martes, 5 de julio de 2016

La carta - Capítulo 7 - Lizzy y Mildred

Unos toques de atención en la puerta, hicieron que las dos hermanas dejaran de discutir.

- Me tenéis harto con vuestras estupideces- dijo el padre de las chicas con bastante malhumor
- Ha sido Lizzy-, replicó una de ellas

Eran gemelas, pero opuestas en todo, tanto física como en temperamento.  Lizzy rubia como el oro y de unos bellos ojos azules, como su madre. . Mildred, más parecida al padre, con cabellos castaños, pero con   ,el mismo color de ojos..  .  Su madre, nacida en Dinamarca y criada en Estados Unidos, y el padre de origen británico, aunque nacido también en USA  Se conocieron en Canadá cuando él cursaba sus estudios de ingeniería aeronáutica. Fue amor a primera vista por parte de ella. Lo de él, fue refugio para olvidar un amor contrariado que había dejado atrás.




¿ Por qué recordaba ahora todo aquello ?.  Quizá por la discusión de sus hijas, lo vehementes que eran y lo que las quería.  Su vida hubiera estado  aún más  vacía si no las hubiera tenido a ellas.  Se sentó en el sillón, y sin querer, prosiguió con sus recuerdos.  Llegó con dieciocho años.  Conoció a la madre de las niñas  en la universidad y se integró  en el grupo en el que estaba Ingrid, que no transcurrido mucho tiempo, se convertiría en su novia y más tarde en esposa, aunque no fue un matrimonio largo, pero si conservaron una buena amistad.

Fue recibido en el aeropuerto por un primo de su padre que llevaba más de veinte años viviendo en Canadá y que  le había recomendado para que orientase al muchacho en la aventura que emprendía.  Había  elegido una carrera difícl, pero era la que le gustaba. Aunque sus miras estaban en Norteamérica, más concretamente en Cabo Cañaveral.  Picaba muy alto, sabía que era muy difícil y largo el camino, pero no tenía ni más interés ni más cosas que hacer que centrarse en ese sueño.

Llegó desmoralizado y triste.  En América había dejado al amor de su vida, pero además habían roto su relación y no había ninguna posibilidad de arreglo.

 Llevaba en la cartera una fotografía de ella., y recordó el día que se la sacó un compañero de universidad integrado en el grupo de  estudios. Al finalizar el curso, celebraron las notas obtenidas con una comida en el campo junto a todos sus amigos..  Uno de ellos les tomó esa foto, en la que se les veia felices unidas sus bocas por morder una misma fruta..  Sonreian  todos por la instantánea, aunque eran ajenos que la felicidad les duraría poco tiempo.  En su reverso había una fecha remarcada.  Una fecha muy especial para ellos, inolvidable.  La dejó en la mesilla de noche, junto al reloj, y se tumbó en la cama.  Vivía momentáneamente en casa de su primo, hasta que comenzara el curso y se instalara en el campus.





- Os lo agradezco, pero cuando comience el curso, me alojaré en la universidad. No os daré la lata- les había comentado

No terminaba de encajar, se encontraba muy extraño.  Apenas hablaba ingles, sólo para defenderse.  Había que despabilarse, pues de lo contrario no podría seguir las clases.  Se aislaba voluntariamente del resto de chicos.  Por este motivo, fue observado por una muchacha.  Llamaba la atención de ella el que siempre estuviera alejado de la pandilla, como ausente, y eso la hizo acercarse más a él.  Aunque al principio, no mostraba interés, poco a poco consiguió ser presentado al resto de chicos que le acogieron  sin problemas, porque en realidad, el problema lo tenía él.  No conseguía apartar el recuerdo de Meredith , y eso le volvía taciturno y reservado.

Entablaron un diálogo, y pronto fue presentado por la muchacha al resto de compañeros.  No tuvo problema para integrarse, dado el carácter abierto del chico.  Poco a poco se fue ganando la simpatía de todos, y en especial de Ingrid, que así se llamaba la chica.

Salían los fines de semana, acudían a alguna hamburguesería. o iban al cine.  Cuando el tiempo era bueno, acudían a uno al aire libre, en el coche de ella.  Era el lugar elegido por las parejitas para hacerse los arrumacos sin que nadie se fijara, puesto que todos iban a lo mismo.  Ellos no serían una excepción, pero fueron más allá en el asiento trasero del coche.  Cada semana, cuando el tiempo lo permitía, acudían  al cine, y cuando llovía o hacía frio, elegían un motel de carretera y allí colmaban sus apetencias.




Una tarde, Ingrid le llamó llorando muy preocupada.  El presintió lo que iba a decirle.  No era una situación nueva;  hacía poco se había enfrentado a ella, pero en otro lugar, con otra chica.  Se vieron en la habitación del motel en el que acostumbraban a ir

- Jack, Jack - lloraba mientras se abrazaba a él llorando
- A ver ¿ qué ocurre?- le decía tranquilo
- Me ocurre que estoy embarazada. Acabo de recibir el informe médico y no hay duda. La semana próxima me haré una ecografía.  Jack, tengo miedo
- Bueno, tranquilízate... No estás sola, no voy a dejarte sola
- Pero no podemos tenerlo... Los estudios... ¡ Oh Dios mío ! mis padres me matarán
- Yo hablaré con ellos.  Nos casaremos, trabajaré y saldremos adelante
- Pero ... ¿ tu me quieres? - preguntó ella
- Naturalmente que te quiero.  Si no te quisiera, no hubiera ocurrido esto ¿ no crees?

Quería aparentar tranquilidad ante ella, pero la verdad es que estaba muy lejos de sentirla.   Todos los planes se habían  venido abajo.  Recordó cuando Meth le dijo lo mismo.   Echó la vista atrás

- ¿ Habrá tenido el niño ? ¿ Será niño ó niña ? ... Dios mio,  yo la adoraba...
- ¿ En qué piensas? - le preguntó Ingrid, al notar que no prestaba atención a lo que le decía. Ella no se imaginaba  que muy probablemente él hubiera dejado un hijo en América.

La dio un beso y salieron de la habitación.  Ese día no hicieron el amor.  Estaban demasiado preocupados, pero no pudo evitar un pensamiento

" Si en lugar de Ingrid hubiera estado con ella, sí la hubiera hecho el amor antes de irnos "

Se quedaron fríos cuando el médico les anunció que había dos semillitas que crecían en el interior del vientre de Ingrid.  Esa misma tarde fue a  hablar con los padres de la chica que ya habían sido puestos en antecedentes por ella.



El padre estaba indignado y furioso, cuando  llegó a la casa.  Tuvo que escuchar toda clase de insultos, mientras Ingrid gimoteaba agarrada a la mano de Jack.  Sudaba, sentía un fuerte calor interior, pero reconocía que el buen hombre tenía razón para tal enfado.  La madre muy pálida, callaba conmovida por el mal rato que su hija estaba pasando.

- Tendrás que trabajar, y sacarás adelante tu casa y a lo que venga.  Te seguiré muy de cerca y más vale que te portes bien con Ingrid, porque de lo contrario vas a sentirlo.  Puedo asegurarte que si observo que ella sufre, te arrepentirás de haber nacido
 Aceptaba los improperios sin decir nada.  Cuando el hombre se hubo calmado, comenzó a exponer lo que  tenía pensado hacer

- Trabajaré en lo que sea.  No debe preocuparse. A mi familia no la faltará de nada.  El trabajo no me duele y si me es posible también estudiaré para poder realizar lo que tenía planeado.

Se casaron civilmente cuando ya estaba en el quinto mes del embarazo. Su volumen había aumentado considerablemente , al tratarse de dos criaturas las que llevaba en su vientre.



Jack,  buscó denodadamente trabajo, y debido a su afición a la mecánica, fue su suegro quién se lo proporcionó  en su taller de arreglos de vehículos.  Vivían en un apartamento cercano al de sus suegros, y se desenvolvían económicamente bien, pero los estudios los tenía que hacer a distancia y por las noches.  Lo conseguiría, aunque bastante más tarde de lo esperado.

Ingrid le notaba siempre como ausente, como si su cabeza estuviera en otro lado.  No se equivocaba.  Nunca le había contado lo que dejó atrás al salir hacia Canadá, pero intuía que era algo que le dolía especialmente.

