miércoles, 12 de agosto de 2015

Volver a los diecisiete - Capítulo 13 - Planta tercera - / 302


Las horas pasaban despacio, demasiado lentas para los nervios de todos , que estaban expectantes.  A primera hora de la mañana, llegaban al hospital el grupo de reemplazo

-- Ahora debéis ir a descansar vosotros, -dijo Manoli dirigiéndose a Raquel y a Adolfo

-- Yo no me muevo de aquí,- dijo tajante Adolfo.  Ya descansaré cuando todo se normalice

-- Pero tenéis que descansar

--¿Crees que puedo hacerlo sin saber nada concreto?  Quién debe irse es Raquel, está destrozada.  Ramón llévatela, quédate con ella y,  haz que descanse.  Si hubiera alguna novedad os avisamos inmediatamente.

Hacia media mañana, el médico de la UCI salió de nuevo para informarles

-- Bien, he de decirles que la hemorragia,,  si no surgen imprevistos,,  ha quedado  solucionada. Me preocupa el coma. No hay ninguna señal y debe haberla...,  enseguida…

-- ¿ Qué peligro corre si esto no sucede?,-preguntó Adolfo

-- Pueden haber daños cerebrales.  Creo que vamos a proceder a realizar el plan B, que es trasladarla a una habitación. Pero eso significa que no se puede abusar de las visitas. Aún debe estar muy controlada, pero pueden  estar con ella.,  máximo dos personas,  y deberán hablarle de algo que signifique mucho para ella. Tenemos que hacerla reaccionar aunque sea débilmente

-- El traslado ¿cuándo será?

-- Vamos a preparar la habitación inmediatamente. Posiblemente en una hora esté todo listo.

-- Muchas gracias, doctor.

Al ausentarse el médico, todos se miraron con preocupación pero esperanzados, se abrazaron dispuestos a emprender la dura lucha que les aguardaba:   tenían que hacer regresar a Carmina

-- Lo vamos a conseguir- comentó Adolfo.-   Creo que la primera persona que debería hablar con Carmina es Raquel.  Su actitud es lo que más  la hirió y por el mismo motivo debería reaccionar.

-- ¿ Y tú Adolfo, no piensas intervenir?



-- Naturalmente que lo haré. Todo con tal de que mejore, pero creo que debéis ser vosotras las primeras.  En un descanso que tengáis  lo haré yo.

Aún no habían instalado a Carmina en planta, cuando Ramón con Raquel regresaron al hospital

-- No podía dormir. Estaba peor, por lo que decidimos regresar. ¿ Hay alguna novedad?

-- Si. Están a punto de bajarla a la habitación,-respondió Adolfo.-  Raquel,  el médico dice que tenemos que hablarle de algo que a ella le sea sensible.  Opino que debes ser tu y tu hermana la que empecéis el primer turno. En un descanso lo haré yo.

-- Pero Adolfo, tu eres su gran amor….

--¡ Y vosotras,. !  Por eso debéis empezar. De acuerdo a como veamos su reacción,  así haremos.

El ruido de unas ruedas metálicas interrumpió su conversación y un celador se aproximó a ellos.

-- Son la familia de esta señora ¿verdad?

-Si -  respondió Raquel

--Bien, bajen a la planta tercera, habitación 302. La trasladamos en este momento.  Allí les daremos instrucciones

Todos a una bajaron rápidamente siguiendo las instrucciones del celador.  Cuando entraron en la habitación una enfermera y un internista terminaban de poner en marcha los aparatos que debían controlar sus constantes vitales

El sonido chirriante de las ruedas de la cama se sintió por los pasillos y el abrir de la puerta, hizo que todos se agruparan a un lado de la habitación para dejar paso a la cama que portaba a Carmina.  Un nudo en la garganta se les hizo a todos los presentes ,  y tanto Manoli como las hijas no pudieron reprimir unas lágrimas.  Pero estaba en planta… ahora les tocaba a ellos el volverla a la realidad.


  Conectaron los aparatos y revisaron si todo estaba en orden. Les dieron algunas instrucciones de cómo debían tratarla y les enseñaron los botones que deberían pulsar si ocurría alguna anomalía.

--Nosotros haremos rondas cada dos horas. Si en el intervalo de ronda y ronda ocurriera algo fuera de protocolo, nos avisan in mediatamente.  ¿ Lo tienen  todo  claro?- dijo el internista

Todos contestaron afirmativamente. Una vez se quedaron a solas establecieron los turnos para estar con Carmina.  Las primeras,  sus hijas, que se irían alternando hablando con la madre de cosas que la fuera fácil recordar. No hablarían las dos a la vez, sino alternativamente; despacio, sin emocionarse, por mucho que les costara. Deberían hacerlo como si estuvieran narrando una historia.  A continuación hablaría Adolfo. 

 Salieron de la habitación y se quedaron a solas la madre y la hija.  No había ningún  signo de que Carmina pudiera escucharlas,,  pero debían intentarlo.

 Raquel. tomó la mano de su madre y depositó un beso en la frente mirándola fijamente con los ojos llenos de lágrimas.



-- Mamá,,  mamita,   por favor vuelve con nosotros., Te necesitamos. Sé que te he hecho mucho daño, que te dije cosas horribles,  que en el fondo no sentía,   peo no sabía nada.  Sé que lo has ocultado durante todo este tiempo para no distorsionar nada.  Quiero que sepas que te quiero, muchísimo y que toda mi vida me sentiré culpable de lo que te ha pasado.  Todos nosotros te necesitamos; los niños no saben nada, porque hubieran querido venir a verte. Lo harán cuando estés mejor.  Mamá  . . . . 

No pudiendo contener más su angustia estalló en sollozos desgarradores. Apretaba la mano de su madre y acariciaba su rostro inexpresivo..  Alicia corrió al lado de su hermana y se abrazó a ella llorando también

-- Yo también soy culpable, mamá. Yo lo sabía y fui cobarde al permitir esa situación y no salir en tu defensa. Soy tan culpable como Raquel.  Pero ahora todo es distinto; volvemos a ser una familia unida, y hasta la integra un miembro más. Ponte buena, mamita. Vuelve con  nosotros,,  te necesitamos.

Siguieron hablando con la madre relatando pasajes de cuando eran pequeñas y compartían sus juegos infantiles con ella. Sus llantos se habían calmado y ahora la charla era relajada, se reían hablaban entre ellas y hacían partícipe a su madre de la conversación, aunque por  parte de Carmina  no había respuesta.  Ramón entró en la habitación y levantó a su mujer que seguía arrodillada a la cabecera de su madre.

--Vamos cariño, viene la ronda y debéis salir de la habitación

-- ¿ Por qué ?

-- El fisio la tiene que hacer rehabilitación.  Lleváis dos horas largas y tenéis que descansar.  Aprovecharemos e iremos a tomar un café, mientras la atienden. 

 Así lo hicieron. El próximo turno sería el de Adolfo.  Todos acordaron que  permaneciera a solas con Carmina y él lo agradeció.  Tomó su mano, acarició su rostro y la besó en los labios.  Al contacto de su boca sintió un escalofrio. Hacía meses que habían dejado de verse. 

