lunes, 6 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 7 - El regreso

Y la mansión MacDonald se llenó de gentes venidas de todos los lugares  de Escocia.  Todo parecía arrancado de un libro de siglos pasados, y ella era como un jarrón chino: bonita pero sin hallar su lugar. James atendía a sus invitados y de vez en cuando la buscaba con la mirada.   Marian, estaba  ansiosa por conocer a la enamorada de él, no la veía por ningún lado.  Siempre tenía  un corrillo de muchachas a su alrededor, coqueteando, pero ninguna de ellas parecía interesarle.

Por fin pudo deshacerse de sus admiradoras, y llegó hasta donde estaba ella, sola.  Todos parecían ignorarla, y de vez en cuando miraban en su dirección como preguntándose ¿ quién es esta muchacha?.  Nadie, excepto James, la conocía y tampoco podía hablar con ninguno de ellos, ya que todos hablaban en gaélico.  Cuando se acercó el anfitrión, la tomó de la mano y se la llevó cerca de donde él estaba

- James, creo que debo irme. Todos se preguntarán quién soy.  No conozco a nadie, ni puedo entablar una conversación con nadie. Soy una extrajera intrusa y eso hace que me sienta bastante incómoda, así que voy a retirarme.  Vosotros tendréis cosas importantes que solucionar y yo estorbo
- No te vas a ir a ningún sitio.  Eres mi invitada y esta es mi casa.  Y si hay alguien a quién no le guste, pues ahí tiene la puerta.
-No te pongas así.Soy una extraña entre vuestros asuntos y sois vosotros los que tenéis que hablar. Por cierto ¿ dónde está tu prometida?
-¿ Qué prometida?
-Me dijeron que van a exigirte tu casamiento.  Pensé que...
-Pues pensaste mal.  Lo siento, no he debido contestarte de esa forma. Lo lamento

En ese momento se acercó un integrante del Clan y murmuró bajito a James, algo que no le gustó, y tomándola de la mano, se dirigió al centro de la habitación e hizo callar a todos, sin soltarla.

- Por favor, silencio.  Tengo algo que comunicaros. A mis oídos ha llegado la noticia de que esta noche vais a proponer algo que me concierne directamente, por lo tanto seré yo quién lo decida. Si no estáis de acuerdo, mi señorío está a vuestra disposición desde ahora mismo. Y además, como sé que estáis impacientes por conocer quién es la señorita que me acompaña, os diré que es la descendiente de Lua y Kendrick, que ha llegado hasta nosotros para conocer qué fue de sus antepasados.  Está invitada en mi casa, y por si alguien no está conforme con las explicaciones, os diré que es de nuestra raza, aunque de otro país.  Su nombre es Marian, y desciende de Breogán.  Y ahora disfrutad de la noche, que para discutir sobre jefaturas, tendremos tiempo.-  Y con ella de la mano, se acercó al grupo encabezado por la persona de más edad, del clan MacLea y tío de James.


Cada vez se sentía más incomoda.  Sospechaba que algo no iba bien y  ella estaba involucrada,  aunque so supiera porqué ni por quién.  Se entabló una discusión en voz baja entre su tío y él, en gaélico, con lo cual sólo pudo deducir que había algo que no les gustaba a ninguno de los dos.  En un descuido se desasió de la mano de Jame, y salió apresuradamente rumbo a la habitación.  Era el momento oportuno de marcharse de allí.  Buscaría un hueco en  el hostal, pero no podía quedarse  y crear la incomodidad que estaba viendo.  Se quitó la ropa con que se había vestido perteneciente a la madre de James, y con unos vaqueros y un jersey salió sigilosamente de allí.

Como imaginaba, no había sitio libre en el hostal.  No podía volver a entrar en casa de James, porque posiblemente estuvieran enfrascados en los asuntos de la Reunión convocada a tal efecto.  Si al menos tuviera el coche, podría resguardarse en él, pero estaba tirado en la carretera, o cuando mucho en algún garaje.

Con suerte los pubs si permanecían abiertos dado la cantidad de forasteros que habían acudido al acontecimiento, así que optó por entrar: al menos estaría al resguardo de la noche y de algún borracho.  Estaba cansada.  Miró el reloj y comprobó que era la una de la madrugada, apoyada en sus brazos, reclinó la cabeza y se quedó dormida.  No sabía el tiempo que llevaba en esa posición, cuando una mano fuerte, pero suavemente,  movió uno de sus brazos, despertándola

- Te dije que no te movieras
- Oh, James.  No podía permanecer allí, compréndelo. Discutíais algo que no me concernía, y mucho me temo que más de uno pensaba lo mismo.
- ¿ Y crees que éste es el mejor lugar para dormir?
- No tenía otro. O esto o la calle.  Estaba cansada. Al menos aquí no hace frío
- Esta bien. Volvamos a casa y acuéstate
. No James.  Eres muy testarudo y me haces pasar por momentos muy violentos.


James la miraba fijamente, a veces, entreabriendo los labios como queriendo decir algo, pero no terminaba de hacerlo.  Y por fin, tomó la decisión de aclararle el motivo de sus discusiones con los distintos miembros del clan

- Quieren que me case e inmediatamente tenga un heredero. Por mucho que les he hecho ver que ya no estamos en siglos pasados, no atienden a razones. Así que he renunciado a todo si el precio es unirme en matrimonio a alguien que no ame
- Luego entonces, es verdad - dijo Marian
- Es verdad a medias. Ellos me habían buscado a una muchacha, bonita, si, pero de la que no estoy enamorado. Así que no voy a unir mi vida a alguien por una tradición que está fuera de lugar en la época en que vivimos.
- ¿ Buscas mi apoyo? No puedo decir nada.  No participo de vuestras costumbres que me parecen ancestrales, pero son vuestras normas. Un matrimonio es para siempre, y cuando es feliz es una maravilla, pero cuando es a la fuerza es un infierno.  Creo que debes hacer lo que tu corazón te dicte.
- Mi corazón me dicta casarme contigo
- ¿ Cómo has dicho ?
- ¿ Quieres unir tu vida a la mía ?
- James MacDonald, lo de nuestros antepasados parece ser que salió bien, pero es otra época, otras personas, y otras formas de pensar. Y yo..., yo...
--No me amas ¿ no es así ?
- Me gustas.  Me has gustado desde que te vi la primera vez, pero es bien cierto que me intimidas aún. Tienes un carácter muy fuerte y no nos conocemos bien. No sabes nada de mi, aparte de que soy descendiente de Lua.  Pero ignoras si en mi país ha quedado algún chico que espera mi regreso. Y yo no sé nada de ti.  Imagino que habrás tenido tus amores, y que posiblemente aún los tengas.  No nos conocemos.  Es todo muy arriesgado.  Por otra parte están los clanes y dudo mucho que si esta noche no han querido hablar conmigo, tampoco querrán saber nada de mi, y mucho menos tenerme como pariente
- O sea me estás rechazando en toda regla ¿ no es eso ?
- No te estoy rechazando, pero hay cosas que no lo hacen posible.  Dentro de nada regreso a España, y nos habremos olvidado de todo este asunto.
- Tu te habrás olvidado.  Ten por seguro que yo no
- Pero eso no es posible.  Hasta hace dos días te costaba dirigirme un saludo y ahora de repente me pides que me case contigo.  No te entiendo, James, no os entiendo.
- ¿ Vamos a pasarnos toda la noche discutiendo?  Creo que podríamos hacer mejores cosas
- Prefiero no entenderte
- ¿ Te asusta ?
- Si me asusta.  Me asustas tu. Así que por favor dejemos esto ya de una vez.  No me voy a acostar contigo si es eso lo que insinúas


- No lo estoy insinuando.  Te lo estoy pidiendo
- Interpreto que es el whisky quién habla por ti.  Así que no me daré por aludida. No soy de esas  ¿sabes? Ni he buscado en todos estos días conquistarte.  Creo en las amistades sinceras, pero veo que soy una ilusa.  Te rogaría que volvieras con los tuyos

James, volvió a mirarla y salió del pub sin decir nada. Todo había quedado claro entre ellos.  Sólo había pretendido irse a la cama con ella, con la extranjera.  Se le hizo un nudo en la garganta y reprimió las lágrimas que pugnaban por salir. Ahora estaba todo decidido: tenía que marcharse en cuanto amaneciera.  Ni siquiera recogería la ropa que había dejado en la habitación.  No quería volver a verle..


RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRWITER
Autora< rosaf9494quer
Edición<  Febrero 2017
Ilustraciones< Internet

domingo, 5 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 7 - El regreso



Y la mansión MacDonald se llenó de gentes venidas de todos los lugares de Escocia. Todo parecía arrancado de un libro de siglos pasados, y ella era como un jarrón chino: bonita pero sin hallar su lugar. James atendía a sus invitados y de vez en cuando la buscaba con la mirada. Marian, estaba ansiosa por conocer a la enamorada de él, no la veía por ningún lado. Siempre tenía un corrillo de muchachas a su alrededor, coqueteando, pero ninguna de ellas parecía interesarle.
Por fin pudo deshacerse de sus admiradoras, y llegó hasta donde estaba ella, sola. Todos parecían ignorarla, y de vez en cuando miraban en su dirección como preguntándose ¿ quién es esta muchacha?. Nadie, excepto James, la conocía y tampoco podía hablar con ninguno de ellos, ya que todos hablaban en gaélico. Cuando se acercó el anfitrión, la tomó de la mano y se la llevó cerca de donde él estaba
- James, creo que debo irme. Todos se preguntarán quién soy. No conozco a nadie, ni puedo entablar una conversación con nadie. Soy una extrajera intrusa y eso hace que me sienta bastante incómoda, así que voy a retirarme. Vosotros tendréis cosas importantes que solucionar y yo estorbo

- No te vas a ir a ningún sitio. Eres mi invitada y esta es mi casa. Y si hay alguien a quién no le guste, pues ahí tiene la puerta.
-No te pongas así.Soy una extraña entre vuestros asuntos y sois vosotros los que tenéis que hablar. Por cierto ¿ dónde está tu prometida?
-¿ Qué prometida?
-Me dijeron que van a exigirte tu casamiento. Pensé que...
-Pues pensaste mal. Lo siento, no he debido contestarte de esa forma. Lo lamento
En ese momento se acercó un integrante del Clan y murmuró bajito a James, algo que no le gustó, y tomándola de la mano, se dirigió al centro de la habitación e hizo callar a todos, sin soltarla.
- Por favor, silencio. Tengo algo que comunicaros. A mis oídos ha llegado la noticia de que esta noche vais a proponer algo que me concierne directamente, por lo tanto seré yo quién lo decida. Si no estáis de acuerdo, mi señorío está a vuestra disposición desde ahora mismo. Y además, como sé que estáis impacientes por conocer quién es la señorita que me acompaña, os diré que es la descendiente de Lua y Kendrick, que ha llegado hasta nosotros para conocer qué fue de sus antepasados. Está invitada en mi casa, y por si alguien no está conforme con las explicaciones, os diré que es de nuestra raza, aunque de otro país. Su nombre es Marian, y desciende de Breogán. Y ahora disfrutad de la noche, que para discutir sobre jefaturas, tendremos tiempo.- Y con ella de la mano, se acercó al grupo encabezado por la persona de más edad, del clan MacLea y tío de James.

Cada vez se sentía más incomoda. Sospechaba que algo no iba bien y ella estaba involucrada, aunque so supiera porqué ni por quién. Se entabló una discusión en voz baja entre su tío y él, en gaélico, con lo cual sólo pudo deducir que había algo que no les gustaba a ninguno de los dos. En un descuido se desasió de la mano de Jame, y salió apresuradamente rumbo a la habitación. Era el momento oportuno de marcharse de allí. Buscaría un hueco en el hostal, pero no podía quedarse y crear la incomodidad que estaba viendo. Se quitó la ropa con que se había vestido perteneciente a la madre de James, y con unos vaqueros y un jersey salió sigilosamente de allí.
Como imaginaba, no había sitio libre en el hostal. No podía volver a entrar en casa de James, porque posiblemente estuvieran enfrascados en los asuntos de la Reunión convocada a tal efecto. Si al menos tuviera el coche, podría resguardarse en él, pero estaba tirado en la carretera, o cuando mucho en algún garaje.
Con suerte los pubs si permanecían abiertos dado la cantidad de forasteros que habían acudido al acontecimiento, así que optó por entrar: al menos estaría al resguardo de la noche y de algún borracho. Estaba cansada. Miró el reloj y comprobó que era la una de la madrugada, apoyada en sus brazos, reclinó la cabeza y se quedó dormida. No sabía el tiempo que llevaba en esa posición, cuando una mano fuerte, pero suavemente, movió uno de sus brazos, despertándola
- Te dije que no te movieras
- Oh, James. No podía permanecer allí, compréndelo. Discutíais algo que no me concernía, y mucho me temo que más de uno pensaba lo mismo.
- ¿ Y crees que éste es el mejor lugar para dormir?
- No tenía otro. O esto o la calle. Estaba cansada. Al menos aquí no hace frío
- Esta bien. Volvamos a casa y acuéstate
. No James. Eres muy testarudo y me haces pasar por momentos muy violentos.
James la miraba fijamente, a veces, entreabriendo los labios como queriendo decir algo, pero no terminaba de hacerlo. Y por fin, tomó la decisión de aclararle el motivo de sus discusiones con los distintos miembros del clan

- Quieren que me case e inmediatamente tenga un heredero. Por mucho que les he hecho ver que ya no estamos en siglos pasados, no atienden a razones. Así que he renunciado a todo si el precio es unirme en matrimonio a alguien que no ame
- Luego entonces, es verdad - dijo Marian
- Es verdad a medias. Ellos me habían buscado a una muchacha, bonita, si, pero de la que no estoy enamorado. Así que no voy a unir mi vida a alguien por una tradición que está fuera de lugar en la época en que vivimos.
- ¿ Buscas mi apoyo? No puedo decir nada. No participo de vuestras costumbres que me parecen ancestrales, pero son vuestras normas. Un matrimonio es para siempre, y cuando es feliz es una maravilla, pero cuando es a la fuerza es un infierno. Creo que debes hacer lo que tu corazón te dicte.
- Mi corazón me dicta casarme contigo
- ¿ Cómo has dicho ?
- ¿ Quieres unir tu vida a la mía ?
- James MacDonald, lo de nuestros antepasados parece ser que salió bien, pero es otra época, otras personas, y otras formas de pensar. Y yo..., yo...
--No me amas ¿ no es así ?
- Me gustas. Me has gustado desde que te vi la primera vez, pero es bien cierto que me intimidas aún. Tienes un carácter muy fuerte y no nos conocemos bien. No sabes nada de mi, aparte de que soy descendiente de Lua. Pero ignoras si en mi país ha quedado algún chico que espera mi regreso. Y yo no sé nada de ti. Imagino que habrás tenido tus amores, y que posiblemente aún los tengas. No nos conocemos. Es todo muy arriesgado. Por otra parte están los clanes y dudo mucho que si esta noche no han querido hablar conmigo, tampoco querrán saber nada de mi, y mucho menos tenerme como pariente
- O sea me estás rechazando en toda regla ¿ no es eso ?
- No te estoy rechazando, pero hay cosas que no lo hacen posible. Dentro de nada regreso a España, y nos habremos olvidado de todo este asunto.
- Tu te habrás olvidado. Ten por seguro que yo no
- Pero eso no es posible. Hasta hace dos días te costaba dirigirme un saludo y ahora de repente me pides que me case contigo. No te entiendo, James, no os entiendo.
- ¿ Vamos a pasarnos toda la noche discutiendo? Creo que podríamos hacer mejores cosas
- Prefiero no entenderte
- ¿ Te asusta ?

