domingo, 26 de marzo de 2017

Nadie hablará de mí cuando ya no esté - Capítulo 8 - Azul frente al azul


Las jovencitas estaban entusiasmadas al contemplar la magia del paisaje del Lago Ness. Inquietas y nerviosas, preguntaban constantemente a Anderson  cuándo iba a aparecer el famoso monstruo, lo que provocaba grandes carcajadas en el fotógrafo

— Chicas no  molestéis, por favor— reprendía  Mónica
— No.   Estoy encantado con ellas. No te preocupes, no me molestan en absoluto— contestaba él

Sacó fotografías del grupo de chicas , de las monitoras  y de Adela.  Para ella puso más dedicación, y a través del objetivo la veía linda, aunque en su rostro se reflejaba algo de... ¿ Qué ?...    Pero quizá fuese eso lo que la hacía más atractiva para el fotógrafo.  Esperaron pacientemente a que las chicas corrieran de acá para allá con la energía que sólo la juventud puede derrochar.  Sentados en unas piedras, los adultos charlaban animadamente.  Sara procuró sentarse al lado de Anderson.  Algo especial  sentía por el fotógrafo, que también la prestaba más atención que a Mónica e incluso a Adela.  Ella se daba cuenta del juego de la monitora, y a su nostalgia por Aleck, se unió el malhumor por las intenciones de la chica

— Es una descarada. ¿ Qué pretende?  Bueno en realidad lo sé. ¡Pero si se van pasado mañana!...No me gusta esta chica...  la veo demasiado...   atrevida, eso es, por no decir otra cosa peor— pensaba Adela mientras contemplaba el paisaje con la mirada perdida en el horizonte.

A la hora indicada  regresaron al restaurante para almorzar. Mónica y Adela charlaban de cosas intrascendentes. Anderson y Sara, por otro lado, de cosas referentes al apasionante trabajo del escocés.  Ella mostraba gran interés, cosa que extrañó al chico, pero como la veía extrovertida, tampoco le dio demasiada importancia

— ¿ Cuál será tu próximo viaje?— le dijo Sara
— No lo sé aún. Me he tomado unos días de vacaciones para asistir a la boda de mi hermano.  Normalmente voy por libre, aunque mis trabajos se basan principalmente en reportajes para National
—¡ Cómo me gustaría tener un trabajo como el tuyo ! —contestaba Sara, mientras los ojos de ambos se encontraban
— Me parece que lo idealizas mucho.  Es bastante duro y pesado.  Hay veces que las jornadas son de horas y horas. Hay muchos días que tienes que acampar en pleno campo, según sea el reportaje. Otras veces, sin embargo, es muy gratificante. Por ejemplo cuando has de fotografiar a modelos, o estrellas famosas.  Aunque no creas...,  también ellos tienen sus pegas
— ¡ No me lo puedo creer ! ¿ También retratas a las celebrities?   ¡¡¡ Uau !!!

  Anderson estalló en una ruidosa carcajada que hizo que  Mónica y Adela  volviesen la cabeza en su dirección


—¿ Qué le causará esa risa ?— comentó Mónica — Seguro que alguna payasada de Sara
— Seguramente— dijo de malhumor Adela

En la mesa del comedor, Sara y Anderson se sentaron juntos y enfrente de ellos Adela y Mónica.
Adela miraba de reojo a la pareja que tenía frente a ella .

— Se le ve encantado de la vida. ¡ Los hombres !  Pierden la cabeza ante una escoba con faldas.  Son todos iguales— pensaba  Adela,  mientras aumentaba por momentos su disgusto por la escena de la pareja.

— ¿ Tomas una copa conmigo cuando las chicas se acuesten?— preguntó Anderson a Sara
— Lo siento, y bien que me gustaría, pero no puedo. Mónica y yo, tenemos que cuidar de las fierecillas que tenemos a nuestro cargo
— Ya... Es lógico...  tenéis responsabilidad— respondió él
— ¿ Irás por España alguna vez?
—Posiblemente.  He estado en varias ocasiones, y  quién sabe... es fácil que así sea
— Bien, pues si vas,  toma nota de  mi número de móvil. Allí mi responsabilidad termina al acabar la clase y recobro mi vida privada

Anderson grabó en su móvil el número de la chica.  De momento no tenia trabajo que tuviera que desplazarse en esa dirección, pero una idea cruzó por su cabeza:

 — Igual me da pasarme un par de días por allí, en lugar de estar en Inverness.
   

Las monitoras y su grupo regresaron  a España y la normalidad volvió al lugar.  Adela estaba algo molesta con Anderson por la atención prestada a Sara , que en su opinión era excesiva.  Para ella sólo tenía las palabras justas, y aquella corriente de simpatía que se originó al conocerse,  había desaparecido.  El se mostraba más distante e incluso a penas se veían.  Anderson  frecuentaba la casa de sus padres una vez restablecidas las relaciones, y Adela seguía con su trabajo con los turistas y con el hotel.  Seguía pensando en regresar a Madrid, máxime ahora que definitivamente nada se le perdía en Escocia.  Un día al terminar su jornada laboral, Anderson se personó en el hotel

— ¡ Dichosos los ojos que te ven ! — Le saludó Adela al verle
— Si, tienes razón.  Hace días que debía haber venido, pero ¿sabes?, mi padre no anda muy bien de salud, y me daba pena dejarles solos , hasta que Aleck regrese de su luna de miel.  Haré un viaje a España y después de estar un par de días allí, regresaré al trabajo.  Estoy esperando me comuniquen mi nuevo destino
— Claro, haces bien. Aprovecha la ocasión que te sirvieron en bandeja— le dijo Adela con acritud
— Oye... ¿ Puede saberse qué te pasa?
—Nada, a mi no me pasa nada.  Pero te quedaste coladito por Sara, y de no haber sido por las chiquillas hubieras ligado desde aquí
— Creo que eso no es asunto tuyo.  No eres ni mi madre, ni mi hermana, ni nadie de mi familia para reprocharme nada. Soy un hombre libre, ella también, somos adultos y podemos hacer lo que nos venga en gana
— Tienes razón, perdóname. ¿ Quién soy yo para gruñirte? Te ruego me disculpes.  Deseo que te vaya bien en mi país.  Yo no tardaré mucho en regresar.  Y ahora si me disculpas, tengo que irme
— ¿ Por qué te vas ? Discúlpame tú también.  He sido grosero. No debí contestarte de ese modo
— No.  La impertinente he sido yo. No debí meterme en tu vida. Pero, es que aquel día lo pasé mal, tenía recuerdos dolorosos y el veros tan, tan...  no sé cómo decirte.. me recordó algo y aún me dura
— ¡ Vaya, lo siento ! ¿ Firmamos la paz ?  Me gustas mucho y me gustaría que fuéramos amigos.  Hay algo en ti que me inspira confianza, pero tu te muestras, a veces, muy reservada, y no te entiendo muy bien
— ¿ Me ves reservada ? Yo creo que no  lo soy. Enseguida te conté mi problema
— Cierto, pero hay algo... Bueno, será mejor que lo dejemos ahí ¿ Quieres tomar algo ?
—No gracias, te lo agradezco, pero me retiro ya.  Estoy muy cansada. Hoy he tenido un grupo muy grande y hemos ido hasta Edimburgo, así que estoy loca por meterme en la cama
-—Ya...  Bueno... Pues entonces nos despediremos. No sé cuando regresaré. No sé a dónde voy a ir ni cuanto tiempo estaré fuera de casa.  Me gustaría que no perdiéramos la comunicación.  Te doy mi número de teléfono por si quieres contactar conmigo, podríamos charlar aunque fuera un breve momento
— Claro, toma también el mío.
— ¿ Me dirás cuando te marcharás ?
— En cuanto lo sepa.  Estoy hecha un lio, y no se qué hacer.  Si regreso a Madrid me matricularé en alguna facultad ,  pero no sé siquiera lo que estudiar.  Como verás estoy bastante despistada de todo.
— Tienes tiempo. Eres muy joven, podrás hacer lo que quieras. ¿ Puedo preguntarte la edad?
— Claro, todavía la puedo decir.  Tengo veinte años
— Te llevo ocho. Eres como una hermana pequeña que me hubiera gustado tener
— ¡ Eres muy viejo ! — dijo riendo a carcajadas
— Menos mal que te ríes. Tienes una sonrisa preciosa, no la ocultes.  Haz que los mortales disfrutemos de ella
—¡ Qué galante ! Gracias, eres muy amable
— No, no es amabilidad. Es cierto

Y así, entre piropos, bromas y risas, estuvieron charlando hasta muy tarde.  Tan absortos estaban en la conversación, que no se dieron cuenta que se habían quedado solos en el bar del hotel, y los camareros les miraban con caras de pocos amigos

— Creo que debemos irnos, o nos echaran a palos— dijo riéndose Anderson
— No me había dado cuenta de lo tarde que es. Mañana tengo que madrugar.  Hay turistas a la vista
— Pues vayámonos. Te acompaño hasta tu habitación.  Es tarde  y no vaya a ser que te encuentres con algún patoso que llegue algo bebido
— ¡ Qué galante ! Eres mi caballero andante— respondió ella mirándole y sonriendo

Anderson, la miraba fijamente con rostro serio. Miraba  detenidamente sus bonitos ojos,  su boca, su pelo...
Ahora la tenía más cerca y podía examinarla con detenimiento.  Quizá fuera la conversación distendida que habían mantenido, o quizá fuese que no la había mirado fijamente hasta esa noche.  Se hizo un silencio entre los dos, y fue Adela quién lo interrumpió

— Bueno... pues vayámonos

Y lentamente se encaminaron hacia el ascensor.  El la cogió del codo y ella no dijo nada.  Le agradaba ese muchacho y la forma delicada con que la trataba.  Era simpático y cariñoso. Tenía conversación fácil y era divertido.  Gracias a eso, había olvidado por unas horas el rostro de su hermano, de Aleck. Era su secreto, nunca le diría que fue él quién le había robado la tranquilidad.  Le agradaba tenerle como amigo.  Era de esas personas en quién se podía confiar: abierto, sincero y noble.