Adolfo arrastró una silla hasta la cabecera de la cama de Carmina, y comenzó a hablar con ella despacio, con emoción, con ternura.  Sabía que de aquellas conversaciones dependía el  recuperar a la mujer que amaba y con la voz entrecortada y los ojos húmedos, besando la mano de ella que sostenía entre las suyas, comenzó la conversación más difícil y esperanzada de su vida



-- Amor de mi vida,.  Si,  porque eres el amor que he estado esperando toda mi vida.  Tú sabes que no he sido un santo, que mi vida de soltero hacía que estuviera con muchas mujeres, pero el conocerte  fue un antes y un después.  Quizá que a nuestra edad hemos perdido todos los prejuicios y sonrojos que cuando somos jóvenes tenemos.  No me caíste bien la primera vez que nos vimos. . Me pareciste una marisabidilla que se metía en una conversación ajena,,  pero, luego, en  los sucesivos encuentros,  fuiste para mi un descubrimiento.  Tus nobles sentimientos,,  el amor a tu familia, , tu dulzura, , tu amena charla me descubrió a una mujer interesante que no había conocido. . Nunca había sentido por nadie lo que sentí la primera vez que nos acostamos. Fue como si un adolescente hiciera el amor por primera vez.  La entrega fue total y absoluta. Quiero decirte que las palabras de amor que te dije aquella noche salían de mi alma.  Nunca mis labios pronunciaron palabras semejantes a ninguna otra mujer. Y día a día te me hacías más imprescindible, porque sin proponértelo me hiciste recobrar el entusiasmo y fogosidad de la juventud. Deseaba que el día terminase para poder encontrarnos,  para estar juntos,, sin más. El poder contemplar el brillo de tus ojos, tu serenidad, tu sonrisa,  siempre dulce y amable,,  era la compensación de todas las preocupaciones.  Supimos  ambos que el camino elegido iba a ser,  cuanto menos difícil, pero siempre tenía la esperanza de que todo volviera a su cauce.  Y no fue así y nuestro distanciamiento me dolió en lo más profundo de mi ser.  Sabía que ninguno  de los dos éramos culpables, que todo nuestro delito era amarnos sin concesiones. He de decirte que ahora estamos todos juntos, que nuestros problemas se han solucionado.   Por eso te pido que regreses a nosotros para poder compartir una vida plena y feliz.  Los médicos no están seguros si cuando se está en coma , podéis oírnos,.   Yo sé que si, que me escuchas todo lo que te estoy diciendo.  Que tus hijas han estado contigo y las has escuchado.   Ahora sólo falta que nos des alguna señal de que ello es cierto.  Yo te necesito para seguir viviendo, porque sin ti va a ser muy difícil seguir caminando por la vida, no podré hacerlo sin ti. Te necesito, amor mío. Me has dado la alegría de vivir, me has vuelto a mi adolescencia,  a mis diecisiete año., La edad en que nos creemos mayores, en que lo sabemos todo,, cuando la realidad es que nos queda todo un universo por descubrir. Pero bendita edad en que todavía la vida no nos ha decepcionado y nos creemos superhombres para superar todo.  Vuelve a mi , cariño, vuelve por favor.  Nos espera un futuro de felicidad con  nuestra familia. Tus nietos quieren verte, abrazarte. Tienes mucho por lo que regresa.  ,Por favor vuelve.

Había pasado el tiempo sin darse cuenta y la ronda del cambio de turno entró en la habitación.,  Adolfo consultó con la enfermera si podía quedarse con ella por la noche. La enfermera contestó afirmativamente.  Se quedarían Manoli y él.  Los chicos se irían a descansar y les relevarían en las primeras horas del día siguiente.

Antes de retirarse a descansar Ramón dijo a Adolfo y a Manoli que debían bajar a cenar algo a la cafetería.  Iban a necesitar fuerzas debido a que la situación igual se prolongaba en el tiempo.  Bajaron y mientras cenaban cambiaron impresiones. Estaban algo descorazonados, pues tenían la peregrina idea de que al escuchar sus voces Carmina iba a  reaccionar inmediatamente, y no fue así.  Hablaron poco; estaban serios y preocupados.  Era muy importante que Carmina reaccionase enseguida, de lo contrario había riesgo de problemas cerebrales…  No querían ni pensar en eso.

Cuando subieron y se quedaron solos, Manoli se puso a hablar con Carmina de cosas diarias que ambas compartían, pero la situación no variaba.  Adolfo consiguió que se acostará en la cama contigua a Carmina, destinada al  acompañante.  El sueño y los nervios acumulados del día rindieron a Manoli que se durmió enseguida.

Adolfo reclinó la cabeza en la mano de su amada y no pudo evitar un sollozo

-- Vuelve amor, vuelve.  No es posible que no reacciones ante todo lo que te decimos; sé que me escuchas, pero por favor mueve un dedo, una mano, danos alguna señal de vida. Nuevamente la besó en la frente y en los labios, recostando en la almohada, , al lado de Carmina,,  su atormentada cabeza

--  Tu ausencia ha sido dura, muy dura, pero sin comparación con esta situación.  Al menos antes sabía que estabas en algún lugar, pero ahora tu cuerpo está aquí, pero ¿ dónde estás, , piensas en algo, nos escuchas?

Lloraba silenciosamente y por unos instantes se sumergió en un sueño intranquilo de apenas unos minutos de duración.  Siguió a su lado con la mano de ella entre las suyas como para infundirle calor.

La noche en un hospital es larga, pesada, monótona y silenciosa, con un silencio abrumador. La madrugada es eterna y se espera el amanecer como si ello solucionara todos los males que aquejan a las gentes que deben permanecer en esos recintos, unos por enfermedad, otros por acompañar a sus seres queridos.

Adolfo salió al pasillo; tenía que estirar las piernas que se le acalambraban de estar durante horas en la misma posición, pero no importaba.  Simplemente al entrar de nuevo, esperaba  algún cambio, que seguía sin producirse.
Adolfo entró de nuevo y se sirvió un café.  La madrugada pasaba lenta..  Consultó el reloj eran las cuatro y media. Pronto amanecería. ¿ qué les traería el nuevo día? ¿ Sería el del milagro?  Dio un sorbo de café y se giró para ocupar su sitio junto a Carmina.   Entonces vio algo que le paralizó momentáneamente

Carmina le miraba sin pestañear:  había regresado. Corrió a su lado y tomando su cabeza con ambas manos empezó a besarla suavemente, como si temiera que su brusquedad la volviera a la inconsciencia de nuevo



-- Mi amor, mi vida, estás aquí, has vuelto. Se abrazó a ella al tiempo que pulsaba uno de aquellos botones de emergencia y despertaba a Manoli

-- Manoli, Manoli

-- ¿ Qué ocurre, qué pasa ?

-Manoli, ha vuelto. Mírala

Manoli giró su mirada al tiempo que un internista y una enfermera entraban apresuradamente en la habitación

-- Salgan un momento, por favor

Ambos salieron y en el pasillo se abrazaron riendo y llorando a un tiempo

-- Por favor, Dios mío, que sea verdad.- musitó Adolfo

Al cabo de unos minutos la puerta de la habitación se abrió y los sanitarios salieron con el rostro de satisfacción

--Enhorabuena, la hemos recuperado.  Pregunta por Adolfo

Manoli y él se miraron y rompieron a reír nerviosamente.   Adolfo entró y sonriendo a Carmina miraba su cara, la besaba, la acariciaba sin dejar de sonreír

-- Mi vida, estás aquí. 

