lunes, 25 de julio de 2016

Volver a los diecisiete - Capítulo 2 - En solitario

Al igual que cualquier pareja, tuvieron sus crisis matrimoniales. Estaba casada  con un médico muy atractivo que, desde joven había destacado por su simpatía. Tenía bastante éxito entre las mujeres pacientes y enfermeras. A veces hasta era un poco "canalla".  Lo que menos podía imaginar es que se "liara" con una paciente bastantes años más joven que él.  Sin duda sufría la crisis de los cuarenta y necesitaba alimentar su ego creyendo que conquistaba  aún a las mujeres . Con una de sus conquistas le sorprendió la muerte.  Carmina se enteró de todo ello a su fallecimiento.

 Supo que había alquilado un apartamento en una de las calles más céntricas de Madrid, de uno de los barrios con más solera: Argüelles. En él, junto a su conquista, pasaba las innumerables "guardias", demasiados foros médicos, demasiados viajes, demasiadas ausencias, demasiadas noches lejos de casa...  Ella hacía como  que no se enteraba o, quizá no quería enterarse.


Averiguó todo de golpe  y fue un mazazo del que tardó en recuperarse. Siempre, en su interior, sospechó que algo no iba bien en su matrimonio. Cuando se casaron, y aún años después, las noches eran apasionadas.  Pero cada vez fueron más espaciadas, con la pasión justa, como quién cumple un trámite y, un día el sexo dejó de existir.  A veces era ella la que se mostraba más cariñosa de lo normal, buscando la intimidad con su marido, pero un "perdona querida, estoy muy cansado. La guardia ha sido durísima" ,  era su respuesta al reclamo de la pasión,  desistiendo en ello 
 Él se daba la vuelta en la cama y ella tragaba la frustración y el desánimo que ello le provocaba.  A menudo, su amor propio salía mal parado, y hasta llegaba a pensar, que esa actitud era la normal a sus edades, en las que habían explorado el territorio de los cuerpos de cada uno de ellos, y no les quedaba nada por descubrir

En aquella época a las mujeres les estaba vedado "tocar ese tema", ni aún con sus esposos. No estaba bien visto, eso era para otra clase de mujeres que cobraban por ello.  Ni siquiera podía plantear el por qué la desairaba con demasiada frecuencia.  Seguía enamorada de su marido y, se engañaba a sí misma con la excusa que él daba:  el cansancio. Pero más bien, es que quería vivir en el engaño y no enterarse de nada.

Fue en el bufete de su abogado cuando éste le puso al corriente del estado de su cuenta, cuando al detallarle los gastos y los ingresos, quedó reflejado  el apartamento que servía como nido de amor prohibido de su marido..  Siempre le  había  creído cuando le juraba y perjuraba que ella era la única mujer de su vida, su amor platónico.    Quiso conocer todos los detalles de cómo sucedió todo, de cómo había fallecido

— Sufrió un infarto mientras hacía el amor   con su amiguita.  Al sentirse mal y, para no descubrirse, la pidió le llevara al hospital alegando que le había sucedido en la calle, no quería que nadie supiera lo que estaba haciendo en ese momento, ni tampoco que tú,  Carmina,  te enteraras 

Y de esa manera supo de la cruel verdad, de cómo y cuando había sucedido su muerte. Se quedó callada, mirando fijamente al abogado como si todo lo hubiera soñado. Las palabras se negaban a salir de su boca. No se atrevía a levantarse de la silla por temor a caerse, ya que las piernas no la sujetaban. Pero no se desmayaría. No le daría ese gusto si es que, desde el más allá se vieran las terrenales flaquezas humanas.

Todos sus compañeros estaban enterados de sus andanzas, pero guardaron silencio por respeto a Carmina.   Fue Juana, la ayudante directa de su marido, quién la puso al corriente del resto que aún le quedaba por conocer. Le daba lástima el desconsuelo de aquella mujer que había sido engañada por su esposo y aún así lloraba  su muerte.


De repente, Carmina,  se dio cuenta de que en el rompecabezas, encajaban todas las fichas . Comenzó a entender muchas cosas, pero de momento no le diría nada a sus hijas. Ellas adoraban a su padre.   Todo seguiría como un fatal accidente. 

 Cuando salió a la calle después de hablar con su abogado, sufrió un ligero desmayo y fue auxiliada por los transeúntes que circulaban por allí. Se le pasó enseguida sorbiendo un poco de agua que alguien le sacó de un bar cercano y se negó a que  avisaran a una ambulancia.

— Muchas gracias a todos, han sido muy amables.  Ya se me ha pasado.  Ha sido una mala noticia que acabo de recibir y eso me ha producido el desmayo.  Ya estoy bien, muchas gracias.   Agradeció de esta forma la ayuda que diversas personas le habían ofrecido.

  Llegó a su casa con el rostro demudado y, ayudada por Manuela se recostó en uno de los sillones del salón . Allí , abrazando a su cuidadora, la puso al corriente de las novedades contadas por su abogado, pero lo que más le dolía era tener que informar a sus hijas de cómo murió su padre.

Habían pasado tres meses desde su fallecimiento y creyó que ya era el momento de informarles de la verdad, de decirles que su padre era simplemente un sinvergüenza. Aprovechó unos días de vacaciones de ellas,  cuando al cabo de mil rodeos,  contó la verdad de lo sucedido,  de las infidelidades que durante años había sufrido. Las chicas  se abrazaron a ella y las tres lloraron durante largo rato. Manuela contemplaba la escena emocionada y apesadumbrada por lo que aquella familia estaba pasando.

En la cuenta corriente del banco, por lo menos,  había tenido la deferencia de asegurar los estudios de sus hijas y una vida digna y desahogada de su mujer. Por ello no había que preocuparse. Las chicas finalizaron sus estudios, se casaron, fueron madres y poco a poco llegó el día en que Carmina celebró su cincuenta y seis cumpleaños, principio de nuestra historia.

La comida transcurrió en armonía y buen humor. Los niños adoraban a su abuela y se peleaban por estar a su lado a la hora de sentarse a la mesa. Sus yernos , Ramón y Luis, querían entrañablemente a su suegra. Tenían la más alta consideración hacia ella: era buena mujer, comprensiva y nunca se metía en los asuntos del matrimonio. Sencillamente seguía su lema al pie de la letra: Vive y deja vivir.

Ramón era el yerno más serio y comparaba a Carmina con su propia madre. Ambas mujeres pertenecían a la misma generación , pero al contrario que Carmina, sus padres permanecían unidos y queriéndose cada día más, al cabo de más de  treinta años de casados. 

Siempre había mantenido charlas con Carmina después de enviudar, máxime al enterarse de las andanzas de su marido.  Estaba totalmente de su parte y  le animaba a que saliera y se hiciera más independiente, algo que enfadaba a Raquel, su esposa, la hija mayor de Carmina.

— Tienes que salir más
—Pero si ya salgo
—¿ Con esa panda de rancias que tienes por amigas?
— ¡ Ramón, hijo ! son mis amigas de toda la vida
— Si. Esas que seguramente conocían lo de tu marido y nunca te dijeron nada. Me refiero, a que hagas viajes; los hay para personas solas, muy atrayentes, por lugares exóticos que no conoces.  ¡ Por Dios Carmina ! eres una mujer muy atractiva, simpática, culta, con buen humor...  ¿Quién sabe?  Lo mismo encuentras a un atractivo otoñal y ligas con él ...
— Anda, anda. A mi edad... Estás loco ... — Y reía la broma de su yerno
— Carmina eres joven aún y tienes una gran capacidad para dar amor. Harías feliz a cualquier hombre
— ¿ Me estás diciendo que vuelva a casarme?
— ¿ Quién va a casarse ? —preguntó su hija mayor, Raquel
— Nadie, hija mía. Era una simple broma de tu marido
— Mamá ¡ Ni se te ocurra! Ni siquiera lo pienses
— ¿ Por qué dices eso a tu madre ? Creo que es ella la que debe decidir sobre su vida. Nosotros tenemos la nuestra
— ¿Le animas a que reemplace a mi padre ?
— Le animo a que pase página. Porque precisamente tu padre no fue muy ejemplar.
— Vale, vale. No discutáis.  Hija, no te lo tomes así; ha sido una simple charla

A la mañana siguiente se despertó a la hora acostumbrada, y como marcaba su rutina se dispuso a planificar ese día que sería distinto a los demás. Ir al gimnasio, al instituto de belleza para hacerse una limpieza de cutis, que creía necesitar.  No regresaría a casa para comer. Y así se lo comentó a Manuela

— Para mi no prepares comida. Hoy lo haré fuera
—¿ Tiene comida de chicas?
— No.  Lo haré yo sola
— ¿ Cómo dice ?
—Si Manuela. Lo haré sola.  Voy a empezar a cambiar algunas cosas en mi vida.  Siempre he acudido acompañada a todos los sitios; nunca he pagado una cuenta, ni he usado tarjetas de crédito y a duras penas sé rellenar un cheque. Ni he ido sola a un cine. Creo que ya es hora de que empiece a  cambiar.
—Bien. Eso es lo que tiene que hacer. Lleva muchos años de luto y es hora de que lo alivie. Además no tiene tanta importancia decidir lo que uno quiere hacer...
— Manuela, tu sabes todas mis cosas. Has sido mi paño de lágrimas.   Ramón me dijo ayer algo que me dejó cavilando y creo que tiene razón, aunque mis hijas no estén de acuerdo.
— Viva su vida como quiera, que ya es mayorcita.  Ha guardado demasiadas deferencias y, no todos las merecían.
— Manuela... Dejemos a los muertos descansar en paz.

Siguiendo las pautas que ella misma se había marcado, fue cubriendo el itinerario.  Al salir del salón de belleza se miró en la luna de un escaparate y se gustó.  Iba elegantemente vestida y muy guapa.  Necesitaba subir su autoestima, necesitaba demostrarse que era algo más que un bonito florero.

¿ Dónde almorzaría ? Eligió Jockey, uno de los más afamados y elegantes restaurantes  de la ciudad,.  Paró a un taxi y le dio su dirección.

