miércoles, 26 de agosto de 2015

Regreso a Sefarad - Capítulo 13 - Raices en Sefarad

No dejaban  de mirarse. Con los ojos se decían miles de cosas como para recuperar el tiempo que habían estado separados. Permanecían juntos, sentados uno junto al otro.  Macarena creyó que debía decirle algo, para que todo quedase claro entre ellos y no hubiera más malentendidos

- Cariño, ¿ puedo preguntarte algo?

-Desde luego que si

- ¿ No tienes ni la más mínima duda de que la niña sea tuya?

- Naturalmente que no. Yo mejor que nadie sé que no había nadie en tu vida

- ¡Pero te fuiste ese mismo día! Yo podía perfectamente haber estado con otro

- No cielo, no lo estuviste. Las fechas coinciden con nuestro encuentro.  Además mi madre dice que se parece a mi cuando nací.  No quiero que hablemos de esto.  Esa niña es tuya y mía

- Ten la más absoluta seguridad de que es así.  Aaron, te quiero tanto...

- Lo sé, lo sé y yo también. Daría mi vida por vosotras, porque la vida sois vosotras

- He de decirte otra cosa

- Anda, no te guardes nada. Sé que tendremos que hablar mucho y durante mucho tiempo, pero dime lo que te esté molestando dentro. Dime ¿ qué es?

- Yo no sé cómo decírtelo... Hace poco que he dado a luz, estoy en la cuarentena y no...

- Ya lo sé. No te preocupes. Te respetaré, te cuidaré y te protegeré siempre. No sufras por eso,  mi amor

- Gracias, por ser como eres. Con tu carácter reconcentrado, tu secretismo, con todo, pero eres mi amor y así te quiero

Durmieron abrazados, pero se despertaron pronto,  unos chillidos de bebé avisaba de que eran las 6, hora de tomar su desayuno.  Aaron que no estaba acostumbrado a los bebes, se despertó sobresaltado cuando ya Macarena acomodaba a su hija para darla el pecho

- ¿ Siempre es tan madrugadora?

- Si mi amor, es muy chiquitina y, demasiado que aguanta hasta las seis. A partir de los
tres mesecitos aguantará un poquito más.  Es muy buena.  En cuanto coma, se volverá a dormir. ¿ A que es muy bonita?

- No he visto criatura más preciosa que la nuestra

Y volvió  a abarcar con sus brazos a las dos mujeres de su vida

- Cuando termines de atenderla, nos sentaremos y hablaremos. He pensado en nuestro futuro y quiero exponértelo primero a ti.  Espero me des la opinión y que sea favorable. Es muy importante para mi

- Tardaré un buen rato.  Es muy tragona y luego tengo que cambiarla de ropa, en fin, todo eso

- No importa, no hay prisa.

Sentados uno frente al otro ante el desayuno, Aaron comenzó a explicar a Macarena lo que había pensado para su nueva vida:

- Mañana tengo que regresar a Israel, pero volveré pronto, en cuanto resuelva algunos asuntos, y ya no nos volveremos a separar. Verás. Lo primero que haré será dejar el trabajo y el apartamento en Jerusalén. Una vez resuelto esto, hablaré con Annetta, aunque sabe que venía con el propósito de reencontrarte; creo que debo tener una charla con ella.  Hecho esto, regresaré a Tel Aviv.  Recogeré algunos efectos personales y venderé el apartamento. Visitaré la tumba de Ruth y de sus padres, pondré unas flores en ellas y ese será el último capítulo de mi antigua vida.  A mi regreso a Madrid, lo primero buscaré trabajo y, con el dinero ahorrado más lo que reciba por el apartamento, buscaré un terreno y cultivaré la tierra.

- Cariño ¿ lo has pensado bien? Será para toda la vida

-Lo tengo muy pensado y ¿ sabes qué ? Creo que Benjamín ha jugado una partida a nuestro favor.  Yo creí que lo que él deseaba era volver a Sefarad, de alguna manera, pero no es cierto. Desde donde quiera que esté, ha hecho que sea yo el que regrese al hogar de nuestros antepasados, y sea yo el que hunda mis raíces en Sefarad.  Si lo piensas bien, verás que tengo razón. Primero nos conocimos, nos enamoramos, y engendramos una criatura: la primera raíz.  Tú viajaste a Israel, yo estaba allí, pero no nos encontramos a pesar de estar ambos en un mismo sitio. El nacimiento de la niña, la venida de mis padres y por fin nuestro reencuentro aquí, precisamente aquí ¿ no te parece algo mágico?  Tenemos una hija que lleva la mitad de su sangre judía y la otra es ladina. Nos hemos juntado en ella, hemos vuelto a casa, porque yo desciendo de sefarditas, lo que deseaba mi abuelo que siempre lamentó no haber vuelto aunque fuera de visita.  Pero, ha vuelto con  nosotros

 Macarena comprendía la emoción de Aaron y levantándose de su silla, se abrazó a él y juntos fundieron la emoción de ambos.

El timbre sonó y una Macarena risueña y contenta abrió la puerta a Judith y Abraham que siguiendo las órdenes de su hijo venían temprano para desayunar con ellos.  Abraham portaba un junco de churros que mostró a la pareja satisfecho

- Para entrar en ambiente. Estamos en Madrid. Desayunaremos café y churros, ja, ja, ja

- No Abraham, será chocolate con churros, y lo haré ahora mismo- dijo Macarena contenta

- ¡ Qué cambiada está de ayer a hoy !- comentó a Judith, refiriéndose a la muchacha

- ¡ Ay !, el amor, marido, que obra milagros. Y nuestro hijo, Dios le bendiga, le ha cambiado la cara.  Presiento que van a ser muy, muy felices

- Y mi nieta ¿ dónde la tenéis?- preguntó el orgulloso abuelo

- ¿ Me haces un favor, Judith?

- ¡ Claro!,  dime

- ¿ Podéis atenderla entre los dos mientras yo termino de hacer el chocolate?

- Creo que no vamos a poder hacer mucho por ella.  La despensa la tienes tú- dijo Judith

- Entretenedla un ratito mientras preparamos el desayuno. Anda, cari, ayúdame- dijo con una sonrisa refiriéndose a Aaron

Una vez atendida la niña y por decisión de su padre, la pequeña fue acostada en su capazo y todos se sentaron en torno a la mesa del desayuno.  Aaron expuso a sus padres los planes que tenía. 

- Ya estamos toda la familia reunida: mis padres, mi mujer y mi hija.  -Como ya le he contado a Macarena, mañana tengo que regresar a Israel.  Liquidaré lo que allí tengo y volveré lo más pronto que pueda.  Os ruego que hasta que regrese os quedéis aquí para cuidar de mis mujeres.  Viviremos en este piso puesto que es más grande, pero conservaremos el de Lavapiés para cuando vengáis a visitarnos, que espero sea muy a menudo.  Con los ahorros que tengo y el dinero que reciba por la venta del piso de Tel Aviv, buscaré un terreno en una zona agrícola y lo compraré para cultivar fruta, a poder ser.  Sé que esto llevará su tiempo, pero quiero fijar mis raíces aquí, con mi familia.  Nos casaremos a mi vuelta, porque ahora no da tiempo, y reconoceré a la niña como hija mía. ¿ Qué os parece?

