Destinos cruzados - Capítulo 10 -¿ Cómo subo a la novena ?


Al llamar a la puerta del apartamento de Denis, el corazón de Christine parecía que iba a saltar de su pecho.
La preocupación por el estado de su amigo, el reencontrarse después de tanto tiempo con los mismos lugares que ella frecuentaba, . hacía que la emoción la embargara.   Tuvo que recostarse en la pared, pues las piernas le flaqueaban.   La puerta la abrió el mismo Denis con una amplia sonrisa

- Denis ¿cómo estás¿, dímelo

Denis soltó una carcajada agarrándola por el brazo .Su plan con la ayuda de  Hutchinsons había resultado perfecto. La primera parte la habían conseguido: Christine ya estaba en casa. Ella le empezó a golpear el pecho llena de rabia, al verse engañada, y Denis la  abrazaba entusiasmado.


-Para, para. Deja que te explique.Ven y siéntate aquí.  He de contarte  todo y despacio, pero has de prometerme que vas a escucharme hasta el final y con calma - La explicación fue detallada en todos sus conceptos y únicamente así Christine pudo calmarse.
- Tienes que verle, Christine. Ha pasado por un infierno.  Trató con desesperación de encontrarte sin ningún resultado. No volvió por la oficina. Odiaba la compañía y la culpaba de todo.  No comprendía como volvía a ocurrirle lo mismo otra vez.  Hasta que en vista de su fracaso, buscó refugio en donde no debía.  Había noches que ni siquiera iba a casa y cuando lo hacía, se tumbaba en la cama sin siquiera quitarse la ropa y dormía, dormía... No comía, no quería ver a ndie. Y se marchó donde sabe Dios que tenga ese refugio. Al cabo del tiempo, volvió pero no apareció por el trabajo. Su padre estaba desesperado, sin saber qué hacer y sintiéndose culpable de tantas cosas.Ve a verle.  Hablad todo lo que tengáis que hablar.  Olvidad este mal trago y vivid de una vez vuestra vida.  Haced lo que os de la gana, Vivid donde queraís y como dseeis. Ilvidaos ddl resto del mundo, y por favor sed felices de un vez.
- Denis... yo...- Tuvo ue refugiarse en los brazos de su amigo ante la angustia que sentía por Mathew. Y siguió su consejo, y pensó que había llegado la hora de ellos.   Puso especial esmero en su peinado, en su vestido y pidiendo el visto bueno a Denis, se encaminó a la puerta,  nerviosa, pero decidida a  recuperar su amor perdido.


 Al llegar frente al edificio leyó la placa como aquel otro día en que fue por primera vez a entregar un curriculum vitae

-Inmobiliarias Hutchinsons e hijos-  repitió en voz baja como para convencerse de  que había vuelto.

Había un hombre mirando distraido la palma de su mano, frente al ascensor "de los jefes". Tuvo que hacer grandes esfuerzos para no llamarle, pero estaba dispuesta a llevar su plan hasta el final. Por fin llegó el ascensor y el hombre penetró sin mirar a ningún sitio. Había sido llamado por su hermano con toda urgencia y no pudo negarse a acudir al despacho. Al sentir que otra persona entraba al tiempo en el ascensor, sin volverse exclamó.

-Este ascensor es particular, y no puede subir el público
-Ya lo se¿ cómo puedo subir a la novena?

Mathew se giró lentamente.  , Aquella voz,...   Era imposible. Le recordó otra escena vivida y que cambió todo. No era posible que el destino se cruzara en su camino de nuevo y le volviera a hacer vivir otra experiencia como aquella. Frente a él había una joven , preciosa, con los ojos húmedos y los labios temblorosos que no podía pronunciar palabra. Sólo mirarle,  sonriendo. . Tendió sus manos hacia él y Mathew la abrazó con tanta fuerza que no podía respirar.



-¡ Dios mio, Dios mio!. Estás aquí, has vuelto, has vuelto

Las lágrimas de ambos se fundieron como se fundieron sus abrazos. No podía creer lo que estaban viviendo, se separaban , se miraban y volvian a abrazarse. Era verdad, lo estaban viviendo,  no era un sueño. La beso con desesperación, con toda la angustia vivida durante tanto tiempo, y con toda la necesidad de tenerla cerca.  Y ella sintió lo mismo y no les importó que al llegar a la novena, el ascensor se detuviera y se abrieran sus puertas, y que aguardándoles estuvieran todos, que emocionados contemplaban aquel abrazo y aquel beso interminables. Sólo se separaron cuando un aplauso atronador les hizo volver a la realidad.  Los ojos de ambos estaban húmedos, pero no les importó. Ya nada importaba; estaban juntos de nuevo y no volverían a separarse nunca.

 Un feliz Clive les recibió abrazando primero a Christine y después a su hermano. Todo era una puesta en escena para ellos. Todos habían colaborado para el encuentro. Unos pasos más atrás estaba Peter Hutchinsons, emocionado, y a su lado Denis riendo feliz.



