constantemente en vilo, esperando de un momento a otro se produjera lo que al final ocurrió.  Por este motivo dejó de frecuentar a los amigos, y se aisló en su casa cuidando a su hijo, y guardar para si su propia tristeza.

Ni sus padres, ni los de Ada, consiguieron que saliera de su ostracismo: nada le consolaba, nada le distraía, sólo la única presencia del niño.  Pero ese día decidió seguir los consejos de su cuñada. Quizá con el tiempo encontraría a alguna muchacha que volviera a poner patas arriba su cabeza y su vida. Renunció al amor voluntariamente cuando perdió a su mujer.  Le parecía imposible volver a enamorarse, pero ya había pasado tiempo desde su partida, y las heridas no se cerraron, pero atenuaban su dolor.  Por otro lado se lo debía a su hijo.  Crecía en una casa que no era un hogar,  sin alegría , por tanto decidió abrir su mente ante alguna posible aventura, y también su corazón si se presentaba.

Y no tuvo mucho que esperar.  En un corrillo de chicas, había una que no le quitaba la vista de encima, Se habían conocido antes de su matrimonio, y ante la mirada insistente de ella, Arnold, levantó su cerveza, y animado por sus amigos, la hizo un brindis simbólico, lo suficiente para que ella le regalara la mejor de sus sonrisas.  Tendría una noche de asueto.  El niño dormiría en casa de sus abuelos maternos;  Alexa se lo había llevado al cine.  Todo el tiempo del mundo era para él, y aunque le parecíera cometer un delito, entre las cervezas y sus reflexiones, decidió que aquella noche tendría una aventura si se le presentara.


Y se le presentó con aquella chica-  Ella agradeció su brindis y con una excusa se integró en la vecina mesa de Arnold y sus amigos.  No se quitaban los ojos de encima.  Ella atraída por él, y él, llevaba mucho tiempo sin relaciones sexuales y el alcohol le estimulaba.  Entre bromas y risas habían pasado las horas y decidieron que debían abandonar la reunión.. La llevaría a casa, pero Fiona, que así se llamaba, se insinuaba constantemente y  recogió el guante que le lanzaba.  Alquilaron la habitación en un motel a las afueras y allí tuvo su experiencia sexual desde que se quedó viudo.  Por tanto Fiona tuvo una noche bastante agradable e inesperada.  Tampoco él esperaba esa respuesta hacia la chica, pero no le dio más vueltas y se dejó llevar por el momento.

Al despedirse quedaron en volver a verse.  Era domingo y Fiona le propuso que el niño lo pasara con los abuelos y de esta forma tener más tiempo libre para ellos.  Eso no terminó de gustarle y se reprochaba a si mismo  el no disfrutar del pequeño por pasar un buen rato con una desconocida., así que la insinuación de ella, quedo anulada..  Se acostó.  Estaba cansado después de la juerga corrida durante la noche, pero estaba muy lejos de sentirse satisfecho, no obstante, el sueño le rindió.  Una llamada de teléfono, le despertó en el acto: era su suegra pidiéndole fuera a comer con ellos. a modo de despedida de Alexa, pues sabe Dios cuando volvería por allí.  Aceptó, y al cabo de un rato se presentaba portando un ramo de flores para su suegra.  Ella agradeció el detalle dándole dos besos en la mejilla.



Se sentía relajado y su aspecto era bueno..  Nuevamente se había vuelto a vestir para la ocasión. Alexa  le observaba detenidamente siempre que podía. Notaba que su corazón se le desbocaba cuando sus miradas se cruzaban y él la dedicaba una sonrisa.  Hubo un momento en que se quedaron solos, mientras los padres de ella preparaban el café de sobremesa, o quizá lo hicieron intencionadamente.  Arnold agradeció ese paréntesis de estar a solas con ella.  Nunca tenían ocasión de cenar juntos, o salir a dar un paseo, siempre guardaron las distancias, es como si les separase una barrera invisible incapaces de traspasar.  Se sentía eufórico no sabía muy bien porqué.  Probablemente la noche de sexo, había obrado el milagro de dejar atrás parte de su vida pasada y  encontrar fuerzas para seguir adelante.

Propuso a Alexa salir a pasear con el niño y merendar en cualquier cafetería.  Se trataba de pasar un buen rato y permanecer más tiempo juntos.  Ella dudó durante unos instantes excusándose por tener que regresar a casa y no deseaba que la noche la alcanzara en carretera

- Yo te llevo, no te preocupes
- ¿ Cómo vas a llevarme ? ¿ Y el regreso ? - le dijo asombrada
- No te preocupes, haré noche en un hotel y al día siguiente alquilaré un taxi
- No, ni hablar.  No puedo permitirlo
- Pero... ¿ cuándo volverás nuevamente?  Me apetece pasar un rato contigo y charlar de nuestras cosas
- Arnold, creo que nosotros no tenemos muchos recuerdos de los que hablar, como no sea con mi hermana, y creo que eso precisamente no te conviene.
- ¿ Sabes lo que creo? Que no quieres saber nada de mi, que cada vez es más difícil mantener una conversación contigo. En el fondo creo que me culpas de la muerte de tu hermana
- ¡ Qué locura estás diciendo ! ¡ Naturalmente que no culpo ni a ti ni a nadie de lo ocurrido!.  Estaba enferma desde que nació y nada ni nadie podría haber cambiado eso.  Mira creo que debemos posponer el paseo para otro día.  No creo que sea muy conveniente para el niño que le demostremos que, por lo que sea, en estos momentos no conectamos.  Voy a marcharme cuando tenía planeado.  Será en otra ocasión
- Si volvemos a tenerla, que es muy posible que no vuelva a darse
-¿Qué quieres decir ?
- Pues que tu tienes novio y yo posiblemente también
- ¿ Es cierto ? Creo que haces bien-  Es hora de que te quites el luto por algo irremediable.  Y ahora si me disculpas he de preparar mi maleta.
- Ve, mujer, ve.  Y despídeme de tus padres.  Yo también me voy.


No era así como había planeado el regreso  de aquel fin de semana.  No habían arreglado nada,, ni uno ni otro. Pero al menos él había roto su dique de contención. Lo que no terminaba de entender era aquella actitud que demostraban ambos de hostigamiento propio.  Era como si tuvieran algún resquemor y no terminaran de solucionar.  Nunca en todos los años que habían convivido, habían tenido una situación tan tirante como la que estaban viviendo.  Ella conocía el porqué de su alejamiento, pero y él  ¿Qué le estaba pasando ?  Probablemente no repetiría en mucho tiempo otro viaje  a Swindon.  Las últimas horas habían sido desagradables con Arnold, algo que la costaría olvidar si algún día lo conseguía.


martes, 18 de abril de 2017

Dos hermanas - Capítulo 7 - Charla para dos

Se vió aparcando el coche a la entrada de la casa de sus padres. Sería una visita inesperada, ya que no les había anunciado su viaje.  La sorpresa fue grande.  Los padres echaban de menos a sus hijas, a Ada, y por consiguiente a Alexa.  Recordaban con añoranza cuando los cuatro formaban una entrañable familia, hasta la desaparición de Ada.  Es como si ella fuera el nexo de unión entre todos, y posiblemente lo fuera, ya que poco a poco se habían distanciado.  Tras los primeros abrazos. preguntaban  el porqué de ese repentino viaje, y se vio obligada a contar su distanciamiento con Arthur, porque de igual manera, su madre habría observado que la ocurría algo.  Pensó que sería mejor anticiparse antes de que especularan con cualquier otra cosa.


- ¿ Vais a romper. Dais por terminada vuestra relación?-  preguntó la madre
- Mujer déjala.  nadie mejor que ella sabe lo que la conviene  - protestó el padre
- Es difícil saberlo, mamá.  , Pero las cosas no marchan como debieran.  Nos hemos tomado un tiempo para reflexionar.  No sé lo que ocurrirá´.  estoy muy confusa, y en realidad, es mi culpa. No sé lo que quiero
- Yo si lo sé, hija.  Todo se reduce a lo que te comenté la última vez que estuvisteis aquí:  no le amas.  Te gusta como amigo, pero eso no es suficiente.  Si no le amas, déjale; una vida no se puede fomentar en sólo el amor de uno; hay demasiadas vidas en una, y debe haber complicidad absoluta entre ambos, de lo contrario las cosas no marcharán bien.
- Ea, mujer. Déjalo ya.- repitió malhumorado nuevamente el padre
- Creo que debemos zanjar este asunto, mamá. Sólo deseo olvidarme de todo y pasar estos dos días con vosotros.

Y  lo dieron por terminado, con las reservas de la madre.  Sentados a la mesa, Alexa preguntó por Arnold, y la respuesta ya la conocía.  Se había encerrado en sí mismo, y rechazaba toda reflexión para cambiar las cosas

- Mañana me pasaré por su casa.  Deseo verles.  Si tengo ocasión hablaré con él, como os prometí, aunque no creo que surta efecto. Pero te advierto que no insistiré.  Es una decisión que sólo a él compete, y nadie debe inmiscuirse en sus cosas.  Además está el niño, y aunque apenas conoció a su madre, él la quiere mucho y será difícil ver a otra mujer asumiendo ese papel.  Es un tema muy complicado, y no me extraña que esté remiso.


La costaba coger el sueño.  Estaba nuevamente en su habitación, en la que compartían ambas hermanas. Se volvió hacia el lado de la cama de Ada, que permanecía exactamente igual  que cuando eran  casi unas chiquillas.  Su madre lo prefería así, y así permanecía.  Cuando al fin pudo dormir, lo hizo de una forma intranquila, mezclando imágenes actuales y pasadas. El rostro y la voz de su hermana, se mezclaban con los del niño y de Arnold.  No entendía lo que hablaban, pero sabía que lo hacían porque movían los labios.  Ella se revolvía en la cama, hasta que el rostro sonriente de Ada le decía,  si,  con la cabeza y extendía los brazos hacia ella.  hacia una jovencita con cola de caballo sin cara, sólo la espalda, pero reconocía que era ella misma.  De un respingó se despertó bruscamente jadeando.  Ese sueño la intranquilizaba, pero al mismo tiempo, le agradó volver a ver a su hermana feliz, y aparentemente sana, bonita y confiada como era ella.  Por volver a disfrutar de esa imagen, trató de volver a dormir, para que no se borrara de su imaginación, pero es difícil que un sueño vuelva a repetirse una vez que has despertado, y eso ocurrió: no se pudo dormir, muy al contrario la produjo desvelo y, despierta vio amanecer. Era sábado y el pueblo se dedicaba al ocio, aunque habían pocos sitios para disfrutar del fin de semana.   Decidió dar un paseo para despejar la cabeza después de un sueño perturbador, y antes de acudir a casa de su cuñado.  Lo deseaba y lo temía, al mismo tiempo, por eso decidió dirigirse hacia el rincón preferido por ambas hermanas, en el que su desbordante imaginación infantil les hacía vivir aventuras sólo en su imaginación.  Allí se sentó en un gran tronco de árbol, que recordaba desde siempre, y dejó volar sus recuerdos  Al cabo de un rato, se levantó y encaminó sus pasos hacia el domicilio de Arnold.


