jueves, 12 de mayo de 2016

Los hijos O'Connor - Capítulo 2 - El paso del tiempo

Lentamente el tiempo transcurría monótono en el seno de la familia O´Connor. Louise no terminaba de asimilar la falta de Sean. Habían pasado tres meses desde que falleciera y tan siquiera la visita semanal de los niños, lograba sacarla de la tristeza y vacío que sentía.  Decidió que era hora de hacer un viaje y cambiar de aires para ver si podía remontar la tristeza; decidió volver a su pais y pasar una temporada a ver si con el cambio,  se atenuaba   la melancolía que la embargaba.
El caserón quedó vacío. Tan solo los sirvientes lo habitaban.  Brendan y Thomas siguieron con sus trabajos y las mujeres se dedicaron por entero a sus labores familiares.  Iris, alternaba el cuidado de su hogar, con la asistencia al despecho como ayudante de Thomas por las mañanas,  y por las tardes al cuidado de sus hijos.   Echaba mucho de menos a Sean,   sus charlas con él, en las que la relataba sus andanzas por Madrid, cuando llegaron siendo unos muchachos. A ella le encantaba escuchar todas aquellas vivencias, de una parte desconocida de su historia, pero se cuidaba de comentar nada a Brendan para no aumentar su pesadumbre.  La pérdida sufrida les había unido, si cabe, más.  Viky estaba a punto de terminar la enseñanza secundaria y Philip cursaba cuarto curso de la primaria. Todo transcurría con normalidad.



Iris observaba que entre su hija y ella no había la suficiente comunicación. No sabía muy bien porqué Victoria la rechazaba y sin embargo, cada vez estaba más unida a su padre.  Iris la recriminaba algunas actitudes altivas que tenía con ella, pero se cuidó mucho de hablar con Brendan en busca de apoyo.  El no le daba importancia
- Es la adolescencia, mujer.  Ella te quiere; está en una edad difícil. Anda, no te preocupes. Pasará pronto.


Pero no pasaba,  y cada vez la sentía más alejada. Sin embargo el chico cada vez hacía notar que estaba encantado con la madre que tenía.  Era de un carácter más tranquilo y dulce que la chica.
Los días, los meses, siguieron su curso. Victoria ingresó en la Universidad,  aunque no tenía decidida qué carrera estudiar .  El chico comenzaba secundaria; era buen estudiante.  En general Philip no causaba ninguna preocupación a sus padres, muy al contrario que su hermana, más rebelde e insegura.
Cuando la dejaron en el Campus, estaba loca de alegría: era ya una mujercita responsable de sus propios actos. Brendan y ella se abrazaron a la hora de despedirse, sin embargo con Iris su abrazo fué muy de pasada, lo que entristeció grandemente a su madre.  Ya dentro del coche,  comentó a su marido

VIKY

- ¿ Te das cuenta ? Apenas si se ha despedido de mi ¿ por qué, que es lo que he  hecho para que no me tenga cariño?
- No te preocupes. Verás que ahora te echa de menos y cuando vaya a vernos te comerá a besos.
Mientras comentaba ésto, daba un beso a su mujer, pero para Brendan no pasó desapercibida la despedida de la madre.  Calló por no preocupar a Iris, pero se había percatado de ello y, aunque en silencio, dió la razón a su mujer
- Hablaré con ella, ¡qué caray!. No puedo consentir ese comportamiento con la persona que más la quiere- se repitió para si.



BRENDAN

Y los años fueron pasando. A Brendan las sienes se le tiñeron de plata, pero no había perdido su apostura. Era un hombre en edad madura, pero aún conservaba su atractivo y aún reclamaba las miradas de algunas mujeres con las que trataba.  Iris, algo más joven que él, también andaba rondando la madurez.  Su rostro había ganado en dulzura, y aún conservaba un cuerpo atractivo, aunque había ganado algunas redondeces, pero seguía siendo muy bonita. El comentario de sus amigos es que eran un matrimonio perfecto, guapos y queriéndose cada día más.


IRIS
  
Él,  había entrado en esa edad peligrosa en que los hombres se resisten a admitir que la juventud se va quedando atrás. Se vestía con más cuidado, a pesar de haber sido siempre muy elegante, se miraba más al espejo y dedicaba algunas miradas incisivas a las jóvenes que se cruzaban con él.
Iris estaba entrando en la menopausia, con lo cual también tenía sus propios problemas. Añoraba la época en que sus hijos eran pequeños. Ahora Viky estaba a punto de terminar su carrera y Philip a punto de ingresar en la Universidad.  El tiempo había pasado veloz, sin a penas darse cuenta y ellos estaban a punto de quedarse solos.
Seguían amándose, pero de otra manera: más sosegada.  Seguían sintiendo la misma atracción el uno por el otro, pero la fogosidad de la juventud, había dado paso a la serenidad de la madurez, y sus relaciones íntimas comenzaron a ser menos frecuentes.
Poco a poco fueron ocurriendo estos cambios, sin a penas darse cuenta, pero una alarma sonó en el cerebro de Iris: Brendan ya no sentía lo mismo por ella. La quería, si, pero no igual, no con el mismo ímpetu de años atrás.  También en ella habían habido cambios, pero no en cuanto a su deseo de estar con su marido. Recordaba a menudo las disgustos que tuvieron hasta que organizaron su vida, el deseo, el amor callado que sentía por él desde que le conoció siendo una niña.  Había días que se sentía sola y triste y sin saber porqué tenía unas ganas enormes de llorar.  Brendan nada sabía de su estado de ánimo y ella se cuidaba muy mucho de hacérselo notar.
Él,  algunos días no iba a casa a comer y llegaba más tarde por las noches. Comenzó a viajar y a tener con frecuencia "comidas de trabajo".  Sus viajes cada vez eran más distantes y de más duración.  Iris observaba todo calladamente; no quería averiguar más, le daba miedo  confirmar sus sospechas:"Brendan busca fuera de casa lo que yo ya no puedo ofrecerle, la juventud".  Estas reflexiones le hacían sentirse mal, pero callaba . Era cobarde, no quería enfrentarse a la verdad que presentía.
Solamente se confesaba con su amiga más íntima, la cual la animaba a que hablara con él, en primer lugar y,  si no obtenía resultados, averiguara por su cuenta si es que estaba cambiando algo.
Victoria llegó con su título bajo el brazo y Philip empezaba su primer año de Universidad. Sin darse cuenta, sus hijos volaban solos, como solos ellos se habían quedado.  Iris empezó a acudir a un gimnasio con su amiga, iba a la peluquería , se daba masajes, hacía yoga. . . tratando desesperadamente de recobrar algo ya perdido: la juventud.  Pero deseaba conservar lo máximo de lozanía y belleza que retuviera a Brendan junto a ella.  Estaba verdaderamente preciosa aunque se viera cambiada y mayor.  No era así y su amiga se esforzaba por tratar de convencerla de que aún era capaz de hacer perder la cabeza a un hombre.  Ella no buscaba eso, quería a su marido únicamente.
 