Dio a luz a dos preciosas niñas, y chocaba que una fuera rubia como su madre y la otra castaña como él.  Desde el momento que las tuvo en sus brazos, supo que las quería más que a su vida, y que haría todo lo que fuese para que tuvieran un hogar en la que el cariño fuese el  que reinara en él.  Pero ...

Quizá fuese la frustración que sentía por no haber podido realizar su proyecto de vida, por la depresión post-parto, por el trabajo de atender a las niñas,  y quizá y más probable, es que no se había casado enamorado de Ingrid.    Poco a poco su relación fue deteriorándose.  Al principio  a penas perceptible,  pero la convivencia se hacía cada vez más difícil

Llegaba cansado del trabajo y se encontraba con el panorama hogareño:   Ingrid llorando, desbordada por atender a dos bebés al mismo tiempo, a pesar de ser ayudada por su madre. Despeinada, sin arreglar y permanentemente con los pechos fuera dando de mamar a las niñas...  Todo lo hubiera soportado si estuviera enamorado, pero el caso es que no lo estaba,  y ella lo notaba, lo que aumentaba más su depresión.  Pasaron la cuarentena, pero las relaciones sexuales no se reanudaban. Cada vez eran más escasas y más distantes en el tiempo.  Ël comenzó a frecuentar los bares cercanos.  Nunca se emborrachaba, pero huía del panorama de su casa.

Ninguno de los dos fue culpable, pero el deterioro de la pareja era evidente.  Las niñas crecían preciosas, sanas y bonitas, pero ellos eran como dos extraños.  Y fue ella la que decidió plantear la situación del divorcio.  Meses después,  él abandonó el hogar para instalarse momentáneamente en una pensión barata.  A Ingrid la dolía verle en esa situación.  No había conseguido nada de lo que había proyectado, ella tampoco, pero al menos tenía el apoyo de sus padres, un hogar, y a sus hijas.  El también tenía a las niñas, pero estaba solo. Los padres y hermanos de jack, al contarles que debía casarse rápidamente, dejaron de hablarle

- Creciste como un golfo y sigues igual.  De nada han servido las oportunidades que te dimos ¿ Para eso te fuiste?- es el comentario que recibió de su padre, cuando le llamó para anunciarle que iba a ser abuelo.  Sin embargo la madre, siempre encontraba un momento, a escondidas de su familia, para hablar con el hijo, que quizá por ser menos afortunado, le dolía más.

Tomó la decisión de plantar cara a su marido.  Nunca lo hubiera hecho...,  nunca.  Pero ahora debía ayudar a su hijo,  que lo estaba pasando mal.   Había abandonado definitivamente los estudios. Seguía trabajando en el taller de su suegro, al que había tomado cariño.  Ambos se apreciaban, porque veían la buena relación existente entre su hija y él.  Tenían mejor relación divorciados que cuando estaban casados.  Acudía todos los fines de semana a ver a las niñas, que en cuanto cumplieron los tres años, se las llevaba a casa y dormían en su apartamento


La madre de Jack había conseguido que el marido la acompañase en su viaje a Canadá para ver al hijo. Estaba decidida a ayudarle..  Acudió al aeropuerto a recibirles. El saludo del padre fue frio, protocolario.  Sin embargo el de la madre fue cálido, entrañable.  Les acompañó hasta el hotel, y quedó con ellos que al día siguiente les llevaría a conocer a sus nietas.




Y las conocieron, y a la madre  se le saltaron las lágrimas
- ¡ Cielo santo ! ¡ Qué bonitas son !-decía arrimando a la suya las caritas de las niñas, que la sonrieron

El padre también estaba emocionado.  Quizá el volverle a ver, había revuelto sus instintos paternales.  Le causaba profundo dolor el comprobar que de todos sus hijos, es el que estaba en peor situación.  Los padres de Ingrid, quedaron encantados con la visita de sus consuegros, y el padre, cuando se hubieron marchado, comentó a su mujer

-¿ Sabes lo que pienso ? Que ha sido una verdadera pena que ellos no se entendieran.  Jack es un buen muchacho.  Un poco cabeza loca, pero un buen muchacho.  Le recibí con mucha prevención, pero mi opinión ha cambiado.

Y  acudió al hotel a buscar a sus padres.  les llevaría a comer a algún restaurante italiano, barato eso si, porque aunque ganaba un buen sueldo, debía pagar la manutención de las niñas, y no andaba muy sobrado.

Los padres se mostraron comprensivos y contentos.  La madre le miraba con inmensa ternura, y más de una vez, fue sorprendida por su hijo con los ojos llenos de lágrimas.  Antes de salir, el padre hizo que se sentara

-Jack, sé que has sido un ... loco, pero al fin y al cabo eres mi hijo y me duele lo malo que te ocurra.  El tener a esas niñas, ha sido la mejor cosa que has hecho, y lo que espero es que tengamos más contacto.  No será  el mismo que con los que viven allí, pero cuando sean mayores quiero hablar con ellas por teléfono.  Y aprenderé a manejar un ordenador para verlas en directo., por gue..,.
- Por webcam, papá, por webcam
- Eso...,  como se llame.  Te volverás a matricular en la universidad, y cursarás los estudios para los que viniste a este país.  Habrás de prometerme que serás ingeniero .  Deseo que cumplas tu sueño
- Gracias, padre, pero no puedo.  Eso fue entonces.  Ahora soy padre de familia y he de ayudar a Ingrid en la manutención de las niñas.  Ellas son ahora mi sueño


- Lo sé, lo sé. Pero .. nosotros te ayudaremos. Mamá y yo lo hemos hablado, y está decidido.  Dejarás el trabajo y te centrarás únicamente en tus estudios.  Volverás a matricularte y sacarás adelante los cursos en los que lo cortaste.  Todos los meses haremos una transferencia a Ingrid para las niñas.  No carecerán de nada.  A cambio te exijo que seas ingeniero.  Esa es nuestra única condición

Se sacrificó al máximo, pero lo consiguió.  Al recibir la titulación fue acompañado por sus padres y uno de sus hermanos. Por sus suegros, sus hijas e Ingrid, que se mostraba orgullosa de él.  Celebraron una gran fiesta.

Envió su curriculum a la NASA, a Tejas.  Esa era su máxima ilusión.  De siempre quiso pertenecer a esa organización, pero el tiempo pasaba y no tenía respuesta.  Entre tanto buscó empleo en una pequeña compañía aérea.  Las niñas crecían y adoraban a su padre.  La relación con Ingrid era excelente, ella le profesaba un gran cariño.  Sabía que no conocía todo lo relativo a su vida de juventud, pero ella respetaba su silencio, y nunca le preguntó nada.  Esperaba que algún día se lo confesara.

Las niñas hablaban con frecuencia con sus otros abuelos, y en cuanto tuvieron edad para viajar, pasaban parte de las vacaciones con ellos.

 Un día el cartero llamó a la puerta del hogar de Jack. Este se encontraba trabajando.  Era una carta que procedía de la NASA, que fue recogida por Mildred.  Inmediatamente la niña llamó a su padre

- Dime Mildred, ¿ qué pasa?
- Nada papá... Ha llegado una carta de la NASA
- Pues ábrela.  Seguramente será para decirme que ya me avisarán

La niña rasgó el sobre y extrajo el pliego de papel con membrete de la organización.  A medida que iba leyendo, sus ojos se abrían cada vez más y una sonrisa de satisfacción se dibujaba en su cara.  Lizzy acudió junto a su hermana extrañada por los grititos que estaba dando



- Papá, papá....  Te han admitido... Pone que te tienes que incorporar la semana próxima
- ¿ Es eso cierto?   Léemelo, anda

La carta fue leida con sumo cuidado por Lizzy y Mildred  a coro.  Él  no podía hablar.  Su sueño se había cumplido.

Ingrid y las niñas acompañaron a Jack hasta Tejas.  Las niñas lo vivían como una aventura.  Tan sólo enturbiaba su felicidad, el pensar que no podría estar con ellas  todo lo que quisiera.  Su trabajo se lo impediría.  Ingrid para consolarle, le dijo

- No te desmoralices. Están las vacaciones. Las pasarán todas contigo, por favor no te preocupes.  Es lo que siempre has deseado...
- Si pero entonces no teníamos a las niñas- respondió triste.

