Refeso a Sefarad - Capítulo 7 - Un nombre prohibido

 Aaron vivía en un moderno y bonito barrio de Tel Aviv, aunque esporádicamente se desplazaba hasta Jerusalen, sobretodo cuando la depresión invadía su mente.  Abandonaba el hogar y marchaba hasta la capital. Allí permanecía por varios días y luego regresaba de nuevo a su casa a enfrentarse con sus recuerdos.

El apartamento no era muy grande, tan sólo dos habitaciones, un salón, una pequeña cocina y un cuarto de baño.  No necesitaba más.  Cuando Ruth estaba,  habían hecho proyectos para mudarse a otro piso mayor, pero no les dio tiempo.  Frente a la entrada del edificio echó un vistazo a la fachada  como si fuera la primera vez que lo viera, pero la realidad es que dudaba en entrar o dar media vuelta y marcharse.  Lentamente subió las escaleras e introdujo la llave en la cerradura, que cedió con facilidad.  Todo estaba igual que cuando lo dejó para ir hasta Agadir.  Miro a su alrededor y el silencio le aplastaba, ese silencio tan especial que de un tiempo a esta parte notaba más profundamente.


Encendió el televisor y subió su volumen, al menos oiría ruido.  Comenzó a deshacer el equipaje.  Lo dejaba todo encima de la cama.  La máquina de hacer fotos salió entre unos pantalones que la protegían.  Entonces interrumpió su tarea y se sentó en el lecho para ver lo grabado. Tenía todo el tiempo del mundo para arreglar la ropa, ya que aún tenía días de vacaciones.  Dejó pasar las fotos hasta que llegó a la que  hizo a Macarena.  Allí estaba ella sonriente, y recordó con exactitud los momentos vividos aquel día. No se despidió de ella, salió precipitadamente  sin tener obligación alguna de hacerlo.  Pero no podía seguir adelante. Notaba  que cada vez le agradaba más  estar en su compañía y no quería, no podía comprometerse con ella. Al besarla sintió algo especial y entonces tomó la decisión de ausentarse de ella.  No la pasaría al ordenador, la borraría, "si eso es,  mañana la borraré".  No tenía ninguna posibilidad de volverse a ver, con lo cual ese asunto quedaría zanjado.

Macarena disfrutó mucho en la boda de su amiga y hasta tuvo varios chicos que andaban a su alrededor.  Bailó con alguno de ellos, pero no se citó con ninguno, a pesar de que lo intentaron.  ¿ Por qué ?  No entendía su negativa a salir.  Eran unos chicos agradables, alguno hasta guapo, pero a ella no le interesaban en absoluto.

El día 1 de Agosto se incorporó de nuevo a su trabajo, sin excesivas ganas, todo hay que decirlo.  Había descansado durante sus vacaciones, y también habían ocurrido "cosas" que la perturbaban.  Entró en el despacho de don Damián para hacer acto de presencia y a renglón seguido le fue encomendada la misión de conducir a un grupo de turistas en el autobús descubierto que recorre Madrid.

- ¿ En el autobús?
- Si hija. Ya sabes cómo es Agosto, el trabajo afloja y hay que aprovecharlo todo, que corren tiempos difíciles.  Nos lo pagan muy bien, pero tendrás que cenar con ellos ya que el recorrido es nocturno.  Quieren ver los edificios iluminados.
- Está bien, no se preocupe. Cumpliré con mi trabajo como siempre lo he hecho.  Y ahora si me disculpa, iré a preparar el itinerario. ¿ Está reservado el restaurante?
-Si ya está todo arreglado. Salís desde aquí a las siete y a las nueve la cena. Ah! quizás alguno pida ir a un tablao. Por si acaso hemos contratado el Corral de la Morería.


- Pues entonces nos veremos mañana
- Hasta mañana . Que no te canses mucho. Recién venida de vacaciones cuesta entrar en acción. Ja, ja, ja
- ¡ Ya lo creo !, pero en cuanto tome contacto,  me sacudo la pereza.