—Decididamente, me gusta.  Si, me gustará que sea mi amigo.  De esos en los que puedes llorar sobre su hombro cada vez que lo necesites. ¡ Lástima que cada uno vayamos por cada lado !  Sería estupendo coincidir en un mismo lugar

Pensaba Adela mientras llegaba el ascensor que la conduciría hasta su habitación






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sábado, 25 de marzo de 2017

Nadie hablará de mí cuando ya no esté - Capítulo 7 - Nessy

A la hora indicada, Anderson estaba en el vestíbulo del hotel, provisto de su cámara, y aguardando la llegada de Adela.  No tuvo que esperar mucho tiempo, unos minutos después , la chica hacía su entrada,  y una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro al encontrarse con él

— Buenos días.  Creo que hemos bajado muy pronto.  He consultado el programa y tardarán casi una hora en llegar— dijo a Anderson, mientras estrechaba su mano
— No importa —respondió él—Así desayunamos con tranquilidad.  ¿ Cómo has dormido ?
— Pues la verdad, es que no muy bien.  Me costó mucho coger el sueño. Era casi de madrugada, pero bueno...  Me encuentro bastante despejada
— ¡ Estupendo ! ¿Vamos al comedor? No sé tú, pero yo tengo hambre.  ¿Sabes? Volví a bajar una vez me hube adecentado. Causé sensación al entrar en el salón. Ja,ja,ja.  Nadie me esperaba. Me alegró ver a mis padres, después de tanto tiempo...  y a mi cuñada, claro
—¿ Por qué no ibas a   alegrarte?  Es de lo más normal si hacía tiempo que no les veías. Yo estoy deseando ver a los míos. Quizá vengan ellos antes de que yo regrese
— ¿ Vas a volver a tu país ?
— Posiblemente.  Aquí no tengo nada más que hacer
—Te encuentro muy desanimada ¿ Te ha ido mal ?
— Desde luego que no.  Lo siento si he dado esa impresión.  Me encuentro muy a gusto, y los compañeros y jefes son estupendos, pero...  Debo regresar...
— No sé porqué tengo la impresión de que algo no ha salido como tu esperabas ¿ Me equivoco ?

Ella bajó la cabeza y sonrió tenuemente.  Guardó silencio durante unos minutos, antes de mirar a Anderson que esperaba su respuesta.

—Es una larga historia.  Conocí a una persona cuando llegué por primera vez a este pais, y no sé qué vi en él.  Seguramente mi fantasía de adolescente, pero cuando regresé al terminar el curso, seguía campando por mi memoria.  Decidí volver al año siguiente, con el fin de poder localizarle y trabar amistad con él, pero ...  Conseguí su amistad....  He de decir que vine al principio como castigo por mis malas notas en los estudios, pero con lo que no contaba , es que el castigo fue conocerle.  Tenía novia, y ahora es un hombre casado.  Ya ves cómo el destino te juega malas pasadas...  Fin de la historia
— ¿ Por eso vas a regresar?— le dijo Anderson
—¡ Claro ! ¿ Qué otra cosa puedo hacer ?  No soy masoquista ¿ sabes ? y sería bastante desagradable contemplar la felicidad junto a su mujer,  y no a mi lado.
—Pero ¿ te dio alguna esperanza ?
-—¡ Claro que no !  Ni siquiera sabe los sentimientos que me produjo.  Es simplemente un buen amigo y nada más
— ¡ Vaya, si que es un panorama ! Ahora entiendo porqué quieres irte.  Aunque yo trataría de salir con otra persona... y no sé... quizá conseguirías olvidarte de él
— No sé.  Tengo muchas dudas. Por un lado deseo quedarme, pero por otro...  Sé que va a ser un suplicio estar cerca y hacer como si nada hubiera ocurrido.  Pero lo más gracioso es que no ha ocurrido ¡ nada !  Perdona.  Soy una tonta rematada.  Pensarás que soy una cría, pero ... de verdad que deseo olvidarle, porque no soy feliz, pero se que me va a ser muy difícil , muy difícil
— Y yo creía que tenía problemas ...—dijo Anderson pasando su mano sobre el cabello
—  Somos dos sentimentales —dijo al cabo de un rato— Seguramente te preguntarás qué hizo que me marchase de mi casa ¿ no ?
—¿ Te digo la verdad ?— dice Adela— Ayer, cuando llegaste, sin querer, escuché algunas frases un tanto inquietantes.  Eso me hizo sospechar que algo entre vosotros no había ido bien. Lo siento, no pude evitar oíros
— No, no es necesario, no pasa nada.  Es una historia tan antigua como el mundo. Algo parecido a lo tuyo, sólo que más complicado. Tú has sido sincera conmigo y lo que debo hacer es corresponder en igual medida
— No, no te preocupes. No tienes que contarme nada. Es vuestra vida. Sólo a vosotros os compete— respondió Adela
— Es algo muy común: chico conoce a chica, chico se enamora de chica, chica conoce a otro chico, que por casualidad es hermano del primero. Chica y hermano se enamoran. El primer hermano se da por ofendido y le reprocha su relación con quién era el objeto de sus ilusiones. Pelea, puñetazos, golpes, y padre que interviene en favor del segundo chico.  Echa de casa al primero y le acusa de aventurero. Se marcha y empieza a recorrer el mundo. Mantiene correspondencia con su madre y a través de ella hace las paces con su hermano, pero el padre sigue sin querer saber nada de él.  Al cabo de unos años, vuelve porque el hermano se casa con el amor de su vida...   y aquí estoy...

— ¡ Vaya, si que es complicado ! Perdona, sé que no debo hacerlo, pero... ¿ sigues enamorado de ella ?
-—Creo que no. Si, guardo el recuerdo de juventud.  Éramos muy jóvenes y nuestro primer amor...   Recorriendo el mundo he conocido a muchas mujeres, de todas las razas posibles, y a pesar de haberme divertido..., ya sabes a que me refiero, ninguna dejó huella en mi. Así que aquí me tienes cerca de la treintena sin casa, sin mujer, sin perro que me ladre.... Ja, ja, ja

 Con una sonora carcajada dio por terminada su confidencia
— Me has sorprendido...,  muchísimo.  Has sido muy sincero conmigo, me has contado cosas muy íntimas y a penas me conoces ¿ Por qué lo has hecho ?
— No lo sé.  Quizá porque es un peso con el que cargo desde hace mucho tiempo, y tenía ganas de soltar lastre.  También porque me pareces una chica de la que te puedes fiar... A propósito, te pido por favor que no comentes con nadie lo que acabo de contarte
— Puedes estar tranquilo. Tu historia no saldrá de aquí

Interrumpieron la conversación y ambos giraron la cabeza en una misma dirección, al escuchar unas voces juveniles que alborotadas y risueñas, hacían entrada en el comedor capitaneadas por dos monitoras que iban en busca de la guía turística contratada. Una de ellas se dirigió a Adela, dado que era la única persona que llevaba uniforme, por lo que dedujo era era la guía

— ¿Señorita Montoro?
—Si, soy yo... Y ustedes son la excursión que estábamos esperando ¿ verdad ?
— Exacto.  Cuando quiera ya estamos dispuestas para la marcha
— Pues ya mismo. Voy a presentar al señor McLaughlin, que nos acompañará para hacer un reportaje sobre el Lago.  Espero que no les importe
— No, por Dios. Además las chicas se alegrarán mucho. Pero me temo que querrán que les haga alguna foto. Pueden ser muy pesadas algunas veces
— No hay problema. Les haré del grupo, así tendrán un recuerdo de la excursión—respondió Anderson
— ¿ Es independiente o trabaja para alguna revista?— preguntó una de las monitoras
—Trabajo para National Geografic
— ¡ Oh !¡Nada menos !— respondió la monitora—.Creo que debemos presentarnos. Yo soy Mónica y mi compañera Sara

— Mucho gusto en conocerlas. Seguro que será una excursión estupenda— respondió él clavando sus ojos en el rostro de Sara que le sonreía
— Bien, pues si ya todos estamos listos ¿ por qué no nos vamos ? —dijo Adela mirando de reojo a Sara y Anderson que no dejaban de mirarse

En el asiento delantero, junto al chófer, iba Adela narrando el paisaje y algunas leyendas que tenían como protagonista el Lago y a su famoso habitante: Nessy.  Las chicas iban muy calladas, atentas a lo que iban viendo, fijando en sus pupilas los paisajes que sin duda identificaban con alguna fantasía de sus mentes juveniles.  Y por fin llegaron.

Aparcaron el autocar frente a la entrada principal del restaurante. Una vez que todos estuvieron abajo, Adela se adelantó hacia la Recepción para ultimar la hora en la que debían estar para comer.  Mientras Mónica controlaba a las chicas,

 Sara charlaba amigablemente con Anderson.  Se notaba que habían simpatizado mutuamente. Este hecho no pasaba desapercibido para nadie, y las chicas cuchicheaban mientras les miraban y se reían por lo bajo.  Adela, parada en la puerta, les observaba.  No era de extrañar, ambos eran atractivos, y Sara era una de esas mujeres que atraen a los hombres.  Tenía unos grandes ojos azules, larga melena y una sonrisa espectacular.  De estatura normal, tirando a alta y muy estilizada.  Más parecía una modelo, que una profesora de instituto.  No daba el tipo de la clásica maestra.  Mónica, simpática también, era más introvertida,  de ojos negros , y más seria de carácter. Más parecido al de Adela.

Se adelantó hasta llegar a donde estaba el grupo y dio instrucciones para caminar a pie hasta llegar al Lago, no muy distante del restaurante.  El paisaje era impresionante y merecía la pena contemplarlo.  Las chicas, nerviosas e impacientes por comprobar si,  con algo de suerte, Nessy se dejaba ver, cosa harto difícil.  Detrás de las chicas iban las monitoras y detrás de ellas caminaban Adela y Anderson,  abstraídos cada uno de ellos en sus pensamientos

—Aquí es donde le conocí — pensaba en silencio Adela
— ¡ Vaya, quién iba a decirlo!  Sara es todo un bombón. Me cae bien, si, pero que muy bien— pensaba para sí Anderson
— ¿ De qué te ríes? — preguntó Adela al ver que sonreía pensativo
— De nada en especial.  En realidad pensaba en lo fácil que os resulta a vosotros, entablar conversación con alguien.  Nosotros somos más reservados, poco amigables.  Hasta que no conocemos a una persona, no hacemos amistad
— Eso es por nuestra sangre latina, o mediterránea, como quieras llamarlo.  Anda vamos que nos estamos quedando rezagados.


