martes, 7 de marzo de 2017

Edelweiss - Capítulo 2 - Una triste experiencia

Y la chica comenzó su relato, carraspeando y tragando saliva un momento antes. Guardó silencio durante unos momentos,  como sopesando las palabras que iba a decirle.  Yo estaba muy intrigado y deseando que comenzase la narración a ver qué tan importante y serio lo que iba a contarla.

<Verás Liss. Yo contaba dieciséis años.  Un fin de semana mis padres decidieron,  con unos amigos , salir a cenar fuera de casa. era el cumpleaños de uno de los matrimonios con los que habían quedado para esa pequeña fiesta.  Yo tenía que estudiar y decidí hacerlo en la soledad de la casa, sin ningún ruido que me lo impidiese. Era más de media noche y estaba un poco extrañada porque aún no hubieran regresado, pero pensé que la tertulia se habría dilatado.  Hasta que llegó una hora en la que la intranquilidad iba en aumento. No me centraba en los estudios, y decidí dejarlo hasta el día siguiente.  No estaba tranquila y mi preocupación aumentaba por momentos.  Hasta que una llamada en la puerta me sacó de mis reflexiones.  Bajé rápidamente las escaleras y al abrir la puerta, me encontré frente a frente con un  policía y su ayudante.  Al principio no pensé en nada, ni siquiera me dio tiempo, hasta que el policía comenzó a hablar, y esas palabras aún retumban en mi cabeza: ""lamentamos comunicarle que sus padres han sufrido un accidente... "
- ¿ Un accidente, están bien ?

Los policías guardaron silencio durante unos segundos que a mi me parecieron eternos.  Se miraban el uno al otro sin terminar de decidirse. Yo volví a repetirles:

- ¿ Mis padres están bien?
- No señorita Cyntia, sus padres han fallecido
-¿ Qué ? No no es posible.  Han debido confundirse
- Puedo asegurarle que no nos hemos equivocado.

<  No pude escuchar más.  Mis oídos comenzaron a pitar y  caí redonda al suelo antes de que ellos pudieran recogerme.  Eso es lo que me explicaron después.  No podía creerlo: me había quedado completamente sola en el mundo. Y comencé a recordar las últimas horas que pasamos juntos.  Yo había discutido con mi madre porque quería ponerme un vestido y ella opinaba que no me sentaba bien.  Cuando se fueron, ninguna de las dos dimos nuestro brazo a torcer y no nos despedimos. Esa fue la última vez que les vi con vida.  ¡¡No me había despedido de ellos. No les había dado un beso !  Luego tuve que identificarles.  Creí morirme.  Esa noche los Servicios Sociales me acogieron , hasta que una tia  llegase desde Manchester para hacerse cargo de mi. Eso fue después del entierro. Vivía como en una nube, como si fuera una mala pesadilla, pero era absolutamente real.


<El abogado  de mis padres se puso en comunicación conmigo y con mi tia para citarnos,  con el fin de ponernos al corriente del estado de las cuentas. Tenían una hipoteca sobre la casa, cuyo dinero estaría destinado a pagar mi universidad.  No contaban nada más que con unos ahorros para ir tirando, de forma que planteó la necesidad de vender la casa y pagar la hipoteca, con el resto debía costearme los estudios, si alcanzaba.

<De la noche a la mañana me vi sin padres, sin casa, sin amigos, y sin mi vida normal, la que hasta entonces había llevado.  Tendría que irme a vivir a Manchester donde mi tia se había casado por segunda vez y tenía su familia.  Ni siquiera tuve tiempo de recoger más que mi ropa y algunos recuerdos de mis padres y mios en los que tenía interés.  No quería irme a vivir a otro sitio, pero al ser menor, no tenía más remedio. Recuerdo la despedida de lo que hasta entonces había sido mi vida.  Fue horrible dejar mi barrio, mis amigos, todo quedaba atrás  No sentó muy bien a la familia de mi tia la llegada de una pariente a la que nunca habían visto.  Era hermana de mi padre, pero hacía años que a penas se trataban, ignoro porqué motivo, pero el caso es que sentó como una bomba mi llegada.

