domingo, 25 de octubre de 2015

Como te quise, te quiero - Capítulo 1 - Recordando

Almudena dejó  de tejer la labor que tenía entre manos, se quitó las gafas y frotó sus ojos por unos instantes.

--Necesito ir a graduarme, con estas gafas no veo bien y se me cansan mucho los ojos.

Sonrió y echó la cabeza hacia atrás recordando cuando su vista alcanzaba el vuelo de una minúscula mosca a gran distancia. " Cómo han pasado los años, ¡ Dios mio !," pensó y perdió la mirada en el vacío evocando mil vivencias pasadas.

Celia entró en la habitación llevando en su mano el periódico El Pais que acababa de comprar en el kiosco de la esquina de casa. También había comprado una revista de labores que le había encargado Almudena y otra de las llamadas del corazón: Hola, que se había hecho más internacional y se editaba también en Inglaterra. Recordó cómo cuando era una adolescente esperaba al día de la semana, que casi siempre era el jueves, para comprarla y empaparse de todas las aventuras de los actores de Hollywood.  Entonces costaba cinco pesetas y a su corta economía de adolescente le suponía no tener más que para viajar en el metro o en el tranvía,  para ir a clase o a la casa de cualquier amiga.

Almudena


Abrió el periódico por el final; no entendía cómo tenía esa costumbre desde siempre. Al llegar a la primera página detuvo su mirada en la fotografía y el artículo remarcado en un lado:

" Anoche falleció en su domicilio de Madrid, el prestigioso abogado del Estado  Luis Montseny. El fallecimiento se produjo por un infarto agudo de miocardio. Cuando las asistencias médicas acudieron, ya era demasiado tarde.  Deja viuda y dos hijos. El sepelio será mañana a primera hora, desde el tanatorio de Tres Cantos hasta el panteón familiar de la Sacramental de San Justo. Nuestras más sentidas condolencias a la familia....."

No quiso seguir leyendo más. Era una glosa de la trayectoria brillante que había tenido desde que se hizo cargo del despacho de su padre, otro abogado..

Almudena lentamente dejó el periódico sobre la mesa, al tiempo que sus ojos despedían una luz a punto de convertirse en lágrima.  Le vino a su memoria aquella ya lejana niñez en la que había conocido a Luis.

LOS RECUERDOS

Vivía con sus padres , en el barrio de Chamberí de Madrid. Eran muy populares entre los vecinos ya que su padre era médico de cabecera y ginecólogo, por lo que la mayoría de los niños de la vecindad habían venido al mundo ayudados por sus manos. Era don  Rodrigo, querido y respetado por todos. El domicilio era una vivienda amplia con ocho habitaciones, todas ellas con balcones a la calle que hacía esquina . Pertenecían al grupo de los perdedores de la guerra, por tanto no había tenido oportunidad de entrar en las plantillas de los hospitales municipales y los escasos privados que había en aquella época en Madrid, en su mayoría, estaban regentados por personas del mando contrario por lo cual no tuvo opción a engrosar su plantilla como ginecólogo. Para remediar tal situación  planteó a su mujer Carmela, la necesidad de habilitar un par de habitaciones para montar una consulta, ya que con su mísero salario de la Casa de Socorro, no tenían apenas para comer. Ella aceptó la idea que les permitiría pagar con mas desahogo el alquiler de la vivienda.  Don Rodrigo era un magnífico ginecólogo, pero ejercería además de médico de cabecera y así tendría más pacientes y más ingresos.



 Frente a la vivienda había un pequeño colegio que coloquialmente era denominado como el de la señorita Lola, que era una maestra de  mediana edad y además la directora del colegio. Allí a la edad de cinco años Almudena empezó su aprendizaje. La entrada al colegio , que era mixto ,  para las niñas la tenían por una calle distinta a la entrada de la de los chicos.
Y de esta manera se conocieron Luis y ella.  El chico vivía en la calle de Luchana y todos los días le recogía una muchacha del servicio que sus padres tenían. Para acortar la distancia, Primi, que así se llamaba la chica, cruzaba varias calles, para desembocar en donde vivian. Era un corto trayecto el que Luis y Almudena hacían juntos, apenas de tres minutos, pero ellos se reian con las bromas que Primi les gastaba. La salida era a las doce del mediodía, para volver a las tres hasta las cinco de la tarde.  Ella esperaba en la esquina de la calle la llegada de Luis para después cada uno e ellos dirigirse a la entrada correspondiente.

Cuando contaban siete años, cada padre decidió que ese colegio era insuficiente , de manera que a Luis le inscribieron en los Hermanos Maristas  y Almudena comenzó sus estudios en un colegio de monjas próximo a su domicilio.


Colegio María Inmaculada

Esto supuso un gran disgusto para los chicos que ya no podrían verse a diario como hasta entonces, pero aún les quedaba La Plaza Vieja. Era un parque, el único en todo el barrio, y allí acudían los niños a jugar, frente a la estatua que habían erigido en honor de una insigne actriz. Solamente podían acudir los jueves por la tarde, que era lo que los chavales de la época tenían libres de sus obligaciones escolares, si entre semana no había alguna fiesta, porque entonces se suplía con el jueves. Hasta los sábados tenían colegio.

Por motivo de la pasada guerra civil, la parroquia del barrio había quedado muy dañada y a base de limosnas la iban reconstruyendo, pero claro, los vecinos no daban más de diez céntimos y l
levaban años tratando de finalizar las obras que nunca se terminaban.  Por ello la iglesia del colegio de Almudena, hizo las veces de parroquia y a ella acudía la gente a oir misa los domingos; y se
 celebraban matrimonios y bautizos.

Colegio para chicos de la época


Almudena tenía que acudir necesariamente,  por mandato del colegio , todos los domingos a misa, ocasión que aprovechaba para ver a Luis que acudía con sus padres,  por el mismo motivo.

Y así lentamente, poco a poco iban corriendo los años.  Ambos hicieron el bachillerato superior, que eran siete años y la reválida para luego ingresar en la universidad. A la edad de dieciocho años tuvieron que separarse,  ya que Luis iría a estudiar la carrera de Derecho a Salamanca.  Como los ingresos de don Rodrigo no daban para tanto aconsejó a su hija que se hiciera enfermera ya que no podía costearle una carrera universitaria, y Almudena aceptó y en tres años consiguió su título y ayudaba a su padre en la consulta. Pero ella quería ser médico.

--Imposible, niña, y bien que me duele tener que negarte esa oportunidad, pero ya sabes que mi consulta es pobre. Las tres pesetas que me pagan al mes por estar asociados a mi iguala y las veinticinco de algún parto, no dan para tanto. Hija mía, te aconsejo que busques algún trabajo en alguna sociedad médica y con lo que ganes te pagues las clases de Matrona si es que quieres hacer algo semejante a lo mío; otra cosa no puedo hacer.

--Papá, has tenido una buena idea. Me acercaré a solicitar plaza en ese hospital tan grande que han hecho al final de la Castellana, a La Paz, y que acaba de ser inaugurado por Franco. ¿ Quién sabe?, a lo mejor tengo suerte y encuentro un puesto aunque sea para hacer las camas de los enfermos.

Y dicho, hecho y conseguido.  Cada mañana tomaba un autobús que la dejaba en la Plaza de Castilla y desde allí andando acudía a su trabajo en La Paz y allí mismo comenzó su aprendizaje de comadrona. Al cabo de tres años tenía su título y podría, de momento, ayudar en los partos hasta que pasado un tiempo hubiera adquirido puntos y práctica para ejercerlo ella misma.


Hospital Universitario La Paz

Como te quise, te quiero - Capítulo 2 - El primer beso


Almudena, con la mirada perdida en el espacio de la habitación, tenía la mente en blanco. No podía comprender lo sucedido a Luis. Hacía muchos años que solamente sabía de él por las noticias que de vez en cuando se generaban en los periódicos  o en los informativos de la televisión.  Se había hecho un gran nombre en su profesión, era un excelente abogado, superando incluso a su padre. Fue a su habitación y abriendo uno de los cajones de su secreter, extrajo una caja en la que guardaba recuerdos importantes en su vida y que eran sus tesoros.  Era un poco mitómana y le gustaba tener cerca algún objeto que hubiera representado algo para ella. De entre todos los  que allí cabían, extrajo un pequeño relicario de plata que en una ocasión Luis le regalara. Fue cuando él la dio su primer beso,   de lo que ella suponía " su noviazgo", cuando casi contaba dieciocho años.