                                      
                                             

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viernes, 24 de marzo de 2017

Nadie hablará de mí cuando ya no esté - Capítulo 6 - A & A

En los últimos días de campaña, el ritmo en las oficinas de Aleck, era frenético.  Adela se había integrado plenamente en la maquinaria electoral, pero no disponía de mucho tiempo.  Su trabajo en el hotel sólo la dejaba libre los fines de semana, aunque no todos y, el día de libranza.
  Aleck , apenas iba por la oficina.  Implicado en su elección daba mítines en los colegios, en las plazas públicas, en cualquier sitio en el que pudiera ser escuchado.  Y por fin llegó el día de las votaciones.

  Todos estaban reunidos en la delegación, todos, menos Adela, por motivos obvios de su trabajo. Fue,  cuando ya cerrados los colegios electorales, comenzaron los recuentos, y Aleck alcanzó el triunfo.  Cuando ella llegó,  después de salir del hotel, estaban todos los componentes del equipo celebrando el éxito.  Al entrar, emocionada constató la alegría de todos .  Buscó con la mirada a Aleck, que atendía a un periodista de un canal local.  Al terminar, él giró la cabeza y,  la vio a la entrada del recinto, y se dirigió hacia ella tendiéndola los brazos



— Pasa Adela, tú también has formado parte de este sueño. Debes celebrarlo con nosotros

La abrazó y,  ese abrazo fue para ella algo inusitado.  Lo deseaba durante mucho tiempo, pero nunca pensó en que alguna vez lo conseguiría, sin embargo sabía que aquello era casual,  motivado por la alegría del momento.  Nunca  había concebido ilusiones respecto a él.  Sabía que tenia novia y que estaba muy enamorado de ella.  No tenía ni la más mínima oportunidad de ser algo más que una buena amiga.  Estaba resignada a ello, pero sólo aspiraba a estar cerca de él, aunque fuera desempeñando el papel de telefonista.  Pero ya había concluido todo el trabajo, ya no la necesitaba.  Volvería a su rutina del día a día:  los turistas y el hotel.  Mientras tanto asistiría impasible a los preparativos de su boda.   Se estaba planteando, el regreso a España, puesto que ya no tenia motivos para quedarse lejos de sus padres.

— Quizá con tierra de por medio, consiga olvidarle y pueda seguir con mi vida lejos de él.

Llegó el día de la boda de Aleck y Maureen.  Todos los componentes del equipo electoral fueron invitados, incluso Adela. Fue uno de los días más tristes que nunca había vivido, por eso en cuanto pudo, se fue de la fiesta, que era celebrada junto al Lago, en  donde le vio por primera vez.  En el fondo se alegraba por la pareja, se les veía felices y en realidad todo se había forjado en su imaginación.  Sabía perfectamente que había sido una utopía, que nunca debió concebir ninguna ilusión, pero en los sentimientos es difícil ordenar lo que  es correcto hacer.

Salía llorosa del restaurante con la cabeza baja, cuando se cruzó con un hombre alto como un castillo, con el pelo rojo como el cobre, que saludaba a los empleados del restaurante con mucha familiaridad. En su rostro había rasgos que la resultaban familiares, pero preocupada como iba, no reparo a penas en ello.

— Hey, muchacho ¿ cómo estás? ¡ Cuanto tiempo sin venir por aquí !— saludaba Henry, el administrador
 —Se ha casado mi hermano. ¿ Crees que me lo iba a perder?— respondió el recién llegado

Adela escuchó estas breves palabras mientras se dirigía  al ascensor.  Entonces, por curiosidad, olvidó su amor frustrado por unos momentos y giró la cabeza para mirar al desconocido.  No sabía de la existencia de ese hermano de Aleck.  Nadie le había comentado nada, ni nadie había mencionado su nombre.  Le pareció un muchachote grande como un armario, de tez tostada por el sol y de una amplia sonrisa.  Por unos breves instantes, sus miradas se cruzaron, justo cuando él giró la cabeza para saludar a la telefonista de la centralita.

Ella siguió su camino y Anderson, que así se llamaba el muchachote,  prosiguió saludando a todo el que se acercaba por Recepción.  Sin duda alguna gozaba de la simpatía y conocimiento de todos. 

— Qué extraño, nadie había mencionado su nombre nunca", pensó intrigada  —¿ Por qué?  

 Las últimas palabras que escuchó, fueron que se hospedaría en el hotel y no en casa de su familia

— Aquí tendré más libertad para entrar y salir.  Ya sabes, Henry, que mi padre y yo tenemos opiniones contrapuestas— decía el desconocido




 A punto de entrar en el ascensor, Adela presenció una escena inusitada entre Aleck y Anderson.  Aleck salía en busca de Adela  para ver por qué se marchaba tan pronto de la fiesta, cuando se encontró cara a cara con  su hermano.  La frialdad del ambiente podía cortarse, y todos los que allí estaban presentes, miraban desconcertados a uno y otro sin articular palabra.  Fue Anderson el que se adelantó abrazando a su hermano

-—Aleck, hermano.  Dame un abrazo.  Nunca pensé que serías un serio ciudadano escocés casado y político.  ¡Cuánto has cambiado !
—Anderson, hermano. No te imaginas la alegría que tengo porque por fin hayas podido venir, aunque hayas llegado tarde a mi boda
— Lo siento.  No pude enlazar los aviones, pero estoy aquí. Subo a cambiarme para estar presentable y saludaré a mi cuñada ¡ Quién lo iba a decir !
— Están, como es lógico, papá y mamá... 


 Aleck dejó esas palabras en el aire.

La escena era presenciada por Adela junto a la puerta del ascensor que la conduciría hasta su dependencia, ya que ahora vivía en el hotel.

— Perdona Anderson, tengo que hablar un momento con Adela
— ¡ Adela !  ¿ Quién es Adela ?
—Es la muchacha que espera al ascensor.  Una amiga

Anderson giró la cabeza y nuevamente sus miradas se encontraron, mientras los dos hermanos iban en su dirección.

— Adela, espera por favor

Aguardó a que llegasen, y entonces esbozó una triste sonrisa.  Lo que menos le apetecía era ver el rostro de Aleck que irradiaba felicidad

— Quiero presentarte a mi hermano Anderson. El viajero impenitente que ha asistido a mi boda casi por los pelos 

  Una carcajada franca brotó de los labios de Anderson.  Adela también sonrió y estrechó la mano  que la tendía

  —De haber sabido que tienes amigas tan bonitas, hubiera llegado antes— dijo dirigiéndose a su hermano, pero mirando a Adela
— ¿Por qué te marchas tan pronto? —  dijo Aleck
— Mañana tengo un grupo de adolescentes a primera hora.  He de dormir mucho y reponer fuerzas para lo que me espera— contestó Adela riendo
— ¿ Trabajas en el hotel ?— preguntó  Anderson
— Si. Soy la intérprete
— Estupendo, entonces nos veremos.  Pienso quedarme unos días por aquí— repuso él— ¿ Por dónde iréis?
—Al Lago... Son adolescentes y seguro que querrán ver a Nessy— respondió ella riendo
— ¿ Puedo ir en vuestro grupo ? Aprovecharía para hacer algunas fotos. Es un lugar hermoso
— Por mi no hay inconveniente— respondió ella
— Oídme, lamento interrumpiros, pero soy uno de los protagonistas del día.  He de atender a mis invitados— dijo Aleck y desapareció a paso ligero para incorporarse a la fiesta

Se quedaron los dos frente a frente. Cada uno examinaba al otro, pero ningún pensamiento trascendió

— Hum... No está mal.  Pero no tiene nada que ver con Aleck. El es mucho más guapo que éste—
 Pensaba ella

— Guapa, si señor, muy guapa ¿ De dónde será ? ¿ Debo invitarla a tomar una copa, ahora?— pensaba Anderson — No te vayas tan temprano. Te invito a tomar algo al bar, algo ligero— la dijo
— Es que mañana he de madrugar...  Pero bueno, algo rápido
— Estupendo. Me presento: Soy Anderson  McLaughlin, el hermano pequeño de Aleck
— Soy Adela  Montoro, y no tengo hermanos— rió ella
-—Bien... Ya nos conocemos. Ahora tomemos esa copa—la dijo indicándola la dirección del bar. Y hacia allí se dirigieron
— ¿No tienes que saludar a tus padres...  a tu cuñada?
— Si, claro.  Lo haré más tarde. Nadie me echará de menos, y nadie me esperaba.  Ya has oído a Aleck. Les he sorprendido
— ¡ Ah !

 Es todo lo que ella pudo responder.  Intuía que las relaciones paterno filiales no eran precisamente exquisitas, pero... ¡ Su cuñada! ... - ¡ Qué extraño comportamiento ! Seguro que hay algo raro en esta familia.
— ¿ Cómo aterrizaste en el hotel de mi familia ? Porque tu eres extranjera ¿ no ?
— Es una larga historia. Vine a estudiar, me gustó el lugar y, me quedé aquí. Tu hermano me ofreció el trabajo y ahora también vivo en el hotel.  Pero no será por mucho tiempo... pienso regresar a casa
— ¿ De dónde eres?
— De España, de Madrid concretamente

  —Conozco tu país. He ido muchas veces.  Me encanta el norte, quizá porque es más parecido a mi tierra
—¿ A qué te dedicas ?
— Trabajo como fotógrafo para National .  Hago reportajes de todo tipo, ello me permite viajar que es lo que me gusta.  Hace años que me dedico a esto. Bueno empecé con veinte años
— Es apasionante, pero tanto viaje ¿no te cansa?
— En absoluto.  No tengo hogar fijo así que soy como el caracol: voy con la casa a cuestas. Ja, ja, ja
— Es muy agradable la conversación pero creo que debemos dejarlo para otro momento. Tú tienes que saludar a tu familia, y yo he de acostarme pronto, si no mañana estaré de un humor de perros.
— Si, tienes razón. Te acompaño hasta el ascensor. ¿ A qué hora he de estar preparado y dónde aguardo?
— Espero que el grupo llegue sobre las once. Vienen de Edimburgo. Rápidamente saldremos para el Lago y allí pararemos para comer. Espera en la puerta principal del hotel
— Muy bien. Pues entonces será hasta mañana
— Hasta mañana,  Anderson.  Se puntual
— Lo soy siempre como buen británico
—Ya. Unos tienen la fama...
— ¿ Cómo dices ?
— No, nada.  Es un dicho de mi país. Buenas noches
— Buenas noches Adela. Procura dormir bien
— Eso haré.