- Si me asusta. Me asustas tu. Así que por favor dejemos esto ya de una vez. No me voy a acostar contigo si es eso lo que insinúas
- No lo estoy insinuando. Te lo estoy pidiendo
- Interpreto que es el whisky quién habla por ti. Así que no me daré por aludida. No soy de esas ¿sabes? Ni he buscado en todos estos días conquistarte. Creo en las amistades sinceras, pero veo que soy una ilusa. Te rogaría que volvieras con los tuyos
James, volvió a mirarla y salió del pub sin decir nada. Todo había quedado claro entre ellos. Sólo había pretendido irse a la cama con ella, con la extranjera. Se le hizo un nudo en la garganta y reprimió las lágrimas que pugnaban por salir. Ahora estaba todo decidido: tenía que marcharse en cuanto amaneciera. Ni siquiera recogería la ropa que había dejado en la habitación. No quería volver a verle.
RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR /  COPYRIGHT
Aytora< rosaf9494quer
Edición<  Febrero 2027
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La celta que llegó de lejos- Capítulo 6 - Los Clanes

Y la mansión MacDonald se llenó de gentes venidas de todos los lugares  de Escocia.  Todo parecía arrancado de un libro de siglos pasados, y ella era como un jarrón chino: bonita pero sin hallar su lugar. James atendía a sus invitados y de vez en cuando la buscaba con la mirada.   Marian, estaba  ansiosa por conocer a la enamorada de él, no la veía por ningún lado.  Siempre tenía  un corrillo de muchachas a su alrededor, coqueteando, pero ninguna de ellas parecía interesarle.

Por fin pudo deshacerse de sus admiradoras, y llegó hasta donde estaba ella, sola.  Todos parecían ignorarla, y de vez en cuando miraban en su dirección como preguntándose ¿ quién es esta muchacha?.  Nadie, excepto James, la conocía y tampoco podía hablar con ninguno de ellos, ya que todos hablaban en gaélico.  Cuando se acercó el anfitrión, la tomó de la mano y se la llevó cerca de donde él estaba

- James, creo que debo irme. Todos se preguntarán quién soy.  No conozco a nadie, ni puedo entablar una conversación con nadie. Soy una extrajera intrusa y eso hace que me sienta bastante incómoda, así que voy a retirarme.  Vosotros tendréis cosas importantes que solucionar y yo estorbo
- No te vas a ir a ningún sitio.  Eres mi invitada y esta es mi casa.  Y si hay alguien a quién no le guste, pues ahí tiene la puerta.
-No te pongas así. Soy una extraña entre vuestros asuntos y sois vosotros los que tenéis que hablar. Por cierto ¿ dónde está tu prometida?
-¿ Qué prometida?
-Me dijeron que van a exigirte tu casamiento.  Pensé que...
-Pues pensaste mal.  Lo siento, no he debido contestarte de esa forma. Lo lamento

En ese momento se acercó un integrante del Clan y murmuró bajito a James, algo que no le gustó, y tomándola de la mano, se dirigió al centro de la habitación e hizo callar a todos, sin soltarla.

- Por favor, silencio.  Tengo algo que comunicaros. A mis oídos ha llegado la noticia de que esta noche vais a proponer algo que me concierne directamente, por lo tanto seré yo quién lo decida. Si no estáis de acuerdo, mi señorío está a vuestra disposición desde ahora mismo. Y además, como sé que estáis impacientes por conocer quién es la señorita que me acompaña, os diré que es la descendiente de Lua y Kendrick, que ha llegado hasta nosotros para conocer qué fue de sus antepasados.  Está invitada en mi casa, y por si alguien no está conforme con las explicaciones, os diré que es de nuestra raza, aunque de otro país.  Su nombre es Marian, y desciende de Breogán.  Y ahora disfrutad de la noche, que para discutir sobre jefaturas, tendremos tiempo.

 Y con ella de la mano, se acercó al grupo encabezado por la persona de más edad, del clan MacLea y tío de James.


Cada vez se sentía más incomoda.  Sospechaba que algo no iba bien y  ella estaba involucrada,  aunque so supiera porqué ni por quién.  Se entabló una discusión en voz baja entre su tío y él, en gaélico, con lo cual sólo pudo deducir que había algo que no les gustaba a ninguno de los dos.  En un descuido se desasió de la mano de Jame, y salió apresuradamente rumbo a la habitación.  Era el momento oportuno de marcharse de allí.  Buscaría un hueco en  el hostal, pero no podía quedarse  y crear la incomodidad que estaba viendo.  Se quitó la ropa con que se había vestido perteneciente a la madre de James, y con unos vaqueros y un jersey salió sigilosamente de allí.

Como imaginaba, no había sitio libre en el hostal.  No podía volver a entrar en casa de James, porque posiblemente estuvieran enfrascados en los asuntos de la Reunión convocada a tal efecto.  Si al menos tuviera el coche, podría resguardarse en él, pero estaba tirado en la carretera, o cuando mucho en algún garaje. 

Con suerte los pubs si permanecían abiertos dado la cantidad de forasteros que habían acudido al acontecimiento, así que optó por entrar: al menos estaría al resguardo de la noche y de algún borracho.  Estaba cansada.  Miró el reloj y comprobó que era la una de la madrugada, apoyada en sus brazos, reclinó la cabeza y se quedó dormida.  No sabía el tiempo que llevaba en esa posición, cuando una mano fuerte, pero suavemente,  movió uno de sus brazos, despertándola

- Te dije que no te movieras
- Oh, James.  No podía permanecer allí, compréndelo. Discutíais algo que no me concernía, y mucho me temo que más de uno pensaba lo mismo.
- ¿ Y crees que éste es el mejor lugar para dormir?
- No tenía otro. O esto o la calle.  Estaba cansada. Al menos aquí no hace frío
- Esta bien. Volvamos a casa y acuéstate
. No James.  Eres muy testarudo y me haces pasar por momentos muy violentos.


James la miraba fijamente, a veces, entreabriendo los labios como queriendo decir algo, pero no terminaba de hacerlo.  Y por fin, tomó la decisión de aclararle el motivo de sus discusiones con los distintos miembros del clan

- Quieren que me case e inmediatamente tenga un heredero. Por mucho que les he hecho ver que ya no estamos en siglos pasados, no atienden a razones. Así que he renunciado a todo si el precio es unirme en matrimonio a alguien que no ame
- Luego entonces, es verdad - dijo Marian
- Es verdad a medias. Ellos me habían buscado a una muchacha, bonita, si, pero de la que no estoy enamorado. Así que no voy a unir mi vida a alguien por una tradición que está fuera de lugar en la época en que vivimos.
- ¿ Buscas mi apoyo? No puedo decir nada.  No participo de vuestras costumbres que me parecen ancestrales, pero son vuestras normas. Un matrimonio es para siempre, y cuando es feliz es una maravilla, pero cuando es a la fuerza es un infierno.  Creo que debes hacer lo que tu corazón te dicte.
- Mi corazón me dicta casarme contigo
- ¿ Cómo has dicho ?
- ¿ Quieres unir tu vida a la mía ?
- James MacDonald, lo de nuestros antepasados parece ser que salió bien, pero es otra época, otras personas, y otras formas de pensar. Y yo..., yo...
--No me amas ¿ no es así ?
- Me gustas.  Me has gustado desde que te vi la primera vez, pero es bien cierto que me intimidas aún. Tienes un carácter muy fuerte y no nos conocemos bien. No sabes nada de mi, aparte de que soy descendiente de Lua.  Pero ignoras si en mi país ha quedado algún chico que espera mi regreso. Y yo no sé nada de ti.  Imagino que habrás tenido tus amores, y que posiblemente aún los tengas.  No nos conocemos.  Es todo muy arriesgado.  Por otra parte están los clanes y dudo mucho que si esta noche no han querido hablar conmigo, tampoco querrán saber nada de mi, y mucho menos tenerme como pariente
- O sea me estás rechazando en toda regla ¿ no es eso ?
- No te estoy rechazando, pero hay cosas que no lo hacen posible.  Dentro de nada regreso a España, y nos habremos olvidado de todo este asunto.
- Tu te habrás olvidado.  Ten por seguro que yo no
- Pero eso no es posible.  Hasta hace dos días te costaba dirigirme un saludo y ahora de repente me pides que me case contigo.  No te entiendo, James, no os entiendo.
- ¿ Vamos a pasarnos toda la noche discutiendo?  Creo que podríamos hacer mejores cosas
- Prefiero no entenderte
- ¿ Te asusta ?
- Si me asusta.  Me asustas tu. Así que por favor dejemos esto ya de una vez.  No me voy a acostar contigo si es eso lo que insinúas


