viernes, 5 de agosto de 2016

Volver a los diecisiete- Capítulo 12 - Durante la espera

 Con las primeras luces de la mañana, llegaron Raquel y Ramón. Su desplazamiento había sido toda una odisea. Había puertos cerrados con uso de cadenas. Les nevó en algunos tramos,..., lo que se dice un desastre. Ramón recriminaba a su mujer el no haber aceptado el ofrecimiento de Adolfo



-- Estoy harto de aguantar tus estupideces. No es ocasión para andar con remilgos.  Ojalá y lleguemos a tiempo, porque si no es así te lo vas a estar reprochando toda la vida. ¡ Eres increíble, no te entiendo!



  Raquel callaba porque en su interior pensaba que su marido tenía razón.  No eran momentos para andar con remilgos. Durante todo el trayecto pensaba en su madre; se sentía responsable por haberla empujado, sin quererlo, a exiliarse en aquella población tan alejada de su familia, sometida a una soledad que ella no deseaba.  Por fin divisaron la silueta del hospital y sus corazones se aceleraron.  Estaban  deseando llegar y al mismo tiempo lo temían. A lo largo de la noche habían mantenido contacto con Alicia y Manoli, por ello,  sabían que tenían que seguir esperando, pero deseaban saberlo de primera mano. Dejaron el coche en el aparcamiento y con paso acelerado se introdujeron en el hospital.  Preguntaron en recepción y allí les indicaron el lugar en donde aguardaban los familiares de la paciente.

En la salita estaban todos.  Los hombres charlando y dando paseos por la habitación, las mujeres calladas, llorosas cogidas de la mano.  Raquel fue la primera en entrar y abrazarse a su hermana

-- Decidme ¿ qué sabéis?
-- La hemorragia está controlada, pero  aún no ha vuelto su consciencia.  El médico dice aguardar unas horas y si la hemorragia no se reproduce, trasladarla a planta con los cuidados requeridos , pero en la que sus más allegados puedan hablarla, para tratar de que recupere la normalidad
-- ¡ Dios mío, qué terrible !— exclamó Raquel

Ramón entretanto se unió a Luis y Adolfo requiriendo todas las últimas noticias.  Como si de repente se diera cuenta, Raquel miró en dirección a los hombres y fijó su mirada en Adolfo

-- ¿ Qué hace él aquí?
-- ¡ Cállate, por favor !,- la replicó Alicia.-.   Tenemos que hablar de algo muy importante que no admite demora, así que dentro de un rato nos iremos tú y yo al jardín, y allí tranquilamente te contaré algo que cambiará  por completo tu forma de ser...
--¿ Qué ocurre ?  ¡ Me he perdido ! ...
-- Ya, ya..-. contestó Alicia.


Pasados unos instantes, las dos hermanas se alejaron en dirección al jardín.  Tardarían más de una hora en regresar.  Raquel venía con el rostro demudado y muy callada.  Alicia por el contrario se había quitado un peso de encima y su rostro se veía relajado

-- Ya está todo aclarado.  No es necesario seguir fingiendo...- Raquel se sentó al lado de Manoli a la que miraba fijamente...
-- ¡ Todos lo sabíais y nadie me dijo nada !
-- Tu madre nos lo prohibió.  No quería daros ese disgusto ni que la memoria de tu padre se viera empañada por nada
-- Pero ...  Debisteis decirlo cuando ha surgido el problema con Adolfo...  No podré mirarle a la cara. ¡ Qué vergüenza !
-- No te preocupes por él.  Lo comprende y aunque nunca ha estado de acuerdo con ello, ha callado por Carmina.  Ahora comprenderás muchas cosas...
-- Si a mamá la pasa algo, yo me moriré de remordimiento.  La quité  los niños... fui mala y  perversa con ella, no sentí lástima por el daño que la hacía, y sin embargo ella nunca me dijo nada...
-- Así es tu madre, Raquel.  Nunca se queja de nada, sufre en silencio, y créeme cuando se enteró de lo de tu padre...  Se portó mal con ella, muy mal... pero bueno... ya pasó todo y en lo que debemos pensar ahora es en que se recupere pronto.

Con ojos llorosos, Raquel dirigió su mirada hacia Adolfo que en silencio contemplaba la escena. Se levantó y se dirigió hacia él



-- ¿Puedes venir conmigo ? Tengo que hablar contigo
-- Desde luego...

En el exterior del hospital brillaba el sol, pero no era un día templado, sino todo lo contrario, al atardecer posiblemente helaría de nuevo.

-- No sé cómo empezar....- titubeó Raquel
-- En lo que a mi se refiere te  comunico que no me moveré del lado de tu madre.  No tienes ni idea de lo importante que ha sido para mi el conocerla.  Creo- dijo sonriendo-  que he llegado a esta edad soltero porque la esperaba desde que nací.  Tiene unos valores difícilmente incontables en otras gentes, y lo más importante:  sois lo primero en su vida.  Os ama entrañablemente, sin importar los sacrificios que tenga que hacer para conservaros a su lado...
-- Lo sé. Acabo de enterarme y lo que deseo, en primer lugar, es que ella se ponga bien, pedirla perdón y darla un enorme abrazo con las gracias por su sacrificio.  En segundo lugar pedirte perdón por todo lo injusta que he sido. Seguro que me odias  y no te falta razón.  No entendía nada, pero ahora todo ha quedado meridianamente claro.  No sé qué hacer...

Se tapaba la cara con las manos y lloraba desconsoladamente...   Adolfo conmovido, comprendía el remordimiento que debía sentir, sintiéndose culpable de lo ocurrido.  Fue hacia ella y la abrazó con ternura; poco a poco Raquel se fué calmando bajo los brazos amables de Adolfo

-- En lo que a mi se refiere, está todo olvidado.  Lo doy por bien empleado si tu madre se recupera y todo vuelve entre vosotros a la normalidad. ¡ Cómo no iba a perdonarte, si eres su hija. Eres carne de su carne !
-- Eres generoso y bueno.  Otro en tu lugar...
-- Calla, calla. Lo que importa ahora es Carmina; todo lo demás es secundario, carece de importancia...
-- Gracias Adolfo.  Te estaré eternamente agradecida y me sentiré muy honrada si formas parte de mi familia
--  Raquel, en estos horribles dos días, es lo mejor que me has podido decir...  Te doy las gracias por ello. Anda ahora vamos dentro no te vayas a enfermar tú también.

La tomó del brazo y ambos entraron para reunirse con el resto del grupo que les miraba expectantes.  Raquel fue la encargada de anunciar que todas las hostilidades habían cesado y que ahora Adolfo sería uno más en la familia.  Era la única buena noticia que recibían en muchas horas, porque el tiempo pasaba y no había novedades.  Todos guardaban silencio, tenso, cada uno con sus pensamientos.  Fue Adolfo el que trató de relajar la situación

-- Bueno, es muy pesada la espera, pero también es buena señal de que no va a peor.  Ya nos advirtieron que sería larga...  Por favor, no podemos perder el ánimo ahora. Ella nos necesita y debemos mostrarle nuestra mejor cara, lejos de dudas y preocupaciones.  Ya tendremos tiempo de comentar todo, cuando haya pasado el mal rato.  Creo que debíamos planificarnos para pasar la noche. A nada conduce estar todos aquí, sin descansar.  Cuando la trasladen a planta nos va a necesitar y no podemos perder las fuerzas
-- Estoy de acuerdo con Adolfo,- dijo Ramón-. Creo que deberíamos establecer turnos y pasar la noche en algún hotel
-- Yo me quedo. Haré el primer turno-  dijo Raquel
-- Bien, pues yo te acompaño, así la vela se hará más llevadera-  replicó Adolfo-.  El resto protestó pues todos querían quedarse. Manoli impuso su criterio
-- Chicos, chicos. Todos queremos quedarnos, pero Adolfo tiene razón. Vamos a necesitar conservar las fuerzas para ayudarla. La estancia en el hospital puede ser larga. Creo que debemos hacer lo que dice Ramón. Mañana les reemplazaremos temprano y así estableceremos turnos. A lo mejor al mediodía  la trasladen a planta.  Así que dentro de un rato debemos ir a cenar para que Raquel y Adolfo lo hagan a nuestro regreso y posteriormente irnos al hotel. Aquí no hacemos nada



