lunes, 27 de julio de 2015

Mi vida con un actor - Capítulo 3 - Rodajes



Olivia se despidió y contrajo matrimonio. Yo ocupé su puesto y durante unos días gozamos de absoluta tranquilidad: Ed estaba de viaje, Maxim estaba estudiando guiones, en fin todo normal. Pero... la tranquilidad solamente duró unos días. Al regreso de Ed, de nuevo vino la tensión.
Una mañana me llamó a su despacho y tras un discurso en el que dejó sentado que era "mi jefe", solícitamente me cedió la palabra:

--Sr. Grant, me ha dejado muy claro que el que manda aquí es usted, pero yo tengo un trabajo de responsabilidad, un trabajo en el que todo debe estar controlado al milímetro y tal y como lo plantea, mucho me temo que no será así.

--Bien, pues hable, demonios. ¿Qué es lo que pretende?

--En primer lugar nuestra relación con la prensa. Sólo nos acordamos de ella,   cuando hay que promocionar alguna película y claro nos fallan. Mi idea es tener una reunión con todos , los más representativos, y llegar a un acuerdo: una entrevista de vez en cuando, cuando se tenga algo interesante que decir, por ejemplo un nuevo proyecto.  Y en las ruedas de prensa, dejar que ellos sean los que pregunten,  sin censuras y si alguien hace alguna pregunta indiscreta, reaccionar amablemente sin contestar a ella. Y de eso me encargaría yo.

En segundo lugar tener más tiempo para proyectar los viajes: no se puede estar una mañana en Londres y al día siguiente en Nueva York, por ejemplo.  Esto nos hace llegar cansados, malhumorados y surgen los encontronazos. Y si en el aeropuerto hay algún reportero de calle, dejar que saquen una foto y contestar amablemente.

Las entrevistas en radio o televisión, deberán pactarse desde antes de llegar al pais en donde se vayan a realizar, con tiempo suficiente y saber de qué vamos a hablar.
En tercer lugar al ser asesora de imagen , tener carta blanca para dirigirle en la forma de vestir. Tenemos que tener en cuenta el respeto hacia el público que nos sigue, y no podemos presentarnos de cualquier manera. La imagen la asocian a la que damos en el cine y muchos de ellos quedan defraudados si le ven con vaqueros, cuando han estado viendo en el cine a un impecable gentleman inglés. Los vaqueros están muy bien, pero para determinadas ocasiones.
Luego están, y se que eso pertenece a su vida privada, las salidas nocturnas. No esconderse de la prensa. Por amor de Dios, son seres humanos y tienen derecho  a tener sus conquistas o simplemente salir a cenar con una amiga; no siempre son flirts. De momento esto es lo que yo veo más interesante a desarrollar.

--¿Nada más?

--Pues de momento creo que no, pero quizá sobre la marcha surja algo.

--Bien, lo estudiaré y cuando Maxim esté libre, hablaremos del tema, pero desde ahora le digo que no le va a gustar.

--No se trata de que guste más o menos, sino de lo que es necesario para ganarnos a la prensa y de que el público nos siga. Así es como yo lo veo. Hablo con la gente, en la cafetería, ignoran quién soy, y hablan. Hay muchas cosas que no les gustan en absoluto.

-Está bien, ahora no puedo entretenerme más. Tengo cita con un productor para un nuevo proyecto. Ya le diré algo cuando hable con él.

Y habló,¡ ya lo creo que habló !, pero tergiversando todas las exposiciones que yo había planteado. Lo hizo como si fuera iniciativa suya. Me quedé helada cuando al cabo de un tiempo nos reunimos los tres para estudiar nuevos desplazamientos. No pude ni abrir los labios; tal y como yo le había expuesto a Ed las cuestiones, Maxim dió su aprobación totalmente.

Una sonrisa irónica asomó a los labios de Ed cuando Maxim tras aprobarlo se dirigió a mi riñéndome un poco porque no se me hubieran ocurrido esas ideas, pues yo era la encargada de estar pendiente de ello.

Se había producido una guerra sorda entre el representante y la asistente personal.






Estaba claro que Ed estaba disfrutando al verme derrotada. Al salir le dirigí una fulminante mirada de la que él se percató, pero no dije nada. Mi malhumor era evidente y al preguntarme la compañera que ahora ocupaba el puesto que yo tuve al principio, no pude contenerme y estallé sin poderme reprimir. Le pedí que me acompañara al cuarto del café. Tenía que tomarme una tila o de lo contrario mi furia iría en aumento.

Cuando estaba relatando lo ocurrido, y mientras ella me miraba atónita, no me dí cuenta de que la puerta se había abierto y las señas que me hacía mi compañera las interpretaba cómo que no entendía la actitud de Ed.

Maxim estaba escuchando silencioso el relato y serio me pidió que acudiera a su despacho inmediatamente.

Me preguntó primero el motivo de tal enfado y al relatarle la" traición " de Ed, me dijo que lo aclararía, y ¡ vaya si lo hizo!.
La bronca entre los dos fué de las que hacen época, sorprendiendo a todos pues Maxim era difícil que diera voces, pero en aquella ocasión si lo hizo.

--¿Vas hacer caso a una recién llegada, antes que a mi? Nuestra amistad data de hace muchos años y nos ha ido muy bien hasta que esa chica ha entrado en nuestras vidas.

--¿En nuestras vidas? Ella no ha hecho nada más que hacer el trabajo para el que fué contratada.¿Pero qué es lo que te pasa? Tu trabajo y el de ella se tienen que complementar. Tu desarrollas uno importantísimo, pero el de ella es cara a la gente, y yo necesito a la gente para que sigan viendo mis películas. Lo que ha expuesto es muy razonable y de ahora en adelante será ella la que lleve el tema, y te ruego que no intervengas. Lo hablaremos ella y yo, es nuestro trabajo. Tu ocúpate de los contratos y de los productores y déjanos a nosotros las relacioes públicas. Y ahora, dejémoslo, ya ha sido bastante desagradable.

Ed, solamente replicó: "Está bien "

Al pasar por mi lado me dirigió una furibunda mirada y por lo bajo susurró: "Ya hablaremos tú y yo "

--Cuando quieras, es todo lo que respondí.

Pasó cerca de una hora, tiempo que necesitamos para que los nervios de todos nosotros pudieran ser controlados de nuevo. Maxim me llamó por el interfono para que acudiera a su despacho. Me comunicó que dejaba en mis manos las relaciones públicas y la asesoría de imagen.

--Para ello deberá acompañarme a los rodajes, por pesados que le resulten, pero deberá ser mi sombra. La necesito en todo momento. A los rodajes acuden muchos periodistas y no siempre es conveniente que anden husmeando por el plató, por tanto deberá ser usted quién les aleje o concierte una entrevista cuando convenga ¿de acuerdo? Le anticipo que es muy pesado estar en un rodaje. Igual estás horas y horas para una secuencia de cinco minutos, pero no puedes moverte del plató, porque constantemente tienes que hacer pruebas de luces, de sonido, etc. Como novedad, si no ha visto ninguno, le gustará, pero créame que el segundo le resultará muy pesado.  Dentro de unos días empezaremos a rodar. Ya se lo avisaré con tiempo, y ahora vamos a relajarnos. Ha sido todo muy desagradable, no me gusta tener problemas con la gente con quién trabajo, pero a veces es indispensable. Ed es buena persona, pero hay ocasiones en que se extralimita. Bueno...,  ya terminemos con este tema

Pasó el tiempo sin que volviéramos a tener otro encontronazo, pero entre nosotros no había armonía. Hablábamos lo imprescindible, sólo lo  concerniente al trabajo, pero nos evitábamos constantemente.

Maxim comenzó a rodar en los estudios, pero me anunció que había exteriores y también a ellos habría de acompañarle.

--Mañana esté lista a las ocho. A esa hora pasara el vehículo de los Estudios a por nosotros para ir a maquillaje y después a rodar.-  me dijo escuetamente

--A las ocho estaré lista.¿Vengo aquí, o  dónde espero?

--No, no. Pasaremos a su domicilio a recogerla. Recuerde a las ocho en punto.

Salí del despacho observando que Maxim estaba de mal humor. Algo en el rodaje no terminaba de gustarle y le mantenía nervioso.