Se abrazó a ella al tiempo que Carmina acariciaba sus mejillas y unas lágrimas se escapaban de sus ojos.  Manoli contemplaba la escena enternecida por el amor de aquellas personas.  No se atrevía a interrumpirles, hasta que él la llamó para que acudiera a su lado.  Ambas mujeres se abrazaron conteniendo la emoción.  Aún quedaba un  largo camino hasta la total recuperación, pero habían conseguido lo más difícil: Carmina había regresado a su lado.

Adolfo marcó el número del hotel en donde se habían  alojado los chicos y rogó le pasaran con cualquiera de las dos habitaciones que habían reservado

-- ¿ Qué... , qué pasa ?  - Un Ramón asustado descolgó el teléfono

-- Ramón soy Adolfo. Carmina ha vuelto…. ¡!!

-- ¿ Cómo,...  quieres decir que...?

-- Siii, ha vuelto en sí

--Vamos para allá inmediatamente.

martes, 11 de agosto de 2015

Volver a los diecisiete - Capítulo 12 - Explicaciones

  Con las primeras luces de la mañana, llegaron Raquel y Ramón. Su desplazamiento había sido toda una odisea. Había puertos cerrados con uso de cadenas. Les nevó en algunos tramos, etc. Ramón recriminaba a su mujer el no haber aceptado el ofrecimiento de Adolfo


-- Estoy harto de aguantar tus estupideces. No es ocasión para andar con remilgos.  Ojalá y lleguemos a tiempo, porque si no es así te lo vas a estar reprochando toda la vida. ¡ Eres increible, no te entiendo




  Raquel callaba porque en su interior pensaba que su marido tenía razón.  No eran momentos para andar con remilgos. Durante todo el trayecto pensaba en su madre; se sentía responsable por haberla empujado, sin quererlo, a exiliarse en aquella población tan alejada de su familia, sometida a una soledad que ella no deseaba.

Por fin divisaron la silueta del hospital y sus corazones se aceleraron.  Estaban  deseando llegar y al mismo tiempo lo temían. A lo largo de la noche habían mantenido contacto con Alicia y Manoli, por ello,  sabían que tenían que seguir esperando, pero deseaban saberlo de primera mano. Dejaron el coche en el aparcamiento y con paso acelerado se introdujeron en el hospital.  Preguntaron en recepción y allí les indicaron el lugar en donde aguardaban los familiares de la paciente.

En la salita estaban todos.  Los hombres charlando y dando paseos por la habitación, las mujeres calladas, llorosas cogidas de la mano.  Raquel fué la primera en entrar y abrazarse a su hermana


-- Decidme ¿ qué sabéis?
-- La hemorragia está controlada, pero  aún no ha vuelto su consciencia.  El médico dice aguardar unas horas y si la hemorragia no se reproduce, trasladarla a planta con los cuidados requeridos , pero en la que sus más allegados puedan hablarla, para tratar de que recupere la normalidad

-- ¡ Dios mio, qué terrible !, exclamó Raquel

Ramón entretanto se unió a Luis y Adolfo requiriendo todas las últimas noticias.  Como si de repente se diera cuenta, Raquel miró en dirección a los hombres y fijó su mirada en Adolfo

-- ¿ Qué hace él aquí?

-- ¡ Cállate, por favor !, la replicó Alicia.  Tenemos que hablar de algo muy importante que no admite demora, así que dentro de un rato nos iremos tú y yo al jardín, y allí tranquilamente te contaré algo que cambiará  por completo tu forma de ser...

--¿ Qué ocurre ?  ¡ Me he perdido ! ...

-- Ya, ya... contestó Alicia.

Pasados unos instantes, las dos hermanas se alejaron en dirección al jardín.  Tardarían más de una hora en regresar.  Raquel venía con el rostro demudado y muy callada.  Alicia por el contrario se había quitado un peso de encima y su rostro se veía relajado

-- Ya está todo aclarado.  No es necesario seguir fingiendo...

Raquel se sentó al lado de Manoli a la que miraba fijamente...

-- ¡ Todos lo sabíais y nadie me dijo nada !

-- Tu madre nos lo prohibió.  No quería daros ese disgusto ni que la memoria de tu padre se viera empañada por nada

-- Pero ...  Debistéis decirlo cuando ha surgido el problema con Adolfo...  No podré mirarle a la cara. ¡ Qué vergüenza !

-- No te preocupes por él.  Lo comprende y aunque nunca ha estado de acuerdo con ello, ha callado por Carmina.  Ahora comprenderás muchas cosas...

-- Si a mamá la pasa algo, yo me moriré de remordimiento.  La quité  los niños... fuí mala y  perversa con ella, no sentí lástima por el daño que la hacía, y sin embargo ella nunca me dijo nada...

-- Así es tu madre, Raquel.  Nunca se queja de nada, sufre en silencio, y creeme cuando se enteró de lo de tu padre...  Se portó mal con ella, muy mal... pero bueno... ya pasó todo y en lo que debemos pensar ahora es en que se recupere pronto.

Con ojos llorosos, Raquel dirigió su mirada hacia Adolfo que en silencio contemplaba la escena. Se levantó y se dirigió hacia él



-- ¿Puedes venir conmigo ? Tengo que hablar contigo

-- Desde luego...

En el exterior del hospital brillaba el sol, pero no era un día templado, sino todo lo contrario, al atardecer posiblemente helaría de nuevo.

-- No sé cómo empezar....- titubeó Raquel

-- En lo que a mi se refiere te  comunico que no me moveré del lado de tu madre.  No tienes ni idea de lo importante que ha sido para mi el conocerla.  Creo- dijo sonriendo-  que he llegado a esta edad soltero porque la esperaba desde que nací.  Tiene unos valores difícilmente encontrables en otras gentes, y lo más importante:  sois lo primero en su vida.  Os ama entrañablemente, sin importar los sacrificios que tenga que hacer para conservaros a su lado...

-- Lo sé. Acabo de enterarme y lo que deseo, en primer lugar, es que ella se ponga bien, pedirla perdón y darla un enorme abrazo con las gracias por su sacrificio.  En segundo lugar pedirte perdón por todo lo injusta que he sido. Seguro que me odias  y no te falta razón.  No entendía nada, pero ahora todo ha quedado meridianamente claro.  No sé qué hacer...

Se tapaba la cara con las manos y lloraba desconsoladamente...   Adolfo conmovido, comprendía el remordimiento que debía sentir, sintiéndose culpable de lo ocurrido.  Fué hacia ella y la abrazó con ternura; poco a poco Raquel se fué calmando bajo los brazos amables de Adolfo

-- En lo que a mi se refiere, está todo olvidado.  Lo doy por bien empleado si tu madre se recupera y todo vuelve entre vosotros a la normalidad. ¡ Cómo no iba a perdonarte, si eres su hija. Eres carne de su carne !...

-- Eres generoso y bueno.  Otro en tu lugar...

-- Calla, calla. Lo que importa ahora es Carmina; todo lo demás es secundario, carece de importancia...

-- Gracias Adolfo.  Te estaré eternamente agradecida y me sentiré muy honrada si formas parte de mi familia

--  Raquel, en estos horribles dos días, es lo mejor que me has podido decir...  Te doy las gracias por ello. Anda ahora vamos dentro no te vayas a enfermar tú también.