Acostumbrado a madrugar, unos golpes en la puerta, le sorprendieron preparando el desayuno.  El niño aún no se había levantado, y él dormía poco y mal, así que prefería levantarse y comenzar la jornada y, al menos, mantenía la mente ocupada.  Abrió y su sorpresa fue grande, cuando ante él estaba Alexa sonriente, sin duda ocultando en la sonrisa el nerviosismo que sentía.  No sabía muy bien por dónde comenzar la conversación. Tenía un encargo que cumplir y buscaba incesantemente las palabras con las que expresar la preocupación que su familia sentía por él y de rechazo por su hijo.

Arnold reflejaba en su rostro la sorpresa y la satisfacción al volver a verla. ¿Había venido sola? Fue lo primero que interiormente se preguntó, pero decidió confirmarlo, y para ello hizo las preguntas sin más rodeos:

- ¡ Estás aquí ! ¿ Has venido tú sola ?
- Si. De repente sentí la necesidad de echar una escapada y aquí estoy. Veo que estás bien.  El  niño  ¿aún duerme ?
-Así es.  Es temprano para él.  Pero pasa.  Estoy haciendo el desayuno ¿ te apuntas?
- ¡ Desde luego ! No lo he hecho aún.  Vengo de darme un paseo haciendo tiempo para que te levantaras.  Hace un día precioso y me apetecía pasear
¿ Cuándo has llegado ?
- Anoche, cuando salí de trabajar
- ¿ Dónde has dejado a Arthur ?
- Está de viaje, y la verdad no sé por dónde andará. - Y no quiso preguntar más, porque el tono con que lo dijo, mostraba que las cosas andaban en la cuerda floja entre ellos.  No podría decir si se alegraba o no.  Si es que sentía amor por ese hombre, lo lamentaba por ella, pero en el fondo se abría una puerta de esperanza para el.  Puso sobre el mostrador de la cocina los cubiertos y unas tazas para dos.

Era una buena ocasión, para, acompañando el desayuno, plantear la misión encomendada.  Él no quiso hablar de eso, y se creó una ocasión algo tensa, cuando, al iniciar la conversación Arnold se dio cuenta de que era por encargo, y eso le disgustó: repetía las mismas palabras que en otras ocasiones sus propios padres y sus suegros le dijeran. Si al menos hubiera sido iniciativa de ella, la cosa sería distinta.  le daría pie a plantear lo que durante días tenía en la cabeza.  Seguiría con su idea  sólo para él.


Después vino una charla de las cosas cotidianas de cada uno de ellos.  Reían, y poco a poco se fueron relajando, y volvieron a ser los cuñados que se llevaban bien.  Inevitablemente Ada, figuraba en la conversación;  era un tema que les unía y no evitaron hablar de ella con toda naturalidad.

El niño se despertó y al ver que su tía estaba allí, corrió a sus brazos contento y feliz.  Se abrazaron riendo, mientras el padre observaba la escena detenidamente.  No se había equivocado:  ella sería la madre ideal para su hijo.  Se querían, se conocían bien y se entendían a la perfección.  Pero...  estaba Arthur y ella no había hablado claramente de cómo andaban, así que guardaría silencio hasta saber más del tema.


lunes, 17 de abril de 2017

Dos hermanas - Capítulo 6 - La soledad de Arnold

Antes de regresar, Alexa quiso pasar por el cementerio a despedirse de su hermana. Necesitaba hablar con ella.  Estaba muy confundida. Al ver de nuevo a Arnold, lejos de disipar sus dudas, había retrocedido, como si el tiempo no hubiera pasado.  Le asustaba un poco que, a pesar de su intimidad con Arthur, no hubiera ganado terreno y Arnold permaneciera anclado en su memoria.

¿ Qué le estaba pasando ?  el volver a ver a su cuñada, le había sumergido en un mar de dudas.  ¿Sería que siempre había pensado, que, al pasar el duelo, sería ella la que ocupara el lugar de su hermana?  Seguía amando a su mujer, pero veía día a día, la afinidad del niño con su tía, y en su cabeza se fue colando lentamente, la posibilidad de que algún día la pidiera casarse con él.




Pero ahora sabía que había otro hombre en su vida con una intimidad existente, por lo tanto  habría  amor y complicidad entre ellos.  Y en el acto,  desechó la idea de pedirla casamiento..  Pero esa decisión le causaba desasosiego.  Probablemente llevaba demasiado tiempo solo y pensando en ello. Ahora encajaban las piezas.  Sin saber porqué, ella dejó de venir los fines de semana. Sólo la veían en días contados: cumpleaños, aniversarios,  Navidad, o como ahora aniversario de Ada.  Ignorante de los sentimientos que había sentido Alexa por él, recordó las fuertes discusiones entre las hermanas, y lo achacaba al fuerte carácter de la menor.  Ada nunca le dijo la verdadera razón, que no era otra,  más que el enamoramiento que la jovencita sentía por él, pero que nadie tomó en cuenta,  pensando que sería algo de la adolescencia.  Rió al recordarlo, pero ni siquiera imaginó que ese enamoramiento perduraba hasta esa fecha.


Y sintió algo parecido a los celos.  Ese hombre era el culpable de que ella no les visitase con la misma frecuencia que antes.  Y le era difícil imaginar que su cuñada se acostase con él.  ¿ Por qué?  Siempre la tenía en la memoria como aquella muchacha con cola de caballo, a la que él daba un tironcito cariñoso cuando iba a recoger a su novia, a Ada, y  que el manotazo que  ella le devolvía, fuera por un arranque de mal humor, y no de un coraje por saber que para él seguía siendo una cria, sin pensar siquiera,  que se estaba convirtiendo en una mujer.


Estaba guapísima.  Había madurado en todos los sentidos, y se había convertido en una chica preciosa, que en nada tenía que envidiar a su fallecida hermana.  Siguió con lo que estaba haciendo, que era   diseñar una casa, igual a la que hubiera querido para Ada y para él.  Soltó el lápiz y arrugó el boceto. Iba a ser especial, pero para nadie: el diseño lo guardaría junto a los recuerdos de Ada, como si fuera para ella y para nadie más.  Se había puesto de mal humor.  Esa era una semana crucial en su vida, y a eso culpó del malestar que sentía.  Pensaba  que su cuñada  no volvería por allí en mucho tiempo y cada vez la frecuencia sería más larga, y sus estancias más cortas. Tenía otras ilusiones y alguien más a quién dispensar cuidados y amor, y eso le dolió, aunque comprendía que la vida era algo más que Swindon, que su sobrino y su cuñado. Que no podía seguir siendo la eterna tía y cuñada, a la que recurrir con algún problema doméstico. Había pasado el tiempo y no conseguía remontar la soledad.  Su hijo necesitaba a alguien que ocupara el sitio de su madre; la idea de Alexa, había quedado totalmente descartada., En su cabeza, recorría las posibles pretendientes a esposa, y ninguna le satisfacía, a pesar de que las solteras del lugar le consideraban un buen partido. Y  mentalmente, fue desechando una a una.  Sólo una imagen permanecía fija en su memoria: Alexa.


Y tras despedirse de todos, partieron hacia Gloucestershire. Quién sabe cuando volvería. Pero antes de partir, pasaron por el cementerio-  A solas,  se había confesado con su hermana, le había contado, que por mucho que lo intentara, no conseguía olvidar a Arnold, y ahora, a su regreso, después de algún tiempo sin volver, se había recrudecido  su interés por él. Arthur, mientras tanto la aguardaba en el coche esperando que ella terminase de hablar con Ada.

Quizá fuese por discrepancias en el trabajo, o por su relación personal, mantuvieron una agria discusión con reproches muy duros entre ambos.  Y de mutuo acuerdo pensaron que sería mejor tomar distancia en esa extraña relación, ya que a pesar del tiempo transcurrido, los avances en ella eran inexistentes. Alexa, esa noche no acudió al apartamento de Arthur, ni se verían durante el fin de semana.  Él estaba apenado, pero reconocía que a pesar de haberla prometido tiempo y paciencia, ésta última se le estaba agotando.  Sentía que su relación se apagaba y que no habían avances, mas bien distanciamiento.  Necesitaba pensar en qué hacer, y a pesar de que la seguía amando, reconocía que no podían seguir así.  Se tomó unas vacaciones y realizó un viaje sin rumbo fijo, pero fuera de la influencia de ella.  Alexa no se lo impidió.

Habían pasado algunos meses desde la última vez que había ido a visitar a sus padres, de modo que organizó una escapada para ese fin de semana. Emprendería el viaje el viernes, al salir de la oficina y regresaría el domingo por la noche.  Y así lo hizo.   Durante el corto viaje pensaba en lo que haría. Sentía una inquietante alegría con sólo pensar que volvería a ver a su familia, a verle a él.  No quería reconocer que el verdadero motivo de ese viaje era Arnold.  En días atrás había hablado con su madre, y la conversación derivó hacia él:

- Me tiene muy preocupada.  No sale, no tiene amigos, no se distrae; sólo con el niño.  Hija ¿ no podrías  hablar con él ?  Es un hombre joven y necesita relacionarse con personas de su misma edad, con chicas.  Necesita retomar su vida y volver a formar una familia
- Mamá, eso es algo que debe hacer él.  Pero no te preocupes, trataré de hablar con Arnold.

Y esa breve conversación, hizo que revolotearan mariposas en su estómago.  Pero ¿ cómo decirle que ella estaba dispuesta a reemplazar a su hermana?  Adoraba a su sobrino y probablemente no se opondría a esa relación.  Pero faltaba que él quisiera volverse a casar.


domingo, 16 de abril de 2017

Dos hermanas - Capítulo 5 - Reacción

No sabrían decir el tiempo que permanecieron mudos, el uno junto al otro. Arthur tomó su mano y la apretó suavemente, ella, con los ojos cerrados, no le rehuyó, pero tampoco dijo nada. El la contemplaba sin atreverse  a decir nada, ni a acariciarla, sin rozar siquiera su cuerpo. En algún momento, el tiempo se detuvo, y Alexa giró la cabeza en dirección a él que la miraba sin pestañear.  Le regaló una sonrisa, y entonces fue ella la que levantándose de lado, acarició su rostro y besó sus labios.