Refunfuñando, todos aceptaron pues vieron que era lo más lógico y la mejor manera de ayudar a Carmina.  Por fín al cabo de dos horas quedaron en la salita Raquel y Adolfo.  La muchacha comenzó una conversación intrascendente, pero no vea otro camino para terminar de romper el hielo, ya que a veces se producían silencios muy violentos. Raquel fue la que pidió a Adolfo

-- Cuéntame cómo os conocisteis. Quiero saberlo todo, no por cotilleo, sino por conocerte mejor...
-- Pues todo fue muy extraño, ocurrió en Jockey, en el restaurante... -   Adolfo fue desgranando la forma de su primer encuentro y las casualidades de los siguientes...
-- No fue un flechazo, pero tampoco tardé mucho en enamorarme.  Tu madre es de una manera muy especial.  Nunca había tratado con una mujer con la que poder hablar tan abiertamente de cualquier cosa.  No se escandalizaba por cruda que fuera la conversación.  Sonreía y escuchaba.  Nuestro primer "contacto" ocurrió, como casi todo lo nuestro, casualmente, sin buscarlo, pero...  nos unió para siempre.  Ella estaba falta de cariño, no del vuestro, sino del cariño que un hombre puede dar a una mujer.  Yo estaba saturado de frivolidad, y entonces ocurrió....  saltaron chispas:  habíamos nacido para estar juntos y ser una misma persona.  Luego, todo fue sencillo, había amor entre nosotros, nada más.  No nos guiaba otra cosa que el estar juntos y amarnos... Después...  , ya conoces el resto...
--  Adolfo, ha pasado mucho tiempo desde que os separasteis ¿ la sigues amando como al principio? 
-- ¡ Ay Raquel ! más que al principio. Se convirtió,  de una relación normal, a un imposible y eso hacía que mi vida se parase  en el momento en que se fue de mi lado.  Yo que había sido un poco golfo, recobré la serenidad real de mis años y comprendí que sin ella era peor persona.  No volví a las andadas. Ya no. Era imposible estar con alguien que no fuera Carmina.  Y si, daría  mi vida por tu madre...
-- Gracias por amarla de ese modo. Lo merece. Ahora ya lo sé todo y comprendo lo que debió sufrir al sentir los desaires de mi padre hacia ella. ¡ Una mujer joven, en plenitud, y tan bonita !  ¿Cómo pudo hacerla eso ?


-- Creo que lo mejor que puedes hacer es olvidar el tema. Afortunadamente todo se ha aclarado y tendrás ocasión de que ella te lo explique.  No deseaba por nada del mundo, empañar la memoria de tu padre. En definitiva lo que ocurriera entre él y tu madre, sólo les incumbe a ellos. Es su vida y ese episodio es agua pasada. Nadie, ni siquiera yo, puede interponerse.  El siempre será tu padre y debes quererle y respetarle como a tal. Era el marido de Carmina, un lugar totalmente distinto al de padre. Si no supieron, no pudieron o no quisieron solucionarlo, solamente ellos lo saben. Él ya no está aquí para dar explicaciones, además se amaron al principio, fuisteis concebidas por amor, y eso es lo que debe quedar en tu memoria.-. Raquel reclinó la cabeza en el hombro de Adolfo, y le dijo
--Gracias, eres un buen hombre. Tus palabras han sido un bálsamo para mi espíritu tan dolorido.  De nuevo gracias
-- Bueno, pues entonces descansa un poco. Trata de dormir. Mira ven a este sillón, parece cómodo.  Descabeza un sueño; si hay noticias te despierto inmediatamente.

Y así lo hicieron. La vigilia, el viaje, los nervios y la pesadumbre , vencieron a Raquel que durmió durante dos horas.


RESERVADOIS DERECGHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora< rosaf9494quer
Edición < Agosto 2016
Ilustraciones> Lola Herrera < Leonor Waitling< Georges Clooney<  Hugo Silva<Internet

jueves, 4 de agosto de 2016

Volver a los diecisiete - Capítulo 11 - Dios escribe torcido

Los creyentes dicen: " Dios escribe en renglones torcidos ".  El destino también se alió con el Señor, para facilitar un poco los hechos, aunque fueron circunstancias un tanto extrañas, las que ayudaron a aclarar la situación.  El invierno se había echado encima con toda su crudeza, y las dos mujeres estaban recluidas en su casa. El paisaje era precioso, pero sobre todo a Manoli, los días se la hacían interminables.  Prácticamente aisladas tenían poca comunicación con los habitantes de la zona. A Carmina le daba lo mismo si el tiempo era bueno o malo. Sentada frente a la chimenea, tapadas las rodillas con una manta, era lo mismo que una vela que se fuera extinguiendo poco a poco.

Alicia la llamaba de vez en cuando, pero Raquel ni un sólo día lo hizo, a pesar de que ya llevaban tiempo fuera de Madrid.  Muchas veces, con el teléfono en la mano, estuvo a punto de marcar el número de Adolfo, pero se contenía y era entonces cuando sus ojos se llenaban de lágrimas


--  Dios ¡Cómo le echo de menos ! Lo que yo daría por poder verle aunque solamente fuese un minuto 
 
Como adivinando sus pensamientos Manoli, le dijo:
-- ¿ Por qué no le llamas ?  Aprovecha que las Navidades están cercanas,..   para felicitarle.... por ejemplo
--Sabes que eso no puedo hacerlo.  Le haría daño y no adelantaríamos nada.

Era el día 6 de Diciembre, festivo..  Hacía sol y la nieve se había derretido casi en su totalidad de las calles del pueblo. Carmina viendo que el terreno estaba mejor, dijo a Manoli que se acercaría al pueblo cercano a comprar algunas cosas para Nochebuena.  No tenía ganas de festejar nada, pero debían tener alimentos en reserva por si de nuevo comenzase a nevar y quedara el pueblo aislado

-- Iré contigo- dijo Manoli
-- No, no es necesario. En media hora estoy de regreso.  Aprovecharé para llamar a los chicos; hay mejor cobertura desde el centro del pueblo.
-- Ten cuidado. Podría tener hielo  la calzada.
-- Tranquila. El suelo está bien. Hace sol y derretirá el hielo,  si lo hubiera
--Pero también está helando.  No me gusta nada que vayas, no me gusta nada. ¿ Por qué no esperas a ver si el tiempo da una tregua?
-- Me servirá de distracción.  Tranquila que antes de que lo pienses estaré de regreso.

Carmina besó en la frente a su amiga y poniéndose el abrigo salió de la casa que estaba situada a las afueras de la población.



Y ya en el pueblo,, compró todo lo que debía y en el bar, mientras tomaba un café llamó a  sus hijos.  Alicia fue cariñosa con ella y hasta puso al teléfono a la pequeña Fátima para que hablara con su abuela.  La conversación con la niña la llenó de alegría.  Se despidió de Alicia y Luis y posteriormente marcó el número de Raquel y Ramón.  Cogió el teléfono éste último y a continuación se lo pasó a su mujer

-- Toma es tu madre. Llama para felicitar las Navidades
-- ¡ Pero si aún faltan muchos días !
-- Eres increíble. Hace un siglo que no sabes de ella y en lugar de alegrarte, te parece demasiado pronto su llamada.  Francamente, no te entiendo.  No eres la Raquel de quién me enamoré.  Eres fría y despiadada
--¿ Mamá ?
-- ¡ Hola hija ! ¿ Estás bien ?
-- Si, si muy bien
-- ¿ Y los niños ?
--Rodrigo está con su otra abuela y a Fernando se lo ha llevado Carmen a dar una vuelta

Carmina sabía que la mentía. A través del teléfono llegaba hasta sus oídos las risas y balbuceos de sus nietos, pero no dijo nada.  Solamente la invadió una infinita tristeza

-- Está bien, hija. Dales un beso enorme de mi parte y otro grande para vosotros.  En casa hay poca cobertura y de nuevo empezará a nevar  en breve. No sé cuando volveré a llamar
--No te preocupes, estamos bien. Un abrazo también para tí

Cerró el móvil. La alegría que había sentido momentos antes se había desvanecido con la última llamada. Miraba el aparato como si la hablara e instintivamente marcó el número de Adolfo

-- ¿ Quién es ?