—Ha elegido uno de los mejores restaurantes, señora, no sólo de Madrid, sino de Europa.— la comentó jocoso el taxista




RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora< 1996Rosafermu
Edición< Julio 2015
Ilustraciones< Internet < Ana Belén

Volver a los diecisiete - Capítulo 1 - Cumpleaños

Carmina y Manuela preparaban la mesa.  Era un día especial: cumplía cincuenta y seis años y se reuniría toda la familia para celebrarlo. Hacía diez años que se había quedado viuda, pero aún guardaba luto por su esposo.  El suyo fue un matrimonio " muy de la época":  la esposa en casa,  dedicada al hogar y a la educación de los hijos.  El marido ejerciendo su profesión, y si se terciaba alguna "juerguecilla"..  Habían terminado de prepararlo todo, y aún les sobraba tiempo, antes de que llegaran los hijos y nietos que alborotasen toda la casa.  Las dos mujeres vieron complacidas el resultado



--Nos faltan las flores-  dijo Carmina
-- Voy por ellas- respondió Manuela
-- Ahora está todo correcto-  dijo  sonriendo.  Voy a sentarme un rato, , estoy cansada.   ¿Sabes Manuela?  cuando me quedé viuda me comía el mundo.  Si tuviera que hacer ahora lo de entonces, creo que no podría.  Los años pasan tan rápido que no te das cuenta de que enfilas la recta final.  A veces echo la vista atrás y me digo : " aparte de criar a mis hijas,¿ qué es lo que he hecho? Nada.  A penas he vivido, y mi tiempo se agota"
-- Señora, no diga eso.  Es joven aún y está muy guapa. Viaje, salga con amigas, disfrute ahora que ya no tiene obligaciones
-- ¡ Ay Manuela ! ¿ Dónde voy sola ? Mis amigas, unas están casadas y salen con sus maridos, otras se han echado un ligue. La única que está como yo, Luisita, anda delicada de salud.
-- Haga un crucero, de esos que anuncian por la tele
-- ¿De los que te buscan pareja? Ja, ja, ja,. Por Dios Manuela. No tengo veinte años.  ¡ Ay mis veinte años!  Ni siquiera disfruté de mi juventud.  Con esa edad ya era novia de mi marido.  Él estaba terminando la carrera y no teníamos ni un duro, ni para ir al cine  siquiera.  La mitad de los días de la semana no nos veíamos, y los sábados y domingos siempre tenía que estudiar.  Luego llegó el MIR, la plaza en la Seguridad Social y por fin la boda, y enseguida las niñas.  Cuando ellas fueron mayores y teníamos una posición desahogada, se lio con una paciente. Lo demás... ya lo sabes.
-- Señora ...
-- A mi manera fui feliz.  Era lo que tocaba en aquella época a las mujeres. Y fui afortunada, no todas tenían estudios, ni sabían idiomas ó música.  Sencillamente nos preparaban para casarnos.  Teníamos matrícula de honor en bordados, vainicas... en todo, menos en  vivir.  Íbamos al matrimonio sin saber absolutamente nada. Y lo que es más triste, tardarías años en saber que tu también tenias derecho a sentir el placer que sentía tu marido. Y aunque lo supieras, no podías decírselo, porque era tanto como que pensase que eras una mujer fácil, en una palabra, y perdona que sea tan bruta, que eras una puta..
Durante años cosíamos nuestro ajuar, y eso si,  con suerte,  nuestro prometido estaba libre del Servicio Militar. En ausencia de los novios no nos estaba permitido salir siquiera, con nuestras amigas: en casita guardando la ausencia de él.

   Carmina se detuvo, posiblemente recordando su propia experiencia. Era un día de nostalgias; ya había dejado atrás la juventud, empezaba el declive, sin siquiera haber terminado su etapa de sometimiento al esposo.  Manuela tomó la mano de su jefa y depositó un beso en el dorso. 

 —Tengo  suerte —, pensó. Ella era una mujer independiente que no tenía que dar cuentas a nadie.


—Bueno, por hoy suficientes recuerdos. Voy a  arreglarme. Dentro de un rato estará aquí la "tropa" revolucionándolo todo.  ¿ A que son unos niños preciosos?, pero ¡qué guerra dan, cuánta energía... cielo santo.!

Se dirigió a su habitación y eligió la ropa que se iba a poner.  El día anterior estuvo en la peluquería; se había teñido el cabello en color castaño dorado y se lo había cortado. Parecía haber rejuvenecido.
Se maquilló ligeramente y por último se puso el vestido que más le favorecía. En sus orejas resaltaban unos botones de brillantes y en su mano izquierda puso los dos anillos:  de casada y el  de su compromiso. Con unas gotas de perfume dio por terminado su arreglo personal. De siempre había usado Rive Gauche, su preferido.  Se miró al espejo y satisfecha con lo que reflejaba, salió de la habitación y aguardó a que llegaran sus hijos.

Y llegaron en tromba. Abrazaron  los tres niños a su abuela con el alboroto consiguiente y la satisfacción de Carmina.  Las hijas impusieron el orden, mientras que sus respectivos maridos comentaban el cambio, a mejor, que había experimentado su suegra.

-- Estás guapísima, Dios mío. ¿ Dónde estabas durante todo el tiempo?— comentó Ramón, marido de su hija mayor Raquel
-- ¡ Oye, un respeto ! Estás hablando de mi madre— Protestó Raquel
-- Pero es verdad.  Tu madre está de muy buen ver.  ¿ A que si, Luis ?
-- Desde luego.  Si la viera por la calle, y no fuera mi suegra, me giraría para mirarla y decirle un piropo



Todos rieron y los niños corrían felices por la casa, contentos de estar los tres juntos.  Luis sirvió un Martini con la aceptación de todos.  Carmina sentía la necesidad de estar alegre. Su organismo se lo permitía:  no tenia colesterol, ni la tensión era alta, no padecía del estómago y hasta la menopausia había sido generosa con ella:  total ausencia de sofocos, dormía perfectamente y no había engordado ni un gramo.  Se cuidaba mucho, iba a un gimnasio dos veces por semana y sus cenas eran frugales, lo que le permitía de vez en cuando hacer un exceso.  Quería cuidarse, necesitaba sentirse bien con ella misma.

Su marido no le piropeaba a menudo: se había acostumbrado a tenerla en casa, siempre impecable, pero nunca le dedicó especial atención.  Cumplía a la perfección su labor como esposa del jefe de equipo de Cardiología de un importante hospital, y pronto le harían director.  Gozaban de una posición económica muy acomodada.  Sus dos hijas habían ido a la universidad. Una estudió farmacia y la pequeña periodismo de investigación.  Sus vidas eran tranquilas. Salían a cenar con los amigos, atendían sus compromisos profesionales...    Una vez a la semana, Carmina,  se reunía con sus amigas, en lo que ellas denominaban " tarde de chicas", y que consistía en reunirse para ir de compras, al teatro o a jugar cartas.

Y el tiempo fue pasando y las chicas se independizaron, y posteriormente se casaron con un intervalo de un año.  La casa se quedó vacía sólo con ellos dos.   Y  cada  vez,   estaba más sola.


RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora< rosaf9494quer
Edición < Julio 2016
Ilustraciones< Internet < Ana Belén < Lola Herrera

domingo, 24 de julio de 2016

Historia de dos familias - Capítulo 11 y último - Algo casual

Perla tenía la serenidad que los años perfilan en los rostros de las personas, en sus pensamientos. A pesar de tener treinta y tantos años, había ganado en belleza. Ya no eran sus rasgos tan agresivos, ni sus ojos tenían tanta luz, ni sonreia con tanta frecuencia

--Soy una solterona amargada, como diría mi abuela. . .   menos mal que tengo a mis cachorros.

Dos de los que ella llamaba "sus cachorros" habían envejecido también y sus hijos se habían convertido en perros adultos. Canela y Swetty permanecían tumbados uno junto al otro la mayor parte del tiempo, y  Perla les miraba con infinito cariño pensando que ojalá las personas sintieran un amor tan fiel como el que ellos sintieron siempre.  Había conseguido que María viviera con ella también en Avila y se convirtió en una entrañable amiga y confidente de Perla.  Había llegado la primavera, aunque en Maello aún se notaba el frio .  Su pensamiento voló hacia el Jerte.

-- ¡ Qué bonito estará el valle !

Decidió darse una vuelta por Madrid. De vez en cuando sentía nostalgia del lugar donde nació. Dejó a María al cuidado de los perros. . .Pensó en vender su piso. Estaba siempre cerrado y cada vez se deterioraba más.  De momento no regresaría a Madrid, y si acaso lo hiciera y quisiera volver a vivir en la capital, ya vería la forma de ir a un hotel o alquilar algún apartamento no muy grande. En fin, ya vería lo qué hacer.  Y decidida, contactó con  una agencia inmobiliaria para  se encargasen de la venta.  Y no pasó mucho tiempo, cuando le avisaron que la compra se iba a realizar, y requerían su presencia para los trámites ante el Notario. Sería un viaje relámpago; en unos días solucionaría todo y regresaría a Maello. No obstante, pidió a María si quería acompañarla..


-- No señorita, yo no quiero ir a Madrid. Estoy a gusto aquí -..    Y es que María había encontrado a un joven que la rondaba y que posiblemente se casaría con él.
-- Regresaré en unos días, en cuanto solucione los trámites de la venta..  Cuídate María, adiós -. Subió al coche y se perdió por la carretera rumbo a la capital.

Esa mañana tenia cita en la Notaría ; la venta estaba realizada y eran puro trámites lo que restaba por completarla.   A la salida,  daría un paseo. El Notario tenía su despacho, no lejos de donde había vivido antes de ejercer en el medio rural, pero también cercano al apartamento que ocupó David mientras vivió en Madrid. . Le encantaba esa zona del barrio, era un  paseo señorial y muy agradable.    Iba despacio, recreándose en la calle,   cuando al pasar frente a una  cafetería  le apeteció tomar algo   Se sentó en una mesa junto a un ventanal.  Se dirigía al hotel .  No le apetecía comer  en él , por lo que decidió tomar un plato combinado.  No tenía mucho apetito.