La tomó del brazo y ambos entraron para reunirse con el resto del grupo que les miraba expectantes.  Raquell fué la encargada de anunciar que todas las hostilidades habían cesado y que ahora Adolfo sería uno más en la familia.  Era la única buena noticia que recibían en muchas horas, porque el tiempo pasaba y no había novedades.  Todos guardaban silencio, tenso, cada uno con sus pensamientos.  Fué Adolfo el que trató de relajar la situación

-- Bueno, es muy pesada la espera, pero también es buena señal de que no va a peor.  Ya nos advirtieron que sería larga...  Por favor, no podemos perder el ánimo ahora. Ella nos necesita
y debemos mostrarle nuestra mejor cara, lejos de dudas y preocupaciones.  Ya tendremos tiempo de comentar todo, cuando haya pasado el mal rato.  Creo que debíamos planificarnos para pasar la noche. A nada conduce estar todos aquí, sin descansar.  Cuando la trasladen a planta nos va a necesitar y no podemos perder las fuerzas

-- Estoy de acuerdo con Adolfo,- dijo Ramón-. Creo que deberíamos establecer turnos y pasar la noche en algún hotel

-- Yo me quedo. Haré el primer turno-  dijo Raquel

-- Bien, pues yo te acompaño, así la vela se hará más llevadera-  replicó Adolfo

El resto protestó pues todos querían quedarse. Manoli impuso su criterio



-- Chicos, chicos. Todos queremos quedarnos, pero Adolfo tiene razón. Vamos a necesitar conservar las fuerzas para ayudarla. La estancia en el hospital puede ser larga. Creo que debemos hacer lo que dice Ramón. Mañana les reemplazaremos temprano y así estableceremos turnos. A lo mejor al mediodía  la trasladen a planta.  Así que dentro de un rato debemos ir a cenar para que Raquel y Adolfo lo hagan a nuestro regreso y posteriormente irnos al hotel. Aquí no hacemos nada

Refunfuñando, todos aceptaron pues vieron que era lo más lógico y la mejor manera de ayudar a Carmina.  Por fín al cabo de dos horas quedaron en la salita Raquel y Adolfo.  La muchacha comenzó una conversación intrascendente, pero no veia otro camino para terminar de romper el hielo, ya que a veces se producian silencios muy violentos. Raquel fué la que pidió a Adolfo

-- Cuéntame cómo os conocísteis. Quiero saberlo todo, no por cotilleo, sino por conocerte mejor...

-- Pues todo fue muy extraño, ocurrió en Jockey, en el restaurante... 

  Adolfo fué desgranando la forma de su primer encuentro y las casualidades de los siguientes...

-- No fué un flechazo, pero tampoco tardé mucho en enamorarme.  Tu madre es de una manera muy especial.  Nunca había tratado con una mujer con la que poder hablar tan abiertamente de cualquier cosa.  No se escandalizaba por cruda que fuera la conversación.  Sonreía y escuchaba.  Nuestro primer "contacto" ocurrió, como casi todo lo nuestro, casualmente, sin buscarlo, pero...  nos unió para siempre.  Ella estaba falta de cariño, no del vuestro, sino del cariño que un hombre puede dar a una mujer.  Yo estaba saturado de frivolidad, y entonces ocurrió....  saltaron chispas:  habíamos nacido para estar juntos y ser una misma persona.  Luego, todo fue sencillo, había amor entre nosotros, nada más.  No nos guiaba otra cosa que el estar juntos y amarnos... Después...  , ya conoces el resto...

--  Adolfo, ha pasado mucho tiempo desde que os separasteis ¿ la sigues amando como al principio? 
-- ¡ Ay Raquel ! más que al principio. Se convirtió,  de una relación normal, a un imposible y eso hacía que mi vida se parase  en el momento en que se fue de mi lado.  Yo que había sido un poco golfo, recobré la serenidad real de mis años y comprendí que sin ella era peor persona.  No volví a las andadas. Ya no. Era imposible estar con alguien que no fuera Carmina.  Y si, daría  mi vida por tu madre...

-- Gracias por amarla de ese modo. Lo merece. Ahora ya lo sé todo y comprendo lo que debió sufrir al sentir los desaires de mi padre hacia ella. ¡ Una mujer joven, en plenitud, y tan bonita !  ¿Cómo pudo hacerla eso ?

-- Creo que lo mejor que puedes hacer es olvidar el tema. Afortunadamente todo se ha aclarado y tendrás ocasión de que ella te lo explique.  No deseaba por nada del mundo, empañar la memoria de tu padre. En definitiva lo que ocurriera entre él y tu madre, sólo les incumbe a ellos. Es su vida y ese episodio es agua pasada. Nadie, ni siquiera yo, puede interponerse.  El siempre será tu padre y debes quererle y respetarle como a tal. Era el marido de Carmina, un lugar totalmente distinto al de padre. Si no supieron, no pudieron o no quisieron solucionarlo, solamente ellos lo saben. Él ya no está aquí para dar explicaciones, además se amaron al principio, fuísteis concebidas por amor, y eso es lo que debe quedar en tu memoria.

Raquel reclinó la cabeza en el hombro de Adolfo, y le dijo

--Gracias, eres un buen hombre. Tus palabras han sido un bálsamo para mi espíritu tan dolorido.  De nuevo gracias

-- Bueno, pues entonces descansa un poco. Trata de dormir. Mira ven a este sillón, parece cómodo.  Descabeza un sueño; si hay noticias te despierto inmediatamente.

Y así lo hicieron. La vigilia, el viaje, los nervios y la pesadumbre , vencieron a Raquel que durmió durante dos horas.


lunes, 10 de agosto de 2015

Volver a los diecisiete - Capítulo 11 - Hielo ( LOS RENGLONES TORCIDOS DE DIOS)

Los creyentes dicen: " Dios escribe en renglones torcidos ".  El destino también se alió con el Señor, para facilitar un poco los hechos, aunque fueron circunstancias un tanto extrañas, las que ayudaron a aclarar la situación.

El invierno se había echado encima con toda su crudeza, y las dos mujeres estaban recluidas en su casa. El paisaje era precioso, pero sobretodo a Manoli, los días se la hacían interminables.  Prácticamente aisladas tenían poca comunicación con los habitantes de la zona. A Carmina le daba lo mismo si el tiempo era bueno o malo. Sentada frente a la chimenea, tapadas las rodillas con una manta, era lo mismo que una vela que se fuera extinguiendo poco a poco.

Alicia la llamaba de vez en cuando, pero Raquel ni un sólo día lo hizo, a pesar de que ya llevaban tiempo fuera de Madrid.  Muchas veces, con el teléfono en la mano, estuvo a punto de marcar el número de Adolfo, pero se contenía y era entonces cuando sus ojos se llenaban de lágrimas

—  Dios¡ Cómo le echo de menos ! Lo que yo daría por poder verle aunque solamente fuese un minuto



Como adivinando sus pensamientos Manoli, le dijo:

— ¿ Por qué no le llamas ?  Aprovecha que las Navidades están cercanas,..   para felicitarle.... por ejemplo
—Sabes que eso no puedo hacerlo.  Le haría daño y no adelantaríamos nada.

Era el día 6 de Diciembre.  El hielo se había  derretido casi en su totalidad de las calles del pueblo. Carmina viendo que el terreno estaba mejor, dijo a Manoli que se acercaría al pueblo cercano a comprar algunas cosas para Nochebuena.  No tenía ganas de festejar nada, pero debían tener alimentos en reserva por si de nuevo comenzase a nevar y quedara el pueblo aislado

— Iré contigo— dijo Manoli
— No, no es necesario. En media hora estoy de regreso.  Aprovecharé para llamar a los chicos; hay mejor cobertura desde el centro del pueblo.
— Ten cuidado. igual te encuentras hielo en la calzada.
— Tranquila. El suelo está bien. Hace sol y derretirá el hielo,  si lo hubiera
—Pero también está helando.  No me gusta nada que vayas. No me gusta nada. ¿ Por qué no esperas a ver si el tiempo da una tregua?
-—Me servirá de distracción.  Tranquila que antes de que lo pienses estaré de regreso.