Almudena

Ocurrió  durante unas vacaciones por  Navidad en que Luis regresó a Madrid desde Salamanca. Desde el verano no se habían vuelto a ver, pero ella  siempre estuvo enamorada de él, Luis sin embargo sabiéndose atractivo coqueteaba con todas las chicas, lo que hacía que ella se muriese de celos.

Había una película en las carteleras de cine que llevaba casi un año  y que en la prensa, como promoción, añadía día a día los que llevaba programada.  Almudena quedó con unas amigas para por fin poderla ver, ya que lo habían intentado en varias ocasiones sin conseguir entradas. Había tres sesiones a las cuatro, a las siete y a las once de la noche.  Para la de las cuatro no les daba tiempo a menos que faltaran a clase. Quedaron para la función de las siete, pero tendrían que hacer cola para conseguir las entradas desde las cinco hasta que abrieran la taquilla.  Pidió permniso a sus padres para llegar a las diez a casa y como acudiría con dos amigas conocidas de la familia que vivían muy cerca de ella, obtuvo el permiso.  Era de carácter romántico y algunas compañeras que ya la habían visto la comentaban que era de llorar y de mucho amor, lo que a la chica la tenía subyugada.  Quedó con sus amigas y a las cinco en punto estaban Luisita y ella en la fila, teniendo delante  a unas veinte personas.  Las localidades eran numeradas, así que no corrian el peligro  de obtener una mala localidad.  El cine era lujoso; había sido teatro y era grande, y por ello no tenían la menor duda de que ese día por fin verían la película " Como te quise, te quiero". La protagonista era Merle Oberon, actriz que encantaba a Almudena, con sus ojos rasgados y sus facciones algo orientales, pero lo que más le atraía de la estrella era su amplísima frente y que en aquella época se decía que las personas con frente despejada, eran muy, muy inteligentes. Y eso mismo es lo que la hacía admirar tanto a Merle.


Cine Bilbao


Con el relicario en sus manos depositó en él un ligero beso a modo de oración por Luis. No era religiosa y desde que dejó el colegio de monjas acudía muy pocas veces a la iglesia harta de tantos rezos.  Cogió su bolso y le dijo a Celia:

-Celia, voy a salir a dar una vuelta. Me duele algo la cabeza . A ver si dándome el aire se me pasa

-Tómese un Gelocatil antes de irse, de lo contrario la jaqueca le va a doler todo el día

--No se preocupe, ya lo he hecho. Si llamase el señor para algo, dígale que se comunique conmigo por el móvil.  Hasta luego, volveré a la hora de la comida.

Al contraer matrimonio con Alberto se habían mudado a la Glorieta de Alonso Martínez, no lejos del lugar en donde había transcurrido su niñez.  Enfiló la calle de Sagasta hasta llegar a la Glorieta de Bilbao. Iba despacio evocando todos los ratos que había vivido junto a él. Cruzó la calle en dirección a Fuencarral y se paró delante de la fachada de lo que antes fuera el cine Bilbao y que desde el accidente ya no era cinematógrafo, sino una dependencia de grandes almacenes.

De nuevo su memoria retrocedió hasta su adolescencia , en la fila del cine,  para ver la película que causaba sensación en Madrid.

-Almudena, nos vamos a quedar heladas. Hace un frío de muerte, dijo Luisita, su amiga,  mientras miraba a ver si llegaba Paloma.

-No te impacientes. Paloma estará al llegar.

Apenas faltaban unos minutos para que abrieran las taquillas. Un grupo de cuatro chicos venían riendo y gruñendo por la cola tan enorme que había para entrar al cine

-Hoy no entramos, seguro- dijo uno de ellos

-Yo al menos sí-  dijo otro muy seguro

-¿ Por qué lo dices?

-Lo siento chicos, os dejo-  y sin pensarlo más se dirigió hacia donde estaban las amigas que saludaban a Paloma recién llegada .

- ¡ No me lo puedo creer !-  dijo Luis mirando y sonriendo a Almudena que con sorpresa miraba al recién llegado

Luis


-¡ Luis ! pero... ¿cuándo has llegado ?

-Llevo en Madrid  un par de días

-Podías haberme llamado por teléfono...

-Tienes razón pero la familia me tiene loco. No he podido , de verdad. ¿ Estáis para entrar al cine?

-¡ Claro !- dijo Luisita- ¿Acaso crees que estamos pasando frio por gusto?

-Ja,ja,ja. Tienes razón Luisa. Me preguntaba si no os importaría pedir una entrada más para mí. O mejor las saco yo y entramos los cuatro. ¿Os parece?

Almudena no le quitaba la vista de encima. Era un regalo inesperado y estaba tan guapo con el cuello del abrigo subido, como los protagonistas del cine...   Luis sacó las entradas sólo que separadas .Las amigas fueron a la fila siete y ellos dos a la de los " mancos ", es decir a la última , a pesar de que los acomodadores de vez en cuando les enchufaban con sus linternas para que no hiciesen juegos de manos las parejas que como ellos estaban en la última fila,  para al menos darse un beso.

Ella  empezó a protestar sin mucha fuerza; le encantaba la decisión que había tomado Luis, pero al mismo tiempo le pesaba el tener que haber dejado a sus amigas en otro sitio.  La sonrisa y el guiño de ojos que le dirigió el chico, disipó todas sus dudas.

Se apagaron las luces y unos anuncios de Gallina Blanca y del calmante Okal,  dieron paso al  Nodo y al descanso de quince minutos antes de que empezase la película.

Luis salió en el descanso. Almudena de pié en su asiento no dejaba de mirar para ver si localizaba a sus amigas.  Al fin vio que Paloma estaba haciendo lo mismo, y llegó hasta ella

-¡ Vaya faena nos ha hecho Luisito !  ¡ Menuda cara tiene !  Nos vemos en el vestíbulo cuando acabe

Los timbres habían empezado a sonar lo que indicaba  que la película iba a comenzar.  Luis llegó portando una bolsa de lenguas de gato de chocolate y al sentarse aprovechó para dar a la muchacha un ligero beso en los labios.  Ella se sonrojó al tiempo que un calor recorría todo su cuerpo

- Luis, nos van a ver y nos echarán del cine

-No seas pazguata, mujer. Ahora los acomodadores están ocupados y no pueden espiar.- y soltando una carcajada miraba a  la chica con inmensa ternura.

Almudena


Durante la película y cogidos de la mano Luis no dejaba de mirarla al tiempo que ella lloraba algunas veces con las situaciones planteadas en el film. Ël sonreía al comprobar lo sensible que era Almudena y acariciaba su mejilla, una vez que el acomodador pasaba para vigilar a la fila de al lado.  Al terminar la película se reunieron con sus amigas en el vestíbulo, pero  con la mirada indicó a Luisita y a Paloma que deberían irse para que Luis la acompañase hasta su casa, cosa que hicieron rápidamente las dos muchachas.

-¿Nos vemos mañana?, preguntó Luis

-Como es el día de la lotería he quedado con mis compañeras para irnos a tomar algo y celebrar la Navidad, pero por la tarde estoy libre.

-Bien, pues por la tarde te recojo en el portal. A las cuatro y sé puntual. Hasta mañana, cielo.

 Luis miró en rededor y al comprobar que no venía nadie la atrajo hacia sí y esta vez no fue un ligero beso.  Ella le apartó bruscamente

-¡ Estás loco ! Si nos ve alguien me la cargo

-A las cuatro en punto, no lo olvides. Anda entra

Al día siguiente, Luis la entregó un relicario de plata con las fotografías de los dos, el mismo que Almudena guardaba en su bolso.



viernes, 23 de octubre de 2015

Los silencios - Capítulo 10 y último -Libre de culpa

Y el tiempo transcurría.  Y todo iba volviendo a la normalidad.  Robert por expreso deseo de Miranda, fue espaciando sus visitas, hasta que transcurrieron varios días sin verse.  No entendía como ella se había empecinado en no verle.  Estaba deprimido.  Pensaba que estaba pagando muiy cara la torpeza y la cegación de unos instantes de debilidad.  Pensó que lo mejor sería poner tierra de por medio.  Quizás un viaje le proporcionara serenidad, que ahora no tenía.  Descolgó el teléfono y marcó el número de su mujer

- Si, dígame...

- ¿ Puedo hablar con la señora ?

-Lo siento, señor, pero no está.  Hoy no come en casa.  La diré que ha llamado

-Gracias, dígala que salgo de viaje. La llamaré a mi regreso.

- Así lo haré, señor.

