miércoles, 15 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 17 - Los recuerdos de Lua

James  volvió a su lectura en el apartado  que hacía referencia a Lúa.  Eran relatos sueltos, sin  ser la misma mano, pero si la interesada  quién  los dictara.  Eran sus vivencias, lo que ella sentía, lo que albergaba en su corazón ante la ausencia de Kendrick.  Posiblemente ella no supiera escribir muy bien, y fuera  alguien de su confianza quien lo hiciera.

— Tu ausencia me entristece, mi amor.  Te echo tanto de menos que  no puedo ni tan siquiera respirar. Nuestros hijos corren felices por el castillo y yo me pregunto lo que puedes hacer lejos de casa, lejos de nosotros. Maldigo las guerras que nos alejan, acechando el peligro. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de cuánto te necesito, de que tu amor es mi alimento espiritual, y deseo tenerte de nuevo de regreso, pero en cambio estás prisionero acusado de no se sabe qué delito, sólo porque creíste que tu causa era justa y que no habría ofensa para nadie por querer ser libre.  Pero ahora  ambos estamos prisioneros y lo peor de todo es que no sé cuándo voy a volver a verte, y ni siquiera si recibirás esta carta mía.  Mi salud se resiente y temo no volver a verte nunca más.  Y es lo que me mata, el no tener tus caricias, tus besos, tu amor.   Nada hay que me compense de tu falta, y siento como la tristeza se adueña de mi espíritu y no estás aquí para acogerme entre tus brazos fuertes y seguros que me cobijen...




Apartado Lúa Breogán llegada de Iberia y casada con Kendrick del clan MacDonald de Wester Ross

— La noche en que nuestros cuerpos fueron uno solo creí tocar el cielo con las manos.  Nadie me había hablado de la noche de bodas, ni siquiera mi madre.  Al partir rumbo a Escocia, me habló de la forma de comportarme como esposa. A mi juventud se unía la falta de experiencia y el temor a la aventura que iba a emprender, sólo con la compañía de mi buena Aroa y su marido. En mi mente casi de niña, se albergaba el temor ante lo desconocido y la fantasía de las historias que la abuela me contaba a la luz de la lumbre, del hogar de la casa en A Guarda.

—Padre hacía poco que había sido liberado de una de las muchas guerras en las que andaba ocupado, y que desconozco en tiempo y nombre.  Una mañana, me hizo sentar frente a él y junto a mi madre, me explicaron que ya tenía edad de casarme, y que para ello habría de viajar hasta las tierras verdes del otro lado del mar y que nuestro rey Breogán  había pronosticado que encontraríamos.  Al principio lo tomé como una aventura maravillosa que me haría surcar la mar embravecida y llegar a unas tierras verdes y hermosas, en donde me aguardaba impaciente un fornido muchacho . Pero al mismo tiempo, mis primas, al conocer la noticia, me fueron informando de lo que ocurriría la primera noche de casada, y en mi imaginación fantasiosa, no entraba ese planteamiento que ellas hacían.  No podía ser de esa forma.  Todo, según pensaba era más romántico y más inocente.  Desconocía entonces que el destino de las mujeres era estar casadas, a disposición de sus maridos cada vez que fueran requeridas, quisieran o no: era su obligación.

—Pero yo me resistía a pensar que fuera todo tan brusco, y lo desechaba de mi cabeza. Y tomamos un barco, y la travesía fue horrible porque la mar estaba furiosa y mi estómago fuera de su sitio.  Pero una mañana avistamos unas montañas de un verdor parecido al de Galicia,  y cuando pusimos pie  en tierra, vimos que sus gentes no eran igual a nosotros, y que tenían una forma extraña de hablar.  Que de sus cabellos salían llamaradas de fuego, lo que hacía que su pelo fuera permanentemente rojo, al igual que sus barbas pobladas y espesas.

—No sé el tiempo que tardamos en llegar a lo que suponíamos era la mitad del camino, o quizá algo más. Una noche, al amor de una hoguera, en el campo, nos vimos sorprendidos por unos desarrapados que nos atacaron hiriendo de muerte al marido de Aroa y a nosotras a punto de violarnos.  —Quizá fuese Santiago quién nos libró de aquellos malhechores con tu presencia, amado mío.  Y luchaste contra ellos, protegiendo con tu cuerpo el mío de niña. Me pareciste el hombre más grande del mundo, no sólo por tu acción, sino por tu tamaño. ¡Eras un gigante ! Aún más grande ante mis ojos.

—Comenzaste a hablar en aquella lengua desconocida para mi, pero por tu entonación, parecía que estabas enfadado y me regañabas no sabía de qué.  La angustia , el miedo y al vernos solas, no pude evitarlo y rompí a llorar. Tú pusiste tu enorme mano sobre mi cabeza y al poco ya me había calmado.
Anduvimos por aquellos bosques dos o tres días, no sé muy bien, porque llegué a perder la noción del tiempo, pero estaba tranquila.  Sabía que nada malo podría pasarnos si tu estabas conmigo.  Te preguntaba dónde estábamos, pero todo lo que podía hacer era mirarte porque no entendía tus palabras, pero tus ojos eran tiernos y no estaban enfadados como el primer día.



—Estaba sucia y olía mal por la cantidad de días sin asearnos que llevábamos. Instalamos nuestro campamento a orillas de un inmenso lago, tan grande como el mar en Fisterra, aunque no tan bravo.  Me señalaste con un brazo e indicaste el lago negando con la cabeza ¿ Qué es lo que querías decirme? Te marchaste de nuestro lado, y  pensamos que seguirías tu ruta y el resto habríamos de hacerlo solas. Le dije a Aroa que iba a bañarme, y aunque ella me hacía desistir del empeño, me dirigí hacia el agua que era limpia y cristalina.  Necesitaba bañarme, mi cuerpo lo echaba de menos.  Me desvestí y me adentré en aquellas aguas, heladas, dicho sea de paso.  Estaba sola en el lago, sólo Aroa, avivaba el fuego de la hoguera que  habías encendido para pasar la noche. Sentí frio, mucho frio y decidí salir de allí.  Me arropé con una manta , pero mi cabello estaba empapado. Permanecí en la misma posición  hasta que mi ropa se oreó lo suficiente como para podérmela poner de nuevo.  Nos habíamos quedado sin nada.  Los malhechores nos habían robado todo.

—Al poco rato llegaste  con un conejo muerto colgando de la mano y me dirigiste una mirada que me taladró el cerebro.  Tu gesto no había lugar a dudas: no te había gustado que me bañara.  Después de asar como pudimos la pieza de caza y comerla con gusto, avivamos el fuego y nos acostamos.  Yo entremedias de Aroa y de ti..  Tiritaba de frio, ya que mi cabello estaba muy mojado.  La noche era oscura, fría y húmeda, todos los ingredientes para tener un buen catarro.

Me encogí por ver si mi propio cuerpo tenía calor, pero fue la proximidad del tuyo  y del de Aroa, quienes conseguísteis calmar el espantoso frio que sentía.  De vez en cuando  unas manos fuertes que me frotaban los brazos para que entrase en calor, pero estaba tan cansada y con tanto frio, que no sabía quién lo hacia.  Notaba como entre sueños, que olias mi pelo y esa sensación me gustaba, aunque el roce era tan sutil que lo hacía a penas perceptible.


 A la alborada,  nos despertaste e hiciste que levantáramos el campamento: debíamos proseguir .  Aún estábamos lejos del fin del camino.  Las fuerzas nos faltaban a medida que avanzábamos por el bosque.  Te  apeaste  del caballo y subiendo a Aroa y a mi,  lo hiciste andando agarrando las bridas, hasta que un día después divisamos la silueta de nuestro destino: habíamos llegado a Wester Ross.  A partir de ahí viviríamos nuestra nueva aventura.

No veo la hora de que regreses.  Quiero dejar constancia de todos los sentimientos que albergo desde el principio respecto a ti, esposo mio. La melancolía me puede y la soledad me embarga.  Nuestros hijos te necesitan y yo también. Espero que a tu regreso, todo ésto que cuento, sea en persona quien te lo diga, porque mi amor es tan grande y profundo que no sé de qué otra forma puedo decírtelo.>

 Y Lua dejo constancia de los sentimientos que la embargaban, porque sentía miedo de que Kendrick no llegara a tiempo de verla, y entonces sus hijos se quedarían solos.


martes, 14 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 16 -Kendrick, Alistair, Edwin MacDonald

James se sentó cerca de Marian y Megan, que con expectación, aguardaban a que comenzase el relato de las andanzas de aquellos jóvenes destinados a unir sus vidas, aún sin conocerse:

— Estaba prometido a una mujer que no conocía, hasta que por algo que ocurrió la vi por primera vez, sin saber que en unos días, y no muchos, seríamos declarados marido y mujer. En aquel momento, no podía imaginar lo que el destino me tenía preparado. Todos mis sentidos se pusieron en pie cuando  la vi bañarse en el lago y contemple por vez primera, al completo, el cuerpo desnudo de una mujer.  pero no fue sólo  su desnudez lo que me impactó, y que hasta ese momento, nunca antes había podido contemplar, porque siempre, aún los casados, cubrían sus cuerpos con amplias camisas. ¿ De dónde venía esa extranjera?  El extraño color de su cabello, me llamó la atención.  Era distinto al nuestro: de color castaño, con reflejos dorados al darle el sol.  De ojos oscuros, entre marrones y color miel verdoso. Nosotros azules y grises. ¿ De qué raza sería ?  Todo ello lo averigüe unos días después, cuando al final de nuestro viaje, supe, de labios de mi padre, que aquella compañera de viaje a la que rescaté de unos bandidos, era la mujer a la que me habían prometido.