PHILIP



Los desayunos se hicieron silenciosos y algunas veces llegaba tarde a ellos, puesto que Brendan ya había salido para el trabajo
- Hasta la noche, ya no le veré - se lamentaba suspirando, y pensando en que tenía todo un día por delante sin nada que hacer. Hacía tiempo que había dejado su trabajo.  Ya no le atraía y había decidido quedarse en casa.  ¿Fue una decisión acertada ? Estaba en la época en que una mujer, al observar el paso del tiempo en ella, se muestra indecisa y desorientada, buscando algo en que perder su tiempo y conservar algo que se le ha escapado por mandato de la Naturaleza.
Pensaba, melancólica, en que Brendan al levantarse,  siempre la besaba en la frente, y entonces ella se despertaba. Cierto es que nunca la habían faltado ni los besos del despertar ni los de despedida al irse, pero años atrás la atraia hacia él besándola apasionadamente.  Sin embargo ahora eran besos dulces, pero fugaces y en la frente.  Sin lugar a dudas, todo había cambiado.
Una noche sentados los dos en la cama, mientras leian las páginas de un libro, Iris decidió preguntar a Brendan
- ¿ Te sigo gustando, me sigues encontrando atractiva?
- ¿ A qué viene eso ahora ? Naturalmente que te sigo viendo atractiva.  Eres muy guapa y además me sigues volviendo loco.  Te quiero más que a nada
Ella sonreia complacida con las palabras que escuchaba de labios de su marido. Se acercó a él buscando las caricias, y naturalmente obtuvo respuesta inmediata.




Hacía muchos días que no desayunaban juntos, pero ese día si lo hicieron. Habían vivido una noche de pasión, como las de hacía años, y la sonrisa y la ternura afloraba a los ojos risueños de los esposos.  Ese día la despedida de él , fué apasionada, como la de entonces.  Iris satisfecha, suspiró cuando le vio alejarse en el coche. No existía nadie en la vida de su marido, sólo ella.  Había tenido apresurados pensamientos.  Corrió al teléfono a comunicarle a su amiga, que todo había sido un malentendido. Habían disfrutado de una noche triunfal
- Me alegro por ti, pero no te fíes. ¡ Naturalmente que ha correspondido ! eres una mujer muy atractiva, y sin duda te quiere, pero los hombres en esa edad buscan novedades. No bajes la guardia.
- Brendan no. Él no es de esos; sigue enamorado de mi como el primer día- dijo riendo a su amiga.
Viky había decidido ser periodista. A pesar de que su madre la habló de que siguiera sus pasos en Bellas Artes, ella no quiso ni oir  hablar de esa carrera. Comenzó haciendo prácticas en una pequeña cadena de televisión.  En la Redacción se encontraba a gusto, la gustaba y solicitó un puesto en Investigación.  No la costó trabajo conseguirlo, pues era eficiente y voluntariosa, pero tenía que viajar con frecuencia.  Tenía bastantes amigos entre los compañeros de trabajo y los hechos en la Universidad, por lo que no paraba mucho en casa.  La relación con su madre, no había mejorado . En varias ocasiones Iris intentó hablar con ella, pero Victoria siempre la decía que eran imaginaciones suyas.  
La pasión de Brendan e Iris, duró unos cuantos días, pero poco a poco las cosas volvieron a ser monótonas.  La rutina había invadido sus vidas. Eso,  que algunos matrimonios comentaban y que ellos nunca  pensaron podría sucederles, pero les sucedió.
A pesar de todo, ella siguió acudiendo a sus sesiones de yoga, gimnasio, peluquería, tenía comidas con amigas...  buscaba afanosamente no aburrirse, no quedarse en casa sola.. Hasta pensó en buscar un trabajo, algo en lo que matar tantas horas vacías que tenía a lo largo del día. 
Cada fin de semana recibían la visita de Philip. La llegada del muchacho a casa de sus padres era una explosión de alegría: abrazaba a su madre, la cogía en brazos y daba vueltas con ella. Abrazaba a su padre y le daba fuertes palmadas en la espalda y corría detrás de su hermana jugando. . . Los cuatro juntos eran felices, felicidad que se desvanecía el domingo por la tarde con la partida del chico.


Una tarde en que Iris tenía un compromiso con sus amigas, Brendan sentado junto a su hija, inició una conversación que poco a poco derivó en la historia de Sean y Philip y la unión con los abuelos maternos.  Victoria le escuchaba expectante, como si estuviera viendo una película.  Brendan pasó por encima de su propia historia con Iris, y la muchacha dió por sentado que su matrimonio fué originado por el mutuo conocimiento de las dos familias.  Brendan lo dejó flotar en el aire, y no le contó la verdadera historia de lo ocurrido con su madre.
- Papá ¡ es una historia preciosa !  Nunca hubiera imaginado algo así. Sólo ocurre en el cine
- No hija mia, también sucede en la vida real. Ya ves, lo tenías muy cerca.
La chica reclinó la cabeza en las rodillas de su padre, mientras él acariciaba sus rubios  cabellos . Se parecía mucho a su madre, y quizá por eso se sentía muy unido a ella. El recuerdo de la madre perdida a tan temprana edad, siempre le había marcado, pero en realidad lo que Brendan recordaba, era la forma en que Viky había venido al mundo.  Esa parte la calló. Omitió  su propia historia adrede, se avergonzaba de su proceder, a pesar del paso del tiempo; quizás algún día se la contase , pero ahora no.  El silencio se hizo entre ellos, Brendan inmerso en sus propios pensamientos;  Victoria acababa de concebir una idea que pensaba llevar a cabo
- Nunca habéis hablado de los abuelos españoles. . . ¿ Sabes qué? me gustaría conocer España. Háblame de la abuela Estela y del abuelo Julio ¿ cómo eran ?
- Yo tampoco les conocí. Murieron cuando mamá tenía nueve años. Pero siempre lleva un medallón con sus fotografías y puedo asegurarte que tu abuela era muy bella y mamá es el vivo retrato de ella



- Pues sí que era guapa, porque mamá lo es y mucho. Y yo ¿ a quién me parezco? Porque mamá es morena y yo rubia como el oro
- Eres igual a mi madre y llevas su nombre. Al nacer,  mamá quiso hacerme ese homenaje, sabedora de lo que yo la quería
- Ya sé lo que voy hacer.  En las vacaciones de verano viajaré hasta Madrid y visitaré los lugares en donde vivieron. Iré al cementerio.  Pobrecillos nunca hemos vuelto a visitarles. . .
- Es cierto, pero eso no significa que mamá les haya olvidado. Aunque a penas les recuerda, sigue queriéndoles. Al igual que a tío Philip que hizo de padre. Y anda, no me hagas recordar más. Me parece bien que vayas a conocer tus raices.