La esperanza renació en el corazón de Arthur que,  despacio, acarició su rostro, respondiendo al beso.  Después vino todo lo demás. ¿ Quién comenzó primero?  No importaba.  Lo verdaderamente importante es que estaban juntos, amándose, al menos por parte de él, y ésta vez, el ritual amoroso sí le pertenecía.  Era Arthur quién acariciaba su cuerpo, quién besaba sus labios, quién la poseía nuevamente.  Y pronunció su nombre, y él intensificó sus caricias.  Había ganado una batalla, aunque aún estaba la guerra pendiente de solución.




Y cuando, ya calmados, ella reclinó la cabeza sobre el pecho de él y acariciaba su torso,  Arhur creyó estar en un cielo azul, radiante de sol porque su amada había entrado en él y le pertenecía, esta vez si. Y veía sus ojos nublados de emoción, y se entreabrieron sus labios,  y de ellos salió una palabra:

- Ayúdame

Y en esa corta palabra él comprendió que deseaba amarle con la misma intensidad que amaba a su cuñado. Y que él estaba allí, a su lado acariciando su cara, besando sus labios, mirando sus ojos y enjugando sus lágrimas.  Y nunca la había amado tanto como en ese momento, corto, pero intenso en que le pertenecía en cuerpo y alma solamente a él.  No cabía nada ni nadie más, sólo ellos dos. La esperanza se abrió paso a borbotones en su cabeza; la atrajo hacia sí y respondió a su petición:

- Siempre...  Te ayudaré siempre, cada vez que me lo pidas, cada vez que lo desees.  Siempre estaré a tu lado en la forma en que tú quieras que esté.  No lo olvides nunca.  Te amo ¡ tanto ! que no me importa recoger las migajas que vayas tirando para no perderte.  Deseo tenerte en la forma que tu quieras y cuando tu quieras. - Estrechó más su abrazo, para que ella se sintiera segura y amada como nunca hombre alguno amase a una mujer, y ella lo percibió así, y sonriendo se quedó dormida.

Y fueron directamente a la oficina desde el cottage.  No querían separarse ni un solo minuto. Sabían que todos se darían cuenta de lo que había entre ellos, pero tampoco era un secreto a voces.  Lo habían imaginado desde hacía mucho tiempo, que el jefe no tenía ojos más que para Alexa.  Y así tranquilamente dieron como normal, lo que era una relación nada corriente, al menos entre ellos, que eran los únicos conocedores de lo que pasaba en realidad.  Sus colaboradores más inmediatos se complacían de ello y pasados unos días, todos dieron por bueno que en algún momento anunciarán su enlace.

Y la andadura del tiempo seguía lentamente.  Se acercaba el cumpleaños del niño y un nuevo   aniversario del fallecimiento de Ada.  Nada había cambiado en Swindon  ni en las vidas de su familia. A través del teléfono fue avisada  de que iban a celebrar el cumpleaños de su sobrino, y a realizar un funeral en la iglesia en conmemoración del fallecimiento.  Prometió asistir, obviando que posiblemente lo haría con Arthur.


Mientras comía, le anunció  su intención de asistir a ambos eventos, él la escuchaba en silencio atendiendo fijamente las expresiones de su rostro mientras se lo anunciaba:

- Será un funeral por su recuerdo, los más allegados: su marido, su hijo, mis padres y sus suegros. Todo familia. Yo acudiré y me gustaría que me acompañaras, pero si no lo deseas, lo entenderé
- ¿ Crees que iba a dejarte sola ? Es el  aniversario sin ella, y desde hace tiempo no les has visto. Quiero ver de primera mano, si hemos hecho "algún progreso "..., ya sabes a qué me refiero. Iré contigo

Y acudieron.  Llegaron temprano a casa de sus padres, y presentó a Arthur como un "buen y querido" amigo.  La madre en un aparte, la preguntó si había otro tipo de relación con ese chico tan guapo que les había presentado, aunque le vieron de pasada el día del entierro de Ada.

- De momento es un amigo, mamá.  Sólo el tiempo dirá si tendremos algo más
- ¿ Te gusta, hija?  Porque tengo la impresión de que él te devora con la mirada, pero tú...
-¿ Qué quieres decir ?
- Salta a la vista. Posiblemente te guste, pero no le amas.  Es decir, para ti es un amigo, pero para él, tú eres algo más. ¿ Desde cuándo salís juntos?
- Mamá, ¡es mi jefe!.  Trabajamos juntos desde  hace tiempo
- Ya eres mayorcita para saber lo que quieres.  pero si no le amas, no le des falsas esperanzas
- Él sabe muy bien lo que siento por él.  No te preocupes. Estoy tratando de amarle, sólo necesito tiempo. Y ahora voy a llamar a Arnold ¿ Cómo andan las cosas por aquí?
- Mas o menos. Se ha volcado en el niño, nada más.
- Ya... - Y no dijo más. por lo que su madre se la quedó mirando, posiblemente recordando la pelea entre hermanas que mantuvieron cuando Alexa era una cria que apuntaba a la adolescencia y Ada empezaba su relación con Arnold




El móvil sonaba insistentemente.  En ese momento no podía atender la llamada, pero al ver el nombre de la persona que llamaba, decidió atenderla inmediatamente:

- ¡ Alexa ! Dichosos los ojos. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Nos has olvidado
- No, Arnold, es que he tenido mucho trabajo, pero ya he vuelto
-¿ Estás aquí ?
 Si, hace un rato que hemos llegado
-¿ Hemos ?
Si.  He venido con Arthur. Le viste el día del ...  Bueno, le viste aunque no te dieras cuenta.  Se trata de mi jefe y un buen amigo
- ¿ Tan buen amigo como para acompañarte en un acto tan familiar?
- ¿ Qué quieres decir?
- Nada en absoluto.  Me extraña, solamente.  Nunca has presentado a tus amigos
- Quizá porque durante un tiempo no los tenía, pero ahora es diferente
-¿Diferente en qué sentido ?
- Déjalo. Tú estás trabajando y no es algo a discutir por teléfono. Nos vemos luego.

Al cortar la comunicación, Alexa se quedó mirando al vacío, y lo mismo hizo Arnold pensativo. ¿Qué les ocurría? ¿ Por qué la conversación había sido tan fría y agria?  Hacía que no se veían bastante tiempo Ella  pensó que su cuñado no estaba pasando por un buen momento, era un  día  difícil para Arnold, y decidió pasar por alto lo ocurrido

Y  se reunieron todos en el cementerio para depositar unas flores en la tumba de Ada. Pudo comprobar que tenía un ramo aún fresco , y su madre la dijo que era de Arnold, que la visitaba con frecuencia.  No la extrañó; conocía lo mal que lo estaba pasando, por eso no entendía muy bien la reacción que tuvo al enterarse de que acudiría con un amigo. Y siguió pensando que se debía a la fecha.

Y celebraron el cumpleaños del pequeño.  A la casa acudieron los compañeros de colegio, y alguno de los padres.  Todos colaboraron un poco en ayudar a Arnold, que quiso celebrarlo en su nueva casa.  Hubo un momento en que ambos coincidieron en la cocina preparando bandejas para los niños, y fue entonces cuando Arnold la preguntó por su vida en Gloucestershire



- Bien.  me va bien. Tengo un buen empleo que me gusta
-¿ Y tu amigo ?
- Es mi jefe
-¿ Estás saliendo con él ? - Y Alexa, en ese momento sintió que era la hora de su revancha, y sin pensarlo más, dejó clara su postura
-¿ Si nos acostamos juntos,  es eso lo que quieres saber?
- No, no era eso lo que te he preguntado. No me interesa tu vida sexual. Me preocupa tu bienestar, que nadie te haga daño.  Sabes que eres como una hermana para mi. Y lo he hecho como cualquier hermano . Simplemente me he interesado en cómo te iba todo  .
- Te lo agradezco, pero creo que tienes bastantes preocupaciones en tu vida para ocuparte de la mia. Tengo la suficiente edad para saber lo que quiero. Voy a llevar las bandejas, que los chiquillos esperan
-¿ Qué es lo que te pasa? No he tenido la intención de ofenderte. Pero haces bien en dejar las cosas en su sitio. Ahora sé que esa línea no debo traspasarla. Te ruego me perdones. - Y Arnold salió con los dulces para los niños, dejando a su cuñada bastante perpleja.

sábado, 15 de abril de 2017

Dos hermanas - Capítulo 4 - Arthur

Esgrimió su sonrisa más seductora, y se mostró sonriente. Y aceptó la invitación de él a cenar juntos.  Poco a poco, sin apenas darse cuenta, Arthur fue concibiendo un futuro junto a Alexa, a pesar de que ella con toda sinceridad le dijera que había de tener paciencia y darla tiempo.  Deseaba enamorarse de él; era un buen hombre y la amaba desde hacía mucho.

A veces mantenía una constante lucha por querer olvidar a Arnold, cuya relación con ella, permanecía inalterable: eran cuñados, simplemente.  El la quería, pero no de la forma que ella deseaba.  Sin embargo Arthur se le había declarado infinidad de veces, e infinidad de veces había recibido una negativa, pero ésta vez era diferente, algo había cambiado entre ellos.