—Sonreí al saberlo.  Al menos era una moza bella de armoniosas formas, que conocí una noche.  Ella bajaba la vista en mi presencia y un leve rubor cubría sus mejillas.  Sin duda, ambos recordábamos la noche, en que para darle calor, dormimos juntos, sin apenas rozarnos y con la presencia de Aroa. En los días siguientes, no nos vimos, a pesar de la ansiedad que sentía por hacerlo, aunque fuera de lejos.  Era como si me hubiese hechizado, no dejaba de pensar en ella y en el día de mi boda, más bien en la noche de bodas. La deseaba ardientemente.  Quería amarla hasta la extenuación y quería que ella sintiera lo mismo por mi. Nos veríamos ante el altar.  Ni siquiera pudimos hablar ya que ella tenía un acento extraño para mi, y el mío también lo era para ella. Sólo me consolaba de mi impaciencia el recuerdo de haber dormido junto a ella, aquella noche. Veía en mi imaginación,  una y otra vez su imagen, y yo sentía que por momentos mi cuerpo se alteraba.

— Cuando el alba anunciaba su presencia,, recuerdo que  bajé hasta el mismo lago en el que ella se había sumergido horas antes y decidí que tenía que poner remedio a lo que me estaba sucediendo, de lo contrario sería muy complicado realizar la última etapa del viaje, teniéndola cerca de mi. El agua estaba helada, y aunque tiritaba de frio, al mismo tiempo, mi sangre se enfriaba.  Creo que en ese momento me enamore locamente de ella.  No  habíamos cruzado palabra alguna.  No nos entendíamos, pero nuestros ojos si lo  hacían  Evocaba esos recuerdos una y otra vez, incluso cuando estaba con alguna moza despidiéndome de mi soltería poco antes de la boda.

  —Y llegó el día de nuestra unión ante Cristo y los hombres. No había visto mujer alguna tan bella como Lúa.  Parecía más joven de lo que era, casi una niña, emocionada y nerviosa ante mi. ¿ Le daba miedo mi presencia ?  Creo que si, porque su cuerpo menudo y frágil, se perdería entre mis abrazos.  Tenía que ser tierno y paciente.  Si al menos ella sintiera lo mismo que yo, todo sería más fácil.  Pero al no poder expresar nuestros sentimientos, ambos, ignorábamos  lo que pensábamos uno del otro.
 
—Con el anillo en su dedo, como desposada, acariciaba su mano suavemente mirándola de frente.  Ella alzó la vista hacia mi, y una sonrisa a penas perceptible iluminó su cara y mi corazón.  Quizá fueran ilusiones mías y ella sonriera ante lo inevitable, pero no era resignación lo que vi en su mirada, sino ternura.  El corazón parecía desbocado.  Ya era mi esposa, y sólo ansiaba que fuera de noche, que todos se marcharan a sus hogares y quedarme a solas con ella, con mi esposa, con la mujer a la  que un día, antes  pude arrancar de los labios su nombre.  Y esas fueron las primeras palabras que cruzamos entre nosotros.  Por fin, llegó el momento en que quedamos frente a frente, en nuestra habitación y, sin saber muy bien cómo romper el hielo y la timidez de mi esposa .


Al llegar a este punto, James, interrumpió la lectura ante el silencio de las dos mujeres, que creían escuchar el relato de una novela, más que un hecho acaecido hacía tanto tiempo

— ¿ Qué pasa,? ¿Por qué no continúas ? — le interpeló Megan impaciente. 
 James miró a su mujer y sonrió como diciéndola:   "Kendrick sentía  lo mismo que sentí yo al conocerte ". Y algo debió imaginarse Marian, porque con un guiño, sonrió también a su marido. Carraspeó levemente y prosiguió con el relato.  Pero ahora no eran las palabras de Kendrick las reflejadas en el libro, sino lo escrito por quién lo continuara: 

   —Ambos se miraban fijamente  a los ojos. Kendrick acariciaba el rostro dulce, aniñado de Lúa y ella posaba su mano en la mejilla de su marido.  Era de una belleza extraña para aquellas tierras y aquella época. No había conocido a otra mujer igual .  Pensó que eran ilusiones de muchacho que hacía poco había despertado al amor.  Y nuevamente su pensamiento  voló  a  su primera noche en el campo, junto a ella, cerca de ella para infundirle calor en aquella fría madrugada.  No rozó su cuerpo, pero su deseo era grande. 
El destino quiso que Lúa fuese para él, su esposa, y no habría otra mujer en el mundo que destronara  del lugar en que la había situado. Se enamoró de ella, aquella vez en que la socorrió de los asaltantes.

—Sus manos se juntaron levemente y, poco a poco, sus rostros se acercaron hasta que sus labios se unieron por vez primera en un beso profundo .  Ni siquiera ella sabía besar y fue Kendrick quién la instruyó por primera vez. El deseo brotó al instante al contacto de sus bocas, y sus cuerpos se juntaron y fueron uno solo y ambos fueron una explosión de amor y deseo juntos.  Sus jóvenes cuerpos reclamaban su espacio a lo largo de la noche, de su noche de bodas.  Nunca le había imaginado tan apasionado junto a ella.   Ella, pasados los primeros momentos de timidez, se mostró tal cual era, tal cual sentía bajo el influjo de aquel muchacho grande como un armario y cuyo cuerpo sepultaba al otro pequeño y menudo. Y fue entonces, al posar sus manos por primera vez en el pecho de su mujer, cuando se le ocurrió el lema de su señorío: " ni muy grande, ni muy pequeño".  Nunca supo nadie a qué se refería, ni que leyenda era esa.  Sólo pasado el tiempo,  y cuando ambos faltaban, apareció un dibujo, obra del mismo Kendrick con el lema y el por qué del mismo. Era el mismo  que figuraba en su cuadro pintado y que lucía en la galería de retratos, y que cada vez que Lúa lo veía, sonreía a su marido, sabedora sin duda del porqué de aquella frase, que sólo ellos conocían .

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Autora < rosaf9494quer
Edición< Febrero 2017
Ilustraciones< Internet

lunes, 13 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 15 - Depresión

Tras dos días hospitalizada, regresaron a casa. James avisó a su madre, que inmediatamente se desplazó a Wester Ross, para atenderla en lo que pudiera necesitar..  Estaba deprimida, no podía manejarse con las muletas, la escayola le pesaba muchísimo y sentía en el vientre unas terribles agujetas.  Se pasaba la mayor parte del día sentada en una butaca con la pierna en alto y en reposo, ya que si así no lo hiciera se le recargaría tanto, que la escayola del tobillo le dolería, produciéndola alguna herida por el roce.

James la mimaba y se mostraba cordial, pero ella no tenía ganas de nada.  Ni siquiera Megan podía sacarla de su decaimiento.  Una tarde Jimmy recordó lo que le comentó de lo ocurrido mientras aguardaba que se hiciera de día o alguien pasara por allí a rescatarla


- Dime cielo ¿ qué fue exactamente lo que te ocurrió en el castillo
- No quiero hablar de eso. Aún se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo
- ¿ No crees que te vendría bien hablar de ello?  De esta forma entre los dos encontraríamos una explicación razonable.
- Posiblemente estuviera influenciada por las ruinas y por mi situación, porque no fue sólo en el castillo.  Mientras estaba en el árbol, seguía soplando a mi alrededor esa brisa con un olor dulzón, a flores, a jazmín. Estaba lloviendo y los jazmines son en primavera.  No había razón de ser de aquello.  te aseguro que no son invenciones mías.  Pero al mismo tiempo, estaba relajada.  Es como si esa brisa me refrescara en mi angustia. Sólo estaba yo; nadie pasaba por allí, pero me intranquilizaba pasar la noche y tu, que me estarías buscando.  Siempre he sido muy miedosa en el campo, así que  estaba aterrorizada.  Pero hubo un instante, sólo fue un instante, en que todos mis temores se desvanecieron.  Aún no he encontrado explicación para ello.
- ¿ Eres supersticiosa ?
- No mucho, pero soy gallega.  Algo, si .  Quiero indagar en los archivos que tienes.  Algo me dice que debo hacerlo. No sé porqué, no me lo explico, pero siento que averiguaré algo que desconocemos.
- Cuando quieras. Te adelanto, que esos libros están escritos a mano muchos años después de que desaparecieran. Creo que lo hizo alguno de sus hijos.  No estoy muy seguro. Son leyendas que corren por las familias y se transmiten de uno a otro, pero también puede que fueran fantasías que han ido degenerando. Yo te ayudaré y Megan también lo hará; además os servirá de distracción en tu convalecencia.  Pero con una condición no esforzarte.

- Te quiero James - Se lo dijo de improviso, y él se la quedó mirando con la mirada llena de amor y satisfacción. Adoraba a su mujer ¿ Cómo era posible esa conexión entre ellos ?  Si se lo hubieran dicho la primera vez que la vio, no se lo habría creído.
- Cuando estés totalmente recuperada, haremos un viaje a España.  Deseo que me enseñes tu tierra. Los lugares por los que corriste de pequeña.  Que me hables de tu primer amor, de tu adolescencia y de lo que sentiste la primera vez que nos vimos.  Yo he de anunciarte que me dejaste impactado.  Tu cara me recordaba a alguien, pero no terminaba de ubicarte en mi cabeza, hasta que subí contigo a la galería de retratos y entonces me di cuenta, de que eras igual que Lúa, y que te había tratado mal, muy mal.  Fui grosero y antipático, pero algo, interiormente hacia que me comportara así ¿ por qué ? ¿ te rechazaba porque sabía lo importante que ibas a ser para mi, aunque te marcharas en unos días ? No lo sé. Es algo en lo que he pensado cuando no sabía donde localizarte, y créeme, me arrepentí enormemente de mi forma de comportarme.