- Hijo, compruebo que lo tienes muy pensado, pero... Vamos por partes.  Lo primero la niña, mi nieta.  La inscribí en el Registro Civil como hija tuya; no había tiempo, hay que hacerlo en cuarenta y ocho horas después del nacimiento, así que ya está reconocida como tu hija.  El casaros me parece bien, es lo que corresponde y sé que seréis felices, y nos haréis felices a todos nosotros.  Referente al terreno deseo, deseamos ayudaros.
  Os daremos el dinero necesario para comprar el terreno. Crearemos una especie de cooperativa :  exportarás a Israel la fruta que cultives  a nuestra empresa, e importarás nuestros productos, de esta forma todo se queda en casa-

- Me parece una idea estupenda- dijo Judith mientras acariciaba la carita de la niña

-¿ Qué opinas, mujer?-dijo dirigiéndose a Macarena

- Pues es una excelente solución- respondió

- Bueno, ahora preparadme el cochecito que nos llevamos a la niña al parque a que la de el aire- dijo Judith achuchando a su marido




En un aparte, Abraham la preguntó:

- ¿ Por qué me achuchas?

- Porque deben estar a solas. Tienen muchas cosas de las que hablar y querrán estar juntos

. Anda, tenemos tres horas hasta que Luz tenga que comer de nuevo.

Se abrazaron y besaron intensamente.  Estaban en Barajas y su vuelo salía en poco tiempo.  Aaron no quería separarse de ellas; tomó a la niña en sus brazos y con inmensa ternura le hablaba como si el bebe le entendiera.  Los ojitos de Luz le miraban fijamente y no dejaba de mover sus bracitos, complacida de que su papá le hiciera arrumacos
- ¿ Cómo es posible que haya cambiado tanto nuestras vidas ? A penas han pasado dos días: somos una familia y yo os quiero más que a mi vida - dijo sujetando con un brazo a la niña y con el otro a Macarena- ¿ Sabes una cosa ? eres ya mi mujer, desde hace dos días.  No necesito papeles ni firmas, aunque las tendremos, pero para mi ya eres mi esposa.

Macarena se puso de puntillas y le besó con  los ojos empañados por las lágrimas.  No podía creerse lo que estaba viviendo.  Los abuelos, discretamente, se habían quedado atrás, sabían que ellos tenían miles de cosas que decirse, y que la nueva separación, aunque fuese por poco tiempo, les estaba resultando dolorosa.

Instalado en su asiento, se abrochó el cinturón, y esperó paciente a que el avión despegase.  No sentía ninguna sensación especial por regresar a su antigua vida.  Tenían todo un futuro por delante. Había puesto, sin saberlo, su semilla para el regreso a Sefarad.

martes, 25 de agosto de 2015

Regreso a Sefarad -Capítulo 12 - Su más íntimo secreto

Una vez ingresada en la clínica, Judith llamó a su marido

-Abraham, estamos en la clínica. La niña ya viene. Llama a Sarah y díselo. Tengo que entrar en el paritorio. Te dejo. adiós

- Espera, no cuelgues. Dime dónde estáis

Nerviosa Judith dio a su marido el nombre de la clínica y enseguida colgó. Estaba muy nerviosa y ansiosa. ¡ Iba a ser abuela !

No menos nervioso se puso Abraham, había algunas cosas que no comprendía ¿ por qué esa desazón de su mujer por esa chica que a penas conocía?  No obstante, descolgó de nuevo el teléfono y llamó a Sarah para comunicarle la novedad y decirla que salía para Madrid lo más pronto posible, pero también advirtió a su hija que no debía decir nada a nadie, y ese nadie se refería a Aaron.

- Hablaremos contigo cuando llegue. Yo no sé más, así que no me entretengo.  Mientras caminaba en dirección a la agencia de viajes para comprar el billete de avión, daba vueltas en su cabeza la palabra "abuelo". Tenía la sensación de flotar ante esa palabra..  Aún tenía que asimilarlo todo; alguien debía explicarle todo lo ocurrido, y que sólo las dos mujeres de su familia sabían en profundidad.

El médico depositó a la niña sobre el pecho de su madre, que lloraba quedamente de la emoción. Judith la besaba en la frente y abrazaba uniendo a ella su emoción personal.  Ahora se abría otra página no menos difícil de resolver.
El parto había sido largo y duro. La chiquitina se dormía en el largo camino que había de recorrer para ver la luz, y a su madre se le agotaban las fuerzas para contribuir a su nacimiento.  El efecto de la epidural se había pasado casi y las contracciones no cesaban.  Judith le secaba el sudor, la besaba, le daba ánimos y comprendía, por saberlo, por qué Macarena lloraba silenciosamente. Aaron estaba presente, aunque fuese sólo en su pensamiento.

Abraham llegó a mediodía del día siguiente, nervioso, emocionado, y al mismo tiempo con una sensación extraña.  Sólo había visto a esa chica en dos ocasiones y muy de pasada, y ahora según le había explicado su esposa, le había convertido en abuelo...  Al entrar en la clínica buscó el número de la habitación que Judith le había dado y llamó suavemente pidiendo permiso para entrar.  Fue su mujer quién  le franqueó la entrada; estaba radiante, feliz y, se abrazó a su marido diciendo

- Es preciosa, es preciosa y se parece a Aaron
Al entrar vió a una Macarena con una débil sonrisa en sus labios.  Estaba algo más desmejorada que cuando la vio en Agadir.  Una enfermera la ayudaba para que la niña comenzase a mamar.  El,  ruborizado,  giró la cabeza y después de saludar a la nueva madre  ligeramente, salió de la habitación.

Se puso en contacto con Sarah para comunicarla que había llegado bien y que la niña era una bolita de carne sonrosada con mucho pelito negro.  Sentía un especial sentimiento de ternura, algo que no sabía explicar, algo que dijo a Sarah

- Hija, me tenéis que explicar con calma cuando pase todo, cosas que ignoro. No sé si esta criatura es hija o no de Aaron, pero ha traído a nuestras vidas  la alegría de un nuevo ser, y con eso me basta. A la madre la he encontrado bastante agotada, pero espero que sea por el parto, porque tendrá que enfrentarse a una dura tarea, aunque tiene a tu madre al lado.  Eso me preocupa, lo está viviendo con mucha intensidad y no me gustaría que sufriera por lo que  su cabeza haya forjado.

Tres días permanecieron en la clínica.  La condujeron a su casa y Judith anunció a Abraham que ella permanecería a su lado. A Macarena le habían tenido que darle unos puntos para facilitar la salida de la pequeña.  Estaba bastante molesta y a penas podía sentarse bien; de vez en cuando debía levantarse y caminar un poco para aliviar el dolor.  Judith la ayudaba, pero Macarena creyó conveniente mantener una charla con ella

- Judith,  me has ayudado y nunca te agradeceré bastante lo que has hecho por nosotras
y espero que interpretes mis palabras en su justa medida. Debo atender a la niña aunque no esté recuperada.  Vosotros regresaréis en cualquier momento y tengo que ser yo la que se enfrente a todos a los problemas que seguro surgirán.  No tengo ni idea de cómo cuidar a un bebé, pero espero me des algunas lecciones para hacerlo correctamente, pero debo organizar mi vida con ella. Te prometo pondré todo el cuidado del mundo en ello, seré buena madre y estaré feliz cuando vengáis a visitarnos. Nada me alegraría más.  No tienes idea de lo que me has ayudado en estos días que has permanecido a mi lado.  No sé lo que habría sido de mi si no te hubiera tenido.