El se bajó en la segunda planta y ella siguió hasta la última en donde estaban los aposentos del personal del hotel.

— Es simpático—  Pensó con una sonrisa.


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jueves, 23 de marzo de 2017

Nadie hablará de mi cuando ya no esté - Capítulo 5 - Alistair McLaughlin

No podía creérselo. Acababa de firmar su primer contrato de trabajo, además hecho a su medida:  horario flexible, buen salario, no muy alto la verdad, pero suficiente para llevar una vida digna y darse algún capricho. Y todo había llegado de la mano de su "príncipe azul".  Tanto tiempo buscando una ocasión para verle y,  se le presenta  cuando menos lo esperaba.  Sería su jefe supremo, pero en el día a día sería Henry, el administrador del hotel, de quién recibiría instrucciones.  Se incorporaría  el día lunes de la semana próxima.



Contenta, regresó al internado y comunicó a la superiora la magnífica noticia que llevaba.  La monja se alegró por ella, aunque le advirtió que debería acudir por la noche a dormir al colegio, hasta no tener por escrito la  autorización de sus padres, para vivir fuera del recinto.  Una vez en su habitación, llamó a Madrid  y, anunció a sus padres,  que ya era una chica independiente a partir de la siguiente semana.

— Me alegro muchísimo, hija mía.  Al fin lo has conseguido. ¡ Te veo tan madura, has cambiado tanto ! que no me lo puedo creer— decía Eugenia con la emoción en su voz y en sus ojos. Su pequeña se había hecho mayor.
— ¡ Hola cielo ! — saludó el padre orgulloso de ella

Y de nuevo relató a su padre la manera en que había conseguido el trabajo, el buen trabajo, el inesperado trabajo.  Pero ocultó que justamente eso, es lo que había perseguido desde el año anterior.  Estaría cerca de Aleck, y quién sabe, si más adelante consiguiera con él una buena amistad.  De momento no pensaba en otra cosa.  Se acordó de Clara y sus advertencias.  Debía ir despacio.  No sabía nada de él, sólo que pertenecía a una familia acomodada de Inverness y que era tremendamente guapo y amable.

Siguió charlando durante un rato , alternativamente con su padre y su madre. Irían a visitarla en breves días y llevarían la autorización para la superiora.  De esa forma tendría la posibilidad de trabajar y dormir en alguna dependencia del hotel dedicada al uso del personal del mismo.  Y al cabo de una semana recibió la visita de sus padres. Se hospedarían en el mismo hotel en donde ella trabajaba, y que había sido su parada habitual, cada vez que viajaban a Escocia para visitarla.  Los tres juntos acudieron al internado para cumplimentar a las monjas y llevarles el certificado que autorizaba a Adela  a vivir fuera del colegio.  Ya era independiente.

La pusieron un uniforme , una chapita con su nombre y debajo de él la palabra intérprete.  Y en el mostrador de Recepción, otra placa indicando que tenían traductora de español

— También me desenvuelvo con el francés— advirtió a Henry, lo que alegró al administrador
—Bueno, ahora, a esperar que lleguen los turistas— pensó para sus adentros

No tardaron en llegar e hizo su primera excursión con ellos y con Luis Alberto como chófer. Era un chico colombiano que llevaba varios años residiendo en Escocia. Moreno, con los rasgos clásicos latinos, simpático, educado y bastante atractivo, de una edad aproximada de unos cuarenta años.

— Parecerás hija mía— le dijo a Adela con una amplia sonrisa, lo que hizo a su vez que ella sonriera también.

Eran unos lugares los que visitaban muy conocidos por ella, y no tuvo dificultad alguna en facilitar la información y satisfacer la curiosidad de los visitantes.  Parada obligada el Lago Ness y su famosa leyenda.  Allí tenían la parada más larga para almorzar, y como buenos empresarios, lo hicieron en el restaurante propiedad de la familia McLaughlin,  que era el lugar de la celebración de la boda en que conoció a Aleck.

La comida discurrió en armonía.  No era un grupo muy grande, unas quince personas, lo que facilitaba la comunicación más directa entre ellos, Adela y el chófer.
 Especial atención  tenía por parte de Luis Alberto, cuyas atenciones comenzaban a inquietarla

— Acabamos de conocernos, como aquel que dice, y francamente a veces resulta algo empalagoso. Me incomoda que esté permanentemente pendiente de mi.  He de hacer algo al respecto, pero ¿ qué ?— pensaba mientras iban en el autocar

El grupo tenía contratado el hotel y las excursiones durante diez días, que rápidamente ya habían transcurrido,  pero fue en la fiesta de despedida cuando tuvo que hablar seriamente con Luis Alberto

— Interpreto que la alegría de la fiesta es lo que te hace tener la lengua tan suelta, Luis.  Me desagrada que estés siempre protegiéndome.  No soy una cría, no necesito que nadie me cuide, para eso están mis padres, y ni siquiera ellos actúan como tu lo haces.  Lo siento, pero tenía que decírtelo.  Hace tiempo que te observo y no quiero que haya malentendidos entre nosotros.  Tenemos que trabajar juntos y cuanto mejor nos llevemos, será más fácil para todos

— Adela, lamento escucharte .  Nunca he querido ofenderte, solo... te veo tan indefensa, sola, sin tu familia...  bueno... Te prometo que no traspasaré la raya.  Te entiendo, pero entiende tu también que es muy fácil sentirse atraído por ti.  Eres simpática, muy bonita, dulce...  y yo también estoy sin familia,..., solo.  Pero lo entiendo.   No te preocupes a mi lado estarás segura, y si me necesitas, cuenta conmigo
—Luis...  lo siento.  No debí hablarte con esa dureza, pero me diste la impresión de que querías algo más, y yo no puedo dártelo.  Mi corazón está ocupado, lo siento
—¿ Tienes novio en España?— la preguntó él
— No, en España no.  Pero si me gusta un chico, aunque la verdad no tengo muchas esperanzas
— Entonces, olvídale.  Mira a tu alrededor, seguro que no te faltarán pretendientes.  Tu no te das cuenta, pero a algún señor del grupo se le iluminan los ojos cuando te ve
— No seas tonto...  están todos casados y ellos si que podrían ser mis padres— le contestó riendo

Necesitaban tener esa conversación desde hacía días. Necesitaba aclarar su situación con Luis Alberto, y estaba satisfecha de que ello hubiese puesto las cosas en su sitio.  Ahora él sabía que no tenía nada que hacer en el sentido amoroso, sino simplemente una amistad entre compañeros de trabajo.

No había vuelto a ver a Aleck.  Pasó la temporada turística, y el invierno estaba llegando a las puertas.  Hacía frío, llovía y aunque seguían recibiendo visitantes, no eran en la proporción del verano.  Tenía más tiempo libre, y su jornada se acortaba, ya que anocheciendo pronto, los visitantes, que en su mayoría eran naturales del país, se refugiaban en los salones del hotel o bien se retiraban a dormir en horas tempranas.  Tenía un día libre a la semana  y lo dedicaba unas veces a visitar el internado y saludar a las monjas. Otras recorría las tiendas de la ciudad, comía en cualquier cafetería o acudía a algún cine.  La verdad es que el invierno había cambiado el paisaje ciudadano.

Se acercó a leer un pasquín pegado en una de las farolas de una calle céntrica.  Se quedó extrañada, cuando leyó lo que en él decía  " Alastair McLaughlin, próximo alcalde de Inverness.  Votad"

¿ Aleck...  mi Aleck se presenta para alcalde ?  No podía creérselo.  No sabía que tuviera inquietudes políticas.  Nadie, ningún compañero en las conversaciones que mantenían sobre el trabajo, le había indicado nada al respecto.

—  Tampoco tiene demasiada importancia, y ellos ignoran mi interés por él.  Es lógico — Pensaba mientras terminaba de leer los datos que reflejaba el anuncio de unas elecciones.

Decidida se acercó hasta el local en donde había instalado las oficinas de la demarcación. No sabía muy bien qué es lo que hacía allí y qué diría si alguien la preguntaba el porqué de su visita. Como así ocurrió

—¡ Adelante, pasa !— la dijo una sonriente chica —¿ Qué te trae por aquí?
— Oh, simplemente curiosidad. Alastair, es mi jefe y no sospechaba que además es político.  Me ha extrañado y he entrado para echar un vistazo
— Pues pasa.  Veo que no eres de aquí
— No, sólo estoy de paso. Vine para estudiar y de momento aquí me quedo— replicó Adela mientras miraba el entorno de la oficina.
— ¿ Quieres colaborar con nosotros?— le dijo la jovencita que la atendía
— Pero yo no puedo votar aquí, soy extranjera
-—Pero si puedes ayudarnos en atender el teléfono, colocar la publicidad, ir a por un café...—la dijo riendo
— Bueno, yo trabajo en el hotel, pero en mis ratos libres, si puedo echaros una mano.   Lo haría encantada
— De acuerdo, pues desde ahora formas parte del equipo. Se lo comunicaré a Aleck.  No creo que tarde mucho en llegar
— ¿ Va a venir ahora?
—Si. Prácticamente, desde que hemos empezado con todo esto, solo  va a su casa para dormir

En ese instante, se abrió la puerta y entró Aleck como un ciclón

— Perdonadme, se que es tarde, pero me he entretenido hablando con una señora que me ha increpado en la calle. He estado explicándole nuestro programa.  No sé si la habré convencido. Yo he hecho todo lo que he podido.  Pero... ¿ Qué haces aquí ?— dijo dirigiéndose a Adela que le miraba sin pestañear.
— Bueno ...Vi el cartel en la farola y entré a ver qué hacíais aquí—dijo Adela con timidez
— Me parece muy bien— contestó él
— Vendrá a ayudarnos en su tiempo libre—replicó la chica que atendía a Adela
— Bien hecho.  Todas las manos  son útiles.  No tenemos mucho dinero para la campaña ¿ sabes ? así que todas las ayudas son bienvenidas.