A la hora acordada pasaron a por mí. Yo estaba nerviosa; iba a asistir a mi primer rodaje y eso me tenía intrigada.  Sentía curiosidad por conocer los interiores de una película y ni siquiera me imaginaba cómo podía ser.





Entramos en el plató juntos. ël se dirigió a saludar al director y después de hablar unos instantes con él, me hizo una indicación con la mano para que me acercara. Fui presentada y fue el director mismo quién me condujo hasta una silla detrás del director de fotografía " para que pueda ver todo mejor", me dijo. Sin duda Maxim le había advertido que era "mi primer rodaje"

Tal como me había anunciado el actor, las escenas se sucedían lentamente. Llegó una en especial que me hizo sentirme muy incómoda. No comprendía el porqué de aquella sensación, y fue el presenciar cómo Maxim y su partainer se besaban apasionadamente. Creo debí sonrojarme y en el primer corte traté de salir de allí., pero la puerta estaba cerrada a cal y canto y no se podía mover nadie para no interrumpir el rodaje.  No me sentía con ganas de volver a presenciar de nuevo la escena y entonces opté por distraerme con el ordenador y con alguna tarea sin importancia pero que justificara mi desatención.

Ni yo misma comprendía aquello; no era nada más que un beso, algo apasionado, es verdad, pero ¿ qué me importaba? era su trabajo.

Estaba tan absorta que no me di cuenta cuando Maxim se acercó a mi en un paréntesis que hacían para cambiar de plano

--¡ Tanto interés ! y ni siquiera ha visto la escena -  me dijo contrariado el actor.

--Lo lamento, tenía algo urgente que anotar en el ordenador..lo siento...

Cruzamos ambos una intensa mirada: la de él,  malhumorada, y la mía azorada. Pararon para ir a almorzar y de nuevo vino hacia mí para dirigirnos a la cafetería en dónde comeríamos con los demás componentes del equipo. Yo estaba violenta. Pensaba que cuando volviéramos hacia la ciudad me iba a ganar una regañina por no haber prestado atención al rodaje, pero ¿ por qué?. Yo no pertenecía a ese mundo; lo mio eran las relaciones públicas de Maxim y no el rodaje de las películas

--¡ Esta gente es bien rara !- es lo que pensé para mis adentros.

El regreso lo hicimos en silencio. El hojeaba las páginas del guión del día siguiente y yo miraba a través de la ventanilla sin atreverme a interrumpirle. De soslayo le miraba y veía en su frente la característica arruga de cuando estaba molesto por algo. Llevábamos trabajando juntos el tiempo suficiente como para conocer cuando debíamos hablar y guardar silencio.

Por fin llegamos hasta mi casa

--¿Mañana a la misma hora?

--No, no es necesario que vengas. Se ha visto de sobra que ésto no es de tu interés

--No, me gusta, en serio.

--No, mañana no te necesitaré. Si acaso ya te llamaría. Hasta luego.




Cerró la puerta dejándome en la acera bastante sorprendida: me había tuteado por primera vez desde que trabajamos juntos, pero tampoco le dí demasiada importancia. Lo que me extrañó es que no quisiera que le acompañara. Lo que estaba claro es que su ego no soportaba que no le dijera lo maravillosa que había sido la escena, que él interpretó como desinterés y estaba muy lejos de serlo.



Y permanecí en la oficina desempeñando el trabajo que en un futuro habríamos de realizar. Durante varios días no le vimos pero sin embargo si estuvo Ed a su regreso después de las entrevistas que había realizado con algunos de los más importantes productores de la industria. En su cartera traía varios proyectos a estudiar por Maxim, porque lo que no se le podía negar es que fuera un muy buen profesional.




Me sorprendió que fuera en persona el que me solicitara que acudiera a su despacho, en lugar de utilizar el interfono como solía hacer:

--Eva, necesito que estudiemos todo el papeleo que tengo en mi cartera. ¿Podemos ahora?

--Si, claro. En lo que estoy trabajando no es urgente. Termino de pasar estos datos al ordenador y voy para allá.

Sobre su escritorio había extendido los guiones y los contratos que había conseguido. De una ojeada vi la cantidad de documentación a estudiar. Ed parecía no tener prisa, pero me indicó que me sentara y si deseaba beber algo

Al cabo de un rato me dijo con ironía:

--Creí que estarías con él en el rodaje...¿ Por qué no has ido ?

--Creyó que no  era necesario...

Sonrió levemente, sabedor de que no había sido esa la razón, sino el disgusto ocurrido entre nosotros.

Yo no comenté nada, me contrarió la ironía, pero no le iba a dar ocasión de una disputa. Arrimando mi silla hasta el escritorio de Ed, me dispuse a prestar atención a lo que tenía que decirme.

Los contratos eran muy buenos en su conjunto y muy bien remunerados. Algo en algunos guiones llamó mi atención, pero no dije nada : figuraban escenas subidas de tono.

" Otra vez ", pensé pero no comenté nada en absoluto. Eso correspondía a Maxim y a Ed, por mucho que a mi no me gustara. Pero ¿ por qué no me gustaba? era absurdo no me competía y.  a Maxim parecía no importarle.

--En fin ellos lo discutirán. A mi no me corresponde - pensé

Durante todo el día estuvimos estudiando el planing y en lo concerniente a mi trabajo, me los llevé hasta mi escritorio para planificar los viajes, estancias, entrevistas, hoteles, etc. Sería una planificación para dentro de un mes, así que tenía tiempo suficiente para hacerlo concienzudamente.

--Te ha llamado por teléfono- me advirtió mi compañera una vez regresé a mi escritorio

--¿Quién, Maxim?

--El mismo- respondió ella




-- ¿ A qué hora ha llamado, por que no me has avisado?

--Porque al saber que estabas con Ed, me dijo que no interrumpiera

--Pues es que no sé qué hacer... Si le llamo y está ocupado, igual me riñe. ¿ Sabes qué? Que vuelva a llamar si quiere.

--No te cae muy bien ¿ verdad?

--No, no es eso. Es que últimamente me riñe por cualquier cosa...

Y nuestra conversación se cortó en ese momento. Como si me hubiera leído el pensamiento , el teléfono ,volvió a sonar al cabo de un rato:

--Eva, es él. Ponte

--¿Si?

--Mañana pasaremos a por ti a las ocho, como siempre. Vendrás al rodaje. Se puntual.

--De acuerdo. Y colgó

--¿Por qué extraña razón unas veces me tutea y otras no? Es un hombre muy raro, pero que muy raro.

--Eva, mañana en cuanto entremos estudiaremos juntos el planing. Dijo Ed haciendo acto de presencia en nuestro despacho

--Lo siento, Maxim me acaba de llamar para que acuda mañana al rodaje

--¡Pero si no quería que fueras...!

Yo me encogí de hombros , dándole a entender que no sabía su cambio de opinión.

A las ocho en punto estaba esperando a la furgoneta de los estudios. Cuando llegó el chófer se apeó y me abrió la puerta con un saludo. Entré en el vehículo y me senté enfrente de Maxim dándole los buenos días. No hice ningún comentario; él estaba de mal humor se le notaba en el gesto de su rostro. Maxim contestó a mi saludo e inmediatamente después se puso a mirar por la ventanilla.

Así transcurrió el tiempo hasta llegar a los estudios. A la entrada.  él se bajó raudo y se dirigió hasta la puerta en donde estaba sentada para ayudarme a salir. Yo ya me disponía a hacerlo cuando alargó su mano, que yo cedí para mi salida. Entonces me dirigió una mirada larga que no supe entender. Era un hombre hermético que no dejaba entrever sus sentimientos ni siquiera lo que pensaba.



Juntos nos dirigimos hacia la entrada a los platós, pero antes de llegar me dijo:

--No, hoy no se puede entrar en el set. Permanece en la caravana. Toma, aquí tienes la llave y no te alejes de ella. No te vayas a hacer turismo por los estudios, porque quizá te necesite.

--Igual hubiera sido mejor quedarme en la oficina trabajando con Ed

--He dicho que quizá te necesite, aquí, ¿comprendes?. Si digo aquí es aquí y no en la oficina

--Hum -  Pensé "no hables, no discutas, el panorama está muy cargado".

--Está bien, aquí estaré.