Judith la abrazó y tomó su  delgado rostro entre sus manos acariciando su frente y estrechándola contra su pecho.

- No tienes que explicarme nada. Lo sé y lo comprendo. Durante este tiempo te he cuidado como cuidaría a Sarah,   igual.  Eres la madre de mi nieta, y esa pequeña lleva mi sangre, ¡ cómo no iba a cuidarte !  Siempre que me necesites, estaré a tu lado, a vuestro lado. ¿ De verdad podremos verla siempre que quiera?

- ¿ Cómo lo pones en duda? Durante todos estos meses, me he acordado enormemente de mi madre.¡ Me sentía tan  sola !, pero apareciste tú, me diste tu apoyo enseguida sin tener la más mínima duda de que eras su abuela, ¡ cómo no vas a poder verla!  Aunque Aaron y yo no nos volvamos a ver, tú siempre serás su abuela y nada cambiará entre nosotras.  Cuando sea mayor la hablaré de vosotros, de todos, incluido su padre.  Ella debe saber que tiene una familia, de dónde procede y que fue engendrada por amor, al menos por mi parte, aunque no fuera esa la intención.  Cuento con tu ayuda; la contarás cosas de tus antepasados, que también son los suyos.  Debe conocerlo todo.

Judith estaba muy emocionada, y Abraham se alarmó cuando vio a las dos mujeres que abrazadas lloraban quedamente.




- Eh, eh,¿ qué ocurre aquí ?

- Nada, marido, nada. Son cosas de mujeres, de mujeres que se quieren y se comprenden

- También los hombres nos emocionamos ¿ sabéis?

- ¡ Claro que si !, abuelo - dijo Macarena extendiendo su mano en dirección a él.

El teléfono sonó y fue Macarena quién descolgó.  Era Sarah que llamaba para interesarse por todos ellos.

- Mándame una foto por el móvil.  No tengo paciencia para esperar hasta que podamos ir a veros.  Ari está muy contento también y te manda un abrazo- dijo Sarah a Macarena

- No sé cómo voy a pagaros tanto cariño que nos dais - agradeció Macarena

- No seas tonta, se trata de mi sobrina

Ambas chicas rieron  al despedirse.  Era la primera vez que Macarena reía en mucho tiempo.  Les estaba muy agradecida, a todos.  Sus recuerdos fueron hasta Aaron.  El rostro del hombre y el de la niña se mezclaron en una sola imagen " si supiera ...", se repitió y procedió a alimentar a su pequeña.  Judith ya se había acostado y Abraham se había marchado hacía rato a Lavapiés.  Era la última toma de la noche, la próxima sería a las 6 de la mañana. 

Mientras la amamantaba, estrechaba a su hija suavemente contra su regazo. Con la malo libre acariciaba su carita y tomaba su pequeña manecita. La susurraba quedamente unas palabras de cariño y le hablaba de su padre, aunque el bebe no la escuchase.  Casi una hora es lo que tardaba en atender a la niña, ya que al ser tan chiquitina, se dormía, cansada, mientras mamaba, por lo que sus horas de sueño eran pocas.  Se sentía algo débil, pero confiaba en que pronto se recuperaría; era algo que a todas las madres les ocurre cuando dan a luz.

Por la mañana muy temprano llegaba Abraham y pasaban el día atendiendo a Macarena. El camino lo hacía contento, nervioso e impaciente por llegar para ver a la pequeña.  Mientras la madre desayunaba y antes de darla el pecho, era él el encargado de entretener a Luz, que impaciente buscaba también su desayuno, pues era bastante tragonceta.  Cuando la madre la ponía el pecho, impaciente movía la cabecita buscando por dónde salía ese fruto exquisito que su mamá le daba, lo que causaba la hilaridad de los tres.

Después de comer, mientras Macarena dormía su siesta después de atender a la pequeña, el teléfono sonó en la casa, y fue Abraham quién lo atendió
- ¿ Quién es ?

- Papá, soy Sarah, te llamo solo un instante. Aaron está aquí y va hacia Madrid.

Aaron sentía la necesidad de ver a su familia y aprovechó unos días que tenía libres, para viajar hasta Agadir.  Al entrar en su casa se sorprendió de que estuviera vacía

- ¡ Qué extraño ! , ¿ dónde estarán ? - y dicho esto, se puso en contacto con Sarah para averiguarlo

- Sarah ¿ dónde están nuestros padres?

- Oh, de viaje

- ¿ De viaje ?, no me dijeron nada cuando hablé con ellos hace días

- No sé. Lo pensarían después

- ¿ Y dónde han ido?

- Están en Madrid

- ¿ En Madrid ?

- Si. Mamá quería hacer unos arreglos en el piso, o qué se yo. El caso es que les apetecía ir hasta allí

- Bueno, pues me acercaré yo también

- ¿ Tú ?

- Si ¿ qué pasa? No te extrañe, quizás busque a Macarena para hablar con ella

- Pues eso estaría bien. Aclarad de una vez lo vuestro

- Si decididamente, voy a comprar el billete. Shalom hermanita

-  Llamáme cuando llegues. Ten buen viaje. Shalom

Sarah no sabía si había hecho bien o mal en animar a su hermano en ir a España. Pensaba que ya era hora de terminar con tanto secretismo.  Abraham alarmado comunicó a su mujer la conversación con Sarah y preocupado confesó a Judith

- Qué quieres que te diga, me alegro de que venga, a ver si de una vez se termina este embrollo. Que aclaren lo que sea que les llevó a esa situación. Me refiero a que si luego quieren seguir juntos, que sigan  o que lo dejen, pero esto no puede continuar.

Macarena se había levantado y escuchado sin querer la conversación del matrimonio

- Tiene razón Abraham - comentó -, pero desearía que si acaso llegase a venir para hablar conmigo, nos dejéis solos. Quizá discutamos y no me gustaría crear esa violencia ante vosotros. Lleváis muchos días conmigo, así que creo que hasta que no se aclare todo, debéis estar en vuestra casa para cuando él llegue

- ¿ No quieres verle, verdad  ? - dijo Judith

- No ahora no. ¿ Te has fijado cómo estoy ? horrible... Todavía hinchada, con mala cara, delgada ¿ Te parece que estoy presentable?... Pero si viniese a verme, cosa que dudo, le recibiré.  Por mi no debéis preocuparos, y claro se enterará de todo. Pero será él quién  dé explicaciones antes que yo, de lo contrario... nada se aclarará

De esta forma el matrimonio permaneció en su casa hasta la llegada de Aaron, que fue inmediata.