La besó dulcemente acariciando ese rostro tan querido, pero frunció su entrecejo, al ver que los ojos de Marian se empañaban por el llanto

- ¿ Qué te ocurre ? ¿ Te molesta que te ame ?  Estás muy extraña. ¿ Dónde ha ido la lenguaraz chica que me enamoró?  Me tienes muy preocupado. Siempre estás pensativa y triste.  No creo que sea por la escayola, eso es temporal
- No lo sé, James.  No sé qué me ocurre. Sólo tengo ganas de llorar permanentemente. Estoy bien físicamente, pero dentro de mi..., hay algo que no comprendo, que no es normal. Amo y soy amada por el chico de mi vida.  La relación con Megan es fantástica:  me mima como si fuera una niña pequeña; hasta me dice que soy su niña.  Entonces... ¿ qué me ocurre Jimmy, qué me pasa ?
- No lo sé, pero voy a averiguarlo rápidamente.  No me gusta que estés tan apagada, no hay motivo para ello. No te preocupes, cariño.  Vamos a solucionarlo. Entre los dos sabremos lo que pasa.


Y James consultó con los médicos, y tampoco ellos encontraban explicación para esa depresión tan grande

- Tráela por la consulta.  Le haremos un chequeo. Es posible que esté embarazada y de ahí venga todo- dijo uno de los médicos
- No doctor, no es eso. Tiene la menstruación en la actualidad
- Bien.  Entonces no nos queda otra que hacerle un examen más exhaustivo. ¿ Ha tenido éste episodio alguna vez anterior?
- Que yo sepa no. Todo viene desde la noche que se perdió en el campo. Además dice unas cosas extrañas que le ocurrieron.  Francamente me tiene desconcertado
- Bueno, no adelantemos acontecimientos.  Puede que se deba a que se siente inútil y ella es muy dinámica.  Creo que ahí está la razón.

Pero James sabía que no era eso. No tan intenso y tan seguido. Puede que algún día estuviera molesta, pero no hasta ese punto.  Comenzaba a pensar que lo relatado por su mujer, le había ocurrido de verdad, o también él desvariaba.  Llegó a casa y decidido comenzó a buscar entre sus archivos la época de Lua y Kendrick.  Pensaba que ahí encontraría alguna explicación

- ¡ Por Dios bendito ! ¿ Estoy perdiendo el juicio ? - ,Lo primero que hizo fue ir en busca de Marian, la tomó en brazos, ante el asombro de Megan, y las condujo a la biblioteca. La hizo sentar en un sillón, la colocó la pierna en alto y ordeno a Megan que le acompañara: iba a buscar la raiz de la incertidumbre de su mujer.

Tenía un índice con las fechas y la numeración en cada tomo.  Lo consultó y enseguida encontró el correspondiente a Lua y Kendrick.  Hasta ahí, todo sencillo.  Era un tomo bastante grueso, por lo que decidió tomarlo con calma, y cuando él interrumpiera su lectura, serían Megan y Marian quienes la retomaran, Provisto de un cuaderno, comenzó a tomar notas, nombres, lugares y sucesos acaecidos en aquella época.  Irían despacio, y ella también ayudaría en la ingente tarea a que se había dedicado.  Por fin, el deseo más ferviente de su mujer, sería desvelado.

Ninguno  hablaba, sólo cuando encontraban algo interesante, cambiaban impresiones entre ellos. Nada fuera de lo normal en la lectura.  Era una especie de diario, un relato de lo ya conocido  pero nada importante que reseñar de lo cotidiano de cada día, y entonces James, decidió leer en voz alta el pasaje que comenzaba en su noche de bodas, y que por otra parte, a partir de ahí,  sería lo que Marian conocería  de sus antepasados. Ella levantó la cabeza de lo que estaba anotando y prestó atención a lo que su marido relataba de   lo escrito en el tomo titulado:" Matrimonio de Lua y Kendrick . En el año de Nuestro Señor de 1735, en el mes de Mayo "-


Hubo, durante unos instantes, silencio entre los tres. Sabían que a partir de ahí deberían trasladarse a esa fecha, del siglo XVIII, para conocer ampliamente lo que fuera la vida de ellos. James, miró a Marian, con dulzura:  tenían al alcance de la mano lo que ella tanto deseaba conocer.


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La celta que llegó de lejos - Capítulo 14 - Noche de angustia

Las patrullas se distribuyeron a lo ancho del terreno.  Era una noche infernal.  Pareciera que nunca había llovido como aquella noche.  La desesperación de James llegaba al límite.  Ninguna señal de ella  ¿dónde estaba? ¿ por dónde había ido ?  La llamaban a voces, pero no obtenían respuesta alguna.  No le importó la lluvia, ni el frío, sólo quería encontrarla.  Podría estar herida, o lo que era peor..., pero eso lo desechaba rotundamente de su cabeza. Y seguía llamándola a voces hasta quedar ronco   Nunca antes,  por nadie,  había sentido tanta angustia y desesperación.  Sentía que el corazón se le salía del pecho pensando en el miedo que estaría pasando al verse sola y sin poder hacer nada.  Estaba a punto del llanto al ver que no había respuesta a sus voces.  .  Y de pronto una voz lejana respondió a su llamada

- Gracias Dios mio, al menos está viva.-


Todos corrieron en  dirección a la voz, que era llamada y respondida débilmente, hasta que orientados supieron por dónde habían de ir a buscarla.  Aún tardaron mucho rato en encontrarla, ya que la noche era oscura y las linternas que llevaban sólo iluminaban un radio pequeño de terreno.  James, ansioso, fue el primero que se adelantó y la vio acurrucada contra el árbol, temblando de frío y de miedo.  Palpó .su cara y su cuerpo para averiguar si estaba herida.  Ella tiritaba, temblaba.  Estaba en estado de shock

- Mi vida ¿ estás herida? ¿ qué te ocurre ?  Dime algo por favor
- James.... - Se abrazó a su cuello y rompió a llorar de miedo y de alivio.- Creo que me he roto una pierna. Me caí de la bicicleta y no tenía  el móvil para avisarte.
- Bien, ya estoy aquí. He pasado un miedo terrible, pero estás a salvo y dentro de un momento te atenderá un médico

 Sacando su teléfono avisó a urgencias para que enviaran una ambulancia.y mientras tanto ella fue relatando la odisea y la extrañeza por lo que le había ocurrido desde que estuvo en el castillo.  James despidió a los hombres dándoles las gracias por la ayuda prestada, cuando la ambulancia llegaba a recogerles.  La trasladaron al hospital y apreciaron que efectivamente, la tibia la tenía rota y una herida bastante profunda en la rodilla .  La introdujeron en quirófano para proceder a su reconocimiento y evaluar lo que había que hacer con la pierna rota.  James aguardaría fuera en espera de que los médicos le dieran algún resultado.  Estaba temblando, no por frío, sino por la situación de Marian. Le había contado algo absurdo, producto sin duda, por el estado de ansiedad que tenía. Según ella había tenido una experiencia extraña, pero ¿qué ?

- Ya hablaremos de eso.  Me preocupa su estado de shock. Nunca la he visto en algo así. Creo que desvariaba, producido sin duda por el miedo que ha pasado. Pobre mi pequeña. En ese lugar derruido es fácil imaginar cosas extrañas.  Ambos somos de tierras con tendencia a creer en ... 

Ni siquiera deseaba pronunciarlo.  La puerta del quirófano se abrió dando paso al médico que le traería noticias de ella.


- Bien James. Efectivamente tiene la tibia fracturada y el peroné tocado.  Por lo tanto hay dos opciones: operarla poniéndole una placa o escayolar la pierna desde debajo de la rodilla, hasta la punta de los dedos del pie.  Se pasará una larga temporada sin apoyar el pie en el suelo y con muletas. Le haremos radiografías periódicas. Y ahora serás tu quien nos diga lo que hemos de hacer.  La hemos tenido que poner un sedante para que se tranquilizará.  El shock que padecía era importante.  No sé lo que le habrá pasado mientras estaba sola, pero lo que fuera, le ha impresionado mucho.
- Si decidiera escayola, si no resultara,  siempre tenemos tiempo de la operación ¿ no ?- dijo James
- Si, pero no demorando mucho.  En quince días le haríamos una radiografía, si vemos que el hueso no suelda, entonces no habrá más remedio que operar
- Bien, pues escayola.  .  Me hago responsable de ello.  No me gustan las anestesias
- Te advierto que el colocar el hueso en su sitio será a lo vivo y va a doler bastante
- Lo entiendo, pero evitaremos una anestesia, si es que ello es posible.  ¿ Puedo verla ?
- ¡ Claro ! No te alarmes, te he dicho que la hemos aplicado un sedante, así que es posible que esté medio adormilada.

Estaba deseando verla, aunque ella estuviera dormida, pero la vería. Era tal sentimiento el que experimentaba  que necesitaba ver su rostro, acariciar su mano y su cabeza, infundirle tranquilidad y se lamentaba del terror que hubiera podido sentir. Y estaba sola y él no estaba a su lado para protegerla, para abrazarla y consolarla.  Tendría que hablar muy seriamente con ella, cuando todo haya pasado.  Seguro que no volverá a repetir tal impudencia. ¡ Por Dios santo !  ¡ No conoce el terreno ! ¡ Cómo se le ocurrió amenazando lluvia!  Se sentó a la cabecera de su cama, tomándola de la mano y examinando su rostro como si fuera la primera vez que la viera. ¡ La quería tanto ! La veía tan pequeña, tan menuda e indefensa, que la ternura llegaba hasta su garganta en oleadas, y unas pequeñas lágrimas enturbiaron  su mirada.  Era un hombre hecho y derecho, y sin embargo su mujer le inspiraba unos sentimientos de protección que nunca había experimentado. Y pensó que Lúa inspiró lo mismo a Kendrick. Le vendría de familia seguramente.