- Gracias, buenos días



Y Robert colgó.  Siguió haciendo su maleta con bastante desinterés.  No era un viaje de placer, sino de olvido.  Le desconcertaba la actitud de ella.  No la conocía.  No era la mujer con la que se había casado. Ésta Miranda era una desconocida para él.  Rencorosa, dura y fría. Una mujer que le había amado y que ahora...  La sola idea de que estuviera enamorada de otro hombre, era un puñal en su pecho, y quería  borrar de su cabeza la sola idea de que existiera  una relación ajena a él.  Era egoista, lo reconocía, pero seguía amándola, y nada ni nadie harían  que la olvidara nunca.

Había retomado su vida.  Acudía a su trabajo con normalidad olvidado el accidente. Estaba algo más delgada, pero seguía conservando esa belleza especial morena, latina, que tanto había gustado a Robert.  No quería pensar en él. ¿ Estaba siendo justa ? Se había portado maravillosamente con ella. Era cariñoso, a pesar de los desaires que le hacía.  Le seguía amando, pero aún sentía en su pecho el dolor que le había producido el encuentro con otra,  aquél día,  en su oficina.






  Hacia media mañana, se presentó Patrick, que quería hablar con ella muy seriamente.

-Tenemos que hablar, sin falta hoy mismo. No pongas excusas porque es muy importante

-¿Pero que os pasa a todos? ¿ Por qué esas prisas ? ¿Tan importante es lo que tienes que decirme?

- Si que lo es.  No me gusta nada ni tu aspecto ni tu aptitud.  Sabes bien lo que siento por ti.  Me preocupo por ti, y lo que veo no me gusta.  No me gusta nada en absoluto

-Mis hijos están preocupados, claro,  por otro motivo... y hasta lo comprendo. Pero tú...  Oidlo bien no estoy enferma. Estoy pasando un bache, nada más, así que por favor no preocuparos que no me pasa nada.

Al salir del trabajo Patrick la condujo dando un paseo hasta el lugar preferido por ella,  en el parque.

-¿Te has planteado que Robert pudiera ser inocente? - se lo soltó a bocajarro mientras se acomodaban en un banco --¿Nunca te has preguntado si tenías razón para tomar esas medidas tan drásticas.?¿Te compensa lo que estás, lo que estáis sufriendo  ? Existe el perdón y el arrepentimiento

Ella le miró fijamente y le respondió:

- ¿ A qué viene eso ahora ?

- Pues sencillamente, estáis los dos locos el uno por el otro, pero ninguno dais el brazo a torcer.

-No puedo olvidar lo que ví.  Lo siento si te parezco injusta.  Pero creo que tengo mis razones

-¿Y que viste? Una mujer abrochándose la blusa?

-Ja, ¡qué fácil lo ves todo!. la gente no va por ahí desabrochándose los botones de la blusa y echándose encima de su abogado.  Y él ¿qué crees que hizo?

-Pues me imagino que le pillaría tan bloqueado como me hubiera quedado yo.



-Vamos a dejar esta conversación, por favor. El se encontraba muy seguro de mi amor, y quería probar otra cosa. Así que no insistas yo vi,.. lo que vi

-¿Y si él te demostrara que no tuvo culpa?

-Si algún día me demuestra que es inocente, le pediría  perdón. Y ahora vamos a lo que me querías decir.

-Pues lo que te quería decir es lo del cuadro. Necesito que poses y lo necesito ya.Tengo toda la obra realizada en espera de tu retrato.

-Bien pues empecemos.¿Cuando?- lo dijo sin pensar como furiosa, como buscando resarcirse de algo, que Patrick conocía bien porqué

-Mañana. Mañana mismo. Van a ser un par de sesiones porque dibujaré tus facciones y luego las pasaré a color. A qué hora entras a trabajar?

-A las once de la mañana.

-Pues tendrás que madrugar. A las ocho te espero en mi estudio ¿ te parece?

-Bien, Me parece bien. Mañana entonces nos vemos. Ahora me disculpas pero tengo durante todo el día un terrible dolor de cabeza. me voy a casa y me acostaré enseguida.

Miranda pasó toda la noche dándole vueltas a la conversación mantenida con  su amigo ¿ Sería correcto posar semi desnuda para él ? ¿ Traicionaría a Robert?

-¡ Pero qué digo, Robert ya no tiene nada que ver conmigo ! Me importa un pito si le parece bien o mal. Es una forma de demostrarle que yo también tengo ocasión  para hacer lo que se me venga en gana.

Y al día siguiente, con extrema puntualidad, llegó al estudio del pintor.   Posó para su retrato y al cabo de quince días el cuadro quedó terminado. No quiso que lo viera hasta que no lo colgara en la galería.  La exposición se celebraría  al cabo de tres  semanas. Fue la portada de una revista de arte y en alguna página de los periódicos más serios.  Todos los críticos de arte, aplaudían la obra, y se preguntaron quién sería la modelo que había inspirado al artista.  Alababan la belleza latina y la expresión de sus ojos, grandes, oscuros, pero algo tristes, como si en el fondo escondiera algún secreto indescifrable

A la entrada de la galería una fotografía del cuadro de Miranda  indicaba la fecha de la exposición y el título " Mujeres del mundo"

En la pared central destacaba el Cuadro "Mujer latina", en que su belleza  destacaba entre todas.Como le había anticipado Patrick la había pintado  con el pelo suelto,  sujeto con una flor roja y una mantilla dejaba entrever su torso .Él, se encargó de distribuir las invitaciones, pero hubo una en que quiso llevarla personalmente.

Descolgó el teléfono y a la amable voz femenina que le respondió solicitó hablar con el señor  Morgan.  Sabía que hacía días había regresado de un viaje.



-Sí dígame, ¿con quién tengo el gusto de hablar?

-Personalmente no me conoce, pero soy el mejor amigo de su ex esposa. Necesito hablar con usted

-¿Está enferma, le ha ocurrido algo?

-No, no,  es algo que les concierne a los dos, pero no es para hablar por teléfono. Es largo y deberá ser personalmente.

-Bien, pues yo mañana puedo hacer un hueco.  Espere. ..- rebuscó en su agenda y comprobó que todo podía esperar.-  Presiento que es algo urgente por el tono de su voz. Será esta tarde; puedo cancelar una cita y le atenderé. Me deja muy preocupado porque,  aunque no lo crea,  mi mujer me importa mucho.

-Ya lo se. Bien pues esta tarde ¿Dónde nos vemos?Mejor, pasaré a buscarle y luego decidiremos dónde charlamos. Ha de ser un sitio tranquilo y sin interrupciones.

-De acuerdo aquí le espero, venga a la hora que quiera. Ahora mismo cancelo todo lo que tengo para hoy.

-Bien, pues buenos dias

-Buenos días .  Hasta luego

A las dos de la tarde Patrick se presentó en el bufete de Robert.Una secretaria le condujo hasta su despacho. Sobre la mesa había un tríptico con la fotografía de Miranda  en el centro y la de sus hijos a los extremos. Se estrecharon las manos, y Robert volvió a preguntarle.



-Miranda  ¿está bien? Me tiene muy preocupado. La veo más delgada y sus ojos que siempre fueron alegres y brillantes, están apagados, tristes.

-¿Desde cuando no la ve?

- Hace mucho,.  Nuestras palabras fueron breves y fugaces. Ella no tiene el más mínimo interés en verme, y mucho menos en sostener una conversación,  por insignificante que sea.

Patrick sonrió al escuchar estas palabras

-¿Sabe que le digo? Que este sería un buen lugar para charlar. Hay paz y  ahora no hay ningun empleado que pueda interrumpirnos. Lo que voy a decirle será breve. Y voy a  hablar con la mayor claridad. Le ruego que me conteste con la más absoluta verdad. Ella no va a enterarse de nuestro encuentro, pero necesito contrastar algunas cosas.

-Parece que tiene mucha confianza con ella ¿son pareja?

Patrick se rió con una carcajada

-¿Que si somos pareja? No señor . Morgan y no será porque no lo he intentado. En su vida no hay lugar para otro hombre que no sea usted. Ni siquiera admite una caricia de nadie. Por eso es que le ruego me diga la verdad sobre lo que motivó su divorcio. Usted ¿la ama?

