lunes, 26 de septiembre de 2016

Regreso a Sefarad - Capítulo 2 - Aranjuez

A las ocho de la mañana ya estaban todos reunidos en el hall del hotel y Macarena explicándoles someramente lo que habían de ver en el Real Sitio.  Detrás de todos ellos se encontraba Aaron, escuchando, pero sin demasiado interés.  " ¿Por qué vendrá?", se preguntaba la guía desconcertada.  Sabía que el carácter español era abierto, y hacía todo lo posible por ser  agradable pero nunca había encontrado a nadie tan reconcentrado en si mismo, en un viaje,  que se supone era de vacaciones.

- En fin- se dijo- Yo hago todo lo que puedo.  Si no le gusta lo que ve, pues que se vaya, nadie le obliga a quedarse.  ¡ Por Dios, qué estúpido es !

Todos estaban acoplados en el microbús impacientes por emprender el viaje. Todos asociaban Aranjuez, a la pieza del maestro Joaquín Rodrigo, al concierto que dedicó a esa ciudad , cercana a Madrid

- Fué Felipe II a quién se le ocurrió la idea de su construcción para alejarse de los calores de la capital, recién proclamada  por él, ya que hasta entonces lo había sido Valladolid.  Después fueron los borbones quienes terminarían de construir el palacio y los jardines semejantes a los franceses, pero fueron distintos,  con una personalidad propia.  A los famosos jardines no sólo les cantó el maestro Rodrigo, sino también fueron pintados por el artista catalán Santiago Rusiñol, plasmando en ellos la magia y belleza de las que era poseedor

Macarena siguió dando referencias de las habitaciones más relevantes del palacio en las que deberían prestar más atención: la sala japonesa, la de porcelana, la colección de relojes que junto con la del Palacio Real de Madrid, era de las más importantes de Europa.  Las mesas de marquetería, de jade, maravillosas,  regaladas algunas por otros mandatarios a los distintos reyes españoles





Todos prestaban atención, mientras que Aaron ajeno a todos, disfrutaba del paisaje que a través de la ventanilla, pasaba veloz ante sus ojos.  Al cabo de poco más de una hora, se encontraron frente a la fachada principal del Palacio.

- No es demasiado grande, si lo comparamos con el de Madrid, pero es precioso, exquisito. Hasta su interior llegó el primer ferrocarril que circulaba desde la capital hasta el Real Sitio. Lo hizo el marqués de Salamanca en homenaje a la reina Isabel II. Más tarde lo podremos ver.

La visita transcurría normalmente, con asombro ante la belleza de lo que veían.  Por fin Aaron, mostraba interés lo que satisfizo a Macarena aliviada.  Visitaron la Casita del Labrador; otro pequeño palacio anexo al principal con las mismas riquezas en sus habitaciones. Vieron las falúas reales que en los días calurosos del verano, se deslizaban por el rio Tajo  portando a la corte que rodeaba a  los respectivos monarcas.






Ante el asombro de tanta belleza, el grupo apenas hablaba, sólo miraban, queriendo llevar en sus pupilas todo aquello que les sería imposible de olvidar.  El mediodía había llegado y decidieron parar la visita e ir a comer.  Lo harían en el restaurante "La rana verde", que estaba situado al lado de palacio y a orillas del río. No era en extremo lujoso, pero sí agradable.  Degustaron los clásicos espárragos de la huerta de la zona y las famosas fresas del lugar. Incomparables en dulzor a cualquier otra.

Degustaron el plato clásico del restaurante, hicieron su sobremesa , y después de descansar, decidieron emprender de nuevo la ruta turística.  Les faltaba por visitar los famosos jardines.

- Son públicos, puede entrar todo el mundo. Son para uso y disfrute de los vecinos y visitantes de Aranjuez - les informó Macarena, satisfecha por lo agradable que estaba siendo todo.

Entraron  en el recinto y pudieron comprobar que efectivamente, eran merecedores de las dedicatorias que habían recibido.

- Fíjense que a pesar del calor que haga fuera, aquí disfrutamos de una temperatura que invita a pasear por ellos. Son Patrimonio de la Humanidad, y cuando los conozcan comprenderán porqué.

- ¡ Hermosos ! - fue lo único que oyeron decir a Aaron lo que impactó a sus compañeros que no le habían escuchado ni una sola palabra en todo el viaje




Macarena iba en cabeza haciéndoles notar algo destacable de algún árbol, alguna fuente, alguna estatua, de todo lo que era relevante en la belleza del jardín.  Aaron la observaba: Se la notaba que disfrutaba con el relato que daba a sus turistas, y se fijó  en su pelo. El sol que se filtraba entre las ramas de los frondosos árboles, hacía que reflejaran destellos en los oscuros cabellos de la muchacha.  Entonces se fijó en ella:  era bonita, de profundos ojos oscuros. La clásica belleza española, mezcla de todas las razas de las que habían poblado el país.  Recordó que su raza ya estaba en Ivri, como en un principio los judíos llamaron a España, instalados en Aragón, antes de que los romanos invadieran el país cambiando su nombre por Hispania.



Aaron era de origen sefardita.  La familia de su madre, cuando fueron expulsados, se instalaron en el norte de Africa, en Tetuán, para no estar muy alejados de Sefarad, a la que amaban y había sido su hogar desde generaciones atrás.  Quizá pensaban que volverían, que sería por una temporada el alejamiento de sus tierras, de Toledo, y con inmenso cariño, conservaron la llave de la que fuera su casa.  Pero el tiempo pasó, pasaron los reyes, pasaron ellos mismos, sus descendientes... y nunca volvieron a Sefarad.

En la actualidad, y a raíz de la segunda guerra mundial, algunos judíos se quedaron a vivir en España, y a pesar de que el régimen imperante era amigo de Hitler, nunca tuvieron problemas para vivir entre nosotros.  Alguien dijo, no sin razón, que son más españoles que los nacidos en Iberia.  Ellos conservan nuestro idioma a través de los siglos: el ladino. Transmitido de generación en generación, lo han conservado a pesar de que la mayoría de los sefarditas ni siquiera conocen Sefarad.

Recorrieron uno tras otro todo el recinto, admirando la belleza del lugar.  El silencio y la paz reinaba en él , de modo que el canto de los pájaros se escuchaba como si fuera una sinfonía.  En sus cabezas resonaban una y otra vez las notas que inspiraron a Joaquín Rodrigo para el maravilloso concierto.  Solicitaron todos descansar sentados en los bancos que situados  a lo largo de cada paseo, hacía que se admirara más los jardines.  En uno de ellos se sentó Macarena y a su lado lo hizo Aaron


- Son fabulosos, una hermosura - dijo el joven sonriendo a Macarena
- Me alegro que le gusten.  Yo vengo casi todas las semanas con distintos grupos de turistas, y la verdad es que todos salen admirados por la belleza y paz que aquí se respira.  No me canso nunca de admirarlos.
- Es cierto. Hay una paz increíble. Sólo el escuchar el canto de los pájaros en este lugar, te invade la tranquilidad. Esa tranquilidad del que estamos tan necesitados
-¿ A qué se refiere?
- No me haga caso, estaba pensando en voz alta.  En mi país deberíamos poder disfrutar de lugares como éste
- Pero ahora todo parece estar más controlado ¿ no ?
- ¿ Controlado ? Los militares patrullan las calles y siempre estamos en permanente alerta
- Pero...¿ por qué ese enfrentamiento si están condenados a vivir juntos?
- No deseo seguir hablando de esto. No me interesa la política, no la comprendo. Las gentes desean la paz, el poder convivir, el tener trabajo, el mirarnos de frente sin temores, pero todavía no es posible.
- Algún día lo será, seguro. Todos tenéis derecho a vivir en paz, unos y otros.
- No es tan sencillo. En fin, no perturbemos la belleza de este parque con problemas que en definitiva no les va ni les viene
- Pero vivimos en un mundo en el que todo afecta a todos.  No podemos vivir de espaldas a ello porque no sea nuestro problema.  Ellos también sufren, no sólo vosotros
- Dejémoslo, por favor - dijo Aaron bruscamente, algo enfadado
- Perdón, no quise decir que tuviérais vosotros toda la culpa. Sé que todo es muy complicado, pero también sé,  que dos no regañan si uno no quiere





Bruscamente Aaron, se levantó y se alejó a paso corto del banco en donde Macarena seguía sentada.