Frente a ella había una mesa ocupada por una pareja.  Observando sus rostros cualquiera sabría que acaban de tener una fuerte discusión, y sin embargo no era así, era su modo habitual de comportarse.Entre ellos no había conversación.  Ella era una mujer bella de unos cuarenta años y él algo mayor que ella, muy atractivo, permanecía con la mirada fija en la taza de café que tenía delante. Habían llegado a Madrid , de paso para visitar una finca .  El levantó la cabeza y entonces la vió. Su rostro se quedó lívido, tanto que su mujer se extrañó al verle

--¡ Robert ! ¿ qué te pasa, te encuentras bien ?-.  No contestó, no podía. Una inmensa emoción invadía su garganta. La tenía frente a sí   Perla , como si algo llamara su atención, dirigió la mirada en su dirección, pero sin fijarse en él.  Robert dijo a su mujer
--Discúlpame, ahora vengo. He visto a una persona que conocí hace tiempo. Voy a saludarla

Sheila, , aceptó con la cabeza sin importarle mucho. Estaba cansada y le aburría estar en una cafetería sentada frente a su marido mirando a su alrededor. Tenía ganas de llegar a su casa .  Robert le había propuesto salir a cenar en la noche y después acudir a algún sitio a divertirse, pero ella no aceptó. Puso la excusa de hacerlo al día siguiente. Robert tembloroso se acercó a la mesa en donde Perla  almorzaba .  Ella al ver que una persona se situaba frente a ella, miró sin imaginarse a quién correspondía esa silueta

-- ¡ Oh Dios mio ! ¿ qué haces aquí? -.  Robert no acertaba a decir palabra alguna; sólo la miraba, la miraba profundamente sin dar crédito a la casualidad que les había reunido al cabo de tanto tiempo.
--¡ Perla! ¡ Perla! . . . Nunca me hubiera imaginado verte de nuevo...  Estamos sentados ahí enfrente . -. .Perla giró la cabeza  en la dirección que Robert la había indicado


-- ¿Tu mujer?
--Si, Sheila
--Es muy guapa. Enhorabuena
--Luego te la presento ¿quieres?-.  Perla recordó la promesa hecha a Ralph y con la mayor naturalidad del mundo, respondió
-- ¡ Claro !  Estaré encantada de saludarla
Ambos se dirigieron a la mesa en donde aguardaba Sheila.  Perla se mostró encantadora tendiéndole la mano, que estrechó suavemente. Su conversación giró en torno al tiempo y a la hermosa primavera que había en Madrid.  Nadie conversó de tiempos antiguos, no querían siquiera rozar ese tema.
No sabían cómo cortar aquella conversación,   fué Perla la que lo decidió:

--Bueno, pues me tengo que ir. Se ha hecho muy tarde
-- Me ha encantado verte de nuevo. He rejuvenecido ¿cuántos años? ja,ja,ja. No me has dicho lo que haces por Madrid- dijo a Robert
--¡ Oh ! es largo de contar. Estomos de camino a la finca
-- Ah, ya. Bueno ya si que no me puedo quedar más tiempo.

Ella  tendió la mano al matrimonio. Se comportó frívolamente y lamentó jugar ese papel que estaba muy lejos de sentir, pero no quería hacerle más daño.  Se alejó a paso ligero no quería que la viera llorar, que ese encuentro la había dejado roto el corazón.

A finales de la primavera decidió ir a pasar unos días con sus amigos.  Podía disponer de unas mini vacaciones antes del verano. Al llegar,  tanto David como Jenny se miraron entre sí, pero Perla no percibió la mirada.

--Pasa, pasa. ¡ Que alegria nos has dado ! ¿Cuánto tiempo hace que no vienes por el Valle?.-Bueno, dinos ¿qué es de tu vida? ¿Arreglaste lo de tu piso?

A cuenta de ello, Perla relató el encuentro con Sheila y Robert,  y lo duro que había sido fingir una frivolidad que estaba lejos de sentir. La pareja se miró y no dijeron nada.

--Anda ahora ve a dormir. El viaje ha sido largo y estarás cansada.
--Si, lo estoy. Buenas noches, hasta mañana -. Les dió un beso y se dirigió a su habitación.



Siguiendo su costumbre se levantó temprano y pidió a David prestado un caballo para ir a dar una vuelta y recordar tiempos más felices.

--Ten cuidado, quizás te extrañe...
--No te preocupes, sé cómo tratarles.

Y partió a paso ligero. Paseó por  el camino tantas veces recorrido rememorando su anterior vida que creia segura y que ahora con todo lo que había vivido la pareció que se preocupaba por tonterías en relación a lo que ahora la ocurría. Sin apenas darse cuenta llegó hasta la poza y el recuerdo de lo sucedido aquella noche la hizo reflexionar:

--¡ Qué tonta fuí !. Ya le quería y perdí una magnífica oportunidad... En fin, eso ya no tiene arreglo-.  Sonrió al recordar, giró el caballo,  y cogió otra dirección.



Sin saber porqué el caballo se encabritó asustado, otro caballo apareció no se sabe de dónde ante ellos. Era Black, pero ¿qué le pasaba?. Por mucho que gritaba a uno y a otro,  ninguno de los dos le hacian caso. Perla se abrazaba al cuello de su cabalgadura por temor a caerse, pero por mucho que tirase de la brida , no la obedecía. Por fortuna otro jinete venía detrás y se hizo con Black

--¡Eusebio ! menos mal creí que me mataban entre los dos
--¿ Está bien señorita, le han hecho daño?
--No, no ,tranquilo, estoy bien. Menudo susto me he llevado. ¿Qué es lo que ha pasado?
--Estaba el señorito Robert preparándose pasa montarle, y sin saber porqué se escapó y no pudimos controlarle. He venido yo por no perder más tiempo. Detrás mio venía el señorito.
--Bueno Eusebio me alegro de que todo haya sido sólo un susto. Ahora me tengo que ir. Mis amigos estarán preocupados...
--No se preocupe Eusebio, yo me encargo. Cuando llegue a la finca llame a los amigos de la señorita y dígales que está conmigo que no se preocupen, y que no la esperen . Te invito a comer... tenemos muchas cosas de las que hablar

Perla no sabía qué decir. Lo estaba deseando pero al mismo tiempo sentia un miedo atroz. No le quería mirar, no quería hablarle. Tenía miedo de no ser lo suficientemente fuerte para rechazarle

--Esta vez no podré. Es demasiado, ya basta por favor -.  Y lo dijo dirigiendo la mirada al cielo, en una súplica.

Una vez que Eusebio se separó de ellos, Robert cogió las riendas de la cabalgadura de Perla y lentamente, sin decir palabra, la encaminó de regreso a la poza.. Allí descabalgó y ayudó a Perla a bajar del caballo; sólo la miraba. Desmontó la silla  y sacó la manta que había debajo de ella, la tendió en el suelo.Robert comenzó a relatar todo lo ocurrido después de su encuentro en la cafetería, perdiendo la noción del tiempo

-- Ya nada fué igual, no podía ser igual después de verte. Nuestro matrimonio llevaba años fracasado y cuando llegamos al apartamento, Sheila intuyó lo nuestro. Se puso hecha una furia y en ese momento decidí que el divorcio era la más conveniente,   que teníamos que haber cursado hace tiempo.  Ella estuvo conforme y nos divorciamos.  Yo decidí volver al Jerte. Al menos estaría más cerca de tí, aunque estuviéramos a kilómetros de distancia.   David me avisó de que venías y no tienes idea de lo largo que se me ha hecho el día. Me daba miedo verte; no sabía si te habías casado, o tenías tu corazón ocupado, no sabía nada. Esperaba tener la suficiente calma cuando te tuviera delante, y ya ves, todo ha sido de lo más normal.  Sólo queda preguntarte si eres libre . . .
-- Si lo soy. Nunca ha habido nadie en mi vida más que tú, desde siempre.  Fuí torpe, orgullosa, egocénbtrica, no sé lo que fuí al rechazarte. Me moría de angustia cuando supe que te habías casado, pero nadie más que yo había tenido la culpa de ello.

Se miraron largamente, expresando en sus miradas el cúmulo de sentimientos que les embargaban.  Sobraban las palabras. Sus labios se sellaron en un beso profundo y se abrazaron  sin decir nada, no hacía falta. Contemplaron el cielo el uno junto al otro, pero entre los ramajes de los árboles a Perla le pareció ver los rostros de Almudena y Rafael que les sonreían y después se cogían de las manos.  Ella se quedó muy fija mirando esa visión, y fue entonces cuado Robert le dijo

--¿Has visto eso?
--Si. Ya están felicies como nosotros. Al fin se han unido y nos han unido.

Se casaron enseguida y enseguida tuvieron su primer hijo,luego tuvieron más. Se instalaron en la mansión Villanueva. Robert se hizo cargo de la hacienda y la hizo próspera, al igual que la de Jenny. Todos ellos delante de una chimenea contaban sus anécdotas a unos hijos ya adolescentes que les oian sonriendo y pensando.


--Son sus batallitas, cómo si todo eso ocurriera en la vida real. - Robert mirando a su mujer decía:
- No tanto, hijos. Es vuestra historia. La de nuestra familia., la de ambas familias.


                                                       F    I     N

Autora:  1996rosafermu
Editado:   Junio 2011
Fotografías:  Archivo 1996rosafermu

sábado, 23 de julio de 2016

Historia de dos familias - Capítulo 10 - Un juego del destino

Un pueblo de Avila, Maello, fué el lugar escogido para desempeñar su próximo puesto de trabajo. Estaba lo suficientemente lejos de Alameda del Jerte como para arrinconar, si pudiera, los recuerdos. Antes de reintegrarse al trabajo, viajó hasta Cáceres para recoger a sus cachorros tenía una nueva casa:  Al llegar ante la casa que compartía David y Jenny, tocó el cláxon y acudieron sus amigos rodeado de todos los perros:

--¡ Pero mira quién es !- gritó Jenny

Las dos mujeres se abrazaron y David hizo lo mismo. Entraron en la casa. Era confortable y amueblada con arreglo al lugar en el que vivían. Se les notaba felices; habían solucionado sus problemas y ahora era una pareja que se adoraba y la felicidad brillaba en sus rostros

--Los negocios nos van bien. Jenny es una administradora genial y yo sigo en la finca. Por cierto que nadie ha vuelto por aquí
--Si, ya lo se. Robert se casó. Sólo espero que sea feliz, se lo merece.
-- Y tú ¿ qué vas hacer, a dónde irás?
--Viviremos en Maello. Es un pueblo  de Avila.  Allí espero ser feliz. Si no me acostumbro volveré a Madrid y viviría en un pueblo de los alrededores, de esta forma tendría conmigo a mis perros, mis fieles compañeros.