A las  7 en punto de la tarde, Macarena estaba en la puerta del autobús esperando a sus turistas, que puntuales fueron llegando y acomodándose en sus asientos. Algunos, sobretodo los más jóvenes, decidieron ir en el último piso,  al descubierto. Macarena como siempre iba sentada en el asiento del copiloto.  Con la instalación de micrófonos los situados arriba, escuchaban perfectamente la explicación de la chica, lo que la evitaba tener que subir y bajar del autobús en marcha.


La Carrera de San Jerónimo, La Puerta del Sol,  Palacio de Oriente...,   desfilaron ante los ojos de los turistas que miraban encantados cuanto veían.  Ni siquiera hablaban entre ellos, señal inequívoca de que les gustaba  y estaban  atentos a las explicaciones de Macarena, que les relataba la historia de cada calle, cada edificio o monumento por el que pasaban.  Cuando llegaron al restaurante, todos hubieran continuado la ruta; estaban encantados y hasta algunos decidieron que lo repetirían,  y eso que iban a paso de tortuga para que pudieran sacar fotos con tranquilidad. Macarena era una guía que le gustaba ir despacio, deteniéndose en cada lugar y dejando que los visitantes se recrearan y preguntaran cuanto quisieran.  Los turistas  pidieron para beber sangría. Tenían que probarla, máxime con el calor que hacía.  Macarena les advirtió que debían tomarla con precaución para que no se les subiera a la cabeza, cosa bastante frecuente entre ellos, pero estaba fresquita, dulce y rica, y al poco rato los vapores hacían su efecto y comenzaron a reír, a cantar, a dar vivas, en definitiva: se pusieron contentos.  Pidieron acudir a un tablao, ella les llevó como estaba acordado, y cerca de las 4 de la madrugada, caía rendida en su cama. Pondría el despertador a las 7 y le pedía a Dios que no tuviera mucho trabajo al día siguiente.

Pasó Agosto y a principios de Septiembre Lucía se incorporó a su trabajo en la Agencia, aunque por poco tiempo

- Macarena, tengo que decirte algo - le dijo confidencialmente a su amiga en voz baja
- Dime ¿ ocurre algo?
- Si ¡ estoy embarazada !
- ¡ Lucía  me alegro muchísimo. Es lo que querías ¿ no ?
- Si, pero no tan pronto
- Pero debías contar con ello: recién casados, en viaje de novios, mucho tiempo libre, da ese resultado - dijo riendo- ¿ Vas a seguir trabajando?
- Estoy de poquito, así que esperaré hasta la confirmación de los tres meses. Deseo vivir mi maternidad intensamente. Estamos locos de contentos, pero no digas nada todavía. Sólo lo sabemos los tres.
- Descuida, seré una tumba
- Y tu chico ¿ sabes algo ?
- Eres muy pesada, no es mi chico. No, no he sabido nada
- Pues hacíais una pareja estupenda
- Si, pero las cosas no son tan fáciles como verse y caer rendidos de amor. Eres una bobona. No vuelvas a preguntarme más- dijo riendo y abrazando a su compañera.

Se acercaban las Navidades. Lucía había dejado su trabajo tras la confirmación de embarazo y Macarena la echaba enormemente de menos, aunque hablaban con frecuencia por teléfono.  La rutina diaria de visitas a museos, viajes a las cercanías de Madrid, . marcaban la vida diaria de la muchacha que a medida que se acercaba la Navidad se tornaba más melancólica.  Ni siquiera intentó pedir unos días de vacaciones para irse lejos de España en esas fiestas. Venían muchos turistas para pasar la noche de Fin de Año en Madrid, y tenían bastante trabajo.

El día 24 de Diciembre amaneció nublado y frio. Había helado durante la noche. Tenía el día libre por ser Nochebuena y decidió salir de compras para obsequiar a sus amigos, y de paso compraría algo de comida para esa noche y el día de Navidad, en que todos los comercios estaban cerrados.

