domingo, 2 de octubre de 2016

Regreso a Sefarad - Capótulo 8 - Una noche no tan buena

El asensor paró en el piso y Macarena salió apresuradamente de él. No acertaba a introducir la llave en la cerradura, pues tal era el estado nervioso y de angustia que sentía.  Lanzó el bolso con furia encima de una mesa y con rabia se despojó del abrigo, mientras se dirigía al dormitorio se quitaba los zapatos y  el vestido, pues  deseaba acostarse rápidamente. Abrió un cajón  de la mesilla de noche, y de él sacó un frasco que contenía pastillas para dormir. Fue a la cocina a beber agua para tragarlas . Sacó tres del envase y todas juntas las introdujo en su boca.  No le importaba si el exceso de dosis le haría dormir durante todo el día; era lo que perseguía.  Al menos dormida no pensaría en nada de lo ocurrido. Ya acostada, rompió en un sollozo, preguntándose

- ¿ Por qué a mi, qué es lo que he hecho mal?  ¿ Por qué he sido tan tonta y no lo pensé antes? Lloraba sin cesar. La dolía enormemente que él no la diera una explicación, que por otra parte,  ella suponía

- Seguro que es alguna novia que tiene en Israel. Habrán discutido y yo he pagado el pato.  Me ha roto el corazón.  No le volveré a ver más en mi vida. Le odio con toda mi alma, no tenía derecho a ofenderme de este modo. Me ha tratado como a una p....

Poco a poco, quizá por las pastillas, por el llanto o por todo junto, las lágrimas fueron más suaves y los ojos comenzaron a entornarse poco a poco, hasta caer en un profundo sueño, alterado, confuso, pero ello la permitía no recordar todos los acontecimientos ocurridos aquella noche.

Aaron en la soledad de la habitación, se preguntaba lo que había ocurrido. Comprendía la reacción de Macarena

- Mañana volverá a su casa y hablaremos, y quizás la cuente el origen de mi conducta. Deseo con toda mi alma que lo comprenda y empecemos de nuevo, sin secretos, porque ... no sé exactamente lo que siento por ella, pero estoy seguro de que deseo volver a verla.

Pero no hubo forma de cumplir su propósito. Macarena había desconectado el teléfono, apagado su móvil y no respondía a la llamada de su puerta.  Presentía que quién tocaba el timbre era él, pero no quería verle.  Imaginaba que la daría una excusa que no estaba  dispuesta a creer. Había perdido la confianza en él.  Deseaba que regresara a su país y perderle de vista.  Después del día de Navidad, se reintegró a su trabajo, pero habían pocos turistas, sin duda todavía descansaban de los excesos de la Nochebuena.  No tenía buena cara. Profundas ojeras rodeaban sus ojos, y sin duda no estaba para fiestas:  no hablaba y a penas respondía a las preguntas de sus compañeras, que atribuyeron su malhumor a la ausencia de sus padres.

Don Damián, dado que no tenían turistas, y la veía mal, la mandó a casa.  Lejos de regresar a su hogar, se metió en un cine y después en otro, y en otro.  Asi estuvo todo el día vagando de una sala a otra.  Sabía que si iba a su casa, cabía la posibilidad de que Aaron quisiera verla, y que ella no tuviese la suficiente fortaleza para rechazarle.  Quería evitarlo, no deseaba tener su presencia delante tratando de justificarse.

No se confundía. El muchacho acudía a su casa, la esperaba en la calle, volvía a subir. En el apartamento no había luces, no conseguía nada.  Aguardó hasta la noche, pero no obtenía respuesta de nada. Triste y preocupado tomó el camino de su domicilio. Al día siguiente regresaría a Israel.  No pensaba volver nunca más por Madrid, pero le dolía terminar de este modo una relación que se prometía tan bonita y de la que ambos estaban tan necesitados.


De nuevo tuvo la silenciosa bienvenida de su solitario hogar. Había partido rumbo a España ilusionado por volver a ver a Macarena, sin imaginar el final de aquel esperado viaje.  Ni siquiera deshizo el maletín que había llevado; tomó la decisión de volver a Jerusalén. Al menos allí con el trabajo, tendría la cabeza ocupada y no pensaría en lo sucedido. Buscaría alguna chica para divertirse, sin compromiso y,  poco a poco volvería a la vida que tenía antes de conocerla.  Pero en esa vida también estaba Ruth. Su sombra era alargada y lo cubría todo, pero se sentía incapaz de borrarla de su memoria.