Carmina besó en la frente a su amiga y poniéndose el abrigo salió de la casa que estaba situada a las afueras de la población.



Llegó al pueblo, compró todo lo que debía y en el bar, mientras tomaba un café, llamó a  sus hijos.  Alicia fue cariñosa con ella y hasta puso al teléfono a la pequeña Fátima para que hablara con su abuela.  La conversación con la niña la llenó de alegría.  Se despidió de Alicia y Luis. Posteriormente marcó el número de Raquel y Ramón.  Cogió el teléfono éste último y a continuación se lo pasó a su mujer

— Toma es tu madre. Llama para felicitar las Navidades
— ¡ Pero si aún faltan muchos días !
— Eres increíble. Hace un siglo que no sabes de ella y en lugar de alegrarte, te parece demasiado pronto su llamada.  Francamente, no te entiendo.  No eres la Raquel de quién me enamoré.  Eres fría y despiadada
—¿ Mamá ?
— ¡ Hola hija ! ¿ Estás bien ?
— Si, si muy bien
— ¿ Y los niños ?
—Rodrigo está con su otra abuela y a Fernando se lo ha llevado Carmen a dar una vuelta

Carmina sabía que la mentía. A través del teléfono llegaba hasta sus oídos las risas y balbuceos de sus nietos, pero no dijo nada.  Solamente la invadió una infinita tristeza

— Está bien, hija. Dales un beso enorme de mi parte y otro grande para vosotros.  En casa hay poca cobertura y de nuevo empezará a nevar  en breve. No sé cuando volveré a llamar
—No te preocupes, estamos bien. Un abrazo también para tí

Cerró el móvil. La alegría que había sentido momentos antes se había desvanecido con la última llamada. Miraba el aparato como si la hablara e instintivamente marcó el número de Adolfo

— ¿ Quién es ?

Su voz fue como un latigazo en su corazón, pero no pudo pronunciar ni una sola palabra. Colgó sin hablar, pero al otro lado Adolfo se quedó pensativo presintiendo al portador de la llamada,. " Nadie más que Manoli sabía el número, por fin  algo de ellas"—, pensó— Carmina secó sus lágrimas y pagando la consumición, salió del local saludando a los presentes

— Vaya con cuidado, señora.  El suelo está fatal. Parece que con el sol se ha derretido la nieve, pero hay placas de hielo. Vaya despacio
— Gracias por el aviso. Así lo haré.  Hasta mañana

Se metió en el coche y puso rumbo a su casa. A pocos metros, mientras pensaba en las llamadas realizadas, no se dio cuenta de que una placa de hielo invadía parte de la carretera.  El coche patinaba, no se hacía con él.   Carmina giraba el volante tratando de detenerlo. No podía pisar el freno y no se le ocurría otra cosa.  De repente un árbol se interpuso en su camino quedando empotrada en él.  El airbag funcionó, pero sintió un profundo dolor en el pecho y en la cabeza.  Después...  perdió el conocimiento.



  Al cabo de dos horas, pasó por allí un coche de la Guardia Civil avisada por Manoli. La tardanza en regresar alarmaba a la mujer, que impaciente no pudo resistir el avisar al pueblo.

La policía corrió en su auxilio. Estaba helada, inconsciente y abundante sangre brotaba de su cabeza que por el frio se había coagulado taponando la herida.  El pecho volcado sobre el volante, el airbag no había evitado el encontronazo.  Rápidamente llamaron a una ambulancia.  No podían moverla por temor a lesiones internas. Sólo la taparon con una manta y esperaron a que llegasen los médicos.


Fue conducida al hospital e inmediatamente procedieron a su reconocimiento.  Entretanto la policía se personó en casa de ellas para anunciar a Manoli lo ocurrido.  Sin poder contener el llanto y con un ataque de nervios repetía una y otra vez

— Se lo avisé, se lo avisé ¿ Por qué fue al pueblo ?
— Tranquilícese, señora. Ella no tuvo la culpa. Fue una placa de hielo en la carretera

La policía, llevó a Manoli al hospital donde Carmina había sido ingresada, aguardando impaciente ante el quirófano alguna noticia de  cómo se encontraba.

— ¡ Dios mío, pobrecilla ! 

 Un médico, al fin, saló para darle información de su estado



— ¿Es usted familiar de la señora ?
— Si
—Bien, pues lamento tener que comunicarle que su familiar está muy, muy grave. Todavía seguimos atendiéndola, pero tiene una lesión interna y una fuerte conmoción cerebral.  Está en estado de coma.  No le puedo asegurar nada en ningún sentido...Puede salir del coma, puede que controlemos la hemorragia interna y salvemos su vida, o...
— Ni lo pronuncie siquiera.  Tiene que vivir, merece vivir
— Lo siento. No quisiera tener que dar estas noticias, pero es mi deber. Creo que si tiene familia, debería avisarles.  Las primeras veinticuatro horas son esenciales. Si las supera, posiblemente salve la vida.  Yo la aconsejo que les avise por lo que pudiera pasar...
—¿ Quiere decirme que se está muriendo ?
 —No, no. Pero pudiera ocurrir


Manoli se derrumbó en una silla. La cabeza la daba vueltas . No sabía qué hacer, no reaccionaba,  y tenía que hacerlo.  Avisó que estaría en la salita de espera por si tenían que comunicarle algo.  Sacando del bolsillo del abrigo su móvil, marcó el número de Alicia y Luis.  Fue Alicia la persona quién descolgó el teléfono

—  Dígame 
—  ¿ Alicia ?
— Si soy yo ¿ quién llama ?
— Alicia soy Manoli
—¡Manoli !  Hace un rato que he hablado con mamá. ¡ Qué alegría !
— Alicia, Alicia— Manoli rompió en un sollozo
—Manoli ¿ Qué ocurre, qué ha pasado ?
— Mamá ha tenido un accidente...
— ¿ Qué ?  Pero si acabo de hablar con ella
— Cuando regresaba a casa desde el pueblo, una placa de hielo... derrapó... y.... se ha estrellado.  Está en coma y con una grave lesión interna.  Está muy grave; los médicos dicen que debéis venir lo antes posible
—¡¡¡ Dios mío, mamá !!!

Alarmado por las exclamaciones de Alicia, Luis se personó en la habitación desde dónde hablaba con Manoli.  Al saber lo ocurrido, con el rostro demudado marcó el número de su cuñada Raquel para comunicarla lo que había pasado.

— Ramón
— ¡ Hola Luis ! ¿ Qué tal ? ¿Habéis hablado con Carmina ?
— Si,  nos ha llamado.  Verás, lo que tengo que decirte es grave
— No me asustes ¿ Qué pasa ?
— Me ha llamado Manoli. Carmina ha tenido un accidente y está..., está  grave, muy grave. Dice que vayamos cuanto antes
— Debe ser una confusión hemos hablado con ella hace pocas horas...
—Lo sé. Nosotros también. Ha sido al regresar a casa. El coche ha derrapado y se ha estrellado  Díselo a Raquel.  Nosotros nos ponemos en marcha ahora mismo.
—¿ Cómo os vais ?
— No lo sé. Todavía no hemos reaccionado.  Por el medio más rápido, desde luego
— ¡No es posible. No me lo puedo creer! ...