Después de arreglarse, se puso un gorro de lana una bufanda y salió a la calle. Se dirigió a los comercios del centro y de una sola atacada compraría todo lo que le hiciera falta.  Para mediodía había terminado y regresó a casa cansada.  Los comercios en esas fechas están rebosantes de personas en un peregrinar incesante por las tiendas y la calle. Empujones, colas en las cajas, en fin : era Navidad.

Llegó a casa, soltó los paquetes y se dejó caer en el sofá quitándose los zapatos estaba cansada. Una vez guardadas las compras comenzó a poner en el frigorífico la comida. Productos pre-cocinados, no le apetecía ponerse a guisar. Comería cualquier cosa y después se acostaría en el sofá y vería la tele. Nada extraordinario, todo rutinario.

Un timbre la despertó del profundo sueño en el que se había sumergido. Sobresaltada y medio adormilada, se preguntaba si había soñado, o había sonado el timbre en realidad. Aguardó unos instantes, pero una segunda vez la sacó de dudas



Descalza y adormilada, atusándose el cabello, se dirigió hasta la puerta de entrada, al abrirla el asombro la invadió de tal modo que no podía articular palabra

- ¿ Tú ?
- No deberías abrir sin mirar, al primero que llame a tu puerta. ¡ Descalza ! quieres coger una pulmonía- dijo la persona que frente a ella sonria al ver la sorpresa de Macarena
- ¡ Aaron ! ¿ cómo has dado conmigo? La agencia está cerrada...
- Le diste a mi hermana una tarjeta ¿ no te acuerdas?

- ¡ Cierto ! Perdona estaba durmiendo una siesta y aún no me he despabilado
- ¿ No me dejas entrar?
- Perdona, estoy noqueada. Discúlpame
- Bueno ya que tu no lo haces, lo haré yo. Dame un beso de bienvenida, por lo menos
- Por favor, qué tonta estoy. Naturalmente que te lo doy - dijo esto acercando su mejilla a la boca de él

Se besaron en ambas mejillas, siguiendo la costumbre española. Se miraban sonrientes sin decir nada. Ella no salía de su asombro,  él simplemente la miraba

- Bueno, cuéntame¿ qué te trae por España?
- Tenía unos días libres y pensé " voy a darme una vuelta " y aquí estoy. No sé si te conté que compré un apartamento en Lavapiés,  por mi abuelo
- Si creo que me comentaste algo, pero me alegro de que al menos tengas alguna raíz en Madrid
- Lo hice por mi abuelo, porque de alguna manera recuperase un trozo de su tierra, aunque no era exactamente en Madrid
- Supongo que algún día me llevarás a verlo
- ¿ Quieres que vayamos ahora?
- ¿ Lo dices en serio ?
- ¡ Claro que lo digo en serio!  Anda arréglate un poco y vayamos. Tienes un aspecto horrible
- ¡ Oye ! me deberías decir lo bonita que me ves, y me dices que estoy horrible, ja, ja ,ja. Dame unos minutos y te retractarás de lo que has dicho.

El chico paseó la mirada por la habitación. La estancia era muy "Macarena": todo en perfecto orden, nada fuera de su lugar.  No faltaban unas flores junto a los retratos de sus padres en el  lugar preferente de una mesita junto a otros recuerdos. Los miraba detenidamente con agrado,  cuando ella entró en la estancia perfectamente peinada y arreglada

- Lista, ya estoy
- Estás muy, muy guapa y te has puesto el perfume que me encanta.
- Vaya menos mal
- Vámonos pues

Tomaron un taxi en lugar de ir en coche, el aparcamiento y la circulación eran imposibles en esos días de fiestas.  Su charla era amena , la de dos buenos amigos que hacía tiempo no se vieran.