- No lo estoy insinuando.  Te lo estoy pidiendo
- Interpreto que es el whisky quién habla por ti.  Así que no me daré por aludida. No soy de esas  ¿sabes? Ni he buscado en todos estos días conquistarte.  Creo en las amistades sinceras, pero veo que soy una ilusa.  Te rogaría que volvieras con los tuyos

James, volvió a mirarla y salió del pub sin decir nada. Todo había quedado claro entre ellos.  Sólo había pretendido irse a la cama con ella, con la extranjera.  Se le hizo un nudo en la garganta y reprimió las lágrimas que pugnaban por salir. Ahora estaba todo decidido: tenía que marcharse en cuanto amaneciera.  Ni siquiera recogería la ropa que había dejado en la habitación.  No quería volver a verle.

RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora< rosaf9494quer
Edición< Febrero 2017
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sábado, 4 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 5 - La lluvia

 Sus vacaciones llegaron al fin. Lamentaba dejar aquellas tierras, a pesar de estar en soledad y sin a penas poderse comunicar con nadie, había disfrutado del viaje. Aunque no hubiera alcanzado sus objetivos, estaba satisfecha.  Es un pais muy romántico, con leyendas emocionantes que  un alma joven y soñadora como era ella, había disfrutado plenamente.  Se sentía algo fracasada en su intento, pero, al menos podría contar que sus parientes,   fueron bastante fértiles, pero nada más.  Si el MacDonald hubiera sido más atento, posiblemente hubiera averiguado cómo les fue en la vida.


- Bah... un majadero. Pero daba la impresión de que me odiase.  En mi vida le había visto y creo que soy bastante simpática con la gente- se repetía extrañada por la actitud de James.

Se despidió de la señora Britges y a bordo de su coche de alquiler, emprendió el camino de regreso a Edimburgo.  Se detendría en Inverness, y rió cuando se le ocurrió que como compensación bien podría aparecer el monstruo del Lago.   A penas había recorrido un par de kilómetros de carretera, cuando comenzó a llover. En principio algunas gotas, pero pronto se transformaron en lluvia torrencial.  No la gustaba conducir con lluvia tan fuerte. No conocía bien las carreteras, pero no tenía más remedio que marcharse.   De repente, sintió un ruido fuerte y el coche comenzó a  hacer movimientos extraños

- ¡ Vaya, lo que me faltaba ! Un pinchazo

Se apeó  y comenzó a trastear para poner la rueda de recambio., pero todos sus esfuerzos por mover los tornillos eran inútiles. Creyó estarían oxidados por la humedad del clima. Y en ese momento echaba sapos y culebras por su boca. ¿ Cómo un coche de alquiler podía estar en esas condiciones ?  Y la lluvia arreciaba y nadie que pudiera ayudarle,  pasaba por allí.  Su ropa empapada, su cabello chorreando agua, al igual que su cara, Miro  un lado y otro de la carretera: nadie pasaba. Decidió dejar el coche allí y regresaría al pueblo, avisaría a una grúa  y armaría una buena bronca a la tienda de alquiler de automóviles.  Los zapatos chapoteando agua y ella a punto de llorar.  No podía creer su mala suerte ¿ sería cuestión de algún fantasma?  Eran demasiadas casualidades, y comenzaba a dudar de su buen juicio por pensar de ese modo.

Su suerte iba a cambiar..  En dirección contraria, un coche hacía señales con los faros.  Se apartó de la carretera y cuando llegó a su altura, una cabeza asomando por la ventanilla, le hacía señales con la mano, al tiempo que la decía

- Entre 

 Se quitó el agua del rostro y entonces vio que era el simpático  MacDonald


-No, gracias.  No se preocupe
-¿ Hará alguna vez lo que le digan a la primera? Suba.  Está empapada, va a coger una pulmonía
- No se preocupe.  Si lo hiciera  pondría todo el coche  empapado de agua
-Suba, y se lo diré por última vez


Ella se tragó el orgullo y dando vuelta al coche, se metió dentro.  Al cambio de temperatura, le dio un escalofrío, que hizo que James la mirase. Y                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           pusiera su mano en la frente para comprobar si tenia fiebre, pero no dijo nada.  Llegaron enseguida, metió el coche en el portón e hizo que ella saliera

- Vamos - le tendió la mano que ella aceptó. Sentía un frio horrible tenía empapada hasta la ropa interior.  Ignoraba lo que él pretendía- hacer, pero lo supo cuando se paró frente a una puerta

-Esta será tu habitación.  Te traeré toallas y dame tu ropa para secarla en la chimenea- Marian no protestó, no dijo nada.
  La dejó sola y bajo hasta la cocina a por un plato de sopa caliente.  Estaba intimidada por la personalidad de aquel hombre tan extraño que un día antes,  poco menos,  que no le dirigía la palabra, y ahora le ofrecía su casa para resguardase de la lluvia.  No terminaba de entender ese carácter.  Posiblemente fueran todos así, y se acordó de su antepasada y lo difícil que tuvo que ser su vida hasta que la aceptaran.  Se sentó cerca de la chimenea para ver si entraba en calor. James salió de la habitación con la ropa de ella para secarla, y regresó al poco rato con un tazón de sopa caliente  Cuando el la vio, le pareció aún más menuda de lo que era. La tendió una toalla para que secara su cabello y la ofreció la sopa para que reaccionara.  Ella levantó la cabeza y le sonrió débilmente para agradecerle sus atenciones. 

  No tenía nada de mujer que ofrecerle y su pijama le estaría enorme, pero tendría que servir.  Se sentó en el suelo, a su lado , y la miró fijamente sin pronunciar palabra. A ella le pareció que quería decirle algo, pero no tenía ni idea de lo que sería.  Al fin rompió su silencio

- Verás... He de pedirte perdón por lo de ayer. Fui grosero y mal educado contigo.  Es algo que no me ocurre con frecuencia, no es así mi carácter.  Francamente no sé lo que me pasó

Estaba sorprendida por ese arrebato de humildad. Le parecía muy orgulloso y no entendía el porqué de su actitud respecto a ella. Sólo había estado unos días, y únicamente quería saber lo que fue de su pariente.  Nadas más. ¿ Qué responder a ello?