Alexa aceptó su invitación a  cenar y en la sobremesa, una vez más él la habló de su relación y que deseaba llegar a buen puerto con ella.  Se le quedó mirando y aceptó la propuesta sin darle demasiadas esperanzas.  Y sintió que era hora de dar rienda suelta a algo que no fuera dolor,  y satisfacer su espíritu de mujer.  Sentirse amada y deseada, aunque no fuera esa la persona elegida por ella para ese momento  Se lo hizo ver, y por fin le confesó que era a su cuñado a quién amaba, pero se había cansado de esperar:

- Haré todo lo posible por olvidarle, por enamorarme de ti.  De verdad que lo deseo, porque hasta ahora sólo he conseguido dolor desde que era una adolescente.  Bien es verdad que él lo ignora, pero deseo sentir el amor de un hombre hacia una mujer, y no ser siempre la cuñada y la tía que acude a su rescate. No te prometo nada, pero también he de decirte que haré todo lo posible por olvidarle y amarte. Si me aceptas, adelante.  Si no te complacen los planteamientos, no pasa nada. Seguiremos como amigos, como hasta ahora.
- ¿ Me estás pidiendo que nos acostemos juntos? ¿ Es eso lo que me quieres decir?
- Posiblemente  sea eso, no lo sé.  Ni yo misma me reconozco al decir estas cosas, pero, creo que si.  He llegado a un punto en que necesito la cercanía de un hombre con una mujer.  No habrá responsabilidades de ninguno de los dos. Nada pediría,  ni nada me pedirías.
- ¿ Sabes ?  He estado esperando este momento desde que te vi por primera vez.  Te he deseado siempre, pero tu me rechazabas, pero ahora, has hablado sinceramente, y mi respuesta es si.  Deseo hacerte el amor más que cualquier otra cosa.  Hoy.   Mañana Dios dirá. Tengo un pequeño cottage en  los Costwolds ¿ quieres que vayamos allí?
- Me parece bien. Y aunque me creas una atrevida he de decirte, que me está costando mucho hablarte de esta forma, porque además , me he mantenido virgen por él y para él.  Ahora ya lo sabes todo.  No quiero engañarte, no te lo mereces, pero también te digo que será mucho el tiempo que pasará hasta que me olvide completamente de él, y probablemente no lo consiga nunca
- Está bien.  Acepto el reto. Vayámonos, si te parece.  Después de esta conversación, me está siendo muy difícil controlarme.


Enseguida llegaron .  Ella iba muy callada durante todo el camino, y Arthur la miraba de soslayo, tratando de asimilar lo ocurrido en aquella trascendental cena para él. Probablemente porque no esperaba tanta sinceridad se sentía feliz, y a un tiempo expectante ante el reto que le había planteado.  Lo había deseado desde que la conociera y esta noche sería suya por primera vez. Amaba a esa mujer más que a nada y confiaba que a partir de ese momento, ella comenzase a verle con otros ojos distintos a una buena amistad.  Quería hacerla su esposa, y aunque el reto que se planteaba era difícil, esperaba, que con el tiempo, ella borrase de su cabeza el rostro de Arnold, aunque su sombra fuera demasiado alargada.

Se detuvo frente a la entrada sopesando el paso que iba a dar.  ¿ Lo había pensado bien? O quizá  no lo había hecho.  Era una mujer adulta con la edad suficiente para hacer lo que le viene en gana sin tener que dar explicaciones a nadie. Además si los hombres pueden irse con una mujer cada vez que quieren ¿Qué norma impide que una mujer no haga lo mismo mientras no dañe a  un tercero? Y ambos eran libres y sin ataduras, y ella, no sabía muy bien por qué, necesitaba una compañía masculina.  Sabía de sobra lo que eso conllevaba, y conocía de antemano el pudor que la produciría desnudarse delante de un hombre por vez primera y además ante un amigo, y no sólo eso, sino lo que vendría a continuación. ¿ Estaba dispuesta a ello?  Arthur estaba sorprendido al verla tan parada y pensativa ante la puerta del cottage

- Si no quieres, no pasará nada, te lo prometo. Haremos lo que tu quieras hacer.  Si sólo deseas hablar, hablaremos todo lo que quieras. Imagino la lucha interior que tendrás, lo comprendo; mi amor por ti no va a cambiar si damos media vuelta y regresamos a casa
- No, quiero hacerlo. Posiblemente mañana me habré arrepentido, pero hoy, quiero hacerlo.  Abre la puerta y entremos.

Arthur estaba algo confuso.  Habría de ir con mucho tiento para no asustarla; controlar su impaciencia y sus propias emociones.  Cerró los ojos, inspiró aire y la ofreció algo de beber, que ella rechazó.

- Tomemos una copa de Jerez, nos ayudará - dijo él cautamente

  Se acercó lentamente hacia ella y la besó con ternura, pero ella le respondió de inmediato, casi con furia.  Sabía que no se encontraba bien, que esa reacción no era la lógica, y que posiblemente estaría motivada por su indecisión, pero no lo pensó más.  La abrazó colmándola de caricias y poco a poco Alexa fue relajándose, dejándole hacer y,  lentamente él la despojó de su ropa, sin violencia, haciendo él lo mismo. La tumbó en la cama y Arthur lo hizo a su lado besándola, acariciándola, expresando el profundo amor que sentía por ella y que era más fuerte que él.


Ella cerró los ojos, como si no quisiera ver lo que estaba pasando y poco a poco fue correspondiendo a las caricias de Arthur a sus besos y a sus palabras de amor, aunque ella se los dirigía a Arnold y se entregó.  Pero no pensaba que lo hacía con Arthur, sino con su cuñado. Y con ese pensamiento en la cabeza, experimentó por vez primera el placer como mujer, aunque no fuera la situación,  ni el hombre,  que siempre había imaginado.

Arthur pensaba que era él quién provocaba esa sensación abrumadora, y no se dio cuenta, o no quiso dársela,  cuando ella, al llegar al clímax, muy bajo, pronunció un nombre que no era el suyo.  Le había pedido paciencia y se la concedería.  No importaba que ahora creyese que era otro hombre el que había tomado posesión de su cuerpo.  Esperaría, no importaba el tiempo.  Lo importante era que había dado un gran paso.  Ni siquiera la mencionaría que había creído que estaba con su cuñado, no se daría por aludido, y esperaba que ella tampoco se pronunciase, porque entonces si debía darle una explicación que aliviara su orgullo herido.

La miraba tendida a su lado con los ojos cerrados, pero sin dormir.  Ni siquiera se atrevía a preguntarla cómo se había sentido, por si su respuesta no le complacía.  Lo dejaría pasar, como si nada hubiera ocurrido, y sólo él hubiera recibido los placeres de su amada. Eso haría; quizá ella se haya dado cuenta y dé alguna explicación, aunque  sabía de sobra a qué se debía esa confusión, si así pudiera llamarse.

viernes, 14 de abril de 2017

Dos hermanas - Capítulo 3 - Siguiendo el camino

Poco a poco, la vida se impuso,  y cada uno de ellos siguió con la rutina habitual:  Arnold, volvió a su trabajo; buscaba en ello el olvido para su situación, sin conseguirlo. Alexa, regreso a Gloucestershire.  El niño, acudiría al colegio y los padres y suegros de Ada, retomarían poco a poco sus vidas.

Arnold decidió que no podía vivir eternamente con sus suegros, así que volvió a la casa conyugal, pero el vacío y el silencio eran tan grandes, que decidió trabajar más horas de las debidas, al menos mientras el niño estuviera en clase, de forma que comía en el estudio y sólo regresaba a casa para cenar y acostarse.  Los días pasaban pero su dolor no se mitigaba.


Alexa dedicaba los fines de semana para ir a Swindon: hacía la compra, ordenaba la casa de su hermana, atendía, en definitiva a la familia de Ada.  Arnold ponía voluntad en aprender lo más elemental, porque no era cosa de que los fines de semana su cuñada los dedicara a arreglar su casa, en lugar de estar con sus padres y descansar de su estresante trabajo.

Y así fue pasando el tiempo, y poco a poco, Alexa fue espaciando sus visitas a la familia.  Se sentía cansada y abrumada.  Todos habían vivido su duelo, pero ella, había fingido estar bien, y necesitaba sacar fuera todo lo que guardaba.   Decidió viajar  durante las vacaciones veraniegas.  No las pasaría ni en su casa ni en la de su familia.  Necesitaba distancia, y muy a su pesar tomó esa decisión. Sabía que el más perjudicado sería el niño que se había encariñado mucho con ella; le echaría mucho de menos.  Posiblemente le llevara con ella de esta forma, ambos  aliviarían la carga que sentían.  La última vez que estuvo en Swindon, antes de viajar, se lo propuso a Arnold, y éste aceptó a regañadientes, pues la presencia de su hijo, hacía que olvidara los problemas:

- Tú también deberías tomarte un respiro, Arnold.  Ya no puedes hacer nada, y seguro que a Ada no le gustaría nada verte en esta situación
- ¿ Crees que es fácil?  Probablemente para ti lo sea, porque no estás en contacto permanente con sus cosas y con su recuerdo...  Perdona, he sido muy injusto, es que la echo ¡ tanto de menos !
- Lo sé, lo sé. ¿ Te has planteado mudarte a un apartamento más pequeño ?
- Si, lo he pensado, pero al mismo tiempo...  Perdona, no quiero seguir hablando de eso
- Está bien, lo entiendo. La semana próxima, vendré a recoger al niño.  No estaremos fuera mucho tiempo, tan sólo unos días, pero creo que le vendrá bien. Afortunadamente los niños tienen esa capacidad. Olvidan pronto.


Y tal y como anunciara, Alexa y Arnold junior, emprendieron su viaje de vacaciones. Por primera vez cuidaría del niño como si fuera suyo propio.  Una parte de ella estaba contenta por ello: estaría al cargo de lo más preciado para él, de una parte de él.  Era un pobre consuelo, pero no podía hacer otra cosa.  Era el único sobrino que tenía , y jamás tendría otro. En recuerdo de su hermana, se prometió amarle y cuidarle con todo su corazón.  Sería una manera de seguir amando a su padre.

Fueron unas vacaciones estupendas en la que disfrutaron mucho tía y sobrino, y por unos días olvidaron la triste rutina que les aguardaría al regreso, pero se habían acostumbrado a vivir el momento y no pensar en el mañana. Regresaron al cabo de diez días, y durante ellos. Arnold padre, había pensado en lo que le aconsejara Alexa vendería esa casa y se mudarían a un apartamento más cercano al centro del pueblo.  Quería romper con esa etapa de su vida y seguir recordando a su mujer con el dolor justo, pero poco a poco retomar su vida, principalmente por el niño.  Deseaba que creciera en un hogar feliz y no lleno de tristes recuerdos, aunque le fuera muy difícil conseguirlo.

Alexa se alegró de su decisión, y por unos breves segundos, su corazón dio un vuelco, pensando en que probablemente él volviera sus ojos hacia ella.  El niño no paraba de hablar entusiasmado de lo bien que lo habían pasado y ahora era Alexa, en lugar de tía, como hasta ahora venía en llamarla.  El padre la miraba con una luz especial, que ella interpretó equivocadamente, cuando en realidad era agradecimiento por el cuidado de su hijo.