Llegaron a la corrala en donde Aaron tenía su vivienda.  Macarena quedó impresionada por la reconstrucción que había tenido aquel lugar, que antes era clásico de Madrid, pero que los años no habían perdonado su paso.  Ahora sin embargo era el mismo lugar pero más moderno,  sin perder su clasicismo



Entraron en el pequeño apartamento que constaba de una sola habitación, espaciosa,  el baño dentro de esa estancia, una pequeña cocina tipo americano y un salón bastante grande.  Suficiente para una persona sola y que además viaja frecuentemente.  Los pocos muebles que tenía eran modernos y de buen gusto. Quedó gratamente sorprendida

- ¡ Es precioso !
- Suficiente para mi  por si alguna vez se decide mi hermana o mis padres venir a conocerlo.  No confiaba en encontrarte en casa, pensé que pasarías esta noche con algún amigo
- No celebro la Navidad. No desde que murieron mis padres. Es más,  quisiera que no existiera. Me deprimen, no me gustan, me traen recuerdos de mi niñez y me entristecen mucho.
- Bueno, pues hagamos que no es Navidad, sino que vamos a cenar como en Agadir ¿ te acuerdas?
- Si, si me acuerdo. Lo pasé muy bien. ¿ Puedo preguntarte algo?
- Adelante, pregúntame
-¿ Por qué saliste tan precipitadamente? ni siquiera pudimos despedirnos
- Es una larga historia
- Pues cuéntamela, tenemos toda la noche
- En otra ocasión. Quizás algún día te lo cuente, pero aún no estoy preparado.
- Lo siento. Sin duda es algo muy doloroso. Perdona, no debí preguntarte. No debo preguntarte nunca,  nada
- No lo tomes a mal, sencillamente aún me duele.
- ¿ Cómo está tu familia? Tienes una hermana preciosa, y tus padres qué jóvenes y encantadores. Disfruta de ellos, porque cuando los pierdes no tienes idea de lo necesarios que son. ¿ Por qué no quieren venir a España? mirándolo bien,  su ascendencia es española
- Ya lo sé, y cuando se reúnen en familia, todos evocan las historias que se han ido transmitiendo de generación en generación, y cantan en un castellano algo raro, pero entendible perfectamente, y bailan con sus danzas sefarditas.  Ellos han amado a Sefarad más que Sefarad a ellos.
- Cierto, pero en aquella época estaban dominados por la religión y la ambición de poder. Tenían poca cultura y cuando alguna persona con mala intención les metía una idea en la cabeza no veían más y se creaban enemigos imaginarios por doquier.  Los que conocemos la historia, sabemos de los beneficios y la cultura que nos trajisteis: las matemáticas, la medicina, la astronomía... Todos cuantos nos invadieron nos dieron cultura y hasta les costó abandonar esta tierra cuando tuvieron que irse. La amaron,  todos sin excepción.

Ël la miraba, en el fondo admiraba su sensatez y claridad de ideas. Le inspiraba ternura el verla tan joven y tan sola. No tenía ningún pariente, no tenía a nadie, por eso se hizo el firme propósito de ser su amigo, de ser ese amigo que siempre esté dispuesto para ayudarte, para escuchar cuando necesites hablar y reír cuando estés alegre y compartirlo todo.