El timbre de la puerta sonó, fuerte, rotundo.  Macarena presintió de quién se trataba y tardó unos instantes en  reaccionar. Se miró en un espejo y atenuó su olor a bebe, con unas gotas de perfume acostumbrado. Alisó su cabello, abrochó su blusa y se dirigió a la puerta para atender a quién con tanto ímpetu repetía la llamada.  Como sospechó estaba frente a sí  un Aaron más delgado, con los mismos ojos profundos que la cautivaron y la barba espesa que últimamente se había dejado crecer

- ¡ Hola ! - fue el saludo de él, tenue, como si hiciera unos minutos que se hubieran visto por última vez


- ¡ Hola ! - respondió ella- ¿ estás bien ?

- Si, bien. A ti te encuentro cambiada... Se nota que trabajas mucho

- ¿ Quieres pasar?

- De acuerdo- contestó Aaron

No sabían qué decirse.  Ël ni siquiera había hecho intento de besarla, aunque fuera en la mejilla, y ella tampoco se acercó.  Unos leves gemidos se oyeron en la casa

- ¿ Tienes algún gatito ?- dijo él sonriente

- No, no. Perdona tengo que hacer algo

Macarena salió inmediatamente de la habitación. A él le extrañó la actitud de ella, y la siguió hasta llegar al lugar de donde procedían los gemidos.   Parado en el dintel de la puerta, vio  con asombro cómo ella sacaba de una cuna a un diminuto "paquete" que no paraba de llorar y palmotear incesantemente

- Perdona, tengo que alimentarla ¿ Puedes salir un momento?

- ¿ Tienes un hijo ?, pero....es muy pequeño... recién nacido.  Eso quiere decir que..
¿ estabas ya embarazada cuándo... nosotros ?

- Si, tengo una niña, y no .  No lo estaba...

Aarón se dio la vuelta dándola la espalda, mientras ella desabrochaba su blusa para dar el pecho a Luz.  Sentada en un taburete, acomodó a la niña que enseguida comenzó a comer.  Aaron estaba perplejo.  Sin decir nada, miraba a las dos, se puso de rodillas detrás de Macarena y abriendo sus brazos abarcó con ellos,  en un abrazo,  a Macarena y a la niña.  Reclinó su cabeza sobre la de ella y dejó un beso en su nuca, al tiempo que comenzó a hablar:




- Nos conocimos mientras hacíamos el servicio militar.  Acabábamos de pasar la adolescencia y fue para ambos el primer amor de nuestras vidas.  Estudiábamos en los pocos ratos que teníamos libres.
Ella era hija única de un matrimonio mayor que les colmó de felicidad. . Ambos eran maestros, se conocieron en un Kibutz y allí ejercían.  Se enamoraron, se casaron y aunque no lo esperaban, Dios les concedió el milagro de engendrar una vida : Ruth.
Ruth
"Ella quiso ser profersora como su madre y,  yo ingeniero agronomo para ayudar en el negocio familiar de cítricos.  Nos queríamos sinceramente y decidimos irnos a vivir juntos y con el tiempo unir nuestras vidas para siempre.  Sus padres abandonaron  el kibutz y se trasladaron a vivir cerca de nosotros en Tel  Aviv.   Allí habíamos comprado un pequeño apartamento para los dos, ya que de momento no deseábamos tener hijos.  Éramos muy jóvenes y queríamos disfrutar de nuestro amor. El padre puso  un  pequeño comercio  de frutos secos y especias y la madre siguió de profesora en un colegio cercano en donde Ruth daba clases. Yo, por mi trabajo  pasaba mucho tiempo fuera de casa , y tan solo nos veíamos los fines de semana; por ello abandoné el trabajo familiar y busqué otro empleo más cercano que me permitiera ir todos los días al hogar.
La normalidad reinaba en nuestras vidas, ganábamos un buen sueldo que nos permitía vivir holgadamente y darnos algún capricho.  Yo me compré una moto en la que acudía al trabajo.  Ella siempre me lo recriminó, pues la preocupaba que yo tuviera un accidente.  Casi todos los días la llevaba en ella hasta el colegio   ,  menos uno, que cambió el rumbo de nuestras vidas. Todo monótono, rutinario y maravilloso. No necesitábamos más, nuestro cariño abarcaba todo.
Una noche nos habíamos excedido en nuestras muestras de amor y nos dormimos muy tarde, con lo cual yo, más perezoso, me quedé dormido.  Ella ya estaba vestida y desayunada cuando me desperté"
-¿ Por qué no me has llamado ? No me dará tiempo a llevarte hasta la parada de autobús en donde espera tu madre.

-No pasa nada. Me voy que llegaré tarde yo también. Esa fue la última vez que la vi con vida."

" Nos besamos como cada vez que nos despedíamos y bajó corriendo las escaleras,  Yo me quedé preparándome para ir al trabajo A penas había puesto la moto en marcha, cuando una terrible explosión  hizo vibrar los cristales de la casa.  Me asomé a la ventana para ver de dónde procedía, y vi  una bola de fuego  por  la zona en donde Ruth debía tomar el autobús.
Bajé a la calle dando zancadas con un mal presentimiento y corrí como un loco en la  dirección de la explosión. Mucha gente corría hacia allí, gritando, llorando y suplicando que a su ser querido no le hubiera pasado nada..  Todos corríamos desesperados,  alarmados al igual que yo.  Cuando llegamos, no me había engañado, era un autobús de la misma línea que debía tomar Ruth y su madre.  Por la hora,  no quería ni pensar en que a ellas les hubiese afectado."

 "La escena era dantesca: gritos, llantos, cuerpos destrozados, personas quemadas tiradas en el suelo... Yo trataba de moverme, aunque mis piernas se negaban a ello "no puede ser verdad, no puede ser verdad", me repetía una y otra vez.  Ignoro lo que duró mi estado, pero inmediatamente reaccioné y comencé a ayudar en lo que pudiera a los sanitarios que acababan de llegar.  Yo en realidad quería comprobar que ellas no estaban allí,   pero si estaban.

La primera que encontré fue a la madre, ya muerta, y después boca abajo, vi el cuerpo destrozado de Ruth.  No lo podía creer, no podía ser ella.  Pero sí lo era. Casi a la fuerza cogí de un brazo a un sanitario y le arrastré hasta donde estaba .  Comprendí que no había nada que hacer, por el movimiento de cabeza que hizo. Cogí su cuerpo destrozado entre mis brazos y lloré, lloré amargamente no sé el tiempo. Apretaba su cuerpo contra el mio para infundirle la vida que se  escapaba sin poderlo remediar.  No sabría decir cuánto tiempo permanecí así.  Alguien me tocó en el hombre y me dijo: ha muerto.  Dí un grito desgarrador, otro entre los muchos que se escuchaban. Después otros sanitarios introdujeron su cuerpo dentro de una bolsa de plástico y se la llevaron al depósito para su identificación.

Caminé como sonámbulo por las calles, dando vueltas por los mismos sitios e iba a parar al mismo lugar . Una enfermera me auxilió, me dio agua y me trajo una bata de médico, y ella misma me quitó la ropa que tenía llena de sangre.  No me acordé,  en mi dolor, de su padre. ¡ ¡Pobrecillo !, había perdido todo cuanto tenía : su mujer y su hija.