< Tuve que vivir con las indirectas y las miradas obscenas de su marido durante dos largos años.  Al cumplir los dieciocho, ingresé en la universidad y viví en el campus. Estiraba el dinero al máximo, pero se acabó pronto y busqué un empleo en la cafetería de la universidad.  Estudiaba por las noches, cuando no me quedaba dormida sobre los libros. Por las mañanas asistía a clase.  A mediodía comía un bocadillo entre servicio y servicio a las mesas de  la cafetería.  De nuevo por la tarde hacía prácticas y por la noche muerta de cansancio estudiaba.  Pero se lo debía a mis padres, y con mil sacrificios saqué la carrera adelante. Luego solicité este empleo, y aquí me tienes>

- ¡ Cyntia por Dios ! Nunca imaginé nada de esto. Yo... no sé qué decir
 -No tienes que decir nada. Te lo he contado porque a veces no nos damos cuenta de lo frágil que es la vida y que la desperdiciamos en cualquier cosa sin importancia. Ahora ya ves, voy saliendo adelante. Vivo con la señora Perl, a la que hago compañía, es decir nos hacemos compañía mutuamente.  Es una persona encantadora que me aprecia, y bueno de momento se puede decir que voy asimilando la situación.
- Pero es terrible, tener que dejarlo todo de un día para otro. Creo que tienes razón; hablaré con Jimmy.  Creo que tienes razón
- Está bien, ahora volvamos al trabajo- dijo Cyntia

<Yo, mientras escuchaba el relato de lo que había sido su vida hasta ahora, me invadia una extraña sensación que no terminaba de entender. ¿ Era deseo de ayudarla ?, seguramente, pero ¿ cómo ?  ¿ofreciéndole un mejor puesto de trabajo y sueldo? Tampoco quería ocasionarle problemas entre sus compañeros. Pero lo cierto es que estaba muy impresionado por lo que acababa de escuchar. Decidí pedir informes sobre ella en Recursos Humanos, y de acuerdo a la información que me facilitaran así obraría.>


  <Y así lo hice, y en media hora, tenía encima de mi escritorio, una carpeta con toda la documentación referente a Cyntia Morgan del departamento de Documentación  Leí a fondo su curriculum  y todos los datos que me fueron facilitados Tenía veinticuatro años, estaba soltera y vivía en el Soho.  Nada relevante, todo normal . Cerré la carpeta y me quedé pensativo. Me entristeció escuchar el relato de aquella joven que me mantenía intrigado desde que tuve noticia de su existencia. La seguiría muy de cerca.>

>Consulté con Martha, mi colaboradora más inmediata contándola por encima lo que había escuchado y lo que pensaba hacer.  Me dijo que no veía inconveniente y que si la chica era lo eficiente  que creía era, no habría problema:>

- - La iré instruyendo en el manejo de todo ésto. Y me vendrá muy bien una mano que me ayude, si es que responde a tus expectativas, porque francamente, hay veces que me faltan horas.
- Bien pues no me queda más que proponéselo
- ¿ Cuando vas a hacerlo?- preguntó Martha
- De inmediato
- No te habrás encaprichado de ella ¿ verdad ?
- ¡ Naturalmente que no ! La he visto sólo una vez en la cafetería, o quizás un par de veces, pero me ha conmovido el relato que escuché.  Me dio lástima y creo que merece una oportunidad
- Ten cuidado, no vaya a ser que te entusiasmes demasiado.  No estaría bien por tu parte tratar de conquistarla y después plantarla
- ¿ Por qué dices eso? Ni siquiera se me había pasado por la cabeza. No.   Ella no es de esa clase de chicas, estoy seguro
- Mas te vale, y lo digo porque no sería la primera vez que ocurriera.  Te conozco desde hace mucho tiempo y he convivido con tus conquistas.
- No Martha, esta vez no. Y ahora cambiando de tema dime ¿ dónde situamos su escritorio ?
- Junto al mio, será más cómodo para las dos.

<Cuando Martha salió del despacho, dí instrucciones para instalar el escritorio, el archivador, en fin, todo lo que pudiera utilizar en su trabajo. Y llamé a Documentación  dando orden de que subiera Cyntia:  tenía que hablar con ella.


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