La conversación se prolongó hasta la hora de cenar. Se quedaría allí y por la mañana saldría rumbo a su nuevo destino. Se llevaría con ella a Sweety no quería separar a la familia. Ante este comentario los tres rompieron a reir.


 A  la mañana siguiente,  Perla se levantó temprano y dirigió su mirada hacia la mansión ahora solamente ocupada por los obreros que trabajaban en ella. Fué hacia las caballerizas y preguntó a Eusebio por Black

--Está triste, señorita. El señor Robert hace mucho tiempo que no viene por aquí y los señores tampoco. Yo creo que  van a vender la finca -.  Esto entristeció a Perla mientras acariciaba la cabeza del noble animal que recordaba cuando ella le salvó de la indigestión
--Tenga cuidado en él. Es algo nervioso. No le vaya hacer algún daño
--No Eusebio, él me conoce.

Se despidió del mayoral. Tenía un  largo camino por hacer y no quería se le hiciera de noche. Empezaba a hacer frio. Era Noviembre pero por Ávila ya estaba nevando.



La Navidad tocaba a las puertas. Esa iba a ser la más triste que pasaría en muchos años.  David y Jenny le invitaron a que la pasaran con ellos, pero Perla estaba triste, como la ocurría cada vez que llegaba esta época, además le daba pereza salir con el temporal de nieve que llevaban. Era época de matanzas, y no podía dejar su puesto de trabajo. Habían pasado ya dos años desde que se separara de Robert, pero no había conseguido olvidarle, a pesar de no haber tenido noticias suyas. Ignoraba todo acerca de él.
Era el día de Nochebuena, tenía por compañía a toda la familia de Sweety y Canela, en total eran cinco perros los que allí vivían y que por su tamaño ocupaban toda las estancias en donde se aposentaran. Pero era incapaz de deshacerse de ninguno de ellos. Con ellos hablaba y ellos parecían entenderla, y tenían la ventaja de que no le contradecían. Su carácter se había agriado un poco. No era feliz y con cierta frecuencia seguía soñando con su abuela que la recriminaba su fracaso con Robert.  Estaba anocheciendo, cuando alguien tocó a su puerta

--Ya voy, ya voy. Un momento por favor.  Debe ser alguien que necesita mi ayuda, pero es raro, no hay partos,   ni matanzas,   ni nada... - Abrió la puerta y un hombre frotándose las manos y cubierto por la nieve que estaba cayendo la sorprendió:

--Señor Villanueva. ¿Cómo...?
--Hola Perla. David me dió tu dirección y he aprovechado para saludarte.
--Pero no le pilla de camino a la finca...¿Le ocurre algo?
--No, simplemente tenía ganas de verte. La última vez que hablamos no estuve muy cortés contigo. Estaba muy enfadado, muchísimo y al oir tu voz no pude repremirme. Seguramente será  la vena hispánica que tengo. - Perla no dijo nada, aunque estaba segura que su visita no era casual



--Señor Villanueva, ¿qué es en realidad lo que le trae hasta mi casa?  El tiempo no se presta a hacer turismo y el día de hoy mucho menos. Debería estar con Kim y sus hijos cenando en familia ¿Qué ocurre, le pasa algo a Robert?
--Pues verás, efectivamente es de él de quién quiero hablarte. De salud está bien, pero anímicamente no.. Como decía mi abuelo " mal está lo que mal comienza"  No podía salir bien, no en la forma en que lo planteó. Me explicó vuestra conversación y yo le aconsejé que tuviera paciencia, pero se marchó al día siguiente y al poco tiempo se había casado.  Su matrimonio fue un rotundo fracaso  Robert cada vez se ocupaba más del trabajo  y menos de su mujer. Ella empezó a asistir a fiestas y a dejar de hablar con su marido. Apenas se veían; menos mal que no tuvieron hijos, pero cada vez están más distantes. Han perdido el poco amor que les queda, y eso suponiendo que alguna vez se amaran.  Es difícil para mí contarte todas estas cosas, pero estoy muy preocupado.  Les aconsejo el divorcio, pero ellos dicen que no lo pueden hacer porque tendría muchas repercusiones en sus respectivos trabajos. ¡ No  deja de ser una tontería, a estas alturas de la vida! . . .   Robert me dijo en una ocasión que no le amabas . . . Viéndoos juntos yo no tenía esa impresión, pero eráis vosotros los que teníais que decidir, es decir, tú tenías que decidir.  Nadie más que Robert tiene la culpa de su fracaso. No debió unirse a una mujer de la que no estaba enamorado, ahora todo le da igual , es que no tiene interés por nada, ni siquiera por recuperar su libertad. Tenía su cabeza a muchos kilómetros de donde vivía, y su vida no funcionó.


--¿ Y qué quiere que haga yo?
--Si acaso os vierais, sé fria con él, desengañale. Yo se lo que ha sufrido y lamentaría que de nuevo volviera a sufrir. Mi padre padeció ese calvario toda su vida y no quisiera que un hijo mio pasara por ello. Si no le amas, no le hagas concebir esperanzas. Es lo que quiero decirte, te lo pido por favor.
--Pero yo ¿qué puedo hacer?  . Le aseguro que mientras esté casado mi posición será firme, pero si alguna vez nos vemos y él está libre, no le garantizo nada. Yo también se lo que sufrió mi abuela y tuve un enorme error al rechazarle. Sin querer he destrozado su matrimonio, su vida y créame que no lamentaré bastante la noche que me pidió que me casara con él  y le rechacé.  Estaba equivocada y mi error lo estoy pagando, créame y muy duramente. No se preocupe señor. Haré cuanto esté en mi mano. Pero ustedes no deben facilitarle mi dirección.
--Bueno, será mejor que me vaya antes de que sea más tarde
--Pero no puede irse con este tiempo. Está nevando, se ha hecho de noche. ¿Ha venido usted solo o le espera Kim en la finca?
--No, vine solo para ver de arreglar algo....Estaré en la finca hasta pasado mañana, después regresaré a Nueva York para pasar el fin de año con ellos.
--Bueno, pues esta noche se quedará aquí y mañana temprano se pone en camino
--Pero tengo al chófer ahí fuera
-.-También él se quedará aquí. Hay casa suficiente para un regimiento.  Siento no tener un menú especial de Nochebuena, pero una sopa caliente les reconfortará. Así que diga a ese buen hombre que pase.

Al día siguiente Ralph emprendió camino hacia la finca llevando la palabra de Perla de no intervenir en la vida de Robert, a pesar de ser difícil se encontraran dada la distancia de sus respectivos domicilios.  Y así transcurrió el tiempo monótono en la vida de Perla.

 Jenny y David la visitaban esporadicamente, ya que ella no quería ir a Cáceres por si se encontraba con Robert. Ni siquiera preguntaba por él a su más querido amigo como era David, y éste por prudencia tampoco comentaba  nada.  Habían pasado ya cinco años desde que se vieran por última vez, pero el recuerdo de Robert permanecía presente en su vida. Se había equivocado plenamente.  Sí,  estaba enamorada de él.   Sí le amaba más que a nadie, y si le había perdido irremediablemente.


viernes, 22 de julio de 2016

Historia de dos familias - Capítulo 9 - Nuevos horizontes

Ninguno de los dos pudo dormir aquella interminable noche. Robert había preparado su maleta. Hablaría por la mañana con su padre y volvería de nuevo a América. No podía verla, no quería verla, pero al mismo tiempo sabía que si se alejaba de aquel lugar rompería para siempre la posibilidad, aunque sólo fuera cruzarse con ella por la calle, y necesitaba verla, pero tenía que irse...
Padre e hijo se encerraron en el despacho y Robert contó a su padre el fracaso con Perla. Ralph, le miró disgustado. No sabía qué podía aconsejarle; de nuevo la historia se repetía, de nuevo un Villanueva se iría a América por un desamor, pero le daba miedo que Robert volviera a las andadas, ahora que por fín había enderezado su vida. Pero la decisión era firme y ese mismo día David le llevó de regreso a Madrid y allí cogería el avión que le devolvería a Nueva York, con las ilusiones rotas.


Perla vió el coche de Robert aparcado delante de la mansión, pero de él no había vuelto a saber nada. Llevaba a su lado a Sweety. Lo devolvía a su lugar y como se había temido,  dejó preñada a Canela.
Pasaron los días y el parto de la perra se presentó de improviso, mientras David estaba visitándola

--¡Oh Dios mio ! ya están aquí. Canela está pariendo. Ayúdame David, por favor

Se dirigieron hacia donde habían instalado a la perra. Tumbada poco a poco empezó el parto. Era una maravilla de la naturaleza. Siempre les asombraba el nacimiento de un animal. Les maravillaba la forma en que ellos solos se las arreglan para cortar el cordón y lavar a sus crias. Canela tuvo varios cachorros con lo cual se les hizo de noche. Cuando terminaron , David hizo algunas confidencias a Perla referente a Jenny.



--¿Sabes Perla? lo mío con Jenny va muy en serio. Ella me contó lo ocurrido con su anterior novio: le pilló con otra y rompió su compromiso. Hirió su orgullo más que su corazón. Parece que está muy recuperada y poco a poco estoy consiguiendo que se olvide de aquello. Hemos empezado una relación y hemos decidido que si todo camina como hasta ahora, nos instalaremos en  el Jerte. Compraremos un terreno para cultivar frutas y entraremos en la cooperativa. Yo seguiré de veterinario y con el tiempo crearemos una familia

--David,¡ me alegro tanto por vosotros!. Jenny es una chica excelente y a ti te quiero mucho. Te conozco desde hace tiempo y sé que la harás feliz. Os lo deseo de todo corazón
--Y tú ¿ qué pasa con tu vida? ¿Por qué rechazaste a Robert?
--David, tu conoces la razón. El es como es. Está acostumbrado a otro tipo de vida que no es la de un pueblo. Necesita salir por las noches, necesita rodearse de mujeres. La finca le asfixiaría e iteriormente me reprocharía el haberle hecho vivir de esa forma. Nuestra relación es imposible. Debo vivir el destino de mi familia
--Eso es una tontería. Los tiempos han cambiado.  Se que te gusta, me consta, entonces¿cuál es el problema? Lo que sí te digo es que él lo está pasando muy mal. No se centra. Ni siquiera llama para interesarse por la finca. Tendrías que pensarlo
--Por favor, David. la decisión está tomada.