- ¿ Sabes que Lucía va a ser mamá?
-¿ Lucía es la chica que se iba a casar?
- Si la misma. Ya no trabaja en la agencia y yo la echo mucho de menos, aunque hablamos de vez en cuando, pero el trabajo no me permite frecuentarla tanto como quisiera.  Estoy muy contenta por ellos. Son muy felices, y¡ se les ve tan enamorados, y ahora con un bebe!...
-¿ Te gustan los niños ?
- Si me entusiasman. Me gustaría ser madre algún día
- ¿ Algún día ? Lo ves como muy lejano
- Es que está muy lejano. De momento como no sea por inseminación artificial, no tendré un bebe
- ¿ Te inseminarías?
- De momento no. Deberá pasar mucho tiempo para eso
- ¿ No tienes novio, o pareja?
- No. Hace tiempo que me gusta un chico, pero yo a él no, así que ...
- No puedo creer que no le gustes
- Créetelo, no hay mucha afinidad entre nosotros, aunque no es por mi. Pero cambiemos de tema, por favor. No estoy pasando mi mejor día- en todo momento se estaba refiriendo a él, aunque no lo supiera
- Pues no se hable más. Preparemos nuestra cena, bebamos un buen vino y al menos riamonos... - pronunció estas palabras clavando su mirada en la cara triste de Macarena.  Le dolía verla sufrir y sentía unas tremendas ganas de abrazarla y susurrarla suavecito al oído: " ya mi niña, ya , no sufras. Me tienes a mi "
Se sentía muy confundido. Desde que la viera por la tarde, su sangre se aceleraba por sus venas hasta golpearle fuertemente en las sienes. Nunca había sentido una sensación tan fuerte al estar con una muchacha, Con Ruth era distinto, se amaban y comprendían, no había nada que explicar, sin embargo con Macarena... ignoraba todo de él, pero tampoco quería desvelarle nada. ¿ Qué debía hacer, salir corriendo de nuevo?  Ella estaba deprimida, no era la chica alegre del verano. Necesitaba  un amigo y él estaba dispuesto a serlo sin condiciones.

Prepararon la cena mientras apuraban una copa de vino. Macarena puso la mesa con detalle. Rebuscó en los muebles de la casa , algo que sirviera para darle un toque especial, porque era una noche especial y no por ser Nochebuena.

Se sentaron a la mesa y bromearon, y bebieron.  Se sentían felices de estar juntos. El sabia la historia de Macarena, así que comenzó a relatar la de sus padres

- La familia de mi padre, después de ser expulsados de Sefarad, recalaron en Polonia. Cuando la invasión alemana, salieron antes del cerco y pasaron por Francia hasta llegar a España, pero allí tampoco se sintieron seguros dado que Franco se vanagloriaba de ser amigo de Hitler, por tanto cruzaron el estrecho y llegaron a Marruecos. Se establecieron en Larache. Allí crecieron mis tios y mi padre y allí conoció a mi madre. Se casaron y nos tuvieron a Sarah y a mi.  Estuvimos a punto de residir en Palma de Mallorca, pero al final nos quedamos en Marruecos. Cuando fuimos mayores nos enviaron a Israel para que conociéramos nuestro país. Allí estudiamos Sarah y yo. Necesitaban ingenieros agrónomos para los cultivos que hacía años habían iniciado y esa fue la carrera que elegí. Hice el servicio militar y estudiaba a un tiempo. De esa forma me quedé a vivir en Israel en donde tenía mi futuro asegurado.  Me gustó Tel Aviv, porque es una ciudad joven, abierta, cosmopolita, sin tanta rigidez con la religión, a pesar de  que los ortodoxos son rigurosos al máximo, pero ellos tienen sus barrios y no molestan a nadie mientras no les "toques" sus creencias.
Por el contrario la familia de mi madre, al ser expulsados cruzaron hasta Marruecos y allí se quedaron. Son más sefarditas que la familia de mi padre.  Normalmente dicen " que se sienten más cerca de Sefarad". No lo creerás, pero son más españoles que vosotros mismos.


- Ya lo sé, y gozan de toda nuestra simpatía. Pero por eso no entiendo porqué no quieren venir a conocer tu casa.
-- Si quieren, sobretodo mi madre. Y vendrán, pero ellos también sienten nostalgias y dolores a sus espaldas. La mitad de ambas familias desaparecieron, unas aquí cuando la Inquisición, y otras en los campos de concentración.  El tiempo pasa y muchos ya no viven, así que de una extensísima familia, quedan ya muy pocos. Por eso cuando se reúnen sacan del armario todos los recuerdos transmitidos.  Creo que ya está bien por hoy, basta de historias familiares- dijo Aaron
- Debo irme, es muy tarde y estarás cansado
- No te vayas... aún

Ella de repente se puso seria y le miró tratando de averiguar el significado de aquellas palabras. Él era muy celoso de su intimidad y había de tener cuidado. De repente se vio rodeada por unos brazos fuertes que la estrechaban contra el pecho de Aaron y unos labios que buscaban los de ella.