- Patrick, ¿ permite que le llamé asi ? Nunca, jamás, he dejado de amar a mi mujer. Nunca. Como nunca me dejó explicarle lo que realmente ocurrió y fué el origen de este desastre de vidas que tenemos.Daría cualquier cosa por poder volver atrás, porque aquella situación se borrara definitivamente de mi vida. No he tenido, ni tengo a mi lado a ninguna otra mas que a ella.. Mis noches son imsomnes. Recorro con la mano el lugar en donde ella dormía esperando un milagro, que nunca se produce porque ella no está.  Quiero que esta conversación quede entre nosotros dos. No quiero forzarla a nada. Confío en que algún día salga a luz la verdad y entonces podremos  sentarnos los dos y hablaremos y,  ojalá podamos reiniciar nuestra vida en común

-Robert,  te creo y algo así tuve oportunidad de hablar con Miranda  el otro día. No creo que les compense sufrir a  ambos de la manera que lo están haciendo por una tozudez. Es que es un poco terca. Bueno ¿qué  le voy a decir si es su marido? después de tantos años de casado la conoce mejor que yo. Le diré que la quiero como a una hermana, aunque mi interés por ella data de tiempo atrás, pero no ha permitido que nuestra relación  fuera más que amistosa. Le ha sido excesivamente fiel, creeme,  sé de  lo que hablo.  A propósito traia esta invitación para la inauguración de mi exposición. No dejes de ir, merece la pena. Te alegrarás de haberlo hecho.

Toda la alta sociedad estaba allí reunida. El pintor gozaba de buena fama por no ser la única exposición que realizara, pero esta era especial, muy especial.  Todo estaba en orden : los catálogos en su sitio, las flores bellísimas, el ágape en su lugar y Patrick esperando  recibir a los visitantes.
Miranda  se había puesto un elegante vestido "palabra de honor" de color negro. No quería fallar escogiendo otro color que no fuera acorde con lo que se estaba celebrando. Maggie no hacía más que decirla

-Estas guapísima. Estás deslumbrante, y mira ¡ los ojos te brillan!

-Anda Maggie, no me pongas nerviosa. El cuadro me pesa

-El cuadro ¿qué te pasa con el cuadro? Es una belleza de pintura. Será el que primero se venda, verás.

Patrick  estaba tranquilo, sereno y sonriente. Se acercó a las mujeres  y las  dijo bajito

-Estais deslumbrantes. La realidad supera a la ficción. Verás como alguien  lo saca a relucir.

Ella sonrió y vió cómo Patrick depositaba en el cuadro una pequeña tarjeta de ADQUIRIDO




-¿ Adquirido ? quién lo ha comprado ?

- No sé,  me lo acaban de comunicar por el móvil

Patrick sabía que Robert había comprado el cuadro.  Ella   estaba de espaldas a la puerta y no vio que Robert se acercaba

-¡Miranda !,  sabía que eras hermosa, pero Patrick ha sacado de tí todo lo más bello que posees. Estás bellisima - la cogió una mano y sin dejar de mirarla a los ojos, la dijo

-Este no es el momento oportuno, se que estarás muy cansada cuando todo esto acabe, pero tenemos que hablar hoy sin falta y no admito excusas. Hasta ahora has sido tu la que has marcado las pautas, ahora seré yo quién lleve la batuta. Lo siento mi amor, pero esto tiene que acabar.

Ella  le miró extrañada no sabiendo muy bien a qué se refería. Pasó la noche muy nerviosa al saberse observada constantemente por Robert.  Sentía calor y decidió salir a la terraza a tomar el fresco.   Estaba viendo el jardín y no se dio cuenta que una  alta figura se aproximaba. Ella sintió un ligero escalofrio, pues la diferencia de temperatura en el exterior era grande. El se quitó la chaqueta y la depositó sobre los hombros de ella, entonces se volvió. Sintió la calidez de la prenda y el perfume que habitualmente usaba su marido .Robert la miró fijamente y cogiendo la solapa de la chaqueta la acercó hacia él y  depositó un beso y un abrazo en su mujer.

-¿Cómo he podido vivir sin ti, cómo he podido respirar? No hay otra, nunca la ha habido.Solamente tú, mi amor, has ocupado mi vida; no había sitio para otra. Déjame que te explique todo y comprenderás  que yo no provoqué aquella situación. Era una mujer desesperada porque su marido la había dejado por otra y quería saber  si todavía era atractiva. Quería seducirme para averiguarlo, y justo en ese momento llegaste tú. Fué la misma que vistes en Cipriani. Me estaba pidiendo disculpas avergonzada...

- No digas nada más. Conozco la sensación de esa mujer porque yo misma estuve a punto de entregarme a un hombre que no quería y deseaba averiguar si todavía podía enamorar a los hombres. Pero no pude, no pude y no pasó nada. Nunca pasó nada.

-Espero haber disipado tus dudas  Deseo con toda mi alma volver a formar mi familia. Haremos un viaje solos tu y yo, viviremos nuestra segunda luna de miel. Se acabaron las incomprensiones y los malentendidos. Buscaremos un lugar solitario en el que sólo haya amor y felicidad, y con un poco de suerte igual tenemos otro hijo - dijo  en broma

Ambos rieron felices abrazados. La exposición había concluido y ya no quedaba más que Patrick que al ver la escena de los enamorados, discretamente esperó sentado en el interior.
Descolgó el cuadro y lo depositó en el suelo. Ambos  entraron sonrientes, felices de estar de nuevo juntos y fueron directamente a comunicarle a Patrick que volverían a ser marido y mujer

-Bien pero os tendréis que volver a casar. . ¡ Ah! y seré yo quién te entregue a Miranda , seré vuestro padrino.

Los tres rieron  y lentamente charlando  apagaron las luces y salieron de la galería.Robert le dijo a su mujer  ya a solas en el  coche




 -Ven a casa. Necesito, cuando mañana amanezca , ver tu rostro lo primero, por favor.

-Si, de acuerdo.  Estaremos juntos de nuevo. Pero que nunca más haya silencios entre nosotros, que nunca más nuestros desayunos sean en silencio. Quiero que me cuentes absolutamente todo y yo también lo haré. Nunca más incomunicación  entre nosotros.

Entraron en casa. Robert rodeaba los hombros de su mujer y ella apoyaba su cabeza en el hombro de él. Por fin las risas volvían a escucharse  en aquella mansión.

Y realizaron ese viaje que ambos necesitaban. Y fue su segunda luna de miel.  Regresaron a casa felices.  En unos cuantos días, habían vuelto a ser jóvenes , lo mismo que cuando se conocieron.  Y transcurridos nueve meses, nacería un  niño, fruto de su amor renovado

En la clínica, mientras contemplaban la carita sonrosada del bebe, Miranda, con picardía, le dijo a Robert

-Este es el último tren, pero el más hermoso de todos

Fundidos en un abrazo volvieron a ser felices, y pasado un tiempo, ya no recordaron los días angustiosos que vivieron con los silencios.  Se prometieron, y lo cumplieron, que nunca más volverían a distanciarse.  Que nunca más habría vacíos en sus vidas.  Nunca más los silencios serían los protagonistas.




                                                          F    I   N

Autora:  1996rosafermu
dición:  junio de 2011
Ilustraciones  Internet
DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS

jueves, 22 de octubre de 2015

Los silencios - Capítulo 9 - Nunca el olvido

Y llegó un nuevo día.  Robert impaciente azuzaba  a sus hijos para que averiguaran cómo había pasado la noche su madre. Deseaba que las horas transcurrieran veloces. Quería levantarse e ir él personalmente a ver a Miranda, pero ni los médicos ni los chicos se lo autorizaron.  Al fin, pudieron conocer las noticias de su madre

- Todavía no han pasado las 24 horas de su intervención, y son cruciales.  Hasta ahora no ha surgido ninguna complicación, por lo que estamos muy esperanzados en que la recuperación sea efectiva, y en el menor tiempo posible.  En cuanto a su padre, posiblemente le demos el alta mañana. Si no surge nada en contra, podrá irse a casa mañana mismo.  Está muy nervioso, más por su esposa que por él mismo, a pesar de que las magulladuras le tienen bastante dolorido, pero con la ayuda de los calmantes, en unos días estará totalmente recuperado.

A las doce en punto subieron hasta la UCI.  Miranda seguía sedada, pero su semblante tenía mejor aspecto.  Y así transcurrió ese día y el siguiente.  Robert fué dado de alta, pero se negó en redondo en volver a casa

- No insistáis. No voy a irme.  Mi sitio está aquí, junto a ella



-Papá, por favor. Sé razonable.  No puedes quedarte sentado toda la noche en un sillón, en tu estado- le argumentaban sus hijos

- ¿ En qué estado ?  Estoy bien, algo dolorido, pero nada que un calmante no pueda aliviar. Así que no instistais.  Pagaré lo que sea para que instalen una cama al lado de tu madre cuando esté en planta, si es que así os quedáis más tranquilos.  Pero no voy a irme.  No sin ella. Los dos saldremos de aquí a un tiempo

- Francamente, no entiendo cómo puedes ser tan inconsciente y testarudo- dijo Meredith

- Pues ya lo ves.   Soy así,  y así seguiré.