- Bueno... la verdad es que no estuviste muy educado.  No entiendo esa animadversión conmigo.  No pretendía inmiscuirme en secretos familiares.  Sólo saber sobre Lua
-¿ Lua ? ¿ Qué significa ese nombre?
- Luna. Significa Luna
- ¿ Y el tuyo ?
-  Marian


- . Supongo que no será por Robin Hood
- ¡ Claro que no !.  Marian es muy común en mi tierra
-¿ Y cuál es tu tierra?
-Galicia.  Para tu información te diré que soy celta como tu
- ¡ Vaya ! Eso si es casualidad
- No, no lo es. Si hubiera tenido oportunidad te hubiera dicho mi ascendencia que ha sido la misma que Lúa.  Ella tenía línea directa de un rey celta. Lo que aquí denomináis clan. Así que no era una persona cualquiera
- Ya veo.  Bueno, ahora si me disculpas...  he de trabajar
- ¿ Puedo preguntarte en qué trabajas ? Aquí...
- Soy agrónomo y terrateniente . Me ocupo de este lugar entre otros.
- Tienes una buena profesión.  Te felicito.
-¿ Y tú qué eres?
- Pues ahora nada.  Terminé mis estudios y este ha sido mi viaje fin de carrera.  Pero creo que me espera un pequeño hotel en el Camino
¿ En el Camino ? ¿ qué Camino ?
- ¿ Has oído hablar del Camino de Santiago?
 ¡ Claro ! Algún día lo recorreré.  Y ahora si que tengo que irme.  Seguiremos charlando cuando regrese.  No tardaré mucho

 ¿ Qué le había pasado?.  Quería seguir hablando con ella. No podía creérselo. Lo mismo resulta hasta simpático.  Pero tardó más de lo esperado, y cuando lo hizo, al entrar en la habitación que le había destinado, se la encontró durmiendo, hecha un ovillo, en el sofá delante de la chimenea.  Se detuvo un momento en contemplar su rostro, de facciones juveniles y relajadas.  Se fijó bien en su cara y mentalmente fue hasta la galería de retratos, al cuadro de sus antepasados en común, y, efectivamente, tenía un gran parecido con Lúa.  La tapó con una manta y la dejó dormir.  Salió de la habitación, pero  antes de hacerlo,  se volvió a mirarla de nuevo

Ya era medio día cundo se despertó.  Había conseguido entrar en calor, y se encontraba más reconfortada, pero al mismo tiempo se sentía extraña, en aquella habitación tan grande.  Miró a su alrededor y escuchó por ver si oía algún ruido que la orientase sobre la hora que era. Vio encima de una silla su ropa seca y planchada y se dispuso a vestirse rápidamente.  Al salir de la habitación se encontró con James que bajaba de la planta de arriba.

-- ¿ Estás mejor ? ¿ Has descansado?
-Desde luego. Gracias. Has sido muy amable. Pero ahora he de irme. Tengo que llamar a la grúa y tratar de solucionar mi vuelta
-¿ Tienes prisa ?
-Bueno... no excesiva, pero si he de volver a casa.  El dinero se me está agotando
- Te he invitado a mi casa, no pensaba cobrarte nada. El fin de semana próximo celebramos la Reunión. Podrías quedarte y así verías uno de los actos más ancestrales que tenemos. Vendrán todos los componentes de los clanes amigos, desde todas partes de Escocia y habrá, no sólo política, también buena música y bailes.  Es todo un  espectáculo. En un acto como ese, fueron proclamados señores nuestros parientes. Te gustará.

Y no se hizo de rogar.  Sería una ocasión única de conocer desde dentro la ceremonia de la elección del jefe del Clan, y aceptó.

El viernes por la mañana comenzaron a llegar los componentes de los distintos clanes.  Una de las sirvientas de James le contó que tendrían que ratificarle como jefe, pero también, para eso, habría de tomar una decisión trascendente:  tener esposa y  descendencia lo más rápidamente posible. No entendió todo lo que dijo, ya que  intercalaba el gaélico con el inglés, pero lo dedujo

- Está nervioso-  dijo la cocinera - No tiene ninguna gana de casarse y menos de tener hijos.  Eso va a ser un problema.

A Marian, le extraño que decisiones tan cruciales en la vida de una persona como esa, tomaran la decisión otros.  No entendía esas costumbres tan ancestrales. Estábamos en el siglo XXI, y no parecía adecuado inmiscuirse en algo tan íntimo. ¿ Tendría novia?  Si la reunión era para eso, seguramente si.Aunque tampoco le había visto con ella en ningún momento.  Bien es cierto que a penas  se conocían tanto.  Quizá la conocería en la Reunión


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viernes, 3 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 4 - El clan MacDonald

Marian, la descendiente de Lua, había llegado a Wester Ross, ante la fachada de la casa solariega del clan MacDonald. Poco a poco iba cumpliendo su itinerario, pero todo lo que sabía de su antepasada a su paso por Escocia, se detenía en su noche de bodas. Nunca se supo nada de ellos. Nunca regresaron Si fueron felices, si se amaron, si murieron de ancianos, si tuvieron hijos... Su estirpe gallega, siguió el curso de los siglos hasta nuestros días, en que una descendiente de esa rama, había venido hasta Highlands, para saber algo más de Lua y Kendrick. Trataría de saber lo que fue de su destino. Pensaba que era una gran historia de amor, pero... ¿ y si no hubiese sido de ese modo? Y pidió información después de dar una vuelta por el pueblo, que no era muy grande, pero parecía que el tiempo no hubiese transcurrido entre aquellas piedras. No se resignaba a regresar a España, sin averiguar algo mas sobre sus antepasados.

La dueña del hostal le indicó recurriera al vicario que debía tener algún registro de ello, pero habían pasado mas de dos siglos, luchas y guerras, que posiblemente hicieran mas difícil averiguar lo ocurrido.
- También podría ayudarla el señor actual del clan, pero es un hombre huraño y rudo como el mismo terreno en el que se aposentan las ruinas de su antiguo castillo, en el que posiblemente vivieran los antepasados suyos
- Gracias señora Britges. Lo intentaré primero con el vicario. Me asusta un poco esa segunda opción. Por cierto ¿ cómo se llama el tal señor?
- James, Alexander, Kendrick MacDonald
-¿ Sólo eso? - dijo Marian sonriendo
-Es el actual señor del clan. Aunque ahora no es como en tiempos de su pariente, pero el respeto y el saber que se pertenece a una determinada familia, aún se conservan.
- Muchas gracias. Mi tiempo se termina, así que comenzaré las pesquisas hoy mismo.
Y Marian Loureiro, se dirigió a la iglesia y solicitó hablar con el vicario, que encantado y ante una taza de té, relató con bastante detalle, lo que era una leyenda en ese lugar: una bella celta de otro pais que llegó a Highlands para casarse con un MacDonald, pero todo eso ya lo sabía. Su visita no fue muy larga, y quedó con él, en que volvería al día siguiente, para tratar de buscar en los archivos si existiera algún documento que arrojara luz a lo que ella pretendía.

Puesto que no tenía mucho tiempo, cogió su coche y tomó carretera adelante hasta llegar a las ruinas de lo que fuera un castillo. Posiblemente esas ruinas fueran en otro tiempo el hogar de Lua y Kendrick. Detuvo el coche y comenzó a sacar fotografías. Sabía que se las pediría su familia a su regreso a casa. En ello estaba cuando a contraluz de las ruinas , apareció de improviso un jinete como si saliera de algún libro de aquel siglo, o más bien fuese un fantasma de los que dicen se pasean por allí. Estaba parado ante las ruinas de lo que fuera el castillo, y parecía observarla. ¿ Le estaría jugando una mala pasada su imaginación? Retrocedió unos pasos cundo vio que el jinete avanzaba hacia ella. No era fruto de su imaginación, era el mismo jinete que le había saludado cuando llegó a aquellas tierras