Lentamente la vida de ambos transcurría en la distancia. No volvieron a saber uno del otro, pero algo había cambiado en ellos.   Macarena no era la chica alegre y extrovertida de antes. No sonreía con la misma frecuencia y de vez en cuando sus compañeras la veían perder la mirada en algo lejano, como ausente.

Aaron había vuelto a ser el muchacho huraño e introvertido de siempre, que regañaba a sus subordinados por el más mínimo error que cometieran.  Sabía que nadie tenia la culpa de lo que le pasaba, pero era más fuerte que él.  Se debatía en una encrucijada difícil de resolver.  No quería comentar nada con su familia para no preocuparles, pero en una escapada que hizo a Marruecos para verles, su hermana, que por edad estaba más cercana a él, intuyó algo de lo que le sucedía


Una tarde que estaban solos en casa, ante una taza de café, Sarah le preguntó qué era lo que le atormentaba.  Primero, él negó que le ocurriera nada, pero ante la insistencia de su hermana terminó por contar su incidente con Macarena

- Todo marchaba perfectamente, lo estábamos pasando muy bien, pero sin duda nos habíamos excedido con el vino ... terminamos en la cama y fue increíble, pero...

Al llegar aquí, guardó silencio.  No estaba dispuesto a contar más, pero Sarah comprendió que algo había ocurrido y nada bueno, para que su hermano estuviera sumido en tal estado de depresión

- Y ¿ que ocurrió?, no me refiero a que me cuentes lo que vino a continuación que lo sabemos de sobra, sino a lo que motivó que tu hayas venido con este estado de ánimo tan ... tan... malo.

- Te agradecería no me preguntes más. No quiero seguir hablando de esto
- Pero es necesario que descargues todo lo que te está haciendo daño. De esta manera verás las cosas más claras ¿ no lo comprendes? Venga, termina de contarme la historia, por favor ¡ Soy tu hermana! y sólo quiero el bien para ti.  Si tu estás bien, todos estamos bien

La miró durante unos instantes. En su rostro se habían marcado unas arrugas en la comisura de los labios que denotaban la crispación que sentía y el rechazo a terminar de contar lo ocurrido.  Guardó silencio durante un momento y reflexionando la dijo:

- Bien, te lo contaré... No sé en qué momento, ni por qué razón, pronuncié el nombre de Ruth y en nuestro idioma la pedí perdón por ser nuevamente feliz y haberme enamorado de esa mujer.  Ella lógicamente no entendió nada y sólo supo que nombraba a una mujer que me había negado a explicarle lo que representó en mi vida.


Cuando me reprochó pronunciase su nombre, la prohibí lo repitiera... de muy malas formas, lo que hizo que ella se fuera de casa muy nerviosa, y no la he vuelto a ver. No coge el teléfono y no está en su casa; ha sido imposible darla una explicación. Así que regresé dando por terminado nuestro incipiente romance
- ¿ Pero cómo se te ocurrió algo así en un momento como ese?  No me extraña su actitud.  Si una mujer está con quién ama y él pronuncia otro nombre que no es el de la ella, la reacción es inmediata.  La diste a entender que no significaba nada para ti, que fue algo pasajero y ocasional, que era una de tantas.  Creo hermanito que no vas a volver a verla.  No entiendo porqué no le has contado lo tuyo con Ruth.

- Me lo pidió en una ocasión, y la respondí que no, que no era el momento
- ¿ Qué querías que interpretara ?  Escríbela y cuéntale la verdad. Pídele que te de una oportunidad, trata de volver con ella, si es que te interesa, claro.
- No,  déjalo estar, porque tampoco estoy muy seguro de mis sentimientos. No sé si es que la quiero, o simplemente fue el ambiente de aquella noche. No sé, estoy muy confundido, así que dejaré que el tiempo corra.  Con un poco de suerte la olvidaré; tampoco es una relación duradera, pronto será agua pasada
- Te equivocas. Si no te importara no estarías contándome cosas tan íntimas
- Ya te he dicho todo, así que déjame ya. No quiero volver hablar de ello más. Olvídalo

Y la conversación quedó interrumpida y finalizada con la llegada de sus padres, ignorantes de todo lo ocurrido.  Judith intuía que a su hijo le ocurría algo, pero no podía imaginar que estuviera relacionado con Macarena.  Más bien pensaba que se debía a  una recaída en el recuerdo de Ruth, o alguna complicación de alguna nueva aventura femenina.