El móvil de Adolfo sonaba mientras veía la televisión. Al ser festivo no había ido al despacho. Lo cogió y un nombre le hizo saltar en el asiento:  Carmina

—¿ Carmina ?
—No, Adolfo.  Soy Manoli

Adolfo se quedó lívido. El tono de la voz de Manoli no era como el de siempre y presentía que lo que le iba a decir no era bueno

—¿ Qué ocurre ?
—Carmina...—  Manoli rompió a llorar— Ha tenido un accidente muy grave.  Está en coma y con lesiones internas.  Los médicos dicen que...
-— Salgo para allá. Dime dónde está. No sé cuál medio será el más rápido, pero estaré allí lo antes posible. Dime la dirección
— Está en el hospital de Lastres, en Asturias. En la UCI. Las hijas ya están avisadas
—Manoli, no desesperes. Estaré allí en unas horas. Hasta luego



Se puso en contacto con Ramón

— Ramón. Soy Adolfo. Ya lo sabes ¿no ?
 Si y aún estoy conmocionado
—¿ Cómo vais a ir ?
— Supongo que en avión y desde Oviedo en coche. Supongo
-—Yo iré en avión hasta Oviedo también,  y allí alquilaré un helicóptero hasta Lastres. ¿ Queréis venir conmigo ?
— Adolfo te  agradezco en el alma el ofrecimiento que nos haces. Yo iría sin dudar, pero Raquel...
— No te preocupes, lo que menos importa ahora es lo que ella opine de mi. Tengo que llegar cuanto antes y ese es el medio más rápido. Las carreteras  pueden estar cortadas, en fin... Si cambiáis  de opinión estaré en casa una hora más aproximadamente.  Llámame con lo que sea. Ahora me pondré en contacto con Luis y Alicia. Nos vemos allí, entonces

Luis y  Alicia aceptaron de inmediato y Adolfo se encargó de sacar los pasajes de avión. Mientras tanto dejarían a la niña con los padres de Luis.
  Acoplados en el helicóptero, Alicia se sinceró con Adolfo:

— Adolfo, yo quiero decirte que lamento enormemente la situación por la que estáis pasando. Quiero que sepas que es injusta, que no estoy de acuerdo con mi hermana y que en cuanto la vea voy a poner en claro de una vez por todas muchas cosas que ella ignora o quiere ignorar
-—¿ A qué te refieres ?  Has de saber que he tratado por todos los medios de no inmiscuirme en los asuntos vuestros y de vuestra madre, aunque he tenido que hacer esfuerzos para callarme lo que sé. Respeto la voluntad de Carmina; ella no quería que vosotras supieseis nada y aunque no estoy de acuerdo, lo acepto porque la quiero demasiado y no deseo causarle ningún dolor.
— Pero yo sí lo sé.  Lo sé todo.  La casualidad quiso que un día viera a mi padre con su amiguita haciéndose carantoñas. Por respeto a mi madre, callé, y no debí hacerlo. Cuando ella se enteró después de morir papá, y con quién estaba,  la vi tan abatida, que me faltó valor  para explicarla que yo sabía todo. Me culpo porque permití que mi hermana ignorara los hechos y al contrario culpara a mi madre de las cosas horribles que tú ya sabes.  Si mi madre muere, jamás me lo perdonaré
— Por favor Alicia, ni lo pienses. Tu madre va a vivir. Necesito que viva, aunque no nos veamos ni hablemos. Pero debe vivir.

Alicia sin poder contener más su angustia reclinó la cabeza en el hombro de Adolfo, mientras Luis la tomaba de la mano besándola.  Ambos hombres estaban conmovidos por la angustia y el dolor de Alicia y el suyo propio.  En el helipuerto del hospital se posó el helicóptero. Ya anochecía, cuando los tres penetraron en el centro sanitario para encontrarse con Manoli.  Adolfo rezaba interiormente para que hubieran cambios a favor, para que hubiera recobrado la consciencia.  Los metros que les separaban del interior se le hicieron eternos.  Frente a Manoli y después de abrazarse, las preguntas se atropellaban y ella les contestaba sin poder aclarar absolutamente nada.

Las horas se hacían interminables. De vez en cuando preguntaban a alguna enfermera si la situación cambiaba y nadie les decía nada. ¡ Si al menos pudieran estar con ella !  De vez en cuando Adolfo o Luis traian café a las mujeres que estaban desoladas. Manoli parecía haber envejecido de golpe. No paraba de relatar a Alicia su vida en aquel publecito, que a pesar de que todos los lugareños las habían acogido con cariño y complacencia, se encontraban muy solas.  Carmina se abstraia en su pensamientos y cada vez la comunicación entre ellas era más espaciada.  No tenía ilusión por nada, ni siquiera ganas de vivir.  Todo la daba igual.  Sentada junto a la chimenea, fijaba  su mirada en las llamas pensando en qué sabe Dios.  A Manoli se la partía el alma de verla tan apagada. En nada recordaba a aquella Carmina alegre y con ilusiones de hace unos pocos meses.

Alicia no paraba de llorar escuchando el relato de Manoli, atormentada por su comportamiento y el de su hermana

-- No teníamos idea de lo importante que Adolfo llegó a ser para ella. Pobre mamita, ¡ tan buena ! Dios mio, salvala para poder compensarla de todo.  Debió ser como un presentimiento

-- Eso mismo he pensado yo, porque no tenía ninguna necesidad de ir hasta el pueblo, y sin embargo lo hizo.  Os llamó a todos, e incluso a mi me besó al salir.  No quiero ni pensar...
--¿ Qué ?

--Nada, nada, una tontería

--¿Acaso piensas que lo hizo intencionadamente ?

--.... No sé, no me hagas caso.  He pensado tanto en estas horas...

-- Por favor, Manoli no me digas eso. Si es cierto, no podré vivir con ese peso en mi conciencia. No es justo: No puede ser verdad..

-- Son ideas mías.  La Guardia Civil me dijo que había derrapado por una placa de hielo, ese ha sido el atestado. El resto son pensamientos mios; estaba tan deprimida... No te preocupes cariño, no le va a pasar nada...

Adolfo salió un momento al jardín.  Necesitaba ordenar sus ideas, asimilar lo que estaba pasando...

-- No puedo perderla...

El cielo estaba limpio, claro, presagiando una próxima helada. Sólo las estrellas brillaban con intensidad y hacia ellas dirigió su mirada.  Sabía que la llamada que había tenido sin respuesta era de ella... ¿ Por qué le llamó ?  Si pudiera estar a su lado, cogerla la mano, hablarla ...  Hacer que recobrara la consciencia.  No habían hecho daño a nadie, sólo se amaban, entonces ¿ Por qué  todo aquel sufrimiento ...?

Luis se le unió con un cigarrillo que tendió a Adolfo

-—No te atormentes. Nadie ha tenido la culpa y ella va a salir adelante, entre todos la ayudaremos.  Todo va a ser distinto ahora. Particularmente a mi, me importa un pito lo que piense Raquel, estaremos a vuestro lado siempre.  Fuimos débiles, no debimos aceptar su chantaje.  No fue suficiente el que Ramón y yo estuviéramos en contacto con ella; debimos apoyarla más. Máxime conociendo la verdad..., pero ¿ sabes ? toda esta tragedia tendrá su lado positivo:  de una vez por todas se van a aclarar muchas cosas, las cosas que debieron aclararse en su día...