No podía volver a casa. Hacía pocas horas que nos habíamos despedido para ir a trabajar como cualquier otro día, y ahora está muerta. Seguí caminando por las calles durante toda la noche.  Llamaban a mi móvil una y otra vez, pero yo no lo escuchaba.  Cuando ya había entrado el día  y el sol brillaba de nuevo en el cielo, me di cuenta de que mi familia estaría preocupada.  Haciendo un gran esfuerzo, les llamé y comuniqué lo ocurrido.  Mis padres viajaron inmediatamente para estar a mi lado.

Después de su entierro,  en la habitación del hotel en donde mis padres se habían hospedado, abrazado a mi madre lloré, lloré sin cesar durante horas.

Habían pasado más de 15 días del atentado, y  decidí volver a mi casa y ver al padre de Ruth.  Le encontré desplomado, como ausente; en todo ese tiempo apenas dormía ni comía. La barba le había crecido y daba a su rostro un aspecto más trágico.  ¡ Pobre Samuel !.  A los pocos meses empezó a desvariar y a perder la memoria y,  finalmente,  ingresado por Asuntos Sociales en una residencia, murió silenciosamente durante la noche.

Mi desesperación no cesaba y me culpaba de que ella estuviera muerta por yo haberme quedado dormido. Yo tenía la culpa de todo, de haberla hecho el amor hasta tan tarde. Si no lo hubiéramos hecho, nos hubiéramos despertado temprano y ella hubiera cogido el autobús anterior. La culpa era mía, la culpa era mía.

Estos hechos ocurrieron hace más de cinco años y durante todo este tiempo mi vida ha sido un desastre. Abandoné el trabajo y me refugié en Agadir.  Allí estuve durante meses y cuando volví, comencé a frecuentar compañías femeninas cada día.  No me importaba nada, buscaba no sabía qué, quizás aplacar la tremenda rabia que sentía.  Había veces que después de contratar a la chica, la dejaba ir sin hacer nada, no podía hacer nada. El recuerdo de Ruth estaba permanentemente en mi memoria, y entonces le juré que nunca más me volvería a enamorar, que nunca más querría a otra mujer.

Al cabo de tres años de haber ocurrido, mi abuelo Benjamín cayó enfermo repentinamente y a los pocos meses moría. Fue otro mazazo para mi.  Cuando agonizaba me pidió que volviera a Sefarad y comprobara si su casa, la de su familia, aún existía.  Se lo prometí y le prometí que la compraría si ello fuese posible, para que sus raíces permanecieran en Sefarad."
El abuelo Benjamín
"Lo que vino después ya lo conoces, pero falta una parte, la última. He de decirte que cuando te conocí no me fuiste muy simpática, es decir los españoles no me erais simpáticos. Aún con la sensación de la pérdida de Benjamin, os guardaba un raro rencor por la expulsión de mis antepasados de aquí. Absurdo, lo sé, pero desde que Ruth murió, mi carácter se había vuelto rencoroso, amargado, hasta insoportable. Cuando regresé, después de nuestra discusión volví a las andadas: salidas nocturnas, alterne con chicas...  Una de esas chicas era Annetta; enseguida intimamos, y a la semana de conocernos ya nos acostábamos juntos, y un mes después me quedaba casi a diario en su casa,  cada noche.  Desde el primer minuto de intimar, la confesé que no estaba enamorado de ella, que sólo buscaba refugio de una amor fracasado, tú, y que no dudaría en dejar la relación si el destino nos juntaba de nuevo.  Ella lo comprendió y estuvo de acuerdo . Me dio afecto, comprensión y estabilidad. Evitó que me hiciera un golfante y por ello la estaré eternamente agradecido.  Una noche celebrábamos el cumpleaños de un amigo y estábamos contentos, y yo especialmente cariñoso con Annetta, cuando sonó mi teléfono para decirme " ella está aquí , búscala".

Al principio me costó entenderlo, hasta que comprendí a  que se refería...   a ti.  Sarah supo desde el principio lo ocurrido, y ese "ella", no era otra persona    sino tú.  Han sido unos meses de incertidumbre, sin saber qué hacer, hasta que el ir a casa de mis padres y saber por mi hermana que estaban aquí, fué como un aviso de que debía venir y arreglar lo nuestro, porque yo no te he podido olvidar ni un instante.

Lo que motivó nuestro enfado fueron unas palabras que pronuncié en hebreo y que no entendiste. Quiero repetírtelas ahora,  y te lo aclarará todo y,  por qué yo no entendía nada de lo que me decías    Y  fueron : Ruth, perdóname, la amo más que a nada, amo a esta mujer, perdóname  "

Aaron había terminado su relato sin cambiar de postura, ninguno de los dos se había movido, y hasta la chiquitina se había quedado dormida con su carita pegada al pecho de la madre. No se había estremecido en todo el tiempo que duró la explicación, como si ella comprendiera lo que su padre relataba.



Por el rostro de Macarena se deslizaban las lágrimas, quedas, silenciosas, que mientras Aaron hablaba, comenzaron a salir de sus ojos lentamente.  Él cambió de postura sentándose frente a ella y tomando su cara entre las manos, la dijo

- ¿ Por qué no me  dijiste que estabas esperando un niño ?

- ¿ A dónde, a qué teléfono, a qué dirección ? No sabía dónde vivías ¿ cómo contactar contigo si ni siquiera volviste?

- Eso no es cierto. Te estuve llamando varias veces, y vine hasta aquí. Pasé todo el día en la calle esperando verte, porque no me abriste la puerta tampoco. ¿ No recuerdas?   Regresé a casa y, es cierto no quise saber nada de ti.   Si se enteró Sarah fué porque insistió que se lo contase, y yo tuve la necesidad de descargar mi angustia.   Y ahora,  ¿ puedo coger a mi.., por cierto es niño a niña?

- Es niña y la llamaré Luz, porque ella iba a ser la luz de mi solitaria vida.

- Nunca más secretos entre nosotros, nunca más

- Nunca más mi amor, nunca más. Por duros y dolorosos que sean, nunca más

Aaron tomó a la niña entre sus brazos y arrimó su cara a la de la pequeña, que al notar la barba de su padre, se agitó molesta, causando la algarabía de ellos que la contemplaban con infinito amor.

- Me has hecho el regalo más grande que un hombre puede recibir de una mujer.  Ahora que conoces a mis padres, ¿ me lo hubieras comunicado?

- De momento no, y así se lo dije a ellos. Tenía que prepararme  para el encuentro. Había ocurrido todo sin esperarlo y yo creía que me tenía que enfrentar a un padre que no nos quería. Porque yo estaba allí, en aquel bar y vi cómo besabas a Annetta y me partiste el corazón

- ¿ Estabas allí ?, ¡ Claro ! Cuando salí a la calle para hablar con Sarah, noté un perfume que me era conocido, aunque no sabía de qué. ¡ Claro ! es el mismo que llevas ahora.  Dios mío qué tontos hemos sido

Acostaron a la pequeña Luz y por fin pudieron abrazarse.  Ambos lloraban abrazados, pero ésta vez de alegría.

- He de llamar a mis padres, estarán impacientes por saber algo

-Si, anda llámales y diles que soy la mujer más feliz del mundo, que te quiero, que quiero a mi hija, y que les quiero a ellos, díselo- y lo dijo gimoteando de emoción

-Si cielo, ahora mismo, pero no te separes de mi ni un centímetro.