Su voz fue como un latigazo en su corazón, pero no pudo pronunciar ni una sola palabra. Colgó sin hablar, pero al otro lado Adolfo se quedó pensativo presintiendo al portador de la llamada,. 

— Nadie más que Manoli sabía el número, por fin  algo de ellas-— pensó

 Carmina secó sus lágrimas y pagando la consumición, salió del local saludando a los presentes

-- Vaya con cuidado, señora.  El suelo está fatal. Parece que con el sol se ha derretido la nieve, pero hay placas de hielo. Vaya despacio
-- Gracias por el aviso. Así lo haré.  Hasta mañana

Se metió en el coche y puso rumbo a su casa. A pocos metros, mientras pensaba en las llamadas realizadas, no se dio cuenta de que una placa de hielo invadía parte de la carretera.  El coche patinaba, no se hacía con él.   Carmina giraba el volante tratando de detenerlo. No podía pisar el freno y no se le ocurría otra cosa.  De repente un árbol se interpuso en su camino quedando empotrada en él.  El airbag funcionó, pero sintió un profundo dolor en el pecho y en la cabeza.  Después...  perdió el conocimiento.



  Al cabo de dos horas, pasó por allí un coche de la Guardia Civil avisada por Manoli. La tardanza en regresar alarmaba a la mujer, que impaciente no pudo resistir el avisar al pueblo.

La policía corrió en su auxilio. Estaba helada, inconsciente y abundante sangre salía de su cabeza que por el frio se había coagulado taponando la herida.  El pecho volcado sobre el volante, el airbag no había evitado el encontronazo.  Rápidamente llamaron a una ambulancia.  No podían moverla por temor a lesiones internas. Sólo la taparon con una manta y esperaron a que llegasen los médicos.

Fue conducida al hospital e inmediatamente procedieron a su reconocimiento.  Entretanto la policía se personó en casa de ellas para anunciar a Manoli lo ocurrido.  Sin poder contener el llanto y con un ataque de nervios repetía una y otra vez
-- Se lo avisé, se lo avisé ¿ Por qué fue al pueblo ?
-- Tranquilícese, señora. Ella no tuvo la culpa. Fue una placa de hielo en la carretera
-- ¡ Dios mío, pobrecilla !


Un médico salió para informar a Manoli del estado de Carmina

-- ¿Es usted familiar de la señora ?
-- Si
--Bien, pues lamento tener que comunicarle que su familiar está muy, muy grave. Todavía seguimos atendiéndola, pero tiene una lesión interna y una fuerte conmoción cerebral.  Está en estado de coma.  No le puedo asegurar nada en ningún sentido...Puede salir del coma, puede que controlemos la hemorragia interna y salvemos su vida, o...
-- Ni lo pronuncie siquiera.  Tiene que vivir, merece vivir
-- Lo siento. No quisiera tener que dar estas noticias, pero es mi deber. Creo que si tiene familia, debería avisarles.  Las primeras veinticuatro horas son esenciales. Si las supera, posiblemente salve la vida.  Yo la aconsejo que les avise por lo que pudiera pasar...
-- ¿ Quiere decirme que se está muriendo ?
-- No, no, pero pudiera ocurrir

Manoli se derrumbó en una silla. La cabeza la daba vueltas . No sabía qué hacer, no reaccionaba,  y tenía que hacerlo.  Avisó que estaría en la salita de espera por si tenían que comunicarle algo,  y sacando del bolsillo del abrigo su móvil, marcó el número de Alicia y Luis.  Fue Alicia la persona que descolgó el teléfono

-- ¡ Dígame !
--  ¿ Alicia ?
-- Si soy yo ¿ quién llama ?
-- Alicia soy Manoli
--¡Manoli !  Hace un rato que he hablado con mamá. ¡ Qué alegría !
-- Alicia, Alicia.  Manoli rompió en un sollozo
--Manoli ¿ Qué ocurre, qué ha pasado ?
-- Mamá ha tenido un accidente...
-- ¿ Qué ?  Pero si acabo de hablar con ella
-- Cuando regresaba a casa desde el pueblo, una placa de hielo... derrapó y.... se ha estrellado.  Está en coma y con una grave lesión interna.  Está muy grave; los médicos dicen que debéis venir lo antes posible
-- ¡¡¡ Dios mío, mamá !!!


Alarmado por las exclamaciones de Alicia, Luis se personó en la habitación desde dónde hablaba con Manoli.  Al saber lo ocurrido, con el rostro demudado marcó el número de su cuñada Raquel para comunicarla lo que había pasado.

-- Ramón
-- ¡ Hola Luis ! ¿ Qué tal ? ¿Habéis hablado con Carmina ?
-- Si,  nos ha llamado.  Verás, lo que tengo que decirte es grave
-- No me asustes ¿ Qué pasa ?
-- Me ha llamado Manoli. Carmina ha tenido un accidente y está..., está  grave, muy grave. Dice que vayamos cuanto antes
-- Debe ser una confusión hemos hablado con ella hace pocas horas...
-- Lo sé. Nosotros también. Ha sido al regresar a casa. El coche ha derrapado y se ha estrellado
-- Díselo a Raquel-. Nosotros nos ponemos en marcha ahora mismo.
--¿ Cómo os vais ?
-- No lo sé. Todavía no hemos reaccionado.  Por el medio más rápido, desde luego
-- ¡No es posible. No me lo puedo creer...! 

El móvil de Adolfo sonaba mientras veía la televisión. Al ser festivo no había ido al despacho. Lo cogió y un nombre le hizo saltar en el asiento:  Carmina

-- ¿ Carmina ?
--No, Adolfo.  Soy Manoli 

 Adolfo se quedó lívido. El tono de la voz de Manoli no era como el de siempre y presentía que lo que le iba a decir no era bueno
--¿ Qué ocurre ?
--Carmina...,- Manoli rompió a llorar- Ha tenido un accidente muy grave.  Está en coma y con lesiones internas.  Los médicos dicen que...
-- Salgo para allá. Dime dónde está. No sé cuál medio será el más rápido, pero estaré allí lo antes posible. Dime la dirección
-- Está en el hospital de Lastres, en Asturias. En la UCI. Las hijas ya están avisadas
--Manoli, no desesperes. Estaré allí en unas horas. Hasta luego


Se puso en contacto con Ramón

-- Ramón. Soy Adolfo. Ya lo sabes ¿no? 
-- Si. Y aún estoy conmocionado
--¿ Cómo vais a ir ?
-- Supongo que en avión y desde Oviedo en coche
-- Yo iré en avión hasta Oviedo también,  y allí alquilaré un helicóptero hasta Lastres. ¿ Queréis venir conmigo ?
-- Adolfo te  agradezco en el alma el ofrecimiento que nos haces. Yo iría sin dudar, pero Raquel...
-- No te preocupes, lo que menos importa ahora es lo que ella opine de mi. Tengo que llegar cuanto antes y ese es el medio más rápido. Las carreteras  pueden estar cortadas, en fin... Si cambiáis  de opinión estaré en casa una hora más aproximadamente.  Llámame con lo que sea. Ahora me pondré en contacto con Luis y Alicia. Nos vemos allí, entonces 

  Luis y  Alicia aceptaron de inmediato y Adolfo se encargó de sacar los pasajes de avión. Mientras tanto dejarían a la niña con los padres de Luis.

 Acoplados en el helicóptero, Alicia se sinceró con Adolfo:

-- Adolfo, yo quiero decirte que lamento enormemente la situación por la que estáis pasando. Quiero que sepas que es injusta, que no estoy de acuerdo con mi hermana y que en cuanto la vea voy a poner en claro de una vez por todas muchas cosas que ella ignora o quiere ignorar
-- ¿ A qué te refieres ?  Has de saber que he tratado por todos los medios de no inmiscuirme en los asuntos vuestros y de vuestra madre, aunque he tenido que hacer esfuerzos para callarme lo que sé. Respeto la voluntad de Carmina; ella no quería que vosotras supieseis nada y aunque no estoy de acuerdo, lo acepto porque la quiero demasiado y no deseo causarle ningún dolor.
-- Pero yo sí lo sé.  Lo sé todo.  La casualidad quiso que un día viera a mi padre con su amiguita haciéndose carantoñas. Por respeto a mi madre, callé, y no debí hacerlo. Cuando ella se enteró después de morir papá, y con quién estaba,  la vi tan abatida, que me faltó valor  para explicarla que yo sabía todo. Me culpo porque permití que mi hermana ignorara los hechos y al contrario culpara a mi madre de las cosas horribles que tú ya sabes.  Si mi madre muere, jamás me lo perdonaré
-- Por favor Alicia, ni lo pienses. Tu madre va a vivir. Necesito que viva, aunque no nos veamos ni hablemos, pero debe vivir.