— Pero ella no quiere...

— Comprenderás que con lo que ha ocurrido, es necesario. No va a ser lo mismo. Habrá un antes y un después, y aunque no soy creyente, le pido a Dios que la salve, que os caséis ó que viváis juntos, lo que vosotros decidáis,  y no nosotros.  La vida es demasiado corta para desperdiciarla en prejuicios absurdos.

— Gracias, Luis.  Cuando esté en condiciones me la llevaré a algún lugar tranquilo para que se recupere y después haremos lo que ella quiera, pero te aseguro que nunca más me alejaré de su lado.  Nunca más. Cambió mi vida y si Raquel persiste en su actitud, lo siento mucho por ella, pero no va a salirse con la suya.

— Así quería oírte , hablando de futuro.  Ha sido como una madre más que una suegra. Ramón y yo la queremos mucho, y los niños no te digo nada.  Ha sido cruel por nuestra parte evitar que les viera. Ella les adora...

— Creo que debemos entrar. Tenemos a las mujeres solas. Lo están pasando mal, y debemos apoyarlas aunque a nosotros no nos va nada bien,  tampoco.

—Tienes razón. ¿ Sabes Adolfo ? Eres un buen hombre y estaré encantado que seas mi suegro.

Fueron las únicas sonrisas que afloraron a sus rostros. Estaban tensos y terriblemente preocupados.  Ya amanecía cuando el internista de la UCI, salió a informarles del estado de la paciente



  Adolfo, impaciente se adelantó hasta él con el rostro lívido esperando una mala noticia.

-- Bien señores, la operación ha sido un éxito y hemos podido controlar la hemorragia. Aún hemos de esperar unas horas para ver si todo marcha correctamente, como esperamos.  Lo que nos preocupa ahora es él coma. Y pensamos que si el éxito de la hemorragia se ha asegurado, deberíamos trasladarla a planta, con mucho control, claro. Pero es terapéutico que sus allegados estén con ella, hablándola para ver si reacciona y poco a poco recobra la consciencia. Tenemos unas horas por delante,  decisivas, no obstante hemos de esperar y no perder ni la calma ni las esperanzas. ¿Hay alguien entre ustedes que tenga más afinidad con ella?

Todas las miradas se dirigieron a Adolfo. Él tenía los ojos húmedos; sentía un nudo en la garganta que le impedía pronunciar palabra.  Haciendo un esfuerzo, dijo

-- Creo que por especiales circunstancias, debe ser Raquel...  Yo también estaré, naturalmente. Os aviso que no me voy a separar de ella ni un instante...

Esperanzado por las noticias, sonrió levemente.  El doctor se despidió diciendo que al cabo de unas horas les informaría de nuevo. Dando una palmada en la cara a Alicia, que lloraba desconsoladamente, se perdió en la UCI.




domingo, 9 de agosto de 2015

Volver a los diecisiete - Capítulo 10- Asturias


El tiempo había transcurrido y la situación en nada había cambiado. Ni sus hijas habían vuelto a tener comunicación con la madre y por consiguiente no  había vuelto a ver a sus nietos.  Esto la mortificaba; no entendía la actitud de Raquel y de  Alicia:  habían conseguido romper con su relación ¿ qué más querían ? Sin embargo Ramón y Luis la llamaban de vez en cuando y hasta iban a verla a escondidas de sus mujeres.  Les preocupaba Carmina. Había adelgazado considerablemente y se la veia apagada y triste. Manoli no les daba buenas noticias



--Se pasa en la cama la mayor parte del día. Sólo se levanta para comer y cenar; alguna tarde consigo que se quede en el salón conmigo, pero no habla.  Tiene la mirada perdida en no se sabe dónde...

Aquél día, mientras comian, Carmina le dijo a Manoli

-- Me voy a ir de viaje ¿ me acompañas?

--¿ Dónde te vas?

--No sé, a cualquier sitio lejos de aquí

-- Si, te acompaño. No tengo otra cosa que hacer

La verdad es que a Manoli la preocupaba dejarla sola por eso decidió que iriían juntas a donde fuera.
Quizás un cambio de aires las viniera bien a las dos, de cualquier forma nadie venia a visitarlas... Adolfo, en horas que comprendía poder hacerlo, llamaba a Manoli para saber cómo iban las cosas. Para tranquilizarle y no causar más alarma de la debida, le mentía y le confirmaba  que estaba bien  y más tranquila, cosa que estaba lejos de ser real. Irían por carretera. En su actual situación, Manoli creía que no era lo más acertado.  Carmina tenía la cabeza en otras cosas y el circular por carretera  conduciendo ella,  no le gustaba nada

-- Iremos despacio, no te preocupes. Si se nos hace de noche pararemos en cualquier sitio y seguiremos a la mañana siguiente.  Conduzco bien.  No nos va a pasar nada, miedica....- Fue la primera mueca de sonrisa que Carmina hacía en mucho tiempo.

A la hora de la salida del colegio de los niños, acudió a verles, a despedirse de ellos.  En la puerta estaban sus hijas, por las que fue saludada, sólo al cabo de unos instantes Alicia corrió hacia su madre y la abrazó, pero Raquel la miró con dureza sin dirigirle la palabra


--Mamá ¿estás bien?- le preguntó Alicia

-- Sí tesoro. He venido a ver a los niños. Nos vamos de viaje y quiero despedirme de ellos

-- ¡Ja...! se van de viaje...

-- No Raquel,  Manoli y yo nos vamos de viaje, nadie más...

Unos diablillos llegaron corriendo y gritando contentos de volver a ver a su abuela, a la que se abrazaron apretando sus caritas contra la de Carmina, que no pudo evitar emocionarse.  La comunicación duró el tiempo justo.  Raquel cortó el abrazo

-- Venga niños. Tenemos que irnos

-- ¡ Raquel !,- gritó Alicia.- Espera un poco. Déjales que estén con ella siquiera unos instantes. Estoy empezando a pensar que me equivoqué al darte mi apoyo.  Mira qué delgada se ha quedado; no es ni su sombra de la de hace unos pocos días.  Estamos siendo injustas con ella.  Yo desde luego la voy a llamar a menudo, lo siento, pero no estoy de acuerdo contigo.  Han roto su relación  ¿qué mas quieres ?



--¿ Que qué más quiero ?  El sólo hecho de haberla empezado ha sido humillante. ¿ Qué pensaría papá?

-- Dudo mucho que a él le importara lo más mínimo

--¡ La adoraba !

-- ¿ Estás segura de eso ?

-- ¿ Qué quieres decir ?

-- Nada, no quiero decir nada

La conversación quedó interrumpida al acercarse Carmina dando la mano a los niños

-- Bueno tengo que irme. Me he alegrado de veros.  Adiós

-- Espera mamá- le dijo Alicia-,   dame un abrazo

Ambas mujeres se fundieron en un abrazo y los niños rodearon las piernas de las mujeres con sus bracitos.  Mientras Raquel presenciaba la escena con gesto duro; le costaba dar su brazo a torcer y reconocer que no se estaba comportando correctamente.