Entró cogió algo y salió dirigiéndose a la sección de maquillaje. No le ví en todo el día, ni siquiera a la hora de la comida. Cuando todos los ayudantes se dirigían al comedor, vi a un electricista que conocí la única vez que presencié el rodaje. Era un joven extrovertido, simpático y sonriente, cosa que me alivió algo la tensión que poco a poco se iba apoderando de mi

--¿Qué haces aquí sola?. Vamos a comer ¿vienes?

--Por supuesto.

Fuimos a la cafetería y comimos un grupo de chicos y chicas de distintos rodajes, pero que ya eran veteranos y todos se conocían. La única nueva era yo. La sobremesa se demoró bastante y al ir hacia la caravana, distinguí la silueta de Maxim, que apoyaba un pie en la misma. Sin duda esperaba que yo llegara puesto que él no tenía llave

--Ya era hora. Llevo ni se sabe el tiempo esperando. La próxima vez avísame de que vas a salir.

--He ido a almorzar

--¿ A qué hora ? porque ya han debido cerrar la cafetería. Una hora llevo aquí

--Perdón, lo siento. Me encontré con un conocido y me invitó a comer

No dijo nada, le dí la llave y entró en la caravana. Al cabo de un rato, salia duchado, desmaquillado y con el mismo traje con el que habíamos llegado por la mañana

--¿Por qué no has entrado?

--Oh, pensé que le gustaría estar solo

En ese momento llegó el chófer que nos llevaría de regreso a casa. Ya eran las siete de la tarde, la oficina estaría cerrada por lo que le pedí me dejara en mi domicilio.

Al llegar y al despedirme le pregunté si me necesitaba en los estudios:

--Te he dicho que si, y hasta que no te diga lo contrario vendrás. Mañana a la misma hora, se que no te retrasas, pero yo lo digo igual: sé puntual.

--Desde luego, hasta mañana

Cerré la puerta y di las buenas noches al conductor

Iba disgustada, no me gustaba en absoluto la forma que tenía Maxim de tratarme, tan distinta de los primeros meses. Estaba un poco harta de su soberbia y por mi cabeza empezó a rondar la idea de cambiar de trabajo.Este era muy estresante y además me sentía incómoda. Entre Ed y Maxim me estaban haciendo la vida imposible.

--Nunca imaginé que tuviera un carácter tan insufrible. Da otra impresión en las entrevistas y en el cine, pero personalmente está empezando a hartarme.Tiene un ego impresionante, se creerá el ombligo del mundo.

Aguardé a que llegara el ascensor que me llevaría a mi reducto de paz, a mi casa.







¡¡¡ Por fin, acabó el rodaje !!!. Se fué de vacaciones como cada vez que terminaba una película. "Para desconectarme", comentaba. Y en cierto modo tenía razón; debía descansar su mente para involucrarse de pleno en el siguiente personaje.

Ed pasó unos días fuera de Los Angeles ultimando el próximo rodaje que sería en el extranjero. Por tanto, estábamos solos, sin presiones, sin malas caras...

Afortunadamente los días en que ambos jefes estuvieron fuera de la oficina, mis nervios se sosegaron y hasta echaba de menos la cara refunfuñona de Maxim, pero todo tiene un fin y una tarde regresó. Estaba más moreno, señal sin duda de que había estado cerca del mar. Su cara estaba un poco más relajada, pero seguía muy huraño.

Saludó como si hiciera cinco minutos que faltara de la oficina y sin mirar a nadie, se dirigió a su despacho. Llevaba unos papeles en la mano. Al cabo de cinco minutos, se abrió la puerta de nuevo y haciéndome un gesto con la mano, me indicó que entrara.

Estaba en mangas de camisa, sin corbata, señal de que había que trabajar duro. Y así fue.

--Me tienes que pasar el papel ¿sabes?

--Pues no se..., no lo he hecho nunca. Si me indica cómo hacerlo seguro que podré

Me explicó cómo hacerlo y no me resultó dificultoso, a pesar de que al principio me ponía un poco nerviosa. Me alteraba porque él no dejaba de mirarme, siempre me miraba, serio, pero muy fijamente y a mi me ponía nerviosa aquella situación. Procuré concentrarme para no fallar, por temor a una regañina. Al mismo tiempo pensaba en la cantidad de trabajo que había dejado sobre la mesa y que tenía que terminar sin falta ese mismo día, pues se trataba de reservas de hoteles, entrevistas y otras tareas que debía hacer en su próximo viaje en días cercanos. Iba a presentar su próxima película que se rodaría en ese país. El marketing empezaba a funcionar...



Dejé mis pensamientos a un lado . Al fin cuando ya estaba oscureciendo dio por terminado el paso de papeles. Me dio las gracias y salí del despacho.

Enfrascada en el trabajo no me di cuenta de que era tarde y casi todo el personal se había marchado a su casa, pero yo tenía que terminar aquella noche para pasarlo por fax al día siguiente a Ed, que estaba ultimando todo.

No me dí cuenta de que el despacho se abria y Maxim se acercó a mi mesa, preguntándome:

--¿Pero todavía estás aquí?

--Ya me queda poco. Sólo pasar unos datos para que mañana Ed lo reciba a primera hora

--De ninguna manera, es tarde. Vete a casa y mañana lo terminarás

--No imposible, he de terminarlo hoy

--¿Por qué no me lo has dicho cuando te llamé para que me pasases el papel?

--Pues pensé que era más urgente que lo mio..

--Termina pronto y después te invito a cenar

--No, no es necesario. Sólo son unas direcciones, apretar un botón y listo. Ya termino.

--Insisto es lo menos que puedo hacer después de tu ayuda.

Terminé y amablemente y con una sonrisa me llevó a cenar a un magnífico restaurante. ¿Por qué su carácter era tan cambiante, qué es lo que le hacía ser unas veces un encanto y en otras le odiarías?

La cena fue amable, pero un poco tensa. Yo no olvidaba en ningún momento que estaba cenando con mi jefe, con un jefe algo difícil de llevar. El caso es que sólo se comportaba así conmigo; con el resto de los empleados era amable y educado.

--No debo caerle bien, pues de lo contrario no lo entiendo. Yo le trato con respeto y referente a mi trabajo nunca me rectifica, entonces ¿ qué le ocurre?

La sobremesa y ante un café la conversación derivó en el último rodaje, en las anécdotas que habían sucedido, algunas graciosas, otras no tanto. Soslayó la que produjo nuestro primer encontronazo. Noté que no le agradaba comentarla.




Reimos juntos los incidentes graciosos. Estaba simpático y alegre, muy distinto su comportamiento que había tenido por la tarde.

Al dar por terminada la velada y ya en la calle llamó mi atención que la luna en el cielo brillaba con una luz clara y fuerte. Era luna llena y su luz se irradiaba por todo el espacio. Miré hacia el cielo comentando la belleza de la noche, y de pasada expresé mi pensamiento en voz alta




--¿Quieres pasear?

--No, es tarde, mañana hay que madrugar y estoy cansada. Normalmente a estas horas ya estoy durmiendo

--Pero no es tan tarde

--Para mi si. No suelo acostarme tan tarde, pero gracias. Quizás otro día.

--Bien, como desees. Vamos al coche . Te llevaré a casa

Cuando llegamos a mi domicilio, se bajó cortesmente y me ayudó a salir dirigiéndose junto conmigo hacia el portal. Me pidió la llave para abrir,  muy educadamente. Yo no salía de mi asombro. ¡ Qué cambio ! así es soportable -  pensé

Cuando abrió el portal se volvió hacia mi y yo tendiéndole la mano con una sonrisa de cortesía le daba las gracias por la agradable velada. Se aproximó a mi y antes de que me diera cuenta, me besó ligeramente, muy ligeramente en los labios.

Yo retrocedí asustada

--¿Pero qué hace?

--Darte un beso de despedida, lo normal. Lo que hace todo el mundo después de salir

--Pero es que usted no es todo el mundo. Es mi jefe y no ha debido hacerlo. Esto no ha debido ocurrir

--Cuando salgo de los estudios o de la oficina, no soy el actor soy una persona normal, como cualquier otra. Esta noche hemos cenado como compañeros de trabajo; ni tu eras mi asistente ni yo  el actor. Somos un hombre y una mujer que han pasado un buen rato, pero si te he molestado te ruego me perdones. Te aseguro que aunque volvamos a salir otro día, no volverá a ocurrir.