Alicia sin poder contener más su angustia reclinó la cabeza en el hombro de Adolfo, mientras Luis la tomaba de la mano besándola.  Ambos hombres estaban conmovidos por la angustia y el dolor de Alicia y el suyo propio.  En el helipuerto del hospital se posó el helicóptero. Ya anochecía, cuando los tres penetraron en el centro sanitario para encontrarse con Manoli.  Adolfo rezaba interiormente para que hubieran cambios a favor, para que hubiera recobrado la consciencia.  Los metros que les separaban del interior se les hicieron eternos.  Frente a Manoli y después de abrazarse, las preguntas se atropellaban y ella les contestaba sin poder aclarar absolutamente nada.

Las horas se hacían interminables. De vez en cuando preguntaban a alguna enfermera si la situación cambiaba y nadie les decía nada. ¡ Si al menos pudieran estar con ella !  De vez en cuando Adolfo o Luis traían café a las mujeres que estaban desoladas. Manoli parecía haber envejecido de golpe. No paraba de relatar a Alicia su vida en aquel pueblecito, que a pesar de que todos los lugareños las habían acogido con cariño y complacencia, se encontraban muy solas.  Carmina se abstraia en su pensamientos y cada vez la comunicación entre ellas era más espaciada.  No tenía ilusión por nada, ni siquiera ganas de vivir.  Todo le daba igual.  Sentada junto a la chimenea, fijaba  su mirada en las llamas pensando en qué sabe Dios.  A Manoli se la partía el alma de verla tan apagada. En nada recordaba a aquella Carmina alegre y con ilusiones de hace unos pocos meses.  Alicia no paraba de llorar escuchando el relato de Manoli, atormentada por su comportamiento y el de su hermana

-- No teníamos idea de lo importante que Adolfo llegó a ser para ella. Pobre mamita, ¡ tan buena ! Dios mío, sálvala para poder compensarla de todo.  Debió ser como un presentimiento
-- Eso mismo he pensado yo, porque no tenía ninguna necesidad de ir hasta el pueblo, y sin embargo lo hizo.  Os llamó a todos, e incluso a mi me besó al salir.  No quiero ni pensar...
--¿ Qué ?
--Nada, nada, una tontería
--¿Acaso piensas que lo hizo intencionadamente ?
--.... No sé, no me hagas caso.  He pensado tanto en estas horas...
-- Por favor, Manoli no me digas eso. Si es cierto, no podré vivir con ese peso en mi conciencia. No es justo: No puede ser verdad..
-- Son ideas mías.  La Guardia Civil me dijo que había derrapado por una placa de hielo, ese ha sido el atestado. El resto son pensamientos míos; estaba ¡tan deprimida...! No te preocupes cariño, no le va a pasar nada...

Adolfo salió un momento al jardín.  Necesitaba ordenar sus ideas, asimilar lo que estaba pasando...

-- No puedo perderla...

El cielo estaba limpio, claro, presagiando una próxima helada. Sólo las estrellas brillaban con intensidad y hacia ellas dirigió su mirada.  Sabía que la llamada que había tenido sin respuesta era de ella... ¿ Por qué le llamó ?  Si pudiera estar a su lado, cogerle la mano, hablarle ...  Hacer que recobrara la consciencia.  No habían hecho daño a nadie, sólo se amaban, Entonces ¿ por qué  todo aquel sufrimiento ...?  Luis se le unió con un cigarrillo que tendió a Adolfo

-- No te atormentes. Nadie ha tenido la culpa y ella va a salir adelante, entre todos la ayudaremos.  Todo va a ser distinto ahora. Particularmente a mi, me importa un pito lo que piense Raquel, estaremos a vuestro lado siempre.  Fuimos débiles, no debimos aceptar su chantaje.  No fue suficiente el que Ramón y yo estuviéramos en contacto con ella; debimos apoyarla más. Máxime conociendo la verdad..., pero ¿ sabes ? toda esta tragedia tendrá su lado positivo:  de una vez por todas se van a aclarar muchas cosas, las cosas que debieron aclararse en su día...
-- Pero ella no quiere...
-- Comprenderás que con lo que ha ocurrido, es necesario. No va a ser lo mismo. Habrá un antes y un después, y aunque no soy creyente, le pido a Dios que la salve, que os caséis ó que viváis juntos, lo que vosotros decidáis,  y no nosotros.  La vida es demasiado corta para desperdiciarla en prejuicios absurdos.
-- Gracias, Luis.  Cuando esté en condiciones me la llevaré a algún lugar tranquilo para que se recupere y después haremos lo que ella quiera, pero te aseguro que nunca más me alejaré de su lado.  Nunca más. Cambió mi vida y si Raquel persiste en su actitud, lo siento mucho por ella, pero no va a salirse con la suya.
-- Así quería oírte , hablando de futuro.  Ha sido como una madre más que una suegra. Ramón y yo la queremos mucho, y los niños no te digo nada.  Ha sido cruel por nuestra parte evitar que les viera. Ella les adora...
-- Creo que debemos entrar. Tenemos a las mujeres solas. Lo están pasando mal, y debemos apoyarlas aunque a nosotros no nos va nada bien,  tampoco.
-- Tienes razón. ¿ Sabes Adolfo ? Eres un buen hombre y estaré encantado que seas mi suegro.

Fueron las únicas sonrisas que afloraron a sus rostros. Estaban tensos y terriblemente preocupados.  Ya amanecía cuando el internista de la UCI, salió a informarles del estado de la paciente. Adolfo, impaciente se adelantó hasta él con el rostro lívido esperando una mala noticia.

-- Bien señores, la operación ha sido un éxito y hemos podido controlar la hemorragia. Aún hemos de esperar unas horas para ver si todo marcha correctamente, como esperamos.  Lo que nos preocupa ahora es él coma. Y pensamos que si el éxito de la hemorragia se ha asegurado, deberíamos trasladarla a planta, con mucho control, claro. Pero es terapéutico que sus allegados estén con ella, hablándola para ver si reacciona y poco a poco recobra la consciencia. Tenemos unas horas por delante,  decisivas, no obstante hemos de esperar y no perder ni la calma ni las esperanzas. ¿Hay alguien entre ustedes que tenga más afinidad con ella?

Todas las miradas se dirigieron a Adolfo. Él tenía los ojos húmedos; sentía un nudo en la garganta que le impedía pronunciar palabra.  Haciendo un esfuerzo, dijo:

-- Creo que por especiales circunstancias, debe ser Raquel...  Yo también estaré, naturalmente. Os aviso que no me voy a separar de ella ni un instante...

Esperanzado por las noticias, sonrió levemente.  El doctor se despidió diciendo que al cabo de unas horas les informaría de nuevo. Dando una palmada en la cara a Alicia, que lloraba desconsoladamente, se perdió en la UCI.




RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora< rosaf9494quer
Edición< Julio 2016
Ilustraciones< Internet < Ana Belén < Lola Herrera < Georges Clooney< Leonor Waitling

miércoles, 3 de agosto de 2016

Volver a los diecisiete - Capítulo 10 - Destino Asturias

El tiempo había transcurrido y la situación en nada había cambiado. Sus hijas no habían vuelto a tener comunicación con la madre y por consiguiente no  había vuelto a ver a sus nietos.  Esto la mortificaba; no entendía la actitud de Raquel y de  Alicia:  habían conseguido romper con su relación ¿ qué más querían ? Sin embargo Ramón y Luis la llamaban de vez en cuando y hasta iban a verla a escondidas de sus mujeres.  Les preocupaba Carmina. Había adelgazado considerablemente y se la veía apagada y triste. Manoli no les daba buenas noticias

—Se pasa en la cama la mayor parte del día. Sólo se levanta para comer y cenar; alguna tarde consigo que se quede en el salón conmigo, pero no habla.  Tiene la mirada perdida en no se sabe dónde.