Un poco asustada, se quedó quieta ante la visión, totalmente real, y pudo observar que era el caballero más apuesto de todos los que había visto. Alto, fornido, de penetrantes ojos y de cabello rojo. Todos tenían el mimo color de cabello, y el mismo color de ojos. Y recordó la descripción que la familia hacía de Kendrick "grande como un armario ". ¿ Sería este caballero descendiente suyo? Antes de que recobrara el habla perdida ante la presencia del caballero, éste dijo algo escuetamente
-Creo que necesita información, y yo la tengo. Sígame
- ¿ Quién es usted? De qué información me habla?
-Está buscando a sus parientes ¿ no ? Pues, sígame
Tuvo que dirigirse al coche rápidamente, pues el jinete a galope, desaparecía de su vista rápidamente. Llegaron a la casa con más solera de todas cuantas había Sin duda era alguien perteneciente al clan , o quizá el mismo James, Alexander Kendrick MacDonald. ¿Había necesidad de ser tan antipático? Pensaba que posiblemente las extranjeras no le caían bien, aunque fueran parientes lejanos suyos.
-Muchas gracias, le estoy muy agradecida. Soy Marian Loureiro
-Mucho gusto. Yo James MacDonald
Y estas palabras fueron lo más parecido a una conversación que tuvieron. Bajaron a una especie de sótano con poca luz
-Vaya con cuidado. Esto está bastante oscuro. Deme la mano no vaya a caerse - Ella le tendió la mano. La de él , grande y fuerte aunque algo fría, que a penas rozaba la suya.
-¿ Qué es exactamente lo que busca?
- ¿ Quién le ha dicho que buscaba algo?
- Este es un lugar pequeño, señora. Las voces corren veloces. Y hora ¿ va a decime lo que busca?
-Información sobre una antepasada mía
-¿ Y ?
-Pues eso. Desearía saber qué fue de su vida
- Se casó con Kendrick MacDonald, hijo pequeño del señor del clan.
-Eso ya lo sé. Pero... ¿ cuál fue su vida?
- Venga - Volvió a cogerla de la mano y a paso ligero, la subió hasta la segunda planta. Estaban en una larga galería con retratos de personajes a ambos lados . La soltó delante del más grande de todos, de un hombre y una mujer ataviados con ropajes de medidos del siglo dieciocho. Marian se quedó mirando el retrato ¿ Eran Lua y Kendrick? Se fijó más detenidamente en el rostro de ella. Era como si en lugar de que hubieran pasado siglos, estuviera ante su propia fotografía, algo que hizo a James fijarse detenidamente en el rostro de Marian

- Bien aquí tenemos a nuestros parientes, es decir a su pariente
-¿Usted no la considera pariente? ¿ Tuvieron descendencia?
- Oh, ¡ ya lo creo que la tuvieron Debieron aburrirse mucho y no pararon de procrear
- No es necesario que sea tan grosero
- ¿ Por qué soy grosero? Es lo que hacían, tuvieron nueve hijos.¿ Cómo llamaría a eso?- Se sentía incómoda ante aquel hombre que parecía estuviera amargado de la vida, o no sentir mucha simpatía por Lua.
- Ha sido muy amable. Gracias, pero debo irme
-¿ Es todo cuanto quería saber? Y para eso ¿ ha hecho un viaje tan largo? Son ustedes bastante aventureros
- No sé qué es lo que mi pariente hiciera a su familia, o a su clan, o como lo llamen, peo yo simplemente deseaba saber lo que fue de ella. No pretendía molestarle. Adiós señor MacDonald, y le ruego me disculpe por las molestias ocasionadas.
Bajó las escaleras todo lo deprisa que pudo. Quería salir de allí y olvidar el rostro tan antipático de aquel hombre. Sin duda no debieron estar muy contentos con la celta extranjera, y posiblemente ese odio sentido allí, en aquel momento, se transmitiera de generación en generación, y ella había sido el último eslabón de la cadena


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La celta que llegó de lejos - Capítulo 3 - Noche de bodas

Los fogones de la casa MacDonald se preparaban para el gran acontecimiento. Al día siguiente   era el día señalado para la unión del clan con una joven extranjera, aunque de su misma raza. El señor de los MacDonald, debía su vida al padre de la joven celta que llegaba desde Iberia, y que habían concertado para que la raza siguiera fuerte y poderosa. Ambos eran vivo ejemplo de buena sangre.  Ella, valiente y sin temores,  que había llegado hasta las tierras altas, arriesgando su vida, siendo a penas una criatura que comenzaba a vivir.    Él, el último de los hijos casaderos de dicho clan.  Era arrogante, mujeriego, pero respetuoso con las tradiciones y sabía que la palabra dada por su padre, era sagrada para él. Así que ni siquiera protestó cuando conoció que,   aquella mujer que le encandiló una fría noche en medio del campo.era la destinada para él  Nada dijo de aquello,, ni nada tenía que reprocharle a ella.. Salvo ellos y Aroa,  nadie más sabria que se habían conocido antes de ser presentados formalmente.

Siguiendo la tradición, fue enviado a casa de su tío James dos días antes del enlace para evitar malos pensamientos...,  y obras.  La joven era bella a rabiar, algo que Kendrick había tenido oportunidad de comprobar, y que nunca antes de aquella vez, había visto tan de cerca, pero echaría de menos, sin duda, los revolcones dados con las ayudantes de cocina de su casa. Debería guardar el debido respeto a su esposa, y esos serían sus propósitos, al menos de momento.  Se sentía atraído hacia ella. Ninguna de las mujeres que había tratado, tenía la mirada tan inquisitiva como ella, ni tan franca, pero al mismo tiempo, la presumía rebelde y altanera.  Procedía de uno de los reyes celtas mejores que se conocieron y eso daba a su estirpe un sello muy especial. Pero el clan MacDonald, también tenia sus ancestros ilustres, así que estaban igualados en linajes.

Cuando la vio frente al altar no apartaba sus ojos de ella.  Era la mujer más hermosa que había pisado las altas tierras, y tenía el porte digno de una reina.  No podía quitarse de la cabeza cómo sería su noche de bodas con aquella hermosa mujer, pero ella no parecía estar muy contenta. O quizá fuese el azoramiento propio de una moza que iba a acostarse por primera vez con su marido.  Sin poder evitarlo, Kendrick, recorrió en su cabeza la imagen de su cuerpo desnudo dentro del agua, y aquella perfección en sus curvas, ni muy grandes, ni muy pequeñas.  Distintas a todas las que había probado en sus andanzas juveniles con las rechonchas mujeres con las que se divertía.  Y sintió como si la viera por primera vez. Estaba deslumbrado por la que iba a ser su esposa, y comprendió que habría de comportarse como el caballero que era y al que pertenecía por nacimiento.  La calidez de su joven  cuerpo y el roce de sus cabellos en  aquel día, le inspiraron ternura y pasión desenfrenada por poseer aquel cuerpo, al que sin embargo respetó durante todo el camino desde que se encontraron.  Pero esa noche sería suya.  Y se oyó pronunciando sus votos y su juramento hacia ella, y supo que no sería ningún sacrificio pertenecer, honrar y respetar a   aquella mujer celta que llegó  a su vida desde tan lejos, y por unas circunstancias que el destino puso en sus manos.



Las fiestas de los esponsales eran dignas del clan MacDonald, y el vino y la buena comida corrió por las mesas.  Todo el clan, al completo, se dió cita en esa ocasión, y hasta vinieron de tierras lejanas, de Edimburgo, de Inverness y de Loch Marce, aunque los recién desposados no estuvieran presentes, como por otra parte era natural. Estarían alojados en casa de su tio James, y solamente serian testigos de ello, los sirvientes encargados de su atención

A solas en la estancia destinada como dormitorio principal, Lua y Kendrick no sabían de qué hablar ni cómo hacerse entender.  Esa sería una de las misiones como esposo: enseñarle el gaélico para poder mantener una conversación con ella,  y no comunicarse por señas.

Despacio, Kendrick se acercó a su mujer y mirando  sus  ojos fijamente, con una inclinación de cabeza, pidió permiso para proceder al ritual de recién casados.  Primero le desharía el complicado peinado que las mujeres le habían hecho.  Tenía un hermoso y largo cabello, y hundió sus grandes manos en él, masajeando su cabeza, que la hacía entornar los ojos.  La besó dulcemente y procedió a desabrochar el complicado vestido de boda. Sólo la camisola cubría su cuerpo, procediendo él a desnudarse, sin apartar la mirada del rostro de su mujer.  Ella tenía la vista baja, nerviosa, jugueteando con sus manos.  Kendrick, levantó su barbilla, y por primera vez sintió la calidez de su labios suaves .  Nunca  antes había posado su boca sobre la de ella.  Los abrazos se sucedieron y la desnudez de ambos  dio paso al rito ancestral del matrimonio consumado por vez primera. Y fue en esa noche, en ese preciso instante, cuando ambos esposos supieron que el deseo les inundaba y que sus vidas ya no serían las mismas a partir de ese momento.  Y la madrugada fue larga invadiéndoles el deseo sin restricciones.