El poder sentir el cariño de los pequeños lejos de consolarla, la entristeció aún más.  Se marchaba lejos, no sabía dónde, pero estaba segura de que tardaría en verles. Necesitaba salir de allí, tratar de olvidar en otro lugar que no le recordara tanto a Adolfo. Le echaba de menos, sus mimos, la dulzura de sus ojos cada vez que la miraba, el contacto de su piel....  Había renunciado a él por aquellos seres diminutos que ignoraban el sacrificio que hacía su abuela y que nunca lo conocerían.

 Cada mujer se metió en su vehículo y Carmina las vió partir con tristeza.  Hubiera dado cualquier cosa por una palabra amable de su hija mayor, pero Raquel era fria y dura como el acero y sabía que jamás la perdonaría lo que ella interpretaba una traición a su padre.

Carmina llegó a casa y se sentó en el sillón para descansar. Se sentía cansada, muy cansada y débil

-- ¡ Claro, apenas comes !  ¿ Por qué no nos vamos en tren?

-- ¡ Manoli ! no es cansancio físico, sino moral. No te preocupes.  No tenemos prisa y lo mismo nos da tardar dos o tres dias en llegar a nuestro destino

-- Y ese destino ¿ cuál será ? ¿ en qué dirección iremos ?

-- Luego extenderemos un mapa, cerraremos los ojos e iremos hacia donde algún dedo nos señale

-- ¡ Muy bien, muy bien ! ¡ Estupendo !

--¿Sabes que te estás volviendo muy gruñona ?

-- ¿ Siii ?, pues qué bien. ¡ Vaya par que nos juntamos !

-- No tengo ganas de hablar.  He visto a los niños y a mis hijas

-- ¡ Qué bien !¿ no ?

--Bien por Alicia y los niños que se abrazaron a mi. Pero mal, muy mal por Raquel.  Nunca me perdonará; no volverá a ser como antes. De nada servirá mi renuncia, estoy segura.

-- Pues si estás segura, vuelve con Adolfo.

-- No puedo, no puedo. He de esperar aún más

--¿ Esperar a que una lagartona se cruce en su camino y recoja sus pedazos rotos? Humm...

-- Lo sé, lo sé, pero he de esperar a ver qué sucede.  Quizás...  Raquel ...  Alicia, se que me ha perdonado y ella se ha mostrado entrañable como antes, pero Raquel....  es inflexible.  Sólo deseo que algún día no tenga que arrepentirse de su actitud y la pesadumbre la acompañe toda su vida.  Porque sé que algún día, tarde o temprano, la verdad saldrá a la luz y entonces...   Pero no seré yo quién le diga nada.  Ni tú tampoco ¿ me oyes ?,  ni tú tampoco

-- Sigo opinando que eres tonta, demasiado buena.  Y así te van las cosas.

-- Ya Manoli, ya por favor

-- Tienes razón. No hacemos más que mortificarte cuando eres la más inocente de todos. Dame un abrazo y perdóname

-- ¡ Ay, Manoli ! ¿ qué sería de mi si no te tuviera?

-- Pero me tienes. Eres como una hermana para mi y nunca,  nunca te dejaré sola. Este es mi hogar, y él está dónde tú estás.

--  Y ahora voy a preparar la cena.  ¿ Te sirvo un Jerez ?

-- No, gracias.  No me apetece

-- ¡ Ah ! y no vuelvas a pedir perdón a nadie ¿ me oyes ? Nadie, absolutamente nadie, y en ello incluyo a tus hijas, tienen nada que perdonarte. ¿ Me has entendido ?

-- A veces pienso que eres muy parcial por el cariño que me tienes

-- Naturalmentte que te quiero, pero además no soy ciega y veo las cosas

-- Anda, ve a la cocina.  Yo tomaré sólo unas galletas

-- Ni hablar, cenarás lo que te prepare.  Soy mayor que tú y debes obedecerme

-- ¿ Mayor que yo? ¡ Sólo dos meses !

-- Bueno,  pero soy mayor ¿ no?, pues eso...




Manoli se encaminó a preparar la cena y Carmina se quedó a solas con sus pensamientos.  Siempre era lo mismo:  su obsesión ¿ qué estaría haciendo Adolfo ?  Seguramente estaría cenando en algún restaurante acompañado de una espléndida mujer.  Los hombres tenían mayor capacidad para el olvido, y además su círculo vital era más amplio que el de ella.

Lo que Carmina ignoraba es que la vida de Adolfo ya no era la misma. . Sus únicas salidas eran de casa al trabajo y viceversa. Su único pensamiento se centraba en una sola mujer:  en ella.  No había vuelto a saber nada. llamaba, hablaba con Manoli lo justo para saber cómo estaban y colgaba.
En la última llamada, le comunicó que salían de viaje . Al no conocer el destino no le pudo decir dónde irían, de manera que le iba a ser difícil poder hablar con él.  Estarían todo el día juntas...

Sin prisas, despacio Carmina se levantó, se aseó y se vistió para emprender el viaje.  Dilataba al máximo su partida. Sabía que cada kilómetro que recorrieran las alejaría de Madrid, de Adolfo, a pesar de que ya estaban suficientemente distantes aún permaneciendo en la misma ciudad.  Manoli ya había preparado el desayuno y la esperaba algo impaciente.  Iban a estar casi todo el día en la carretera y el viajar la ponía nerviosa. ¡Si al menos supiera dónde iban...!

Desayunaron tranquilas y una vez recogido el servicio, Carmina extendió un mapa de carreteras sobre la mesa, y dijo a Manoli

-- Bueno, sé tú la primera.  Cierra los ojos y gira la mano alrededor .  Cuando te parezca te detienes  y señalas un lugar

--¿ Por qué no lo haces tú ?

--No, da igual. Hazlo tú

Manoli no quiso contrariarla. La notaba más triste que habitualmente. Sabía lo que la costaba emprender este viaje.  Iba a alejarse de lo que más quería: su familia, su amor, su casa...

-- No he podido despedirme de mis hijas, ni de los niños...  ¿ Por qué todo esto, por qué ?  Llamaré a Ramón y a Luis antes de salir...Anda elige ya

Manoli siguió las instrucciones que le diera Carmina y su dedo se detuvo en Asturias, en un pueblecito de pescadores.

-- Nos ha tocado Asturias.  Es un lugar de ensueño, pero en invierno,  y en una zona donde llueve a menudo, no sé si va a ser el mejor sitio para levantar el ánimo

-- Asturias es maravillosa.  Cualquier lugar es bueno, estaremos bien.  Voy a llamar a los chicos. Mientras ve quitando el gas, cortando el agua,...  La temporada va a ser larga...

Manoli se la quedó mirando  ¿ es que no pensaba volver?  Le extrañó que la elección no la diera ni frio ni calor.  Ella era amante del sol, no le gustaba la lluvia. La confundía la conformidad con el lugar.  Claro, no era una situación normal...

Instaladas en el coche partieron rumbo a Asturias.  Manoli, con la mirada, dio su adiós a la casa. Faltarían durante mucho tiempo y eso le apenaba.  Carmina no miró atrás, no hizo ningún comentario.  Los músculos de su rostro estaban tensos y sus manos se aferraban fuertemente al volante del coche.  Quería cerrar una etapa , otra más, en su vida.  De nuevo partiría de cero en un lugar nuevo, en una nueva casa, con nuevas gentes y lejos de sus seres queridos. Debía hacerlo aunque se le rompiera el alma en ello.





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