Hacia media tarde regresaron de nuevo a Madrid.   No quisieron salir esa noche de cena y cada uno de ellos decidieron que lo harían en sus habitaciones respectivas con algún bocadillo o frugal cena servida por el mismo hotel.  Estaban cansados. Al día siguiente tenían libertad de movimientos para  hacer compras o simplemente caminar por Madrid. Macarena estaría libre también.

Una vez hubieron llegado al hotel se despidieron de ella.  Aaron se quedó rezagado hasta que estuvieron solos, y entonces abordó a la muchacha

- Creo que no he sido muy correcto y deseo disculparme con usted
-¡ Ah ! no se preocupe, no pasa nada
- Mañana estará libre ¿ no es eso ?
- Si
- ¿ Querría comer conmigo?
- Lo siento, pero la empresa no me permite intimar con mis clientes. Me encantaría pero no puede ser. Lo siento


- ¿ Pero lo haría ?
- Claro que si, pero no puedo
-Bueno pues en otra ocasión será. Buenas noches
- Buenas noches. Nos vemos pasado mañana ¿ de acuerdo ?
- Bien, hasta pasado mañana

Aaron la tendió la mano. Deseaba disculparse con  ella. Comprendía que había sido hasta grosero y frio ante la amabilidad de Macarena, que hacía todo lo posible porque la visita fuese amena. Nadie tenía la culpa de los problemas que él pudiera tener, y era injusto pagarlo con quién estaba trabajando.  Se encaminó hacia el ascensor y al llegar a él, giró su cabeza en dirección a donde había quedado Macarena que cambiaba instrucciones con el chófer del microbús referente al siguiente día de viaje.  Como si alguien le avisara, ella levantó la cabeza y sus miradas se cruzaron. Sonrió e hizo una señal de despedida hacia el hombre que aguardaba el ascensor.

Tumbado en la cama, miraba al techo de la habitación rememorando lo vivido a lo largo el día en Aranjuez, sobretodo en los jardines, en su corta charla con Macarena

- ¡ Qué sabrá ella ! - dijo en voz alta- Ella no ha perdido a nadie en ningún atentado. Es imposible comprender nada si no se vive

Se repetía esas palabras una y otra vez con mal humor, contrariado ante la incomprensión de ella.

- No es tan fácil.  Cuando se ven las cosas desde la lejanía, parece que se tienen las ideas muy claras, pero no es así.  Las cosas no son ni blanco ni negro, sino grises. Pero es inútil, nadie nos entiende.

Comenzó a desnudarse para meterse en la ducha y poder dormir mejor.  El día había sido largo y estaba cansado.  Pensaba en qué hacer al día siguiente.  Iría a conocer algún barrio de Madrid, por ejemplo ese que Macarena denominó como la judería, y que en realidad era Lavapiés y Las Cavas.  Permaneció largo rato bajo  la ducha dejando resbalar el agua sobre su nuca. Estaba tenso y eso le relajaba.  Poco a poco se quedó dormido




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domingo, 25 de septiembre de 2016

Regreso a Sefarad - Capitulo 1 - Volver a casa

PRÓLOGO:

Sefarad, es el nombre que los judíos de origen español, los sefarditas,  denominan a la Península Ibérica. Para ellos España , es su casa y han mantenido a través de los siglos las costumbres, trasmitidas de padres a hijos, que aquí tuvieron. Mantienen  aún el idioma, el castellano de la época: el ladino. Se dispersaron por el mundo al ser arrojados de Sefarad por los Reyes Católicos en 1492, pero nunca han renunciado ni a su origen ni a su lengua. Son tan españoles como podamos serlo cualquiera de nosotros, y gracias a ello, algunos se salvaron del Holocausto y pudieron ser traídos a España en su calidad de españoles. Muchos de ellos aquí se quedaron, otros emigraron a Marruecos y a Israel una vez que fuera creado el estado. A pesar de que nos unen más cosas que nos separan , en esta historia, se narra un choque entre las culturas tan próximas y al mismo tiempo tan  lejanas.



   

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    Era temprano en aquella mañana de domingo de finales del mes de Junio. Frente al museo del Prado, se reunían los corrillos de turistas dispuestos a contemplar la exposición de los grandes pintores que allí se albergaban.  En perfecto orden y, agrupados en torno a sus respectivos guías turísticos, impacientes por entrar, comentaban entre ellos lo agradable de la temperatura y los bonitos jardines que rodean  a la pinacoteca más importante del mundo.

Macarena, comentaba con ellos que posiblemente hacia el mediodía, la temperatura subiría bastantes grados, ya que Julio se aproximaba y era uno de los meses más calurosos en Madrid.  Los integrantes de su grupo, aproximadamente unas diez personas, estaba compuesto por gentes venidas de distintos países.  La agencia la había enviado a atender a ese grupo durante todo el periplo que harían por España.  Después de Madrid, irían a Aranjuez, El Escorial, Segovia, Toledo ... en definitiva las ciudades más cercanas a la capital.  Después irían a Santiago de Compostela. Y en uno de sus últimos tramos lo harían a pie para ser peregrinos del Apóstol.



Todos eran simpáticos y de distintas edades . Una pareja de japoneses de mediana edad , hispanos y hasta un muchacho judío  sefardita, llamado Aaron, que a pesar de tener su origen en el norte de África, deambulaba por el mundo, fijando su residencia en Israel.  Tenía algo misterioso e inquisitivo en su mirada que le hacía atractivo e interesante.

Era un grupo muy parlanchín y divertido, excepto Aaron, que a pesar de ser más joven que ellos, quizá por ese motivo, no terminaba de integrarse. Siempre estaba serio, y casi nunca hablaba.
 A veces Macarena pensaba que no se encontraba a gusto entre ellos.  Todos hacían comentarios después de cada visita efectuada.  Se les notaba que estaban satisfechos y complacidos, y a pesar de que Nélida, una mujer argentina del grupo trataba de entablar conversación con él, terminaba por desistir del empeño ante la no respuesta del joven.  Permanentemente su entrecejo estaba arrugado, señal de que no estaba siendo feliz con el viaje. 
 En una parada, Macarena decidió abordar el tema, por ver si era ella la culpable del descontento de él



—Señor Anzalag  ¿ Lo he pronunciado bien?
— Si, perfectamente
— ¿ Puedo preguntarle algo?
— Claro que si, dígame
— Verá.  Observo que no termina de integrarse en el grupo y, pienso si soy yo la culpable de ello.   ¿Acaso mis explicaciones no le satisfacen?
— ¿ Por qué piensa eso?
— Siempre está tan callado, tan serio ...  Ni siquiera comenta nada con sus compañeros y quizá sea yo la que no dé las explicaciones debidas en las visitas
— No, naturalmente que no. Usted se comporta correctamente.  Soy yo ¿ sabe ? estoy impaciente por llegar a Toledo. Eso es todo
— ¿ Eso es todo?  Se me ocurre una idea. Podemos hacer un consenso con todos y visitar Toledo en primer lugar después de Madrid, y dejar las otras ciudades para después de haber visitado la ciudad imperial
-—No. De ninguna manera. El viaje está organizado así y así debemos hacerlo
—¿ De dónde es usted, señor...?
— Soy judío. ¿ No lo ha notado por mi nombre?
— Pues la verdad lo pensé. Pero no entiendo mucho de eso
—¿ A qué se refiere cuando dice " de eso"?
— Pues a nombres, a razas, a colores....  Me da igual de dónde venga cada persona.   Si me cae bien, me da lo mismo la procedencia


Aaron guardó silencio, y no pareció muy satisfecho con la explicación de ella, pero era ya la hora de volver a la ruta.  Todos habían comprado recuerdos y sonreían dirigiéndose hacia el microbús que les llevaría hasta el restaurante para almorzar.

— Precioso. Precioso todo.  ¡ Qué cuadros ! ¡ Qué maravilla, qué colores! !— decía Nélida con entusiasmo
— Pedro ¿ Qué pintor te ha gustado más? — dijo dirigiéndose a su compañero de asiento
—Velázquez, sin duda. La Venus, es maravillosa
—A mi Goya —dijo satisfecha Nélida-— Y a ti Aaron ¿ Qué pintor te ha gustado más?
—A mi me gusta El Greco—cortó rápidamente

Desde su asiento delantero, junto al chófer, Macarena les anunció que irían a comer a un restaurante del viejo Madrid, a la judería.  Sin querer, se giró e instintivamente miró hacia Aaron que permanecía impasible en su asiento.  No podía decir si le agradaba la observación que ella había dado a sus compañeros de viaje.  Miraba  a través de la ventanilla  el ir y venir de las gentes en las cercanías del Museo. En poco más de media hora, el vehículo se detuvo frente al restaurante en el que habrían de comer, algo típico de la gastronomía madrileña.