Llamó a sus padres y fue Judith quién descolgó el teléfono

- Mamá, soy feliz, muy feliz. Tengo una hija preciosa, una mujer a la que adoro y unos padres maravillosos.  No me esperéis, yo las cuidaré, pero os espero mañana temprano. Tengo que deciros mis planes de futuro. Os quiero, Shalom

- Shalom, hijo mio. Nosotros también os queremos y somos muy felices.

Al colgar, Judith se refugió en los brazos de su marido llorando de alegría y tranquilidad.  La breve conversación con su hijo, la había dejado claro que todo estaba solucionado.  Por fin podían estar tranquilos




- ¿ Te das cuenta, mujer, te das cuenta? - dijo Abraham acariciando su rostro.

lunes, 24 de agosto de 2015

Regreso a Sefarad - Capítulo 11 - Viernes Santo

La Semana Santo, amaneció triste, sin sol, incluso algunas pequeñas gotas de lluvia tintineaban en los cristales de la ventana desde la que Aaron pensativo contemplaba la calle.  Giró la cabeza y vio que Annetta dormía plácidamente. Él no pudo hacerlo en toda la noche, a pesar de que se acostaron a una hora tardía y haber tenido un rato de intimidad.

 Ella se rebulló en la cama, extendió su brazo palpando la almohada en donde debería estar acostado Aaron. Al comprobar que estaba vacía se incorporó un poco sobre su brazo, buscando desorientada al muchacho.

- Hey, amor ¿ por qué te has levantado tan pronto ? Vuelve a la cama, anda

- Buenos días, linda. No puedo dormir

- Te noto preocupado. Desde que recibiste la llamada anoche en el bar, te noto raro.¿Ha ocurrido algo, quién te llamó?

- Fue Sarah

-¿ Tus padres están bien?

-Si, si. Todos están perfectamente - hizo un largo silencio, como midiendo las palabras y dijo escuetamente

- Ella, está aquí

- ¿ Quién está aquí, Sarah?

- No...   Perdona tengo que salir

-¿ A qué ha venido, se ha puesto en contacto congio? ¿ por qué viene ahora?

- Eh, calma. Ha venido porque es su trabajo, y no se ha puesto en contacto conmigo porque ni siquiera sabe que estoy aquí. No sabe dónde vivo,  ni mi teléfono. No nos hemos visto. Fue Sarah la que me lo ha dicho.

- ¿ Qué vas hacer?

- No sé, te juro que no lo sé

- Ya... - Annetta, se puso una bata y salió de la cama.

Había transcurrido una hora desde lo ocurrido, cuando Aaron salió a la calle sin rumbo fijo. Las palabras que le dijera Sarah, resonaban en su cabeza " búscala, búscala". Entró en un café y pidió un té.  Tenía mucho en lo que pensar, tenía que aclarar sus ideas, muy confusas. No sabía qué hacer; por un lado deseaba buscarla para poderla ver, pero por otro estaba Annetta.  Ella había conseguido estabilizar su vida, a pesar de saber que su relación pudiera fracasar si volvía a encontrar a Macarena.  Decidido abonó la consumición y salió en dirección a la Via Dolorosa.  Recorrería la calle, ya congestionada de gente, mirando por ver si ella se encontraba entre los grupos que a un lado y otro  aguardaban las procesiones de los peregrinos.  Impaciente cambió de lugar y fue hasta la basílica del Santo Sepulcro, tampoco encontró nada, desanduvo sus pasos y volvió a recorrer la Via Dolorosa.  En ningún sitio frecuentado por los peregrinos la encontró. Deambulaba por las calles buscando, buscando sin encontrar rastro de ella. Vencido por la impaciencia y el cansancio, a mediodía decidió volver a casa de Annetta, recoger sus cosas e irse a su apartamento, al que no acudía  hacía más de una semana.




El grupo capitaneado por Macarena ocupó el lugar para presenciar el Via Crucis que en silencio y con mucha devoción veían pasar.  Antes de salir del hotel, Macarena les advirtió

- Yo les llevaré hasta la Via Dolorosa, pero después si me lo permiten aguardaré su regreso en un bar cercano. Discúlpenme, no soy religiosa y las muchedumbres me agobian. Después les llevaré a recorrer todas las iglesias que deseen visitar.

Les condujo hasta un lugar en donde pudieran ver todo y esperó en un bar cercano a que ellos decidieran terminar su Via Crucis.  Era una salita, más que un bar, en donde un árabe nacido en Israel la sirvió un té que previamente había solicitado.  Miraba recelosa alrededor, tratando de escudriñar si él pasaba por allí.  Ambos ignoraban lo cerca que estaban uno del otro, pero no llegaron a encontrarse.



Sólo en su casa,  después de marchar de la de Annetta,  estaba indeciso.  Sabía que si la encontraba le iba a ser muy difícil no hablarle, aunque esa fuera su intención.  Annetta le daba cariño, estabilidad y comprensión.  Perdería de nuevo todo lo que había conseguido durante ese tiempo.  Pensó en tirar la toalla 

- Se ve que el destino no quiere que coincidamos, muy bien.   Abandono -.   Se tumbó en la cama . Sujetaba su cabeza como para no  dejar escapar los recuerdos, cogió su teléfono y marcó el número de Annetta

-Dime ¿ estás en casa, has tenido suerte?

- No, no he tenido suerte, y he decidido dejar de buscar

- Bien, si es tu decisión, buena es.¿ Nos vemos luego?

- No cielo, esta noche no.  Estoy agotado y me duele tremendamente la cabeza. Voy a tomarme una aspirina y meterme en la cama cuando termine de hablar contigo.  Mañana te llamo. Te quiero-. 

Ese  " te quiero" le sonó a Annetta muy convencional, pero no dijo nada. Después de ingerir las aspirinas, se quedó dormido profundamente durante un par de horas.  Después,  su sueño fue intranquilo, con imágenes extrañas, confusas e irreconocibles.  Con situaciones no vividas e inquietantes.


  Se levantó pronto, de mal humor.  Se calentó un resto de café que dejó en la cafetera, que al probarlo lo tiró con repugnancia del mal sabor que tenía.  Tomó un vaso de leche, mientras su cabeza no dejaba de pensar, pensar y pensar.  De repente decidió llamar a la agencia en Madrid . ¡Cómo no se le había ocurrido antes!  Averiguaría el itinerario, el hotel en donde se hospedaban, y de esa forma su localización sería rápida.  No quería pensar en lo que vendría después.

  Probablemente ella no querría verle,  ni hablarle, pero eso , de momento, no importaba. Lo principal era localizarla y darle una explicación aunque no le creyese.  Buscó impaciente algún papel que guardara del viaje en que la conoció No encontró nada; optó por buscar en Internet y lo encontró.  Consultó su reloj y vio que aún no era la hora adecuada para llamar,  pues aún estaría cerrada.  Impaciente comenzó a pasear por las habitaciones del piso hasta que comprendió que en Madrid la oficina estaría trabajando.

- Buenos días, señorita.  Debo contactar con un integrante de un grupo que está en Tierra Santa a cargo de la señorita Macarena  Hernández ¿ puede decirme en qué hotel se hospedan?