Y así lo hizo.  Subía a ver a su mujer en el horario establecido  y pasaba el día y la noche sentado en un sillón de la sala de espera.  Las enfermeras y los médicos, ajenos a lo ocurrido entre ellos, no comprendían su actitud, y sonreían al verle.  Sus hijos se turnaban para pasar la noche con él.
Al tercer día de su operación, Miranda fue trasladada a planta.  Al fin podrían estar juntos y él podría cuidarla.    Ella estaba despierta a ratos en que los calmantes no hacían su efecto.

Estaba dolorida y molesta, no sólo por la operación, sino por las costillas, que hacían que permaneciera sentada todo el tiempo.  Robert dormitaba a ratos junto a su cama aprovechando que ella también lo hacía.  Miranda no entendía el porqué de ese comportamiento.  Debía irse a casa y descansar como Dios manda.  Él también estaba magullado, y veía absurdo que permaneciera sentado durante toda la noche.

Poco a poco,  Miranda iba mejorando,  y la hora de su alta se aproximaba.  Al cumplir el octavo día de su ingreso, los médicos estimaron oportuno  que pòdia marcharse a casa

- ¡ Gracias a Dios !- replicó aliviado Robert



- Habrá de pasar a consulta dentro de unos días.  Le haremos placas para ver cómo van sus costillas y procederemos a quitarle las grapas de la operación.  Si tuviera algún síntoma que no fuera normal, acuda de inmediato al hospital.  Por nuestra parte es todo.  Enhorabuena por la recuperación...  de ambos

Cuando el matrimonio se quedó a solas, Miranda tomó la palabra.  Había recobrado junto con la salud, la animosidad por su ex marido

- Bien, pues ya está

- ¿ Qué quieres decir con "ya está "-replicó él

- Ya puedes irte a casa. Y francamente, no sé porqué te has quedado todos estos días sentado en un sillón



- ¿ No lo sabes ? Eres mi mujer, te quiero, y estaba muy preocupado por ti. Además de sentirme culpable por lo ocurrido

- Es absurdo lo que dices. Tú no fuiste quién embestiste el coche. Y no eres mi marido.  O el golpe ¿te ha hecho perder la memoria?

- Siempre serás mi mujer, y siempre me preocuparé por ti.  No debí permitirte te sentaras en el del copiloto.  Me siento responsable por ello

-No digas eso.. No debes sentirte culpable.  Fui yo la que quise sentarme en ese lugar, y además quién iba a pensar que estando parados nos chocaran

-Bueno, lo cierto es que he tomado la decisión de que voy a cuidarte.  Necesitarás, ir poco a poco.  Así que he pensado que vivas en casa, de donde nunca debiste salir



- De eso nada.  Yo tengo una casa y no es la tuya. Se cuidarme yo solita, y no te necesito para ello.  Contrataré a alguien que me ayude

- ¿ Por qué me odias de esa forma ? No insistas porque voy a cuidarte yo personalmente.  Si no quieres regresar a casa, yo viviré en la tuya.  Pero no voy a dejarte sola. No he dejado de ser tu esposo, por mucho que lo diga un absurdo papel.  Lo seré mientras viva y así será.  No discutamos por eso.

-No, y no.  Sigue adelante con tu vida. ¡ Qué ocurrencia, llevarme a tu casa !

- No es mi casa. Ha sido nuestra y lo seguirá siendo. ¿ Por qué no puedes pasar página de una vez?  Todos cometemos errores, y el mio fue grande.  Pero no ocurrió nada.  Te lo h dicho miles de veces.

- ¿ Por qué no te das cuenta de que no quiero tener nada contigo ?.  Que no deseo agradecerte nada

- ¿ Es eso lo que piensas ? Interpreto que ya no me amas y te estorba mi presencia ¿ es eso ?

- Exacto.  Me hiciste mucho daño. Más del que puedas imaginar, y aún lo recuerdo.  No puedo vivir contigo bajo el mismo techo. Debes entenderlo, y si no lo haces será peor para tí.  No tenemos la más mínima oportunidad de reconciliación.

- Pensé que con todo lo ocurrido...  era una oportunidad de volver a estar juntos... pero veo que sólo yo lo pensaba.  Está bien, no te molestaré. ¿ Puedo al menos ocuparme de encontrar a alguien que pueda estar contigo?

- ¿ Una enfermera ? ¿ Es eso lo que quieres decir ?

- No exactamente si no lo deseas, pero sí,  alguien que te ayude, que esté pendiente de la medicación si es que debes tomarla, que te lleve a pasear.  Que se preocupe de que te alimentes... de todo, que se dedique a ti en exclusiva

- Está bien, si eso te hace sentir más tranquilo. Pero sólo hasta que me incorpore al trabajo, que no tardaré

- ¡ Cómo puedes hablar de trabajo ? Has debido perder el juicio

-No estoy hablando de ir ahora, pero no voy a quedarme en casa. Posiblemente en unos días. Y ahora, sal de la habitación, por favor. Voy a vestirme

- Yo te ayudaré.  No podrás hacerlo con facilidad por las costillas

- Llamaré a la enfermera

- O sea, que tu marido...

- Te repito: ya no lo eres, y si, siento pudor en tu presencia

- Bien.  Como quieras - Y avisó a una enfermera para que la ayudase.

Llamaba todos los días por teléfono para saber de su estado, aunque algunas veces ella no se pusiera al aparato. A los quince días, decidió acudir a la galería para saludar a sus compañeros, y poco a poco ir incorporándose a su vida normal..Y así lo hizo.  Las costillas le molestaban aún, pero decidió que mejor estaría trabajando que en casa viendo la televisión.  Consultó con los médicos, y tras hacerla una radiografía, comprobaron que el proceso seguía normal, aunque aún no estaba en perfectas condiciones.

-No deberá hacer esfuerzos, entre otras cosas, porque si los hiciera, el dolor no se lo permitiría.  Si así va a hacer sentirse mejor y más distraída, hágalo pero con cuidado.

Y poco a poco fué retomando su vida.  De vez en cuando, y a pesar de que sabía que no era del agrado de su mujer, Robert pasaba a verla.  La llevaba flores ó bombones.   Los chicos hacía dias de habían vuelto a sus estudios, y retomaban sus vidas con normalidad, como si nada hubiera ocurrido.



miércoles, 21 de octubre de 2015

Los silencias - Capítulo 8 - Incertidumbre

Mario y Meredith, llegaron apresuradamente al hospital. Se pusieron en camino inmediatamente que recibieron el aviso de la policía. La ansiedad les embargaba. Nadie les dijo la gravedad de sus padres, y sólo cuando llegaron a Recepción,  les indicaron que su padre estaba bien y que pronto le bajarían a planta

- ¿ Pero dónde está ? Dígannos algo, por favor

-Los médicos que les atienden les informarán detalladamente. Es todo lo que puedo decirles.

Subieron a la cuarta planta, que es donde estaba la UCI, y allí por fin, y por breves instantes pudieron entrar a ver a su padre



- Papá ¿ cómo te encuentras ? ¿ sabes algo de mamá ?

- No se nada.  La están operando.  Lleva más de tres horas en quirofano y aquí nadie me dice nada

- Ten calma.  No debes excitarte.  Ya nos informarán. Voy a buscar al médico a ver si nos dicen algo.

Mario salió de la habitación para intentar que alguien le dijera la verdad sobre las lesiones de su padre y lo ocurrido con su madre.  Al cabo de unos instantes, se acercó una enfermera a Meredith, y la solicitó que saliera

- Está muy alterado, y debe descansar

- ¿ Sabe al menos, cuando le bajarán a planta ?

-Yo no puedo darle esa información. Será el médico cuando pase la visita

-¿Podremos quedarnos aquí ?




- Si, claro.  Pero en la sala de espera.  Si le bajan a planta, entonces si podrán estar con él. Pero habrán de tener en cuenta que debe estar tranquilo.  Las lesiones que tiene no son de gravedad, pero está muy molesto por las magulladuras sufridas.