No pude decir  más que "Buenas noches, hasta mañana"

--Hasta mañana, mujer. Te aseguro que no lo he hecho con mala intención, ni quería seducirte

Después que comprobó que la luz de mi vivienda se había encendido, dio media vuelta y metiéndose en el coche se perdió en la calle.

No pensé en ningún momento que iría con él en su viaje al extranjero, pero solicitó que me uniera al pequeño grupo de él, Ed y yo.


sábado, 25 de julio de 2015

Mi vida con un actor - Capítulo 2 - Cómo le conocí

Llevaba trabajando en la Agencia más de una semana, y mi relación con Olivia, la secretaria del actor, era excelente. Era una muchacha extrovertida y simpática que dominaba plenamente su tarea. La seguridad que tenía en desarrollarla era aplastante, me intimidaba. En mi presente trabajo, todo era distinto al que había desempeñado en Dinamarca, tan dispar, que me dio un poco de miedo haber aceptado aquel empleo tan comprometido. En mi rostro se debía reflejar algo, porque Olivia una de las veces me miró y se echó a reír

--¡ Qué te pasa !, estás muy seria y asustada

--Es que yo no estoy acostumbrada a trabajar a este ritmo. Tienes una seguridad que yo jamás tendré

--¡Noo !, es cuestión de costumbre. él te hace "moverte" va permanentemente disparado, con prisas. Siempre te faltan horas para algo, al menos eso es lo que cree, porque en la realidad siempre llegas a tiempo. Yo si que estoy nerviosa con mi boda y el poco tiempo del que dispongo.

--Y ¿dónde está?- le pregunté yo-. Tengo ganas de conocerle ¿Es tan atractivo en persona como en el cine?

--Hum, mucho más. Es muy simpático cuando no está de mal humor. Tiene un genio terrible, pero se le pasa enseguida.

--Me estás asustando...



Olivia siguió riendo mientas ponía en el ordenador los últimos datos. Maxim tardaría aún unos días en volver; se había tomado unas vacaciones después del rodaje. De momento no tenía nada pendiente y aprovechó para descansar.

A Olivia le quedaban pocos días de estar en el trabajo. La fecha de su boda se acercaba antes de lo que yo quisiera. Estaba muy asustada y segura de que sería imposible que desarrollara tamaña actividad. Una mañana cuando quedaban un par de días para terminar como secretaria, Maxim se presentó en la oficina, arrollando todo cuanto estaba a su paso.  Sin pararse nada más que para dar los buenos días, empezó a dar órdenes a todo ser viviente. No importaba que esa persona no fuera de ese departamento, era lo mismo, transmitiría las órdenes al que estuviera presente en ese momento.

--¡ Ha cumplido su palabra! Me prometió que estaría aquí para mi despedida, y voilá. ¡ Ay ! le voy a echar de menos. Hemos trabajado juntos durante cinco años y a pesar de todo es un jefe estupendo.  Yo permanecía al lado de Olivia incapaz de articular palabra ante aquel torbellino que había movilizado a toda la oficina

--Yo no voy a poder con ésto-, murmuré

Maxim se acercó a Olivia y le estampó dos besos en sus mejillas sonriendola. Entonces reparó que había alguien a su lado, totalmente desconocida para él.



--¿Y usted? - Me preguntó. Iba a presentarme cuando Olivia se me adelantó

--Es tu nueva asistente personal y se llama Eva. Lleva ya trabajando con nosotros más de quince días y te vas a sorprender la eficiencia que tiene y las ideas tan renovadoras...

--Pues que bien-. Es todo lo que respondió.

--Bueno, pues empecemos ahora mismo. Venga a mi despacho- ordenó, sin más

Las piernas me temblaban y creía no poder dar ni un sólo paso. La puerta del despacho me parecía que estaba a mil kilómetros de distancia, que nunca llegaría a entrar en esa habitación. Respiré profundo y como pude me sequé las palmas de la mano en la falda

--¡Me están sudando las manos! Vaya un impresión le voy a dar como se le ocurra saludarme

Pero no lo hizo. Simplemente la señaló un sillón frente al suyo indicándole que debía sentarse.

--Bien explíqueme ¿cuáles son esas ideas renovadoras que tiene?

--Oh, pues así muy por encima...creo que debe ser más extenso en las ruedas de prensa ..., más cercano...

--¿Más simpático?¿es lo que quiere decir?

--Pues si

--Pero nunca ha estado en mis ruedas de prensa...No tiene ni idea de cómo son

--Pero leo revistas, oigo la radio y la televisión, y la brevedad de tres minutos para cada reportero, créame, no les gusta nada. Quizás en lugar de ir uno por uno, sería mejor una rueda general con más espacio de tiempo. Sería el mismo que dedica a las comunicaciones, pero que ellos pudieran hacer sus preguntas, y de este modo parecería que están más tiempo con usted. Luego...

--Vale ,vale. Como presentación sirve. Tenemos que hablar de esto más despacio, y ahora perdóneme pero tengo que llamar por teléfono privadamente.

--¡ Oh ! si, desde luego.

Cuando salí del despacho estaba más tranquila, pero sentía que sus ojos los tenía clavados en cierta parte de mi anatomía y eso me molestaba profundamente.

--Todos los hombres son iguales. Tendríamos nosotras que hacer lo mismo, a ver qué tal les sentaba. Hombres... machistas...

Un mensajero trajo a Olivia un maravilloso ramo de rosas con una afectuosa tarjeta de Maxim. Le iba a dar una gran cena como despedida, lo que hacía que estuviera muy emocionada. Se despedía de su vida laboral, de una vida altamente intensa, al lado de un nervioso jefe que no la dejaba tranquila ni un sólo minuto.
Al homenaje se unió Ed, como siempre algo taciturno en su papel de jefazo. Era el que daba las órdenes de lo que había que hacer con vistas a la mejor imagen del actor. Pero yo también necesitaba mi espacio, si no ¿para qué me habían contratado? Pensé que estaban un poco engreídos y miraban con distancia a los demás seres humanos, sobretodo a los periodistas, un error, pues por ellos estaban tan alto.
Todos los planteamientos que me había hecho tenía la seguridad que iban a chocar con los de Ed: teníamos puntos de vista diferentes, muy distintos , en tratar a la prensa y, sin embargo, era un arma que teníamos que manejar muy bien, pues la popularidad o el olvido dependería de ellos.

--Bueno, ya veremos. Pienso que tendremos que tener una reunión los tres para conectar todo, y no es tarea sencilla con estos dos hombres-. Pensé

Todos se acercaron a Olivia al terminar el trabajo. La felicitaban y se citaban para un hora más tarde en el restaurante en donde ella y su futuro marido iban a recibir el cariñoso homenaje de sus compañeros. Decidí intervenir por primera vez en algo que creia firmemente competía a mis funciones

--Maxim, tu entrarás por la cocina. De esta manera ningún periodista te molestará- dijo Ed



--¿Molestar?,- pregunté yo-, al contrario debe entrar con todos, con alegría y buen humor. Se trata de una cena en homenaje a una empleada muy cercana a él. El público agradecerá ver que el gran actor se junta con la gente normal, que es cercano y asequible. Y si le sacan fotografías y le piden autógrafos, debe acceder a ello. De esta manera mañana saldrá en primera plana de todas las revistas y en los periódicos de sociedad.

--Por Dios ¡ qué disparate ! no le dejarán cenar en paz- gruñó el representante

--Al contrario, déjeme actuar a mi. Haré un trato con ellos : unas fotos y después se marcharán tan tranquilos con su exclusiva en el bolsillo y todos tan contentos

--Me parece buena idea,- expresó Maxim-. Tiene razón, Ed. Llevamos demasiado tiempo alejados un poco de la calle.

--Menudo disparate, ya me diréis, ya- le replicó el tal Ed

Ese fue nuestro primer "encuentro",  mi debut. Dejé sentado, que en mi trabajo mandaba yo, aunque, inocente de mi, no tenía ni idea de la antipatía que me acababa de crear. Este sería el primero de infinidad de desencuentros entre Ed y yo, pero tiempo al tiempo, ya se verá más adelante.