 Aquél día, mientras comían, Carmina le dijo a Manoli:

— Me voy a ir de viaje ¿ Me acompañas?
—¿ Dónde te vas?
—No sé, a cualquier sitio lejos de aquí
— Si, te acompaño. No tengo otra cosa que hacer

La verdad es que a Manoli la preocupaba dejarla sola, por eso decidió que irían juntas a donde fuera.
Quizás un cambio de aires les viniera bien a las dos, de cualquier forma nadie venia a visitarlas...
 Adolfo, en horas que comprendía poder hacerlo, llamaba a Manoli para saber cómo iban las cosas. Para tranquilizarle y no causar más alarma de la debida, le mentía y le confirmaba  que estaba bien  y más tranquila, cosa que estaba lejos de ser real. Irían por carretera. En su actual situación, Manoli creía que no era lo más acertado.  Carmina tenía la cabeza en otras cosas y el circular por carretera  conduciendo ella,  no le gustaba nada

— Iremos despacio, no te preocupes. Si se nos hace de noche pararemos en cualquier sitio y seguiremos a la mañana siguiente.  Conduzco bien.  No nos va a pasar nada, miedica....—. Fue la primera mueca de sonrisa que Carmina hacía en mucho tiempo.

A la hora de la salida del colegio de los niños, acudió a verles, a despedirse de ellos.  En la puerta estaban sus hijas, por las que fue saludada, sólo al cabo de unos instantes Alicia corrió hacia su madre y la abrazó, pero Raquel la miró con dureza sin dirigirle la palabra


—Mamá ¿estás bien?— le preguntó Alicia
— Sí tesoro. He venido a ver a los niños. Nos vamos de viaje y quiero despedirme de ellos
— ¡Ja...! se van de viaje...
— No Raquel,  Manoli y yo nos vamos de viaje. Nadie más...

Unos diablillos llegaron corriendo y gritando contentos de volver a ver a su abuela, a la que se abrazaron apretando sus caritas contra la de Carmina, que no pudo evitar emocionarse.  La comunicación duró el tiempo justo.  Raquel cortó el abrazo:

— Venga niños. Tenemos que irnos
— ¡ Raquel !— gritó Alicia— Espera un poco. Déjales que estén con ella siquiera unos instantes. Estoy empezando a pensar que me equivoqué al darte mi apoyo.  Mira qué delgada se ha quedado; no es ni su sombra de la de hace unos pocos días.  Estamos siendo injustas con ella.  Yo desde luego la voy a llamar a menudo, lo siento, pero no estoy de acuerdo contigo.  Han roto su relación  ¿Qué mas quieres ?



—¿ Que qué más quiero ?  El sólo hecho de haberla empezado ha sido humillante. ¿ Qué pensaría papá?
— Dudo mucho que a él le importara lo más mínimo
—¡ La adoraba !
— ¿ Estás segura de eso ?
—-¿ Qué quieres decir ?
— Nada. No quiero decir nada . 

La conversación quedó interrumpida al acercarse Carmina dando la mano a los niños
— Bueno tengo que irme. Me he alegrado de veros.  Adiós
— Espera mamá— le dijo Alicia-.  Dame un abrazo

Ambas mujeres se fundieron en un abrazo y los niños rodearon sus piernas con sus bracitos.  Mientras Raquel presenciaba la escena con gesto duro; le costaba dar su brazo.  A torcer y reconocer que no se estaba comportando correctamente.

  El poder sentir el cariño de los pequeños, lejos de consolarla, la entristeció aún más.  Se marchaba lejos, no sabía dónde, pero estaba segura de que tardaría en verles. Necesitaba salir de allí, tratar de olvidar en otro lugar que no le recordara tanto a Adolfo. Le echaba de menos, sus mimos, la dulzura de sus ojos cada vez que la miraba, el contacto de su piel....  Había renunciado a él por aquellos seres diminutos que ignoraban el sacrificio que hacía su abuela y, que nunca lo conocerían.

 Cada mujer se metió en su vehículo y Carmina las vió partir con tristeza.  Hubiera dado cualquier cosa por una palabra amable de su hija mayor, pero Raquel era fría y dura como el acero y sabía que jamás la perdonaría lo que ella interpretaba una traición a su padre.  Llegó a casa y se sentó en el sillón para descansar. Se sentía cansada, muy cansada y débil

— ¡ Claro, apenas comes !  ¿ Por qué no nos vamos en tren?
— ¡ Manoli ! no es cansancio físico, sino moral. No te preocupes.  No tenemos prisa y lo mismo nos da tardar dos o tres días en llegar a nuestro destino
—Y ese destino ¿ cuál será ? ¿ En qué dirección iremos ?
— Luego extenderemos un mapa, cerraremos los ojos e iremos hacia donde algún dedo nos señale
-—¡ Muy bien, muy bien ! ¡ Estupendo !
—¿Sabes que te estás volviendo muy gruñona ?
— ¿ Siii ? Pues qué bien. ¡ Vaya par que nos juntamos !
— No tengo ganas de hablar.  He visto a los niños y a mis hijas
-—¡ Qué bien !¿ No ?
—Bien por Alicia y los niños que se abrazaron a mi. Pero mal, muy mal por Raquel.  Nunca me perdonará; no volverá a ser como antes. De nada servirá mi renuncia, estoy segura.
— Pues si estás segura, vuelve con Adolfo.


— No puedo, no puedo. He de esperar aún más
—¿ Esperar a que una lagartona se cruce en su camino y recoja sus pedazos rotos? Hum...
— Lo sé, lo sé, pero he de esperar a ver qué sucede.  Quizás...  Raquel ...  Alicia, se que me ha perdonado y ella se ha mostrado entrañable como antes, pero Raquel....  es inflexible.  Sólo deseo que algún día no tenga que arrepentirse de su actitud y la pesadumbre la acompañe toda su vida.  Porque sé que algún día, tarde o temprano, la verdad saldrá a la luz y entonces...   Pero no seré yo quién le diga nada.  Ni tú tampoco ¿ Me oyes  Ni tú tampoco
— Sigo opinando que eres tonta, demasiado buena.  Y así te van las cosas.
— Ya Manoli. Ya por favor
— Tienes razón. No hacemos más que mortificarte cuando eres la más inocente de todos. Dame un abrazo y perdóname
— ¡ Ay, Manoli ! ¿ Qué sería de mi si no te tuviera?
— Pero me tienes. Eres como una hermana para mi y nunca,  nunca te dejaré sola. Este es mi hogar, y él está dónde tú estás.
— Y ahora voy a preparar la cena.  ¿ Te sirvo un Jerez ?
— No, gracias.  No me apetece
— ¡ Ah ! Y no vuelvas a pedir perdón a nadie ¿ Me oyes ? Nadie, absolutamente nadie. Y en ello incluyo a tus hijas.  No, tienen nada que perdonarte. ¿ Me has entendido ?
— A veces pienso que eres muy parcial por el cariño que me tienes
— Naturalmente que te quiero, pero además no soy ciega y veo las cosas
— Anda, ve a la cocina.  Yo tomaré sólo unas galletas
— Ni hablar, cenarás lo que te prepare.  Soy mayor que tú y debes obedecerme
— ¿ Mayor que yo? ¡ Sólo dos meses !
—Bueno,  pero soy mayor ¿ no? Pues eso...


Manoli se encaminó a preparar la cena y Carmina se quedó a solas con sus pensamientos.  Siempre era lo mismo:  su obsesión ¿ qué estaría haciendo Adolfo ?  Seguramente estaría cenando en algún restaurante acompañado de una espléndida mujer.  Los hombres tenían mayor capacidad para el olvido, y además su círculo vital era más amplio que el de ella.  Lo que Carmina ignoraba es que la vida de Adolfo ya no era la misma. . Sus únicas salidas eran de casa al trabajo y viceversa. Su único pensamiento se centraba en una sola mujer:  en ella.  No había vuelto a saber nada. llamaba, hablaba con Manoli lo justo para saber cómo estaban y colgaba.  En la última llamada, le comunicó que salían de viaje . Al no conocer el destino no le pudo decir dónde irían, de manera que le iba a ser difícil poder hablar con él.  Estarían todo el día juntas...