Cuando Iris regresó a casa, la contaron su conversación, y ella muy contenta aprobó la idea y por primera vez en mucho tiempo, Viky se dejó abrazar por la madre,  agradecida de que se acordara de esa parte de la familia que a ella  concernía.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Los hijos O'Connor - Capítulo 1 - Una nueva generación

En la historia anterior se celebraba el enlace eclesiástico de Brendan e Iris, el anuncio del embarazo de Maureen y el viaje de luna de miel, por fin, de los protagonistas. Brendan había confesado a Iris, durante su primera noche juntos,  cómo se sentía después de su agresión, y por fin cerraron el capítulo tortuoso de su relación.  A su regreso de la luna de miel, comenzarían una nueva vida libre de dudas y resentimientos; conseguirían, al fin, ser felices, y con ellos el resto de la familia O'Connor. Tomarían el relevo, la generación siguiente, pero iremos paso a paso.  Y comienza asi:

 Después del brindis, los desposados abrieron el baile y fueron acompañados por todos los familiares y amigos.  Brendan tiró del brazo de su mujer y llevándola a un aparte la dijo

- Vámonos. Ahora están distraidos y no se darán cuenta
- Pero ¿ la niña ?
-He hablado con mi padre y se quedará con ellos. Louise está encantada con ella, así que no hay problema. Venga vámonos. . .

Se dirigieron en su coche hasta la casa que Brendan tenía en el centro de Dublín. Esa casa que con tanto esmero había creado para que fuese un hogar junto a Iris. Al fín sería una casa con "alma": habría voces infantiles, pasos de su amada, risas y hasta discusiones ya que Iris tenía un carácter de fuerte personalidad. 
Fué su primera noche de luna de miel, antes de comenzar el viaje . Él deseaba que esa casa, fuese inaugurada por ella, a quien  estaba dedicada, porque para ella fue ideada, y que esperó durante largo tiempo a que al fin, pudiera entrar como verdaderamente era: su esposa, su amada, su dueña y señora. 
Abrazados les sorprendió el nuevo día.








Sean



 

- Vamos, vamos, vamos. Despierta dormilona que tenemos que salir de viaje. Vamos
- ¡ Brendan !, dijo Iris desperezándose. Si apenas hemos dormido. . . Por favor cinco minutos más. .
- Está bien. . ., pero sólo cinco minutos.  El avión nos espera. Besó y abrazó a su mujer sonriendo complacido, y contemplando el rostro joven de aquella muchacha que por fín era su esposa.

Hicieron su viaje de luna de miel a un lugar exótico y repletos de felicidad. A su regreso,   después de recoger a Vicky comenzarían una vida normal como cualquier otra familia.
Habían pasado tres meses desde su boda, cuando Iris comunicó a Brendan que estaba embarazada, lo que colmó de felicidad a la pareja y a su pequeña hija

- ¿Voy a tener un hermanito?
- Si mi amor-  le respondió Brendan. Pero aún no sabemos si será hermanito o hermanita. La cigüeña aún no nos lo ha dicho.


La niña reia y palmoteaba contenta sentada en las rodillas de su padre, que la miraba totalmente embelesado. Iris les contemplaba desde la puerta satisfecha  por la felicidad que disfrutaba junto  aquellos seres que tanto amaba,  y por los que había sufrido y suspirado el  poder contemplar una escena como aquella.

La ecografía reveló que lo que venía era un chico. De acuerdo el matrimonio decidieron que le impondrían el nombre de Philip en memoria de aquel buen hombre que hizo de padre de Iris.

El parto se adelantó algo de las fechas previstas, pero todo se desarrolló normal y sin problemas.  Todo transcurría normalmente, pero los acontecimientos familiares se sucedían ,  como fué el nacimiento de la primera hija de Thomas y la llegada al mundo del segundo hijo de Brendan e Iris, meses después. En un corto espacio de tiempo tres criaturas llenaban de alegría a la familia O´Connor y la felicidad y amor más absolutos reinaban en el seno de la familia. El tiempo transcurría y pasaba rápido para todos.  Sean había perdido parte de su vitalidad, a pesar de que aún conservaba su apostura. Louise también había envejecido, pero seguía siendo una buena esposa y una hermosa mujer, admirada y respetada por todos los miembros del clan O'Connor.

- ¡ Me hago mayor !- le decía a Louise que le miraba sonriendo
- Nos hacemos mayores, Sean. Los niños nos hacen viejos, así es la vida. . .

Sean salió a pasear una mañana soleada, pero fria. Acababan de estrenar la primavera y se sintió con renovadas energías.   Decidió acudir con unas flores hasta la tumba de Victoria y Philip. Se engañaba con el día de sol espléndido que todo lo inundaba, pero en el cementerio hacía frio. El sol se asomaba tímido entre las ramas de los árboles del lugar. Sentado a los pies de la tumba de su mujer, hablaba como si ella pudiera escucharle.  Le hablaba de la felicidad alcanzada, del amor que sus dos hijos disfrutaban junto a sus respectivas mujeres y a sus criaturas. Por fín todos eran felices.
Un escalofrío recorrió su espalda que le hizo despedirse de aquellos seres queridos que reposaban allí.  Hizo el camino de regreso con mucho frio; los dientes le castañeteaban y un ligero malestar se apoderó de su cuerpo.  Al llegar a casa Louise notó que estaba  algo raro. Sus mejillas estaban rojas, pero seguía temblando.  Puso su mano sobre la frente de Sean y comprobó que tenía bastante fiebre, que ardía.




 - Anda, sube y acuéstate. Llamaré al médico

Cuando llegó el doctor, comprobó que efectivamente tenía bastante fiebre y su pecho estaba con un ruido que le hizo averiguar que sus bronquios estaban congestionados

- ¿ Desde cuando está así ?- preguntó a Louise
- La verdad no sé. No se ha quejado. Esta mañana salió a dar un paseo y al regreso venía en este estado.

 Después de recomendar unos medicamentos, dió su diagnóstico: 

-Seguramente será alguna gripe, pero hemos de esperar. 