— Muy bien señores— dijo Macarena— aquí es típico el cochinillo asado, pero también el cordero.  Es la especialidad de la casa.  Por si les resulta fuerte la comida, se les puede hacer cualquier otro plato que sea de su agrado.

Dijo esto dirigiéndose a Aaron.  Sabía que los judíos no comen cerdo, pero él ni siquiera se dio por aludido.  Todos estuvieron de acuerdo en comer cordero y dejar el cochinillo para su visita a Segovia. Pidieron jamón serrano, queso... En fin, varias tapas que conocían de referencia. La pareja japonesa optó por el jamón y la tortilla de patata. Otros pidieron la tan famosa paella y el resto comió cordero asado.  Aaron también comió cordero, bebió vino y hasta parecía que le había agradado la tertulia que siguió a la comida y que se prolongó más de una hora

— Ésta es una característica nuestra—comentó Macarena— La sobremesa.   junto con el café del final de la comida es cuando charlamos de todas las incidencias.  Espero lo estén pasando bien
—Desde luego que sí.  Estamos muy satisfechos— comentó la inefable Nélida con su simpatía habitual.

El último párrafo que Macarena había dicho iba dirigido al joven judío, y él sabía su intención, lo que hizo que sonriera débilmente.

Por unanimidad, todos solicitaron acudir por la noche a un tablao flamenco, y les llevó a uno céntrico , Torres Bermejas, por estar a espaldas de La Gran Vía.  Al no estar interesado en ello, Aaron no les acompañó y se fue al hotel, argumentando que estaba cansado y al día siguiente habría de madrugar.  Irían a Aranjuez y por ser extensa la visita, debían llegar temprano si querían les diera tiempo a visitar todo.  Comerían en la ciudad y regresarían a Madrid a última hora de la tarde.

                                      

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Los errores que cometimos - Capítulo 8 y último - Reencuentro

El juez dictaminó que como la criatura era muy pequeña debería estar con su madre, si bien al cumplir los tres años podría pasar un fin de semana cada dos con el padre.Tendría también el derecho a verla cada vez que él dispusiera y la madre no podría oponerse, pero para ello tendría el padre que desplazarse hasta el hogar que en la actualidad sea morada de la niña. Estaban presentes ambos padres, pero ni siquiera se miraban aunque ambos lo deseasen con todas sus fuerzas. Maggie se quedó fuera de la audiencia con la pequeña Rosalyn que crecía ajena a todo cuanto sus padres litigaban.



Al salir James se acercó a Maggie que tenía en brazos a Rosalyn tratando de distraerla. Emma a propósito se había quedado rezagada para facilitar el encuentro del padre con la niña.  El bebe le extrañaba y rompió a llorar extendiendo los bracitos hacia su madre que se encontraba cerca.

El desaliento se reflejaba en el rostro de James. A  Emma le dió pena ver la manera con que miraba a su hija y el rechazo que ésta sentía inconscientemente, por el padre.

--Tendrá que acostumbrarse- le dijo.-  Es muy pequeña y no te ha visto nunca. Tienes que tener paciencia y verla con frecuencia para que ella te vaya asociando a su vida. Yo no me opondré, si eso es lo que te mortifica. Comprendo el deseo que sientes por tenerla, pero yo no puedo hacer nada, eres tu , y tu calma el que tiene que labrar el terreno...
--Lo sé, lo sé. Te prometo que tendré toda la paciencia del mundo y que conseguiré que me quiera.

Se pusieron de acuerdo en que para limar tensiones, cada vez que quisiera visitar a la niña, le avisase y se encontraran  en un sitio neutral, por ejemplo en casa de Maggie. De esta manera no tendrían ocasión de verse ni de intercambiar reproches, ni de regañar nuevamente.  James aceptó y quedaron en el día y la hora en que sería la próxima visita.

Emma cedió en que para pasar más tiempo con la niña aquella tarde, fuesen a tomar un cafe. James cambió el semblante y de pronto se  iluminó: pasaría un rato más con ellas, con las dos... Tomó a la niña en sus brazos después de pedir permiso a Emma y aunque un poco retrasada de James, se encaminaron los tres hacia una cafetería cercana.


--¿Te vas esta misma noche?, le preguntó James a Emma una vez estuvieron acomodados en el bar
--No, Maggie se quedará conmigo en un hotel y mañana temprano partiremos.

No hablaron más. Se miraban de soslayo. James dialogaba con su hija en el idioma de los niños, con sonidos guturales que solamente ellos entienden.  Era ya de noche; las horas habían pasado rápidas y Rosalyn tenía que tomar su baño, su cena y después dormir.  Emma rescató a la pequeña de los brazos de su padre y se despidió de James

--¿En que hotel estáis? os acompaño hasta él

Sin darse cuenta, James le había tomado por un brazo protegiéndola de los empujones de la gente que ajena a todo transitaba, pues era la salida de oficinas y comercios.  Era como si el tiempo hubiera retrocedido y a Emma el corazón le daba saltos al sentir la mano del hombre sobre su brazo.

--¿Te pesa la niña, quieres que la lleve yo?- Emma sonrió al darse cuenta que era una excusa para tener un rato más a la  pequeña en los brazos.

James entró hasta el vestíbulo del hotel y allí frente a ella devolvió a su madre a Rosalyn que por fin se había abrazado al cuello de su padre.

--Pese a todo,- dijo James,- ha sido uno de los días más felices de mi vida.


Dió un beso en la cabecita a la niña y en la frente a la madre, que quedó sorprendida por la repentina  muestra de cariño. Ella solamente le miraba, le miraba y notaba que todo su rencor había desaparecido quedando únicamente el inmenso amor que siempre le había tenido.  Pero ya era tarde, y pensó" lo que puede cambiar tu vida al tomar una mala decisión."  Fueron unos segundos lo que duró la intensa mirada que ambos se dirigieron; en ella se dijeron todo lo que sentían y que habían callado durante tanto tiempo. Ahora ya no había lugar, pero no podían evitar el seguir queriéndose.

No hubo ninguna comuicación entre ambos durante mucho tiempo. El veia a la niña todas las semanas, pero ella no estaba nunca presente.
No hubo ninguna llamada de teléfono que perturbara la vida de Lissa y de James. No se mezcló nunca en su unión, pero no hizo falta, estaba permanentemente presente en sus vidas.
El volverla a ver, había avivado de nuevo el amor que siempre sintió James por su mujer y aunque nunca lo mencionase, la sensibilidad de Lissa le avisaba de que ya nada sería igual, que nunca había estado enamorado de ella. Le había respetado cortesmente, es muy posible que le hubiera tomado cariño, pero por las noches él soñaba con su mujer y la nombraba, y se desesperaba tratando de alcanzarla. Estaba  desvelado casi siempre y ella fingía dormir cuando él se levantaba de la cama y se ponía a ver el paisaje a través el ventanal de la habitación, pensando en sabe Dios qué cosas.

Lissa quería profundamente a James, le había visto sufrir cada vez que Emma aparecía en sus vidas, pero debía  reconocer que nunca interfirió en su relación nada más que con los carteles de publicidad y de eso ella no tenía la culpa. Veía que James estaba cada vez más triste, no se comunicaba y un rictus amargo comenzaba a marcar la comisura de su boca. Le dolia tener que tomar la decisión  de plantearle dejar su relación. Por nada del mundo lo deseaba, pero precisamente porque le quería, era necesario que hablaran de su futuro.

Aquella noche James llegó especialmente cansado, no por el trabajo sino porque poco a poco el desánimo iba ganando terreno. No sabía cómo enfocar la situación; le costaba muchísimo aparentar ante Lissa  unos ánimos que estaba muy lejos de sentir. Al entrar en el salon en dónde solían esperar la hora de la cena  tomando un aperitivo, se dejó caer en un sillón. Lissa le observó y supo que el momento había llegado, era  propicio. Con toda la calma del mundo, que estaba muy lejos de sentir, le contó que ya  era hora de que de nuevo él, la niña y Emma volvieran a ser una familia. Por el bien de Rosalyn.