Adela apenas pronunciaba una palabra.  La energía y seguridad de Aleck le eran desconocidas, bueno en realidad, le era desconocido todo él.  Trabajaría intensamente, con tal de pasar algún rato a su lado.


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miércoles, 22 de marzo de 2017

Nadie hablará de mi cuando ya no esté - Capítulo 4 - Algo de libertad


  Los meses transcurrieron y el final del curso había llegado.  Los padres de Adela habían viajado hasta Escocia, para asistir a la fiesta de vacaciones que el internado había organizado. Las notas de las chicas habían mejorado notablemente, pero ellas no estaban contentas, muy al contrario, les invadía la melancolía por tener que separarse.  Clara regresaría a casa con su familia y Adela haría lo propio.

Al recoger sus enseres, Adela sacó su diario y se dispuso a ver las hojas escritas a lo largo de los días. No contenían nada especial.  Solamente había una frase " Hoy tampoco".  Así hasta el día de la fecha.  Estaba algo desmoralizada.  Le costaba abandonar el colegio ¡ quién lo hubiera dicho !, con la reticencia que tenía cuando la matricularon en él.  Pero eran otros motivos los que le hacían estar pesarosa por la marcha:  no le había vuelto a ver ...    No le había olvidado.

Clara la observaba conocedora de lo que pasaba por su mente.  Se sentó a su lado, en la cama, y pasando un brazo por los hombros de Adela,   apoyo su cabeza en la de la chica, para infundirle el cariñó que sentía

—Adela, hija... no sé qué decirte. Siento tanto lo que te pasa...  Supongo que nos veremos en Madrid. Tienes que esforzarte por olvidarle. No puedes estar así siempre
— Lo sé, lo sé, pero no puedo evitarlo.  Es absurdo, y cincuenta veces me he repetido que soy tonta, pero te aseguro que no se qué hacer para sacarle de mi pensamiento.  No quiero sentirme así de mal, porque además es incomprensible lo que me ocurre, pero esto es lo que hay
—¿ Vas a decirles algo a tus padres?
— No, ni hablar.  Encima me echarían una bronca,  por tonta.  Y no les faltaría razón.  Tengo una idea, pero no se si aceptarán
— Me da miedo pensar lo que vas hacer — dijo Clara con prevención
— Voy a pedirles regresar el año próximo.  Todavía no sé qué excusa poner, pero sería la única oportunidad de verle
— Pero estás loca...  Ese chico tiene una vida propia, y seguro que ni se acuerda de ti. Quizá tenga novia... eso si no está casado.
—Vale, Clara.  No me des tantos ánimos
—Es que es cierto. Tienes que olvidarle, es lo que tienes que hacer
— Está bien. Vale ya de tanto royo— la contestó airadamente
— No te enfades conmigo. Sólo te estoy dando un consejo ¿ vale ?
—Perdona, es que todo esto me tiene desquiciada
— Ya lo he notado. Anda termina de recoger

 Lo tenía todo listo, y después de la fiesta de despedida, se alojaría con sus padres en el hotel en el que siempre paraban cuando iban a visitarla al internado. Regresarían a España dos días después.

Con estas perspectivas, la familia Montoro abandonaba Escocia rumbo a Madrid.  Durante el verano, las amigas se vieron con frecuencia hasta que cada una, con sus familias, tomaron rumbo a las vacaciones estivales.  Se reunieron una tarde para despedirse antes de partir rumbo al descanso

—¿ Has hablado a tus padres de tu problema?
—Aún no.  La verdad es que no se cómo abordar el tema
—¿ Te encuentras mejor?
— No. Sigo pensando lo mismo. Pero no creo que tenga problema y ellos lo aprobarán, aunque claro, no les diré los motivos que tengo.  Sino simplemente que deseo estudiar allí. Cuando haya llegado a Inverness, si lo consigo, veré qué hacer.

Aunque a sus padres les extrañó la decisión de su hija, y de la añoranza que les producía separarse de ella, aceptaron, porque creían que era una buena y responsable decisión.  A la joven, le dolía no ser sincera con ellos y ocultar el verdadero motivo de su insistencia.  Lo único que lamentaba es no contar con  Clara.  La echaría de menos, su compañía, sus sermones y sus consejos, pero no podía hacer nada: sería decisión de ella y de su familia.

Y pasó el verano y a primeros de Septiembre, nuevamente Adela entró por la puerta del internado resuelta a llevar  a buen término el plan que minuciosamente se había trazado, no sin los inconvenientes lógicos de su descabellada idea.  Pero había tomado la decisión de encontrar a Aleck o de olvidarle para siempre, aunque esto último fuera duro de conseguir.  No sabía cómo podría ingeniárselas para tener más libertad y realizar las pesquisas que había ideado, pero eso ya lo iría viendo sobre la marcha.

— El primer paso ya lo he dado.  He conseguido regresar a Escocia.  Tengo que pensar detenidamente, los siguientes a seguir, Y no van a ser fáciles, con esta rigidez. Bueno ya veré cómo me las arreglo.

Pero no se las pudo arreglar.  La disciplina del internado seguía siendo la misma: la rigidez.  No sabía cómo podría llevar a cabo sus planes. El protocolo era el mismo. Las mismas excursiones, a distintos lugares, pero bajo la férrea mirada de la monja de turno.  Nada estaba saliendo como había pensado.
Así se lo contaba a Clara en una de sus cartas

—Para esto no merecía la pena haber mentido a mis padres.  No estoy consiguiendo nada .


Al cabo de unos días, Adela recibió la respuesta de su amiga:

— Mi querida Adela ¡ Estás loca ! ¿ Cómo puedes insistir en lo mismo? Habla con tus padres, cuéntales la verdad.  Seguro que ellos te dan alguna solución.  Dependes de ellos hasta tu mayoría de edad 
—¡ Claro, mi mayoría de edad !  Y será en apenas  un mes. Les diré que deseo trabajar en algo y de este modo tendría más libertad para realizar mis pesquisas.  Pero ...  no va a gustarles que abandone el internado.

No obstante, no desechó la idea, muy al contrario, la fue puliendo para presentarla ante sus padres y sería el día de su cumpleaños, cuando ellos llegasen para pasarlo con ella.  Como es lógico la extrañeza les  dejó petrificados , que no comprendían en absoluto la decisión de su hija, aunque al señor Montoro no le pareció una idea tan descabellada.  Eso haría más responsable a Adela.   A pesar de que había madurado mucho y ya  a no era la niña caprichosa de hacía un año.  Eugenia no estaba contenta y así se lo hizo notar al padre y a la hija.

Los padres hablaron con la superiora y ésta les aconsejó que al menos terminara el curso y a cambio la darían los fines de semana de plena libertad para que buscase trabajo en la ciudad.  Estaba impaciente porque el tiempo pasara veloz, pero se conformó. La alojaron en régimen externo, con lo que debía ir a dormir al internado, pero no la importó,  porque a cambio tendría el sábado y el domingo para investigar.

—Al menos tengo  dos días para mi... ¡libres!.— se dijo

En ese fin de semana puso en práctica su plan.  Podría fácilmente ser intérprete de español para los cientos de turistas que cada año viajaban hasta Inverness.  Dejó el curriculum en varias agencias y en las recepciones de algunos hoteles.  Y comenzó por el que se hospedaban sus padres, que al ser clientes asiduos, tenia muchas posibilidades de conseguirlo.

La tarea estaba resultando más dificultosa de lo previsto.  Había vivido el cuento de la lechera, y la realidad era muy distinta.  Hasta que un fin de semana, mientras pasaba frente al hotel en el que pernoctaban sus padres, le vio entrar.  Con toda la decisión que le daba su aventura, entró tras él con la excusa de comprobar si habían estudiado su solicitud


— ¡ Aleck, vaya sorpresa ! ¿ Qué haces por aquí ?
—Perdona ¿ te conozco ? - respondió él
— Claro, aunque hace tiempo y fue una cosa tan inusitada, que entiendo no me recuerdes. Lago Nessy, una boda, unas chicas de excursión, un empujón, y... voilá
— ¡ Ya me acuerdo ! Estás muy cambiada. Eras más... más ... no se cómo decirte... Pequeña, eso es , eras más infantil
— Ja, ja, ja.  Si era una cría ..., pero ya no
— Ya, ya lo veo. Oye,  te invito a un café
—Acepto encantada.  ¿ Sabes ? me he acordado de aquel día muchas veces " de ti es de quién me he acordado"—se dijo. Fuiste muy amable y simpático
— Entremos en el comedor— y la condujo al comedor del hotel
—¿ Vienes por aquí con frecuencia? Veo que tienes mucha confianza con el conserje
— ¡ Claro ! Este hotel pertenece a mi familia, y vengo de vez en cuando para comprobar que todo está en orden.  Y tú ¿ qué haces por aquí? 
                                                                                     
—Estoy terminando los estudios y quiero quedarme  a vivir . Pero para eso tengo que encontrar un trabajo. Dejé mi solicitud hace unos días y vine hoy a ver si lo han tenido en consideración
— ¿ En qué quieres trabajar?
— Mi idea es de intérprete de español.  Hay muchos turistas españoles y no siempre se entienden con vosotros
—Me parece bien tu idea. Veré qué puedo hacer

Dijo esto último mirando más detenidamente el rostro de la chica que sonreía feliz, aunque estaba muy lejos de imaginar el porqué de la sonrisa que iluminaba su rostro.

—Déjame hacer una llamada, a ver si tienes suerte y lo consigues— dijo Aleck levantándose de su asiento y dirigiéndose a un rincón
—¿ Con quién hablará?— pensó Adela

Aleck volvió a los pocos instantes con una amplia sonrisa en su rostro

— Hecho. Eres intérprete en el hotel. Tendrás que ir con los grupos de excursionistas y estar en Recepción, cuando no tengas viajes. Cuando nos tomemos el café haremos el contrato y fijaremos el salario, horarios,... en fin... lo haremos oficialmente.  Perdona voy un momento a dar orden de que preparen el papeleo.  Ahora vuelvo

Y con paso ligero, Aleck se dirigió a la entrada del hotel y abrió una puerta en la que había un cartel en el que se podía leer " Privado".  No podía creérselo, todo había sido ¡ tan fácil !...