Al día siguiente a solas en su paseo diario, reflexionó y creyó que sería mejor poner tierra de por medio. Quizá fuera mejor irse de aquel lugar. Presentaría su dimisión y volvería a Madrid, pero hacer ¿ qué? Desde que se licenciara no había hecho otra cosa que trabajar en el campo. No se veía en una clínica. Pero quizá pudiera irse a otro pueblo.   Sí, se iría a otro lugar,  a empezar de nuevo, partir de cero.



¿ Y los perros?  No podía meterlos en el piso de Madrid. Eran cuatro, así que decidió dejar a los cachorros al cuidado de David hasta que tuviera una nueva casa en algún pueblo.

--Jenny, David, os vengo a pedir un favor...
--Dinos ¿ qué deseas?
--Tengo que irme de aquí. No me siento cómoda viviendo tan cerca de los Villanueva y he decidido instalarme en otro lugar. De momento me vuelvo a Madrid, pero no me puedo llevar a todos los perros.¿Podríais quedaros con los cachorros? Será provisional, hasta que encuentre otro lugar.

Le dolió dejarlos. Sweety enseguida se hizo cargo de ellos, pero no dejaba de llorar por la ausencia de su pareja, de Canela.  Cuando volvió a su casa Canela estaba llorando, buscaba a sus cachorros. A Perla se le partía el corazón y se prometió abrazada a la perra que sería por breve tiempo. No estarían separados indefinidamente.

Llegó a Madrid a media tarde. Recordaba el tiempo que hacía que había salido de allí con tantas ilusiones, con tantos proyectos y ahora regresaba con un vacio enorme en el corazón y la soledad más absoluta.  Al deshacer el equipaje, sacó la foto de su madre y de su abuela. Almudena estaba jóven y bonita.

--¡ Abuela ! ¿ por qué? De nuevo tu historia se repite. ¿Qué debo hacer ?  Esa noche durmió intranquila. Soñaba con los seres de su  familia que había perdido, pero fue Almudena la que le hablaba:




--"Hija mia, no cometas el mismo error que yo cometí. Tú no tienes que obedecer a nadie, eres libre. Si le quieres,  búscale. No destroces el corazón de alguien que te adora, porque nunca más encontrarás a otra persona que te quiera igual. Yo fuí afortunada porque encontré a un hombre bueno en mi camino, y fui feliz, a mi manera, pero nunca, nunca,  olvidé a Rafael y ahora sé que él tampoco se olvidó a mi. Ve y búscale."

Se despertó por la mañana con una sensación extraña. ¿Todo había sido un sueño?, o quizá no..

--¡ Dios mio qué debo hacer !  -.  Había pasado mucho tiempo y quizá Robert se hubiera olvidado de ella. Sin pensarlo dos veces llamó a David:

--David, dame por favor el número de Robert, necesito decirle algo
--Perla no creo que debas hacerlo...
--Por favor, dámelo.-.    No le dejó terminar lo que David le decía, y se lo facilitó..  Nerviosa marcó el número de teléfono

--Hello...
--Por favor , ¿se puede poner el señor Robert? es desde España
-- Un momento -.  Pero no fué la voz de Robert la que escuchó, sino la de Ralph
--¿Quién llama, eres tu David?
--No, señor Villanueva. Soy Perla y querría hablar con Robert -.  La voz de Ralph se oyó cortante, seca
--¡Ah, Perla! creo que va a ser muy difícil que puedas hablar con él. Partió la semana pasada en viaje de luna de miel-.  Perla se quedó callada, no podía decir nada, las palabras no salían de su garganta, y sólo atinó a decir
--Comprendo. Siento haberle molestado. Buenos días señor Villanueva.

Canela intuyó que algo pasaba. Su ama tuvo que sentarse, se abrazaba a ella y lloraba con un llanto incontenible que no comprendía, y decía unas amargas palabras:

--Demasiado tarde, demasiado tarde.

Pasó dos días sin salir de casa, nada más que para pasear a la perra. Entonces decidió que cuanto antes reanudara su vida sería mejor. En definitiva sólo había sido la influencia de un sueño.
De nuevo se vio haciendo la maleta y con la fotografía de Almudena en la mano

--Abuela, ahora si que es imposible. Se ha casado, se ha casado. De nuevo vivo lo que tu viviste hace tantos años-.  Y de nuevo un sollozo se escapó de su garganta.  Cerró la maleta. Emprendería un nuevo camino, algún lugar que no le recordase la vida que había tenido hasta hace poco tiempo.





jueves, 21 de julio de 2016

Historia de dos familias - Capítulo 8 - La negativa

Sin cruzar ni una sola palabra, Robert y Perla llegaron frente a la finca. El cortesmente le abrió la puerta y la ayudó a salir del coche. Al ofrecerle la mano para ayudarla,  , a su contacto,  un ,escalofrio recorrió a ambos. Robert iba serio, un poco ausente, como pensando en algo que le mortificaba. Perla le miraba de reojo:

--¿Qué le pasará, le habré dicho algo que le ha molestado? No creo, no hemos hablado nada.
--¿ Puedo preguntarte algo, Robert?
--Naturalmente, pregunta lo que quieras
--¿Qué te ocurre, estás molesto por algo?
--No, ¡qué cosas se te ocurren! tengo algo que resolver y me tiene intranquilo hasta que lo resuelva
--¿Algo importante?
--Si, para mi muy importante.



En el umbral de la puerta se dibujó la silueta de Kim y Ralph. Les estaban esperando puesto que Perla era la única asistente que vivía fuera de la finca


--¡ Vaya ! exclamó Ralph al ver a la chica
--Buenas noches señores Villanueva-  saludó Perla al tiempo que besaba a Kim y estrechaba la mano de Ralph.
--Bueno, ya estamos todos- respondio Ralph.
--Ven Perla, te presentaré a mis amigos -.  Y fué presentada a los padres de Jennifer, puesto que al resto de los invitados ya les conocía.

Ralph emparejó a todos: Robert con Jennifer, al padre de Jenny con Kim, a Perla con David  y él lo hizo con la madre de Jennifer.  Se dirigieron al salón contiguo al comedor en donde tomaron un aperitivo.  En la mesa reinaba el buen humor y la armonía   Robert estaba sentado frente a Perla y ésta tenía a su derecha a David. No pasó desapercibido para Perla, la atención con la que miraba a Jenny. Ella en un aparte y en voz baja le preguntó-

--David ¿te gusta Jenny?
--Me gusta si,  y mucho. Pero creo que ella ni se ha fijado en mi
--¡Vaya ! lo siento. ¿Tiene algo con Robert?
--No. Se conocen desde niños, y al parecer ella está pasando por un mal momento amoroso y la han traido para que se despejase. Robert no está enamorado de ella, si es lo que te preocupa.
--¡ Vaya pareja que formamos!, respondió Perla

Robert no le quitaba la vista de encima. Les veia hablar con familiaridad y eso le enfurecía. Por primera vez en su vida sintió lo que era tener celos.  Al acabar de cenar, Ralph conectó la cadena musical y una música suave envolvió el ambiente que era distendido y amable. Ante una taza de café cada uno formó su corrillo, y por lógica las dos parejas más jóvenes hicieron su aparte.  David, preguntó a Jenny


--¿Quieres bailar? sería estupendo aunque tengo que decirte que no soy  un bailarín muy bueno
--Desde luego que si, tengo ganas de divertirme. Creo que me he excedido con el vino y siento un cosquilleo que me dan ganas de reir como una loca -,   fue  lo que le respondió Jenny

Cambiaron a una música más movida y Robert y Perla quedaron frente a frente:

--No parece que te estés divirtiendo ¿qué te ocurre?,-preguntó Perla a Robert
--Nada, no me ocurre nada.
--Está bien, perdona -.  Ella hizo intención de ir a sentarse a otro lado. Quizás esté molesto por tener que atenderme, pensó
--No te vayas, por favor
--Sólo voy a sentarme. Quizá quieras bailar con Jenny y te lo estoy impidiendo por tener que atenderme
--¡ Cómo se te ocurre ! Jenny es como una hermana para mí y tu te empeñas en que tengo algo con ella. Eso es lo que me pone de mal humor, la poca confianza que tienes en mi
-- Te la has ganado a pulso ¿no crees?
--No por favor, esta noche no quiero discutir.



Perla decidió que ya era hora de regresar a casa, a pesar de que la sobremesa se prolongaba y era agradable, pero no quería ser pesada. Entonces inició la despedida

--Señores . Villanueva han sido unos anfitriones magníficos. Señores . Smith han sido ustedes encantadores, pero debo marchar ya , es muy tarde. La cena ha estado fantástica y  agradezco a todos las atenciones que he recibido. Jenny espero que me cuentes entre tus amigas y llámame si quieres que te acompañe a algún lado. David, nos veremos y tú Robert gracias por todo
--Yo te acompaño hasta tu casa. Nos vamos cuando quieras.
--Bueno, pues lo dicho: buenas noches a todos.

Llegaron hasta el coche y se acomodaron en su interior. Ella se sentía incómoda; no sabía qué pensar por la actitud de Robert. Decidió que si él no hablaba, ella tampoco lo haría. Llegaron en cinco minutos y se disponía a salir del coche, cuando él la retuvo:

--Perla, tenemos que hablar, así que entra coge una chaqueta , quitate los tacones y vuelve a salir que te espero aquí.  Me apetece pasear mientras hablamos, hace una noche preciosa. ¿Te importa?
--No, no me importa, ¿qué te ocurre?
--Ahora te lo explico todo. Anda ve.