--Yo se, que nunca has dejado de amarla y ha sido una tortura para ti el no poder verla. He de agradecerte que me has respetado y cuando hemos estado juntos me has hecho la mujer más feliz del mundo, pero tu no lo has sido, y es necesario que recuperes  de nuevo la alegria de vivir junto a tu mujer y tu hija. Habéis estado divorciados porque un papel así lo asegura, pero anímicamente habéis permanecido unidos siempre.  Yo iré a un crucero largo, de meses y a buen seguro que encuentro a otro hombre que alivie mis horas de soledad. Creo que mañana mismo debes solucionarlo.  He leido que la agencia en la que trabaja ha conseguido el premio a la mejor campaña publicitaria y justo mañana se lo entregan al director. Averigua con tu informante si ella estará aquí mañana . Ve a verla y háblale de cuánto la necesitas, de cuánto la quieres y que fue un tremendo error por parte de ambos el separaros, porque no podéis vivir el uno sin el otro. Sin reproches, sin acusaciones, eso ya ha pasado y no se puede dar marcha atrás. Pasad página, empezad de nuevo con vuestra hijita y quereros , quereros mucho por vosotros y por todos los que hemos estado a vuestro alrededor presenciando vuestro sufrimiento por no estar juntos.

James no podía articular palabra. Solamente la abrazó fuertemente, la beso y con un" gracias" se alejó definitivamente de allí


El hotel estaba en todo su esplendor. El ir y venir de grandes limusinas, coches de alta gama, mujeres resplandecientes y señores muy satisfechos. Crowford salió de uno de los coches tendiendo la mano a Emma que lucía muy bella. La niña había quedado en el hotel al cuidado de Maggie. James tocó a la puerta y una sonriente Maggie le franqueó la entrada

--¿Está dormida?
--No aún no. La estoy dando el biberón. Pasa. Emma ya ha salido para el hotel Lo siento.
--No lo sientas quería hablar contigo primero y claro ver a mi niña que cada día está más preciosa.


 --Bien, pues tu dirás. Si no te importa mientras charlamos termino de vestir a la niña
--Por supuesto, yo te ayudo

James relató a Maggie todo lo sucedido con Lissa y le explicó los planes que tenía para con Emma y Rosalyn

--¡ Claro que me parece bien!  Habéis tardado mucho tiempo. Te diré que Emma bebe los vientos por ti, y no es que no haya tenido ocasión de volver a casarse. Sin ir más lejos Crowford se lo propuso, pero ella no tenía pensamientos nada más que para tí. Así que anda, ve al hotel y en la primera oportunidad que tengas, cógela, abrázala y todo vendrá por si solo.


 La ceremonia ya había comenzado. En una mesa todos los integrantes de la Cñía Crowford estaban sentados, incluido Lewis, que estaba irreconocible con smoking. De espaldas a James se encontraba Emma.
Estaba radiante, totalmente transformada aunque con un brillo de melancolía en su mirada.

El maestro de ceremonias leyó los premios concedidos y el nombre de la empresa ganadora. Al nombrar a Crowford, una explosión de aplausos resonó en la estancia y el Jefe salió a recoger el premio.


--Agradezco enormemente este reconocimiento a nuestra labor, pero no sería justo si en él no admitiese que un porcentaje muy alto de éxito, se lo debemos a la modelo que lo inspiró,  a la señora Emma Bogarde, sin su rostro y colaboración seguro no habríamos ganado.

Emma nerviosa se puso de pie y entonces le vió, allí parado en un rincón de la estancia, sin querer interrumpir. Era su gran noche, algo por lo que había luchado tanto.  Vió que James le aplaudía también y que una amplia sonrisa iluminaba su cara, como las de antes, y sin más no se lo pensó dos veces. Se dirigió hasta donde estaba su marido y cogiendo su cara con ambas manos le dió un beso largo, largo que hizo las complacencias y vítores de todos los allí presentes. 

--Por una vez, que me perdone Lissa. Voy a ser yo quién falte a mi palabra  por unos instantes .- James en un casi susurro, emocionado, le dijo:
--Tengo que hablarte. En cuanto puedas nos vamos, es importante.

Ella supo que algo iba a cambiar en su vida aquella noche mágica.  En cuanto le fue posible y nada más empezar el baile se reunió con James que la aguardaba impaciente.


--Ah, ya estás aquí.¿No quieres bailar?
--No, quiero saber lo que tienes que decirme.
--Pero para eso tendremos que irnos a un lugar tranquilo en donde charlar sin tanto alboroto. Así que despídete de todos y vámonos.

Emma dió un abrazo a sus compañeros y buscando una excusa se marchó en busca de  James. Iban callados, no se atrevían a hablar se miraban y sonreian de vez en cuando.

-- Debemos regresar al hotel Rosalyn estará ya dormida, pero no quiero abusar de Maggie, ella también tiene a su novio premiado y querrá disfrutar con él.
--Es cierto, no me había dado cuenta, entonces cuando ella se marche hablaremos. Tenemos que hacerlo largo y tendido. - Entraron en la habitación  y se encontraron a Maggie dándo los ú.ltimos toques a su vestimenta
--La niña está dormida y si no hacéis ruido y no se despierta, podréis hablar todo cuato queráis.
--Bueno, bueno vete ya,  sino se acabará la fiesta y Lewis me matará. -  dijo Emma empujando a su amiga hasta la salida.
--Y bien, ¿ qué es lo que tan urgentemente tenías que decirme?...

Es todo lo que pudo decir. James le contó todo lo ocurrido, sus planes y ella le escuchaba cada vez con una sonrisa más amplia aceptando todo lo que le decía.  No hubo reproches ni dudas, era como si nunca hubieran existido los errores que ambos cometieron. Fueron  hasta donde su hija dormia la contemplaron durante unos minutos y el resto de la noche fue exclusivamente para ellos.

A la mañana siguiente cuando se despertaron, la felicidad reinaba en sus caras se abrazaron deseándose buenos días como en los viejos tiempos. Unos sonidos guturales provenientes de la habitación contigua les hizo ver que la pequeña estaba despierta y reclamaba su desayuno. Saltaron ambos rápidos de la cama y Emma indicó a James

--Cógela mientas  preparo el biberón


Vistieron a la niña, se vistieron ellos y como dos novios cogidos de la mano salieron del hotel en dirección al coche de James. Este llevaba en brazos a la niña y Emma de vez en cuando reclinaba su cabeza en el hombro de él.

--¿Dónde vamos, a dónde nos llevas?
--Te voy a enseñar, o mejor a hacerte entrega de algo que tenía reservado para tí desde hace tiempo, esperando este momento.-.  Enfilaron la calle y entraron en una urbanización alegre, llena de árboles y flores y James paró el coche frente a una casa
--La diseñé hace tiempo pensando en nosotros, y la construí para que fuera nuestro hogar. Luego las cosas se torcieron, y bueno.. Yo sabía que llegaría el momento,  y ha llegado. Esta es nuestra casa la que pensé cuando aún era estudiante, la que idealicé para ti: nuestro nuevo hogar.



EPILOGO:

Rosalyn creció sana y feliz en aquella casa acompañada de dos hermanos más uno rubio como ella y otro de pelo castaño y con pecas como su padre.  Se juraron nunca más tener reservas y hablar mucho para no volver a cometer los errores del pasado. Nunca más.  Y fueron felices. Emma siguió haciendo su trabajo desde casa y James siguió construyendo las casas que siempre había imaginado: baratas para que la gente pudiera poseerlas. De vez en cuando para compensar los beneficios construia alguno a gran escala que le permitía conservar su estudio holgadamente. Vivian bien, cómodamente, sin agobios, pero inmensamente felices. Se tenían el uno al otro; habían recibido una lección difícil de olvidar.  De Lissa supieron por los ecos de sociedad que se había casado con un viudo mayor que ella y vivian en Bahamas.  Al  leer la noticia ambos rieron , al tiempo que Rosalyn entraba en la habitación peleándose con el pequeño James y un bebe con pequitas, David, jugaba en su corralito bajo la mirada de sus padres que sonreian.

                                                       F   I   N 

Autoria:  1996rosafermu
Editado:  Octubre de 2012
Fotografías:  Archivo de 1996rosafermu
RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR

sábado, 24 de septiembre de 2016

Los errores que cometimos - Capítulo 7 - Belesfield

Fiel a sus compromisos, James celebró la rueda de prensa en uno de los salones del mismo hotel. Durante más de una hora departió con los periodistas, atendió a sus preguntas y se mostró simpático y cordial. No trascendió en absoluto el desánimo e impaciencia que tenía. Deseaba concluir cuanto antes y al mismo tiempo temía el encuentro.

Subió a la habitación y despabiló a Lissa para explicarle que tenía la necesidad urgente de ir de viaje, le explicó lo mejor que pudo y muy por encima las confesiones que Maggie le había hecho el día anterior.  Ella perpleja le escuchaba y no daba crédito a lo que estaba oyendo, pero le aconsejó que hiciera el viaje cuanto antes.