Su ilusión duró poco, al darse cuenta que para nada, Arnold pensaba en reconstruir su vida, y mucho menos junto a ella, que seguía viéndola como a una hermana y no como mujer. El regreso a Gloucestershire fue amargo para Alexa.  No podía vivir permanentemente mirando a su cuñado, ni soñar con una posible unión con él.  Sabía que precisamente por ser la hermana  de Ada, sería poco menos que imposible, que él pensase en ella como en una futura esposa:

- Debo vivir la realidad y dejar de soñar, porque él nunca me verá como esposa, sólo como la hermana de Ada. He de mirar hacia otro lado, y tratar de borrarlo de una vez de mi cabeza.  Mirar a quienes están cerca de mi.

Y poco a poco, en su pensamiento apareció la sonrisa franca de Arthur.  Sabía lo que sentía por ella, pero habría de tener cuidado de no hacerle concebir falsas esperanzas.  Debería ir poco a poco, y con un poco de suerte, quizás olvidara a su cuñado y lograra enamorarse de él.  Lo tomaría en cuenta.  No podía vivir con el permanente dolor de saberle aún más lejano que cuando vivía su hermana.

Su incorporación al trabajo, fue celebrada por sus compañeros más cercanos.  No la esperaban y por eso a Arthur le causó una grata sorpresa.  También él había terminado su descanso estival y el volver a ver a la joven dibujó en su rostro una amplia sonrisa.

- ¡ Vaya !, ya estás de nuevo aquí. Te he echado de menos, mucho, quizá más de lo debido - dijo sonriendo mientras la estampaba dos besos en las mejillas

Al sentir el contacto de los labios de él en su cara, hizo que poco a poco, en su cabeza tomase forma el propósito que se había hecho:  miraría a su alrededor, a las personas más cercanas a ella, es decir a Arthur.


 

jueves, 13 de abril de 2017

Dos hermanas - Capítulo 2 - Duelo

Y después siguió todo el protocolo a cumplir:  el desfile de gentes con su pésame.  Llanto de la madre, abatimiento del padre , soledad y angustia de Arnold abrazado a su hijo que no dejaba de preguntar por su madre, lo que incrementaba aún más su desesperación.  No podía soportar toda aquella angustia, y se refugió en el cuarto que Ada y ella  compartian  cuando eran  jóvenes.  Repasaba con la punta de los dedos sus cosas: sus libros,  sus muñecas de niña, sus pósters en la pared, y la fotografía de Arnold en su mesita de noche.  Sentada en una esquina, a los pies de la cama, pudo dar rienda suelta a su dolor.  Había perdido a la única hermana, a la que  siempre creyó  afortunada, sin pensar que había abandonado la vida en  juventud,  plenitud de amor y de vivencias por llegar.



Se sintíó culpable por ello, y recordó sus palabras de despedida. Tendría que acercarse a él y tratar de consolarle, cuando ella  misma necesitaba de consuelo, de unos brazos que la  protegieran, de esos brazos que no la pertenecían.  Le buscó por toda la casa.  Lo halló en el jardín con el niño en brazos que se había quedado dormido.  La ternura la invadia en oleadas, y su  corazón se desbocaba al verle.  Pero también le  remordía la conciencia

- ¿ Cómo es posible que en estos momentos piense sólo en él?  Es en mi hermana, pobrecilla, que se ha ido tan joven y dejando a un hijo tan pequeño en quién he de pensar.  Arnold, pasado un tiempo, habrá de casarse, para volver a dar un hogar a su hijo, aunque no esté enamorado, aunque recuerde permanentemente a su esposa fallecida,, que a penas hace unos horas que  reposa en el cementerio.

Se dirigía hacia el lugar en donde se encontraba Arnold que lloraba desconsoladamente mientras apretaba a su hijo contra su pecho.  Ni siquiera se había dado cuenta de que Alexa estaba a su lado, hasta que notó una mano sobre su hombro.  Entonces giró la cabeza y la vio. La miró intensamente pidiendo ayuda para el dolor que le desgarraba.  ¿ Cómo iba a seguir viviendo sin ella?

Le escuchaba con inmensa tristeza por la pérdida de su hermana, pero también por su propia tristeza.  Tenía que cumplir con su encargo, pero no sabía si tendría fuerzas para seguir adelante con esa farsa, fingiendo que todo era normal, cuando distaba mucho de serlo.  Arnold, levantó su mano y apretó suavemente la de ella, con una mirada agradecida de estar allí.  Es la hermana de su esposa y la consideraba como una hermana pequeña.  Pero esa adolescente,  a sus ojos, era todo una mujer, con unos sentimientos que la rompían el corazón al ver cómo sufría el hombre al que amaba,  por la pérdida de su hermana.  De esa hermana, a la que siempre envidió, creyendo que el día que estaban viviendo no llegaría nunca.


- Sube y acuéstate un poco.  Estás destrozado.  Necesitas ser fuerte por el pequeño.  Te hará muchas preguntas que habrás de contestar para no crear confusión en su cabeza.  Envidio a los niños, que en su inocencia no son conscientes de lo que les ocurre, de la tremenda desgracia que acaba de vivir.  Yo te disculparé ante nuestros amigos. También tengo que llamar a la oficina.  Dejé un trabajo a medias para que lo terminara Arthur y no se cómo van las cosas
- Voy a seguir tu consejo, acostaré al niño y me echaré a su lado.  No tengo ganas de hablar con nadie, y fingir una tranquilidad que no tengo.

Le tomó del brazo y los tres se dirigieron al piso de arriba, hacia el que fuera dormitorio de Ada cuando aún era soltera.  Arnold acostó a su hijo, y Alexa le dió un analgésico.   Ella salió de la habitación. Bajó hasta la planta baja y se dirigió al despacho de su padre.  Marcó el número de la oficina y fue el mismo Arthur quién respondió a su llamada.

- ¿ Cómo estáis? Imagino el panorama.  No te preocupes por nada.  Tómate el tiempo que sea necesario

Arthur era no sólo compañero de Alexa, era también su jefe inmediato y co-propietario de la agencia de publicidad.  Comenzó a trabajar allí cuando terminó su carrera, e inmediatamente conecto con él.  Era un tipo simpático que se enamoró de Alexa en cuanto la vió.  Ella rechazó cualquier muestra de acercamiento por su parte , dejando muy claro desde el primer momento que su corazón estaba ocupado desde hacía tiempo, y que ello la imposibilitaba tener otra relación, aunque no especificó que el amor que sentía era por su cuñado.

- Te lo agradezco Arthur, os lo compensaré cuando regrese, pero ahora me es imposible.  Mi cuñado está destrozado, el niño no entiende nada y mis padres... bueno ¿ qué voy a contarte ?.  Sabíamos que podría llegar el momento, pero siempre nos quedaba la esperanza de que cualquier fármaco o su propia naturaleza pudiera con la enfermedad, pero no ha  sido  así.  Estoy destrozada; he de guardar una compostura que no tengo

- Oye, oye, no te derrumbes.  Son momentos difíciles, pero eres fuerte y lo superarás.
- Nunca he vivido una situación como esta. ¡ Es horrible !
- Mañana terminamos con el trabajo.  Me pondré en camino hacia allí.  necesito darte un abrazo
- ¡ Oh Arthur ! En verdad lo necesito.  Necesito tener cerca a un buen amigo como tu
- Bien, pues mañana me tendrás allí

Y fiel a su promesa, y a última hora de la tarde se fundía en un abrazo con Alexa, ante la mirada de Arnold que miraba sin ver.  Mantuvieron un rato de charla con todos los componentes de la familia, mientras el niño jugaba a los pies de su tía, ignorante de todo cuanto su familia estaba viviendo.  Él veía en Alexa la representación de su madre, aunque no se parecían nada en absoluto, pero no debió ser así como él lo sentía, porque no se despegaba de ella ni un minuto.

Arthur agarraba la mano de la muchacha cariñosamente, para infundirle valor y apoyo, y porque sus propios sentimientos hacia ella querían mitigar la angustia que su rostro reflejaba y que no sabía lo qué hacer para consolarla , y a esas personas con el dolor reflejado en sus caras.  Le daba infinita tristeza el joven viudo, pendiente de su hijo, queriendo a toda costa desempeñar el papel de padre y madre, y que el niño notase lo menos posible, su pérdida.

martes, 11 de abril de 2017

Dos hermanas- Capítulo 1 - Adiós, Ada

Se había acostado tarde.  El trabajo y una nueva campaña habían hecho que Alexa trabajara hasta muy tarde.  Cuando llegó a su casa, se metió en la cama e inmediatamente se quedó dormida.  Estaba rendida, y lo malo era que al día siguiente la esperaba más de lo mismo.  Una llamada de teléfono, la despertó sobresaltándola; miró el reloj de su mesilla de noche, y vio que aún era muy temprano:  las siete de la mañana.  Extrañada por esa llamada tan intempestiva, descolgó y, medio adormilada, respondió

- Diga 

Una voz llorosa fácilmente reconocible, hizo que se incorporara inmediatamente en la cama:

- Mamá ¿ qué ocurre?
- Es Ada, hija
- ¿ Qué ? ¿ Qué la pasa?
- Ven pronto.  Está...
- Voy para allá ahora mismo-.  De un salto se levantó, se arregló y en menos de media hora estaba camino de Swindon, el lugar donde vivían sus padres y su hermana mayor Ada.

 Durante toda la vida, desde que ella recordaba, sabían que estaba enferma y que no envejecería.  Parecía que el momento había llegado, pero quizá se recuperase como había ocurrido otras veces, aunque la voz alarmada de su madre indicaba que el final se acercaba.



Ada nació con cardiopatía, una insuficiencia mitral que  la había hecho una niña de salud delicada, algo que preocupó a sus padres  a poco de nacer.  Era una criatura preciosa, como su nombre indica, pero muy frágil hasta que fue adolescente, en que la rebeldía de la juventud, no le impedía sentirse como una niña normal, libre de enfermedades, algo que intranquilizaba a sus padres, porque su salud no era la de una niña normal, sino enfermiza.

A los tres años de Ada,,  nació Alexa, todo lo contrario de su hermana: vital y sana. También era bonita, pero no tenía nada que ver. Ada había sido compensada por la Naturaleza con belleza a cambio de salud.. Un pelo maravilloso, un rostro perfecto y unos impresionantes ojos verdes. Alexa morena, con ojos castaños, pero también bella.  Coincidieron las dos en el mismo instituto y allí ambas conocieron a un chico que las volvió locas:  Arnold, hijo de un contratista y constructor del lugar.  Ada conquistó al muchacho y pronto se hicieron  novios.