Mientras aguardaba a que ella saliera, Robert se quitó la pajarita y se desabrochó el cuello de la camisa. Estaba nervioso; nunca había tenido esa sensación tan angustiosa, de incertidumbre. Iba a dar el paso más importante de su vida, y tenía el presentimiento de que no iba a tener éxito. Perla obedeció a lo que él la pidió y salió vestida con una chaqueta y unos zapatos planos, para andar por el campo

--Bien, ya estoy aquí


Robert salió del coche y la tomó por el brazo. La condujo hasta el camino iluminado por las farolas de la calle. No transitaba nadie por él. Era como una especie de paseo en el que estaban anclados  unos bancos de piedra. La condujo hasta uno y se sentaron. Robert tomó una mano de ella, que se puso tensa, presintiendo lo que venía a continuación:

Robert, muy serio, no sabía muy bien cómo empezar la conversación y sin embargo estaba deseando comenzar. La miró de frente, a los ojos y dijo:

--Durante toda la noche me has preguntado si me pasaba algo, y si. He de decirte que voy a dar el paso más trascendental  de mi vida y no estoy seguro si voy a tener éxito, pero lo tengo que hacer, no puedo más. Tuve que marcharme a América porque algo dentro de mí estaba cambiando y necesitaba aclarar mis ideas. Cuando te vi el otro día toda sucia y maloliente supe que es aquí en donde quiero estar y que eres tu con quién quiero estar. Esta noche me has vuelto loco; los celos me mordían cuando te veia hablar con David. Me moria por bailar contigo, pero no me atreví a proponértelo. Estabas seria, distante, a disgusto.
Quiero que sepas que deseo casarme contigo y formar mi propia familia. Que seas la madre de mis hijos y los quiero tener aquí. Se que es difícil que me creas porque la idea que tienes  no es muy buena, pero he cambiado. Antes no sé que es lo que buscaba, quizá te buscaba a ti sin saberlo. Cuando supe la historia de nuestras familias pensé que eran cosas de novelas, pero ahora creo que el espíritu de nuestros abuelos se han unido y ellos quieren que nosotros nos unamos también.  Te quiero Perla, te quiero como nunca pensé querer a nadie y tengo que hacer grandes esfuerzos para  no abrazarte, para no besarte...



--Creo que estás obcecado. Que no sabes distinguir la realidad de la ficción. ¿Cómo puedes decirme que me quieres más que a nadie, si hace unos meses te vi en una revista abrazado a otra chica , en la que anunciabas tu próxima boda?  No juegues conmigo, Robert, no juegues con los sentimientos de ninguna mujer. No creas que por eso voy a caer en tus brazos, porque no va a ocurrir. Estás deslumbrado porque esta noche me has visto vestida de una forma diferente al habitual, pero a diario no voy con vestidos lujosos, sino con vaqueros, con un suéter y hasta huelo a estiércol y no a Dior como hoy.
Confundes tus sentimientos y crees estar enamorado de mi, pero solamente ves tu propio ego, en conseguir algo a toda costa. Además, no pertenecemos a la misma escala social. Yo tengo que trabajar para vivir y tu vives sin trabajar. Es imposible, y por favor no hagas que la historia se repita. Nos haría daño a los dos.

--Tú lo has dicho, que no se repita la historia. He visto cómo mi abuelo no tenía ilusiones por nada. Respetó a mi abuela y la quiso, pero dentro de él guardó un amor eterno por Almudena. Ahora no existen las barreras sociales que ellos tuvieron. Por favor, piénsalo; yo se que me quieres, aunque pienso que no tanto como yo a ti, pero eres terca y te juraste a ti misma no enamorarte nunca y aunque destroces nuestras vidas, no darás tu brazo a torcer. Por favor, por favor ,consiente en ser mi esposa
--No Robert, es imposible. Seguramente tus padres tendrán en perspectiva  una futura señora . Villanueva más acorde con la escala social que tenéis en América. No te imagino viviendo aquí, en la finca, entre el ganado o peleándote con los de la cooperativa para vender mejor las cerezas. No te imagino así. Te imagino con esmoquin como ahora, brillando en los saraos de la jet. Te avergonzarías de mi; nuestro amor se acabaría enseguida y sería más doloroso.  Por otra parte, me gustas, pero eso no es suficiente para pasar toda la vida al lado de alguien a quién no amas. La convivencia es algo más, trae muchas cosas consigo y no todas buenas. No Robert, estás confundido y crees amarme, pero sólo soy exotismo, alguien al que no estás acostumbrado a tratar. alguien a quién no puedes manejar a tu antojo

--¿De qué tienes complejo? ¿Avergonzarme de ti? Te puedes presentar delante del mayor de los reyes del mundo. Tienes cultura, educación y unas ideas muy claras. Que no te gusta cómo está montada la sociedad, a mi tampoco, por eso te digo que viviríamos aquí, en donde eres feliz y sólo si tu quieres iríamos a dar una vuelta por América. Además mis padres, si no lo has notado, cada vez pasan más tiempo aquí. No me rechaces, por favor, si lo haces hundirás mi vida para siempre.

--Lo siento Robert. .Pienso en mi abuela y me da miedo...Soy cobarde no quiero correr el riesgo de que lo que vivimos sea un sueño y un día despertar de una amarga pesadilla. Por favor no lo hagas más difícil. Quizá pienses que no son razones suficientes o que quizá no te ame todo lo que debiera, pero no me casaré contigo.


Robert, angustiado, no sabía qué hacer: la estaba perdiendo, la había perdido y ni siquiera le había dado la oportunidad de hacerla ver que había cambiado. Ya no era el mujeriego que ella conoció. Ahora sus ojos sólo la veían a ella, sus brazos se morían por abrazarla a ella y no a otra y sus labios sólo deseaban besarla a ella. Si  no le aceptaba destrozaría su corazón. Tendría que irse de allí, pues el verla sería como hurgar en la herida constantemente.

--Bien, ¿es tu última palabra? ¿ni siquiera me das una oportunidad para demostrarte que tú eres lo más importante en mi vida?
--Robert, por favor, ya
--Pues bien, sea como quieres.

Robert la abrazó y la besó con toda la desesperación del mundo. Lo que no podía sospechar Perla es que tardarían  en volverse a ver.

miércoles, 20 de julio de 2016

Historia de dos familias - Capítulo 7 - Regreso a USA

A la mañana siguiente,  Robert,  pasó por la casa de Perla. Le remordía la conciencia por el tiempo que le había obligado  a permanecer dentro del agua. Al tiempo de sentir pesar, empezaba a disfrutar con el juego que traian de  ver quién gastaba la broma más pesada  al otro. Esta vez no sentía la misma satisfacción, lo sentía de verdad.  Se sentía culpable.  Cortó unas flores del jardín de la finca y fue a preguntar por ella; esperaba estuviera levantada:

--Buenos días María ¿cómo ha pasado la noche la señorita?
--Pues señor, ha tenido una fiebre muy alta. Ahora le he dado una pastilla y parece que se encuentra mejor
--¿Pero está en la cama?- preguntó extrañado
--Si. He tenido que reñirle porque se quería levantar
--¿Puedo pasar a verla?
--Desde luego

Dando unos golpes en la puerta Robert pidió permiso para entrar en la habitación. Al ver Perla que se trataba de Robert, se enfureció con él

--Muchas gracias. Mira lo que has conseguido. Que me enferme
--Lo siento Perla, no fue mi intención perjudicarte. Se trataba de una broma.
--Si supieras lo fria que estaba el agua...
--Lo siento de veras.  Pero recuerda que lo comprobé  yo mismo, y no era para tanto.Aparte de interesarme por ti, también vengo a decirte que me voy a casa, a América y quería despedirme. No quiero que tengamos esta tensión absurda, de crios. Deseo, de verdad, que seamos amigos. Perdona todas las molestias que te he dado
--Está bien, tengamos paz. Además ahora que te vas, ya no discutiremos más





El Otoño se echó encima y el pueblo se veia más despoblado ya que la gente se refugiaba o en el bar  o en sus casas. David y Perla se reunían después de trabajar para dar una vuelta, hablar de "sus cosas" y tomarse un café en el bar del pueblo. Los fines de semana después de atender al ganado y si no tenían ningún caso que atender, iban a pasar el día a Cáceres. Allí comían en un restaurante, o iban al cine, a la  discoteca o simplemente se sentaban en una cafetería a charlar como dos buenos amigos que eran.
Perla no preguntaba nunca por Robert, a pesar de que sabía  que contactaban a menudo,  pero fue David el que sacó la conversación:

--Según me ha comentado Robert, habéis firmado la pipa de la paz
--Bueno, porque no está aquí. Te aseguro que si fuera de otra manera estaríamos como siempre. No se por qué, pero no tenemos feeling.
--Tiene una vida muy agitada en Nueva York, aunque me dice que ahora sale menos. Creo que anda medio ennoviado con una chica y quiere traerla para que conozca todo esto
--¿Ah si? pues me alegro por él. A ver si sienta la cabeza. Está un poco loco



Robert en Nueva York trabajaba en la compañía de su padre, pero por las noches seguía con el mismo tren de vida de antes. Únicamente ahora se acostaba  más temprano. Un día David le mostró una revista de sociedad en la que venia un reportaje de Robert,  entre los círculos de la jet set neoyorquina era una familia muy conocida, y el compromiso  salia en todas las primeras páginas.  Cuando David le enseñó la foto, notó que a Perla no le gustaba aquello. La reacción que tuvo frente a la fotografía hizo preguntarle:

--Perla ¿te ocurre algo?
--No, solamente que me ha sorprendido. Me sorprende que se vaya a casar. No creo que esa chica sea feliz con él. Es un ser muy irresponsable y a no ser que ella sea igual, les veré divorciados.

David era muy directo y dado que tenía mucha confianza con ella, le preguntó:

--¿ Te interesa Robert?
--¿Qué? Naturalmente que no. ¿Crees que con las trifulcas que teníamos podía interesarme por él? No querido David. Por mi puede hacer lo que quiera.



Llegó el invierno, la primavera,  y una vez más el Valle del Jerte volvió a teñirse de blanco con los cerezos . El espectáculo atraia a muchos turistas  a contemplar aquella explosión de belleza. Era precioso aunque su duración era muy corta: apenas diez días.
Y con la primavera y los cerezos, llegaron también los Villanueva y una joven  que acompañaba a Robert
Perla se encontraba ese día en Cáceres, todo estaba tranquilo y quería hacer algunas compras en la capital, por lo que advirtió a María que estaría fuera un par de días.



A su regreso una vez descargadas las compras que había realizado, observó que junto a Canela había otro perro de la misma raza , y  preguntó a María el motivo de que estuviera en el salón y de quién era

--Señorita, se coló aquí una noche, pero Canela ya lo conocía. Han estado muy juntos desde ayer
--Averiguaré de quién es. Seguro que andan locos buscándolo.