Se dirigió al aeropuerto y tomó rumbo a Nueva York. Cuando llegó eran altas horas de la noche y se dirigió a su casa a pesar de saber que no podría dormir. La localidad en donde vivia Emma no estaba a excesiva distancia, con lo que pensó que mejor al día siguiente ya que no era cuestión de llegar de madrugada y encontrar a todos durmiendo, incluida la niña.

Era muy temprano cuando con el mapa en la mano y apoyado en el capó del coche buscaba impaciente el pueblecito refugio de la que fuera su esposa

--¡ Pero ni siquiera viene en el mapa...! - exclamó asombrado

Al fin se dispuso a partir, preguntaría en una gasolinera. De esta forma tomó el camino de Belesfield. Llegó al pueblo a media mañana y se dirigió derecho a la dirección que Maggie le había apuntado. El corazón le latía apresuradamente en el pecho y los nervios estaban a punto de estallar.



--Maggie ¿ puedes abrir ? creo que han llamado y yo estoy bañando a la niña, hazme el favor y ve a ver quién es
--Ya voy, un momento - Al abrir la puerta se encontró frente a frente con James
--No creí que viniera tan pronto
--¿Cree que podía esperar? ¿Dónde está?
--Está con la niña en el baño. Venga le diré dónde es.

James abrió la puerta de par en par que se encontraba entornada. Nunca imaginó una imagen como aquella. Emma inclinada sobre un bebe precioso que daba sus primeras carcajadas y la madre haciéndole cosquillas en el pechito al tiempo que le hablaba en su lengua y le besaba repetidamente en las mejillas, en la frente y en la tripita. Al fín la tomó en sus brazos apretándola contra su pecho, y fue entonces cuando al girarse vio a James. Se quedó quieta, seria y sin articular palabra. Ambos se miraron fijamente y ninguno de los dos habló. Fue Emma la que se repuso y la primera en darle un saludo frio

--¿Qué haces aqui?
--Dímelo tú. Creo que hay pendiente algo  importante que tendrías que comunicarme - Miró a la niña y entonces una sonrisa tierna y amable iluminó su rostro.
--¿Puedo cogerla?
--¡ Claro !


Tomó al bebe con sumo cuidado entre sus brazos y la niña rozaba con su manita la mejilla de su padre a modo de caricia. Emma contemplaba la escena y enseguida cayó en la cuenta de que aquella presencia se la debía a Maggie

--¿Te puedo preguntar una cosa?, -dijo James --¿Cómo demonios has venido a parar aqui? Es un pueblo horrible, sin gente. ¿Aquí querías criar a nuestra hija?
--¿Tú que sabes? No te atrevas a juzgarme, no tienes ningún derecho
--¿Que no tengo derecho?... Me he tenido que enterar por otra persona que tengo una hija, y tú más que nadie sabes que eso era lo que más deseaba en el mundo. He tenido que saber de tu existencia por vallas publicitarias, pero lo que menos podía esperar es que tuviéramos una hija y yo lo ignorara. ¿Te imaginas el lío de vida que has originado con tu actitud? ¿ Cómo puedes llevar tu venganza hasta tan lejos? No eres la Emma que yo conocí.  Eres incapaz de perdonar.  Lo he sentido durante todo este tiempo; no tienes idea de lo que lo he lamentado, pero tú no sabes nada.  Sólo tu ego herido.
--¿Yo? te recuerdo que no soy yo la que me he casado, que yo precisamente por ello no quería decirte nada; que siguieras tu camino de triunfos con la mujer que elegiste para compartir tu vida. Yo ya no quepo en ella y creo que tu hija tampoco
-¿ De dónde sacas esa conclusión? ¿ Yo casarme ? ¿ Quién te ha venido con ese cuento? Nunca, entérate biebn, ni en  mil años buscaría a alguien que ocupara tu lugar. Sigues siendo mi mujer, aunque  diga un maldito papel que no lo eres.   Para mi nuestro matrimonio no está disuelto.
- Pero bien que te buscaste a una mujer rica y poderosa. Y si no te has casado con ella, peor que peor, porque te has convertido en algo que ...

James se iba poniendo furioso por momentos. No podía creer lo que estaba escuchando: de manera que el culpable de ignorar lo ocurrido era él...Era inaudito. ¿ Qué tenía que haber hecho ?  Le suplicó hasta la saciedad que le perdonara, que volvieran a empezar, pero ella se empecinó en marcharse. ¿ Qué demonios tenía que haber hecho ?

--¿Crees que a esa mujer le va a gustar hacerse cargo de un bebe que no es suyo?¿Te lo has planteado?
Pensé que era mejor que todo siguiera igual y que quizás algún día...
--Eres increible. Primero destrozas mi vida, y ahora me culpas de todo ello. Te advierto que no me voy a conformar. Aunque ya no formes parte de mi vida, la niña si. Voy a pelear por ella, al menos tendré derecho a verla de vez en cuando y me importa un comino si a Lissa le gusta o no. Es mi hija y la voy a defender de todos y eso te incluye a ti.
--Quiero que sepas que nunca te negaré el que puedas verla, pero tendrás que desplazarte hasta aquí, porque yo no voy a volver a Nueva York
--¿Tienes a alguien en tu vida, por qué no quieres irte de este horrendo lugar? ¡No hay nada!
--Te equivocas, tengo a una amiga que para mi ha sido como mi madre. Me vi sola, embarazada, inexperta y en un pueblo en el que yo era la protagonista en todas las tertulias ¿Quién será, de dónde vendrá, de quién es el hijo que lleva dentro? Todo lo soporté, pero no fue agradable. No culpo de ello a nadie, ni siquiera a ti porque me ofreciste ayuda y yo la rechacé, pero ahora todos me quieren y estoy a gusto. Lo que hagas con tu vida  es tu problema, yo no voy a interferir ni a pedir nada. Por mi, puedes estar tranquilo, ya no formas parte de mi vida.

Estas últimas palabras dolieron especialmente a James, porque ella sí formaba parte de la vida de él, pero no dijo nada. Siguieron con reproches agrios más por la ansiedad que sentían que por sentimientos. Después de dos horas largas de reproches y discusiones cortaron la conversación sin siquiera aproximarse. De repente eran dos extraños llenos de rencor. Cada uno echaba la culpa al otro, y ninguno de los dos conseguía sosegarse. James optó por irse. Besó en la cabecita a la niña y a Emma le lanzó una furibunda mirada en la que expresaba todo su dolor. Dio un portazo a la puerta y antes de arrancar el coche, le lanzó como un latigazo esta sentencia

--Tendrás noticias mias en breve. No creas que esto se queda así.

Maggie salió de la habitación en donde estaba refugiada lejos de la pareja que acababa de separarse de mala manera.

--No digas nada,- le dijo Emma que dándole a la niña salió apresurada de la habitación.

James llegó en la mitad de tiempo previsto. Iba por la carretera a mucha velocidad. Estaba furioso, enfadado. El volver a ver a Emma y a la niña le había descompuesto el rostro. Había tratado de controlarse pero al final , había contenido por tanto tiempo el dolor,  que no lo pudo aguantar. Encontró a Emma distinta, sin duda había sido una experiencia que le había hecho madurar.Tenía las mismas bonitas facciones pero no eran tan infantiles, no había sonreido ni una sola vez y sus ojos estaban brillantes como esperando algo para romper a llorar. Sin embargo no lo hizo al menos delante de él.

Emma encontró a James con las facciones crispadas. En sus ojos ya no quedaba ni rastro de ternura, no la miraba con cariño como antes lo hacía, sino con un enorme rencor y algunos hilillos blancos empezaban  a asomar por sus sienes. Sin embargo era demasiado jóven como para tener canas.

Lissa le esperaba impaciente y alarmada. Sabía que no iba a ser una entrevista fácil y estaba preparada para lo que él dispusiera. Se había convertido en toda su vida desde que empezaron a convivir; Para ella James era el marido que siempre había querido tener y que cuando lo había conseguido iba a ser cuando lo perdiera, pero oficialmente no eran nada, solamente les unía,  a ella el amor , y a él su refugio para olvidar a aquella mujer que no había dejado de atormentarle ni un sólo día.Sabía que su relación había comenzado por intereses mutuos; ella porque se encapriciho de él al principio, y James como refugio, y por qué no decirlo, porque con sus amistades le abrió las puertas que necesitaba para su carrera.