Kendrick acariciaba el rostro de su mujer dormida a su lado y recorría con la mirada la desnudez de su cuerpo, de un cuerpo joven, de niña, menudo, pero sensual y cálido, con la misma calidez que sintió al tenerla tan cerca aquél día, pero con un gran respeto.  Y supo que amaría a esa mujer por encima de todo, que sería vida de su vida, parte de su cuerpo y de su alma, y que nada ni nadie, haría desear a otra que no fuera ella., y así hasta el final de sus días.

Al despertarse, pasó su mano sobre la almohada y al encontrarla vacía, se incorporó sobresaltado, mirando alrededor de la habitación.  Ella no estaba, había huido de su lado, pero no había sido así. La vio delante de la chimenea encendida y miraba las llamas de la lumbre con  fascinación nunca antes contemplada.  Saltó de la cama y fue a su lado para averiguar lo que la ocurría.  Gruesas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.  Kendrick hizo que se volviera hacia él, y abrazándola trató de hacerse entender para averiguar lo ocurrido.  Cuando se quedaron dormidos hacia horas, ambos lo habían hecho abrazados.

Levantó su mirada hacia él y comenzó a hablar, y pareciera que su esposo entendía lo que le decía y procuró apaciguar su angustia con besos suaves.


-Nadie me dijo que sería así. Salí de mi casa siendo una niña y ahora me he convertido en una mujer que no sabe cómo comportarse con su marido. Esta noche he sentido algo extraño, una sensación confusa, pero no tengo a nadie a quién preguntar, ni siquiera tu puedes explicármelo porque no entiendo lo que me dices.  Ni entiendo a nadie cuando me hablan. Estoy sola

Pero Kendrick entendió perfectamente lo que ella sentía, la sensación que tanto le extrañaba era simplemente el placer conocido por primera vez allí, en el momento supremo, con él.  Y supo que su mujer era demasiado joven para saber de los placeres mundanos, pero que él sería quién la enseñara.  No necesitaba a nadie más.  Que su inocencia le sería desvelada por quién mejor podía hacerlo: su marido, a solas en su habitación.  Y la abrazó fuertemente, besándola con tanta pasión que la transmitió su mismo deseo.  Apuntaban las primeras luces del alba, que les sorprendió abrazados en perfecta sintonía


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jueves, 2 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 2 - Wester Ross

Después de hacer mi ruta turística, en realidad estaba impaciente por recorrer el camino que hiciera   siglos atrás  mi antepasada..Llevaba en mi cabeza la leyenda que  habían transmitido  mis ancestros . Decidí alquilar un coche, y seguir la ruta que hicieron y,  saborear minuto a minuto, lo que yo haría en unas horas,  y que ellos tardaron varias jornadas en realizar.  No encontraría asaltantes , ni  a un guapo mozo que me salvara de ellos.  Mientras lo pensaba sonreía, pero estaba muy contenta de poder contemplar con mis ojos esas mismas piedras, esos mismos lugares y vivir sus odiseas, que ahora en pleno siglo XXI eran impensables.  Pasé por un pintoresco pueblecito  a  orillas, de un gran lago , testigo que fuera  del baño de Lua.  Me senté en una piedra y con los ojos cerrados, reviví aquel instante tan romántico y especial.  Me sacó de mi ensoñación los cascos de un caballo y los ladridos de un perro que se acercaban.


No podían ser efecto de mi recuerdo, eran reales. Abrí los ojos e hice pantalla con una de mis manos, ya que el sol me daba de pleno en la cara y no me permitía ver quién se acercaba.  No me había engañado: era un fuerte caballero, corpulento y grande como un castillo, que al igual que aquél, tenía los cabellos color de fuego.  Pero esta vez, saludó en perfecto inglés, que yo respondí. Me saludó con un gesto de la mano sobre su frente y se alejó tan rápidamente como había llegado.  Me quedé mirando el lugar por el que había desaparecido.  Decidí emprender mi ruta y  no tardé mucho en llegar a mi destino.  El tiempo quedó suspendido: había llegado a Wester Ross. Pueblo pintoresco donde los halla conservándose intacto, algo insólito en esta época en que el turismo arrasa con todos los tipismos.

Aparqué el coche, y paseé por sus calles, desiertas y silenciosas, alteradas solamente por el mugido de alguna vaca o los balidos de algún rebaño de ovejas.    Puse mi imaginación  a pensar cómo sería la llegada de aquel pequeño séquito al lugar de su destino.



  Kendrick había desaparecido de su vista, harto, seguramente, después de varias jornadas ocupándose de aquellas desconocidas mujeres, con las que ni siquiera podía comunicarse.  Lua, parada en mitad de la plaza del mercado del pueblo, miraba a un lado y a otro, buscando en las fachadas de las casas, el escudo que su padre había dibujado en el trozo de tela que llevaba en su falda cual si fuera un tesoro.  Intentaron que alguien les diera alguna indicación, pero no  entendía lo que querían decirla. Sacando la tela señalaba con su dedo al escudo y a las casas, y por fin, alguien les indicó la dirección correcta. Quién le había indicado  la dirección, sonrió complacido y se despidió de ambas mujeres.

Era una especie de caserón, mayor aún que un pazo de su tierra, pero igualmente de piedra y musgo como allí.  Llamó fuerte con la aldaba en la madera de la vieja puerta, y una sonrosada moza les peguntó, o al menos es lo que interpretaron, qué era  lo que querían.  Ella le enseñó el plano hecho por su padre.  En una esquina de la tela, había una muñeca vestida de desposada y junto a ella un robusto joven, dando a entender que era la novia prometida para unirse en matrimonio.

Unos fuertes brazos, rodearon el cuerpo de la sonrosada moza que miraba la tela con estupor, con el mismo estupor que el joven Kendrick  miraba,  el rostro de Lua.  Esa era su novia prometida, con quién había hecho un viaje protegiéndola, sin saber que habría de casarse con ella.  Un estremecimiento recorrió su cuerpo, mientras Lua clavaba sus grandes ojos, llenos de extrañeza en el rostro del escocés.

Inmediatamente, deshizo el abrazo a la moza y carraspeando, la tomó de una mano y de un tirón la introdujo en la casa.  Dando grandes zancadas, la llevó a un salón, en el que su padre meditaba sobre algo  sin prestar atención de lo que ocurría en la estancia.  Nuevamente ese lenguaje extraño para sus oidos llegó hasta ella, pero el tono de Kendrick era de enfado y nada hospitalario, algo que hizo que su padre levantara la cabeza y paseara su mirada por la presencia de ambas mujeres, desconocidas para él.

Por fin, unas palabras que entendían, y dedujo que ese hombre era el compañero de celda,  el que tanto mencionaba  su padre y, que por esa razón hablaba algo en gallego mezclado con castellano. Se identificó de inmediato, siendo abrazada por el hombre que, dirigiéndose a su hijo recriminó la fría bienvenida a  las forasteras y, que dentro de poco, llevaría del brazo ante el altar. Sería un dama escocesa al contraer matrimonio con un hombre perteneciente al clan MacDonald, uno de los más relevantes de aquella época.

 Hoy en día, muchos de sus componentes están repartidos por todos los lugres del mundo, pero conservan intactas sus raíces.



Con el ceño fruncido, sin duda disgustado por la aparición inesperada de aquella joven extranjera que había desbaratado sus planes de pasar un buen rato con July la robusta muchacha que abrazara instantes antes.

miércoles, 1 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 1 - Highlands

NOTA DE LA AUTORA:  Los personajes, la época en que se desarrolla el relato son  ficticios,  no así los lugares citados en el mismo. El rey celta  Breogán existió, erigiendo una torre muy alta,  para que  sus herederos pudieran ver las verdes tierras del otro lado del mar. Se cree que viajó hasta Irlanda donde murió. Tiene erigido  un monumento frente a la Torre de Hércules en A Coruña 1996rosafermu



Mi viaje hacia las Tierras Altas de Escocia, comenzó en el Camino de Santiago, hace mucho, mucho tiempo.  Descendiente de Breogán, una antepasada mía hizo el camino inverso desde   A Guarda hasta  Wester Ross, en las  Highlands de Escocia, con la sola compañía de una sirvienta, Aroa, y su marido, también sirviente..  Desde Fisterra, divisaban el amplio mar, embravecido que tenían ante si en una travesía larga y penosa que les llevaría a Britania.  Por nombre Lua fue prometida en matrimonio a un hombre, sin conocerse, sin haberse visto nunca. 