Al día siguiente volvió a visitarle acompañado de una enfermera para extraerle sangre con el fin de analizarla, pero no le encontró mejor. La fiebre persistía y el ruido del pecho se había hecho más persistente

- Louise, no me gusta el estado de Sean. Yo aconsejaría un ingreso en el hospital. Mucho me temo que tenga neumonía
- No me asustes Peter. Si crees que es lo más recomendable, pues adelante. ¿ Crees que debo llamar a Brendan y Thomas?
- Avisar ex profeso, no creo. Ahora,  coméntales algo cuando llamen

Y Sean fué ingresado en el hospital bajo un cuadro clínico catalogado de grave.  Louise llamó a Brendan que se encontraba en el trabajo, y éste avisó a Iris que inmediatamente pusieron rumbo al hospital para ver a su padre.  Fué Brendan quién avisó a Thomas. Todos se reunirían allí.  Pasaron tres días, pero Sean no mejoraba; la fiebre persistía y cada vez se le veía más agotado.  Por decisión del médico fué ingresado en la UVI, con lo cual las visitas estaban restringidas. Brendan e Iris decidieron instalarse en la mansión O´Connor para hacer compañía a Louise y estar más cerca del hospital.
El médico no era optimista y les puso sobre aviso de que su corazón perdía fuerza y la neumonía no remitía.  Iris pálida escuchaba el diagnostico abrazada a su marido y en su garganta le atenazaba la angustia.  El desánimo cundió entre todos.  Louise se desplomó en un asiento y Thomas y Brendan se abrazaban a sus mujeres tratando de consolarse ellos mismos entre los brazos de las chicas.  A la siguiente visita del médico recibieron como un latigazo su informe
- Lo siento, pero no hay nada que hacer. No les puedo indicar fecha, pero no será muy lejana. Lo siento mucho
Cuando el médico se marchó Brendan abrazó a Iris fuertemente, quizá recordando la partida de Philip, casi en las mismas circunstancias.
- Si está tan grave, que le bajen a planta.  Al menos morirá con los suyos- dijo Brendan a Thomas
- Si estoy de acuerdo, hagámoslo.
- Nooo, callaos, callaos. Se va a recuperar. Es fuerte y no puede irse- dijo Iris con desesperación. 
Louise no hablaba, con la cabeza baja, enjugaba unas lágrimas que brotaban de sus ojos.  Sean fué trasladado a planta. A veces semi inconsciente, les llamaba y les pedía que cogieran sus manos.  Otras veces decía que veia a todos a Victoria, a Philip, incluso a sus padres,  reunidos,  esperándole
- ¡ Me sonrien !. Mira allí está Estela y aquí Victoria.   ¡Philip, hermano ! La niña está bien. Se quieren y tienen dos hijos preciosos - murmuraba sonriendo levemente, con la mirada perdida en el vacío



 Iris no podía soportar  la idea de que de nuevo viviera luna nueva partida, la de Sean. Le quería. Había limado sus asperezas y él sentía un profundo amor por ella.   Recordó que con  frecuencia la decía:
- La vida es impredecible. Yo me casé con Victoria despechado por el casamiento de tus padres, y tardé en quererla, pero cuando murió era cuando más la amaba y me dejó sumido en una profunda melancolía.  Como compensación me hizo abuelo de la hija del amor de mi vida y después de morir Philip, tuve la oportunidad de ser nuevamente como tu padre. Te veo como la hija que pude tener de Estela si ella no hubiera estado enmaorada de Julio. ¡ Julio, mi buen amigo !
Iris recordaba esas palabras, ahora que Sean estaba a punto de partir.  Se acercó a la cama y besó su frente e inclinó su cabeza en el hombro del enfermo que sonrió debilmente mientras acariciaba la mejilla de ella.
Al amanecer del siguiente día, Sean entró en coma y falleció entrada la mañana. Hacía un día triste, lluvioso y sin sol. Brendan abrazado a Iris no podía contener los sollozos callados y Thomas miraba a su padre fijamente sin pronunciar palabra, como no queriendo entender lo que allí ocurría.  Los dos hermanos se abrazaron y abrazaon a Louise que desconsolada lloraba quedamente al lado de Sean, reclinada sobre su pecho.


 Sean fué sepultado junto a Victoria y al lado de la tumba de Philip.  Con él se cerraba un capítulo de la vida de los O´Connor



martes, 10 de mayo de 2016

Los O'Connor - Capítulo 17 - Lo que Dios una...

Un nuevo día les sorprendió despiertos, abrazados, saboreando el estar al fin juntos, sin dudas, reproches ni malos recuerdos, sólo amándose como locos, para resarcirse de todo el tiempo perdido.  Brendan debía explicar muchas cosas, quería explicárselas, para que comprendiera lo que motivó su ruptura y su unión al mismo tiempo.  Era una conversación pendiente desde hacía tiempo, pero ahora era el momento para poner punto final y principio de su gran historia de amor.


La apretó más fuerte contra si  Necesitaba sentirla muy cerca percibir los latidos de su corazón y ver su rostro tan querido, tan deseado, tan añorado y por fin alcanzado.  Ella enlazó sus manos en las de él y reclinó la cabeza en su pecho.  Se sentía amada y protegida; ya nunca más tendría miedo de nada.  Tenía a su hombre,  al amor de su vida que cuidaba de ella.  Depositó un beso en el torso de su marido, y él, comenzó a hablar.

-Dicen que cuando algo ocurre, es por algún motivo, que a veces desconocemos- Ella puso su dedo sobre los labios de él, no quería saber nada, no necesitaba saber nada después de esa noche tan intensa, tan de los dos, que habían vivido.   Pero Brendan la dijo:
- Necesito hablar. Necesito contarte porqué ocurrió, y cómo me sentí en ese momento y después. Déjame narrártelo, para que al saberlo, comprendas la magnitud de mi amor por ti, y el motivo del por qué nunca quise el divorcio.  Cuando apareciste en casa,  casi una colegiala tímida, poco habladora  y siempre sonriendo, sentí curiosidad. ¿ De dónde había salido esta insulsa muchacha? Creí conocerte en ese momento, porque mi memoria no me enviaba el aviso de que ya nos habíamos visto con anterioridad.  Algo dentro de mi me impulsaba a no prestarte atención, a ignorarte, pero cada vez que te ibas del corrillo en el que yo estaba para atender a otros muchachos, me contrariaba tanto, que creo llegué a odiarte".