 No existía contrato entre ambos, pero tácitamente él sabía que para compensar su ayuda, debía hacerla feliz, de la única manera que ella lo concebía y era acostándose con él todas las noches, hacer  el amor, y acompañarla a las recepciones a las que acudiera. En un principio fue su consentido, aunque no pagó nunca un centavo por su compañia. Sabía que tenía el corazón destrozado, y tenía la esperanza de que algún día se diera cuenta que estaba conviviendo con un amor sincero.  Pero él no tenía ojos más que para Emma.  Nunca le reprochó nada, nunca le dijo nada, ni siquiera cuando hacían el amor y algunas veces se le escapa el nombre de su mujer, y entonces sus caricias eran más apasionadas y su excitación más alta.  Pero quería olvidarlo y no escuchar a su cabeza que le decía que eso no era posible.  Sólo oia los latidos de su corazón, y a él hacia caso.

James entró hecho una furia y emprendió escaleras arriba en dirección a su habitación. Ella le aguardaba en la biblioteca y a pesar de que salió a su encuentro, no se atrevió a preguntar absolutamente nada. Bastaba con verle el rostro para saber que no había ido nada bien.

De nuevo se verían delante de un juez, pero esta vez él no iba a ceder. Se trataba de Rosalyn y tenia derecho a disfrutar de su hija. Pensó que quizás ella argumentara el por qué de que esa niña estuviera en el mundo, pero al tiempo sabía que no se opondría a que la viera. Pero quería recuperar el tiempo que le había robado: el embarazo y los seis meses de vida de la chiquitina. Para ello pedía a través de su abogado pasar por lo menos la mitad de ese tiempo ininterrumpidamente junto a su hija.  También le preocupaba Lissa, ya no tenía edad para ocuparse de un bebe que, además, no era suyo. No estaba acostumbrada y por otro lado le dolía enormemente separar a la niña de su madre a tan corta edad.


Sus pensamientos fueron cortados por la entrada del juez en la estancia. Le relató con todo detalle lo ocurrido en los últimos tiempos entre Emma y él, sin omitir nada. El juez una vez le hubo escuchado, les citó para el día siguiente; quería meditar con sumo cuidado todo lo que  le había relatado y sopesar imparcialmente los detalles. El estaba a favor de la madre, pero el padre había sido víctima de su propio error y estaba arrepentido de ello y dispuesto a luchar por recuperar el tiempo perdido.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Los errores que cometimos - Capítulo 6 - San Francisco

El gran vestíbulo del hotel estaba lleno de gente ataviada para las grandes ocasiones. Las damas con traje largo de noche y ellos con smoking. En un lado del mismo había un corrillo de gente en torno a un hombre alto, guapo y que parecía ser el merecedor de tanta expectación. Le acompañaba una mujer de edad mediana muy atractiva que se encargaba de presentarle a todas las personalidades asistentes a la reunión.

De frente al grupo, Maggie observaba a las personalidades. Lewis no podía acompañarla puesto que era el encargado de filmar el video del acto, pero ella con traje largo , también pensaba asistir a la entrega con la mayor curiosidad. No se equivocaba, aquel rostro lo había visto antes en casa de Emma: se trataba de James.

Se dirigió a recepción y pidió le facilitaran el número de habitación, cosa que no hicieron. Entonces ella se dirigió a las cabinas de teléfono y pidió avisaran al arquitecto galardonado, por nombre James...Un botones voceó el nombre al que respondió el interesado y se dirigió al teléfono que tenían en Recepción


--Si, dígame
--Usted no me conoce, pero me urge hablar con usted
--Lo siento, si es una periodista hablaré con todos ustedes en la conferencia de prensa de mañana
Siento me interprete mal , pero no puedo atenderle ahora. Como puede comprender tengo que atender a todas las personas que han venido, y me parecería una descortesía ausentarme
--Le aseguro que se trata de algo que le interesa mucho
--Por favor no insista. Mi mujer me está llamando; va a comenzar el acto, perdóneme
--Emma, ¿ le suena de algo?
--¿ Cómo dice? repita ese nombre
--Creo que será mejor que hablemos personalmente. Estoy en la 510. Creo que deberá hablar conmigo lo antes posible. De verdad que le interesa.

James terminó la recepción feliz por el reconocimiento demostrado. Lissa estaba radiante de felicidad y de orgullo. No le había defraudado, toda la confianza depositada en James la había sobrepasado. Había alcanzado el máximo galardón en su profesión. Ellos estaban felices, a pesar de la cara melancólica que durante toda la noche había podido observar en el rostro de James

--Deben ser los nervios y la emoción- pensó

Nunca imaginó el motivo real de esa impaciencia. Se acostaron muy tarde, pero a pesar de ello James no pudo conciliar el sueño. Deseaba con todas sus fuerzas que amaneciera pronto para poder hablar con aquella misteriosa y desconocida mujer que le hablaría de Emma, ¿de qué? Hacía mucho tiempo que ni siquiera habían cruzado una palabra, no se habían visto desde que salieran del despacho del juez y por ello no podía imaginar lo que le diría.


 Salió de la habitación para no despertarla.  Deseaba que amaneciera cuanto antes.  Se sirvió un vaso de whisky y se sentó frente a la ventana por la que se veian las luces de la ciudad.  Bebió un sorbo y dirigió su mirada hacia la habitación, en donde dormía ella.  Sólo la mención del nombre de su mujer, había conseguido  intranqulizarle ¿ Estará enferma ? Si es así, debería estar a su lado, junto a ella y no en la cama con otra mujer casi desconocida.  No,.., desconocida no Hacía tiempo que convivían juntos, pero ninguno de los dos conocían a fondo la realidad en la vida de cada uno de ellos.  Hacía rato que habían hecho el amor, como cada noche antes de dormir, pero fue como cumplir un trámite.  Le estaba agradecido por las ayudas y amistades importantes que había logrado gracias a su influencia, pero había pagado un alto precio y se había convertido en el querido de Lissa ¿ Querido ?Ni siquiera eso. La apreciaba, pero no la amaba, ni  se sentía atraído por ella.  Al fin rendido de cansancio, volvió a la cama, siquiera para dormir un par de horas.  Después de desayunar James se excusó con Lissa argumentando que querían hacerle una entrevista

--Pero ¿ tan pronto?...
--Vuelve a dormir, espero terminar rápido

La besó en la frente y ella volvió a quedarse dormida. James se dirigió a Recepción y solicitó la comunicación con la habitación 510. No tuvo necesidad, Maggie se aproximó a él presentándose.

--Creo que debemos ir a un rincón tranquilo en donde podamos hablar sosegadamente. Es muy importante lo que tengo que decirle
--Como quiera, me tiene en ascuas¿Le ha pasado algo?
--Quiero advertirle que ella no sabe ni que usted está aquí, ni que voy a contarle algo que ella no me ha autorizado, pero creo que estoy obrando correctamente
--Si no le importa no ande con tantos preámbulos, por favor. Como puede comprender estoy impaciente.-
-Primero, para llegar al día de hoy, tenga paciencia y le explicaré cómo llegué a conocer a Emma.

Maggie hizo un relato pormenorizado de cómo llegó hasta el pueblo que ahora era su hogar. Por fin llegó al momento en que ambas mujeres establecieron su entrañable amistad:

--Emma llegó al pueblo embarazada y quiso tener a su hijo en un lugar en donde nadie pudiera localizarla, no por vergüenza porque ella no había tenido la culpa de que usted en determinado momento ejerciera violencia contra ella. Se enteró del embarazo después de que se divorciaran, y a pesar de que la insistimos para que se lo comunicara, ella no cedió. Una vez le llamó por teléfono delante de mi a instancias mias, fué justo el día que salió de la clínica después de dar a luz. La persona que cogió el teléfono le anuncio "que los señores" habían salido de viaje, por lo que ella interpretó que se había casado, y no quiso mezclarse en su matrimonio. Tiene una hija preciosa de nombre Rosalyn y se parece a su madre.


La palidez del rostro de James era alarmante. No podía ser verdad lo que aquella mujer le estaba contando. No podía ser verdad que la crueldad de Emma hubiera llegado al extremo de ocultarle que era padre, sabiendo que era lo que más ambicionaba, no podía ser verdad. Estalló en una cólera contenida y sujetando fuertemente el brazo de Maggie, le suplico:

--No me mienta, no puede ser verdad. Ella sabe que todo empezó precisamente...
--Si, porque ella quería que esperasen para ser padres. Si también lo sé. También la he dicho que cometió el error más grande de su vida y que había perdido al hombre que amaba, pero ella no quería destruir su vida con esa confesión. Cree que usted la ha rehecho y está felizmente casado.
--Dígame cómo se llama ese lugar, por favor. Tengo que ir a verla, tengo que ver a mi hija. Pero no puedo perdonarla que me lo haya ocultado, no debió hacerlo aunque estuviese casado. ¿Lleva alguna foto de la niña?
--Si, desde luego. Tómela
--¿Qué tiempo tiene?
--Seis meses--  le dijo Maggie mientras sacaba el pequeño álbum que llevaba en el bolsillo.