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martes, 21 de marzo de 2017

Nadie hablará de mí cuando ya no esté - Capítulo 3 - El chico de los ojos azules

 Antes de que pudiera darse cuenta, estaban mezclados con el resto de los bailarines

— Yo no se bailar... Yo no se bailar....— le decía muerta de risa
— No importa.  Haz lo que sepas.  El caso es divertirse— la respondió él

Y comenzó a moverse. Sus pasos eran torpes, hasta que comenzó a seguir el ritmo bailando como si fuera una danza gallega.  No es que fuera exactamente igual, pero al menos no permanecía quieta y rígida como un palo.  Al terminar, jadeando por la risa y por lo inesperado del momento, miraba fijamente al chico de los sorprendentes ojos azules

— ¿ De dónde has salido tú ? —la preguntó
— Del internado de las Hermanas del Amparo— respondió Adela
— Ah...¡ Ahora me lo explico! No eres de aquí
— No, claro que no ¿ En qué lo has notado ?— contestó ella riendo
—Ja, ja, ja.  Veo que tienes sentido del humor. Ven,  tienes que beber algo, será un ponche, porque te veo muy joven para beber otra cosa
— No soy tan joven
— ¿ Ah, no ?  Calculo que tendrás como quince años
—¡ Nooo ! Cumpliré diecisiete dentro de dos meses.
— Hum, si ¡ Ya lo creo ! Eres bastante mayor
— Y tú ¿ Cuántos años tienes ?
—Veintiséis.  Todo un anciano
— ¿ Cuál es tu nombre?— le dijo ella
-—Alastair, pero todos me llaman Aleck
— Yo soy Adela
— Mucho gusto, Adela. ¿ De qué parte del globo eres ?
— De España. He nacido en Madrid
— Yo estuve durante un verano allí. En un intercambio de familia.  Me lo pasé estupendamente

En ese momento, Clara llamó su atención, dándole un tirón en el brazo.  Las monjas reclamaban  su 
presencia para regresar al internado




 
— Adela, nos vamos
—¿ Tan pronto ?  Ahora que me lo pasaba genial
— Pues si, ahora  y date prisa que el autocar nos aguarda, y ya está puesto en marcha
— Lo siento Aleck, tengo que irme. Ha sido estupendo. Eres muy amable
— Lo mismo digo, Adela. A ver si nos encontramos otro día
— Hum, lo dudo.  Sólo nos dejan salir los fines de semana... si nos portamos bien. Bueno adiós. Encantada de haberos conocido a todos. 

 Las dos muchachas salieron corriendo para incorporarse a su lugar en el autocar

— Vamos, vamos, señoritas. No se entretengan 

   Aleck salió a la puerta para despedirse de las chicas.  Le resultaban simpáticas y la experiencia le hizo  gracia. Cuando el vehículo tomaba su ruta, él dio media vuelta y volvió a la fiesta.

Las chicas iban calladas,  unas, otras hablaban bajito, pero todas comentaban lo bien que  lo habían pasado en ese primer día de excursión.  Sor Angels sonreía complacida: las chicas se habían portado bien, "repetiremos la experiencia", pensaba mientras se reclinaba en su asiento.  Clara y Adela permanecían en silencio, que fue interrumpido por Clara al cabo de un rato

— Estás muy callada ¿ en qué piensas ?

— ¿ Te has fijado en Aleck?
—  ¿ Quién es ese?— preguntaba Clara intrigada
-—Ay hija, algunas veces pareces boba. Quién va ser, el chico que estaba conmigo.  Tiene los ojos más azules que he visto nunca.  Sólo he visto unos iguales y ha sido en el cine: los de Paul Newman
— ¿ Es cierto ? Habérmelo dicho antes y me hubiera fijado. ¿ Por qué te saco a bailar ?
— No lo sé. Sería por el empujón que le di. Es muy simpático y...  muy guapo—dijo bajito tapándose la boca para que sólo Clara pudiera escucharla.

Y volvieron a guardar silencio. Clara dormitaba, y Adela con los ojos cerrados pensaba en otros muy azules,  y en una sonrisa preciosa. Lamentaba que ya no volvería a verle.  Sólo conocía su nombre y le había visto en una boda ¿ De quién ?.  Ni siquiera eso le había dado tiempo a preguntarle, ni si vivía allí,  o estaba de paso como ella.

— Todo ha sido ¡tan romántico!— pensaba mientras suspiraba bajito.  Intentaba dormirse, al igual que Clara, para ver si en sueños volvía a ver a su desconocido compañero de baile, pero cuando los ojos se rendían , el autocar paró:  habían llegado al internado.

Los siguientes días, transcurrieron con la misma rutina de siempre. Estudiar, estudiar, y estudiar. Deseaba llegase el fin de semana para hablar con sus padres, y por ver si por una casualidad, volvían a llevarlas de excursión.  Sabía que era imposible volviera a cruzarse en su camino el chico de los ojos azules, pero lo que tenía muy claro es que, desde luego, en el colegio no le vería.  Y si. Volvieron a salir, pero no las llevarían a Inverness. Esta vez tocaba la visita  a las cuevas de John O´Groats.

—Seguro que será precioso— comentaba Clara ante la cara de disgusto de Adela—  Hija, ¿ Qué te ha dado?
— No sé Clara, no lo se.. Es una tontería ya se me pasará
— No te habrás enamorado de él ¿ verdad ?.  Eso sólo ocurre en las novelas
—No seas boba, claro que no, pero...  ¡ Fue tan simpático !  No lo vayas a comentar con nadie.  Se reirían de mi
— Naturalmente que no.  Eres mi amiga
— Gracias Clarita.  No me gustaría nada que cuchichearan a mis espaldas.

Y al igual que la semana anterior, regresaron al internado hacia media tarde, pero esta vez,  Adela no iba tan entusiasmada, aunque la redacción que había de hacer,  reflejaría todos los detalles de lo hermoso del paraje, aunque no fuese tan eufórica como la que hizo del Lago Ness.

—Sería impensable que alguna vez nos dejasen ir  nosotras solas a la ciudad, de compras por ejemplo  ¿verdad?—Comentaba Adela a su amiga mientras se desvestían para meterse en la cama
—Ni lo sueñes. Quítate esas ideas de la cabeza.  Mientras estemos aquí iremos con carabina y a donde ellas quieran.  Yo al menos no he ido a ningún sitio por libre en todo el año pasado, y este supongo que será igual. ¿ Por qué lo piensas ?
— Por nada, por nada en concreto.  Porque está muy bien eso de hacer excursiones culturales, pero comerse una hamburguesa o ir algún centro comercial nosotras solas a comprar... ¡ Qué se yo ! Jabones por ejemplo, tampoco estaría mal
—Estás loca —dijo riendo Clara—. A mi no me engañas. Quieres volver a ver al niño de ojos azules

Adela no respondió, lo que hizo pensar a Clara que había dado en el clavo.  Los días transcurrían lentos y monótonos en el internado, y así pasaron los dos meses en que Adela cumpliría los diecisiete años.  Sus padres pasarían esa fiesta familiar con ella, y con un permiso especial de la directora, se desplazaron hasta la ciudad para comer en un restaurante y celebrar el cumpleaños de su hijita en familia.  Por mucho que intercedieron para que Clara les acompañase, la rígida disciplina del colegio, no les concedió ese deseo, por lo que apenada Adela se ausentó de allí durante unas horas. 

Los padres encontraron a su hija, algo cambiada.  A menudo se "ausentaba" de la conversación que mantenían.  La preguntaron miles de cosas, y vieron que se había acostumbrado a aquel lugar y la conversación mantenida con sus profesoras, les habían dejado muy satisfechos.  Ya no era la chica alocada y testaruda de cuando entró. Ahora se había vuelto más responsable, aunque también se distrajera con mayor frecuencia.  Pasearon por el centro de la ciudad y compraron para Adela alguna cosa que la chica les había pedido.

Después de deambular durante un par de horas por las calles, decidieron sentarse en una cafetería y descansar hasta la hora de volverla a dejar en el internado.  Sus padres saldrían al día siguiente en su regreso a Madrid.  Hacía un bonito día con sol.  Se sentaron en una mesa junto a un ventanal.  Detrás de ellos, había un grupo de jóvenes charlando animadamente, todo muy normal.  Nadie les prestaba atención, pero fue cuando uno de ellos pronunció un nombre que hizo que Adela girase la cabeza en esa dirección


— Eh, Aleck, pide otra para mi también

Y de nuevo se topó con el chico de los ojos azules.  Su corazón la dio un vuelco de alegría, pero sólo la duró unos segundos, cuando  vio  que él acariciaba una mano femenina.

— Hija ¿ qué te ocurre — la preguntó preocupada Eugenia al observar que se había puesto pálida
— Nada mamá, no me pasa nada. ¿ Me perdonáis? He de saludar a alguien

Armándose de valor, decidió que era ahora o nunca, al tiempo que se preguntaba por qué lo hacía. A buen seguro que él ni siquiera se acordaría de ella.  Se levantó de su sitio y lentamente se dirigió hacia la mesa ocupada por Aleck y sus amigos
— Buenas tardes, Alastair— dijo entrecortadamente
— ¿ Quién eres tu ?—respondió él
—   Hace tiempo que nos vimos en el Lago, en una boda.  Yo te di un empujón y....
— ¡ Claro ! ya me acuerdo ¿ Cómo estás ? ¿ Ya no estás en el internado ?
— Si, pero es que hoy es mi cumpleaños y estoy con mis padres.  He escuchado que alguien llamaba a Aleck, y entonces he mirado y te he visto.  Aquel día fuiste muy amable conmigo, y creía que debía saludarte.  Pero no os interrumpo más
—Espera no te vayas, voy a presentarte a mis amigos

Uno tras otro fue diciendo los nombres de los chicos y las chicas que le acompañaban, pero ella no le escuchaba.  Una casualidad había propiciado ese encuentro, pero sabía que difícilmente volvería a darse otra oportunidad.  Miraba  a cada uno de los que eran presentados, pero instintivamente ella volvía sus ojos hacia Aleck y a la muchacha que le acompañaba.  Una vez fue presentada, se despidió de ellos y se alejó para reunirse con sus padres, seguida por la mirada de Aleck, que con una sonrisa relató a sus amigos la anécdota que propició su primer encuentro.