Pasaron tres días como si volvieran a ser una familia.  En el viaje de vuelta, Ingrid tenía como vecino de asiento, un ingeniero que sería compañero de Jack.  Inmediatamente conectaron y las niñas que iban detrás, cuchicheaban entre ellas sobre la cara que mostraba su madre.

Su noviazgo se desarrolló por carta y a veces se encontraban cuando él tenía algunos días libres.  Ingrid comunicó a Jack,  que a pesar de la oposición de las niñas, se casaría con Julio y serían vecinos.

Pablo dio su aprobación y tuvo una larga charla con sus hijas para convencerlas de que su madre no dejaría de quererle, serían vecinos y podrían verse igual que antes.  Julio era un buen hombre estaba muy enamorado de su madre y era amable y correcto con ellas.

 Se casaron y  fue testigo por parte de Ingrid.  Estaba satisfecho de la decisión que su ex había tomado.  Merecía ser feliz y además tendría cerca a su familia.  Tres meses más tarde, Ingrid anunció a Jack y a las niñas, que un nuevo miembro venía en camino.  Prepararon una comida especial y celebraron la buena nueva.    Ante la perspectiva de un hermano, las niñas fueron aceptando a Julio, y poco a poco llegaron a formar una familia muy unida.  Además su padre vivía cerca.  Estaban terminando la enseñanza primaria en el cercano instituto.  Definitivamente habían establecido su residencia en América nuevamente.

lunes, 4 de julio de 2016

El perfume de los tilos - Capítulo 6 -


La carta - Capítulo 6 - James

Introvertido, silencioso, con una exquisita educación, James,  se mostraba abatido cuando al finalizar el curso, perdió el contacto con sus compañeras, más exactamente con  Meredith .  Sabía su número de teléfono, pero quería dejarla espacio. Ella tenía una intensa relación con su mejor amigo, Jack, y no se interpondría entre ellos.  Su esperanza era el coincidir en la misma universidad.  Para entonces su amigo,  estaría cursando la suya, en otra diferente, y el contacto con Meth no sería tan  habitual.
Cada uno se fue de vacaciones a lugares diferentes.  Deseaba ardientemente, que se acabara el periodo estival y volvieran a reanudar las salidas con los amigos de la pandilla.



Era ya Octubre cuando comenzaron las clases y parte de los amigos se dispersaron por distintos lugares, pero Meredith  y James , coincidieron.  Encontró a la chica más desmejorada y la dulzura de su cara se había tornado en melancolía.

  Habían pasado unos días desde que se iniciara el curso, cuando  se atrevió a preguntarla el motivo de su tristeza

- He roto con jack y no volveremos a vernos nunca más
- Eso es demasiado tajante.  Cuando regrese reanudaréis vuestra relación, ya lo verás
- No, no.  Es definitivo...  Ni siquiera sé dónde está

Sintió como campanillas dentro de sí.  Aún podía conquistarla, pero debía tener calma, que ella se acostumbrara a su presencia

- Si deseas hablar, sabes que puedes contar conmigo
- Gracias, Jim. Lo sé y así será.  Gracias -.  Quería darla tiempo, no debía apresurarse, pero cada vez estaba más impaciente.  El contacto con ella se le hacía insufrible.  Pero debía esperar a que olvidara ese amor roto.

Comenzaron a salir los fines de semana, cuando sus estudios se lo permitían.  Preparaban los exámenes juntos y reían juntos.  Poco a poco Meth iba superando la ausencia de Jack, y comenzó a seguir la recomendación que le hiciera en su carta de despedida. " Vuelve los ojos a James"...  Comenzó a mirarle de otra manera. Era agraciado aunque algo mayor que ella, pero cada vez que la miraba, podía adivinarse que estaba loco por esa muchacha.  Pasó ese curso, llegó otro  verano,  y comenzaron  el segundo año de carrera.  Él  estaba a punto de perder las esperanzas.   le trataría siempre , como a un amigo.

Una tarde, mientras estudiaban en la biblioteca de la facultad, a ella  se le cayó el bolígrafo .  Ambos se agacharon a recogerlo a un tiempo.  Por unos segundos sus rostros permanecieron  muy cerca.   Sin poderse contener, juntó su boca a la de ella en un largo beso.  No quedó sorprendida.  Conocía desde hacía mucho tiempo los sentimientos que le inspiraba.  Puso su mano en la nuca de él y devolvió el beso, suavemente.  Jim la miraba a los ojos, buscando una respuesta a lo que acababa de suceder, y la halló en la dulce sonrisa de Meth..


Cerraron los libros y salieron de la biblioteca.  La condujo hasta su coche y dentro se besaron apasionadamente.  Estaba en Babia.  No podía creerse que ella le amase. No le importaba si no era de la misma forma que a Jack. El estaba allí, en el momento oportuno,  recogiendo los pedazos del corazón que le había roto.  No podía dormir pensando en el beso de ella. Lo había deseado tanto y desde tanto tiempo, que ahora al ocurrir, no lo creía.  Siguieron su relación, y cada vez ella se sentía más a gusto con en su compañía. Sabía que la protegería de todo, que la amaría por encima de todo.  Y James   la pidió que formalizaran sus relaciones, a lo que ella  contestó:

- Verás .., , es algo complicado.  Yo te quiero, y mucho, pero no debo engañarte. Mi amor no es igual al que sentí por Jack.  Éste es más reposado, más tranquilo, sin inquietudes.  No debo guardar ningún secreto.  Has sido demasiado bueno y has tenido tanta paciencia, que ahora me es doloroso decirte lo que debo contarte, pero es necesario... No quiero secretos entre nosotros.  Si después de esto decides otra cosa, lo entenderé y mi cariño no cambiará y seguiremos siendo buenos amigos. Escucha, yo ...- 
Bebió un sorbito de agua.  Tenía la boca seca y no podía casi hablar, pero siguió adelante:

-  Yo tuve relaciones con él ...,  una vez...- no pudo seguir, James la interrumpió
- ¿ Crees que no lo imaginaba?  Lo supe siempre, no porque alguien me lo dijera, sino porque amándote como me consta que él te quería era lo más lógico.  Yo en su lugar hubiera hecho lo mismo
- ¿ Y ?.... Te repito que entendería tu rechazo. Sé que eres muy conservador, y de los que piensan que se debe ir virgen al matrimonio, y yo no lo soy
- Soy conservador, pero vivimos en el siglo veintiuno y eso ya no tiene tanta importancia.  Yo te quiero igual, y así será hasta que me muera. Sé que tu también me quieres y con eso me basta.  Has sido muy valiente al decirlo.  Otra en tu lugar se hubiera callado
- Pero has sido tan bueno conmigo, que no podía ocultártelo
- Entonces ¿ quieres casarte conmigo?- le preguntó ansioso el muchacho- Nadie tiene necesidad de saberlo, si es que eso te incomoda. Es nuestro secreto, nos pertenece sólo a nosotros
- Jim  ¡ eres tan bueno !
- No amor, ¡ te amo tanto !


El enlace se realizó tres años más tarde.  Quería terminar la carrera, y para ello estudió noche y día.  Realizaba dos cursos al mismo tiempo.  Estaba impaciente porque se convirtiera en su esposa, y cada vez le resultaba más difícil contener sus deseos de tenerla.  Las ideas respecto a eso, eran chocantes.  Católico de misa los domingos, no admitía las relaciones pre-matrimoniales, sin embargo   disculpó el romance con su mejor amigo.

Compraron un chalet en una urbanización de alto standing, a las afueras de la ciudad . Meredith  le pidió tiempo para tener hijos.  Deseaba disfrutar con él  al menos los dos primeros años de matrimonio.  Él  no podía negarle nada, y eso tampoco se lo negó.