Todo en ellos había sido pura casualidad mediando miles de kilómetros de distancia, pero se habían conocido, se amaban y ahora estaban casados ¿ Todo por casualidad? No deseaba seguir pensando en ello.  Marian le había hecho alguna insinuación, pero ahora no era la ocasión de pensarlo.  Ya tendrían tiempo de que le explicase todo lo sucedido, en esa noche de angustia que querría olvidar para siempre.


domingo, 12 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 13 - Meigas

Edwin también salió tras ellos, dolido también por el desaire hecho a Marian.  La apreciaba mucho, pero además era totalmente injusto el rechazo, el comportamiento hacia ella..  Los nervios habían jugado una mala pasada a la joven, que alterada por todos los acontecimientos acaecidos en su vida, habían alterado también su   organismo y a pesar de que sus relaciones sexuales eran totalmente normales,  frecuentes, y   su calendario hormonal perfecto,  no acababan de elegir el día adecuado para la concepción.

No la importaba la vergüenza que la habían hecho pasar, ni la humillación, pero le dolía enormemente, la decepción de su marido, y a pesar de que James dijera que no le importaba liberarse del cargo, sabía lo que anímicamente representaba para él.  Durante años, hasta su muerte, lo había sido su padre, y anterior a éste,  su abuelo, y ahora era su turno.  Pero habían mentes que no eran todo lo legales que parecían a simple vista.  No sabía de quién había partido la idea, pero sabía que Arthur no había sido una buena elección.  No comprendía muy bien porqué, pero su animadversión por él era patente entre todos los miembros de su familia.  No le gustaba la forma en que sonreía cada vez que les miraba.  Era una mirada extraña, y hasta casi diría que lasciva cada vez que veía a Marian..

Y ellos siguieron con su vida adelante, liberados del cargo del señorío. James atendía sus tierras y a los arrendatarios.  Era un patrono considerado y amable que les ayudaba siempre que tuvieran algún problema.  Los fines de semana, lo dedicaba el matrimonio a aprender el gaélico y a montar a caballo, algo que encantaba a Marian.  Megan había regresado a su casa, en Inverness,  pero no tardaría mucho en volver con ellos. Se sentía a gusto y las dos mujeres se hacían mutua compañía, ya que Marian se aburría de tener tantas horas libres.-   Decidió salir a pasear en bicicleta, se acercaría hasta el antiguo castillo de su familia, en donde vio a James por segunda vez,  cuando se conocieron.

Miró al cielo, estaba encapotado, lo que anunciaba lluvia, así que cogió un impermeable y decidió pasar un buen rato explorando.  Miró el reloj y comprobó que aún faltaban dos horas para que llegara James del trabajo.  El reloj, al igual que el tiempo, en Wester Ross, se detenía por completo, y sonrió al pensar en la agitada vida de una gran ciudad en que siempre te faltaba tiempo para todo y siempre llegabas tarde a todo , por mucha anticipación con la que salieras.  Avisó en casa que salía y tranquilamente, enfiló la carretera en dirección al castillo.

Se perdió entre las ruinas imaginando la vida en aquella época y la cantidad de años que tardarían en construirlo. Y de repente, volvió a su memoria  el rostro de Lua pintado en el cuadro de la galería de casa. Cada vez que recorría cualquier estancia, le parecía imposible, que  anduviera ella o cualquiera de sus hijos, correteando por allí y mezclando la lengua materna con la paterna.
—  Si las piedras hablaran ..., suspiró.

  Hizo la intención de revisar los archivos que , guardaba James, pero para ello precisaría su ayuda o la de Megan cuando volviese a Wester Ross. Era algo que tenía pendiente y que le hacía sentir curiosidad por la vida de aquella valiente mujer.  Con la distancia que marca el tiempo y desde la perspectiva del siglo XXI, era muy fácil contemplar aquel viaje, pero había que trasladarse dos o tres siglos antes, para hacerse cargo de las dificultades por las que debió pasar y el acatamiento que tuvo para cumplir con el deseo de su padre, sin saber cómo era su prometido y si llegarían a amarse, o si él ya estaba enamorado de otra persona.  Imaginaba que miles de dudas la acompañarían en ese largo y penoso viaje hasta llegar al día de su enlace, en el que todas las dudas quedaron relegadas, ya que sintieron la mutua atracción.

Imaginaba que al igual que a ella, los primeros meses después de la boda, debieron ser difíciles, y más en aquella época en que preservaban a toda costa su ascendencia , sus costumbres y sus ritos.  Sólo el tiempo puso a cada uno en su lugar, quedando un grato recuerdo de Lua y Kendrick, para las generaciones posteriores.  Deseaba que la conocieran, porque de este modo James no pasaría tan malos ratos como los que estaba pasando.  Era lo que más la importaba, porque el resto, ritos, costumbres y demás,  eran secundarios.   Investigaría en los libros que guardaban archivados en la biblioteca,. Sentía la necesidad imperiosa de terminar lo que empezó en su primer viaje a Escocia.¿ Construía en su cabeza un cuento de hadas protagonizado por su antiguos parientes?  Posiblemente sería fruto de su mente imaginativa, porque debieron pasar muchas penurias, ya que la época que les tocó vivir fue de hambrunas, y peleas no sólo entre los clanes, también con los ingleses.

Constantemente sentía como una corriente de aire suave, que achacó a las ruinas, ya que todo eran huecos por donde el aire circulaba a su antojo.  No le prestó mas atención, pero tanto Escocia como Galicia, sabido es, que son tierra de meigas, algo en lo que ella no creía.- "Rumores de viejos ", se dijo. Pero aquella sensación extraña, lejos de intranquilizarla, la serenaba.  Sin duda convencida por sus propios razonamientos. La brisa suave con olor a flores que percibía, era sencillamente corrientes de aire por los huecos abiertos de las ventanas, y el perfume sería de alguna flor silvestre de los alrededores.

Cuando fue a salir para regresar a casa, comprobó que llovía a mares, se ajustó el impermeable, se subió la capucha del mismo y decidida montó en su bicicleta dispuesta a llegar a casa. ¿ Cómo no se había dado cuenta? La tarde había caído y al estar nublado parecía una hora mas tardía que en lo que en realidad era.  La carretera estaba resbaladiza y decidió entrar más por donde había hierba.  Pero igualmente patinaban las ruedas, y entonces comenzó a ponerse nerviosa.  Miró en sus bolsillos buscando el teléfono móvil, pero lo había olvidado en casa.  Al hacer la maniobra derrapó y cayó rodando por una pequeña cuesta abajo, pero al parar, tropezó con un árbol fracturándose una pierna.  Entonces entró en pánico. Nadie sabía dónde había ido, e inmediatamente pensó en James.

¿ Cómo saldría de allí ? ¿ Cómo había sido tan estúpida al pensar que podría montar con un pavimento como aquél empapado de agua y con tierra arcillosa muy resbaladizo.  Y además sin móvil para avisar.  La entró angustia por el susto que se llevaría su  marido.  Saldrían a buscarla, pero ¿ por dónde ?
La pierna comenzaba a doler y a hincharse.  Ni pensar en ponerse de pie.  Como pudo se levantó sin apoyar la pierna en el suelo, y a pata coja anduvo unos pasos, pero la lluvia arreciaba y en esas condiciones poco podría avanzar. ¿ Qué hacer ?  Se puso a gritar el nombre de su marido como si él pudiera escucharla desde su casa, y comenzó a llorar desorientada.  Se había hecho de noche, y tampoco llevaba linterna. Sólo una persona tan atolondrada como ella, podía haber pensado en salir con el tiempo amenazando lluvia.

Y sin querer, recordó a Lúa y su travesía desde España hasta allí.  La cantidad de dificultades que tuvieron que pasar, hasta que encontraron a Kendrick.  Si ella encontrara a James....Y entonces se dio cuenta de que la brisa suave del castillo seguía acompañándola, y un escalofrío recorrió su espalda.  No sabía muy bien si se debía a que se estaba mojando, o a la presencia extraña de Lúa. No quería pensar en ello.  Su imaginación, una vez más la estaba jugando malas pasadas, pero cada vez su angustia era mayor y su indefensión también

- Jimmy... Jimmy ...

 Sollozaba asustada como una niña.  Estaba perdida.  Le asustaba la oscuridad de la noche y los ruidos de los animalillos del bosque cercano.   Como pudo, y después de mucho trabajo, se pudo resguardar bajo un frondoso árbol.  Al menos allí podría recostarse, ya que el dolor comenzaba a ser insoportable. Sintió que algo viscoso y pegajoso, corría por su pie y dedujo que tendría alguna herida . Palpó como pudo la pernera del pantalón y lo sintió desgarrado, y su miedo comenzó a ser mayor. Más allá de donde estaba había una cabaña de pastoreo, pero imposible llegar hasta ella, así que optó por quedarse bajo el árbol, que tenía la copa tan grande y frondosa, que la cobijaría de la lluvia.  Sería  su cobijo mientras no hubieran rayos. Y comenzó a quedarse algo más relajada, a pesar del pánico que sentía.