" Como ya te he contado, te espié por curiosidad, porque todo lo que hacías o decías llamaba mi atención, sin yo quererlo. Y vi cómo te desnudabas para meterte en el agua; mi primera intención fue hacer lo mismo y acompañarte en el baño, pero luego pensé: " se va a enfadar muchísimo.  Tiene fuerte carácter.  Mejor no". Me quedé unos instantes contemplándote, pero pensé que eso no estaba bien, dí media vuelta y me marché.  Pero esa imagen quedó registrada en mi mente, sin yo poder hacer nada por desterrarla.  Volvía una y otra vez, cada vez que nos encontrábamos. Era muy joven, alocado y en plena efervescencia hormonal. Cuando te invité a la excursión, no tenía en mente agredirte.  Sólo quería estar a solas contigo y robarte algún beso que con algo de suerte tu devolverías, pues era consciente de que yo no te era indiferente.  Pero todo se desmadró.  Mi mente se nubló y no fui capaz de contener mis instintos, mis deseos de ir más allá de un simple beso.  No medí las consecuencias que pudiera tener, sólo que mi cuerpo pedía una liberación, que tú estabas allí y yo te deseaba como nunca he deseado a nadie, quizá porque siempre lo obtuve con facilidad; pero tu eras distinta: inocente, mojigata y loca por mi.  Lo siguiente que recuerdo fue tu grito, tu llanto y tu desesperación.  Y no se me ocurrió nada mejor que tratarte de mala manera, como si fueses la culpable del tremendo error que acababa de cometer".

"Todo  sucedió muy rápido. Te ausentaste al día siguiente, y te vi marchar, y estuve tentado de salir al balcón para verte por última vez, pero no me atreví.  Se me clavó en el alma la mirada que dirigiste en mi dirección. Y sí,  yo te vi marchar,  y dos gruesas lágrimas se escaparon de mis ojos, porque sabía que te había perdido. Estaba desorientado.  Descolgué el teléfono en varias ocasiones, pero volvi a colgar al oir tu voz.  No sabía qué decirte, cómo pedirte perdón, cómo reparar el daño sufrido.  Luego surgió lo de la boda y se hundió más en mi,  el dolor que sentía. Soñaba contigo constantemente: te veía en la charca,  reías, te reías de mi.  Otras veces te veia ensangrentada y llorando.  Me despertaba y al quedarme nuevamente dormido volvía a soñar contigo.  Las noches eran insufribles, pero poco a poco se fue calmando todo después de que nos casaran. Me volví más rebelde, con más ansias de correr juergas, y las corría ¡ vaya si las corría !. Trabajaba a destajo porque ello me permitía no pensar en ti ni en lo sucedido ".



" Poco a poco fui serenándome y resignándome a la situación que teníamos.  Di de plazo, inocente de mi, un año y después el divorcio.  Pero pasó el año, y otro, y otro, y...cada vez me daba más plazo.  Te quería a la desesperada porque sabía que nunca serías mía,  a pesar de estar casados.  Y entonces... ocurrió lo de tio Philip. Lo que vino después ya lo sabes ".

- Pero hay algo que vi y que me enfureció. Y fue precisamente el día del entierro del padrino. Bajaba las escaleras para reunirme con todos los asistentes en casa, y te vi abrazado a una mujer que besaba tu rostro y susarrabais unas palabras, que no escuché.  Aumentaste el dolor que sentía por la muerte de Philip en un grado insoportable, porque yo te seguía amando.
- No fue nada, cariño. Sólo necesitaba a alguien que me abrazara porque al verte en esos días  se produjo algo muy fuerte dentro de mi. Estabas hermosa, pero fria y en tu mirada había odio. Daisy me dio consuelo, pero no hubo nada más.  Nunca nadie me dio nada más desde entonces.
-¿ Es todo lo que tenías que decirme?
-¿ Te parece poco ?
- No. Me parece suficiente. Cerremos ese capítulo.  Acabamos de abrir otro nuevo, el más importante.  Creo que está todo aclarado entre nosotros. Hoy nos hemos convertido en marido y mujer. Hemos de comenzar nuestra nueva vida y estoy dispuesta a ello con todas mis fuerzas. Necesito paz, seguridad y sobretodo tu amor.
-- Todo eso ya lo tienes, siempre lo has tenido. ¿ Sabes ? Cuando se casó mi hermano, sentí una envidia terrible de esa boda en la que todos eran felices.  Todos menos yo, porque en unos días nos casaríamos nosotros, pero muy distinto.   Todo: triste, aburrido y separados.  Mi sueño era estar contigo. Perdernos en algún lugar remoto, adorarte y olvidar todo lo ocurrido.  Veia  a Thomas embelesado con su mujer, e inconscientemente recordaba tu rostro, pero veía el del dolor, no el de la felicidad, y eso me hacía daño, saber que yo era quién te lo producía, cuando sólo deseaba amarte y protegerte.
- Ya no te tortures más, amor mio- Le besó tiernamente y acariciando su rostro, dijo con una amplia sonrisa
- Se me ocurre una idea. Casémonos de nuevo. Hagamos todo como si nada hubiera pasado. Hagamos nuestro viaje de luna de miel.  Vivamos lo que entonces no pudimos hacer.  No necesito nada de eso, porque ya soy tuya, pero sería bonito para borrar aquel mal recuerdo


- Me parece una excelente idea. ¡ Mi mujer tiene ideas muy brillantes!. Lo haremos. Enseguida. Los trámites serán fáciles, puesto que ya tenemos nuestro matrimonio realizado y consumado. No queda más que hacerlo por la iglesia, si es que eres creyente
-Lo soy a medias, pero no me importa. Si te hace feliz, hagámoslo. Anunciémoslo a todos.
- Bueno pero no tan a prisa.  Aún es temprano.  Dejemos que corra el reloj y aprovechemos nosotros este momento -.
Iris sabía perfectamente a lo que se refería Brendan y aceptó encantada la demora.

  Entraron en la mansión directos a la sala en donde Sean leía pacientemente un libro, mientras Louise realizaba un bordado petit point. Sean levantó la mirada para ver quién entraba riendo, y vio con satisfacción que eran ellos que tomados de la mano sonreian ampliamente.  No necesitó saber más.  Por fin acabaron sus recelos, al fin eran matrimonio efectivo.  No había más que mirarles al rostro. Louise dirigió a su marido una mirada de complicidad y exhaló un profundo suspiro de tranquilidad.

- Nos casaremos nuevamente - anunció Brendan, besando en el cabello a su mujer.

Se celebró la boda religiosa en una capilla  de un pueblecito cercano al castillo de los O'Connor. Estaban justos los necesarios,  y todos estaban radiantes de felicidad. Por fin  habían terminado  los disgustos, las incertidumbres y todos podrían disfrutar de paz y tranquilidad.



Sean y Louise fueron los padrinos, Thomas  y Clive los testigos y Susan  y Maureen las damas de honor. Victoria llevaba los anillos y Brendan e Iris radiantes de felicidad hicieron su juramento de ser fieles y amarse para toda la vida. Sellaron su amor con un largo beso ante el  alboroto de todos los presentes. Durante la comida todo eran risas y parabienes. Brendan la dijo al oido

 -Esta si es una boda, por fin lo conseguimos, pero me has hecho sufrir mucho-.  Iris le sonrió al tiempo que le daba un beso y una caricia. Victoria no se separaba de su abuelo que no cabía más de felicidad

Thomas y  Maureen dando un golpecito en una copa para llamar la atención de todos,  les comunicó la buena nueva:

-Oidme todos, dentro de seis meses estaremos celebrando el bautizo de un hijo nuestro. Por fin vamos a ser padres -. Todos rieron , se abrazaron, y lloraron porque también se llora de alegría.