  No se resistió, no le rechazó. Acariciaba su nuca con los ojos entornados dejando que él besara su cuello,  su frente , sus mejillas, sus labios.  Quizás lo bebido antes y durante la cena nublase su consciencia, quizás se sentía sola , quizás  se había dado cuenta de que estaba loca por él... pero se dejó llevar sintiendo el amor por primera vez en aquel rostro que había amado desde el primer instante que le vio. Y sintió el verdadero amor, el placer más intenso al sentir la piel de él sobre la de ella. Las caricias recorriendo su piel, sus besos...pero ninguna palabra de amor.  De repente él pronunció algo en hebreo que no entendió y un nombre de mujer: Ruth.  Lo pronunciaba con desesperación, con amargura y entonces se dio cuenta que no hacía el amor con ella, sino con Ruth.  Le apartó de  al cabo de un rato y cubriéndose con la sábana se levantó sin pronunciar palabra

-¿ Dónde vas? - dijo él
-A mi casa, es muy tarde
-Pero si es festivo, no tendrás que ir a trabajar
- No importa , me voy
- No te entiendo, nunca entenderé a las mujeres. Coquetean contigo y cuando te lanzas, salen despavoridas
- Yo no he coqueteado contigo, ni salgo despavorida, simplemente me voy. Creo que con Ruth lo hubieras pasado mejor
- No pronuncies su nombre nunca más. Ni se te ocurra

Macarena se asustó, nunca le había visto con ese rictus en la cara. Había cambiado totalmente, ya no era el hombre que momentos antes acariciaba su cuerpo. Estaba descompuesto como si hubiera cometido un delito al pronunciar el nombre de esa mujer, quién quiera que fuese.

Salió de la casa apresuradamente dando un portazo a sus espaldas.  Aaron la siguió hasta las escaleras y agarrándola de un brazo, la dijo con brusquedad
-¿ Dónde vas a estas horas, te has vuelto loca?
- Déjame por favor, tengo que irme
- Espera te acompañaré
- No hace falta, sé cuidarme yo sola. Te recuerdo que viajo sin guardaespaldas
- No me importa, quiero acompañarte

Bajaron en silencio y comenzaron a caminar a la espera de encontrar un taxi. No vieron ninguno; en esa noche dejan el turno temprano para estar con sus familias y tan sólo los que estaban de guardia circulaban. Anduvieron un largo trecho, en silencio, hasta llegar a Atocha y allí tomaron uno que les condujo hasta el domicilio de Macarena. Se apeó ella la primera sin esperar que él abriera la puerta.  Mientras decía al taxista que le aguardara,  ella entró en el portal cerrando la puerta tras de si sin despedirse de Aaron que vio cómo entraba en el ascensor.  Aguardó hasta ver que las ventanas se iluminaban y entonces reemprendió la marcha de regreso a su casa


Mientras se acostaba acariciaba el sitio en donde Macarena acababa de estar. La almohada aún conservaba su perfume. Sentía una rabia infinita de la que no podía culpar a nadie, sólo él la tenía.  No comprendía el porqué había nombrado a Ruth en aquel preciso instante.  Las palabras que Macarena no entendió, eran palabras en las que la pedía perdón por haberse enamorado de nuevo y querer a otra mujer.  Pensó que no hubiera ocurrido si hubiese descargado su alma y hubiera confesado a Macarena lo ocurrido con Ruth, pero ahora todo se había perdido, todo era inútil. Cómo hacerla comprender que había ocurrido todo lo contrario de lo que ella pensaba



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