James comprobaba su reloj cada minuto, y comenzaba a ponerse nervioso.  Según le habían dicho, su mujer estaría de regreso antes de que él llegara, pero no era así.  Hacía más de una hora que había llegado y comenzó a pensar en algo malo, en algún accidente que pudiera haberla ocurrido.  No podía esperar más. Con unos hombres  que se brindaron a ayudarle, decidió salir en su busca.  Se repartirían el terreno, puesto que nadie sabía la dirección que había tomado.


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sábado, 11 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 12 - Los clanes

Y fiel a su idea, ambas mujeres viajaron hasta Inverness para comprar el ajuar de novia de Marian.  Megan, a pesar de querer disimularlo, estaba contenta y entusiasmada.  Eligieron un vestido maravilloso con el que se veía preciosa.  Hechas las compras, y cansadas de recorrer comercios, decidieron que era una buena idea, la de comer ellas dos en un restaurante.  Marian  no conocía muy bien el lugar, ya que Inverness lo visitó de paso hacia Wester Roos.  Fue Megan la que indicó el lugar y pagó la comida, algo que sorprendió muy gratamente a su nuera.  Marian estaba segura de que llegarían a ser grandes amigas.  Al llegar a casa, escondieron sus compras para que James no viera el vestido antes de la boda y para ello lo guardaron en casa de una de las sirvientas de confianza.  James entró en casa, notó que todo había funcionado según lo previsto y se alegró por ambas mujeres. Quizá fuera culpa suya el haber abandonado a su madre durante tanto tiempo.  Sólo hacía  falta un poco de cariño y complicidad, para que Megan sacara lo que durante tantos años había escondido. La dulzura que siempre guardó para su familia y que perdió al desaparece  Kendrick, su marido.

Durante la cena, , reunidos los tres a la mesa, no paraban de , parlotear las dos mujeres ante un sonriente James que no salía de su asombro, al comprobar que habían conectado perfectamente, algo que vendría bien a Megan y a Marian.  Esta última expuso algo para que dieran su aprobación

-James, Megan me ha ayudado a elegir el traje de novia.  Es una maravilla, pero me gustaría agregarle algo, pero para eso necesito vuestra opinión.  Había pensado llevar una banda con los colores de vuestro clan.  Por casamiento ya pertenezco a él y sería una señal de, que quiero integrarme en vuestras costumbres.  Que seré torpe al principio, porque las desconozco, pero cuento con vuestra ayuda. ¿ Qué os parece ?
- A mi me parece bien - respondió Megan satisfecha
- A mi también si es tu deseo - respondió James
- Cariño, este es también mi país, deseo que me reconozcan así
- ¿ Lo haces para que no te rechacen ? - preguntó Megan
- Espero que no lo hagan, que vean sólo mi voluntad de acatar las costumbres tan desconocidas para mi
- No te preocupes. Les conozco bien.  Al principio les costará un poco, pero después te adorarán.-  dijo James, mirando a su madre, que con una sonrisa estaba de acuerdo con su hijo.

Y llegó el día de la boda. Cuando la vio ante el altar, James se quedó mudo. Había elegido a la mujer más bella del mundo.  Estaba espléndida con su traje de novia y muy emocionada. Se escuchó un leve rumor, al hacer su entrada en la iglesia.  Sin duda les satisfacía el detalle de la banda.  Megan orgullosa de ella, levantó más su cabeza, e  irguió sus hombros desafiante:

- A ver si ahora ponen impedimentos - murmuró para si refiriéndose a los integrantes de algún clan que no estaban conformes con lo que estaban celebrando.

 Como testigo por parte del novio fue Edwin, que nunca hubiera imaginado, que aquella simpática chica que les guió por El Camino, se hubiera convertido en su prima. ¿ Por qué no le comentó nunca nada?  Sus motivos tendría, y esperaba que cuando la viera, pasado un tiempo se lo preguntaría y ella le respondiese.  De lo que no tenía duda, es que ellos se habían conocido y se habían enamorado.  Cómo si no, estarían ahora celebrando su casamiento.  Podría contar con él para lo que necesitase.  Sabía a lo que se enfrentaba.  La mayoría de las gentes que asistían a esa boda, no habían salido de sus territorios, y eran cerradas y hurañas, pero también sabía que cuando la conocieran mejor, la acogerían como a una más de ellos.  Sólo esperaba que no se demoraran en el tiempo. Que tuvieran en cuenta que era una descendiente de aquella gran señora que fue Lua, que se desvivió por mejorar sus vidas, y que tuvo que luchar con la soledad y la incomprensión de aquellos, cuyos descendientes estaban en ese acto que celebraban.  En realidad, casi todos eran descendientes de Kendrick y Lua, por tanto no eran tan ajenos a Marian.

  Y pasaron tres meses del enlace eclesiástico.  Dado que había regresado,  y casado, el clan decidió que tenían que realizar una nueva reunión para  conocer a la señora, más ampliamente, ya que, junto a su marido, representaría al clan. y,  elegir un nuevo señor, si no se cumplían los requisitos establecidos   Todos se sorprendieron al conocer  de quién se trataba, pero .  era extranjera, algo que no gustó a los más antiguos señores del clan, pero cumplía con los requisitos que le habían impuesto, a excepción de uno:   hijos.

Cuando todos hubieron llegado para la reunión, Marian salió de la estancia donde se celebraría, pero James, tomándola de un brazo se lo impidió

- No, Marian.  Tu eres mi esposa, por tanto eres la señora del clan, al menos hasta ver lo que deciden
- Pero ¿ qué hago yo aquí? Pareceré la mujer de Lot convertida en estatua,,  solo que no seré de sal.No hablo ni entiendo vuestro idioma.  Soy totalmente extraña para ellos...
-Eres mi mujer, y estoy dispuesto a renunciar a todo. No deseo continuar como señor, si tu no estás a mi lado. Y hoy se decide; no estoy dispuesto a esperar más.


Y decidieron  que le habían dado demasiado plazo.  Llevaban más que tiempo prudencial para haber engendrado un hijo que asegurase la descendencia del Señor.. Tres meses era poco tiempo, pero para los clanes era demasiado. Y James renunció a sus derechos.  Sería un integrante más del clan, pero nada más.  Megan estaba furiosa, no por que renunciase, sino porque estaban humillando a su nuera; en voz baja murmuraban que "no servía". Y cuando ya habían elegido al nuevo señor, decidió alzar su voz en defensa de esa joven, que erguida presenciaba las discusiones creadas en torno a ellos, en torno a ella, para precisar más.

- Quiero que sepáis que no voy a prestar juramento a  Arthur.  No es que tenga algo en contra de él, no es eso, pero no voy a consentir a nadie que menosprecie a mi nuera.  Es la mujer que ha elegido mi hijo, por tanto mi hija también.  Es buena y cariñosa y está siendo injustamente tratada  e insultándola por no haber concebido un hijo después de tres meses de casada.  Me consta que mi hijo es fértil. Ella no ha tenido un hombre en su vida antes que James, por tanto no lo sé, pero decidme. ¿Y si mañana resultase que está preñada? Ya no sirve dar marcha atrás, pero haced examen de conciencia y acordaos de lo que acabáis de hacer.

James ´tomó del brazo a su mujer y a su madre, y salió airado de la estancia.  No les perdonaría la duda y la humillación pública a la que la habían sometido.  No le costó renunciar al señorío, de hecho estaba dispuesto a ello, pero a Marian, ni tocarla.


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viernes, 10 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 11 - Megan

Cuando Megan abandonó la estancia, James subió hasta el dormitorio donde  Marian descansaba.  La encontró despierta e inquieta. Sabia el motivo; su madre no había estado muy afortunada en el recibimiento que había dispensado a su mujer, dejando bien a las claras que no estaba contenta con ese matrimonio. El se imaginaba algo así, pero no iba a renunciar a ella, porque a su madre no le pareciera bien.  Su preferida hubiera sido Susan.  Se conocían desde pequeños y la tenía aprecio, pero eso no era suficiente para unir sus vidas, por mucho que el clan lo quisiera.  La mujer de su vida, su amor, era aquella celta que ahora reposaba en su cama.

Se tumbó a su lado, y Marian se dio la vuelta.  Se abrazaron, y ella no demostró el disgusto que tenía.  Sabía que él se había dado cuenta de la frialdad con que había sido acogida; esperaba que en días sucesivos cambiase de opinión respecto a ella.  Como para rebajar la tensión y con una sonrisa en los labios, que enmascaraba su pesadumbre, preguntó a su marido


- ¿ Por qué tu madre te llama Kendrick y no James, como todos?
- Kendrick era el nombre de mi padre.  Es una forma de rendirle homenaje.  Verás cielo, te dirá y verás cosas extrañas en su comportamiento, no es por tí, no eres tú quién las provoca.  Mi madre lleva años enfadada con el mundo entero. Mi padre era militar y en unas maniobras volcó el coche en el que iba con  algunos hombres y falleció.  Yo era muy pequeño;  ella tuvo que luchar mucho para sacarme adelante, y hasta que fui mayor para ocupar el puesto del señor del clan, ella  fue quién dirigió todo.  Son costumbres muy arraigadas y ella es muy...  muy escocesa.  Vive siempre de recuerdos y sola en Inverness.  De vez en cuando viene por aquí, pasa unos días y luego regresa a su casa.  No volvió a casarse, pero se le amargó el carácter de tal manera, que ahora vivir con ella es poco menos que un infierno.  No tardará en irse
- No dejes que se vaya. Que viva una temporada con nosotros, que no se sienta tan sola.  Cuando me conozca sabrá que no soy su enemiga, sino que deseo ser como una hija para ella, y se convencerá de que tú eres todo para mi. Además me vendrá bien una ayuda para organizar nuestra segunda boda. Esta será más complicada ¿ invitarás a mucha gente?
-Invitaremos. Lo haremos los dos. Creo que sería buena idea, para limar asperezas, que  hablase con ella y que te ayude con los preparativos. Tendré poco tiempo libre, lo que quiere decir que conmigo puedes contar, pero poco

Abrazó a su mujer y la besó agradecido por esas palabras dedicadas a su madre. Se lo propondría, pero dudaba mucho de que le hiciera caso.  No quería guerras entre ellas y haría todo lo posible porque vivieran en paz, pero tenía muy claro que tampoco iba a rebajar a su mujer ante ella.