Sin prisas, despacio... Carmina se levantó, se aseó y se vistió para emprender el viaje.  Dilataba al máximo su partida. Sabía que cada kilómetro que recorrieran las alejaría de Madrid, de Adolfo, a pesar de que ya estaban suficientemente distantes aún permaneciendo en la misma ciudad.  Manoli ya había preparado el desayuno y la esperaba algo impaciente.  Iban a estar casi todo el día en la carretera y el viajar la ponía nerviosa. ¡Si al menos supiera dónde iban...!  Desayunaron tranquilas y una vez recogido el servicio, Carmina extendió un mapa de carreteras sobre la mesa y, dijo a Manoli:

— Bueno, sé tú la primera.  Cierra los ojos y gira la mano alrededor .  Cuando te parezca te detienes  y señalas un lugar
—¿ Por qué no lo haces tú ?
—No. Da igual. Hazlo tú

Manoli no quiso contrariarla. La notaba más triste que habitualmente. Sabía lo que la costaba emprender este viaje.  Iba a alejarse de lo que más quería: su familia, su amor, su casa...

— No he podido despedirme de mis hijas, ni de los niños...  ¿ Por qué todo esto? ¿ Por qué ?  Llamaré a Ramón y a Luis antes de salir...Anda elige ya

Manoli siguió las instrucciones que le diera Carmina y su dedo se detuvo en Asturias, en un pueblecito de pescadores.

— Nos ha tocado Asturias.  Es un lugar de ensueño, pero en invierno  y en una zona donde llueve a menudo, no sé si va a ser el mejor sitio para levantar el ánimo
— Asturias es maravillosa.  Cualquier lugar es bueno, estaremos bien.  Voy a llamar a los chicos. Mientras ve quitando el gas, cortando el agua,...  La temporada va a ser larga...

Manoli se la quedó mirando  ¿Es que no pensaba volver?  Le extrañó que la elección no la diera ni frio ni calor.  Ella era amante del sol, no le gustaba la lluvia. La confundía la conformidad con el lugar.  Claro, no era una situación normal... Instaladas en el coche partieron rumbo a Asturias.  Manoli, con la mirada, dio su adiós a la casa. Faltarían durante mucho tiempo y eso le apenaba.  Carmina no miró atrás, no hizo ningún comentario.  Los músculos de su rostro estaban tensos y sus manos se aferraban fuertemente al volante del coche.  Quería cerrar una etapa , otra más, en su vida.  De nuevo partiría de cero en un lugar nuevo, en una nueva casa, con nuevas gentes y lejos de sus seres queridos. Debía hacerlo aunque se le rompiera el alma en ello.





RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora < rosaf9494quer
Edición < Julio 2o16
Ilustraciones> Internet < Ana Belén < Georges Clooney z Leonor Waitling < Lola Herrera



lunes, 1 de agosto de 2016

Volver a los diecisiete - Capítulo 9 -Punto final

Pasó la noche muy intranquila. Ni siquiera las pastillas que le había dado Manoli consiguieron proporcionarle un sueño reparador. Veía a los niños llorando, tendiéndoles los bracitos y ella no podía alcanzarles.  El rostro de Raquel aparecía riendo a carcajadas, mientras tiraba de los pequeños. Ella corría hacia ellos pero nunca llegaba a su lado y detrás de Carmina,  Adolfo con los brazos hacia ella sin poder abrazarla.  A lo largo de la noche se repetía una y otra vez.  Le dolía la cabeza horriblemente, le martilleaba el cerebro e interpretaba el sueño como que tenía que renunciar a uno de sus más grandes amores, por eso despierta en la cama pensó que debía tomar una decisión y tenía que ser cuanto antes, para no tener más dolor del ya existente.  Mirando al techo reflexionaba en lo que iba a ser la más difícil decisión de su vida, pero debía hacerlo.  Escondió la cara en la almohada para ocultar  su llanto, no quería que Manoli la oyera, pero Manoli entró en ese momento con el fin de comprobar que se encontraba bien.  Al verla en ese estado, corrió a su lado abrazándola.  Era lo único que podía hacer


— Manoli, Manoli...  No voy a poder con esto.  Otra vez no...
— Calla, calla y descansa.  Tienes unas ojeras horribles. Voy a traerte el desayuno
— No, no quiero comer nada. Sólo tráeme un vaso de leche y una aspirina. me va a estallar la cabeza.
— Adolfo ha llamado para preguntar por ti
—No quiero saber nada, no me cuentes nada
-—Pero ¡ Carmina ! ¿ qué dices ? Él no tiene culpa
— Lo sé y por eso es más doloroso, porque he de decirle que no le voy a ver más
— Espera un poco. Igual Raquel reflexiona y no es tan dura
—¿ Tú lo crees?  La conoces tan bien como yo y sabes que no dará marcha atrás
—Y si le hablas de su padre...
—Jamás le diré nada que empañe su figura, que empañe el respeto que tiene hacia él. Haría un daño a mis hijas que nunca me perdonarían.  Nunca diré nada en su contra
— Pero te tienes que defender. Es mucho lo que te juegas. Y no sólo eres tú, también está Adolfo...
— Lo sé, pero así haré. Ahora no puedo hacerlo, pero esta tarde iré a su despacho y hablaré con él. Y esa será la última vez que nos veamos.
— Por favor no lo hagas.  Vas a destruir tu felicidad. Habla de nuevo con tu hija. Quizá Ramón haya podido convencerla
— No lo ha hecho, de lo contrario hubiera llamado y no lo ha hecho ¿verdad?
— No,  no lo ha hecho.
—Ahora déjame sola. No voy a levantarme, no tengo ganas
—Pero es que no has tomado nada...
— ¿ Crees que puedo tomar algo ?  Ni siquiera tengo ganas de ...
— No pronuncies esa palabra. No lo pienses siquiera ¿ me oyes?
— Déjame, por favor, déjame

Manoli salió de la habitación con lágrimas en los ojos.  Parecía mentira que apenas hacía dos días era la viva imagen de la felicidad. Una mujer llena de ilusiones y de proyectos de futuro y que ahora esté totalmente derrumbada y a punto de entrar en una depresión

— ¡ Ay señor, señor ! Estuvo al borde de la depresión cuando se enteró de la faena de su marido, pero esto es muy fuerte. No sé qué va a pasar. ¿ Debo hablar con Raquel, qué debo hacer para ayudarles ?

Pasado mediodía, Carmina se levantó  y lentamente se dirigió al salón.  Llamaría a Adolfo para quedar con él

— Señorita por favor, ¿ Me pone con don Adolfo?
— ¿ De parte de quién ? por favor
—De Carmina
— Un momento
— ¿Carmina?  

 Fue la voz de Adolfo al otro lado del teléfono:
—¿ Cómo estás? Mi amor
-—Bien, bien. Estoy bien.  No quiero interrumpirte más, pero te tengo que verte esta misma tarde a ser posible
— Naturalmente que es posible. Para tí siempre es posible
— Espera, espera.  No es para lo que te imaginas. Va a ser difícil
— No lo hagas, Carmina, no lo hagas.  No renuncies a algo tan grande como lo que hemos creado entre los dos. Ten un poco de paciencia, verás que todo se arregla...
— No conoces a Raquel, por eso debo, por el bien de todos , solucionarlo cuanto antes. ¿ Crees que yo quiero hacerlo?
— Por favor no llores, eso no
—Voy a colgar ¿ A qué hora nos vemos  y dónde ?
— Fíjalo tú y dónde quieras, sólo dímelo
—Iré a tu despacho a las ocho ¿ Te parece?
— Como quieras. Está bien.  Te quiero, te quiero. Vas romperme el corazón.  Nada,  me va hacer tanto daño como lo que me vas a proponer...  Por favor piénsalo bien...
-—Adiós Adolfo



La despedida fue escueta y cortante.  No tenía fuerzas para seguir escuchando su voz sin romper a llorar... Sería la última vez que le viera; iba a renunciar al amor de su vida, a sus ilusiones...