Se sentaron en la mesa para la cena y la misma transcurrió normalmente, como si nada alterase las vidas de los jóvenes, pero ambos hermanos se mostraban más serios de lo normal, y Ruth intuyó que algo no funcionaba entre ellos.

- Hablaré con los dos.  Supongo que habrán tenido alguna discusión de hermanos.  Mañana les llamaré por separado, ahora están muy calientes y puedo estropearlo aún más. De ninguna manera que los hermanos estén enfadados entre si., de ninguna manera. ¡ Vaya ! para dos días que viene y se ponen a discutir. Estos jóvenes...

Lejos estaba de suponer por la incertidumbre que estaba pasando su hijo, y no era enfado entre hermanos, sino preocupación de Sarah por él.  Presentía que Aaron estaba más interesado en Macarena de lo que él mismo creía.

Judith espero hasta el día siguiente para hablar con su hijo. Lo hizo mientras éste preparaba su equipaje para regresar a su casa

- Aaron ¿ puedo hablar contigo un momento?
-Claro que si , madre. Dime ¿ qué quieres?
- Hijo no sé lo que ha pasado entre Sarah y tú, pero por favor, no podéis estar enfadados. Te vemos poco y cada vez que vienes tus estancias son muy cortas. Te queremos y me duele mucho que apenas os habléis, como observé anoche
- No mamá no nos pasa nada. Son cosas de la gente joven
- ¿ Tiene tu hermana algún problema?
-No, ja, ja, ja. No estés preocupada. Ella sigue bien con Ari, y el día menos pensado unirán sus vidas. Debéis estar preparados
- ¿ Seguro que no la ocurre nada?
- No, quédate tranquila. Fue una simple discusión entre hermanos
- Pero debió ser fuerte, porque nunca habéis estado tan serios como estabais anoche . -Acaso ¿ va a ser mamá?

- No, madre. No se trata de eso.
- Entonces, ¿ qué pasa?
- Mamá, mamá. No es ella,  soy yo
-Hijo mío, no me asustes
-No te preocupes, no es nada
-¿ Cómo que no es nada ? ¿ Es referente a tu escapada a Madrid?
- Tiene que ver con eso, si. Pero no quiero hablar de ello
- Tienes que contármelo
- Mamá - dijo en tono tajante - no te metas, no voy a decirte nada. Y ahora me voy que pierdo el avión

 Besó a su madre, abrazo al padre y salió rápidamente sin dar tiempo a Judith a reaccionar.   Nada comentó con su marido, pero su preocupación iba en aumento. Salió de la estancia, subió hasta su dormitorio, y allí se puso en contacto telefónico con Sarah.  Sabía que estaba trabajando, pero quería decirle que fuera a casa en cuanto pudiera. Necesitaba saber la verdad de todo.

Sarah fue a casa de sus padres al terminar el trabajo en el Consulado de su país. Allí conoció a Ari, agregado cultural, allí se enamoraron e iniciaron una relación que pensaban convertirla en unión en un breve espacio de tiempo. Llegó preocupada ante el tono de voz de su madre, que normalmente era alegre y jovial

- ¿ Qué pasa?, me habéis asustado
- Siéntate, hija. ¿ Deseas tomar algo?
- Un té.  Pero dime ¿ qué ocurre, a qué viene tanta urgencia?

Mientras su madre servía el  té, fue relatando su conversación con Aaron y a la conclusión a la que había llegado: " no te metas, mamá"

- Quizás debieras dejar todo como está. Él es quién debe solucionar lo que sea, mamá
- Pero quiero saber lo que le ocurre. Se trata de mi hijo , y sólo sé que fue muy contento, y ha venido cambiado. Quiero saber lo que ha pasado, nada más



Sarah depositó el vasito en la mesa, tragó saliva y lentamente relató a su madre lo ocurrido con Macarena

- Pero por favor mamá, no le digas que lo sabes. Que he sido yo quién te lo ha dicho . No le comentes nada, por favor. Está tratando de que sea una simple anécdota. Creo que aún no ha superado lo de Ruth, eso es todo
- Pero algo tenemos que hacer...¿ Es que no se puede arreglar nada ?
- No mamá, no podemos intervenir. Es cosa de ellos. De todas formas ella y yo conectamos bien, así que he pensado,  cuando tengamos unos días libres, viajar Ari y yo a conocer aquello.  Pero mientras tanto, calladita ¿ me oyes?, calladita.


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