 Marian decidió abordar el tema cuanto antes.  Pensaba que debía ser ella quién hablase con su suegra y no  James.  No era cobarde, no le daba miedo, pero aquella actitud tan hostil desde el mismo momento en que supo que se habían casado, la preocupaba y la intimidaba.  Megan era una mujer de fuerte personalidad y de ella venía la de su hijo.

Bajó lentamente las escaleras, y antes de entrar en la sala en donde Megan veía televisión, se santiguó para que todo saliera bien.  No quería enemigos dentro de su propia casa.  No era de temperamento violento, aunque tuviera las ideas claras, prefería ceder en sus derechos, antes que entablar una disputa.  Una vez que regresara a su casa, tiempo tendría de implantar sus propias normas, pero, en estos momentos, era una recién llegada y desconocía las costumbres   Entró y se dirigió a Megan suavemente, pensaba que si el tono de la conversación era tranquilo, por muy fuerte que tuviera el carácter, no se exasperaría con ella.

- Megan ¿ puedo hablar contigo ?- la dijo con una sonrisa, más de tipo nervioso, que de amabilidad
- Siempre podrás hablar conmigo
- Quería pedirte ayuda. Tenemos que celebrar la ceremonia religiosa, y me encuentro perdida. Desconozco vuestra forma de hacer las cosas. No conozco a nadie, ni tampoco el gaélico. Ignoro el tratamiento con los señores de los clanes. No sé sus nombres ni como hacerles llegar la invitación a la boda.  No sé cómo organizar la comida que vendrá después..., en fin: lo ignoro todo.  Puesto que estás pasando unos días con nosotros, quisiera que me ayudaras, y ente las dos prepararlo todo.

Megan se la quedó mirando sin pestañear, pero sin duda le agradaba la petición de Marian, porque al instante, los músculos de su rostro se relajaron. " Bien ", pensó.  Había ganado una batallita, pero todavía quedaba el gran combate.  Se sentía satisfecha, y creyó que había sido una excelente idea incluirla en sus planes de celebración.  Por fin, al cabo de unos instantes, respondió:

- Está bien, te ayudaré. Se trata de mi hijo... y de su esposa. Ya era hora de que en esta casa hubiera una boda. Trazaremos una ruta de trabajo, porque es mucho lo que hay que hacer y ha de hacerse pronto.  Los clanes están inquietos.
- Me parece bien. ¿ Qué tal si cuando regrese Kendrick, entre los tres lo planificamos todo?
- Me parece bien.  Esta noche. Después de cenar.  ¿ Puedo preguntarte algo ?
- ¡ Claro ! todo cuanto quieras
- Tú le llamas James, ¿ Por qué has cambiado de nombre ?

 -Me extrañó que le llamaras Kendrick, se lo pregunté y me dijo el porqué, así que, puesto que también es su nombre, yo también le llamaré así  ¿Te parece ?- Megan no contestó, pero sonrió de medio lado.- No vayas tan aprisa si es que estás tratando de ganarte mi voluntad
-Yo sólo quiero que haya paz  en nuestra casa. Sé lo importante que eres para él, y lo importante que es él para mi.  Quiero que nos llevemos bien, que lo nuestro ha sido por amor, sin más metas que amarnos y ser felices. Tú eres su madre, por eso quiero que entre nosotras reine la armonía y no poner a James, perdón Kendrick, en la cuerda floja, haciéndole tomar partido por una u otra. No deseo que tenga que elegir y andar con pies de plomo para que ninguna de las dos nos demos por aludidas.  Deseo una familia normal, con comprensión, cariño, sinceridad , nada más. Mi familia está lejos. Sólo os tengo a vosotros dos, mi otra familia.  Eso es lo que deseo, y sé que tú también lo quieres. Si alguna vez me equivoco, rectifícame como lo harías con él, como harías si fuera tu hija.
- Está bien. Yo tampoco deseo malas caras.  Estoy de acuerdo y creo que si ambas ponemos de nuestra parte, esto funcionará.  Cuando llegue Kendrick hablaremos de todos los preparativos de la boda. Mañana mismo iremos a Inverness a elegir tu traje.  Quiero que mi nuera deslumbre a todos. Y ahora déjame, que estoy viendo mi programa favorito. ¡ Ah ! y llama a mi hijo como más te guste.  No me molesta que le llames como a su padre.
- Gracias Megan. Creo que vamos a llevarnos muy bien. Te necesito; nunca he llevado una casa de esta categoría y me vendrá bien,  hasta que aprenda, que vivas con nosotros una temporada. Y si, me apetece mucho que mañana vayamos de compras.  Se me ocurre que podríamos comer en Inverness y regresar por la tarde, para cuando James esté por llegar. ¿ Puedo darte un beso?
- ¿ A mi ?
-Es como si se lo diera a mi madre - y aproximándose a Megan, estampó dos besos en sus mejillas, y no pasó desapercibido para ella, la complacencia que su suegra sintió. Era lo que necesitaba esa mujer que en un primer encuentro parecía adusta, pero en realidad lo que la ocurría es que estaba falta de cariño.



Apoyado en la puerta, James observaba con detenimiento la  escena entre las dos mujeres de su vida. Se sentía complacido por la sinceridad y honestidad de su mujer.  No se había equivocado con la elección; era buena por naturaleza, comprensiva y con mucha psicología.  En un momento de charla con su madre, había averiguado lo que necesitaba, algo de lo que él no se había percatado.  Es posible que se sintiera sola y falta de cariño.  Ahora estaba Marian y seguro que ella será un buen antídoto para todas las nostalgias de Megan.


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jueves, 9 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 10 - Desposados

Los días siguientes a la llegada de James a Santiago, fueron frenéticos.  Tuvo que pasar el exámen de los padres de ella. Acudieron al Juzgado para arreglar su enlace. El clan MacDonald al completo, era católico y por tanto, para dar conformidad a todos, se casarían en España por el juzgado, y al llegar a Wester Ros, lo harían por la iglesia.  Todo muy precipitado, pero James no quería regresar solo a Escocia, deseaba llevar a Marian como su legítima esposa, con la aceptación de los padres de ella, no así de la propia Marian, que no le importaba en absoluto llegar al que sería su nuevo país, sin haber contraído nupcias.


Solucionadas todas las discrepancias producidas por la sorpresa de, primero su noviazgo del que nada sabían, y después de la decisión de casarse, llegó el tan ansiado día de su enlace.  A pesar de la rigidez de la ceremonia en el Ayuntamiento, ellos estaban emocionados.  Se miraban y sonreían, y al final, antes de que el concejal de turno les dijera que se besaran, ellos lo hicieron tan ardientemente, que todos los allí presentes irrumpieron con unas risas y aplausos.  Se amaban profundamente, por mentira que pareciera.  Y cierto era, que había antecedentes en la unión de sus antepasados.

Su noche de bodas la tuvieron en el Hostal de los Reyes Católicos, frente a la Catedral.  A solas en su habitación se juraron amor eterno y consumaron su enlace,  en una noche que perduraría en su memoria, pues nunca nadie expresó tan ardientemente esa unión.  Sólo tuvieron cuatro días de luna de miel, pero a ellos no les importaba: estaban juntos y eso precisamente era lo que querían.

James acariciaba las mejillas de su esposa, cuando sentados en el avión iban a despegar rumbo a una nueva vida, sobre todo para ella. La emoción y la incertidumbre la embargaban.  la madre de Jimmy había recibido la noticia de su enlace con escepticismo ante la unión de su hijo con la extranjera.  Eso preocupaba no sólo a James, también a Marian. Se conocerían en ese primer encuentro, pues ni siquiera sabían de su existencia ni una ni otra.  Pero mucho temía, que la iba a recibir de uñas.  Pero ahora no quería pensar en ello. Hacía menos de una semana que ya era señora Glenn, del clan MacDonald.

Como adivinando la inquietud que perturbaba a su mujer, James la miró con ternura, y apretando su mano la dijo quedamente:

- Todo irá bien. No te preocupes.  A primera vista, mi madre, parece una mujer amargada, pero no lo es.  Tuvo que pelear mucho al quedarse viuda, y eso le hace tener un carácter desconfiado, pero cuando te conozca te querrá como a una hija.  Créeme, así será.

Ella no dijo nada, pero el hecho de que nunca la mencionara antes, era señal de que las relaciones entre madre e hijo, no debían ser muy fluidas.  Ya estaban casi llegando,  en poco más de media hora estarían en Edimburgo.  Allí permanecerían  un par de días, gozando de la soledad de estar sólo ellos dos, porque en cuanto llegaran a casa, el día a día se abriría paso en sus vidas, y esa intimidad, desaparecería, hasta que por la noche, a solas en su dormitorio, dieran suelta a toda la pasión que contenían.