 Con el semblante pálido y serio Carmina entró en el despacho de Adolfo. El rostro de él no se diferenciaba  mucho de el de ella. Se abrazaron y durante unos segundos permanecieron juntos sin pronunciar palabra.  Se miraron largamente a los ojos a sabiendas de que sería la última vez. Ninguno de los dos se atrevía a romper el silencio, y fue Adolfo el que dijo:

—¿ Quieres tomar algo ?
— No, gracias.. Yo...   No sé por dónde empezar...Todo es cruel e injusto.  Nadie debería jugar con los sentimientos de los demás, pero así son las cosas.  No podemos volver a vernos nunca más, no podemos seguir, debo renunciar a tí, porque no puedo renunciar a mi familia, sobre todo a los niños.  Ellos son parte de mi y sólo espero que lo comprendas.  Nunca me he visto en una situación tan difícil, a pesar de que mi vida ha sido algo complicada y fue muy dura la muerte de mi marido, y todo lo que siguió.  Pero han pasado muchos años y mi tiempo se acaba, mi tiempo para vivir lo que tú me has hecho vivir.  Te quiero más que a mi vida, pero es imposible.  Cuando pase el tiempo... quizás...  Pero no, no nos engañemos.  Tú debes seguir con tu vida y yo con la mía aunque sea demoledora.  Posiblemente me vaya de viaje; ahora no puedo ni hablar con mis hijas. Me han destrozado y no tienen ni idea del daño que han causado.  Pero, se ve que estoy condenada a vivir en soledad el resto de mi vida, porque ellas tiene su vida, sus maridos, sus hijos y yo no tengo nada, absolutamente nada. Tengo que conformarme con una visita semanal de ellos y los niños, pero el resto.. ¿ qué hare ? No, no te acerques a mi, por favor no digas nada  No hagas que todo sea aún más triste. Debes olvidarme, como si hubiera sido un sueño. Seguir tu camino.
— No me digas eso. ¿ Cómo va a ser todo un sueño ? Es imposible, te llevo marcada a fuego, eres lo mejor que me ha pasado y también a mi se me acaba el tiempo.  Por favor no te vayas. No te veré si no quieres, pero al menos sabré que estás aquí, que ves el mismo cielo, que respiras el mismo aire que yo. Por favor, por favor...- Carmina se levantó y le miró largamente .  Tenía los ojos llenos de lágrimas
— Te lo dije el primer día:  que era imposible.  Abrázame por última vez

Se abrazaron y juntos lloraron quedamente sintiendo un dolor inmenso en sus corazones.  Habían vivido algo hermoso, pero demasiado tarde para ellos.  Carmina salió apresuradamente sin mirar atrás seguida por la mirada de Adolfo.  No podía hacer nada por retenerla. Decidido sacó su móvil y marcó el número de Ramón. Tenían que verse esa misma noche y a poder ser en presencia de Raquel y  Alicia.

Quedaron citados en casa de Ramón, y él fue quién le franqueó la entrada a su casa.  En el salón aguardaban las chicas y Luis. Los rostros eran graves y Adolfo venía dispuesto a defender su relación con Carmina con los argumentos más contundentes que con  su experiencia en los juzgados había adquirido.  Demudado, saludó cortésmente a todos los concurrentes, pero su mirada se posó en Raquel que le miraba con hostilidad. Alicia le parecía más indecisa y Luis les daba su total apoyo, al igual que Ramón.  La "batalla" iba a ser dura, puesto que Raquel no estaba dispuesta a ceder ni un ápice. No podía esgrimir el comportamiento del padre para su defensa, Carmina se lo había prohibido, entonces ¿Qué quedaba ?

— Sé que mi presencia en vuestra casa no es del todo agradable, que me veis como un intruso y que no acabáis de entender nuestra relación, pero porque amo intensamente a vuestra madre, no veo otra salida que someterme a vuestro juicio y tratar de convenceros que nuestra relación es sincera, que nos compenetramos, que somos felices juntos y que queremos llegar a nuestra vejez unidos. Necesitamos la compañía el uno del otro.  Mi vida ha sido buena, muy buena diría yo.  Pero precisamente porque elegí ese modo de vida, ahora no me satisface y me encuentro solo. No me quejo porque la elegí yo, pero compruebo la vida de mis amigos y les veo felices con sus mujeres  y, hasta alguno de ellos ya es abuelo.  Sin embargo yo no tengo nada.  El encontrar a vuestra madre, fue un regalo, la oportunidad que necesitaba.  No tendré hijos, solamente vosotros si me admitís, por fin, en vuestras vidas. Seré abuelo de esas deliciosas criaturas por las que vuestra madre está dispuesta a renunciar a todo.  No existe un amor que os haga la competencia; se que me ama profundamente, pero ha renunciado a mí antes que a vosotros.  ¿Necesitáis mayor prueba de amor?.  Sé que tú Raquel, adorabas a tu padre; fue un hombre afortunado.  Gozó del amor de una mujer excepcional y de unas hijas estupendas.  El partió, vosotras creasteis vuestra familia, tuvisteis hijos y gozáis del infinito amor de vuestros maridos, pero a ella  ¿Qué le queda?: vuestra visita del fin de semana.
Tiene una capacidad infinita de dar amor, pero también necesita recibirlo y el vuestro ya no es suficiente.  Es una mujer aún joven, viuda muy temprana, vital, con deseos de comerse la vida. Sus alas se las habéis, se las has cortado tú Raquel y ahora está desorientada y sin saber qué camino seguir, porque sabe que ya nada será igual entre vosotras.  Ella os adora, a todos,  y por vosotros daría hasta la vida.  ¿ Creéis que es justo que vosotros le neguéis la felicidad que podría alcanzar a mi lado?
No soy un "cazadotes", no lo necesito. Mi posición me proporciona pingües beneficios, además de mi fortuna personal, pero a vuestra madre  la necesito para vivir, ella es mi vida. La descubrí tarde, pero precisamente por eso la defiendo a capa y espada.  Os ruego penséis en todo lo que os he dicho. No os lo pido por mi, lo hago por ella que es muy vulnerable y ya pasó por una pérdida al morir  vuestro padre.
Simplemente haced una llamada de teléfono y decidla alguna palabra de cariño. Os aseguro que lo necesita porque se siente que ya no la queréis, que no os importa.  Y ahora pensad todo lo que os he dicho...



— Ha sido todo muy bonito y romántico, pero repito: ningún hombre ocupará el lugar de mi padre —respondió altanera Raquel
—Ni lo pretendo. Sería absurdo, pero es otra etapa de la vida, distinta,  que atañe solamente a vuestra madre y a mi.  Vosotros estáis en otro plano, en el más preferente...No debes ser tan dura, Raquel. o el tiempo te pasará factura, créeme.
—Creo que nuestra conversación debe terminar en este punto, señor....
— Adolfo....   Bien, compruebo que sigues pensando lo mismo. Lástima, creo que algún día lo sentirás. Me queda una cosa por pedirte. Nosotros ya no volveremos a vernos, pero por favor no dejéis de darle vuestro cariño, sería injusto si no  lo hicierais.

Y despacio, sintiéndose fracasado en la misión más importante de su vida, salió a la calle. Era de noche y sin rumbo fijo,  encaminó sus pasos hacía no sabía dónde. Sin saber cómo,  se encontró frente a la casa de Carmina.  En la acera de enfrente miraba a sus balcones tratando de ver su silueta. Tan sólo en la habitación de ella había luz, que al cabo de un rato se apagó

-—Adiós mi vida. Nunca te olvidaré. Nunca.

RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora< rosaf9494quer
Edición < Agosto 2016
Ilustraciones< Internet <George Clooney < Leonor Waitling



Volver a los diecisiete - Capítulo 8 - La renuncia / Raquel y Alicia

Carmina comenzó a preparar la mesa despacio, como retrasando el momento de enfrentarse a sus hijas. Las conocía bien, sobre todo a Raquel y  sabía que tenía que renunciar a  una de las dos partes, ambas las más importantes de su vida.   Por un lado su familia, la por ella creada, y por otro al amor de su vida, al hombre que le había devuelto  la ilusión por vivir..  De antemano sospechaba que Raquel no sería fácil de convencer y su hermana la apoyaría sin fisuras.  Tenía a su favor a los maridos de éstas y a Manoli, pero temía el chantaje emocional.  Estaba triste. Como antes. Cabizbaja y observada por Manoli terminó de organizar todo, esperando a que llegaran...