Ante él estaba aquella carita igual a la de su madre, con sus mismos ojos, su mismo cabello. Era un bebé precioso y era su hija.



Dos lágrimas resbalaban por sus mejillas. La emoción más grande le embargaba y no podía articular palabra. La pidió un vaso de agua; tenía que aclarar la garganta y aquella congoja que le impedía hablar.

- No sé hasta dónde conoce la verdad de todo este embrollo tan desagradable que ha truncado mi vida, y presiento que también la de ella. Pero no he dejado de amarla ni un sólo minuto de mi vida. Ella lo ha sido todo, y la perdí por un momento de  desespero, de furia, de no lo sé exactamente.  Anteponía el trabajo a nuestra vida, a nuestros planes, y eso no era el amor que ella decia tenerme.  Cuando nos separamos creí volverme loco. Emprendí un camino, y me convertí e algo que no deseaba, pero el dolor, la rabia, el ansia de demostrarla,  no sé qué cosas, me hizo convertirme en lo que soy ahora: el consentido de una mujer, buena, que me ha ayudado mucho, pero a la que no amo. Ella me prestó ayuda y yo a cambio le pagaba con una expresión de amor que estaba muy lejos de sentir. Quiero que sepa que no me he casado con ella ni con nadie, porque siempre Emma está en mi vida permanentemente, siempre, hasta en los momentos más íntimos.  Y ahora me dice que de aquel momento de ofuscación, ha nacido una niña, que tengo una hija, que ni siquiera conozco y que no tengo la más mínima oportunidad de poder disfrutarla. Ella ¿ ha unido su vida a alguien ?
- Por supuesto que no.  Ella le sigue amando, ni pot un sólo momento ha dejado de quererle, ni de recordarle. Pero es muy cabezota, y la casualidad hizo que interpretara que había rehecho su vida y ya no había oportunidad para ella.

Ambos guardaron silencio durante unos momentos, y al fin James dijo:


--Deme,  por favor la dirección. Iré a verla lo ates posible. ¿Debo decirle que usted me ha informado?
--Haga lo que crea oportuno, de todas maneras ella va a saber que he sido yo la persona que le ha contado todo. Nadie más que yo sabe lo ocurrido, ni siquiera Crowford, que goza de toda su confianza.

Se despidió de Maggie agradeciéndole la noticia. Ella,  al ver alejarse a James exhaló un suspiro profundo de alivio. Sabía que había obrado como debía, aunque le costase un disgusto con Emma.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Los errores que cometimos - Capítulo 5 - Buscando trabajo

Maggie permaneció toda la noche en vela dándole vueltas a la cabeza con  lo sucedido a Emma ¿ qué es lo que la llevaría hasta alli, de quién se ocultaba? Nadie había preguntado por ella, no había recibido ninguna visita, nadie se interesó por su paradero. Estaba dispuesta a ayudarla y esperaba ganarse su confianza para que la confesara el origen de la niña y su viaje hasta aquel pueblo lejano,.  Para olvidarse de todo y de todos.

A las seis de la mañana en punto Rosalyn dió el primer toque de atención y Emma se despertó inmediatamente para atender a su hija, al tiempo que Maggie se acercaba hasta su cama con la niña

--Ya va, comilona. Vamos con mamita, tesoro


Emma sonrió al ver el cariño con que Maggie hablaba con el bebe, con la inmensa ternura con que la acunaba. Ella se acomodó y destapó su pecho para poner a mamar a la chiquitina.

--Dios mio-  exclamó Maggie-  es el mayor milagro que Dios ha hecho : la vida y el amor existente entre una madre y su hijo.

Mientras observaban a la pequeña comiendo, Maggie empezó a desgranar cómo ella con diecisiete años, se vio con un bebe en los brazos durante una hora, ya que su familia la obligó a darle en adopción.

--¡ Pero eras una niña ! ¿y el padre?
--El padre era tan crio como yo, se asustó,  y su familia se lo llevó lejos, no se a dónde, el caso es que nunca nos volvimos a ver.- Sin pensárselo dos veces, le preguntó a bocajarro:

--La niña¿ es hija de algún hombre casado?, ¿ qué ocurrió contigo?

Emma, sensible en grado sumo por el parto y por su situación, no se pudo contener y entre sollozos contó a Maggie todo lo ocurrido. No salía de su asombro ante lo que estaba escuchando. Era una hija legítima y sin embargo por tozudez las dos estaban allí en aquel lugar aburrido y el padre ignoraba que tenía una hija...

--Pero, tu no puedes hacer eso. El tiene que saber dónde estás y que es padre. Imagina que a ti te pasa algo...¿con quién se quedaría la niña? ¿prefieres a una guardería estatal antes que a su padre? ¡No me lo puedo creer.!
--Es que no puedo decírselo. El ya tiene otra mujer en su vida, a estas alturas seguro que es muy posible se haya casado con ella. ¿Cómo voy a decirle que me dejó embarazada aquella aciaga noche?
--Y ¿qué piensas hacer? ¿te parece bien tu proceder? El tiene derecho a saberlo, si no quiere veros, es su problema pero tú debes decírselo.
--Dame un respiro Maggie ¿crees que no lo he pensado? ¿Qué puedo hacer. , Qué puedo hacer?
--Llámale por teléfono ahora mismo y díselo - Magie le tendió el teléfono y con mano trémula marcó el número de James.
--Dígame, respondió una voz impersonal
--Por favor, ¿ está el señor O'Cleary?
--Lo siento, los señores están de viaje y tardarán una semana en volver. ¿Quién pregunta por el señor?

Pálida por la emoción contenida Emma colgó el aparato sin contestar la pregunta que le habian hecho. Dirigió su mirada hacia Maggie

--¿Y ?
--Los señores están de viaje, es lo que me han respondido. ¿Te das cuenta? ya ni se acuerda de mi, seguro que se ha olvidado.
--Bueno, bueno - Maggie abrazó a su amiga y ambas terminaron llorando
--Ya basta, la niña no debe mamar este disgusto o se nos pondrá enferma, así que pasemos al plan B
--¿Qué dices, el plan B. Qué significa eso?
--Pues que en cuanto puedas vas a ir a la peluquería, te vas a arreglar y vas a llamar a tu antiguo jefe y solicitar un trabajo. Mientras tanto trabajarás en mi restaurante. Acudirás al trabajo con tu niña y entre todas la atenderemos mientras atiendes las mesas. Tienes que salir de aqui, en casa y en la cama no vas a conseguir nada.  Dentro de unos días vuelves a llamar a tu marido y le informas de que es padre. Así que anda...

No sabía lo que hubiera hecho si no llega a tener a Maggie. Hizo lo que ella la indicó: trabajó como camarera en su restaurante y se puso al habla con Robert, que después de tanto tiempo de no saber nada de ella, le dio una gran alegría.

--Naturalmente que tengo trabajo para tí, pero tendrás que volar hasta Chicago, pues la campaña se realizará allí.
--En ese caso, lo siento, Robert. La niña es muy pequeña y no puedo desplazarme hasta esa ciudad y dejarla en el hotel. No te preocupes, en otra ocasión será. - Maggie le escuchó hablar y despedirse de Robert. Al colgar le preguntó
--¿Qué es eso de tener que viajar hasta Chicago, por cuánto tiempo sería?
--Oh, los rodajes no son muy largos, supongo que al menos una semana
--Muy bien, hace tiempo que no tomo unas vacaciones, así que vuelve a llamarle y dile que vas
--¡ Estás loca !
--No, yo me voy contigo y me quedo en el hotel con la niña. Solucionado.
--¿Me lo estás diciendo en serio?
--¡ Naturalmente ! anda vuelve a llamar
--Robert, de acuerdo. Iré con mi pequeña familia. Dime fecha y dónde habré de hospedarme



Y hacia Chicago se dirigieron felices y esperanzadas. Se hospedaron en el hotel que les indicó Robert que era uno de los mejores de la ciudad. Apenas se habían instalado cuando Robert se presentó en el hotel para ver a su amiga. Se quedó maravillado al ver a la niña

--¡ Pero, es preciosa !. seguro que tu de pequeña serías igual. Tiene tus mismos ojos y el color de tu cabello. Por cierto, James ¿lo sabe?
--No, aún no. Le llamé para decírselo y estaba de viaje con su esposa
--¿Se ha casado? No me puedo creer que aún no sepa nada. Emma tu sabes que siempre estaré de tu parte, pero esta vez no tienes razón. Tiene derecho a saber que tiene una hija, es lo que más deseaba. No puedes llevar tu venganza hasta ese extremo.
--¿Venganza? No, no lo es. Acaso ¿no pensáis que puede causarme tanto dolor volver a verle? yo también lo estoy pasando mal. Al menos él ha rehecho su vida, pero ¿ y la mia? ¿por qué nadie piensa en mi? Renuncié a mi trabajo, me enclaustre en un pueblo sin vida, he renunciado a todo...
-Bueno, ahora centrémonos en el trabajo que vamos a presentar..-. Comentó el publicista

Robert puso al corriente a Emma de qué se trataba la campaña y a pesar de no ser ella el artífice , si contaba con su opinión dado que era una experta, aunque simplemente estuviera presente como oyente.