Eran tierras con pocas mujeres y la mayoría ya casadas.  Mis parientes y los escoceses, habían luchado juntos contra Inglaterra y, en las horas de penurias en las cárceles inglesas, se prometieron que unirían su sangre mediante el matrimonio, de manera que quedaron hermanados y ambos pertenecerían tanto a algún clan escocés como a la dinastía de los Breogán, rey Celta que tenía, parece ser,  visión de futuro y predijo que más allá de la Torre de Hércules, habían otras tierras verdes con gentes bravas dispuestas a defender su tierra, al igual que estaban haciendo ellos contra los romanos.

Desconozco el motivo, del porqué,  desde muy niña, mi cabeza se llenaba de fantasías, escuchadas al amor de la lumbre en las largas noches de invierno, sobre todo en la noche del Samhaim. 
 A pesar de sentir mucho miedo, me quedaba embelesada cuando alguna tía contaba las historias transmitidas de siglo a siglo y de familia a familia, hasta nuestros días, desde tiempos remotos cuando los primeros celtas llegados del centro de Europa, establecieron sus castros por el norte de Iberia, principalmente en Galicia y Asturias.

Mi familia regentaba un pequeño hotel a las afueras de Santiago, dado el auge que tomaba el peregrinaje emprendido desde cualquier punto cardinal de la tierra. Yo había cursado mis estudios de turismo,  en la Universidad de Santiago y, como viaje de fin de carrera. Mis padres me prometieron ir a Escocia. Edimburgo, Inverness... en fin, todos los lugares más turísticos puestos de moda.



La víspera de mi marcha revisaba el equipaje; no quería que nada fallase a última hora.  Hasta me había comprado un libro con vocabulario gaélico , algo que intenté por todos los medios aprender, pero que me fue imposible.  Esperaba que con el inglés me bastara para hacerme entender.   Y por fin, tomé un vuelo barato desde el aeropuerto de Santiago y llegué a Edimburgo en poco más de dos horas y media.

Desde el avión, podía disfrutar el verdor del paisaje, algo que no era extraño para mi, ya que el gallego tiene la misma intensidad en verdor que el escocés.
  En el mismo aeropuerto pedí información sobre hoteles económicos que no estuvieran alejados del centro de la ciudad, para así recorrerla más cómodamente.  Una vez instalada, desplegué el plano sobre la cama y me dispuse a señalar los puntos turísticos más relevantes de la ciudad. Estaba emocionada, porque no sólo era mi primer viaje al extranjero,  sola, sino que además quería recorrer la geografía a la que hacía siglos había llegado a esas tierras una lejana, muy lejana,  pariente mía.

¿ Cuánto tardaría el barco ?  . Cómo sería ese esposo prometido? Según leyendas transmitidas de generación en generación, Lúa era de una belleza espectacular.  Con cabellos de color castaño dorado y ojos entre verdes y miel.  En ella confluía la raza celta proveniente de Alemania, aunque hubieron varias generaciones de celtas ibéricos..

Había sido un matrimonio concertado, cuando ellos eran aún muy niños, y nada sabían uno del otro.  El comercio establecido entonces eran monedas de distinta acuñación que las de Iberia, por tanto tenían que cazar lo que pudieran para poder comer, ya que nadie, al ser extranjeros,  les fiaba.  Cuando llegaban a alguna posada, cambiaban un plato de comida por trabajo en la cocina o simplemente limpiando letrinas.  Aunque Aroa no la dejaba hacer casi nada.  Ella tenía la sabiduría de tiempos ancestrales y conocía las plantas del bosque con la que sanaba alguna herida.

Y curando una herida, conoció al joven Kendrick. Un buen mozo escocés, grande como un castillo, de ojos azules y cabellos color de fuego.   Había tenido una refriega con unos asaltantes de caminos, que quisieron abusar de Aroa y Lúa, deshaciéndose del sirviente,  esposo de Aroa.  Las  meigas, o la Providencia, hizo que por allí pasara  Kendrick y saliera en su defensa , pero resultó herido , no muy grave, pero si doloroso.  Y Lúa  le curó,  a cambio de su protección.. No sabían donde estaban y no conocían su lengua.  Tampoco se podían comunicar con  él , que no dejaba de mirar a mi pariente.  Sacó de su faltriquera un arrugado trozo de tela en el que estaba señalado el nombre de Wester Ross. El muchacho sonrió y señalando su pecho, les hizo entender que él se dirigía hacia  allí


Agotadas por el cansancio, cada vez abarcaban menos territorio a recorrer, algo que incomodaba al joven escocés, que tenía prisa por llegar a su casa.  Allí le esperaban una bella mujer y una cama caliente. Dormían a ratos por la noche al amparo del fuego de una hoguera que encendía con algo de leña seca, ya que el relente nocturno la mojaba   Pasaban frío, mucho frío, ya que el equipaje lo habían perdido en la pelea con los asaltantes, y su ropaje no estaba adecuado para soportar las temperaturas que la nocturnidad marcaba. Estaban sucias y malolientes.  Daría parte de su vida si pudiera darse un baño. Cuál si alguien la escuchase, ante ellos, apareció un enorme lago, cuyas transparentes aguas invitaban al baño.

Kendrick, en su lengua, les debió avisar de que la temperatura del agua estaba para pocas bromas, pero Lúa deseaba asearse, así que aprovecho, cuando él salió a buscar algo de caza para comer, y sin entender lo que él le avisaba, se desnudó y se metió en el agua. Enseguida, el frío caló en sus  huesos, y decidió salir cuanto antes.  De lejos, el escocés vio su cuerpo desnudo, y a pesar de que su intención era darse la vuelta, se había quedado paralizado ante la belleza de la desnudez  de la muchacha, y de su dorada piel.  Nunca antes había visto a una mujer desnuda totalmente, sólo en camisola..  Retrocedió unos pasos, para que la diera tiempo a vestirse y de este modo no hacerla pasar vergüenza.  Cuando llegó ante las mujeres, la hizo notar su extrañeza por haberse mojado la cabeza, que no daría tiempo a que su cabello se secara antes de la noche.  E hizo una hoguera más grande, y no dejaba de mirarla, que encogida cerca del fuego, buscaba algo de calor.  Le castañeteaban los dientes de frío.  Deberían darse calor mutuamente, y Kendrick, se quitó su chaqueta y se la puso para que el frío que sentía fuera aliviado. Se tumbó junto a ella para que recibiera el calor de su cuerpo, y a su vez Aroa, junto a Lúa, extendiendo sobre ellos la manta del escocés , cubriéndose con ella.

La proximidad de sus cuerpos y el perfume de su pelo, hicieron que Kendrick no durmiera en toda la noche, y de vez en cuando, frotaba los brazos de ella para que entrase en calor, ante las protestas de Lúa y la sonrisa pícara de Aroa.. No se entendían: ni ella a Kendrick, ni éste a la joven.  Cada uno hablaba en su lengua, y sólo sabían cuando las frases eran en protesta por algo. Tan sólo les faltaba una jornada para llegar a destino, pero ella tenía fiebre y no paraba de estornudar, algo que el escocés respondía con un Jesús. ¡ Al fin una palabra en cristiano  que los tres pudieron entender! Subió en su caballo a las dos mujeres que se veían exhaustas, y él haría el resto del camino a píe.  Es todo lo que podía hacer por ellas.

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