- Un momento por favor, voy a consultar la hoja de ruta

Impaciente Aaron aguardó a que la señorita consultase en el ordenador el viaje requerido

- ¿ Oiga ?, mire han estado hospedados en el Hotel National de Jerusalem, pero  a estas horas habrán partido hacia otro lugar

- Bien pues dígame por favor hacia donde van

- Nos llamó la azafata y nos dijo partían hacia Nazaret y después visitarían  otros lugares que aún no habían decidido y que estaban fuera de programa,  pero que aún  no se habían puesto de acuerdo .  Dudaban entre ir a Petra en primer lugar o ir directamente a Aman . Lo siento no poderle ayudar.  Si me llama más tarde quizá pueda decirle algo más concreto. La azafata llamará para comunicarlo

- No, déjelo.  Ha sido muy amable, muchas gracias. Adiós

- Decididamente está de Dios que no la encuentre.  Bien,  que así sea.

 Cerró el móvil y cogiendo una chaqueta salió de su casa.  No sabía muy bien hacia dónde.

El viaje terminó felizmente.  Macarena se encontraba agotada.  En su estado el periplo fue demasiado. Hablaría con don Damián para que no la volviese a encargar de un tour tan pesado, debido a su estado.  Tarde o temprano tendría que decirle que estaba encinta antes de que  fuese demasiado evidente.  Dejó pasar un tiempo, pero su cuerpo comenzaba a cambiar y pronto no podría ocultarlo. Y decidió que había llegado el comento de anunciarlo en su lugar de trabajo.  No tenía a nadie más que hablarle de ello, salvo Lucía, pero ella no contaba ...,  lo sabía.

- Don Damián¿ puedo hablar con usted?

- Claro, pasa, pasa

- Verá, lo que voy a decirle me resulta muy violento, pero no puedo esperar más

- ¿ Qué pasa? No me dirás que te despides, que te vas a la competencia

- No, eso no, pero lamento decirle que dentro de un tiempo,  no muy largo,  tendré que dejar mi trabajo

- ¿ Qué estás diciendo?

- Voy a tener un bebe, creo que para últimos de Septiembre,  o a primeros de Octubre

El hombre se quedó perplejo. Nunca hubiera imaginado que estuviera embarazada porque nunca había comentado que tuviera novio, y mucho menos que se hubiera casado

- Macarena... No sé qué decirte. Debiste decírmelo cuando te envié a Israel. Imagino que no debió ser nada fácil para ti teniendo en cuenta de que estás ya de ...¿cuanto?

- De casi cinco meses

- ¿Piensas dejar de trabajar?

- No, no puedo. Necesito trabajar. Mis ahorros son pequeños y los niños traen muchos gastos al venir a este mundo

-¿ Entonces qué has pensado?

- Quedarme en atención al cliente. Sé que el sueldo no será el mismo, pero no estaré tan fatigada como cuando salgo de viaje.  A partir del quinto mes las molestias para la madre aumentarán . El calor del verano...mi diabetes

- ¿ Eres diabética?

-  No, no lo soy, pero tengo diabetes gestacional y he de tener cuidado para no tener secuelas después del parto.

- Ya, comprendo. Déjame estudiarlo y te lo comento. Cuídate... con razón venías algunos días con tan mala cara.

Don Damián aceptó la sugerencia de ella y desde ese momento comenzó a atender al público tras una mesa de escritorio.



La primavera venía especialmente inestable y el verano se anunciaba  con mucho calor, al menos es lo que el organismo de Macarena acusaba.  Su caminar se hizo más lento y torpe. El bebé se movía y de vez en cuando notaba fuerte las pataditas .  Acordó también con el jefe, que en lugar de tomar las vacaciones en verano, las dejaría para cuando diera a luz, porque así con los tres meses por maternidad que la ley la concedía, dispondría de un mes más para estar con ella. Si, porque en una de las ecografías dijeron que era hembra.  El saberlo la produjo una intensa emoción y pena al mismo tiempo.  La llamaría Luz, porque luz sería la que la niña diera a su vida. Ya no estaría sola nunca más.

Judith después de todo lo que sabía por Sarah referente a la estancia de Macarena en Israel, volvía a estar preocupada por su hijo. Volvía a estar decaído, inestable y descuidado.  Ni el cariño de Annetta ni el de su familia conseguían sacarle de la rueda en que se había metido.  Un día en que Sarah fue a visitarles, la dijo

- ¿ Sabes que he pensado? Me voy a Madrid

- ¿ Cómo que te vas a Madrid? ¿ A qué viene eso ahora?

- Localizaré a esa chica y hablaré con ella.  No puedo permanecer impasible viendo como mi hijo quema su juventud amargado.  Ni está con ella, ni con Annetta, ni está centrado, ni nada de nada. Su vida es un completo desastre y no voy a consentirlo. Quiero hablar con ella y aclararlo todo. Y va a ser enseguida, muy pronto.

- Mamá por favor, no te metas. Eso lo tiene que solucionar él,  y no tú

- No me meto, sólo voy a  aclarar lo que ocurrió.  Tu hermano vino muy trastornado y ahora ha vuelto a las andadas.  No es una relación pasajera, es algo muy profundo que le está haciendo daño, mucho daño.  A penas ha superado lo de Ruth y ahora esto. No hija, voy a  averiguar el encanto de esa chica que ha engatusado de esa forma a Aaron.



Era domingo, un domingo de  Junio, y el  verano se anunciaba riguroso. Macarena estaba tumbada en el sofá buscando algo de brisa que le hiciera más llevadera la pesadez de su cuerpo.  Su vientre estaba abultado y su cintura y caderas habían desaparecido.  Los ardores de estómago, la mataban.  Estaba en la recta final, aunque aún la quedaba tiempo para poder estrechar entre sus brazos al bebe

El timbre de la puerta estridente sonó varias veces antes de que ella acudiera abrir

- Ya voy, ya voy, un momento por favor- caminaba despacio y balanceándose de un lado para otro.

- Qué des....- se quedó sin palabras al ver la figura femenina que estaba frente a ella

No menor fue la sorpresa de Judith al ver el estado de Macarena.  Fue lo último que esperaba ver

-¡ Judith ! qué hace aquí

- Yo, yo .... venía a... pero creo que debo irme. Ha sido todo una confusión

-¿ A qué se refiere?

- ¡ Estás embarazada ! ¿ Te has casado ?

- No, claro que no. Sí,  estoy embarazada , creo que eso salta a la vista

- ¿ De cuánto estás?

- ¿ Por qué todo el mundo me pregunta lo mismo? ¡ Qué mas da de cuánto estoy!

- No, no da igual. Necesito saberlo

- Pase por favor - le dijo Macarena indicándole la entrada a la casa

- De acuerdo... Macarena, vengo buscando respuestas, tus respuestas.  Sólo conozco una parte y necesito saber las dos.

- Bien, muy bien. Pues escuche sin alterarse y comprendiendo por qué ocurrió todo. Antes ¿ ¿quiere tomar algo, un café, un zumo, u otra cosa 

- El zumo estará bien



Macarena se dirigió a la cocina, y en una bandeja trajo una jarra con zumo y otra con agua para ella.  Poco a poco, lentamente comenzó el relato desde el momento en que conoció a Aaron. Era escuchado por Judith con la máxima atención. Macarena la dio todo tipo de explicaciones sin omitir ningún detalle, sin violencia ni rubor al llegar a la parte de su intimidad, al motivo de que ahora estuviera esperando el fruto de aquella noche. 