Después de comer salió al porche a contemplar la belleza del paisaje y decidió dar un paseo por el valle para contemplar  los cerezos. Tomó su caballo, pero le extrañó que Canela no la acompañara. La encantaba salir con ella y correr detrás del caballo

--¡Como está con su visita!....murmuró riendo

A lo lejos se divisaban otros dos jinetes que paseaban tranquilamente. Hasta que no estuvieron  más cerca no supo que se trataba de Robert acompañado de una chica, que no era la misma que aparecía en las revistas



--Este muchacho no tiene arreglo. Ya está con otra -. Trató de desviarse de ellos, pero era demasiado tarde. Robert alzando la mano llamó su atención


--Perla...
--¡ Hola!  ¿Habéis venido a contemplar los cerezos?
--No,  quería que Jennifer conociera la finca. Perdona no te he presentado: Jennifer una buena amiga y Perla
--Perla, su eterna contrincante-,   respondió  la veterinaria
--Se lo traduciré, no habla nada de español
--Pues tu para tener sangre española, tampoco lo hablas muy bien que se diga.
--¡ Es tremendo ! No he hecho más que llegar y ya te estás metiendo conmigo.
--Por cierto¿tenéis vosotros algún perro igual a Canela?
--Si, Sweetty, pero no le he visto por casa
--Claro está en la mia con mi perra. Deberías atarle o sujetarle en algún sitio.
--¿Qué quieres? yo acabo de llegar
--Si lo se, pero si deja preñada a mi perra ¿qué?
--Oye,oye eso es lo más natural del mundo..
--Claro habrá aprendido de su amo. He tenido mucho gusto en conocerte Jenny. Buenas tarde-.  Y espoleando al caballo partió rumbo a su casa al trote. Al día siguiente se disponía a coger el coche, cuando David y Robert aparcaron el suyo delante de su casa



--Buenos días Perla, ¿vas a salir?,- le preguntó David
--Si tengo un parto en el pueblo vecino y va a ser un poquito complicado
--¿Necesitas ayuda?
--No, no. Lo que ocurre es que la mamá es primeriza y es una yegua muy joven . Se adelantaron un  poco.
--Buenos días Robert
--Hola Perla. Venimos a invitarte a una fiesta que daremos el próximo sábado. Mañana llegan los padres de Jenny y en su honor vamos hacer una fiestecita.
--No creo deba ir. No conozco a nadie, me sentiría molesta. No gracias, no iré
--Pero tú casi eres de la familia
--¿De la familia? no Robert discúlpame pero es un homenaje particular vuestro a vuestra futura familia
--¿Futura familia? No me voy a casar con ella, si es a eso a lo que te refieres
--Bueno eso es un problema tuyo
--Estate preparada a las ocho, vendré a buscarte. Ponte muy elegante
--No por favor Robert, me sentiría muy incómoda.
--Hemos estado mucho tiempo sin vernos, y ¿sabes? echo de menos nuestras regañinas. Las extrañé mucho en América
--¿Tuviste tiempo?
--Ja,ja,ja, ¿estás celosa?
--¡ Qué dices! me da igual lo que hagas. Ya sabes que no eres mi tipo
--Eso dices, pero yo se que te gusto
--Has venido muy engreído.   Todavía más. Para broma está bien, pero yo ya tengo mi corazón ocupado
--¿Es por eso por lo que fuiste a Cáceres el otro día?
--Quizá... Y ahora lo siento pero tengo que dejaros. Tengo un caballito en camino. Adiós.
--A las ocho en punto, no te olvides y no quiero excusas. -.  David observó la escena riéndose al tiempo que pensaba:
--Estos se gustan, vaya si se gustan. No hay más que ver las miraditas que se echan...

A las siete y media, Robert vestido elegantemente se presentaba a recoger a Perla. Al verla aparecer con vestido de noche, se quedó paralizado. Era igual a una estrella de cine:






Robert se le quedó mirando sin pronunciar palabra y ella desconcertada le dijo:

--¿No voy adecuadamente vestida, me cambio de ropa?
--Eres la chica más hermosa que he visto nunca.Si tu abuela era igual que tú, no me sorprende que mi abuelo perdiera la cabeza por ella
--Eres un adulador. No deberías decirme eso. Mi abuela y mi madre eran preciosas, yo simplemente soy resultona
--No es cierto. Siempre te he visto muy guapa aunque nunca te lo dijera, pero esta noche haces que pierda la cabeza el hombre más templado
--¿Tú la perderías?
--¿Quieres comprobarlo?


--Vámonos, me estás poniendo nerviosa. Eres un Don Juan y sabes cómo conquistar a una chica, a todas, menos a mi. Le hice la promesa a mi abuela de que nunca me enamoraría, y créeme pienso cumplirlo.
--No me digas que has hecho esa tonteria. Me estás tomando el pelo. Seguro que ya estás enamorada pero eres tan cabezota que no lo quieres reconocer
--¿Nos vamos? Estás pisando un terreno muy resbaladizo
--¿Qué te ocurre, por qué me detestas de esa forma?
--Pues porque eres irresponsable, mujeriego, no te interesa nada, en fin eres el clásico niño de papa.

Ella se dirigió a la puerta, seguida por Robert. El iba serio. Algo había ocurrido que le había desconcertado.

martes, 19 de julio de 2016

Historia de dos familias - Capítulo 6 - Un encuentro inesperado

Ralph contemplaba la caja de la que habían salido los fantasmas del pasado. Por fín había averiguado lo que quería y mentalmente, dirigiéndose a su padre, le dijo:

--Descansa en paz, papá. Tuvo familia y por lo que yo conozco , que es a su nieta,  no tienes porqué preocuparte. Se sabe defender. Es preciosa, como debió ser Almudena. Estate tranquilo; ya he cumplido tu encargo-.  En ese momento cuando Ralph estaba inmerso en sus pensamientos, Robert entró en la habitación y pudo ver a su padre acariciando unas cartas y un relicario, que hasta entonces no había visto:

--¿Ya has averiguado algo?
--Si, y no te lo vas a creer. La mujer que volvió loco a mi padre, es la abuela de Perla, la veterinaria.
--¿Cómo dices?...¿Me quieres decir que por poco no soy pariente de esa....mujer?
--Robert. Esa mujer tiene un nombre y es toda una señorita
--Si, pero es muy antipática. ¿Sabes que nos conocimos por casualidad en Madrid? Nos presentó David. Ella había sido compañera de universidad, pero a mi no me cayó bien y yo a ella tampoco-.-  Robert tomó entre sus manos el relicario y comentó
--En verdad se parece a ella, aunque yo creo que la abuela era más guapa-.  Robert se dirigió a su habitación, y a solas recordó el incidente con Perla:
--La he mordido. Así escarmentará.  Ja,ja,ja,

Perla llegó a su casa  sintiendo que los labios de repente le habían crecido. Se miró al espejo y comprobó que lo que tenía era un pequeño corte, sin duda obedecía  al mordisco que "ese cretino" le dió. Se lo curó y procuró olvidarse del incidente -.  Al cabo de una semana, Robert recibió una llamada desde Madrid:

--Robert, chico estoy en España, en Madrid
--David, ¡qué alegria que andes por aquí otra vez! Me estoy aburriendo como una ostra. No te muevas que ahora mismo salgo a buscarte. Tengo infinidad de cosas que contarte, algunas te van a sorprender. ¿Sabes lo que se me ocurre? Nos quedaremos allí unos días. Mis padres se vuelven a América dentro de nada. Yo pretendo irme con ellos. Aquí no estoy a gusto...no se puede ni ligar...es un pueblo pequeño en el que todos se conocen y claro...  Aunque te tengo reservada una sorpresita. Ja,ja,ja,  En tres o cuatro horas estoy allí ¿Dónde vives, en el apartamento?
--¡Claro !
--Bien pues voy derecho para allá.


Al encontrarse ambos amigos después de tanto tiempo se dieron un fuerte abrazo de alegria. Robert pensaba:

--Por fin, voy a poder salir con alguien que me entiende..
--Robert, compruebo que sigues igual. ¿Cuándo vas a sentar la cabeza?
--Mientras haya chicas libres por el mundo, creo que nunca. Y por tu país , tu familia ¿qué tal?
--Oh, muy bien. Me costó mucho convencerles de que quería ser independiente, pero aquí estoy. Ahora necesito un trabajo y urgente. La mitad de los ahorros se me han ido en el billete de avión.


--¿Necesitas un trabajo? Pues ya lo tienes. Mis padres ampliaron la finca de labor a ganadera y ahora tenemos cerdos y ¡ caballos!.  De pura sangre, preciosos. Los estamos domando para monta y para carreras. Así que ya tienes trabajo señor veterinario.
--¿ No tenéis veterinario?
--Bueno, se puede decir que no. Hay una doctora en el pueblo que cuando nos vemos en apuros, nos visita, pero no está fija y además me cae fatal. Es una niña engreida que se cree independiente, y yo creo que lo que necesita es que alguien..., vamos,  la ponga en su sitio. Pero ¿qué digo? tu la conoces: se trata de Perla, tu antigüa compañera
--¿Perla, engreida? Se ve  que no la conoces, no tienes ni idea. Pero lo que no quiero es buscarle problemas. Déjalo ya encontraré otro empleo, total acabo de llegar.
--Ni hablar, necesitamos a uno fijo y tu eres mi amigo y además el indicado.


Habían pasado dos noches y sus correspondientes días en Madrid, por lo que decidieron partír hacia Cáceres. Con el coche corrian por la carretera como queriendo demostrar que eran dueños absolutos del terreno que pisaban. David le recriminaba que fuera tan rápido, pero Robert estaba eufórico y deseando llegar.

--Esta noche nos iremos a un pub que hay cerca de Alameda , que así se llama el pueblo Alameda del Jerte. . Es un lugar bonito, pero yo me ahogo allí por mucho que mi padre se empeñe en que me haga cargo de todo. Cuando regrese a Nueva York, por aquí no me ven el pelo, nada más que en contadas ocasiones.
--Pero Robert, algo tienes que hacer con tu vida. No puedes vivirla de esa manera, como si fuera el último día . Yendo cada día con una chica nueva, ligando a todo ligar. No es bueno...
--Cuando veas el panorama, ya me dirás...
--Oye, me gustaría ver a Perla. ¿Nos podemos acercar un momento por su casa?
--Bueno, es pronto de todas formas

Cuando llegaron a las inmediaciones, vieron que una figura femenina con un gran perro, se acercaba por el camino. Sin duda era Perla



--Mira, ahí la tienes. Seguro que viene de reconocer a algún animal. Olerá a cuadra y vendrá sucia. Yo no pienso salir del coche para saludarla . . .