Brendan e Iris realizaron, al fin, su viaje de luna de miel. Fue en un paraíso  perdido en mitad del océano. No necesitaban más; sólo ellos con su amor y su devoción.  Victoria se quedó con el abuelo, que la consentía en todo lo que la niña pidiese.  Todos los días, visitaban la tumba de su abuela y de Philip, y allí sentados en el frio mármol, charlaban con ellos durante un rato. Y les contaron toda la felicidad que sus hijos sentían y la tranquilidad que había recobrado la casa, que tiempo atrás estuvo tan convulsa.  Y poco a poco, la vida se impuso, en la mansión O'Connor.




Y doy fe de que fueron felices. Se acabaron las incertidumbres. No  volvieron a tener más discrepancias y se amaron como nunca pensaban que lo hicieran, y tuvieron otro hijo, pero eso pertenece a otro relato.


                             FIN DE LA PRIMERA PARTE

Autoría:  1996rosafermu
Editado y publicado: Marzo de 2011
Fotografías: Archivo de 1996rosafermu

Segunda parte:  Los hijos O'Connor



lunes, 9 de mayo de 2016

Los O'Connor - Capítulo 16 - Más que ayer, menos que mañana

La sobremesa se alargaba demasiado para la impaciencia de Brendan, que veia como Iris le esquivaba y siempre trataba de situarse entre otras personas, lejos de él.  No entendía muy bien su conducta, aunque a veces la sorprendía como le miraba, y entonces se sonrojaba y bajaba su cabeza.  Creía comprender lo que la ocurría, no en vano su experiencia con las mujeres había hecho que las conociera.  Y entonces se dió cuenta, que lo que le ocurría a Iris, era precisamente eso: su falta de experiencia.  No había conocido a más hombres que a él, ni había tenido más contacto que con el padrino, y era  en  otro plano muy diferente. Sonrió al tiempo que apuraba un sorbo de champán mientras la miraba, y decidió acortar las distancias. Si ella no venía a él, él iría hacia ella.  Dejó la copa en la bandeja y levantándose de la silla, se dirigió hacia Iris, que charlaba con Maureen.

- Perdona, querida ¿ Puedo quitarte por un rato a Iris? - dijo a su cuñada
- Desde luego.  No faltaba más.Después seguimos ¿ vale ?- dijo Maureen  a Iris
- Claro - respondió azorada e intimidada por la actitud de Brendan

El la tomo del brazo y la condujo fuera del salón en donde los contertulios estaban en animada charla.

- ¿ Qué quieres ?- dijo ella sofocada
- Nos vamos- contestó él resuelto
- No puedes irte. La fiesta es en tu honor
- Hemos comido, hemos estado de charla.  Ahora es nuestro momento. Nos vamos
- Pero Victoria...
-Victoria está durmiendo su siesta y si se despierta alguien la atenderá.  Nos vamos.  Hemos de solucionar lo nuestro, y estoy dispuesto a hacerlo esta misma noche.  Hoy es mi día, y en el  cumpleaños no puedes negar nada al chico de la fiesta- dijo sonriendo dulcemente
- Estas de broma - dijo ella cada vez más nerviosa
- Si.  Estoy de broma, pero nos vamos. Ya . Hemos tardado mucho tiempo, demasiado, en hacer lo que vamos hacer ahora.  No admito excusas.  Tú lo deseas tanto como yo
-Pero nos echarán de menos.  Tenemos que regresar
-Se las apañaran sin nosotros.  Además mi padre sabe lo que se hace.
-Victoria...
- Por una vez, piensa en ti y en mi.  Deja que todo transcurra con normalidad.  No pienses en nada, sólo en nosotros

Ella le miró con una dulzura que hasta ahora Brendan nunca había visto en sus ojos.  Su sueño estaba a punto de hacerse realidad.  Iris estaba decidida, no sabía muy bien, si había sido el champán lo que la hacía tener esa valentía que necesitaba  para cumplir su más ansiado deseo,  el que se vio frustrado y que por fin, ahora, parece haber  recuperado:   el deseo más ferviente nunca sentido de estar cerca del ser que amaba y pertenecerle  en cuerpo y alma.


 El acariciaba su mejilla, y ella la hacía reposar sobre su mano.  Entornaba los ojos para recibir la caricia, tantas veces soñada.  Entonces él se inclinó sobre ella y la beso dulcemente, en un beso suave e interminable, que a ella le supo a poco. ¿ Qué la estaba pasando ? ¿  Que cosquilleo recorria su cuerpo nunca antes sentido ? Y entonces dio rienda suelta a sus sentimientos, y por primera vez  habló su corazón.  No su rencor, ni su cabeza, sino el más puro amor que había sentido por ese hombre desde el primer día que le vio. Ya nada importaba,  su afrenta, su abandono, su rechazo.  Estaba segura que habría una explicación y él se la daría.  Pero ahora sólo deseaba estar con él, recibir sus besos, sus caricias, sus dulces palabras de amor, ser su mujer,  que se había negado durante tan largos años de desespero y de reproches.

-¡ Oh Brendan ! Te he querido durante toda mi vida. Me moria de celos, deseaba estar contigo y al mismo tiempo alejarme de ti. Lloraba porque sabía que te hacía daño con mi actitud, pero no podía dejar de hacerlo. Algo muy fuerte e incontrolable me dominaba, y no era odio, era tristeza inmensa porque pensaba que no me querías
- Bien, pues ahora sabes que eso no es verdad.  Así que...- la tomó de la cintura y abandonaron la mansión dirigiéndose  hacia el pabellón, que sería testigo de su primera noche de amor,  de unos esposos que habían cumplido el primer quinquenio de casados, pero que aquella noche sería su primera noche juntos.

Al entrar, cumplió con todos los requisitos para que el matrimonio fuera siempre feliz.  Ya habían  pagado con creces su cuota de sufrimiento.  Ahora tocaba ser feliz.  La levantó en brazos y la llevó hasta el dormitorio.  Por fin serían marido y mujer, al cabo de casi siete años de haberse casado.