Mi vida con un actor - Capítulo 1 - La entrevista

Al terminar mi carrera me planteé en qué quería trabajar. Pensé en alguna embajada, en alguna fuerte empresa...Estaba muy desorientada y a pesar de que pedía opiniones a mis amigos ninguno de ellos terminaba de darme opciones.  Había dejado mi trabajo en la embajada de Dinamarca. El clima danés estaba reñido conmigo, y decidí dar un nuevo rumbo a mi vida.

Fue por casualidad que una mañana,  mientras hojeaba el periódico, ante mis ojos descubrí un anuncio que llamó mi atención:

"Se precisa asistente personal con dominio de idiomas, asesor de imagen, dotes de organización, buena presencia, bla, bla, bla"

--Y ¿ por qué no, yo? Tengo todos los requisitos que solicitan.

Tomé nota de la dirección y envié mi curriculum por si acaso. No tenía mucha confianza en que saliera; el sueldo era suculento, pero a cambio habría de tener un horario descabellado y con posibles salidas al extranjero en estancias cortas. Me daba igual, tenía un horario flexible puesto que no tenía a nadie a mi cargo y las salidas al extranjero me encantaban.  Me gustaba viajar,  aunque al decir "estancias cortas", se suponía que no tendría muchas oportunidades de hacer turismo.

--Bah, no me saldrá- . Es lo que pensé.


Eva, la asistente personal

Transcurrieron varios días, yo ya me había olvidado del tema, cuando una llamada de teléfono me sorprendió una mañana:

--¿ Es la señorita Eva Laurence?

--Si, soy yo ¿quién llama?

--Le llamo de la agencia Stars Films, referente a un curriculum que envió solicitando el empleo de asistente personal

--Ah! si. Se me había olvidado.

--¿Le sigue interesando el empleo?

--Si, desde luego

--Bien, pues preséntese en cuanto sea posible en nuestras oficinas. ¿Podría ser hoy mismo?

--Si, dígame hora y allí estaré

--Bien, pues esta tarde a las cuatro ¿puede?

--Perfecto, a las cuatro estaré.

Había hablado con una voz firme y muy segura. Se imaginaba a su interlocutor de una edad mediana, por el tono de voz, y muy mandón , por el tono de voz  con que le había citado.

A las cuatro en punto estaba sentada en un sillón del salón de entrada de las oficinas de la agencia.No tenia idea de con quién tenía que hablar.  Se le había olvidado preguntar por el interesado
.
Había notificado a la señorita de recepción su nombre y apellidos por lo que creía que no habría inconveniente, pero había sido un fallo garrafal por su parte no preguntar con quién debía entrevistarse.  Estaba sumida en sus reflexiones, cuando una puerta se abrió de golpe dando paso a un hombre de unos cincuenta años, de estatura más bien alto y con el pelo entre canoso y rubio. Era sin duda con la persona que había hablado por teléfono; le reconoció en cuanto pronunció su nombre:



Ed Grant, el representante

--¿Señorita Laurence?
--Si, soy yo
--Soy Ed Grant, y si llegamos a un acuerdo, seré su jefe más inmediato. Pase por favor

Me había extendido la mano, fuerte, segura, grande, y entre ella la mía se había perdido. Cediéndome el paso me indicó el despacho en donde tendríamos la primera entrevista.

--Supongo que no será una mujer despistada ¿no?

--¿Por qué lo dice, doy esa impresión?

--No, en absoluto. Su presencia física es inmejorable, pero el fallo de no preguntar con quién habría de hablar, es importante

--Tiene razón, me dí cuenta en cuanto colgué el teléfono, pero fue una llamada tan inesperada que me cogió por sorpresa. Le aseguro que soy muy responsable y no debe juzgarme por ese pequeño fallo.

--Tiene razón, pero si llega a trabajar con nosotros, deberá tener muy presente hasta los pequeños detalles, que son muy importantes, créame.

--De acuerdo, señor Grant. Le aseguro que si llegamos a buen fin, no volverá a ocurrir.

La entrevista se prolongó durante más de dos horas. Fui examinada extensamente. Todos mis conocimientos fueron puestos sobre la mesa, pero hubieron dos en los que hizo más hincapié: asesora de imagen y mis dotes para manejar a los medios de comunicación. En ambos estaba fuerte, aunque los medios de comunicación me ponían algo nerviosa.

--¿Para quién diablos voy a trabajar, será algún jerifalte de las altas finanzas, quién será? Mi paso por la embajada en Dinamarca fue totalmente satisfactorio, por lo que ¿sería alguien más relevante que un embajador?- pensé mientras esperaba otra pregunta.

--¿ Por qué dejó su empleo en la embajada en Diamarca?

--Por el clima sr. Grant. El embajador fue un excelente jefe, pero yo necesito sol y buena temperatura y Dinamarca carece de ambas cosas. Sentí tenerme que marchar pero estaba empezando a deprimirme y opté por buscar otra perspectiva.

--Veo que es usted americana

--En efecto, de California, y pasé cinco años de mi vida en España aprendiendo el castellano. De ahí mi nostalgia por el sol

--Comprendo...

--¿Puedo preguntar algo?- dije al sr. Grant

--Si, claro

--¿Para quién se supone que trabajaría? El examen ha sido exhaustivo, ha comprobado que mi curriculum corresponde exactamente a mis conocimientos

--Bien, ha salido airosa de su examen, sólo hay un pequeño inconveniente

--Y ¿cuál es?

--Pedíamos buena presencia, pero usted la sobrepasa y créame no es bueno

--No le entiendo, pero entonces, ¿debo entender que no he conseguido el trabajo?

--Yo no he dicho eso

--¿Entonces?

--Será la asistente personal de un actor, de un actor muy conocido . Se trata de Maxim Green

--¡ Dios mio, Maxim Green !, pero si le admiro desde hace tiempo. No es posible, ja,ja,ja

--¿Le satisface?

--¡Naturalmente! seré envidiada por todas las mujeres del mundo...

--Ahí está el problema..., para usted principalmente. Va a tener que aguantar muchas especulaciones¿tendrá paciencia para ello?

--¿Especulaciones, por qué?

--La prensa del corazón saca conclusiones enseguida y es usted muy bonita. Rápidamente le colgarán un noviazgo con Maxim, y debe estar preparada para todo lo que habrá de responder.

--Pero yo estaré en la sombra siempre ¿no?

--Si, pero algunas veces se le verá junto a él, y los papparazzi harán conjeturas aunque sean falsas.

--Bueno, en todo caso habré de ser yo quién salga al paso... Además el sr. Green no se distingue precisamente por ser un cartujo.

--Bien, pues por nuestra parte el trabajo es suyo. Si lo acepta deberá empezar pronto. Él está ahora rodando fuera. Deberá trabajar con la asistente actual, que se nos casa, para que vea el modo de hacer que tenemos. En todo lo demás ¿estamos de acuerdo? ¿puede viajar sin cargas familiares?

--Sr. Grant, estoy absolutamente libre, no tengo novio, ni compañero, ni marido, ni hijos, ni nadie a quién atarme: dispongo de mi propio tiempo.
--Pues bien. Creo que sería conveniente que se incorporase al trabajo mañana mismo, así iría conociendo a todos los compañeros de las distintas dependencias. ¿Le parece?

--Encantada,¿ a qué hora empiezan ustedes?

--A las ocho de la mañana

--A las ocho estaré ¿aquí mismo?

--Si,si. Yo mismo le presentaré a todos.

Y así fue como sin proponermelo me introduje en el mundo del espectáculo,  desconocido para mi, pero muy atractivo , y que tanta influencia tuvo en mi vida.

viernes, 24 de julio de 2015

Siete días - Relato corto - ´Unico capítulo

De nuevo lunes. La misma rutina de siempre, sin cambios.  Se asomó a la ventana de su habitación y miró al cielo. Nublado,  gris, a punto de llover. Se dirigió al cuarto de baño para asearse, mientras el café salía e inundaba con su aroma toda la casa.  Una vez vestida, se recogió el cabello en una cola de caballo. El desayuno. Echó un último vistazo y cogió su bolso y las llaves.  Bajó las escaleras y salió a la calle en dirección al Metro. 

Todo igual, todo lo mismo desde hacía años, sin cambios, sin nada que perturbase aquella monotonía.