Se casaron  y sus invitados eran de alto copete.  Después del banquete de bodas,  en la primera oportunidad,  se escaparon. Irían directos a su casa, allí pasarían su noche de bodas.  Lo mantuvieron en secreto para que nadie les molestase.  Todos creían que irían a un hotel

 Solos en la habitación, Jim  sentía el azoramiento de ella, y trataba por todos los medios que se sintiese menos incómoda. La desabrochó el vestido, besando su cuello y su espalda.  Ella entornaba los ojos recordando otras caricias en una situación semejante. La ´despojó de la ropa, la tumbó en la cama y agarró las manos de ella que había puesto encima de la almohada, sobre su cabeza.  De sus labios brotaban ardientes palabras de amor, y sus besos primero fueron suaves, después  más persistentes, al tiempo que consumaban su matrimonio.  La noche fue larga y la mañana del nuevo día, pero ella supo, que lejos de molestarla, recibía con agrado las caricias de su marido.  Le quería, y por fin olvidó a Jack.


James  adivinaba lo que su mujer sentía. La entrega de ella era total, sin reservas y respondía a las caricias que él propiciaba.   Había cumplido su sueño y era correspondido de igual manera por ella.  Agotados, se quedaron dormidos al mediodía.

Se querían, Jim más, que ella a él, lo sabía, pero le bastaba. La había conquistado, se había casado con ella y eran felices.  Tenían una vida tranquila y feliz. El,  cada vez que tenían intimidad, aventuraba el deseo de tener un hijo, y ella mimosa le respondía

- Es muy pronto, mi amor. Dentro de unos meses, por favor-.  Ante los mohines de ella no podía resistirse y besándola, decía

- De acuerdo cielo, de acuerdo.  Pero no esperemos mucho, por favor

Menos de tres años, les duró la felicidad. Un aciago día,,  contó a su mujer las muestras de sangre en su orina y la dificultad que tenía para realizar la función fisiológica.. Pruebas, biopsias, lavados, revisiones dolorosas, etc....  James  murió de un neoma vesical , dejando a su mujer sumida en la más absoluta desesperación.  Había tenido la suerte de ser amada por el hombre más generoso y bueno que existía, y la orfandad que le dejó, la sumió en una fuerte depresión.  No volvería a querer a nadie más, nunca más podría amar a otra persona.  Él permanecería dentro de su corazón por siempre.  Un hondo pesar la invadió.    Se había ido  con las ganas de haberla engendrado un hijo... ella no lo deseó y ya no podía ser.

Cuando recordó esto, corrió a la mesita de noche del lado de su cama, y abrió con tanta fuerza el cajoncito que cayó al suelo.  En el contenido del mismo, había unas cajas de anticonceptivos.  Los cogió con desesperación y tirándolos al suelo, los pisoteaba con furia, con una rabia que nunca había sentido.  Rota de dolor y desesperación se acurrucó en un rincón cubriéndose la cara con las manos.  Lisabetta,  acudió presta a su lado y la abrazó dándole golpecitos en la espalda como si se tratara de un niño.  No sabía qué hacer para calmar tanto dolor.  Estuvo llorando largo rato, o quizás horas. Sólo llamaba a su marido con desesperación. 




 No quería ver a nadie, ni siquiera su madre pudo verla.  Tom,  el hermano mayor de su marido, fue quién la hizo reaccionar. Al llegar a casa y verla en ese estado, se sentó a su lado en el suelo y rodeó su hombro con el brazo.  Ella, sin dejar de llorar, reclinó su cabeza, mientras él suavemente acariciaba su mejilla empapada por el llanto.  Permanecieron en silencio. Comprendía la desesperación que sentía su cuñada.  Habían sido un matrimonio ejemplar, siempre juntos, felices y amándose.   Pero el destino cruel sintió envidia de ellos, llevándose a Jim prematuramente.  No les dio tiempo a celebrar su tercer aniversario de bodas. Ella tenía en mente darle una sorpresa: tendrían ese hijo que tanto deseaba , pero no llegó a tiempo, y ese pensamiento martillaba su cerebro constantemente.


domingo, 3 de julio de 2016

La carta - Capítulo 5 - Jack

De alta figura, de piel algo morena, de cabellos castaño y de ojos azules.  En él se reunía  la raza,  mitad anglosajona, mitad celta de sus familiares.que desde tiempos remotos poblaron el mundo .
En su sonrisa,  el encanto,  un tanto picarona,que encandilaba a todas las chicas que en su clase cursaban  secundaria.  El jugaba con todas, y no hacía especial caso a ninguna.  Faltaban dos cursos para terminar , cuando a la clase se incorporó una compañera nueva.  De estatura normal, de cabellos castaño claro, también  ojos claros y con un rostro tan dulce, que inmediatamente llamó la atención del inquieto Jack

- ¿ Cómo te llamas ? - ese fue su primer saludo, su primer encuentro
- ¿ Yo ? , Meredith
- Eres nueva ¿ verdad?
- Si, así es
- Muy bien.  Pues sé bienvenida, y que te sea leve... Hasta luego -.  Como un torbellino salió corriendo.  El timbre que avisaba la hora de entrada a clase había llamado por tercera vez.  No había tiempo que perder;  si llegaban tarde se quedarían en el pasillo y no podrían entrar a clase hasta que no concluyera, después de soportar una buena reprimenda del tutor. Meth  se le quedó mirando curiosa.  No le había dado tiempo más que a pronunciar dos palabras
- ¡ Es increíble !-pensó mientras reía
- Anda, entra, entra,  ó te quedarás en el pasillo ...- le advirtió  Jack.desde la distancia



Esa fue la primera vez que se vieron.  A medida que el tiempo transcurría, se frecuentaban con más asiduidad, hasta que un día el chico le anunció

- Somos novios
- ¿ Cómo dices ?- preguntó ella extrañada
- Pues eso, que somos novios

No la dio tiempo a responder. La abrazó contra él, dándole un beso en los labios.   Ella estaba desbordada por la energía y decisión del chico.  Siempre la dejaba sin respuesta.  Era el primer beso que recibía de un chico.  Tenía 16 años recién cumplidos, y la misma edad era la de él.

Pronto sintieron algo más profundo en sus jóvenes vidas.  Jack, con su carácter arrollador se había enamorado de Meredith  de una forma que ni él mismo creía.  Siempre estaba rodeado de muchachas,  y que debido a su carácter abierto y simpático, se le rifaban.  Hasta que llegó ella....  Desde que eso ocurrió, ya no volvió a coquetear con nadie.  Pasaban el mayor tiempo posible juntos, estudiaban juntos y juntos salían los fines de semana. Buscaban los rincones del parque más escondidos en donde no pudieran ser observados por nadie.  La chica era muy tímida y le daba vergüenza que la besara en público, pero al mismo tiempo,  lo deseaba.  Al sentir en sus labios la presión de los de él, algo recorría su cuerpo, algo muy especial,  que hasta entonces nunca había sentido.

Pasaron los dos años que les faltaba para graduarse. Les aguardaba , la universidad.  Meredith  temía ese momento, pues sabía que tendrían que separarse.  El quería hacer ingeniería aérea, carrera muy difícil en la que necesitaría toda su concentración.  Había contrariado  a los suyos, saga de abogados, pero,  él no iba por ese camino, lo que proporcionó un serio disgusto a su acomodada familia.  Le apodaban el "hippy", por lo desordenado de su aspecto físico.  Siempre iba en vaqueros y acogió con satisfacción la moda imperante de llevar los pantalones con rotos.


Por el contrario, ella,  era la exquisitez en persona. Siempre impecable, cuidadosa, perfeccionista al máximo, de carácter dulce, era la viva representación de ser hija única.  Ambos pertenecían a la misma escala social: familias pudientes y conservadoras.  Jack  contestatario y progresista hasta las últimas consecuencias, lo que hacía entablase discusiones con su padre y hermano constantemente.  Era un apasionado de los motores, principalmente de las motos.

- Me haré piloto de aviación, y estudiaré ingeniería aeronáutica. Cuando tenga mi formación acabada, nos casaremos y tendremos por lo menos cinco hijos- le decía a la asustada Meredith.  La personalidad desbordante de su novio la intimidaba.  No se veía rodeada de chiquillos

- Pero nos casaremos de ancianos...-protestaba ella impaciente -. Él sonreia, acariciando el suave cabello de su novia



- Mi cielo, tiene que ser así. Si pudiera, ahora mismo te haría mi mujer, pero...¿ de qué viviríamos ?
- Tienes razón...   lo sé, ¡ pero es que falta tanto para que eso suceda !