 Alexa, a sus catorce años y comenzando la adolescencia, tampoco fue ajena a la  simpatía del muchacho.  A esa edad el romanticismo y la fantasía, se instalan en el cerebro de las jovencitas, y Alexa no fue una excepción, enamorándose perdidamente de Arnold, pero él no tenía ojos más que para su hermana.  A ella la trataba como a una niña, como si fuera su hermana pequeña, y le gastaba bromas que a ella no le gustaban nada, porque sabía que le era totalmente indiferente como mujer.

Pedía a su madre que la comprara ropa interior para realzar su figura.  Comenzaba a formarse su cuerpo y lo que ella deseaba resaltar, apuntaba, , pero nada más: estaba lisa como una pared.  A veces se enfurecía de lo injusta que era la vida, obviando la frágil salud de su hermana, pero resaltando su belleza.

Y así pasó el tiempo. Arnold terminó su carrera de arquitecto y comenzó a trabajar en la empresa de su padre.  Ada hizo la  de magisterio y encontró trabajo en el instituto, y Alexa iniciaba su paso por la universidad.  Los chicos  se amaban, y por tanto se plantearon casarse y fundar una familia.  Algo que por recomendación médica, a Ada le había sido prohibido.  El día que lo plantearon en casa, el padre de Ada, el doctor Flanagan, llamó aparte a Arnold y habló con él claramente y del riesgo que corría si tenía un hijo, sobretodo en el momento de dar a luz.



  El muchacho,  se le quedó mirando descorazonado, pero no descartó su idea:  se casaría con Ada, pasase lo que pasase.  Y se comprometieron.   Y ese día Alexa se puso enferma, y hasta tuvo fiebre por la noche.  Escondía sus sentimientos y nadie siquiera  imaginaba el amor frustrado por el muchacho.  La señora Flanagan lo achacó a una indigestión por la fiesta del compromiso, y no le dio importancia.  Ignoraba que se pasó toda la noche llorando.

  Y pasados unos meses, se casaron. Todo transcurría con normalidad y hasta parecía que recobraba la salud, pero Arnold, avisado de antemano, no la dejaba hacer excesos y por supuesto tuvo mucho cuidado en no dejarla embarazada.  La amaba profundamente y quería mantenerla a su lado el mayor tiempo posible, que no corriera riesgos innecesarios.  Vivían cerca de los Flanagan ,  en una casa construida por el padre de él y que fue obsequio por su boda.  De vez en cuando se cruzaba con Alexa y charlaban amigablemente. Él como si hablara con la hermana que no tuvo, y ella, aunque poco habladora, se conformaba con verle de vez en cuando y escuchar su voz. No frecuentaba mucho la casa de su hermana.  No quería ver a Arnold; pensaba que se notaría demasiado que estaba loca por él, y ni su amor propio ni su deber de hermana se lo permitían.

Ada no hacía más que pedir a Arnold que la dejase encinta, algo que él desviaba cada vez que se lo pedía.  Un día, ella le dijo que necesitaba ese hijo, que ambos lo necesitaban:

- No importa si corro riesgos.  Me encuentro mejor que nunca y quiero formar una familia contigo
- ¿ Pero no te das cuenta del riesgo que corremos? Yo te quiero Ada, y quiero envejecer a tu lado. Podemos adoptar uno, si eso te sirve de consuelo
- No, amor, lo quiero de ti.  Si me ocurriera algo, siempre te quedaría algo mio ¿ no lo comprendes?
 -No, no lo comprendo. Es una tontería correr riesgos pudiendo vivir así, tu y yo, tranquilos

Pero tanto insistió, que Arnold cedió y tras varios intentos, Ada se quedó preñada, sembrando la alarma entre su familia.  Alexa, por juventud e inexperiencia, no veía riesgo en convertirse en tía.  La cuidarían entre todos y mantendría un examen exhaustivo del embarazo, como cualquier mujer.  Pero su hermana no era cualquier mujer: tenía una lesión muy seria y corría peligro al dar a luz.

Y tuvo ese niño, y pasaron los meses, y aunque ella se iba deteriorando, pudo celebrar el primer aniversario de su hijo al que pusieron el mismo nombre del padre. Y la graduación de su hermana : ya era publicista, y la vio irse a vivir a la ciudad, que, aunque cercana,  se distanciaba. Todos, incluso, habían olvidado un poco el problema de Ada.. Llegó el quinto aniversario del niño, y ella quiso que ese cumpleaños fuese especial, probablemente presintiendo que iba a ser el último.  Deseaba hablar con su hermana, y la llamó, pero Alexa estaba enfrascada en una campaña publicitaria y no estaba disponible en ese momento.  Apenada, lo dejó para otra ocasión.



 Y esa ocasión fue cuando una llamada de la madre hizo que Alexa se pusiera en camino inmediatamente .  ¿Llegaría a tiempo ?  Mentalmente rezaba porque así fuera.  Tenía el presentimiento de que esta vez, no era una alarma como otras, sino que era más grave.  Cuando llegó al hospital donde la internaron, le bastó ver la cara demudada de Arnold y el llanto de sus padres, para darse cuenta de la gravedad de la situación.  Ada se marchaba, se apagaba dulcemente, poco a poco.  Pero pidió dejaran a solas a ambas hermanas:  tenía que hacer un encargo a Alexa, ahora que aún tenían tiempo:

- Cuida de Arnold y del niño. Sé cuánto les quieres.  Sé que siempre has estado enamorada de él.  Cuídale, va a necesitar mucha ayuda.  Perdóname si fui yo quién te lo robó.  Ahora le tendrás para siempre
- Calla por favor.  No me has robado nada; él te eligió a ti, y habéis sido felices y tenéis un niño precioso que necesita a su madre. No te canses, no hables más. Trata de dormir.
-No, Alexa, tengo la eternidad para hacerlo.  Hazles pasar.  Quiero teneros a todos. -  Y cogida de la mano de su marido y dando un último beso a su hijo, entornó los ojos y se durmió para siempre.

Nadie hablará de mí cuando ya no esté - Epílogo

Había un gran trasiego en la  mansión  McLaughlin..  Anderson había enviado a los jardineros y floristas que trabajaban en el hotel. El jardín descuidado desde que faltaba la señora de la casa, había recobrado su antiguo esplendor.  Los jarrones con peonías de color blanco y rosa,  en el vestíbulo,  y los arreglos florales se distribuían por cada habitación.  Hasta en  la cocina un centro de flores primaverales, las preferidas de la cocinera.  Había gran ajetreo, hasta el punto de que uno de los chefs del hotel, estaba como refuerzo.

Todo se le hacía poco a Anderson para celebrar debidamente el bautizo de su hijo.  Estaba exultantemente feliz.  Adela se había recobrado perfectamente.  Las pruebas a las que se había sometido, eran satisfactorias y el pequeño se criaba felizmente.  Todo era como debía ser. Los padrinos del pequeño,  serían  Aleck y Eugenia, así todos estaban contentos.  Y por fin, todo en su sitio, fue inspeccionado por Anderson y Adela, absolutamente felices.  Cogidos de la mano, Anderson condujo a su mujer hasta el jardín, para que ella diera el visto bueno

—Andy, está perfecto.  Tu madre estaría orgullosa de ti.  Lo has hecho todo maravillosamente bien. Ahora que tenemos un momento de tranquilidad, entre toma y toma del niño, quería comentarte algo que me bulle en la cabeza.  A  tu padre, el niño le está dando la vida.  Tendrías que verle cómo le habla, y cómo Kevin le escucha como si le entendiera
— ¿ Qué quieres decirme?— dijo Anderson mirando a su mujer con una sonrisa
— No se si te parecerá bien, pero...  creo que deberíamos vivir aquí con él.  La mansión es muy grande para él solo, y a mi me ayudaría con el bebe.  Podríamos vender nuestra casa y ...
— ¿ Por qué venderla? La dejaríamos para que vivieran en ella tus padres cada vez que viajen a Escocia, que supongo harán con frecuencia para ver a su nieto
— ¿ Quieres decir que lo apruebas?— dijo ella sonriente
— No solo lo apruebo, sino que me parece una idea estupenda, y te lo agradezco.  Se me había ocurrido, pero no me atreví a proponértelo por si no te parecía bien
— Te recuerdo que hicimos la promesa de consultarnos todo ¿ por qué no me lo habías dicho?
— Creí que te gustaba nuestra independencia
—¡ Pero si aquí la tendremos igual!  Creo que debes decírselo cuanto antes.  Le he escuchado hablar solo, lamentándose por el día de nuestro regreso a casa
— Me parece bien.  Cuando nos reunamos todos para comer, se lo propondré.  He de asegurarte que le vamos hacer tremendamente feliz.  Me encantan que nuestros padres hayan congeniado tan bien y sean tan cómplices.  Tus padres son extraordinarios.  Voy a contarte algo, pero no quiero que lo divulgues porque Álvaro me lo contó en secreto, y ni siquiera lo sabe tu madre.  Quiere jubilarse, pasar más tiempo con ella, y disfrutar de la vida,  ahora que todavía son jóvenes.

Estaban todos sentados a la mesa. Toda la familia, por ambas partes, reunidos en una comida alegre y feliz.  También estaban Aleck, Maureen y su hijita Anna.  Anderson dio un golpecito con el tenedor en una copa, para llamar la atención de los comensales y que le prestaran un poco de atención.  Hecho el silencio,  cogió la mano de Adela y se dispuso a plantear los planes que habían trazado para su futura convivencia

— Adela y yo, hemos pensado que ...  como papá,  estás solo, la casa es muy grande..., venirnos a vivir contigo.  Tu estarás acompañado y ayudarás a Adela con el niño. Destinaremos la casa en la que ahora vivimos, para que vosotros, Álvaro y Eugenia, viváis en ella cada vez que vengáis a visitarnos.

La respuesta fue unánime y clamorosa.  El anciano señor, con los ojos turbios por la emoción, agradeció el ofrecimiento y aceptó vivamente en el acto.  Los padres de Adela, sorprendidos, también aceptaron y,  un sonoro aplauso se oyó en la habitación entre risas de la pequeña Anna y de los mayores, que asentían satisfechos.

Al finalizar el almuerzo, pasaron a una sala contigua para tomar el café de la sobremesa.  En un sillón se sentó Adela y cerca de  ella, lo hicieron Aleck y Maureen.  Hablaban contentos y poco a poco su conversación derivó hacia la campaña electoral que había llevado a Aleck hasta la Alcaldía de la ciudad.