Lidia trabaja en un centro de estética y belleza en un gran centro comercial.  Ella es la encargada de hacer las manos, en lo que se ha especializado y,   es requerida por las clientas que acuden al establecimiento, todas ellas de gran poder adquisitivo.

Vivía sola.  Su madre murió al darla a luz y su padre había fallecido hacía más de cuatro años.  Era de rostro de los denominados corrientes, es decir: poco agraciado.  Sus ojos eran inexpresivos.  De estatura media. De lo único que se sentía orgullosa era de su cabello castaño, liso y sedoso.  No se le conocía novio, ni tan siquiera salía con nadie.  Era extremadamente educada y voluntariosa, pero siempre estaba triste, con el ánimo muy decaído.

La jornada laboral había transcurrido con toda normalidad, y a las siete de la tarde cerraron sus puertas.  Decidió caminar un rato hasta la próxima parada de autobús.  No le apetecía meterse en el Metro; prefería ir viendo a la gente caminar por las calles desde la ventanilla del vehículo.

Apenas habían transcurrido diez minutos, cuando una lluvia fina, comenzó a caer y arreciar en un santiamén.  Tuvo que refugiarse en un portal si no quería empaparse.  Otro chico había tenido la misma idea que ella, pero él tenía paraguas e intentaba abrirlo sin mucha suerte

El muchacho rezongaba unas palabras ininteligibles que ella dedujo se estaba acordando de alguien, y no bien,  precisamente.  Desistió del empeño y aguardó como ella,  a que escampase

- Nada, que no hay forma.  Maldito paraguas...

- Suelen ser muy engorrosos, siempre estorban- fue lo que comentó al muchacho sin apenas mirarle- ¿ Quiere que lo intente yo? a lo mejor tengo suerte

- Por favor, hágalo.  Tengo prisa y ya voy con el tiempo justo

Lidia tomó el objeto y comenzó a maniobrar apretando un botón situado cerca de la empuñadura

- ¡ Eureka, lo conseguí !

- ¡ Vaya, ha habido suerte !  Muchas gracias, me ha salvado la vida

- Un poco exagerado ¿no cree ?

- ¿ Hacia donde va ? Puedo acompañarla hasta el Metro o el autobús

- Oh, no se moleste.  No tengo prisa

- A propósito. Mi nombre es Arturo

- El mío Lidia




Hechas las presentaciones, Arturo la consiguió convencer para que se cobijase bajo el paraguas.  El chico era simpático y Lidia se admiraba de que estuviera tan amena en su charla, cosa que rara vez ocurría, excepto con las clientas de su trabajo.

El era residente en un hospital de la capital, y ella le informó en dónde trabajaba y lo que hacía.  Sin darse cuenta , habían paseado largo rato.  Él se acordó de que tenía una cita y se le había hecho muy tarde

- Discúlpame Lidia, tengo que anular un compromiso

- Lo siento , lo siento mucho.  Por mi culpa has faltado a tu cita

- No te preocupes, no tenía demasiado interés en acudir.  Era sólo para salir del paso.

-¡ Si que hemos andado ! - comentó Lidia al ver que estaban frente al portal de su casa

.  Ella le tendió la mano para despedirse y Arturo la estrechó al tiempo que la decía

- He pasado una tarde estupenda, a pesar del paraguas. Podíamos quedar para vernos mañana

- No sé..., acabamos de conocernos...

- ¿ Qué importa ? Todo el mundo se conoce en un primer momento y luego hasta se casan - dijo riendo- Eres muy interesante, Lidia.  Pocas personas hay con las que se pueda hablar de cualquier tema y tener una conversación amena y divertida. ¿ Qué dices, te recojo mañana a la salida del trabajo?  Yo no tengo guardia, estoy libre hasta pasado mañana

- Está bien. Ya sabes donde trabajo... salgo a las siete

- Allí estaré. Buenas noches

- Buenas noches Arturo

Él la vio adentrarse en el portal. Todavía no entendía como había conocido a aquella chica, paseado con ella, y citado para el día siguiente.  Físicamente no era una belleza.  No es que fuera fea, pero no tenía ningún atractivo especial por el que se hubiera interesado.  Era delgaducha y desgarbada. No iba maquillada, no tenía unos ojos especialmente bonitos, pero sin embargo intuía que era buena persona, y algo solitaria.

Fieles a la cita del día anterior se reunieron a las siete pasadas, unos minutos.  Ella venía más sonriente , quizá al comprobar que él había sido cumplidor.  Se había esmerado algo más en su arreglo, y hasta se había echado unas gotas de perfume.  Arturo se percató de ello, y observándola, ya no la encontró " tan corriente".  A lo mejor era el rubor de sus mejillas al comprobar que había venido a buscarla, lo que hacía se mostrara más atractiva.

Decidieron ir a merendar a un McDonalds situado en el mismo centro comercial.   El día anterior ella le había contado cómo había transcurrido su niñez con un padre viudo, añorando constantemente a su esposa, y protestando por el inmenso trabajo que constituía el criar a una criatura él solo.  Quizá por ese motivo, su carácter siempre había sido triste y reservado.  Arturo le contaba que sus padres le habían costeado la carrera con muchos sacrificios, que vivían fuera y que sólo les veía en vacaciones, y en algún puente largo .

Una vez cada uno se había dado a conocer, su conversación giró en torno a ellos mismos.  Lidia sentía un contento interior, que hasta ahora nunca había experimentado.  Se fijó en el rostro de Arturo.  Era guapo sin estridencias, de complexión fuerte, amable y siempre risueño.  No tenía hermanos y era de Burgos, la vieja ciudad castellana.

- Te has manchado la punta de la nariz de ketchup- dijo Arturo

- Perdón...-respondió Lidia tratando de limpiarse con una servilleta de papel

- Déjame, yo te limpio,  o te lo extenderás más

Ambos rompieron a reír.  Mientras Arturo le limpiaba el tomate, se fijaba en sus ojos que el día anterior eran opacos y hoy tenían un brillo especial.  Sus labios eran finos, de boca pequeña, y de un óvalo de cara más bien alargado.  Su naricilla era respingona, lo que imprimía una nota juvenil a su cara.  Los dos habían pasado la treintena. 

Cerca de las once de la noche decidieron, al igual que el día anterior,  caminar hasta el domicilio de Lidia, y al igual que entonces, su despedida fue ceremoniosa

- Mañana entro a las ocho y salgo a las tres, con lo que tengo la tarde libre. ¿ Te vengo a buscar?- solicitó Arturo

Lidia flotaba en una nube. ¿ Cómo es posible que a ella la estuviese ocurriendo aquello ? Un guapo chico deseaba salir con ella...

- Me encantará- respondió Lidia- ¿ A la misma hora de hoy?

- De acuerdo hasta mañana. No me he atrevido a decírtelo:  hoy estás muy guapa. Ciao- fue su despedida

Subió las escaleras de dos en dos, y una vez estuvo en su piso comenzó a canturrear y bailar.  Si aquello era la felicidad , ella lo era, y mucho.  Arturo le había dicho que estaba guapa, y sintió como sus mejillas recibían una oleada de suave calor.  ¿ Se estaría enamorando de Arturo ?  Quiso no pensar en ello.  No sabía lo que aquellas citas durarían, pero aunque fuesen cinco minuto, la compensaría de la monotonía y soledad de su vida.

Eligió la ropa que se iba a poner al día siguiente, con sumo cuidado.  Se soltó la coleta y vio que tenía un pelo precioso, lo que la hacía más atractiva.  Se lo dejaría suelto al día siguiente.

Se sentó en la cama y tomó su libro de cabecera a fin de leer unas páginas antes de dormir, pero no podía.  Estaba entusiasmada y en su memoria recorría una y otra vez el rostro agraciado de Arturo.

- Mañana ya es miércoles. ¿ Saldremos en el fin de semana?

Recordó que él trabajaba como médico en un hospital, y quizá tuviese que hacer guardia.  Ese pensamiento la contrarió.  Decidió que no leería, y buscando el calor de la cama, apagó la luz y lentamente, pensando en su aventura, se durmió.