De vez en cuando surgía alguna discusión entre ellos, pero  con sus bromas y caricias, apagaba todos los" fuegos " que  surgieran.  Un noviazgo normal, un amor juvenil totalmente normal.  Entre los componentes de la pandilla de amigos, había uno que chocaba por su extremada seriedad.  Algo mayor que la media de muchachos.  Quizá por eso se sentía aislado y se unió a ese grupo que encontró más desenfadado.  Muy introvertido, no disimulaba sin embargo,  la admiración que sentía por aquella dulce muchachita que era la novia de su amigo Jack.

  James era su nombre y estaba destinado a regentar, junto con sus hermanos, la floreciente empresa familiar de importación y exportación de materias primas en la fabricación de la industria textil.
La chica se mostraba igual para todos, excepto como es lógico,  para Jack.  La tenía loca de amor y de celos.  Pensaba que le gustaba coquetear con todas las chicas y eso a ella no la complacía.  Era sabido por todos los sentimientos que Jimmy albergaba hacia ella, incluso Meth lo sabía, pero jamás hicieron gala de ellos.  Sabía que esa chica,  de la que se había enamorado, estaba destinada a su amigo y nunca hizo ninguna insinuación, por mucho que todos se lo hubieran notado.


Los exámenes  habían finalizado y todos habían aprobado. Jack con una excelente media de 9 puntos, lo que le permitía hacer la carrera que había elegido. La media de Meredith, , era buena, pero más baja.   Haría empresariales, aunque sin demasiado entusiasmo. James, sin problemas, haría la misma carrera que su amada.  Y así sucesivamente.  Todos habían aprobado holgadamente.

 Para celebrarlo,  acordaron hacer una comida al aire libre y cantar y bailar en alguna pradera de las afueras un picnic.  De esta forma no molestarían a nadie y podrían gritar hasta desgañitarse.  Tenían que dar rienda suelta a la tensión acumulada  por los exámenes.  La armonía era la predominante en el grupo y la hermandad entre ellos era patente. Jack y Meredith,  se fueron a dar una vuelta, lejos de las miradas del resto de compañeros.  Fueron despedidos con silbidos y risas.  Sabían de antemano que lo que deseaban era quedarse a solas.  Sólo uno,  permanecía serio.

La recostó en el tronco de un árbol y se sintió rodeada por los brazos fuertes de su novio. Era el principio de los días calurosos de un verano que se anunciaba próximo, pero también el principio de su separación.

Él  tenía parientes canadienses. Se había matriculado en la universidad de Toronto, y allí cursaría los estudios que había elegido.  Cuando partiera, tardarían mucho tiempo en volverse a ver.  Ella no quería pensar en la partida; deseaba vivir el momento actual.  Aunque les quedase aún,  por delante,  dos meses para estar juntos.  La abrazaba y la besaba y era correspondido por ella.  Les desbordaba su amor juvenil. No querían saber nada más que el amor que sentían, no importaba el resto.  Él,  con los labios pegados al oído de ella, la dijo

- Ven conmigo. Vámonos-,   y ella le siguió

Fueron a buscar la moto del chico y regresaron a la ciudad , al  pequeño apartamento de él.  Nada más cerrar la puerta comenzaron nuevamente los besos y abrazos.  Caminaban hacia la revuelta cama que tenían a sus espaldas.  Meredith  sintió que las manos de Jack desabrochaban su ropa dejando libre la suave piel.  Las palabras de amor entrecortadas que  la decía, hizo que perdiera la noción de las cosas.  Había llegado el momento cumbre de su amor entre caricias y besos de ambos.Entornaba los ojos y se dejaba hacer.  Nunca antes había sentido tanta felicidad y el saber que le pertenecía hacía que se entregara más a él, una y otra vez, sin fin, sin rendirse ninguno.




Tumbados uno junto al otro, guardaron silencio. Había dejado de ser una muchachita para convertirse en mujer.  El hombre que amaba la había convertido en mujer, y ella así lo había decidido, se había entregado al hombre que amaba, a su primer amor. Al consultar el reloj, se dieron cuenta de que era tarde.  Ella debía estar en su casa dentro de quince minutos. Se vestían rápidamente, pero  aún se colmaron de caricias antes de concluir su hermosa tarde de amor.  Ella,  sabía que cuando llegase a casa, le aguardaba una descomunal bronca por la tardanza, pero nada la importaba.  Había tenido unas sensaciones tan maravillosas como nunca había experimentado.  Se sentía la mujer más feliz del mundo, la más amada, la que el amor de su vida consiguiera que tocara el cielo con las manos.

La fuerte regañina sucedió como lo había previsto, pero no la importó.  La compensación por llegar tarde era más grande.  No quería dormir esa noche. Deseaba recrearse en los momentos vividos junto a Jack que recordaba una y otra vez.  Se durmió cuando ya amanecía.

Se veían todas las tardes.  Ya libres de estudios paseaban, acudían al cine, o simplemente se sentaban en alguna terraza tomados de la mano.  Querían estar juntos, mirarse a los ojos.  No necesitaban nada más.

Jack insinuaba la posibilidad de acudir nuevamente a su casa. Amaba y deseaba a su novia cada vez más, pero ella le frenaba.  Hemos de esperar si no queremos llevarnos un susto.  Los días ´pasaban y  no recibía la "visita" mensual que las chicas reciben,  y que deseaba llegase más que nunca.  Por lo regular la fastidiaba bastante, pero en aquella ocasión la intranquilizaba.  Era de una puntualidad extrema,  por eso cuatro días le parecieron excesivos.  Esa mañana se levantó muy preocupada.  No quería ni imaginar si tenía que comunicar a sus padres un posible embarazo.  Ellos creían que aún era virgen.   Su madre entró a llamarla varias veces, pero ella no quería levantarse, no quería ver  la cara de sus padres.  Posiblemente  notarían que algo no marchaba bien, que algo ocurría

Llamó a su novio,  y le pidió verse urgentemente. Tenía que hablar con él.  Ajeno a todo, la propuso nuevamente ir a su casa.  Así lo hicieron, pero la reacción de ella le dejó totalmente descolocado.  No quería la hiciese el amor, muy al contrario, le criticaba agriamente el descuido de su propia persona y del lugar en el que vivía. Jack  se impacientaba por momentos.  Ella conocía su modo de vivir y no entendía el comportamiento y las voces que le estaba dedicando.  Fue entonces cuando le dijo que posiblemente había quedado embarazada, y tenían un gran problema

- No te preocupes- la dijo él tratando de guardar calma-.  Posiblemente sea un retraso.  De cualquier forma, hablaré con tus padres, encontraremos una solución si así ocurriera
- Pero ¿ y los planes de vida que teníamos? Los has hecho añicos
- Oye, oye... que eso ha sido cosa de dos.  Tú viniste por propia voluntad, no te seduje. Creo que los dos lo pasamos muy bien. Yo solo,  no tengo la culpa.
- Pero si eres culpable de no tomar precauciones.  Yo era novata, pero tú no- le  reprochó

El comentario de él,   la   sacó de quicio y la chica,   entre llantos e improperios fue subiendo el tono de voz.  Cuando salieron de allí le dijo " no quiero volver a verte, eres un irresponsable"




Con el rostro demudado, Jack tomó la pluma y ante un pliego de papel en blanco, comenzó a llenar unos renglones dirigidos a la persona que le acababa de romper el corazón.  Cuando hubo terminado, cogió una maleta y lentamente comenzó a llenarla con su ropa.  Había decidido partir hacia Canadá.

Meth  no recibió ninguna llamada de él.  Esperaba la llamase para pedirla perdón y dar por zanjada la cuestión.  Ella se haría la remolona, pero al final cedería y una reconciliación haría que olvidasen esos malos momentos.  Habían de transcurrir dos días más, para que la "pesadilla" de Meredith  se desvaneciera.

Estaba tan contenta, se sentía tan aliviada que se prometió que serían más cuidadosos la próxima vez para evitar sobresaltos. Decidida cogió el teléfono y marcó su número, pero nadie respondió a su llamada

- ¡ Qué raro !, llamaré más tarde.  Habrá salido a algo-.  La llamada la repitió varias veces, pero en ninguna de ellas obtuvo respuesta.  Empezaba a enfadarse nuevamente
- ¡ Qué se habrá creído ! - se repetía- Posiblemente estará enredado con alguna.  Pues si cree que voy a ir detrás de él, lo lleva claro

Unos días después recibió una carta.  Cuando la tuvo entre sus manos, reconoció inmediatamente la letra escrita en el sobre.  Imaginaba que sería la disculpa tan esperada, pero se quedó lívida cuando leyó su contenido.  Jack se había marchado, no sabía a dónde y, posiblemente la olvidaría pronto.  Nunca más volvería a verle.