Robert


Una vez terminada la exposición, Maggie hizo acto de presencia con Rosalyn en los brazos

--Siento interrumpir, pero tiene que comer
--Es cierto. Hay otro problema: estoy criando a la niña y cada tres horas reclama mi presencia...Lo siento Robert va a tener que ser todo a través del teléfono.
--No. Que se venga Maggie con nosotros. Se quedará en una habitación contigua y si para cuando el bebe tenga que comer no hemos terminado, que entre con ella, como acaba de hacer. El cliente es un padre de familia numerosa, y hasta será acertado. Le conmoverá ver a una madre joven que no renuncia a su trabajo y cria a su hija. ¡ Es perfecto! hasta va a ser conveniente.

Emma pidió disculpas y se retiró a otra habitación para dar de mamar a su hijita.

Como habían supuesto, fué todo un éxito. La ternura de ver a la niña en brazos de su madre, afianzó el suculento contrato de la campaña publicitaria. De repente se acordó de un bello rostro que anunciaba un perfume

--¡ Es usted ! -dijo dirigiéndose a Emma
--¿ Cómo dice?
--Si,si. Usted, la de la campaña de perfume de ¿hace dos años? Fué fabulosa la repercusión que tuvo y es que no es para menos. Mi campaña quiero que la haga usted
--Pero no puedo, ya ve en lo que ando metida...Ha sido muy difícil llegar hasta aquí. Viajando con un bebe se puede suponer la incomodidad que es para mi hija. No puede ser, lo siento.
--¿Dónde vive usted?
--En Belesfield. Seguro que no viene ni en el mapa. Es un pueblo muy pequeño de agricultores
--¿Se refugió allí para tener a su bebe?
--Desde luego, me pareció un lugar tranquilo y bueno para que ella creciese feliz
--Muy bien- dijo dirigiéndose a Crowford.- Trasladen los escenarios a ese lugar. Tendrá algún paisaje, algo bonito que no sean cultivos. O sino es igual, busquen otro cerca de donde ella vive
--Pero es absurdo. Hay miles de modelos preciosas, incluso más que yo que harían encantadas ese trabajo
--Pero yo la quiero a usted. No hay más que hablar
--Pero además saldrá más caro al tener que buscar nuevas localizaciones-  intervino Crowford
--No me importa, pero tiene que ser ella. El éxito con ese rostro está asegurado.

Firmaron el contrato y todo quedó encauzado para empezar en el más breve espacio de tiempo. Al cabo de cuatro días regresaban de nuevo a su rutina diaria, pero venían satisfechas con lo conseguido.Deberían organizarse para afrontar todo el trabajo que se les venía encima. Maggie estaba encantada de la vida con la perspectiva del rodaje. Sería una gran novedad en la monotonía de sus vidas.

Y así comenzaron el rodaje de los anuncios en un pueblecito cercano a Belesfiield. Al terminar la grabación celebraron una barbacoa en el restaurante de Maggie. Ésta conoció a un ayudante de cámara muy simpático y atractivo; ambos expresaron su deseo de volver a verse. ësto ilusionó a Maggie, pero al tiempo pensó::"Seguro que en cuanto enfile la carretera se olvida de mi..¡ Dios mio ! no escarmiento..."

Esta vez la publicidad era más agresiva ya que se trataba de muebles de oficina, y ante unos objetos tan fríos había que darles calidez a base de la modelo. Cuando vieron la proyección final se quedaron todos expectantes averiguando la opinión del patrocinador

--¡ Es increible esta mujer! ¿Quién dice que está criando a un bebe de tan corta edad? Será fulgurante, estoy seguro



Y lo fué. De nuevo en las vallas apareció Emma, pero esta vez más sugerente. Había madurado su rostro, ya no tenía las facciones tan aniñadas, pero continuaba siendo hermosa: De nuevo al parar en un semáforo en Times Square, James pudo contemplar el rostro de Emma, y de nuevo algo se removió en su interior. Acababan de comunicarle que le habían concedido el premio Pritzker por la construcción de un moderno auditorium de música. Ya su estudio no se dedicaba a edificios sociales, sino a grandes construcciones que se encargó de promocionar Lissa en sus círculos de las altas finanzas. Deberían dárselo a finales de mes en San Francisco, pero ante la visión de la valla se le había borrado de la cabeza el premio. Sus ojos estaban llenos de la silueta de Emma; continuaba amándola aunque hubiera renunciado a ella desde hacía tiempo.

Emma pudo convenir con Crowford que hiciera su trabajo desde casa a través de ordenador, con lo cual podía atender a la pequeña Rosalyn y su trabajo. Los ahorros se le acababan pero con lo ganado en la publicidad podía resistir durante una larga temporada sin preocupaciones. Maggie la sermoneaba constantemente por no haber aceptado la ayuda que su marido le ofreció con el divorcio, pero se había acostumbrado a sus regañinas y además sabia que lo hacía por cariño.

Era media mañana y estaba dando el pecho a la niña, cuando una alterada Maggie se presentó en su casa dando risotadas

--¿Quién dirás que me ha llamado y me ha pedido una cita?
--No tengo ni idea, pero me vas a sacar de dudas ahora mismo ¿verdad?
--Lewis, - dijo Maggie
--Lewis, ¿y quién es?
--Hija , pues el ayudante de cámara
--¡¡¡Ah!!! no me acordaba-  rió Emma
--Está en San Francisco y me ha pedido que vaya. Estará por una semana por no sé qué evento que tiene que filmar, creo que es un premio o algo así. Le he dicho que si
--¿Cuándo te vas?
--No, cuando nos vamos...
--¿Qué dices? No, ve tu sola. La niña no puede hacer ese viaje tan largo y además, ¿qué voy hacer yo con una niña tan pequeña en San Francisco? Tu debes ir sin mi. Sé que ese hombre te gusta, así que aprovecha la oportunidad
--Pero, es que yo quiero que vengas conmigo
--No seas absurda ¿cómo voy a ir contigo si lo que él quiere es estar a solas los dos juntos? Quizá sea el hombre de tu vida, aprovéchalo. Además estoy en pleno trabajo para la próxima campaña.
¿Cuando te marchas?
--Pues pasado mañana. Estoy contenta ¿sabes? Congeniamos muy bien y es muy atractivo ¿no te parece?
--Si, si lo es. Por lo que yo le conozco también es buena persona. Haréis buena pareja, y ahora vete y déjame . Mira la niña se ha dormido y no ha terminado de comer.
--Deberías retirarle el pecho, poco a poco y empezar con los purés. Tendrías más tiempo libre.




Al aeropuerto fue a recibirla Lewis, estaba nervioso. Aquella mujer le había impresionado cuando la conoció en la barbacoa. Era decidida, extrovertida y tenía la edad justa para él. Ya no eran jovencitos, pero todavía tenían mucha vida por delante.

Se hospedó en un lujoso hotel, en donde él también lo estaba. En ese hotel se iba a celebrar el evento en el que tenía que trabajar. Era la entrega del premio al mejor arquitecto, el Premio Pritzker, y se lo habían concedido a uno de Nueva York. 
Cuando Maggie supo la noticia, le dio un vuelco el corazón

--No puede ser. Sería mucha casualidad que se tratase de la misma persona, imposible, ¡ con lo grande que es el mundo ! -Lewis interrumpió sus reflexiones, pero algo la decía que no estaba muy descaminada. El evento se celebraría dos días después, así que tendrían tiempo de divertirse antes de tener que asistir a ello.

Salieron como dos jovencitos cogidos de la mano a conocer la gran ciudad y a divertirse todo lo que pudieran.


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