En su lugar de trabajo habían notado que algo la estaba ocurriendo, pues no era normal que acudiera a trabajar tan arreglada. Se había dado un ligero toque de brillo en los labios, máscara en las pestañas, y llevaba el cabello más brillante y sedoso que nunca.  Recibió los parabienes de sus compañeras, que trataban de sonsacarla lo que todas sospechaban

- ¡ Ya era hora, hija ! Mereces que alguien se interese por ti. Y arréglate más... puedes sacar mucho partido de tu rostro.  ¡ Eres guapa !- le dijo la esteticista

- No Raquel, no lo soy.  Pero creo que con algún retoque puedo quedar resultona.

Al acercarse la hora, su corazón saltaba dentro del pecho alocadamente.  Siempre tenía la duda de si acudiría a buscarla, pero pronto lo sabría.  Arturo estaba allí con una rosa roja en la mano

- ¿ Es para mi ?-le preguntó sonriendo

- ¿ Para quién si no ? Déjame que te vea...  Estás preciosa

- Arturo, no te rias de mi. Bien sé que no es así

- No, en serio. Estás bonita y tienes un cabello muy lindo

Lidia, le miraba fijamente a los ojos.  ¿ Buscará engatusarme y reírse de mi ? No es posible que me encuentre atractiva, porque no lo soy.  El es tan guapo y educado... Interrumpió sus pensamientos al sentir en sus labios el ligero roce cálido de los de Arturo.  Apenas los rozó. Un latigazo, recorrió el cuerpo de Lidia.  Era la primera vez que un hombre le había besado y le decía que era bonita, y le había traído una rosa

- Si lo deseas el sábado, cuando salgas de trabajar, podemos ir a un cine. El domingo tengo guardia de veinticuatro horas.  Entraré el domingo a las ocho y saldré el lunes a las tres.  Lo siento, en mi profesión estas cosas ocurren
- No te preocupes.  No quiero interferir en tu vida.  Lo paso muy bien, pero comprendo que tendrás compromisos...

-¿ Has creído que te lo he dicho como excusa porque no quiero salir contigo ?

- No, no...solo que acabamos de conocernos y no me extraña que desees salir con alguien más

- Si quisiera salir con alguien más, no me citaría contigo ¿ no crees ?  No sé qué ha ocurrido, ni porqué me gusta tanto estar contigo.  No sé si es tu conversación, ó porque tienes un alma transparente y noble, pero el caso es que estoy muy a gusto saliendo juntos

- Yo también, Arturo, yo también.

Esta vez la despedida del miércoles fue distinta frente al portal.  Él la atrajo hacia sí abrazándola y besándola, al tiempo que por primera vez le dedicaba unas palabras que a ella le sonaron a coro de ángeles.  Subió despacio, girando la cabeza para verle allí, parado frente al portal, sin moverse, hasta que ella se perdió de vista en el rellano de la escalera.  Flotaba en una nube: la había besado, abrazado y le había dicho que la quería.  Ninguno de los dos se explicaba lo sucedido, pero lo importante es que había ocurrido .

El jueves y el viernes ya eran como novios. Caminaban bien cogidos por la cintura, o con sus manos unidas.  De vez en cuando él le daba un beso en la mejilla, y ella sentía que el corazón le estallaba de gozo.  Tanto tiempo esperando un amor como aquél, y por fin había llegado sin pensar, por un ridículo paraguas.

El sábado era el día acordado para ir al cine.  Le pidió a su compañera peluquera le arreglara el cabello.  Un buen corte, unas ligeras mechas algo más claras que el tono de su pelo.  La esteticista la maquilló ligeramente.  Su imagen había cambiado por completo.  Ahora necesitaba algo de ropa distinta, más juvenil.

Pidió permiso a su jefa para acudir a una de las boutiques del centro.

- Voy andar un poco justa con el presupuesto de este mes.  No importa, si es necesario cenaré yogur, pero tengo que hacerlo. Tengo que estar bonita para él

Se compró un bonito vestido, unos zapatos de tacón de aguja para elevarse algo en estatura, y por último al pasar frente a la tienda Intimissimi, vio un conjunto de ropa interior en color malva, que la enamoró.  Sin dudarlo entró y se lo compró.  Se había gastado más de la mitad del presupuesto para pasar el mes.  No la importó.  Estaba viviendo los días más felices que nunca hubiera soñado.

Con todos las bolsas de las compras efectuadas, entró en una de las habitaciones de masajes, y se cambió la ropa que había llevado de su casa, por la que acababa de comprar.  Celia la chica de los masajes, siempre decía : " es un error en el que caen algunas mujeres.  Creen que con ponerse un vestido bonito ya está todo solucionado, pero lo que hace que vayas bien vestida y atractiva, es la ropa interior, tenlo siempre presente.  te da seguridad.  Sigue mi consejo ".  Y lo había seguido, y era cierto.  El vestido le sentaba mejor y realzaba más su silueta.

Arturo se quedó sorprendido al verla llegar.  Los tacones hacía que su paso fuese más seguro, le daban una gracia especial.  Estaba preciosa y sus ojos y sus labios le sonreían con satisfacción.

- Tengo que besarte, tengo que besarte, aunque te borre el lápiz de labios

- No se borra. Ahora son muy modernos.  Puedo estar todo el día como si acabara de pintarme, así que...- y poniendo morritos incitaba a Arturo a que la  besara .

Sentados en la butaca Arturo no dejaba de observarla de reojo. El cambio que había experimentado en aquella semana era tremendo.  Por su experiencia en el trato con los problemas humanos en el hospital, supo desde el principio, que aquella muchacha dulce y callada, nunca había sido feliz, nunca había sentido el amor de ningún muchacho.  Su complejo, le hacía mostrarse peor de lo que en realidad era.  Su belleza no era espectacular, era guapa, simplemente, pero tenía una dulzura interior que traspasaba al exterior.  Se había enamorado de ella, sin saber cómo, pero notaba que la quería y que sería muy importante en su vida.

Tomó su mano y se la llevó a los labios, al tiempo que la susurraba que era su gran amor.  Ella le miraba feliz. No acababa de convencerse de que aquello era real y,  no fruto de su imaginación.  En la oscuridad de la sala, Arturo poniendo su mano en la nuca de ella, le atraía hacia él, la besaba y ella estaba a punto de desmayarse con tanta felicidad.

A la salida, la llevó a cenar a un restaurante cercano a los multicines.  Quizá fuese el vino de la cena, la alegría que sentía y que estaba junto al hombre del que se había enamorado, su rostro estaba resplandeciente.  Reían, se tomaban de las manos, acariciaba sus mejillas y no paraba de decirla que estaba preciosa. Todas aquellas palabras resonaban en sus oídos y como un eco inundaban su cabeza.  Nunca antes nadie le había dicho tantas cosas bonitas.

Era tarde cuando salieron del restaurante.  Arturo no dejaba de mirarla, y por fin le hizo la pregunta clave

- ¿ Quieres subir a mi apartamento? 

- Si, amor mío. Lo deseo con toda mi alma

Ella cortada, le dio la espalda.  Era una habitación no muy grande, en perfecto orden, limpia y con pocos muebles.  Arturo comenzó a acariciarla, y lentamente bajó la cremallera del vestido.  Por primera vez iba a desnudarse delante de un hombre. En su férrea educación, le habían inculcado que las mujeres "decentes", no hacían esas cosas. Pero ella no quería pensar en nada, sino vivir ese momento tan especial que había surgido en su vida.  No le rechazaría, no le importaba lo que viniese después.  Esa noche era suya, viviría "su " momento y se entregaría con los cinco sentidos al amor de aquel desconocido que apareció en su vida por un guiño del destino

Se entregaron mutuamente con pasión irrefrenable y la noche fue testigo de aquel amor vivido.  El despertador, implacable, sonó a las seis y media.  Permanecían despiertos, había que apurar hasta el último segundo de su amor.



- Mi vida, tengo que vestirme.  Entro a las ocho.  Por nada del mundo me separaría de ti.  Eres increíble, mi cielo. Te amo con todas mis fuerzas.  Estaré contando las horas para que llegue la tarde de mañana y podamos vernos

- Yo también, Arturo.  Has sido el rayo de sol que mi vida necesitaba. Te he esperado tanto tiempo, pero al final todo me ha sido compensado.