-¡Sorpesa! es el grito que todos a una exclamaron.-   Peter Hutchinsons agarró del brazo a Christine y la apartó un poco

-Gracias, hija por el bien que nos haces. ¿Podrás perdonarme algún dia?
-Perdonarte ¿ de qué? Soy tan feliz que he borrado todos los malos tragos que hemos pasado. No volvamos a recordarlos. Tenemos toda una vida por delante para ser felices, por favor, borrémoslo de una vez.- Y depositó un beso en la mejilla de Peter.

Mientras Peter hablaba con Christine, Clive abrazaba a su hermano que emocionado no podía separarse de él. Los músculos los tenía agarrotados de los nervios y de la emoción vivida

- Eh, muchacho. Está aquí. Ha vuelto y te sigue queriendo. Reacciona o vas a asustarla y saldrá corriendo nuevamente.- Por fin, en mucho tiempo, Mathew rompió a reir y se dirigió hacia donde su padre hababa con Christine.  la cogió por la cintura, la beso en la mejilla, y al oido, muy bajito, parz que sólo ella lo escuchara, le dijo" Eres mia, sólo mia ".

-Se nos hace tarde, vamos, que no llegamos.-Dijo Denise llamando la atención de todos dando unas palmadas.

-¿ Qué pasa ahora? Con nosotros no contéis,- dijo Mathew.- Tenemos muchas cosas de las que hablar y además no me vais a separar de ella nunca más.
-Pues no tenéis más remedio que venir, es imprescindible. Tardaremos poco, no preocuparos y luego tendréis toda la noche y todo el día siguiente para que hagáis lo que queráis
-Casarnos, inmediatamente. No vaya a ser que se me vaya de nuevo-  Rió Mathew al tiempo que la besaba



Todos rieron al tiempo que bajaban para ir a ...¿dónde?.  Tardaron media hora en averiguarlo. La zona era nueva, bonita, alegre con un parque para niños precioso donde jugaban y llenaban de risas el aire.

 En un lateral un edificio impresionante en cuyo frente había un cartel enorme en el que se podía leer DESTINOS. CENTRO COMERCIAL.

Efectivamente eran las casas sociales rehabilitadas en el mismo barrio donde estaban situadas, el centro comercial y el parque para los pequeños. Mathew y Christine cogidos fuertemente de la mano, no podían dar crédito a sus ojos. Todo se habia cumplido. Los emigrantes tenían unas casas saneadas y alegres. Las preocupaciones había huido de sus vidas, ya que muchos de ellos habían encontrado un trabajo estable dentro del mismo centro comercial. Este había tenido un éxito espectacular: siempre estaba lleno de gente ávidas de efectuar compras. Todo era perfecto, había compensado tanto sufrimiento para gozar ahora de tanta felicidad. Mathew y Cristine se fundieron en un beso , coreado por todos y con aplausos de los niños que bajaban por el tobogán. Hasta Puky ladraba sin cesar desde el coche de Coraleen; había reconocido a su dueña.




Oficialmente habían inaugurado no sólo el centro comercial, sino aquel lugar frio, insano y lúgubre, convertido ahora en una zona casi residencial.  En las casas habían macetsas con flores.  Y árboles y plantas  alededor del parqiue de los niños, y a la entrada de cada vivienda unifamiliar, con todas las comodidades necesarias par una vida digna. Los emigrantes se cercaron a ellos y les tomaban las manos con intención de besarlas en señal de agradecimiento. Christine estaba muy emocionada y tomando del brazo a su suegro, le dijo " Gracias Peter lo has hecho, muy bien".  Y visitaron el ambulatorio médico, y la escuela y también la pequeña iglesia del barrio.  Con todos hablaron, con todos rieron.

Se escabulleron.  Había una fiesta de inauguración, pero ellos no estarían en ella.  Estaban ansiosos por estar solos, por salir corriendo y refugiarse en el ultimo rincón del planeta donde nadie pudiera encontrarles.  Necesitaban estar  solos,, aunque sólo fuera para mirarse.  Pero habla muchas cosas que contar, muchos planes por realizar, y sobretodo, para vivir y desquitarse de todo lo que no habían vivido.


Fueron hasta el espacioso aparcamiento, enorme y buscaron el coche de Mathew, dejado previamente por Clive.  No sabía donde irían tampoco les importaba. Ella reposaba su cabeza en el hombro de Mathew y el tomando su mano, la depositó encima de su rodilla

- Deja la mano ahí.  Necesito sentir tu contacto- Y llevándosela a los labios, depositó en ella un beso.  Reia a carcajadas, y Christine extrañada le preguntó

- ¿ De qué te ries ?
- De que soy feliz.  No hay nadie en el mundo que lo pueda ser mas que yo.- la respondió.  Y ella también rió

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