Y llegaron a Wester Ross, y nuevamente el paisaje familiar estaba ante sus ojos, como si el tiempo se hubiera detenido en su primer viaje.  Sentía una tensa inquietud ante lo inesperado. ¿ Sería aceptada, o por el contrario la mirarían como a la extranjera que ha conquistado al soltero más codiciado del lugar.  Creía que la muchacha destinada para él, se convertiría en su más feroz enemiga. ¿ Le ocurriría lo mismo a Lua? Seguramente, porque siglos atrás, las gentes eran más cerradas y no admitían a nadie fuera de su círculo, máximo una extranjera que ni siquiera hablaba su idioma.  Lo primero que tenía en mente era ganarse la voluntad de su suegra, y lo segundo que James la enseñara el gaélico.  Con esas dos cosas, creía haber ganado puntos ante los que vivían en Wester Ross. y que habían presionado para casar a Jimmy.


A la puerta de la mansión MacDonald, había una mujer de unos cincuenta años, que aún conservaba la belleza en la madurez, y cuyo rostro era semejante al de su marido, por lo que sacó en conclusión que era su madre.  Tenía el gesto duro, y tras mirarla detenidamente, no le dedicó ni una sonrisa.  Sólo se dirigió a su hijo y le abrazó.  Le dijo algo en gaélico y giró su cabeza en dirección a Marian, por lo que dedujo que James había hecho su presentación. Bien, pues ya estaban las dos frente a frente y, como esperaba, su recibimiento no había sido nada efusivo. Se dirigió a ella tendiéndole la mano, y haciendo ella misma su presentación:

- Me llamo Megan. ¿ Y tú ?
- Yo Marian
- ¡ Marian ! ¿ Qué nombre es ese? ¿ De dónde eres?
- Soy gallega, y es un nombre de aquellas tierras
- Creí que todas os llamabais Carmen
- No, señora, todas no.
- Ya veo.  Bueno entrad y descansad un poco. James tendrás que contarme muchas cosas. Posiblemente a Marian le apetezca tumbarse un poco. Debéis estar muy cansados con tanto ajetreo con la boda.
- No Megan, no estoy cansada
- Kendrick ¿ por qué presiento que va a ser difícil que nosotros dos podamos hablar en privado ? - Lo dijo en gaélico , y Marian se dio cuenta de que sobraba en esa conversación.
- Si Megan, me vendría bien acostarme un rato, gracias.
- Ya sabes cuál es tu cuarto ¿ no ? puesto que no es la primera vez que dormirás en él.

Marian se quedó inmóvil.  Conocía la intención con que lo había dicho. Estaba segura que tendría problemas con esa mujer. ¿ Ignoraba acaso que sólo ella durmió aquella noche  de hospitalidad de James?  Decidió no hacer caso, aunque la dolió la forma de decirlo, y salió en dirección al dormitorio

- Te rogaría que fueras más cortés con ella.Es mi mujer y la debes un respeto.  Así que para que todo vaya bien entre todos, deja de lanzar indirectas, que no merece.  No dormimos juntos aquella vez que le ofrecí nuestra casa, si es a eso a lo que te refieres.
-Si, me refería a eso.  La trajiste a casa sin conocerla y la metiste en tu dormitorio
- Estaba empapada de agua de lluvia, y no,  no me acosté con ella. Algo que por otra parte no te interesa.
-No te preocupes, mañana mismo vuelvo a Inverness.  Allí está mi casa, así que no os estorbaré.- Y dando media vuelta salió de la habitación.  James temía algo así, pero a él no le asustaban sus desafueros, pero Marian no la conocía y sabía que tendrían problemas, así que no la persuadiría de que no se fuera.






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miércoles, 8 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 9 - Un rostro al otro lado

En ese fin de semana sería probable que James estuviera presente en la reunión de primos, tal y como había anunciado Edwin. Comenzó a hacer memoria si en las fotografías aparecía ella, y se dió cuenta de que no, porque ella fue quién las hizo, y respiró tranquila. A estas horas, seguro que no se acordaría , y si así lo hubiera hecho en cualquier momento, seguro que tendría cosas más importantes de las que ocuparse como para pensar en la chica turista que acogió en su casa y remota, muy remota pariente suya.  Le imaginaba casado y posiblemente con algún hijo en camino, ya que la propuesta del clan, así era.  Mejor dejar las cosas como están, y de lo que estaba segura es que tardaría mucho tiempo en volver a Escocia, si es que alguna vez lo hacía, y elegiría una dirección totalmente opuesta a las Highlands.

Y así transcurrió la semana, sin noticias de Edwin y por tanto la curiosidad por conocer el resultado de la reunión, hacía que aumentase su interés por saber cómo fue todo.  No tenía planes para salir. Seguía lloviendo y no le apetecía ir con sus amigas,  ni meterse en un cine.  Se levantaría tarde y después vegetaría todo el día tumbada en un sillón leyendo, y quizá poniendo a limpio los apuntes que había sacado de su paso por los territorios recorridos por Lua.  Era un tema bonito, una bella historia de amor para escribir una novela, pero le faltaban datos.  Al final de la tarde, conectó el ordenador, revisó su correo y vio que tenía un aviso de Edwin en el que decía que conectase.  Justo lo que hacía en ese momento.  No habían pasado ni cinco minutos, cuando el aviso de Skype le anunciaba una conexión.

- ¡ Hola Edwin ! Ya estoy conectada.

Mientras esperaba que él entrase, fue a la cocina a prepararse un café y cuando regresó, se encontró con algo que no esperaba.  Ante la pantalla estaba James, en lugar de Edwin.  El , al verla, parpadeó un par de veces y por fin se decidió a hablar

- ¡ Vaya, si es el familiar de Lua !
-¡ James !... Yo esperaba a Edwin ¿ Qué haces ahí ?
- Pues mira algo muy sencillo.  No soy muy amigo de estos inventos diábolicos, pero mi primo nos habló el otro día de las ventajas que tiene hablar con alguien que está distante y pensé que sería una buena fórmula para tratar de contactar contigo. Me di de alta en Skype y aquí estoy
-Pues ¡ qué bien !
- No parece que te hayas alegrado de verme
- Noo, si, si... Es que me he quedado algo sorprendida.  ¿ Cómo te va todo ?
- Pues qué quieres que te diga... regular.  Me va regular.

- No se ha aclarado tu situación por lo que veo
- Sólo tengo  tregua de un año, así que...Hay dos opciones: casarme con la persona que amo si ella me acepta, o mandarlo todo a paseo y hacer mi vida.  Estoy un poco cansado de que otros hagan y deshagan a su antojo sobre mi vida.  Mi madre me fuerza a que me case, pero yo no quiero a la persona que han elegido.
- Ya veo.  No puedo darte ningún consejo.  Estoy fuera de todas vuestras costumbres.  No las conozco
- Lo sé, lo sé.  Te marchaste de allí como alma que lleva el diablo
- No es eso.  Es que allí no pintaba nada.  Todos me miraban diciéndome sin palabras lo que yo misma me repetía
- Dentro de unos días viajaré a España.  Edwin ha venido encantado.  Deseo verte, así que dame tu dirección

Marian se quedó sin saber qué decir, sencillamente no esperaba volver a verle, pero con el anuncio de esa visita se reabrían heridas que quería cerrar a toda costa.  ¡Su madre vivía!. Nunca lo había mencionado y por lo que parecía ella tenía mucho interés en que conservara su señorío en el clan. Le pareció una idea egoísta el sacrificar la felicidad de su hijo, por conservar unas costumbres en desuso en estos tiempos.  Tenía que reconocer que ese modo de vida estaba a años luz del suyo .  El insistió en que le diera la dirección, cosa que no tuvo más remedio que hacer, pero en justa correspondencia con su hospitalidad, le ofreció el hospedaje en el hostal de su familia.  James aceptó enseguida.


- ¡ Espléndido, así conoceré a tu familia y les pediré tu mano.  Porque sí,   la mujer que amo eres tú.  Contigo es que quiero formar mi familia.  No te lo pude pedir en persona.  Te fuiste sin dejar tu dirección. Todo lo que dejaste es algo de ropa y tu máquina de fotos.  Si no te hubieras marchado tan precipitadamente, esa misma noche te hubiera presentado al clan y ahora quién sabe si ya estaríamos casados.
- Debes haber perdido el juicio. ¿Me has preguntado si   me apetece casarme contigo ?  Que yo recuerde tuvimos nuestros más y nuestros menos
- Pero eso fue el primer día.  Después me hechizaste.  En esa familia tuya debéis tener algun hechizo para conquistar a los hombres de la mía- Y se echó a reír.

Aunque la imagen, a veces, estuviera distorsionada, James no dejaba de mirarla y ella a él ¿ Cómo podía ser posible ? ¿ De verdad le estaba pidiendo en matrimonio ? Y ella necesitó poco para aceptar, porque era  lo que había estado deseando desde que regreso y se moría de nostalgia por su recuerdo  ¿cómo iba a decirle ahora que no ?
- Si, de acuerdo.  Nos casaremos
-¿ Me lo estás diciendo en serio ?
-Nunca he estado más segura de nada como lo estoy de ésto.  Si no hubieras sido tan huraño conmigo, te hubieras dado cuenta de que estaba loquita por tus huesos.