Miranda llevaba muchas  horas en quirofano. Ella se había llevado la peor parte y las heridas más graves.  Cuando la pasaron a Cuidados Intensivos, seguía inconsciente por la anestesia, y cuando volviese en si, la sedarían para que tuviera las menos molestias posibles.. El médico informó a los hijos de su estado

- Hemos podido salvarla el bazo, pero tiene lesionadas dos costillas y han estado a punto de perforar el pulmón.  Está grave, y hasta dentro de unas horas no sabremos si responde a la operación que la hemos practicado.  No creo que haya complicaciones, pero eso no podemos asegurarlo al cien por cien.  La tendremos en la UVI,  si todo va bien, como esperamos, un par de días.  Después pasará a planta.  En cuanto a su padre, dentro de lo que cabe, ha tenido suerte. Tiene fuertes magulladuras. y como habrán visto golpes en el rostro y en los brazos, pero nada de gravedad.  Le aplicaremos un calmante para que pueda descansar.  Está algo alterado,  más que nada por la situación de su madre.  Si todo marcha como esperamos, le pasaremos a planta esta noche.

-¿ Cuando podremos ver a mi madre ?-preguntó Mario

-Cinco minutos y a través del cristal. Está inconsciente, como les he dicho, y además necesita control constante.   Siento que no puedan estar con ella, pero es necesario para su estabilidad

- Si, si, doctor.  Lo entendemos. ¿ Cuándo volverán a darnos noticias?  No vamos a movernos de aquí en toda la noche

- Mal hecho.  Deberían descansar.  Aquí no pueden hacer nada.  Dejen un teléfono y si hubiera novedades, se lo comunicaríamos inmediatamente

- No importa, doctor.  Estaremos más tranquilos aquí que en casa.¿ Podremos ver a mi padre cuando lo trasladen a planta?

-Desde luego, pero deben dejarle descansar.  Es muy importante para su total recuperación.  Su madre va a necesitarles. Va a estar una temporada bastante molesta, sobretodo porque la lesión de las costillas tiene que curar  por si solas.  La costará dormir y tendrá que hacerlo sentada en la cama, y tener el mínimo movimiento. Si tienen alguna pregunta..., algo que consultar, no duden en hacerlo.  Estaré de guardia toda la noche. Anunciénselo a la enfermera del control y ella me localizará de inmediato.  Y ahora traten de dormir un poco . Buenas noches

- Buenas noches doctor

Los hermanos se miraron y se abrazaron.  Meredith, rompió a llorar desconsolada.  Estaba muy asustada. Mario guardó la compostura, a pesar de que la preocupación también atenazaba su pecho..

Con el cambio del turno de noche, bajaron a planta a Robert. Dormía por el calmante aplicado y los chicos  se acomodaron a su lado , dispuestos a pasar la noche. Acordaron tratarían de subir a la UCI para ver a través del cristal a su madre.  Al menos podrían ver su rostro.

Y así pasaron las horas.  Robert dormía con un sueño intranquilo, y a veces llamaba a Miranda angustiado.  Todo era efecto del calmante.  Sus hijos ansiaban que amaneciera pronto para comprobar que a su despertar estaba mejor.  En dos ocasiones, a lo largo de la noche, se turnaron para subir a ver a su madre, pero no lo consiguieron.  Las reglas del hospital, lo tenían prohibido.  Tendrían que aguardar hasta hablar con los médicos y poderla ver cinco minutos en las horas fijadas para las visitas.





martes, 20 de octubre de 2015

Los silencios - Capítulo 7 - Algo inesperado

Miranda  no quería ver a nadie de manera que por la mañana temprano salió de su casa sin rumbo fijo. Ya en la calle llamó por teléfono a su hijo y le dijo que no estaría en casa hasta mediodía.

-¿Vas a venir a comer ? Bueno, pues hacia la una pide algo de comida. Hoy no tengo ganas de cocinar, a menos que te sientas generoso y lo hagas tu. Yo volveré sobre esa hora.

-¿ Qué te pasa?, te noto extraña ¿Te encuentras bien?



- Oh si,si. Sólo me duele la cabeza y voy a tomar un poco el aire, eso es todo.

-Mamá, llevas mucho tiempo doliéndote la cabeza, deberías ir al médico. Eso no es normal en ti.

-Hijo mio, no te preocupes, son rachas que pasamos las mujeres. Ahora quizás estoy un poco más deprimida, eso es todo. Te quiero  Hasta luego.

Robert pasaba en ese momento por la biblioteca desde donde estaba hablando  Mario con su madre. Preocupado le preguntó:

-¿Ocurre algo, está esferma tu madre?

-No sé, la he notado muy rara. Ella dice que le duele la cabeza, pero últimamente le duele con mucha frecuencia. Estoy preocupado.  Cada vez que vengo la encuentro más delgada y el brillo de sus ojos se ha esfumado completamente. La he dicho que vaya al  médico, pero no quiere ir. Estoy preocupado, papa.



-¿Está ahora en  casa?

- No, iba a salir pero a mediodía si estará.

-Está bien, no te preocupes. Hablaré con ella

-¿Vas hablar con ella?

-Si, ¿ qué tiene de extraño?  Ha sido mi mujer durante muchos años, tenemos dos hijos, es natural que me preocupe.

-¿La sigues queriendo? ¿ La echas de menos?

- Hijo, a tu madre nunca la he dejado de querer, y naturalmente que la echo de menos. Daría cualquier cosa porque esta situación no se hubiera dado.

-¿Pero que ocurrió? Nunca nos lo dijistéis; ya somos mayores y tenemos la necesidad de saber lo que sucede en nuestra casa.

Meredith  estaba delante de la puerta escuchando atenta la conversación entre padre e hijo. No se atrevía a entrar, presentía que por fin iban a enterarse de lo que pasó en sus vidas.



Reflexionó sobre lo que había de contar a su hijo. Creía que había llegado el momento de que ellos supieran lo que había ocurrido. Se sirvió un vaso de whisky como para infundirse valor ante la explicación y comenzó a pasear pausadamente por la estancia hasta detenerse frente a su hijo:

-Verás.  Yo estaba pasando por la época en que un hombre se acerca a la madurez y cree que ya no es lo mismo que cuando es joven. Necesita afirmarse en que todavía es capaz de conquistar a una mujer que no sea la suya. Entre mamá y yo se había producido  cierta distancia; ya no existía apenas comunicación entre nosotros. A mi despacho acudió una mujer que acababa de divorciarse al haber sido engañada por su marido con otra más joven.  No sé cómo pudimos llegar a eso, el caso es que empezó a coquetear conmigo y a sugerirme algo ... Yo perdí la cabeza, perdí el sentido común.... Se sentó en mis rodillas y comenzó a desabrocharse la blusa. A mi no me gustaba aquello, sabía que no estaba bien, pero... los hombres a veces perdemos la cabeza y eso me pasó a mi.  En el momento en que ella se aproximaba a mi para besarme, tu madre entró en la habitación y presenció la escena.



 El resto puedes imaginarlo. Por mucho que la pedí perdón, que traté de explicarle, no hubo forma de convencerla y me pidió el divorcio.  Desde aquel momento nuestra separación se hizo efectiva en todos los sentidos.  Tiempo después coincidimos en Cipriani, pero esta vez fué porque mi "ligue" quería pedirme perdón.  Se había enterado de la repercusión que había tenido en mi vida,..,  pero el mal ya estaba  hecho.  Otro error que cometí: no debí aceptar esa comida, pero me llamó llorando suplicando esa cita,  y aunque tenía mis reservas, acepté para zanjar el problema.  El resto ya lo conocéis. Te aseguro que nunca, nunca he sido infiel a tu madre. Ella siempre ha estado presente en mi vida, ha sido el motor de ella y daría cualquier cosa porque nada de esto hubiera ocurrido.  Quizás últimamente por nuestras respectivas profesiones, nos hemos mantenido más alejados de lo normal,  es cierto,  y ella se quejaba que hablábamos poco.  Yo creía que mi amor era sabido por ella y que no podía amar a ninguna otra mujer, pero veo que no fue suficiente, y la perdí. Fuí torpe porque no me di cuenta de lo que ella me reclamaba: un poco más de atención. Supongo que el habernos quedado solos hizo que se sintiera algo deprimida que os echara de menos y yo no me di cuenta a tiempo de ello.  Eso es todo, dolorosamente cierto, pero así ocurrió. Es una culpa que llevaré toda la vida porque he hecho daño a la persona que más he querido,  y la que me dio todo el amor del mundo. No tenía ningún motivo para serle infiel, jamás me rechazó. La única explicación, ya te lo he dicho: mi crisis de entrar en la madurez. No tengo otra excusa.

Mario le miró y poniendo una mano en el hombro de Robert.