-" Posiblemente ponga en duda la paternidad de su hijo, ya cuento con ello.  Siento que tenga la impresión de que soy una de esas chicas que se acuestan con el primero que se presenta. Nada más lejos; ocurrió porque me enamoré de él nada más verle, porque era Nochebuena, echaba de menos a mis padres, estaba sola y él llegó cariñoso y atento. Todo ello,  y que quizá nos excedimos con el vino... una cosa llevó a la otra, pero quiero que sepa que no estábamos borrachos. Eramos conscientes de lo que estaba ocurriendo.  En el momento más íntimo, él pronunció un nombre de mujer y unas palabras que no entendí, pero por la entonación que dio, supuse que eran de infinito amor y que me había confundido, en medio del frenesí de la situación, con la mujer que tenía ese nombre : Ruth.  Le aparté de mi y le reproché su comportamiento, le dije que me había tomado por una cualquiera.  Discutimos fuertemente y nombré a Ruth.  Con infinita rabia me prohibió que la volviera a nombrar. Salí de allí llena de tristeza y rabia, porque yo le quería, le quería muchísimo, y eso me hizo daño, mucho daño.  No nos hemos vuelto a ver, y jamás nos veremos.  En mi dejó el recuerdo y esta hija que me va a nacer

Mientras decía las últimas palabras, lloraba suavemente, sin estridencias, al tiempo que acariciaba su vientre.  Judith, guardó silencio, emocionada por el relato y la vehemencia de la muchacha.  Coincidía punto por punto con lo que sabía de labios de su hija.  Sentía una inmensa tristeza por ella que se enfrentaba sola a una situación difícil, sin pedir nada a cambio.  Abandonó sus pensamientos, cuando Macarena prosiguió su relato

- Sé que todos ustedes pensarán ¿ cómo sabemos que es de mi hijo  ?, porque eso es lo que siempre dicen los que no se fían de que sea verdad, y su conciencia  intranquila busque una excusa.  Este no es el caso, puesto que Aaron no sabe nada, ni nunca lo sabrá. No quiero nada, no pido nada, no necesito nada. Tengo un trabajo y un infinito amor por mi hija, y no la faltará de nada. Pero créame, cuando salga por la puerta tenga la absoluta certeza de que lo contado es la pura verdad y que la criatura que llevo en mi vientre es su nieta.   Pero también la pido, es decir, la exijo,  que no diga nada a su hijo.  No podría soportar que hiciera algo por obligación o por el absurdo prejuicio del deber.
 El no me vio en Jerusalm, pero yo sí. Estaba con mi grupo en un bar, unos chicos celebraban un cumpleaños y al bullicio giré la cabeza y, casualidades de la vida, él estaba allí con una chica. La besaba y acariciaba , y por la mirada que la dirigía, pude comprobar de que estaba loco por ella.  Así que la ruego, por él, que deje las cosas como están, que siga con su vida adelante.

- Pero eso no puede ser. Tiene que saberlo. El querrá saberlo. El te buscó incesantemente por todo Jerusalem  cuando Sarah le dijo que estabas allí. El te ama, y no sabes de qué modo.

- Si le hubiera visto como yo,  aquella noche, no pensaría eso. El a quién ama es a la mujer que estaba allí aquella noche.  Tiene que prometerme no decirle nada, de lo contrario me marcharé de Madrid y no sabrán nunca más de mi

- Pero permiteme que al menos propicie  una ocasión en que podáis veros y aclarar cosas.  Tiene que saber que va a tener un hijo, tiene que saberlo ¿ no lo comprendes?

- Espere al menos a que sea yo quién se lo diga, por favor, por favor.  Deme tiempo, hasta que nazca al menos. Ahora no me siento con fuerzas.  Lo estoy pasando mal, por favor, por favor.

Judith estaba impresionada por lo relatado por Macarena y por la entereza con que quería afrontar su casi inminente alumbramiento. No pudo evitar el abrazarla como si abrazara a Sarah.  La veía sola y tan vulnerable que ambas mujeres  fundieron su abrazo y sus lágrimas.  Al separarse Judith la prometió estar en contacto con ella.

 En un principio hablaban por teléfono semanalmente, por las noches , cuando Macarena llegaba de trabajar, pero poco a poco las llamadas pasaron a ser diarias.  Cuando había salido de cuentas. Judith comentó con su marido

-Abraham, me voy a Madrid

- ¿ Otra vez ? ¿ Qué pasa ahora ?

- Te conté que hablé con ella y me confesó lo que había ocurrido, lo que no te dije es que está embarazada de Aaron

-¿ Cómo dices ?

-Lo que has oído. No te lo conté antes porque me hizo prometer que no se lo diría a nadie, ni siquiera a Aron. Pero está muy sola y debo estar a su lado cuando llegue el momento. No me gustaría ver a mi hija en esa situación

- ¿ Cuando llegue el momento? ¿ Quieres decir que ya ... ?

-Si, ha salido de cuentas, así que me voy mañana mismo

- Me voy contigo

- No ni hablar. Ya te contaré lo que sea en cuanto llegue. No quiere que Aaron se entere. Si, sé que es un error, que tiene que saberlo.  Pero no hubo forma de convencerla. Así que por favor, no digas nada. Cuando llegue ya veré cómo puedo plantear de nuevo la situación.




Judith llegó a Madrid, y se hospedó en su casa, es decir la que compró su hijo en Lavapiés.  Se levantaba temprano y enseguida acudía a casa de Macarena.  Fue de gran ayuda para la muchacha, que dócilmente agradecía sus atenciones.  No se encontraba bien. Sabía que en cualquier momento ocurriría el nacimiento de Luz, pero sentía miedo, ese miedo a lo desconocido, a que todo saliera bien y su hija naciera sana.

El Almax no la calmaban los ardores de reflujo que sentía cada vez que comía, por poco que fuera.  Dormía casi sentada, sufrió lumbalgia, y el calor la sofocaba aún más.  Septiembre estaba siendo tan caluroso como lo había sido Julio.   Judith hacía todo lo posible porque estuviese cómoda y la besaba y abrazaba compadecida por lo que estaba pasando. 

Comían juntas y charlaban como dos buenas amigas. El relato de su relación con Aaron, la había liberado y al no tener secretos para ella, la complicidad era  más de madre e hija que de amigas.

Una tarde, mientras merendaban juntas, Macarena sintió los primeros síntomas de que Luz, llamaba a la puerta

- ¡ Oh Dios mio ! - dijo llevándose las manos al vientre

- Hija ¿ qué te pasa?

- Judith, creo que ya llega

- Tranquila, cielo. Llamaré al ginecólogo ¿ Dónde tienes el número?

- Es el papel que he pegado en el teléfono. Ay, ay madre mía

El médico preguntó cada cuanto tiempo tenía el dolor y las ordenó se pusieran en camino a la clínica, cosa que hicieron.  Desde allí llamaría a Abraham y Sarah para comunicarles que nacería en ese día.




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