Aquella noche, de regreso en el internado, escribió en su diario, no sólo la visita de sus padres, sino el encuentro inesperado con el chico de los ojos azules.  Hizo una observación sobre  cómo se había sentido al verle sonriendo y acariciando a una de las chicas que le acompañaban junto con sus amigos.

  " Quizá sea su novia ", escribía mientras un nudo se le hacía en la garganta.  No tenía sentido lo que la ocurría sólo le había visto en dos ocasiones ¿ Qué era lo que le estaba pasando?.  Había transcurrido mucho tiempo desde que le viera por vez primera, pero no le había olvidado.  Ese pensamiento la tenía confundida  ¿sería amor? " Imposible, eso no pasa, no puede pasarme a mi"  Pero una duda se abría paso en su cabeza ¿ qué podía hacer ? No se sentía bien con ese sentimiento, que desde ya, tenía que desterrar de su vida.  Era una locura y un imposible.


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lunes, 20 de marzo de 2017

Nadie hablará de mí cuando ya no esté - Capítulo 2 - El clan McLaughlin

Ya había transcurrido un mes desde que se iniciaran las clases en el internado.  Adela se había resignado a su destino, pero no podía evitar que una profunda añoranza la invadiera, máxime en un día como el que había amanecido:  gris, nublado y con perspectivas de lluvia, de un momento a otro.  El Otoño se anunciaba pronto.  ¡ Qué distinto al clima de España, en que esa estación era una de las más hermosas!   Dio un suspiro y siguió aguardando a que Clara terminara de arreglarse, para que juntas, acudieran al comedor para desayunar.

— Vamos, Clara, se nos va hacer tarde. Anda, mujer, date prisa
— Ya voy, ya voy

Acelerando el paso, recorrieron el pasillo y bajaron las escaleras que les llevaba directamente al comedor, en donde la mayoría de las alumnas, vigiladas por una monja, se disponían a tomar la primera comida del día.  Reinaba un silencio absoluto, mientras otra sor leía a los clásicos ingleses

— Qué divertido — gruñó Adela — La mejor manera de empezar un lunes...
— ¿ No te gustan los lunes? —la preguntó Clara
— Los odio con toda mi alma— respondió
— Schsss, señoritas.  Silencio por favor — dijo la monja que leía

De clase en clase transcurrió la mañana, y por la tarde más de lo mismo.  Al finalizar su jornada, la biblioteca para hacer los deberes, si es que los tenían.  Así un día y otro, hasta llegar al fin de semana en que podrían hablar con sus padres, si acaso  no podían ir personalmente para estar con sus hijas.

En el locutorio, tenían que aguardar su turno, pues debido a lo cercano del comienzo del curso, pocos padres se trasladaban hasta el colegio, siendo la mayoría de lugares lejanos, cuando no del extranjero,  como ocurría con los padres de Adela. Una emocionada Eugenia y,  una llorosa Adela, mantenían una conversación llena de preguntas por parte de la madre , y de quejas, por parte de Adela

— Mamá, te echo de menos. Esto es aburridísimo.  No podemos ni respirar.  Nos han dicho que si nos portamos bien, quizá nos lleven de excursión algún fin de semana
— Bueno, hija. Ten paciencia, llevas poco tiempo. Verás que todo se te hará más fácil dentro de poco . Oye, te paso a papa. Le tengo aquí a mi lado
—Adela, mi niña ¿ cómo estás ?
— Oh, papá.... 

 No pudo seguir hablando, porque la emoción hizo que brotasen las primeras lágrimas.
No me puedo creer que me hayáis hecho esta faena.  Es como estar en la cárcel
— Ja, ja, ja,—rió el padre— ¡ No será para tanto ! Creo que podremos ir a verte a mediados de este mes

No tenían mucho tiempo, ya que aguardaban más chicas para hacerlo con sus respectivos familiares.  Después de hablar con sus familias, las dos amigas se reunieron y saliendo al jardín, comentaban la novedad de haber podido hablar con sus seres queridos, que para ellas fue todo un lujo. 

La rebeldía de las muchachas se iba doblegando, es decir se iban acostumbrando a la rigidez de la disciplina, y por ello el sábado las llevarían de excursión a la vecina Inverness, y podrían observar a ver si con suerte vieran  al monstruo del lago.  Pero claro, tenían una contraprestación:  deberían hacer una redacción contando la impresión que les produciría aquel singular y hermosísimo paraje.




No hizo falta poner el despertador.  Era la primera excursión  que tenían desde que llegaron al internado.  Las chicas nerviosas reían y charlaban todas a un mismo tiempo, mientras aguardaban en fila esperando la llegada del autocar.  Todas uniformadas, parecían más jóvenes de lo que eran en realidad.  El uniforme era algo que atormentaba especialmente a Adela.  Echaba de menos sus vaqueros y sus camisetas, sus deportivas..., en definitiva su ropa informal.  Odiaba principalmente a la ridícula corbata que cerraba el cuello de la camisa que debían vestir.  Le parecía anacrónico, que en pleno siglo XXI, cuando todo el mundo busca la igualdad, ellas tuvieran que llevar un ridículo uniforme, pero claro,  la rigidez británica no era igual que el pensamiento más abierto de los europeos latinos. Fueron subiendo  y acomodándose en los asientos.  Nuestras chicas se miraban nerviosas y se tomaban de las manos fuertemente mientras reían para contener la emoción que sentían


— ¿ Veremos a Nessy ? — preguntaba Adela
— ¡ Pero si es mentira ! No existe — le respondía Clara asombrada de que su amiga creyera en la leyenda
— Pues a mi me gusta. ¡Es tan romántico !
— Adela, evoluciona- la repetía su amiga
º
Al poco rato, a la revuelta de un camino, llegaron a Inverness, y al cabo de unos minutos más, se encontraron frente al Lago Ness.  Todas inmortalizaron la belleza del paisaje en sus cámaras fotográficas.  Adela a pesar de llevar la suya, se quedaba extasiada ante el paisaje.  Revivía en su cabeza las historias leídas en las novelas juveniles, y le daba la impresión de que en algún recodo del camino aparecería el joven protagonista de alguna historia.  . Lo retendría todo en su memoria, pero no se perdería el hechizo de aquel lugar mágico, buscando con la mirada la superficie del agua, intentando, quizá, ver a Nessy
 Para la comida, habían contratado el almuerzo en un restaurante a pocos metros del Lago.  Todas estaban hambrientas.  En uno de los salones contiguo al que ellas ocuparon, se estaba celebrando una boda, y la música llenaba el ambiente, para regocijo de las chicas.  Una vez terminaron el almuerzo, solicitaron de las monjas que las acompañaban, permiso para asomarse al salón y ver cómo era la celebración, ya que la mayoría de ellas eran de fuera de Escocia

— Bien, asomaros pero con formalidad. No metáis ruido, no hagáis nada que pueda molestar a las personas que celebran el enlace

Para no abarcar mucho espacio, las chicas se amontonaban unas encima de las otras, metiendo la cabeza para poder ver mejor.  Adela lo veía todo deslumbrada.  Los novios bailaban sin cesar reflejando la felicidad que sentían.  Todos iban vestidos con el traje típico escocés, suponía que era el correspondiente a su clan, puesto que en los hombres, las faldas eran de los mismos colores: rojo, negro y verde, y ellas una banda de la misma tela, pero también había otro grupo con colores diferentes y supusieron que serían amigos, aunque de otro clan.    Todo era muy colorido y romántico. Era increíble.  
Prometieron ser formales y entreabrieron la puerta del salón para poder verlo mejor.  Unos danzarines bailaban al compás de unas gaitas, mientras que los asistentes aplaudían gozosos marcando el compás de la música.

Cuando se giró, sin querer, otra chica la dio un ligero empujón, pero al pillarla desprevenida, fue a parar a la espalda de uno de los invitados.  Este con sorpresa, giró también su cabeza para averiguar lo ocurrido, y entonces ...le vio

— No se preocupe, no tiene importancia ¿ Quiere bailar? está a punto de concluir la danza, y me toca a mi ¿ Me acompaña ?
—¡ Dios mío ! — decía para sus adentros— tiene los ojos más azules que he visto nunca... Lo siento, lo siento mucho.  Ha sido sin querer—se disculpó

Uno de los invitados se dio cuenta de que las chicas estaban observando, y se dirigió hacia ellas para que también participasen de la fiesta.   Se les iban los ojos detrás de los bailarines,  y los pies, sin darse cuenta,  llevaban el compás.  Para Adela, aquello era todo un descubrimiento.  Dio media vuelta y se dirigió a una de las monjas para pedirla permiso y participar de la amable invitación que las habían hecho

—Sor Angels, por favor... Han sido muy amables en invitarnos y para mi es algo totalmente nuevo
— Si me dais vuestra palabra de que os vais a comportar como Dios manda, y que en cuanto tengamos que irnos, no rechistaréis— advirtió a Adela
— Lo prometo, lo prometo
—Bueno, pues id y dad las gracias por su amabilidad

Corriendo llegó al grupo de chicas y les anunció que tenían el permiso de sor Angels para mezclarse en la boda.  Aplaudían locas de contentas, y como una tromba entraron en el salón.  El amable invitado las condujo hacia una esquina para que pudieran presenciar sin dificultad las danzas y las invitó a que ellas también bailasen junto con los jóvenes que intervenían en ese momento.  Daban saltitos de alegría y aplaudían deseando que terminase la pieza para incorporarse a la danza

— Clara ¿ tú sabes bailar esto ?— dijo Adela a su amiga
— Muy poquito.  Yo ya he tenido ocasión de verles.  Recuerda que es mi segundo año de estancia aquí
—Yo no tengo ni idea
—Es muy amable, pero no conozco estos bailes.  No soy de aquí
—Ya, ya lo he notado ¿ De dónde eres?
— Soy española
— Bonito lugar. Bueno ¿ vienes ? 

 La tomó de la mano y la llevó hasta ocupar un lugar entre todos los danzarines.