-¡ Papá ! ¡ Qué metedura de pata tuviste! Pobre mamá. Ella nunca nos contó nada, nada.Me pregunto ¿ qué hubiera pasado si mamá no llega en ese momento?

-No lo sé. Quizá hubiera llegado hasta el final... aunque después me hubiese arrepentido, y de eso estoy seguro. Afortunadamente tu madre entró y nunca lo sabremos. Pero siempre he amado a tu madre, aunque, como tú dices, metí la pata hasta el fondo.

En ese momento Meredith  corrió escaleras arriba llorando.  Ahora su madre estaba enferma y ella no había estado a su lado ni un solo día.Debía estar mal, sentirse mal y estaba sola.

Se vistió enseguida y salió a la calle en busca de su madre, pero no la encontró. Miranda  ya había salido y se dirigía hacia el parque. Allí frente al estanque se sentía a gusto y en paz. Era un lugar solitario en el que el único ruido era el canto de los pájaros. Tenía que reflexionar. Pediría un adelanto de sus vacaciones y se iría lo más lejos posible. Necesita encontrar la paz  que buscaba

A la hora de la comida tal y como había prometido a su hijo, volvió a casa. Allí estaban los dos hermanos. Estaban preocupados. Cuando oyeron la llave en la cerradura se abalanzaron sobre ella y la cubrieron de besos y abrazos.

-¿Qué ocurre, qué pasa? ¿Por qué este recibimiento? Sólo me duele la cabeza, nada más. Y soltó una carcajada.  Su hija estaba allí y por primera vez en mucho tiempo con lágrimas en los ojos la había abrazado y muy bajito le había dicho

- Mamá, te quiero.

- Ya lo sé, cielo.  Sólo estás enfadada conmigo, y lo entiendo.  Pero tú también tienes que entender que nosotros podíamos tener nuestros problemas, que no os alcanzan.  Que por eso no íbamos a dejar de amaros como hasta ahora, porque siempre seréis nuestros hijos, y siempre estaremos aquí para ayudaros en todo.

Abrazó a sus hijos, y por primera vez en mucho tiempo, se sintió confortada. ¿ Qué había ocurrido para que Meredith obrara de aquella manera, tan distinta a como lo había hecho anteriormente ?  No quiso preguntar.  No quería forzarla.  Lo que fuera que la hiciera reaccionar, tendría que ser ella la que lo contara.  Con cada chico a un lado, se dirigieron a la cocina. Cocinaría Mario, como había prometido

- Vosotras id a la sala y tomaros un aperitivo mientras tanto- dijo el chico empujando suavemente a su madre y hermana hasta la estancia- Creo que tenéis que hablar y eso son cosas vuestras.

Las mujeres aceptaron y se sentaron una al lado de la otra.  Meredith, tomó las manos de su madre, y nuevamente el llanto afloró a sus ojos.

-Cálmate hija. Vas a hacerme llorar  a  mi también.  No quiero verte así. Lo que fuera que te hizo rechazarme, ya no está, así que olvídate de todo-.   cariñosamente enjugó las lágrimas de la joven, igual que hiciera cuando era niña.

Durante la comida no pararon de charlar animadamente.  Se había roto el dique de incomunicación entre madre e hija, y ahora eran tres personas escuchando los proyectos que tenían, sin rozar en absoluto el tema de la separación de los padres.



Robert estaba preocupado por la que fuera su mujer.  Desde que la viera en el restaurante, no había coincidido con ella. La confesión de su hijo respecto a su aspecto, le había preocupado.  Tomó la decisión de visitarla y hablar con ella.  Y sería esa misma noche, cuando los chicos se hubieran marchado de la casa de Miranda.  Y así lo hizo.  Llamó al timbre y sorprendida, no acertaba a pronunciar palabra alguna.  Lo que menos esperaba es que estuviera frente a ella.

- ¿ Qué ocurre ? ¿ Por qué tu aquí ?- fue su saludo

- ¿ Puedo pasar ?

- Desde luego, pero no entiendo...

He estado haciendo tiempo  a que los chicos se marcharan.  Están muy preocupados por ti, y ahora que te veo de cerca, francamente, yo también lo estoy.  Has adelgazado considerablemente y quiero saber lo que ocurre

_ Nada que no pueda solucionar el tiempo.  Necesito tiempo. Ha sido una temporada dura e inesperada y tengo que asimilar lo ocurrido.  Eso es todo

Mario me ha dicho que llevas mucho tiempo con dolores de cabeza, y eso no es normal.  Ha pasado tiempo desde nuestra separación, si es a eso a lo que te refieres.  Creo que es otra la causa que te perturba, y por eso he decidido llevarte al médico mañana mismo

- ¿ Llevarme al médico ? ¿ Crees acaso que soy una niña ? Estas cosas, mis cosas,  no te incumben. Así que vive tu vida, y yo haré lo propio con la mia

- ¿ Cómo demonios puedes ser tan cabezota ? Mal que te pese, sigues siendo, y siempre lo serás, mi esposa. Aunque no me creas, yo te amo. Y quiero saber lo que ocurre.  Me preocupas y creo que estoy en mi derecho de actuar, no sólo por ti y por mi, sino por los chicos que están preocupados.  He pedido hora en la clínica, y mañana a las nueve tenemos que estar allí, para hacerte un chequeo.  No admito discusiones, así que terminemos de una vez con las polémicas.  Entiendo que no quieras ser mi mujer, pero podemos ser amigos.  Pienso que tu harías lo mismo si fuera yo el que tuviera algún problema.  Así que a las ocho pasaré a por ti  Estate preparada.  Y ahora te dejo en paz.  Hasta mañana.



Miranda sorprendida por la autoridad mostrada por su marido,  no pudo articular palabra.  Sólo pudo responder

- De acuerdo a las ocho estaré preparada. A ver si de una vez os quedáis tranquilos y me dejáis a mi estarlo también.


Robert, ya en la puerta se volvió y acercando la cara de Miranda a la de él, beso a su mujer en la frente, y acarició su mejilla con el dorso de la mano.  Después salió deprisa sin mirar atrás.  Si lo hubiera hecho, habría visto a Miranda con los ojos vidriosos por las lágrimas a punto de saltarsele.

A la hora fijada, Llamó por el portero automático. Miranda ya estaba esperando esa llamada

- Bajo de inmediato.  Ya estoy lista

Robert abrió la puerta del coche y su mujer se introdujo en él.  Iba en el asiento del copiloto. No intercambiaron palabra alguna.  Sólo "buenos días ", es todo lo que salió de sus labios. Robert, con el semblante muy serio.  Miranda expectante le miraba de reojo.

-Ponte el cinturón - ordenó a Miranda

Ésta soltó una carcajada, y al ver el rostro de sorpresa de Robert, dijo mirándole

- En eso no has cambiado.  En todos estos años, cada vez que viajábamos en el coche, me decías siempre lo mismo.  Como si fuera una niña pequeña

- Y nada va a cambiar.  Deseo protegerte, aunque a ti no te lo parezca.

Arrancó el coche y tomaron la dirección de la clínica en donde les aguardaban para el chequeo.  Fué al estar parado en un semáforo, cuando un coche que tenía su señal en color ámbar, arrancó sin previo aviso, tratando de evitar el atropello de un joven que cruzaba corriendo,  y se precipitó sobre ellos que aguardaban a tener via libre para continuar su camino.  El mayor golpe lo llevó el lado del copiloto, Miranda.




Tras los primeros gritos de espanto de los que lo presenciaban y desconcierto, Robert, antes de perder el conocimiento, llamaba a su mujer, que estaba inconsciente y con rastros de sangre en su pecho.  La llamaba sin apenas voz.  Unas manos y unas voces que escuchaba en la lejanía clamaban por una ambulancia.  Después ya no supo más.  Se despertó, pasadas unas horas en la cama del hospital.  Lo primero que hizo fue preguntar por su mujer a la enfermera que controlaba sus constantes vitales

- Señor, la están operando.  Cálmese

- Quiero verla

- Ahora no puede ser.  Como le digo la están operando, está en quirófano.  Me pondré en contacto con ellos para que le informen de su estado en cuanto terminen

- Por favor ¿ han avisado a mi familia ? Dígame qué ha pasado con mi esposa

- Tiene que calmarse. Su esposa resultó herida, al igual que usted.  Es todo cuanto puedo decirle. Y si, hemos avisado a sus hijos, que aguardaban a que recuperara la consciencia. Voy a avisarles inmediatamente.


lunes, 19 de octubre de 2015

Los silencios -Capítulo 6 - ¡ No puedo hacerlo !