Adela,  mirando a Maureen con una sonrisa en el rostro, comenzó a narrar sus experiencias de aquella época

— ¿ Sabes Maureen que estuve enamorada de tu marido?
— ¡ Qué me dices !— respondió Maureen— Aleck, no me habías  dicho nada...
— Es... que... yo no sabía nada— respondió un balbuceante Aleck
— Tenía dieciséis años,  cuando mis padres,  hartos de mis malas notas en el instituto, me inscribieron aquí en un internado.  En una excursión que hicimos al Lago, en el restaurante donde teníamos que comer, se celebraba una boda.  La música, el tipismo, la vistosidad de la ropa tan desconocida para nosotras, nos hizo a Clara y a mi husmear en el salón donde cantaban y bailaban celebrando la boda.
Sin darme cuenta... di un empujón a un chico, y él amablemente me invitó a bailar... cosa que hice muy torpemente.  Pero me habían cautivado sus ojos  azules, tan extraños para nosotros.
Mi enamoramiento duró bastante tiempo.  No prestaba atención a ningún chico.  Ni siquiera al que hoy es mi marido.  Pero el tiempo pasó y Anderson estaba ahí, supo esperar,  y sin darme cuenta, sin saber cómo...  un día descubrí que de quién estaba enamorada realmente,  era de él.  Lo otro fue una novela que viví de adolescente.  Pero Andy es lo más importante , es mi centro, y ahora también mi hijo.  No quiero que esta confesión te cree violencia, Aleck.  Eso fue un sueño de una cría solitaria con muchos pájaros en la cabeza
— ¡ Oh Adela, qué romántico ! —corrió Maureen a su lado abrazando a su cuñada 

  Ambas mujeres fundidas en un abrazo reían, acompañadas por Aleck


— ¿ De qué os reís ?—preguntó Anderson acercándose al grupo, mientras que su padre charlaba con sus consuegros animadamente
—No es ningún chiste, hermano— respondió Aleck— Comentábamos anécdotas de la campaña electoral
-—Ya... ¿ Os lo ha contado ?
— Si— respondió cauto Aleck
— ¡ Vaya historia ! — respondió Anderson dando un rotundo beso a su mujer

La ceremonia del bautizo, se realizó en la capilla de la mansión. La oficiaba  el padre McCain.  En el centro la pila bautismal de los antepasados McLaughlin. A un lado los padres y,  al otro los padrinos.

— Yo te bautizo con el nombre de Kevin McLaughlin Montero.

El pequeño, al recibir el agua fría en su cabecita, rompió a llorar de una forma tan sonora, que hizo que todos los presentes rieran felices.  El abuelo paterno, protestó por el despertar tan brusco que tuvo su nieto

— Esa costumbre que tienen los curas de hacer eso...  comentó a Maureen que le tenía cogido de la mano

Anderson, pasó un brazo por los hombros de su mujer, al tiempo que se inclinaba hacia ella, y al oído bajito la dijo:

— Dentro de unos meses, otro  —  Adela le miró risueña y apoyó su cabeza en el hombro de su marido, asintiendo firmemente





                                                             F    I    N

Autora.   1996rosafermu /  rosaf9494
Editada:  Abril de 2014-2017
Ilustraciones:  Archivo de 1996rosafermu
DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS / Copyright

lunes, 10 de abril de 2017

Nadie hablará de mí cuando ya no esté - Capítulo 25 - Una nueva vida

Llegaron enseguida . Michael lo tenía todo preparado.  Se había adelantado unos días, y aunque el bebe era de su tiempo, no le gustaba que se precipitara el parto.  La instalaron en su habitación y dos enfermeras la prepararon para monitorizarla.  Los dolores del parto habían comenzado mientras iban en dirección al hospital,  y Anderson, lívido y nervioso, tomaba nota de la frecuencia

Mientras las enfermeras se encargaban de Adela, Michael llamó a Anderson:

— Todo está controlado, Anderson.  No me gusta que se haya adelantado, pero no es la primera vez que ocurre. Cuando la monitoricemos comprobaremos que todo va bien,. Quédate tranquilo
— No Michael, no estoy tranquilo. Presiento que por tu expresión algo no va bien ¿ Me equivoco ? Dime la verdad, por favor
— Cuando la reconozca  y comprobemos el monitor, te diré cómo anda todo. No me gusta que se haya adelantado, pero te repito, no es infrecuente.  Quédate a su lado y disimula la preocupación.  Ella necesita ahora todo tu apoyo.

El monitor indicaba que había sufrimiento fetal.  Los dolores se habían parado y ella comenzaba a estar más fatigada de lo normal.  Anderson miraba intermitentemente a su mujer y al médico, tratando de adivinar lo que estaba ocurriendo.  Por fin Michael habló con él:

— Anderson, el niño se ha dado la vuelta y tiene dificultades para nacer. Hay que hacer una cesárea
—¿ Ella está bien ? La encuentro muy agotada
— Lo está, por eso no podemos perder mucho tiempo
— De acuerdo. Haz lo que creas oportuno, pero sálvales .... , a los dos.
— De acuerdo, voy a disponerlo todo rápidamente.  No hay tiempo que perder. El bebé está sufriendo y es peligroso. Podríamos perderle

Fue conducida al quirófano.  Anderson no le soltaba la mano y la sonreía como si no ocurriera nada  que no fuera normal.  Adela no hablaba, de vez en cuando cerraba los ojos y cuando los abría, los fijaba en su marido queriendo adivinar lo que sucedía.  Transmitiéndole su pensamiento.

Entraron en el quirófano.  El anestesista estaba preparado y todo dispuesto. Las enfermeras colocaron la pantalla .  Todos estaban en silencio. Sólo la voz de Michael dando instrucciones a sus ayudantes . Ya estaba en marcha el monitor cardiaco, el gotero, y ya estaban aplicándole la anestesia.

— Anderson, no te vayas.  No me dejes sola. Te quiero
-—Yo también te quiero cielo, y no me moveré de tu lado

La dio un breve beso en los labios, antes de que Adela se sumergiera en el sueño de la anestesia

— ¿ Cómo va todo ?

Preguntaba Michael. En su voz había preocupación.  Cuando el anestesista le dio la indicación, con un corte preciso hizo una incisión en el vientre de Adela.  Anderson, lívido, no articulaba palabra. Presentía que no iba todo lo bien que debiera.  Agarrado fuertemente a la mano de su mujer, alejaba de su cabeza un mal presagio.  No podía ser, no podía ser.  Y mentalmente recitaba una letanía pidiéndole a Dios que les ayudara

El médico sacó al niño,  que tenía un color azulado, y rápidamente se lo entregó al pediatra que  procedió a limpiarle y a reanimarle.  Anderson veía la escena como si estuviera viendo una película.  No podía ser real, no podía estar ocurriendo.  Con los ojos muy abiertos observaba todos los movimientos en silencio.  No podía ni hablar, hasta que un llanto fuerte llenó la habitación haciendo que todos sonrieran a un tiempo.

Una enfermera mostró el recién nacido a su padre durante un instante e instintivamente, y a pesar de que ella no le escuchaba, se lo mostró a Adela, que permanecía inconsciente.

Tenía los ojos nublados por la emoción. Abrazó al niño con infinito amor, un amor maravillado ante el milagro de la vida. Pero una voz le volvió a la realidad: " la estamos perdiendo" .

— Anderson tienes que salir — dijo Michael con voz contundente
— No Michael no me voy
— Sal ahora mismo— le ordenó con voz fuerte y rotunda

Una enfermera le tomó del brazo e hizo que saliera del quirófano, e inmediatamente la enfermera,  regreso al interior



El monitor cardíaco daba señales de debilidad.  La dieron masajes No reaccionaba, entonces decidieron que había que actuar sin pérdida de tiempo, y la inyectaron directa al corazón.  Inmediatamente, su corazón volvió a tomar el ritmo normal y todos volvieron a  respirar tranquilos.

Cuando hubo pasado el peligro, Michael salió para hablar con Anderson y explicarle lo ocurrido.  Cuando le vio salir del quirófano se precipitó hacia el médico.  En su rostro se reflejaba la ansiedad y preocupación, el miedo a no saber lo que estaba ocurriendo en esa habitación en donde su mujer estaba en peligro

— Michael ¿ qué ha ocurrido?—  preguntó al médico
— Tranquilo Anderson, ya pasó todo— le decía mientras se sentaba en una silla a su lado— Te hice salir porque por un momento creí perderla, pero inmediatamente reaccionó a la inyección que la pusimos. Ahora mis ayudantes la están controlando y atendiendo para trasladarla a la UCI
—¿A  la UCI ? ¿ Sigue en peligro ?
—Quiero tenerla en observación durante unas horas, mientras elimina la anestesia.  Quiero comprobar que todo está en orden.  Podrás verla unos minutos.  Si todo va bien, como espero, la trasladaremos a planta no tardando mucho y allí podrás disfrutar de tu mujer y de tu hijo.  Por cierto el niño está perfectamente.  Ahora podrás verle en el nido.   Ha pesado  tres kilos y ochocientos gramos
— No se cómo darte las gracias. Mil años que viviera no te agradecería bastante lo que has hecho por mi familia

— Vamos, vamos, es mi trabajo, y es una satisfacción enorme la que sentimos cuando todo sale bien.
Ahora tendrás que disculparme, tengo otro parto.  En cuanto tenga un rato libre pasaré a veros.
— Gracias Michael, gracias siempre.
—Es un niño fuerte y precioso.  Enhorabuena.  Respira tranquilo.  El susto ya ha pasado.  Cuando terminen de arreglarla, una enfermera te acompañará para que la veas. Sólo podrás estar con ella un máximo de diez minutos.  Estará volviendo de la anestesia, así que no te asustes si no te habla o si la encuentras adormilada. Todo está controlado. Dale un beso y vete a casa a descansar y a relajarte.  Te avisaremos cuando la pasemos a planta. Y ahora me voy. Hasta luego

Anderson esperó,  a penas diez minutos, cuando una enfermera salió en su busca para conducirle hasta la UCI.  Fueron los momentos más largos de su vida, pero al fin estaba frente a ella.  Estaba adormilada y pálida, y unas ligeras ojeras bordeaban sus ojos.  Se acercó despacio y la tomó una mano apretándosela. Besó su frente y no pudo reprimir un callado llanto.  Había estado a punto de perderla, y se daba cuenta de lo mucho que significaba para él.  Ella lo era todo.  Acariciaba suavemente su rostro y ella a veces abría los ojos, aunque su mirada estaba perdida. La susurraba dulces palabras al oído.  No sabía si ella las escuchaba, pero necesitaba decirla  lo importante que había sido encontrarla y hacerla su esposa.