RESERVADO DERECHOS DE AUTOR < COPYRIGHT
Autora< rosaf9494quer
Edición< Marzo 2017
Ilustraciones< Internet

domingo, 19 de marzo de 2017

Nadie hablará de mi cuando ya no esté - Capítulo 1 - Escocia

El taxi se detuvo frente a la entrada principal del internado. Cuando Eugenia se apeó del vehículo, se quedó algo sobrecogida  ante  la mole arquitectónica y bella  del edificio de piedra que tenían ante si.

— ¡ Ay, Álvaro ! ¿ Qué vamos a hacer ? No imagino a la niña aquí metida ¡Se ve tan severo...!
—Mujer, es por su bien. Aprenderá un correcto inglés y además la enseñarán disciplina, que buena falta le hace. Además, ella se lo ha buscado. Le avisamos en repetidas ocasiones y no ha hecho caso, No podíamos hacer otra cosa, compréndelo.
— Pero es tan... lóbrego...
—Venga, vamos a entrar. Nos están esperando.

La monja que les franqueó la entrada, les condujo hasta el despacho de la Rectoría.  Allí les aguardaba  la madre  superiora, sor Consolation. Una monja de aspecto severo que rondaba los sesenta años.  Era alta, pero a pesar de su  rigidez, esbozó una sonrisa mientras estrechaba  las manos del matrimonio.

La conversación se desarrolló, en un principio  alabando la formación que se dispensa en el internado y los buenos resultados obtenidos en las jovencitas que, como Adela, son rebeldes en principio, pero que transcurridos unos días son más dóciles.  Poco más de una hora permanecieron en el despacho de la superiora ultimando los detalles del traslado de la muchacha

— Bien entonces les esperamos el 5 de Septiembre. El curso no comienza hasta el día 7, pero es bueno que  empiecen  un par de días antes de iniciar sus estudios, para ir conociendo las instalaciones y a sus  compañeras.
—Muy bien, sor Consolation. Estaremos aquí puntualmente. Buenos días —  dijo Álvaro, al tiempo que volvía a estrechar la mano de la sor. Caminaron hasta el pueblo cercano al internado, Iban en silencio y cada uno de ellos pensaba si estaban acertados en dejar  a su hija en ese colegio, tan lejos de casa.


— Álvaro ¿ No estamos siendo demasiado severos con ella?—susurraba Eugenia con alguna duda
-—No, no te preocupes. Estará extraña durante unos días, pero luego se acostumbrará.  Tendrá amigas y al cabo de poco tiempo estará encantada de la vida

Álvaro expresó su pensamiento para tranquilizar a su mujer, pero dudaba que eso fuera posible.  Conocía el carácter vivaracho y rebelde de su hija, y creía que le costaría aclimatarse a la rigidez del carácter anglosajón. 
 Descansaron ese día en un pequeño hotel familiar   y, al día siguiente,  saldrían rumbo a casa nuevamente, desde el aeropuerto de la cercana Inverness según les informaron en el hotel.  No tendrían que desplazarse hasta Edimburgo para ello, como hicieron cuando llegaron.  Se levantaron pronto en un día lluvioso, lo que hizo que Eugenia se lamentara por ello

—¡ Dios mío...!
—¿Qué te ocurre? — la preguntó su marido
—Está lloviendo. ¡ Qué día tan triste !
— Aquí no tienen el sol que tenemos nosotros, nena. Se tendrá que acostumbrar al clima. ¿ Por qué crees que está todo tan verde?  Porque llueve y no hace el sol tan fuerte que tenemos en España

 Esbozaba una sonrisa  para restar importancia al clima.

Cuando entraron nuevamente en su domicilio de Madrid, Adela les recibió con cara de pocos amigos.  Sabía a qué obedecía ese desplazamiento y,  a pesar de sus muchas protestas, no había conseguido disuadir a sus padres de suspenderlo.  La hicieron sentarse en la sala, frente a ellos y la expusieron todo lo que habían hablado con la superiora.  A medida que transcurría la conversación, la cara de la jovencita se iba contrayendo más.  Sabía que no había marcha atrás, que su partida sería irremediable después de las vacaciones veraniegas.   Sumida en sus pensamientos apenas escuchaba a su padre lo que la decía.  Sólo sabía que no vería a sus amigas en una larga temporada, que no iría a cines, ni a cafeterías, ni de compras con ellas, en todo un año. Tampoco vería a Víctor, un primo de Clara, su mejor amiga, que la gustaba y, por supuesto, tendría que hablar todo el día en inglés, idioma que no se la daba bien, y ahora odiaba con toda su alma

— Bueno, dame tu opinión — dijo su padre sacándola de su ensimismamiento
— ¿ Qué quieres que te diga ?  Vosotros habéis hecho todo sin mi consentimiento. Sabed que va a ser una tortura y seréis responsables si me enfermo de tristeza
— ¡ Adela !  No digas eso, hija mía -—respondió la madre compungida—  Lo hemos hecho por tu bien, aunque ahora no te des cuenta
— No vais a convencerme, pero ¿ puedo hacer ora cosa ? Desearé con toda mi alma que ese curso pase pronto, cosa que no creo,  porque se me hará interminable. ¡ Oh mamá ! ¿ Qué voy a hacer sin ti ?
— Nena, no digas eso, por favor—lamentaba Eugenia a punto de saltársele las lágrimas.

— Bueno chicas, una vez solucionado lo del colegio, plantearemos nuestras vacaciones, que se acercan rápido—comentó Álvaro

—Yo me quedo en Madrid— dijo enfadada Adela

— Eres una niña consentida y por supuesto que no va a ser así. No hay discusión posible. Vendrás con nosotros te guste o no, es así de sencillo.  Cuando cumplas tu mayoría de edad, podrás hacer lo que quieras, pero ahora...  No hija mía. No.  Caso cerrado —dijo enfadado Álvaro.
—Vosotros lo que queréis es que sea muy desgraciada — dijo llorando la joven
—Seguro. Estás en lo cierto. Es eso lo que queremos— replicó Álvaro enfadado por momentos.


Dando media vuelta, Adela salió de la sala.  Eugenia se echaba las manos a la cabeza y Álvaro tomaba aire para calmar la ira que sentía.  Tenía que luchar con la furia de su hija y con las dudas de la blanda madre, que estaba a punto de ceder.  No lo consentiría.  Adela necesitaba a alguien que la impusiera una disciplina y estaba visto que ellos ya no podían hacerlo.  Sentía que su hija pasase malos ratos por este motivo, pero estaba seguro que en un corto espacio de tiempo, todo se calmaría.

Y se fueron de vacaciones a Cantabria, concretamente a Santander.  Era un lugar fijo en sus escapadas, aunque algunas veces se acercaban a Donostia.  En ambas ciudades tenían amistades hechas a lo largo del tiempo.  Y así como los padres eran amigos, también los hijos lo eran.

— Al menos tendré a mis amigos —pensaba la inconformista Adela— Sólo espero que el tiempo nos acompañe.

Pasaron la mayor parte del mes de Agosto en el norte de España.
 Álvaro, reservó unos días de vacaciones para ir a Escocia y hacer turismo hasta la fecha en que su hija quedara interna en el colegio.  Recalaron en Edimburgo y, en el hotel,  les dieron información de los lugares más turísticos que debían visitar.  Adela tenía permanentemente el ceño fruncido.  No es que no le gustase Escocia, es que cada día la acercaba más al internado.

Visitaron las Islas Orcadas, las de Skye, el  Reino  Fife, etcétera. Recorrieron  Edimburgo de arriba  abajo,  pero  poco a poco, se acercaba el día cinco.




 Esa noche no pudieron dormir ninguno de los tres, aunque por distintos motivos.  Los padres luchaban con la ausencia de su hija durante tanto tiempo y, ella, porque no deseaba quedarse en el internado.  Pero la cita era inexorable y cuando quiso recordar, se encontró sentada en el despacho de la madre superiora, sor Consolation.  El corazón se le encogía por momentos y las lágrimas pugnaban por salir de sus ojos e hizo esfuerzos sobrehumanos, por no angustiar más a su madre.

Y llegó el momento de la despedida.  Se fundieron en un abrazo madre e hija y, aunque muy emocionado, Álvaro, procuró tener entereza para no angustiar más a sus mujeres.  Acompañada de sor Angels, Adela fue conducida hasta su aposento que debía compartir con otra chica, algo mayor, y de nacionalidad española,  como ella.  Clara era su nombre y la presentación entre ellas, fue cordial. Echó un vistazo por la austera habitación, pero cómoda, en la que permanecería todo un curso.

Ambas muchachas, después de preguntarse de dónde procedían, Clara la informó que ella era el segundo año que permanecía internada en ese colegio

— Al principio es un poco duro, hasta que te acostumbras, pero después... se hace más llevadero.  Si nos toca sor Angels, todo irá mejor.  Es más joven que sor Josephine.  Esa si que es un hueso duro de roer— dijo Clara sonriendo—.  Los fines de semana, el sábado concretamente, nos dejan salir  a Inverness, que está cerquita de aquí.  Nos llevan en autocar y después nos recogen. Tenemos que estar a la hora en punto, porque de lo contrario te cae un castigo y se te acaban las salidas por un tiempo
—Yo creo que no lo voy a soportar— decía Adela
—Verás que si, te acostumbras, porque además ¿ qué más puedes hacer?  Mi madre murió cuando yo tenía cinco años, y mi padre se casó con Marisa.  No me soporta y yo a ella tampoco.  Así que lo mejor era mandarme lejos para no estorbar.  Tengo un hermano pequeño al que adoro, pero que nunca le traen cuando vienen a verme:  " Es por el viaje, es por el viaje.  Todavía es pequeño".  Es lo que dice mi madrastra— dijo Clara mientras imitaba la voz de Marisa, y ambas jóvenes rompieron a reír.

Cuando  a las ocho de la noche apagaron las luces para dormir, Adela pensó  que había tenido mucha  suerte con  la compañera que le había tocado. Era dulce y sería quién mejor podría orientarla de las costumbres que había de seguir, para no meter la pata y llevarse una regañina.

                                            

  


RESERVADO DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora< rosaf9494quer
Edición< Marzo 2017
Ilustraciones< Internet

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