La madre estaba preocupada.  Su hija sólo quería dormi. , A penas comía, ni salía con las amigas, ni se arreglaba.  Era tanto la extrañeza, que al fin un día se decidió hablar con ella

- Hija, me tienes muy preocupada. ¿ Qué te ocurre, tienes algún problema?
- No mamá, no me pasa nada
- Pero no es normal tu actitud. ¿ Has hecho algo que te preocupe?

No esperaba esa pregunta. Ignoraba si debía responder a su madre con una mentira, o por el contrario contarle lo ocurrido con Jack.  Le dolía tener que mentir;  ella siempre la tenía a su lado.  Con un nudo en la garganta creyó que no debía seguir ocultándolo por más tiempo y le contó el motivo que la apenaba

- Mamá, espero me comprendas.  Espero entiendas lo que voy a contarte... Perdí la virginidad a fin de curso. Éramos novios, nos queríamos y perdimos la cabeza.  Días después discutimos y él se ha marchado fuera y no se a dónde
- Hija mía ¿ por qué no me lo dijiste antes, estás acaso embarazada?
- En un principio lo creí, pero se trataba de un retraso. Se ha ido mamá, y ni siquiera le pude decir que no había ocurrido lo que tanto temíamos
- Bueno cielo. Se te pasará, ya lo verás. Pero... si se repite la situación, sé más cuidadosa... Ahora tenéis muchos medios para evitar un embarazo no deseado.  Ahora descansa. Todo pasa, cielo, todo pasa -.  Besó a su hija en la frente y salió dejándola sola.  Al menos su conciencia se había tranquilizado.


sábado, 2 de julio de 2016

La carta - Capítulo 4 - Un encuentro, un abrazo

Otra vez se encontraba sola.  Nuevamente había perdido la amistad entrañable y sincera de Susan. La echaba de menos y, le dolía que pensase que la había traicionado.
Después de su enemistad, dejó de salir y ni siquiera paseaba como antes.  El invierno había sido crudo, y esa era la excusa perfecta para justificar ante su familia la apatía que sentía.  Pronto se cumpliría una año del viaje por Europa que las unió.  Habría de preparar las vacaciones...,  otra vez..  No sentía el más mínimo interés por ir de viaje.  Fue Tom quién la convenció para que lo hiciera.  Sin argumentos que justificasen el no salir de vacaciones, decidió acudir a  la agencia de viajes próxima a su domicilio.  Miró el escaparate con las ofertas  propuestas para ese verano y no encontró nada que despertara su interés

- Mañana iré a otra agencia - pensó-.  Me acercaré a comprarme algo

Entró en los grandes almacenes que ofertaban las novedades de aquel verano.  La ropa era colorida con flores y rayas marineras.  Miró algún vestido y eligió el que más la gustaba.  El ir y venir de la gente la aturdía. Estaban anunciando las rebajas  y la aglomeración de personas, la fatigaba.  Subió hasta la cafetería situada en la última planta.  Allí descansaría durante un rato, mientras tomaba algún helado.  Transcurrió casi una hora.  Miraba alrededor fijando su mirada en algún grupo, más por curiosidad que por otra cosa.  No conocía a nadie; observaba a las madres peleándose con los chiquillos que no paraban quietos.  Le hacían sonreír. Cogió el ticket y se dirigió a la caja para abonar la consumición.

De nuevo se sumergió en la marabunta humana que recorría cada planta:  Bajando por las escaleras mecánicas, su mirada se cruzó con alguien a quién quería y,  hacía meses que no veía:  Susan.  Ella también la había visto.  Ninguna de las dos hizo gesto de sorpresa, como si fuera lo más natural del mundo, pero las dos a una, decidieron salir de las escaleras en el primer tramo.  Fue Sussi la que salió a su encuentro,  porque iba en la dirección de subida y Meredith la seguía con la mirada en el rellano de las escaleras.  Mentalmente pedía que su amiga diera la vuelta.  Deseaba abrazarla, pedirle nuevamente perdón, aunque fuera por algo de lo que no tenía culpa.  Deseaba volver a ser amigas... En ello estaba,  cuando unos brazos la rodearon,  y ambas se juntaron .  Lloraban ante la mirada curiosa de las personas que transitaban.   No podían hablar por la emoción que sentían. Mezclaban sus lágrimas y, reían , reían nerviosas.


Pasados unos momentos terminaron de bajar las escaleras, hasta la planta baja, y tomadas de la mano salieron a la calle.  Necesitaban ir a un lugar en el que pudieran hablar tranquilas.  Contarse mutuamente todo lo que habían hecho durante el tiempo que habían permanecido alejadas.  Entraron en una cafetería y buscaron un rincón apartado de las miradas de los demás clientes.  tenían mucho de qué hablar, mucho que contarse.

Ambas amigas se abrazaron de nuevo.   Merddith la pedía perdón una y otra vez.  Susan  le puso su dedo en la boca,  haciéndola callar.

- Calla, calla. Lo sé, lo sé. Aquel día lo pagué contigo, pero fue el canalla ese,  el culpable. ¿ Sabes? le eché de casa y nunca más le veré. Nunca más.  No debí perder la amistad de una buena amiga, por quién no lo merecía- dijo
- ¡Te he echado tanto de menos...!  He necesitado tu afecto más que nunca.  Me hundí después de aquello.  Comprendo que no me creyeras, pero te juro que no fui culpable.  Si acaso lo fui de beber más de la cuenta. Ese fue mi pecado... Me sentí tan mal...
- Bueno ahora ya hemos llorado, nos hemos pedido perdón, nos hemos abrazado... Tu también tienes que perdonarme, te llamé zorra ...- Ambas seguían cogidas de la mano, pero reían felices de haber recobrado su amistad
-Tenemos que preparar las vacaciones. Las tomaré en Agosto, y tu no tienes problemas.  Como no trabajas,  puedes tomarlas cuando quieras, ¿ ó sí lo haces ?
- Cierto, no trabajo y no me perdería esta escapada por nada del mundo. Esta mañana salí a la calle en busca de un viaje, sin ninguna gana, pero mi cuñado me había convencido.  Y recordé el de hace un año.  Me sentí mal por ello, me acordaba de ti y me entró pena por haber roto nuestra amistad.  Pero ya se acabó. Estamos de nuevo juntas
- ¿ Sabes lo que se me ocurre?- apuntó Susan
- No tengo ni idea. Sabe Dios lo que  habrás pensado
- Un crucero.  Un crucero por el Mediterráneo. La Costa Azul, Mónaco, Italia, Grecia...
- ¡ Un crucero ! ¿ Qué vamos hacer nosotras en un crucero ?
- Pues divertirnos.  Quizá con un poco de suerte hasta podríamos ligar
- Quita, quita... ¿ No estás escarmentada ?
Si, pero ahora sería yo la que se divirtiese- exclamó  riendo


Quedaron para el día siguiente después del trabajo . Contratarían un crucero, y se comprarían ropa para ello. Tenían la intención de que ese viaje fuera inolvidable.

Faltaban cinco  días para tomar el barco,.Tomaron un avión hasta Barcelona ; allí embarcarían.  Harían algo de turismo recorriendo la ciudad., . Se hospedarían en un hotel y aguardarían la fecha de iniciar el crucero.  Eran inmensamente felices; más parecían hermanas que amigas. Lejos de distanciarse, su alejamiento las había unido más, se querían y la alegría por estar juntas la demostraban constantemente.  Nunca Meth, se había mostrado tan alegre, con tantas ganas de reír con las ocurrencias de su amiga. Estaban nerviosas pensando en el viaje.  Ninguna de las dos había ido nunca en un crucero, era una total y absoluta novedad para ellas.