— Señor, tiene que salir ya. Lo siento

Anderson levantó la cabeza y miró a la enfermera, asintiendo con la cabeza. Cinco minutos, cinco breves minutos para estar con ella.  Obedeció inmediatamente, y en ese momento recordó que tenía un hijo y que ni siquiera había ido al nido para verle.  Preguntó a la misma enfermera dónde estaba, y se encaminó hacía allí.  Tras los cristales miraba buscando a su hijo, y una enfermera sonriente, lo sacó de la cunita y lo acercó hasta la ventana para que pudiera verlo.  Era el niño más hermoso y sonrosado que nunca había visto.  Tenía la piel morenita como su madre, aunque no sabía muy bien
si ese sería su color natural, o es que lo tenía por estar recién nacido.  La pelusilla de su cabello era rojizo como el de él, pero no pudo ver el color de sus ojos porque estaba dormido.  Tranquilo y feliz
ajeno a todo lo que podía haber ocurrido al nacer.  Se dio cuenta de que unas lágrimas rodaban por sus mejillas.  El, el hombre rudo, viajado, y de vuelta de tantas cosas, se emocionaba al ver a su hijo y,  un feliz orgullo recorrió su cuerpo estremeciéndole. " Ya somos una familia", se dijo para sí.  La enfermera volvió a dejarle en su cuna y Anderson salió a la calle desorientado, y sin saber muy bien dónde ir.  Le parecía mentira que todo hubiera ocurrido y que todo hubiera pasado.

Se montó en el coche y antes de ponerlo en marcha decidió que tenía que notificar el nacimiento del niño.  Llamó primero a sus suegros.  Les contó lo ocurrido y una llorosa Eugenia se lamentaba de no haber estado al lado de su hija

—¡ Dios mío, mi pobre niña !
— No Eugenia, no te lamentes.  Todo está bien. Ha sido muy valiente, y tu nieto es una maravilla. Te vas a enamorar de él en cuanto le veas.  Ahora llamaré a mi padre y a mi hermano, que no saben nada. Esta noche más tranquilamente os volveré a llamar y hablaré con Álvaro para explicarle todo, porque imagino que querréis saberlo al detalle.  De todas formas ¿ cuando venís?
— Por mi, saldría ahora mismo. Pero Álvaro tiene que dejar unos asuntos solucionados, aunque se volverá enseguida. Yo me quedaré más tiempo, si me lo permitís
— ¡ Qué cosas dices ! Eres la madre de mi mujer, la mujer que me acaba de hacer padre ¡ Cómo no voy a permitírtelo! Venís a vuestra casa, siempre que queráis. Siempre seréis bien recibidos. Más tarde os llamo.  Yo también necesito recuperarme de tanta emoción
— Cuídate, hijo— le contestó Eugenia
— Luego os llamo. Adiós

A continuación marcó el número de su padre y le comunicó la noticia. El anciano, apenas podía hablar de la emoción.

— Hijo ¿ De verdad me dices que todo está bien?
— Si, papá.  Todo ha pasado ya. Te lo explicaré con más detalle luego. Voy a decírselo a Aleck y después iré a verte hasta la hora de volver al hospital
— Bien hijo mío.  Haz lo que tengas que hacer

Puso el coche en marcha y se encaminó hacia el Ayuntamiento.  Quizá su hermano aún estuviera trabajando.  Efectivamente aún no se había marchado y cuando conoció la noticia, ambos hermanos se fundieron en un abrazo, y por primera vez Anderson, al sentir la presión de los brazos de su hermano, supo que se relajaba, que sus músculos crispados, se distendían, y por fin se daba cuenta de lo que significaba esa bolita de carne sonrosada que dormía plácidamente en una cunita no muy lejos de su madre, a la que estuvo a punto de no conocer.

La emoción pudo con él nuevamente cuando sintió el abrazó de Aleck. Le reconfortaba tanto ...  Se había sentido perdido en aquellas horribles horas de incertidumbre. Por fin cuando se hubo calmado, Aleck le dijo:

— Venga vamos a tomar un café. Quiero que me lo cuentes todo con detalle

Bajaron a la cafetería del Ayuntamiento y, en una mesa apartada, Anderson relató a su hermano el episodio del parto.  Pero necesitaba contarle un capítulo de la vida de Adela que él ignoraba y que despejaría de una vez el silencioso contencioso que guardaba para si

— Quiero que me escuches con atención lo que voy a contarte. Adela me lo contó hace tiempo, cuando al principio de nuestra relación.  Es un secreto que solamente lo conocemos ella, su amiga Clara y yo, y por supuesto ahora tu.  Te conoció en una boda que celebrabais en El Lago, cuando ella vino a estudiar, con apenas dieciséis años. Le causaste una gran impresión, tanto, que estuvo enamorada de ti, en silencio,  hasta que regreso a Escocia.  Por ti intervino en tu campaña, pero se mantuvo alejada al casarte con Maureen, y fue el día de tu boda, a mi regreso para asistir a ella, cuando la conocí, y me enamoré.  No se si fue un flechazo.  Sólo se que buscaba su compañía y conseguimos ser buenos amigos, pero ella no correspondía a mi amor porque aún se acordaba de ti.

  —Pasó el tiempo y entonces se dio cuenta de que había alguien que bebía los vientos por ella, y por fin accedió, en un principio,  a salir y posteriormente, conseguí conquistarla.  Quiero que sepas, que ese episodio está ya olvidado y superado y ahora nos amamos como nunca pensé que pudiera  suceder.  Pero hoy al verla tan débil, tan agotada,  y estando a punto de perderla, me he dado cuenta de que ella es la que me mueve hacer todo y que yo soy su mundo, y ahora el mundo de ambos es nuestro hijo.  Siempre ha sido una chica solitaria e introvertida.  Luché mucho para que olvidara sus complejos, y lo he conseguido.  Espero que dentro de unos días, cuando todo vuelva a la normalidad recobremos nuestro equilibrio, y podamos al fin ser felices.
— No tenía ni idea de este episodio.  Me alegro que me lo hayas contado.  Se que lo pasaste mal cuando me casé con Maureen y eso nos había separado durante algún tiempo. Hermano, eres generoso y bueno.  Sabías el secreto de Adela y nunca diste a demostrar nada.

— Espero que al conocerlo, no te cree ninguna violencia, porque no lo he hecho con esa intención. He pasado horas muy difíciles y pensé,  mientras esperaba delante del quirófano, que si todo salía bien, pasaría página definitivamente de todo lo ocurrido hasta este día.  Para ello tenía que hacer un examen de conciencia y tú me faltabas en él.  Y ahora me voy. Quiero ir a casa a contarle a papá todo y después volveré al hospital en cuanto me avisen
— Ve con cuidado por la carretera, y gracias por ser tan buen hermano como eres.

Se abrazaron nuevamente y Anderson salió del edificio aliviado por la confesión hecha a su hermano.
Creía que debía saberlo, y  se había quitado un peso de encima. Más conforme y tranquilo , puso el coche en marcha rumbo a la casa de su padre.  Cuando llegó, encontró al anciano  impaciente por conocer todo lo acontecido.  Detalló minuciosamente toda la sucesión de lo vivido durante esas horas. Al concluir su relato, el padre estaba disgustado, pero más tranquilo

— Dime ¿ Ella está bien? ¿ Cómo es el bebe?
— Cuando salí del hospital, aún no había vuelto completamente de la anestesia, pero del incidente surgido en el quirófano, estaba recuperada. Y el bebe es lo más bonito, lo más precioso, y lo más grande que he vivido nunca
— Bueno,  bueno—  dijo el padre riendo—  Veo que estás entusiasmado. Deseo ir a verles cuanto antes
— Te prometo que mañana vendré a buscarte y te llevaré a que le conozcas. Hemos hecho un trabajo espléndido


 Por primera vez en muchas horas, Anderson fue capaz de reír.

Su móvil sonó. La voz algo impersonal de una enfermera, le anunció que Adela ya estaba en planta con su hijito al lado y perfectamente

— Gracias por avisarme. Voy para allá inmediatamente—fue lo que respondió Anderson
— Papá tengo que irme.  Es del hospital.  Ya está en la habitación. Estoy impaciente por verles. El niño está con ella
— Bien, hijo. Pero ve con cuidado. Y llámame cuando les veas y me dices cómo están
-—Así lo haré, papa.

Y salió corriendo impaciente por estar al lado de su mujer y su hijo.  Estaba nervioso, pero no por preocupación, muy al contrario, alegre y contento por poder abrazarles.  Una enfermera le acompañó hasta la habitación que ocupaba Adela.  Abrió la puerta sigilosamente, por si ella estaba dormida. Adela estaba despierta y tenía al bebe en los brazos.  Se paró un momento para contemplar la imagen que se mostraba ante sus ojos: ella lloraba de emoción mientras acariciaba la pequeña cabecita.  Levantó la vista y entonces comprobó que Anderson la miraba emocionado

— Andy...   Es nuestro pequeño
—Mi amor 

  Y corrió a su lado abarcando con su abrazo a la madre y al hijo. A su familia

Besaba una y otra vez el rostro de ella y,  juntando en la caricia,  las lágrimas de ambos

— Dely, Dely...  Me has dado el hijo más precioso que un hombre deseara tener
— Anderson, mi vida.  Nunca hasta ahora me había dado cuenta de lo importante que eres para mi. Cuando pensaba  en el quirófano que no viviría, mi único pensamiento era para ti.  Mentalmente, antes de perder la consciencia te pedía que fueras fuerte para criar a este pequeño.  Creí que no llegaría a conocerle, que no te vería nunca más.
  —Calla, calla, por favor.  Olvídalo.  Piensa sólo en nuestro pequeñín. ¡Es tan bonito!  Estoy muy orgulloso de ti. De ambos.  Nunca creí que llegaría a quererte tanto, a necesitarte tanto.  Creí que  no era posible quererte más, pero cuando te vi cómo luchabas por traer a nuestro hijo al mundo, supe lo importante que has sido y  eres en mi vida.

Un suave beso fue el broche final, de aquella declaración mutua, mientras el bebe dormía plácidamente sobre el vientre de su madre, protegido por el amor de ellos.



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Autora< rosaf9494quer
Edición<  Abril 2017
Imágenes< Internet



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