- Se me ocurre una idea.  Antes de comenzar el turno de noche, tenemos una hora de descanso, mientras cambian los turnos, a las diez. ¿ Por qué no te acercas y pasamos ese rato juntos?

- Eso está hecho. Iré y te querré más, porque ya no podría vivir sin ti.

Antes de levantarse, Arturo volvió a besarla, al tiempo que la decía:

- Es muy pronto. Quédate en la cama un rato más, es domingo y no tienes que ir a trabajar.  Cuando salgas empuja la puerta. ¿ Sabes que te quiero ?

- Si, lo sé.  Y yo también. Bendito seas amor, por todo lo que me has dado en apenas una semana.

Arturo,  tras besarla nuevamente, salió rumbo al hospital.  Lidia, se arrebujó en la cama y volvió a quedarse dormida.  A medio día se despertó.  Un poco adormilada.  En un principió extraño el lugar, pero luego se dio cuenta de que había pasado la noche en casa de su amor y recordó con una sonrisa lo ocurrido en ella.  Saltó de la cama y fue hasta la ducha.  Allí frente a un espejo grande que tenía Arturo, contempló su cuerpo desnudo , con pocos atributos femeninos, pero con el suficiente atractivo para haber enamorado a Arturo.  En una noche había perdido todos los complejos acumulados durante años.  Nunca había recibido una lisonja, ni un piropo de parte de otra persona.  Las palabras de Arturo habían sido un bálsamo para su monótona vida.  Pero ahora todo había cambiado.  era plenamente feliz, amaba a un hombre y era correspondida por él.  No quería saber nada más, no necesitaba nada más.  No le importaba el tiempo que durase aquella relación, en una semana había logrado lo que llevaba toda su vida persiguiendo.

Después de ducharse, regreso a la habitación para vestirse.  En las blancas sábanas, había la señal de su inocencia.  Sonrió al verlo, y rápidamente levantó la cama y metió la ropa en la lavadora.  ´No quiso rebuscar en el armario para tomar otras sábanas y hacer la cama.  No quería que Arturo pensara que había cotilleado todo.  La dejaría sin hacer y cuando él regresase el lunes, ya la haría.  Se vistió y salió a la calle dirigiéndose a su domicilio.  Llovía, hacía un tiempo desapacible, pero a ella le pareció que el sol más radiante inundaba  las aceras.

Estaba impaciente porque llegaran las diez de la noche. Eligió con esmero la ropa que iba a ponerse.  Debía estar guapa para él. Se maquilló, dejo libre su melena, se perfumó y se miró en el espejo por última vez.  Se encontraba bonita. Cogió el bolso y miró el reloj

- ¡ Oh Dios mío, qué tarde es !

Bajo corriendo las escaleras, llovía intensamente y a pesar del paraguas, su impermeable comenzó a mojarse por los hombros gracias a las gotitas que escurrían de las varillas del paraguas.  Llamó un taxi y le indicó la dirección del hospital en donde Arturo le aguardaba.

Enfilaban la gran avenida, pero el consabido atasco de los días de lluvia cerraba el paso a cualquier vehículo.  Estaban cerca apenas a quince metros.  Iría andando.  Pago al taxista y corriendo llegó hasta el semáforo cercano.  Estaba nerviosa e impaciente por encontrarse con él.  Seguía recordando la noche pasada con Arturo.  Miró instintivamente el semáforo, pero no se fijó en que estaba la luz roja  para los peatones.  Sin pensarlo dos veces se lanzó a la calzada al tiempo que un coche a toda prisa la embistió lanzandola por los aires.



No oyó los gritos de horror que los presentes dieron al presenciar el atropello.  Acudieron varias personas en su auxilio, y uno de ellos dio la orden de que no la movieran y avisaran a una ambulancia.

Por la cercanía del hospital,   no tardó más de cinco minutos en acudir.  Al llegar los sanitarios, con un gesto dieron a entender la gravedad de las heridas.  Un hilillo de sangre corría por las comisuras de sus labios y un oído también sangraba.  Sangraba por las piernas.  Estaba inmóvil, con los ojos cerrados y apenas respiraba.

Otro sanitario atendía al conductor del coche que había tenido el accidente.  Tenía un serio ataque de ansiedad.

La pusieron un collarín, la introdujeron en la ambulancia y rápidamente la trasladaron al hospital.

- Date prisa, está muy grave-dijo al chófer de la ambulancia,  uno de los sanitarios

Notificaron a urgencias que iban con un accidente de coche, grave. En el busca de Arturo sonó la señal de que debía volver a su puesto para atender el accidente

Mientras bajaban a Lidia de la ambulancia, llegó apresuradamente Arturo pidiendo el informe.  Se quedó petrificado al comprobar que el rostro sangrante de la accidentada era el de su amor.  No lo podía creer; hacía pocas horas habían hecho el amor y se habían jurado amor eterno, y ahora ella estaba allí a punto de morir.  La perdía sin remedio.

Los oídos le pitaban y no podía escuchar las explicaciones de los sanitarios informándole de cómo había ocurrido todo.  Tuvo que ser un compañero quién le sacudiera para que volviera en si

- Vamos Arturo, que esta mujer se nos va

- Es mi novia- respondió con un hilo de voz

- Lo siento, lo siento mucho.  Pero ahora hay que salvarle la vida, así que anda... muévete.

Una enfermera cortaba con unas tijeras la ropa de Lidia, dejando su cuerpo al descubierto, mientras otra preparaba el  instrumental y otra le ponía una vía.  Los médicos examinaban sus heridas.  Limpiaron su sangre y la condujeron a un quirofano.  El jefe del equipo, al examinarla, tomó del brazo a Arturo y en un lado aparte le dijo

- Arturo, no se puede hacer nada.  El golpe ha debido ser tan brutal, que la ha reventado.  Lo siento muchísimo, pero no hay nada que hacer.  Puedes quedarte con ella si lo deseas



Abandonaron el quirofano, todos muy apesadumbrados.  Arturo era respetado por sus compañeros y todos se habían alegrado de que estuviera tan feliz en esos pasados días.

Por sus mejillas corrían las lágrimas incontenibles. Se abrazo a su cuerpo dolorido y la besaba en la frente, en las mejillas, en los labios.  Sólo podía decir " amor mío, amor mío".  Lidia abrió los ojos lentamente.  Le buscaba, había reconocido su voz, pero no le veía.  Con una voz que parecía un suspiro, le dijo:

- Te quiero, te quiero

Arturo sujetaba su mano, infundiéndole el calor que huía de su maltrecho y querido cuerpo.  Después de que pronunciara esas palabras, torció la cabeza hacia un lado y exhaló un débil suspiro.  El pitido de la máquina le indicaba que su corazón había dejado de latir.

Un desgarrador llanto retumbó en la habitación mientras se abrazaba al cuerpo de la mujer que le había dado un amor puro y sincero.   Sólo les bastaron siete días para saber que habían nacido para estar juntos, pero que una jugarreta del destino los había separado irremediablemente.

Los compañeros lloraban en silencio contemplando la escena que estaba viviendo, a pesar de estar acostumbrados a ver a diario esas situaciones.

Tapada con una sábana la introdujeron en una cámara hasta que acudiera la funeraria.
En una bolsa de plástico, de color gris oscuro, le entregaron la ropa y los efectos personales de Lidia.  Entre ellos destacaba algo de color malva y recordó cuando la vio con aquel conjunto.  Su cuerpo ya no era desgarbado, sino que era de un increíble  atractivo.  Sólo habían pasado unas horas y su vida había dado un vuelco tan tremendo que le impedía pensar y actuar.

El coche salió con el féretro en dirección al Tanatorio.  Arturo se encargó de avisar a sus compañeros de trabajo que acudieron rápidamente para hacerle compañía.

Era una madrugada fría. Había dejado de llover y en el horizonte se dibujaba un incipiente sol, un sol que ella ya no contemplaría.  Se abrazó a un árbol del parque y lloro, lloró sin cesar.  Apenas pasaran unas pocas horas, se cumpliría una semana desde que se conocieron.

Levantó la vista hacia el cielo, y gritó:

- ¡ Dios, Dios !

Un rayo de sol se filtraba por entre las ramas de los árboles y en él pareció ver el rostro amado de Lidia, que le sonreía, y hasta pareció verla pronunciar sus últimas palabras " Te quiero, te quiero"




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