A la hora acostumbrada llegaron todos en tropel. Ramón al saludar a Carmina la dio un cariñoso abrazo y sigilosamente la dijo:  Luis y yo estamos contigo, te vamos a apoyar... La comida fue normal, como en cada ocasión. Se mostró alegre y contenta de tenerlos a la mesa, sobre todo a los niños.  No le notaron nada, todo transcurrió como siempre.  A la hora del café, en la sobremesa,  pasaron  al salón contiguo y les hizo sentar,  haciéndolo ella en el centro.  Manoli se hizo cargo de los niños y les entretuvo en el cuarto de juegos, para que pudieran hablar con tranquilidad.

— Veréis...  Hoy...  no ha sido una comida normal; tengo que hablaros de algo que atañe muy directamente a mi vida... A mi futuro
— Mamá ¿ Qué ocurre ? — preguntó Alicia, la hija menor
—Tranquila, cariño. Ahora lo explicaré todo—. He  conocido a un hombre, nos queremos y vamos a casarnos

Lo soltó todo a bocajarro, dejando pasmadas a sus hijas, y sonrientes a sus yernos que por lo bajo la dijeron " bien hecho "

Ninguna de las dos chicas esperaba una confesión así. Tardaron en reaccionar. Alicia miraba a su madre y a su hermana como no comprendiendo lo que acababa de escuchar.  Raquel se puso de pie y plantándose delante de su madre, con una mirada fría y acerada  dijo:

—¿Quieres repetirme lo que has dicho ? ¿ Que te vas a casar de nuevo?  Ni hablar, no con mi permiso. En el puesto de mi padre no habrá nunca otro hombre
— Raquel, por favor cálmate— suplicó Carmina—.  Tu padre siempre estará ahí. Compartí con él años de mi vida, os tuve a vosotras, eso no se puede ni borrar ni olvidar. Pero creo que aún tengo tiempo de vivir la vida. Me siento vital, con ganas de vivir.  De nuevo ha vuelto la ilusión a mi vida. Amo a ese hombre y él me ama. Tenemos derecho a ser felices, a pensar en un futuro feliz juntos.
— ¿ A volver a vivir mientras mi padre está sepultado?
—Pero no puedo hacer nada por evitarlo. Durante muchos años he guardado luto, pero estoy viva  y tengo nuevas ilusiones.  Puedes creerme que mi vida de casada no fue fácil...
— ¡ Lo que me quedaba por oír ! ¿ Que no fue fácil ?  No te faltaba de nada... Era un esposo amante de su familia!  Yo alucino contigo... Bueno pues haz lo que quieras, pero si ese hombre entra en esta casa, ni yo ni los míos volveremos a ella y eso incluye a los niños
— ¡ Raquel ! No puedes hablar así a tu madre— la increpó  Ramón—  No es justo. Carmina es una excelente madre y no tienes derecho a meterte en su vida .

 Raquel ignorando a su marido, se dirigió a su hermana:

— Y tú  Alicia ¿ Qué opinas ?

— Pues no sé...  Reconozco que mamá aún es joven y tiene derecho a vivir como a ella le plazca, pero por otro lado me duele que otro hombre ocupe el lugar de mi padre
— Pero por amor de Dios, hijas mías.... No olvido a vuestro padre, pero ha sido una etapa en mi vida que pasó.  Estoy en la  cuesta abajo, pero aún tengo algunos años para poder disfrutar. He encontrado un hombre que me quiere, me mima y me valora. Soy feliz a su lado, eso es todo. Vosotros sois mi familia...
— Yo no tengo nada más que decir. O tu familia o el hombre con el que te acuestas, elige
—Eres cruel Raquel.  No sé de dónde te sale tanto rencor, tanta dureza. Te eduqué en el respeto a los demás.  Francamente no te reconozco
— Creo que lo que teníamos que saber, ya lo sabemos.  Ramón vámonos de esta casa, no me siento a gusto en ella .

  Ramón tomando del brazo a su mujer, la llevó hasta una habitación contigua y trató por todos los medios de hacerla entrar en razón. Discutieron como nunca lo habían hecho y la advirtió:

-—Pues has de saber que yo sí vendré a verla siempre que ella quiera,  y que la apoyo firmemente. Es su decisión y tú deberías hacer lo mismo.  Si tú supieras ...
-—¿ Qué es lo que tengo que saber?  Que mi padre se mataba a trabajar para que nosotras fuéramos a la universidad, para que ella pudiera brillar con esplendor en las reuniones en las que acudían, que la adoraba.... ¿ Es eso lo que tengo que saber ?
— Nooo, pero no me corresponde a mi decírtelo. Eres testaruda y cruel con tu propia madre. No te conozco.  Eras amorosa con ella ¿ Qué te ha pasado?...
—¿ Nos vamos ? Esta casa ya no es la mía
Alicia

Raquel

Manoli escuchaba la discusión que mantenían Ramón con Raquel y Luis con Alicia. Esta última más calmada.  Carmina permanecía en silencio mirando a través del balcón  la calle, sin verla.  Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas silenciosamente; esperaba esta reacción de sus hijas, pero no por eso dejaba de ser más dolorosa.  ¿ Cómo explicaría a Adolfo lo ocurrido ?  Le citaría en algún lugar y se despediría de él.  Deberían seguir caminos diferentes.  Probablemente, pasado un tiempo, él volvería a su vida anterior a ella, pero ... ¿ Qué camino tomaría ella sin Adolfo?  Agitó su cabeza para desechar los pensamientos que la angustiaban al oír el llanto de los niños que forzados por sus madres no podían despedirse de su abuela como siempre  dándola un beso.

La puerta se cerró tras ellos y entonces Carmina estalló en un profundo sollozo refugiada en los brazos de su querida Manoli, la única persona que realmente sabía todo de su vida.  La acurrucaba como si de una niña pequeña se tratara; no había forma de calmarla y ella misma se emocionó acompañándola en el llanto.  Fue a la cocina cuando Carmina  se hubo calmado y preparó una cargada infusión de tila.  Necesitaba tranquilizarla  como fuera. Estaba preocupada por ella.  La condujo hasta la cama, la hizo tomar una pastilla y la arropó para que conciliara el sueño.  Ella se quedaría velando hasta dejarla dormida.

A primera hora de la mañana sonó el teléfono. Adolfo la llamaba desde su despacho, estaba impaciente por saber cómo había ido todo el día anterior



— Manoli ¿ Se ha despertado Carmina ?
— ¡ Ay señor  ...!
—Todo fue mal ¿verdad?
—Si, muy mal
— Ya... Carmina lo sospechaba.  ¿ Qué vamos hacer, Manoli?
—No lo sé, pero sospecho que tendrán que renunciar a sus planes
— Por favor, no me diga eso. Hablaré con ellas, haré cuanto esté en mi mano. Todo menos renunciar a ella
—Carmina está mal, señor. La tuve que dar una pastilla para que pudiera dormir. Cuando se despierte la diré que la ha llamado
— Hágame el favor, cuídela
— Para mi es como una hermana, pero es tonta y perdóneme. Fue incapaz de contar a su hija la faena de su padre, mientras sufría en silencio una cantidad enorme de reproches que le hacía esa desconsiderada.  Hasta la amenazó con no dejar ver a los niños nunca más

  La buena mujer rompió a llorar...

— Manoli cálmese. La necesito fuerte y a su lado.  Nos espera una temporada muy dura. Sé que ella no renunciará a su familia, pero...   yo también la necesito.  Ha traído a mi vida la estabilidad e ilusión que había perdido... Seguir el camino sin ella va a ser imposible...


—Por favor, no pierdan las esperanzas...De su parte están los yernos y casi,  casi Alicia, que es más dócil
—Dígame el domicilio de ellas, o los números de teléfono. Hablaré con los cuatro. Tengo que hacer todo lo necesario para aclarar esta situación.

  Apuntó los datos. Estaba decidido a pactar con las hijas de Carmina, 





RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora< rosaf9494quer
Edición< Julio 2016
Ilustraciones< Internet <Ana Belén < Leonor Waitling < Lola Herrera, Georges Clooney

Entradas populares