Pero miles de dudas acudian a su cabeza mientras la besaba. ¿ Estaría Iris preparada para entregarse a él ?  ¿Tendría algún trauma ? Su primera experiencia sexual había sido una agresión, y aunque él fuera el autor de aquello y ahora sea su marido, estaba tratando de poseerla nuevamente, aunque la situación fuera bien distinta.  Iría con calma, Estudiando una a una sus reacciones.  Por nada del mundo deseaba hacerla pasar un mal rato, sino todo lo contrario: extasiarla en el placer con el amor más puro que sentía hacia ella." Siempre estaré a tu lado ".


 Y volvieron aquellas palabras pronunciadas de niño a otra niña que ahora temblaba entre sus brazos.  Era su esposa, su gran amor.  Su deseo aumentaba por momentos, cada vez que sus labios se juntaban, pero ahora sabía controlar sus instintos y era un acto consentido. La iba desvistiendo con calma, colmándola de ligeros besos, de suaves y dulces besos que acompañaban cada movimiento de sus manos.  Y ella con los ojos cerrados se entregaba a él, a su amor siempre deseado..  Y se dejó hacer cuando él la tendió en la cama y acariciaba su rostro con ternura.  Y suspiró cuando Brendan la hizo suya, sin que tuviera oposición a ello.  Más tranquilo, y ya lejos toda duda,  besó sus labios
y esta vez, si fue suya de verdad.  E Iris abrazaba la espalda de su marido siguiendo el ritmo que él marcaba dulcemente, mientras la susurraba palabras que expresaban todo lo que significaba para él el acto carnal que estaban realizando.  Todas las dudas, los temores quedaron desvanecidos de una vez y para siempre. Eran dos enamorados que se pertenecían mutuamente, con un amor profundo y verdadero, conscientes de que habían nacido el uno para el otro, y que ya no habría fuerza humana que les separase.

- Te quiero Iris. Más que a nada. Siempre te he querido, te he soñado, te he llorado, suplicado, y ahora ya eres mía para siempre. Nunca he querido a nadie como te quiero a ti, y se que mañana te amaré mucho más, porque eres , y siempre has sido la razón de mi existir.

Ella no podía articular palabra. Nunca imaginó que su primera vez fuese después de estar casada desde hacía tanto tiempo. Supo desde el principio que al hacer el amor con él no le haría recordar otras experiencias pasadas.  Desde siempre le amó y siempre le amará.  Fue suya entonces, lo era en ese instante y lo sería  mientras viviese , porque nada tiene comparación como sentirse amada por el hombre al que amas y al que perteneces, porque él también es tuyo.  Tomó el rostro de Brendan entre sus manos y le beso larga y profundamente.  Y él recibió el beso y correspondió a él, y a otro, y a otro...  Y así durante toda la noche. No había barreras que frenasen esos instintos despiertos en sus cuerpos y al fin liberados.


domingo, 8 de mayo de 2016

Los O'Connor - Capítulo 15 - Cumpleaños feliz

Había tirado la toalla. Brendan daba por perdida su batalla con Iris.  Ella seguía impertérrita en su convencimiento; por lo menos tenía el consuelo de tener a Victoria cerca.  Pero también le atormentaba tener tan cerca a su mujer, y ser sólo un extraño para ella.  La jugada le había salido mal.  Estaba seguro de sus sentimientos, pero no así de los de ella, que se mostraba más esquiva y distante desde que vio a la puerta de la mansión el coche de Daisy, y no terminó de creer la explicación que Brendan le dió.  Le había dicho la verdad, pero ella, escamada, pensó que sólo era una excusa para salir del paso.  Decidió inventarse un viaje innecesario, pero necesitaba poner distancia entre ellos. Cada día amaba más a su mujer, pero también le atormentaba saber que ella era indiferente a sus sentimientos.  Con todo dolor por no ver a su hija, preparó la maleta y partió rumbo desconocido. Sólo si hubiera algo urgente, se pondrían en contacto con él desde la oficina.  Había dado órdenes extrictas de que no le molestasen.



A pesar de que estaba intrigada, Iris, se cuidó muy mucho de preguntar nada.  Nadie tenía necesidad de saber lo que ocurría en su casa, ni de averiguar las relaciones frías y extrañas que ambos mantenían.  Sólo les unía su amor por Victoria. De no ser por ella, hubiera regresado nuevamente a Madrid.  Pero tenía que reconocer, que la mortificaba que ni siquiera la hubiera dicho que se iba de viaje y a qué lugar se dirigía.  Estaba claro que ella era un puro trámite para él, por mucho que asegurara que la amaba.  Pero... ¿ qué sentimientos albergaba ella ?  Sabía que nunca había dejado de amarle, ¿Entonces ?¿ Era cabezonería lo que hacía que se comportara de esa forma hacia él? ¿ Y si cambiara de táctica ?  Igual, si ella se mostrara más transigente, las cosas fueran mejor.  A veces tenían una situación insostenible, la que ambos sufrían, aunque nada dijeran.

Recordó, que en una de sus discusiones, la echó en cara que había perdido la infancia de su hija, y entonces ideó el regalo que le haría.  Quizá de esa forma la tensión se relajase.  Tendrían que hacerlo en cualquier momento, por el bien de Victoria.  Buscó entre sus objetos más preciados, unas cintas que grabó al nacer la niña: " su infancia, niñez, sus primeros pasos, sus primeras palabras".  Las acarició sonriendo con nostalgia, y las envolvió en un papel de regalo con un gran lazo.  Era una buena idea; eso suavizaría las aristas y al mismo tiempo le daría una gran alegría. Decididamente era estupendo.  Se las daría la niña con ella presente. Vería qué reacción tendría al ver el contenido del paquete.

Celebrarían el cumpleaños de Brendan por primera vez en mucho tiempo. Ahora estaba toda la familia reunida, aunque habían faltas entrañables, pero su espíritu flotaba en el ambiente.

Desde el día de los dibujos, no dejaba de dar vueltas en su cabeza la declaración de Brendan. Posiblemente se estaba pasando de la raya; le trataba con frialdad y dureza, y él sólo deseaba amarla, que fuera su mujer definitivamente.  Reconocía que estaba teniendo mucha paciencia con ella, y la constaba que permanecía fiel, sin andanzas,  ni juergas que la hicieran dudar.  Estaba segura de sus sentimientos por él, y creía que había llegado la hora de que todo estuviese en su lugar. Pero ¿cómo hacerlo sin tener que doblegarse?.   Desde aquel día de su confesión, no había vuelto a lanzar ninguna indirecta, y estaba dudosa de si aún él estaría enamorado de ella. ¿ Era ese pique el que ahora sentía? ¿ Y si en ese viaje misterioso se hubiera ido con alguien que no era la secretaria? ¿ Sería  con Daisy, ó con cualquier otra amistad femenina?  No quería pensar en eso. Si así hubiera ocurrido, estaba segura que él, de alguna manera, se lo diría, o simplemente su intuición femenina  lo averiguaría. Tendría que dar su brazo a torcer, insinuársele, si Brendan no volvía a mencionar nada de su amor.  ¿Pero cómo hacerlo ? Nunca había tenido experiencia con ningún  hombre, sólo con Brendan, y ya conocemos cómo resultó. Se dejaría llevar según viera el ambiente...

