lunes, 16 de enero de 2017

Matrimonio por contrato - Capítulo 10 -Aisling en su vida

Y durante aquella su primera noche de casados, Patrick sintió la necesidad de hablar con su mujer, abrir su corazón, y que ella supiese la verdad de todo.  No quería engaños ni fingimiento entre ellos.No se lo merecía.  Ignoraba si ella se había casado por las mismas circunstancias que él, pero era una mujer de fuertes convicciones y nada manejable, por lo que tenía esperanza de que todo estuviera claro entre ellos. La respetaba profundamente.

Así que sentados en la cama después del acto sexual, cogió sus manos, y mirándola de frente, fue relatando todos los aconteceres de su familia y de él mismo. Le confesó que tenía en su corazón y en su cabeza a otra mujer, y que sólo por una causa de fuerza mayor, la había abandonado.


- Tendrás que darme tiempo, si es que deseas que sigamos casados.  Te prometo respeto absoluto y que cumpliré con mi obligación como marido siempre que lo desees, aunque no será fácil para mi, pero nunca fingiré contigo algo que no sienta.  Eres una mujer preciosa, dulce y cariñosa, por lo que tampoco será ningún sacrificio.  Creo que debía contártelo, hoy..., ahora...  Dejar todo claro entre nosotros y lo que puedes esperar de mi
- ¡ Vaya ! Es una historia muy interesante, y sorprendente a la vez.  Yo no fui obligada a nada.  Tomé la decisión por mi misma, e imaginaba que algo pasaba porque no era normal que en todo el tiempo que hemos tenido de noviazgo, ni una sola vez me insinuaste el irnos a la cama.  algo insólito en estos tiempos.  Me ha parecido muy leal por tu parte el dejar las cosas claras desde el principio.  Y muy innoble por parte de tu padre al obligarte a casar con alguien que no amas.  ¿ Has vuelto a saber de ella ?
- No.  No quise,  para no hacerla más daño.  Lo último que supe, es que se había recuperado.  No quise volver a vivir la escena de la separación
- Creo que ibas para escritor - comentó Aisling, cambiando de tema.
- Ese era mi sueño, pero sólo llegue a  escribir un libro original y,  cientos como negro. Posiblemente debido a las dificultades por las que atravesábamos, las ideas huyeron de mi cabeza y con ellas la posibilidad de seguir siendo escritor.
- Muy bien.  La noche es de confidencias. Viviremos en cualquier otro lugar, lejos de tu familia y de la mia. Seremos nosotros mismos, sin estar influenciados por nada ni por nadie.  Alquilaremos una casita modesta cerca del mar, y allí, con calma, con paz, recobrarás las ideas. Y volverás a tener inspiración, y se publicarán tus libros, y en definitiva, serás escritor.  Me lo debes
- Aisling ¡ te debo tantas cosas, tanta comprensión!  Solo espero que algún día pueda amarte como te mereces


- Eso me encantaría, porque yo si te amo, muchísimo. Pero ahora es..., como si estuvieras enfermo.  Necesitas curarte de muchas heridas abiertas, y yo estaré ahí para hacerlo.  Y espero que algún día vengas a mi porque lo sientas, no obligado por estar casados  ¿  me entiendes?
-¿ Podrás creerme que yo también lo deseo ?

Y así comenzaron su nueva vida, que más que un matrimonio, fuesen amigos que vivían juntos.  Aisling dejaba pasar los días, no le presionaba, esperando que llegase el momento en que se diera cuenta que era una mujer enamorada de él y que esperaba ansiosa su momento de intimidad.  Pero no decía nada, no pedía nada., ni siquiera se daría cuenta de cuánto le necesitaba.  Y poco a poco, se convirtió en su mano derecha, en su correctora y en su inspiración.

Y llegó el día que ella tanto ansiaba.  Habían transcurrido muchos meses desde su enlace, y sentían la paz que da la conciencia tranquila.  Habían abierto su corazón la primera noche, y no escondían nada.  Llegando a conocerse hasta el punto de saber lo que pensaba el otro, sin siquiera haberlo expresado.  Y fue en la playa, en una mañana veraniega a primera hora, cuando la luz del alba se anunciaba, acompañados por el rumor de las olas que con suavidad rompían en la playa.  Estaban jugando corriendo, cundo Aisling cayó al suelo, y al recogerla,  Patrick, sintió por primer vez su proximidad y la respiración entrecortada de su mujer.  La beso con ternura y en ese momento ella  sintió la pasión de su marido.  Había ganado la partida.  De ahora en adelante sería todo distinto; su paciencia y sobretodo su amor, habían obtenido su recompensa.  Patrick la pertenecía y no quiso saber si aún le atormentaba el recuerdo de Melissa.  Era ella la que estaba ahí, la que recibía sus caricias y sus besos.  Todo vendría por si solo, poco a poco.  Y un rayo de esperanza brilló no sólo en sus ojos, sino también en su corazón.  Y entraron apresuradamente en el dormitorio y con frenética pasión, Patrick volvió a hacerle el amor, y por primera vez, la dijo que la amaba.  Ella creía estar en el séptimo cielo.  Aquél muchacho problemático con el que se había casado, había vuelto sus ojos hacia ella, le había recuperado, era su esposo y nada ni nadie podría cambiar eso.


Y poco a poco, el tiempo transcurría e iban encontrando el equilibrio en sus vidas.  Sus encuentros sexuales dejaron de ser esporádicos y surgían espontáneos de parte de ambos. Patrick era cariñoso con su mujer y ella tenía la esperanza de que la sombra de Melissa fuera disipándose poco a poco. Y llegó el momento en que  se quedó embarazada y su felicidad era completa. El sacaba apuntes de cualquier tema, y eso era bueno, porque el texto vendría después. Y hablaban, hablaban mucho y de cualquier tema.  Ella le aconsejaba y él la escuchaba.  Lo que podría haber sido un matrimonio fracasado, se había convertido en estable, comprensión y amor, porque él comenzó a amarla  y a representar en su vida algo importante.  Surgió de improviso, sin buscarlo, pero había llegado y ésta vez para quedarse.

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