Por fin había llegado el día. Subían  por la escala hasta el primer piso.  Allí fue recibido el pasaje con los primeros oficiales y el capitán.  Una azafata les proporcionaba el número y la cubierta del camarote que correspondía a cada uno.  Ellas habían elegido un camarote de primera clase.  Un marinero portaba las maletas y las acompañaba hasta su aposento.  Tenían un camarote individual, pero contiguo uno del otro.

-¿ Has visto a los oficiales? - la preguntó Susan - ¡Vaya tipazos!
-  Oye, .... no empieces- dijo Meredith

Comenzaron a deshacer el equipaje.  Deberían colgar la ropa en los armarios, de lo contrario la humedad pondrían los vestidos muy arrugados.  Habían cargado con un sin fin de vestidos, bañadores, trajes de noche, sandalias, deportivas, etc  Parecía que era su primer viaje, como si nunca se hubieran movido de su casa.

Les reunieron a todos en el salón de la cafetería.  El capitán haría una salutación de bienvenida, y les daría unas instrucciones de cómo habrían de ser los simulacros que harían dentro de unos días.  A continuación, les obsequiaron con una copa de vino español y unos aperitivos, para pasar continuación al comedor y almorzar.

Después de su primera comida, dieron una vuelta por las sucesivas cubiertas y decidieron pasar un rato en la piscina,  nadando y tomando el sol  Algunos hombres las miraban, pues ambas eran esbeltas y atractivas, y ellos eran los clásicos ligones de .cruceros  Hubieron dos amigos que se aproximaron a ellas buscando conversación, pero Susan  alerta por la experiencia sufrida,  les seguía la corriente sin comprometerse.  Meredith sólo miraba sin intervenir en la conversación que mantenían.
Quedaron citados para sentarse juntos en una mesa en la cena.  Pero no lo pudieron hacer, ya que el capitán tuvo la deferencia de adelantarse y sentarlas en su mesa, junto a otros matrimonios que iban también en primera clase.

Debían vestirse elegantemente.  Meth buscó un traje de noche que fuera cómodo, ya que la humedad le resultaba bastante molesta. Se mostraron preciosas y ambas captaban la atención de los varones jóvenes que habían intentado ligar con ellas en la piscina.  La cena transcurrió amena.





 Los matrimonios eran muy divertidos y, el capitán, hombre acostumbrado  a tratar con los pasajeros, era cortés, amable y ocurrente.  Pasaron dos horas divertidas que fue lo que duró la cena.  A continuación la orquesta , en el salón contiguo, amenizaba la velada con canciones para ser bailadas, románticas y suaves.  Uno de los muchachos se acercó a ellas y solicitó el baile a Sussi. Meredith  se disculpó.  Se iría a dormir, estaba cansada. Y la amiga,  salió a bailar con el chico.

Antes de retirarse decidió dar un paseo por cubierta. Corría una suave brisa.  El cielo estaba totalmente estrellado, nunca había visto tantas estrellas juntas.    Hacía una noche preciosa.  Acodada en la barandilla de cubierta, miraba hacia el mar,  iluminado por los faros que llevaba el barco.

Había una distancia de pocos metros desde donde estaba  hasta una silueta oscura, alta, que no recibía ninguna luz.  Muy al contrario que la  figura de Meredith perfectamente iluminada .   Miraba en dirección a la chica, pero no se movió ni dijo nada.  Solamente la miraba; ella no se daba cuenta de que era observada atentamente por alguien que desconocía.

viernes, 1 de julio de 2016

La carta - Capítulo 3 - Un hotel, una cama y un adiós

El viaje le había sentado muy bien. Llegaba con energías renovadas y con ganas de hacer cosas.  Aquella mañana bajó temprano a pasear.  Recorrió el mismo camino que hacía siempre, pero se encontraba animosa.  Echaba de menos la compañía de Susan , que había sido su inseparable en todos aquellos días.  También recordó a Louis, , pero no tanto.

Los días pasaban veloces y Lisabetta ya había regresado también de su tiempo de descanso.  Pasó Agosto, Septiembre, y Octubre se anunciaba algo revuelto y con abundantes lluvias. Miraba el calendario y comprobaba que las Navidades se acercaban veloces

- Otro año más - se dijo

Las dos amigas se reunían los fines de semana y alguno que otro, Louis,  también las acompañaba.  Susan  y él salían de vez en cuando y parecía que se habían decidido a tener algún tipo de relación, aunque él seguía pensando en Meredith.  Poco a poco la amistad entre los tres se iba consolidando, y cada vez Susan  confesaba a su amiga que se había enamorado de él , pero que nada había cambiado..

El 28 de Octubre, nuestra protagonista,  cumplía años, treinta exactamente.  Para celebrarlo preparó una cena especial para sus amigos.   Fue espléndida,  y la sobremesa muy cordial. Recibió originales regalos y al menos en esa noche, el recuerdo de Jimmy no fue tan persistente.  Por la mañana sus cuñados y suegros, la habían enviado flores y bombones.  Sus padres, desde su residencia en Florida, ,la llamaron a primera hora de la mañana y  le enviaron un cheque por 10.000 $ para que se comprara lo que quisiera.



Cuando se marcharon sus invitados, ya acostada, recordó el último cumpleaños que celebró con Jim.. Hacía poco que se habían casado e hicieron un romántico fin de semana a Paris.  Se hospedaron en el hotel Ritz, y vivieron unos intensos días de amor.
Poco a poco, el sueño la venció, y dormiría de un tirón hasta bien entrada la mañana.

Hotel Ritz, París


La pareja formada por Susan  y Louis se consolidaba, y las salidas de las dos amigas se fueron espaciando.  Pero estaba contenta por ella: , era lo que deseaba, quería a su amigo y era feliz con él.  De veras se alegraba por ambos.  Hacían buena pareja y  tenían la edad adecuada.  No pensaban en casarse, pero sí en vivir bajo el mismo techo.

Los adornos navideños, los comercios, las calles, poco a poco cambiaban su fisonomía con las cercanas fiestas.  Faltaban pocos días para Nochebuena, cuando recibió una llamada de Louis

- ¿ Podemos vernos ? - preguntó a la chica
- Si, claro ¿ Ocurre algo ?
- No, no, tranquila.  Sólo deseo hablar contigo
- Bien, pues cuando quieras.  ¿Referente a qué ?
- Ya te lo diré cuando nos veamos
- Estás muy misterioso.  ¿ Se refiere a Susan?
- No exactamente
- Muy bien, pues tú dirás cuándo y dónde
- ¿ Te parece bien el viernes?
- Si, muy bien
- Pasaré a buscarte como a las ocho, cenaremos y en la sobremesa hablaremos
- ¿ No nos acompañará Sussi?
- No, no, en este momento no.  Primero quiero hablar contigo
-Bueno, pues a las ocho, el viernes. Adiós
- Adiós, querida

- ¡ Qué extraño ! ¡ Cuánto misterio ! - pensó

No le dio demasiada importancia.   Pensaba que se trataría de dar una sorpresa a su pareja, ó quizá quería hacerla algún regalo por Navidad.  Con puntualidad británica, Louis,  llegó a su casa.  Venía algo más acicalado que de costumbre y llevaba algo de perfume,  caro,  de calidad,  agradable y suave.  Después de saludarse, se encaminaron a recoger el coche que  había aparcado en la puerta.  Entraron en uno de los restaurantes más caros de la ciudad, de los más refinados y selectos.  Ella ya lo conocía, pero la extrañó tanta solemnidad.  Eligieron el menú y,  al finalizar la cena, él pidió una botella de champán , cosa que la extrañó sobremanera .

Louis comenzó a hablar exponiéndola sus medios de vida.  Ya los conocía. Recordaba que nada más verse, , los había relatado.  Presentía que la conversación no sería sobre un regalo a Susan,  ni nada parecido.  Le dejaba hablar, mientras ella daba sorbitos al champán  como para " ir pasando" lo que él la contaba.


Sin darse cuenta, sorbo a sorbo, había bebido media botella, y sin embargo él,  no llegaba a una copa.  Por no tener costumbre de beber,   llegó un momento que su cabeza comenzó a flotar y dejó de oír las palabras de él.  No supo cómo habían llegado hasta allí,  ni en qué momento Louis solicitó que le acompañara.  Comenzó a reaccionar cuando se dio cuenta de que estaba en una habitación que no conocía, en una cama que no era la suya, y que una especie de quemazón recorría su cuerpo desnudo bajo la presión de una ardorosa mano que lo recorría.  Sólo entonces  supo que estaba en la cama con Louis.  Con el novio de su mejor amiga.