La impresión de volver a ver a Miranda,  dejó a Robert desconcertado

-¿Habrá visto que estaba  con una mujer?



Por compromiso continuó la comida que estaba haciendo con Jennifer, que ese era su nombre. Y en cuanto pudo la dejó en su casa. Necesitaba andar, despejar su atormentada cabeza. Había pasado tiempo desde que no vivian juntos, pero ella  siempre estaba presente en su vida, y ahora al volverla a ver, su remordimiento se acrecentaba más.

-¡ Qué bonita está! Está más delgada y sus ojos no tienen el brillo que tanto me gustaba. Debí negarme a concederla el divorcio. ¿Pero cómo negarselo si tenía razón? ¡ Qué estúpido fuí ! ? En que estaría pensando, si además no me interesaba. Las mujeres saben jugar muy bien sus cartas y ese día me pillaron un poco con la moral baja. ¿Será por la edad, será por la crisis de los cincuenta? Sea por lo que sea he perdido a mi esposa y sin esperanzas de reconciliación. Y luego está Meredith... ¡ Qué complicado es todo ! Me preocupa mucho el comportamiento que tiene con su madre. ¡ Por Dios, es su madre, y además no tiene culpa de nada!

Seguía andando sin rumbo fijo. Únicamente su pensamiento estaba en la presencia de su mujer  aquella noche en Cipriani. Estaba cerca de casa, pero no quería entrar. Seguramente su hija  habría salido con alguna amiga y Mario estaba con una medio novia.



- ... y yo solo, nosotros solos. Justo ahora que los chicos empiezan a volar , justo cuando más nos necesitamos andamos cada uno por un lado. ¡ Ay, señor, señor.

Miranda  recibió una llamada de teléfono

- Si, dígame

-Hola princesa ¿sabes quién soy?

-Claro, el loco de Patrick ¿ qué se te ocurre ahora?

-Estoy pensando que mañana me voy a pasar por la galería, voy a recoger a una preciosa dama y me la voy a llevar a comer a un sitio especial. ¿Te apetece?

 Se quedó pensativa y se acordó del encuentro con su marido días pasados y el dolor que la produjo. Sin pensarlo dos veces, contestó:

-Me parece de fábula. Si, acepto y espero poder divertirme, porque no ando muy bien de ánimo.

-¿Otra vez? Creí que desde nuestra última conversación había conseguido que vieras la vida de otra forma. Todo es mucho más sencillo  Tienes que tomar las riendas de tu vida. Eres una criatura dulce, cariñosa, preciosa y tienes derecho a poder vivir en paz y hacer lo que todo el mundo hace...
¿ A qué hora te recojo?

-Cuando termine mi trabajo, como a la una ¿te parece bien?

Patrick
-¿Que si me parece bien, que si me parece bien? A la , bueno antes de la una estaré allí. Quiero proponerte algo. A ver si aceptas.

-Dime qué es

-No, mañana te lo explico. Ciao princesa hasta mañana - Miranda son

-Siempre consigue hacerme reir. Es tremendo...- comentó en voz baja

Como a las doce treinta Patrick estaba en la galeria. Al entrar vió a Miranda   guapísima con un bonito vestido, arreglada para la ocasión. Se había convertido en un buen amigo, en el depositario de sus penas y alegrías. Ella sabía que Patrick sentía por ella algo más que amistad, pero para evitar malos entendidos le dejó claro que lo suyo no podía ser más que eso: amistad. Cuando entró fué derecho hacia ella y como saludo depositó dos besos en ambas mejillas, al tiempo que la decía:

- Cada día estás más guapa. me vas a volver loco...Y soltó una carcajada.

La concedieron la tarde libre con lo cual salieron a comer tranquilamente y sin prisas alargaron la sobremesa mientras charlaban de mil cosas intrascendentes.  Poco a poco la conversación derivó hacia Robert y él la escuchó pacientemente con el rostro serio porque se daba cuenta de la lucha interior que ella libraba día a día.  Para cambiar el tono de la conversación, exclamó:

Bueno, ahora te propongo un trato. Deseo que poses para mí; quiero hacer un retrato de una mujer latina y tú eres la elegida. Te he ideado de medio cuerpo con el pelo recogido resaltando una gran flor a la altura de tu cuello. Estarás desnuda de medio cuerpo,  cubierto con una mantilla  por la que se adivinarán tus formas, que no se verán. ¿Qué te parece?

-Pues que estás loco. Yo posar, y desnuda...  Ni en broma

-No, desnuda del todo no, aunque sería perfecto, pero ni siquiera te lo comento

-¿Te imaginas si mi hija me ve así, encima del criterio que tiene formado, lo que me diria?

-Pero tu hija es mayor, y tu tienes derecho a hacer lo que tú quieras. Tampoco es que poses desnuda, no se te va a ver claramente. ¿ Te puedo hacer una pregunta personal?

-¡Claro! tu ya sabes que te cuento casi todo lo que me pasa

-Espero que en este "casi todo",  la respuesta sea total.

-¿Cuánto tiempo hace que no estás con nadie?

¿ Qué quieres decir?

-Tu ya me has entendido.¿Tienes pareja?

-Noo. Yo estoy enamorada de mi  marido y no hay otro hombre en mi vida. De haberlo tu lo sabrías.

-¿ Por qué?

-¿Por qué, qué? No te entiendo.

-Pues es muy fácil. Todos tus problemas han venido porque tu marido buscaba otra cosa...Ahora eres una mujer libre¿ No has pensado, siquiera por probar, en pasar una noche con otro hombre que no sea tu esposo?

-Por supuesto que no.Y creo que debemos cortar esta conversación, me está violentando.

Patrick de improviso se puso serio y mirándola le dijo.

-¿Crees que es fácil para mi escuchar tus quejas, verte sufrir, y quedarme impasible? Tu conoces mis sentimientos. Eres una mujer libre, adulta y yo te deseo con todas mis fuerzas¿por qué me rechazas? No sabes  nada. Quizá fueras más feliz si lo intentas. No te digo conmigo porque me ves como a un hermano, pero por amor de Dios ¡vive! Eres una mujer deseable, acomplejada por la traición de su marido. Devuelvele la jugada, que sepa lo que duele, en sus propias carnes. Inténtalo al menos.  Ella apuró la copa de vino que tenía delante y se sirvió otra

-Tienes razón, tienes razón. Llévame a tu casa...

Y sin más se levantó dejando boquiabierto a Patrick que no supo que responder. Llegaron a su casa. Un apartamento de soltero, pequeño, amueblado con buen gusto como corresponde a la sensibilidad de un artista

-¿Quieres un café, o una copa? Más que nada porque sé que no va a ser fácil...

- Sí dame una copa,..  es igual de lo que sea

Patrick le sirvió la copa y después de dar un sorbo, se acercó a ella. La cogió por la nuca y la besó suavemente en los labios, en la frente, en la mejilla, en los hombros.  Ella permanecía inmóvil con la cabeza un poco ida. No sabía muy bien lo que estaba ocurriendo y por qué se comportaba de esta manera.  Patrick la rodeó con sus brazos y ella apoyó  la cabeza en su hombro. No supo el tiempo que había transcurrido, solamente sintió que los dedos de él bajaban la cremallera del vestido, que se deslizó lentamente hasta el suelo. De repente ella reaccionó y tapándose con ambos brazos rompió a llorar. Bajó la cabeza y le dijo.



-Perdóname, perdóname. No puedo hacerlo, no puedo hacerlo. Debí estar loca cuando acepté. No quise hacerte daño, pero compréndeme no puedo hacerlo con otro hombre que no  sea mi marido. No puedo, no puedo.

 Cayó de rodillas a los pies de Patrick y él quitándose la camisa le cubrió el cuerpo al tiempo que la cogía la cabeza obligándola a mirarle

-No pasa nada, no ha pasado nada. No te avergüences, no es malo sentir tanto amor por una persona aunque no lo merezca. Es muy afortunado porque nunca nadie le dará tanto amor como tu le das. No te preocupes por mi, yo ya contaba con ésto. Me lo imaginaba; aceptaste muy rápido. Anda vístete, voy a llevarte a casa.

Al llegar al portal ella le volvió a pedir perdón y él acariciándola la mejilla la sonrió y la dijo:

-Pero el cuadro sigue en pie ¿verdad? Hay quién se va a morir de envidia cuando lo vea colgado en la galería. Es como un revulsivo.

En aquel momento Miranda no le entendió.Ignoraba que esa acción iba a cambiar su vida.

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