--Perla.-.Llamó David -  Ella se paró en seco escudriñando a la persona que le llamaba
--¡ David ! ¡ qué alegria tan grande y cuánto tiempo sin verte! -.  Se abrazaron y él observó la herida que tenía en el labio
--¿Qué te ha ocurrido, te has caido?
--Pregúntaselo a ese...
--¿Ese, a quién?
-- A tu amigo. Pero no importa, no merece la pena. ¿Cómo tú por aquí?
--Pues vengo a quedarme. Robert me ha ofrecido un trabajo en su finca para cuidar los caballos. Lamento ..
--¡ Oh no !, no lo sientas . Yo no trabajo para ellos. Solamente lo hice porque el caballo de él, estaba enfermo. Y si , necesitan un veterinario y tú eres magnífico.  No sabes la alegria que me das. Así podremos charlar de nuestras cosas. Mira ahí es donde vivo, y está muy cerca de la Finca.¿Quieres pasar a tomar algo?
--Me encantaría, pero todavía no hemos aparecido por la casa. Te prometo que mañana me acerco.

Le dió un beso en la mejilla y se despidieron.  Robert miró por el retrovisor riendo y Perla le sacó la lengua a modo de burla.  Después de cenar Robert planteó acercarse a Cáceres a correrse una pequeña juerga:

--Robert, deja que David descanse. Estará rendido del viaje. Id mañana...
--No papá iremos esta noche. Vendremos a dormir pero no sé a qué hora. No estéis intraquilos. Ahora me voy con mi" Pepito Grillo" particular.

Se vistieron  y emprendieron rumbo a la capital, pero ni siquiera llegaron. Como cinco kilómetros antes de llegar, Robert había descubierto un pub con unas chicas muy bonitas y le sugirió a su amigo que pararían para que lo conociera.



Entraron e inmediatamente unas muchachas salieron a su encuentro. Robert ya era conocido y por tanto le trataron con bastante familiaridad. Estuvieron allí toda la noche y cuando ya estaba amaneciendo, decidieron que había que regresar a casa. Habían bebido bastante y las chicas les sugirieron que no cogieran el coche por temor a un accidente, pero ellos dijeron que podían conducir. En especial David que era el menos bebido.
Se pusieron en camino; iban cantando a pleno pulmón. Pasaban delante de la casa de Perla, y entonces Robert dijo a David:

--Para, para. Vamos a dar una serenata a la doctorcita. Seguro que ya está levantada. Lo hace como las gallinas. En cuanto apunta el sol. Verás...

Y se puso a tocar el claxón con todas sus fuerzas. David trataba de impedir que lo hiciera, pero no pudo evitar que Perla abriera la puerta y les viera en tal estado

--Pero...¡ Están borrachos! David ¿de dónde venís a estas horas? Dios mio, este hombre está loco. ¿No se da cuenta de que es un irresponsable, que han podido tener un accidente? David ¿Por qué  has dejado que bebiera de esa forma?  Anda ayúdame a entrarlo en casa. Si su madre le ve en este estado, le va a dar algo.
--Te lo dije David, está deseando de que alguien la ponga en su sitio. Ja,ja,ja. Comentó Robert medio dormido
--David, ven acuéstale aquí mientras yo le preparo algo que le haga despabilarse. Y tú ¿qué tal vas?
--Pues yo tampoco estoy muy bien, pero me mantengo más firme que él-.  Robert se había dormido profundamente. Al cabo de unos instantes, regresó Perla con una jarra con café puro en la que había echado sal, bastante sal
--Te aseguro que va a echar hasta la primera papilla. Cuando llegues a casa que se acueste y le das una aspirina. El dolor de cabeza que va a tener va a ser de los de antología. ¿Pero dónde os habéis metido?
--En un bar de alterne, y bebimos, bebimos...y no nos dimos cuenta hasta que no nos teníamos en pie.
--Sois unos majaderos. Sabéis de sobra que cuanto más bebáis más ganan ellas de comisión.¡ El listo, el señorito americano, el que todo lo sabe ! y es un perfecto imbécil
--Perla ¿ te puedo preguntar algo?
--Claro
--¿Por qué os odiais de esa manera?, no lo entiendo. No os soportáis,  ¿por qué?
--Yo tampoco lo sé, David, pero no me ha caido bien nunca. Se cree que entontece a todas las mujeres y conmigo va listo.

Entre los dos consiguieron que tragara ua buena cantidad de aquel brebaje imposible de tragar.  Perla había llevado a la cabecera de la cama en donde estaba echado Robert, un cubo y una toalla. El vómito se esperaba de inmediato,  como así ocurrió.
Pasado un buen rato, le dió una taza de caldo que había preparado María, junto con una aspirina.

--Gracias estoy mejor. Muchas gracias.  Para ti ha sido gratificante, verme hunmillado de esta manera. Vomitando en tu cama...
--¿Te das cuenta David lo que te dije? Para empezar no es mi cama, y no lo he hecho por humillación, sino por lástima. Para que tu madre no te viera en ese lastimoso estado, pero veo que no comprendes nada. Eres odioso, niño-. David consiguió llevarle hasta el coche y meterle en la cama antes de que sus padres se levantaran para desayunar
.
Los señores Villanueva salieron para Nueva York, y David  pidió a Robert que se quedara unos días más para ponerle al tanto  con las cuestiones concernientes a la finca, Y así lo hizo; no hicieron ninguna mención a lo ocurrido en casa de Perla.

Hacía calor y Perla salió al atardecer a dar una vuelta como siempre aompañada de Canela. Llegaron hasta la poza del valle. Tenia aguas cristalinas, aunque un poco frias. Siempre se daba un baño cuando el sol caía. Era un lugar solitario por el que nunca pasaba nadie.  Se desvistió dejando a Canela al cuidado de la ropa y ella se zambulló en las frescas aguas de la poza.



De repente unos ladridos se oyeron muy cerca que hizo que Canela se incorporara y saliera corriendo no sin antes llevar en su boca la blusa de Perla.

--Canela, Canela, ven inmediatamente..

Pero Canela había desaparecido corriendo detrás del perro que ladraba y en su lugar un hombre a caballo se plantó delante de ella


--¡ Vaya, vaya ! ¡ Pero si es la doc torcita bañándose! ...- Robert se apeó del caballo y desabrochándose el pantalón comenzó a desvestirse
--Ni se te ocurra, no estarás pensando en bañarte...
--¿Qué cres que voy hacer? Hace mucho calor y me apetece un buen baño...
--Por favor, por favor. No lo hagas, te lo pido por favor...

Pero las súplicas de ella, no surtieron efecto en él, que se quedó desnudo ante ella.  Perla se giró con vergüenza, mientras él nadaba en su dirección. Se sumergía más en el agua para que él no la viese, pero era inútil, el agua era tan cristalina que parecía un espejo.  Se cubrió como pudo con los brazos, cuando él llegó a su altura.  Se reía sin parar al ver el rostro de Perla. ¿ Qué podía hacer ?  Si salia la vería  y él no tenía intención de marcharse.  Los nervios, la caída del sol y la temperatura del agua, hicieron que comenzase a temblar.  El dejó de reir y la miraba comprendiendo la situación. Sólo había sido una broma; no tenía el más mínimo interés en ella, sólo una pequeña venganza por no sabía qué.  Perla estaba a punto de llorar de rabia, impotencia y de vergüenza  ¿Por qué se le ocurriría venir a bañarse?  Otras veces lo había hecho, y nadie se había acercado hasta allí. Él no se iría, sólo para fastidiarla.  Se vería obligada a salir, comiéndose la vergüenza  que le causaba su desnudez.  Pero al cabo, él cesó en su broma.
--Está bien, en compensación por tu ayuda del otro día. Estamos en paz...Pero mi perro se ha ido con tu perra, así que me quedaré aquí hasta que regrese...
--Por favor no lo hagas, te lo pido por favor, vete.
--¿Por qué ? aquí se está bien. Corre brisa. Esperaré. No te importa si salgo yo primero ¿verdad? hace mucho calor...


Robert se tumbó en la hierba, mientras que Perla aguardaba dentro del agua. Ninguno de los dos se daban por vencidos y la perra no regresaba con la ropa de ella.  Perla empezó a sentir frio y a castañetearle los dientes. Con los brazos cruzados sobre el pecho, aguardaba a que volviera Canela, se hiciera de noche ó Robert decidiera de una vez que para broma ya era suficiente. Ël se reia de la situación aunque empezaba a preocuparse ¿quién cedería antes?

--Desde luego ella no va a ceder, y creo que no me estoy portando bien-. Se levantó y le dejó su camisa en la orilla al tiempo que se daba la vuelta.
--Para que veas que no soy tan sinvergüenza como crees que soy. Ponte mi camisa; te prometo que no me giraré. Anda que te vas a quedar helada -.  Perla cogió apresuradamente la camisa y se la puso, pero el frio no  cedía. Había pasado mucho rato dentro del agua y la camisa se había mojado al tener el cuerpo húmedo.

--Anda te llevare a tu casa. Sube al caballo.


Robert  había alzado a Perla hasta la montura y él se acomodó detrás de ella rodeándola para coger las bridas de la cabalgadura.  El pelo húmedo de ella rozaba el rostro de Robert, pero lejos de desagradarle tenía una agradable sensación protectora hacia la muchacha. Se les había hecho de noche y cuando María les vió llegar se alarmó al ver en la situación que llegaba Perla.

--Prepárele una taza de leche caliente y que se meta en la cama. Viene helada. Por cierto ¿ha llegado la perra?
--No señorito.
--Ande atiéndala, de lo contrario mañana tendrá fiebre y un enfriamiento-.  Y sonriendo se despidió de Perla, diciéndole:
--Hasta mañana, sirena del lago.Ja,ja,ja. - Ella no pudo decir nada, el castañeteo de los dientes se lo impidieron

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