De un fuerte empujón le echó a un  lado y buscando deprisa su ropa, se la puso y salió de allí ante la estupefacción del hombre que no entendía su reacción.

Nerviosa llamó a un taxi que la llevara hasta su domicilio, no lejos de allí.  Llegó sofocada y nerviosa.  A las preguntas de Lisabetta sobre lo que la ocurría, no sabía contestar, no podía contestar.  Fue a su cuarto, se quitó la ropa y se metió en la ducha.  Se frotaba el cuerpo con fuerza, como si con ello pudiera borrar lo ocurrido en la habitación del hotel con aquél hombre del que nunca hubiera imaginado se comportara de ese modo.El teléfono repiqueteó en la salita  y fue atendido por Lisabetta.  Aún estaba secándose cuando la mujer le acercó el aparato

- Es don Louis- anunció
- Dile que no he llegado, dile que no estoy
- Pero le he dicho que sí estaba- replicó la mujer confundida
- Dámelo, dame el teléfono- pidió nerviosa

Lisabetta  no entendió nada, cuando al alargar el brazo para alcanzárselo, Meredith se lo arrebató de la mano cortando la comunicación sin hablar con él

- Si vuelve a llamar, no estoy ¿ me oyes?  Nunca más estaré para ese hombre-ordenó

Fue a la cocina y se hizo una taza de tila muy cargada.  Podía habérselo preparado la sirvienta, pero no quería dar explicaciones, y sabía que  la preguntaría lo que la ocurría.



Pasó unos días de máxima tensión.  Pedía mentalmente que no la llamara su amiga, no podía hablar con ella...  Pero sí tenía que tener una conversación.  Debía explicarle lo ocurrido y la dolía porque sabía lo enamorada que estaba de él, aunque no se lo mereciera.  Se había comportado como un canalla.  Ella nunca le había dado pié para aquella agresión.  No recordaba casi nada, no entendía nada ¿ Qué había ocurrido, qué le había dicho para que la condujera hasta ese hotel y ella diera su aprobación?  No recordaba haberse quitado la ropa en su  presencia. A penas si recordaba unos labios besándola y unas manos dibujando con ellas  su cuerpo.  Sí,  sabía que aquellas caricias no habían representado nada para ella.  No había sentido nada, ninguna emoción, ningún estímulo, era igual que un témpano de hielo. Recordaba las protestas de él por no ser correspondido de la misma forma.  No paraba de decirla que la amaba, que la había deseado desde el primer momento que la vio y la reprochaba que no saliera de su boca ninguna palabra de amor.  Estaba ausente, mareada por el alcohol ingerido, sólo así comprendía el porqué de lo sucedido.  Estaba avergonzada y no sabía cómo solucionar aquello.

Susan  la llamó en vísperas de Nochebuena.  Quería que pasase ese día con Louis y con ella.  No quería dejarla sola en fechas tan especiales

- No , no iré, en estos días no.  Ha pasado mucho tiempo, pero aún recuerdo a mi marido.  No deseo salir, pero te agradezco tu atención.  Cuando pase el día de Navidad deseo verte.  Tengo que hablarte de algo importante que ha ocurrido
-  No me irás a decir que has encontrado a alguien que te interesa ¿ verdad?
- No, no. Pero es importante, muy importante
-. Bien, ven a casa y charlamos
- Pero quiero que estemos las dos solas, que no esté Louis
- Tranquila, sale de viaje el 25 por la noche.  Una de sus hermanas está enferma.  Hace tiempo que no la ve y aprovechará estos días para visitarla.  A propósito, hablando de él, está muy extraño, no habla casi y se muestra huraño.  Seguramente estará preocupado por su hermana. En fin, que me lo diga,  si quiere

Estaba deseando ver a Susan , y al mismo tiempo tenía miedo.  Sabía el duro golpe que iba a recibir de ella, de quién menos lo esperaba.  Se sentía culpable, a pesar de no haber dado motivos para ese comportamiento.  La duda se instalaba en su mente " pero una persona no actúa así de buenas a primeras. ¡ Dios mio ! ¿ qué hice para que ocurriera ?  No creía haber dado pié para ello, no por la ausencia de sensaciones, a pesar de que habían transcurrido varios años desde que tuviera sexo con su marido.  Pulsó el timbre de la puerta del domicilio de Susan



Louis había ido a ver a su hermana como le había anunciado.  Estaban solas.   La notaba extraña. Se retorcía las manos que además la sudaban abundantemente ¿ qué le  ocurría a su amiga?  Estaba pálida y no tenía la conversación amena e interesante que acostumbraba.  Era sumamente extraño su comportamiento  y, así se lo hizo saber

- ¿ Quieres decirme lo que ocurre?  Estás empezando a preocuparme
- Verás... - no pudo seguir.  Se abrazó a su amiga llorando. A duras penas, Susan, consiguió calmarla al tiempo que aumentaba su preocupación por momentos

- Dime lo que sea, por favor.  Me tienes angustiada- dijo

Meredith  secándose las lágrimas, decidió comenzar el relato desde el principio.  No se le ocurría mejor forma de explicarle lo ocurrido.  Sussi la miraba fijamente perdiendo el color de su rostro a medida que el relato llegaba a su punto culminante, pero no decía nada.  Deseaba que  concluyese de relatar lo ocurrido




- Te juro amiga, que no  di pié para aquello. No hice nada, solo bebí más de la cuenta. Perdóname. Por nada del mundo hubiera deseado que ocurriera...

Meredith,  no esperaba aquella reacción, pero comprendía la indignación de su amiga y su desesperanza

- ¿ Sabes lo que creo? Que eres una zo....  Desde el primer día coqueteaste con él. Te halagaba verle ir detrás de ti como un perrito faldero.  No te importó que yo te confesara que le quería.  Lo que buscabas era satisfacer unos instintos que tenías ya olvidados.  No te creo. Pienso que lo pasasteis estupendamente juntos y que tu conciencia te pedía me lo dijeras, pero que no piensas dejarlo. ..  Vete de mi casa. Me has traicionado cuando yo confiaba en ti.  Fuiste confidente mía.  ¡ Cuánto te habrás reído al escuchar lo que te contaba ! Vete, sal de aquí inmediatamente. No quiero volver a ver más en mi vida
- Susan, por favor. Estás equivocada. No le provoqué, no quería estar con él. No es cierto que le buscase, y tú lo sabes. No me causó satisfacción, sino repugnancia.  De haber estado consciente, no me hubiera puesto sus manos encima, créeme, por favor, por favor

Tomándola fuertemente de un brazo, con rabia a duras penas contenida, la condujo hasta la puerta y la soltó en la escalera, cerrando la puerta tras de sí.  Recostada en ella rompió a llorar con desconsuelo.  Su mejor amiga y su pareja, la habían traicionado.  No volvería a verles nunca más, a ninguno de los dos.

Cuando Louis al cabo de unos días regreso a casa, se encontró en el vestíbulo una maleta que le era familiar.  Como si nada hubiera ocurrido, dijo en tono jovial, después de besar en los cabellos a Susan, que volvió la cara rehuyendo la caricia




- ¿ Nos vamos de viaje?
- No. Tú te vas de mi casa.  Ahí están tus cosas, en ´tu maleta.  Deseo que salgas inmediatamente de aquí. ¿ ¿Cómo habéis tenido la poca vergüenza de haberos acostado? Mi novio y mi mejor amiga...
- Escucha, escúchame- respondía él
- Ya la he escuchado a ella. Me ha dado pelos y señales de lo ocurrido en aquel hotel.  No deseo volverte a ver, ni a ella tampoco.  Os quiero fuera de mi vida .   Desearía no haberos conocido

Sabía que tenía razón en lo referente a él, pero no con Meredith.  Ella no había tenido culpa de nada.  Su deseo por tenerla había aprovechado su exceso de bebida, inusual en ella, para abusar de su buena voluntad y conducirla hasta el hotel para saciar sus más bajos instintos.  Sería inútil hablar, explicar a Susan que ella no había tenido culpa.  Cogió la maleta y salió para no volver nunca más.

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