Y siguieron hablando un buen rato más, diciéndose en qué momento ocurrió el milagro en el que ambos se fijaran el uno en el otro.  En que el amor brotara entre ellos sin darse cuenta. En qué momento las dudas que tuvieran cada uno, se disiparon y supieron a ciencia cierta que habían nacido para estar juntos. Y que unirían sus vidas a pesar de todo los inconveniente que pudieran surgir, y que estando juntos sabrían resolver.  James estaría con ella en unos diez días,en que se volverían a ver, pero ahora de diferente forma: estaban prometidos,se habían prometido por Skype, mirándose a los ojos a través de la pantalla de un ordenador

Y llegó el tan ansiado día de la llegada a España. Marian le esperaba en el aeropuerto, y ambos jóvenes, al verse,  se fundieron en un abrazo.  Y por primera vez, Marian, sintió los labios de él sobre los de ella.  Se miraban sin decir nada, embargados por la emoción.  La última vez que se vieron habían discutido y ella se había marchado por sentirse como una intrusa en un ambiente que no era el suyo, pero que al casarse, si lo sería,  y como su esposa tendría que aceptar sus costumbres.  En una palabra dejar de ser una chica gallega, para convertirse en escocesa

Pero todo eso eran pruebas que  superarían.  Estarían juntos, es lo que importaba. Su única preocupación sería al conocer a su madre, y a su regreso,  ser la señora de James, Alexander,Kendrick Mac Donald.  Ella descendiente de Lua, que a su vez lo era de Breogán. ¿ Por qué repasaba mentalmente su linaje? ¿ Se sentía en inferioridad de condiciones? No la importaba, siempre que a Jimmy no le importase.

Y apartó sus pensamientos y correspondió al beso y al abrazo de él, a pesar de  que todo el mundo les mirase sorprendidos de la efusividad de los jóvenes.  Estaban en un aeropuerto, y escenas como esas eran frecuentes, por lo tanto no le importó en absoluto que su novio se mostrase así de cariñoso, porque era lo que sentían al estar juntos, y esta vez para siempre.

RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora< rosaf9494quer
Edición< Febrero 2017
Ilustraciones< Internet

martes, 7 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 8 - El Camino de Santiago

Encontró trabajo en las oficinas de Turismo en el Ayuntamiento de Santiago.  Era año Jacobeo y por tanto los peregrinos llegaban sin cesar hasta la Catedral para sellar la tarjeta que les acreditaba como haber hecho El Camino.  Recibió el encargo de desplazarse hasta Burgos, y allí recoger un grupo de extranjeros que lo harían desde la capital castellana. Era un grupo pequeño de unas ocho personas, pero la habían contratado como guía, porque desconocían la ruta y el idioma, por tanto irían mas seguros si una persona natural del país les guiaba.

Para llegar a tiempo del Jubileo,debían andar de cinco a seis kilómetros diarios, pernoctar donde les pillase la noche y al día siguiente, al alba, seguir la ruta.  Todos los integrantes del grupo eran gente joven de diversas nacionalidades, pero dio la casualidad, que entre ellos había un chico escoces  de Lowlands, simpático y extrovertido que durante todo el camino cantaba baladas acompañándose de una armónica.  Eran diversos los motivos por los que los peregrinos hacían El Camino.  La mayoría de ellos, se buscaban así mismos, otros por alguna promesa, o  por volver a recorrerlo desde otra ruta, y alguno que otro movido por la curiosidad que despierta en las gentes venidas desde cualquier lugar del planeta.

Edwin Cameron, que así se llamaba el chico escocés, era de los que acudían por conocer el paisaje y establecer relaciones  de amistad con otras gentes de distintas latitudes, por tanto, al no tener la motivación que el resto de las personas de su grupo, iba en cabeza al lado de Marian, quién les guiaba.  Tenían charla amigable en voz baja, para no perturbar la concentración del resto del grupo.  Por él supo que  con la ultima rebelión  jacobita, se perdieron muchas costumbres de los clanes, aunque aún perduraba la elección del señor del clan, que se hacía periódicamente.  Para ello debían reunir algunos requisitos, para que esa tradición ancestral no perdiera su fundamento.

Marian omitió su breve amistad con James.  Dedujo que si los clanes se conocían, si no le daba información sobre él, no corría el riesgo de que  supiera de su existencia.  No era amiga de ir contando su vida privada a nadie, ni siquiera  sus amigos más íntimos habían sabido de sus andanzas por Escocia y sus derivaciones.  Y pasaron los días, y al fin llegaron a Santiago, y ante la fachada de la catedral, la emoción les embargo  El órgano retumbando en las naves  y el botafumeiro perfumando de incienso de punta a punta, emocionaba aunque no fueras religioso.  Pero tenían que cubrir la ultima etapa y era ver al Santo y por último sellar su recorrido.

Al terminar todo, decidieron hacerse una fotografía del grupo.  La hizo Marian, pero también ellos la querían integrar, por tanto fue otro peregrino quién hizo varias, en distintas posiciones, y una, a ella sola,  a Marian.  Como despedida comieron todos juntos en un restaurante, y brindaron por su "hazaña" y de lo bien que lo habían pasado bajo la dirección de su guía, dándole todas las explicaciones cada vez que entraban en algún lugar de la ruta.  Se despidieron allí.  Al día siguiente tomarían un avión y cada uno de ellos llegaría a su destino.  Al cabo de tantos días de convivencia, Marian les echaría de menos, pero eso ya lo sabía.  Edwin la abrazó al despedirse:

- Muchas gracias Marian.  Este viaje ha sido uno de los que más me ha gustado, y espero que algún día, si vuelves a mi país, te pongas en contacto conmigo.  Me encantará enseñarte Highlands, y llevarte al territorio en donde aún se conservan los restos de nuestra pasada gloria antes de pertenecer a Inglaterra. No olvides estar en contacto conmigo.  Volveré y te buscaré. Adiós.

Marian le vio alejarse en dirección a su avión. ¡ Si supiera que ya había conocido las Highlands y a uno de los señores de un clan ! ¿ Por qué lo había ocultado ?  No tenía sentido hacerlo, pero lo había hecho.  No hubiera tenido nada de particular.   O acaso es que no quería saber nada de él.  No quería saber si seguiría siendo jefe del clan, o si cedió en las pretensiones del mismo y se habría casado con la chica propuesta.  No quería ni mencionar su nombre.  Le resultaba doloroso hacerlo, y por ese motivo no había comentado con nadie, su aventura del último día.

Y lentamente fueron pasando los días, y los meses. Sus rutas turísticas eran por las cercanías, ya que durante el invierno, los peregrinos descendían en número.  Un día llegó a casa con el ánimo bajo, y aunque estaba acostumbrada a la lluvia por ser el clima natural de Santiago, no terminaba de acostumbrarse a ella.  Necesitaba sol para levantar su ánimo.  Después de ponerse cómoda. se sentó frene a su ordenador y conectó una página de facebook, sobre turismo de Escocia. Sentía nostalgia, o quizá fuera que ese viaje , por los motivos que fueran, había dejado huella en ella. Dio un repaso, abrió su correo y encontró a varios de sus compañeros de ruta en el Camino.  La hicieron sonreír.  Todos le daban las gracias por su profesionalidad y algunos de ellos, aseguraban que en su próxima visita a España la buscarían. Y decidió conectar con Skype.  Hacía muchos días que no se conectaba; quizá algún amigo quisiera charlar con ella durante un rato.

No había nadie conocido, así que decidió que lo apagaría, pero antes de hacerlo, recibió un anuncio de que Edwin estaba conectado y la mandaba un mensaje.  Se puso en contacto con él y su charla, lo que en principio iba a ser un repaso, se convirtió en una conversación de una hora.

- Me he alegrado mucho de hablar contigo.  Estaba algo deprimida con tanta lluvia.  ¿ Llueve por allí?
- ¿ Que si llueve ? a cántaros.  Tenemos programada para este fin de semana una reunión de todos los primos de los clanes que vivimos cerca para una despedida de soltero.  Se nos casa uno  de mi clan- le dijo Edwin
- ¿ A qué clan perteneces?
- Al Agnew.  Mi madre se casó con uno de este clan, aunque me gusta más el MacDonald que es al que pertenecía mi madre, ahora ya no
-¿ El MacDonald dices?
- Si ¿ por qué me lo preguntas? - En ese momento recordó que no quería que supiera  que conocía a James, así que se buscó una excusa para eludir la pregunta. - Simplemente curiosidad.  Al pronunciarlo he recordado al señor de las hamburguesas
- Ja, ja, ja,  Cierto, pero te aseguro que no tienen nada que ver.  Mi familia, por parte de madre, son terratenientes.

Marian se dio cuenta que la conversación tomaba unos derroteros que no quería tomase, así que decidió despedirse lo antes posible.

-Oye, podemos conectarnos otro día ¿ te parece ? - le dijo Edwin
- Desde luego, me encantaría.  Así me cuentas que tal os fue en la despedida de soltero de tu primo.
- Nos juntaremos quince primos. Vamos a pasarlo genial.  Hace mucho tiempo que no estamos todos juntos.  Cada uno de nosotros  contará sus experiencias vividas durante todo el tiempo que no nos hemos visto.  Yo por supuesto les hablaré del Camino, y llevaré la foto del grupo para que les conozcan.
- Me parece estupendo.  Y ahora  voy a cortar la comunicación, me entra aviso de otra llamada.
- Perdona, te he entretenido demasiado
- No seas tonto.  Me ha encantado hablar contigo
- Bueno pues entonces hasta otro día.
-Adiós, Edwin.  Cuídate y no bebas mucho.
- Adiós Marian.

¿ Por qué no se había dado cuenta de no pronunciar el nombre de los MacDonald? ¿ Iría  James a la reunión ?.  Malhumorada, cerró la aplicación y también el ordenador.  Encendió el televisor y puso el canal de los Simpson.  No es que fuera un programa de su predilección, pero no le gustaban los concursos, ni tampoco las películas viejas que ponían.  Al menos los personajes amarillos, con un poco de suerte, la harían reír.

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