 Y Brendan regresó dos dias antes de su cumpleaños, pero tampoco la buscó, ni la llamó por teléfono.  Siguió su vida como si nunca hubiera salido de casa.  Esa actitud la desilusionó, y se planteó el cambiar de táctica; era seguro que él se había cansado de esperar, y probablemente habría conocido a alguien, en el supuesto caso de que no se la hubiera llevado desde aquí, y ahora tuviera otra ilusión.

Pero decidió jugar su última baza.  Necesitaba saber si todo seguía igual respecto a ella, o en cambio ya no le perturbaba en  sus sueños.  E ignorándose uno y otro, llegó el día del cumpleaños.  Iris se sentía frustrada; había ido muy lejos en sus cálculos.  Había hecho el cuento de la lechera, pero la realidad era que Brendan no le hacía caso.  No obstante, siguió adelante con su regalo, que además le pareció justo.  Fue en busca de la niña y con ella y el regalo, se dirigió a la mansión.

-Paul ¿ se ha levantado Brendan ?
- Está en su despacho - le indicó el mayordomo
- Anda Viky. Ve y da el regalo a papá, junto con un abrazo y un beso muy grandes.  Yo te espero aquí
-¿ Por qué no vienes?
-Yo iré después. Cuando le entregues el regalo
-¿ Dónde tienes tu regalo ?
-Le felicitaré  de palabra. Le he hecho una poesía y se la recitaré. Anda ve

La niña salió corriendo, y corriendo entró en el despacho extendiendo los brazos hacia Brendan que la recibió con un abrazo

- Felicidades, papi
- Gracias tesoro . ¿ Has venido sola? ¿ Y mama ?
- Ahora entra. Abre tu regalo- dijo Victoria.  Lentamente, Brendan desenvolvió el regalo que le había preparado Iris.  Se quedó mirando emocionado lo que contenía el paquete, y dando un beso a la niña, la dijo

- Gracias, cielo. Es el mejor regalo que me han hecho nunca- La tomó de la mano y salió en busca de Iris, que aguardaba expectante cerca de la puerta.

Se miraron intensamente. Iris estaba nerviosa, por contra, Brendan muy sereno, expresando en su mirada la admiración y amor que su mujer le inspiraba, aunque ella no lo entendiera.  Por fin, emocionada, pronunció unas palabras

- Dijiste que habías perdido toda la infancia, y pensé que sería el mejor regalo de cumpleaños que podría hacerte.  Yo..., lo siento. Nos equivocamos los dos.  No debimos unirnos, no debimos aceptarlo. Yo...- No pudo seguir. La emoción inundaba sus ojos y salió corriendo mientras Victoria preguntaba a su padre

- Papi, ¿ por qué llora mamá ?
- Está contenta porque es mi cumpleaños. Los adultos somos muy extraños; a veces lloramos cuando estamos alegres.  Dejémosla que se tranquilice.  Luego iremos a buscarla- respondió a la extrañada Viky


Iris salió corriendo hacia su casa y por el camino vio cómo llegaban los primeros invitados, Thomas, Maureen con tía Susan que había regresado de América con su nuevo pretendiente para que la familia le conociera.   Sean y Louise se reunieron en el vestíbulo con ellos.; ya no esperaban a nadie más. Sería una comida extraordinaria, pero familiar.  Brendan particularmente tenía mucho que celebrar.

- Tengo que ir a buscarla - pensó.   Pensó zafarse de las visitas en cuanto tuviera ocasión,

  Iris se le adelantó. Buscó en su armario su mejor y más bonito vestido. Se cepillo el pelo y se maquilló discretamente; era un día especial. Si Brendan quería, derribarían todas las barreras, que desde hacía tiempo se tambaleaban. ¿ La seguiría amando  ? Tampoco le extrañaría que hubiera dejado de hacerlo; había recibido muchos desaires de su parte, y posiblemente se hubiera cansado de esperar.  Pero jugaría sus cartas; tenía que saber con qué contaba: si con Brendan y su rendido amor, o con un Brendan desilusionado y distante.  Tenía que averiguarlo, y esa era una buena ocasión para hacerlo.

Entró en la sala donde se habían reunido para tomar un aperitivo antes de la comida, y como ocurriera en otra ocasión ya lejana, causó sensación ante todos.  Unos penetrantes ojos azules, la miraban fijamente, y recorrían su figura con ansiedad.  Ella también le miró y le sonrió con dulzura. Se adelantó hacia donde él estaba, y besándole en la mejilla, le deseó un feliz cumpleaños. Todos estaban expectantes, y el que más Sean,  que sonreía a Louise con picardía.

Sean ,  dispuso  los sitios de los comensales, y puso a Brendan e Iris,  uno junto al otro, con toda intención, sonriente y guiñando un ojo a Susan, y a Louise, que también rieron.  Ni Brendan ni Iris, se percataron de la jugada. Él no dejaba de mirarla, interrogándola con los ojos. ¿ Sería posible que al fin pudieran estar juntos? Ella bajaba la cabeza algo cortada. No había calculado esta situación; pensaba que tendría que seducirle, y sin embargo era Brendan quién lo hacía constantemente con sus ojos.

La comida transcurrió con la alegría de todos. Brendan estaba feliz como hacía tiempo no le habían visto, y hasta Iris había perdido su timidez, y hasta se atrevía a contar algún chiste picante  ayudada por alguna copa de vino de la comida.  Durante la sobremesa y aprovechando que todos estaban distraídos, la llamó aparte para darle las gracias por el regalo.  No quería insinuar nada más.   Que fuera ella la que diera el primer paso si es que ocurría lo que imaginaba. Ella se atrevió a preguntarle por su viaje, y él dio pelos y señales de dónde había ido.  Al parecer sin compañía alguna, porque Iris,  indiscreta,  se lo preguntó abiertamente

- No Iris.  No he ido con nadie. Sólo yo y mis pensamientos.  Tenía mucho en lo que pensar y para eso no necesitaba compañía. Sólo una persona, hubiera sido la indicada, pero no pudo ser. Aunque no pierdo la esperanza de poder hacerlo algún día.  Quién sabe... a lo mejor no está tan lejos ese momento.

El sonido suave de una cucharilla sobre una copa, llamó la atención de todos. Era la ocasión de brindar por el homenajeado, y todos a un tiempo, alzaron sus copas dirigiéndose a Brendan y a Iris.


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