El susurrar del viento - Capítulo 17 - Y el viento les susurró


Y le dieron   el alta provisional.   Debía pasar alguna revisión más  para controlar que todo estaba correcto. Le quitarían  los puntos de sutura del muslo, y pasados unos días  parte de las grapas del pecho, pero las costillas aún tardarían en curar, y eso precisamente era lo que más le molestaba. Y el tiempo corría y,  había pasado un mes largo  desde que ocurriera el accidente,

Ese día fueron a la consulta para  ver los resultados  del último chequeo antes del alta definitiva, y el médico que le atendiera  desde el principio, les recibió con rostro sonriente, señal de que todo estaba bien

- De acuerdo Sean, has vuelto a nacer.No dábamos ni un pavo por ti, pero ya ves,  aquí estás, así que cuídate. Olvídate de la hemorragia, del muslo y de las costillas.  Prepárate para la llegada de tu hijo, y sobretodo cuidaros ambos y,  sed felices.  Habéis tenido mucha suerte, aprovechadla.  Puedes hacer tu vida normal..., en todos los sentidos ¿ me entiendes?. Aunque las costillas aún te molestarán unos días, pero no será nada que no puedas soportar.  Deberás estar tranquilo y no acudir al trabajo hasta dentro de una semana.  Quiero verte por aquí dentro de tres meses. Te volveremos a hacer un chequeo y si todo está como pienso esté, te dejaremos en paz



Sonrientes y contentos, se despidieron del médico y regresaron a casa.  Lucía no soltaba el brazo de Sean; tenía miedo se cayera, o simplemente necesitaba sentir su contacto.  Estuvo a punto de perderle y ahora era importante cualquier gesto, cualquier pequeño detalle. Algo, de las recomendaciones del médico, la extrañó y preguntó a Sean el significado de ello

- Dime, cariñó ¿ Que ha querido decir el médico cuando ha dicho que puedes hacer tu vida normal en todos los sentidos? No lo entiendo, al mismo tiempo te dice que no vayas a trabajar aún.
-Lucía, ha querido decir que puedo hacer todo lo que hacía antes.  Y cuando digo todo, es todo.
-  Sigo sin entenderlo
- Mujer, significa que podemos tener relaciones sexuales normales, como siempre
-¡ Sean ! ¿ Cómo se te ocurre ? ¿ Estás de broma ?
- No, pequeña Lucía. Exactamente eso es lo que ha dicho, así que ya sabes...  esta noche...- Y riendo, entraron en el coche, pero ésta vez conduciría ella.



 Y, llegada la noche, a solas en su dormitorio,  por primera vez en mucho tiempo volvieron a sentir el placer de pertenecerse .  Al principio, Lucía estaba temerosa; le daba miedo fuera a perjudicarle, pero poco a poco ante la fogosidad mostrada por su marido se fue rindiendo a él, a sus caricias y amorosas palabras, y nuevamente la sensación que sintiera la primera vez, inundó sus sentidos y perdió el temor y se entregó  a él y al placer sentido en el acto más íntimo que el ser humano pueda tener.  Sólo pensaba en que podía haberle perdido, pero ahí estaba, susurrándola todo el amor que inundaba sus vidas; no existía más que ellos dos.  El mundo se había detenido en ese instante.  El placer corría por sus venas, y nuevamente volvió a sentir lo de la primera vez: gritar, pero esta vez no reprimió el grito.  Estaba con su marido y deseaba transmitirle la felicidad y el placer que la hacía sentir.  Eran un mismo cuerpo, una sola mente, un sólo amor que perduraba a través del tiempo y las circunstancias. Sean no cesaba de besarla; quería resarcirse de todo lo pasado.  Había estado a punto de no volver a verla, pero todo había pasado y sus vidas recobraban la normalidad poco a poco.

Y, una mañana, mientras Sean estaba en su despacho, una agitada Lucía le llamó, anunciándole la llegada de su hijo.Y como aquella primera vez, acudió nervioso y preocupado  junto a Lucía, que ya tenía todo preparado esperándole para ir al hospital. Y Sean junior nació sin problemas. Llorando a todo pulmón, lo que emocionó a los felices padres.  En la sala aguardaba Carmen que había sido avisada cuando el parto comenzaba.  Estaba emocionada

- Voy a parecer su madre, más que su hermana - dijo sonriendo cuando Sean salió con el niño en brazos para que le conociera.
- ¿ Y mamá, está bien ?-preguntó a su padre
- Si, cielo. Está perfectamente. Ahora la están arreglando y dentro de poco la trasladarán a la habitación. Y debo entrar, necesitan chequear a esta preciosidad. ¿ Sabes ? Se parece mucho a ti cuando naciste, sólo que tu eras rubia y él tiene el cabello del color de mamá.



 Y la vida siguió su curso. Carmen había terminado sus estudios, y siguiendo la tradición familiar, ayudaba a su padre en la hacienda.  Sean junior, comenzaba la enseñanza secundaria, y nuestros protagonistas recorrian la mitad de sus vidas, pero seguian amándose como al principio.

Sean delegó poco a poco en su hija muchas de sus funciones, por lo que disponía de más tiempo libre para dedicárselo a Lucía. Viajaron a España y recorrieron parte de Europa, permaneciendo casi un mes fuera de casa. A su llegada fueron recibidos con alegría por Carmen . Al día siguiente de su llegada, puso al corriente a su padre de todo lo acontecido durante su viaje.

- Llamó desde Méjico un tal Alberto Gonzálvez.  Por lo visto mantiene contigo desde hace tiempo amistad y algún que otro negocio.  Nunca me habías hablado de ello
- Hija, mantengo amistad con mucha gente. Hace mucho tiempo que empecé en el negocio. ¿ Qué te dijo ?
-Quería hablar contigo en cuanto llegaras; por lo visto quiere proponerte algo
- Bien, pues voy a llamarle ahora mismo.  Le conozco desde hace muchos años, desde que tu abuelo me puso al mando de todo ésto.  Últimamente no nos hemos visto mucho, pero seguimos siendo buenos amigos.

Sean llamó a su amigo y quedaron en verse en unos días. El señor Gonzálvez viajaría hasta Austin con su mujer e hijo.  Deseaba integrarle en el negocio del padre y darle a conocer a quienes con él mantenía algún negocio.

Era un fin de semana de un caluroso día de mitad de verano.  Se levantó especialmente contento. Le alegraba la visita de su amigo mejicano que estaría en un par de días.  Se hospedarían en la Casa Grande; había sitio de sobra para todos.  Mientras desayunaban propuso a Lucía comer en el campo, en ese lugar tan especial  para ellos. Y ella aceptó encantada porque sus recuerdos con ese sitio eran fuertes e importantes.  Como en una película, recordó el día, en que  hubo de marcharse de allí porque algo la alarmó: se trataba del día del accidente de Sean.  Llegaron al lugar, y tomados de la mano se acomodaron en su sitio preferido.  Extendieron una manta y descorcharon una botella de buen vino.  Sean tenía los ojos brillantes y sonreía levemente. Lucía conocía el significado de esa mirada de admiración, y amor sin reservas.  Brindaron y Sean comenzó a hablar sobre vivencias pasadas.



- Nunca te he hablado de cómo conocimos  la existencia de este lugar.  De pequeños, Peter y yo jugábamos por aquí. Al hacernos mayores, y después de conocerte por la foto, venía muy a menudo.  Aquí me tumbaba en la hierba y mirando al cielo, te imaginaba. Te sentía a mi lado, sonriéndome, al igual que hacías en la foto, sólo que imaginaba que me hablabas, que me acariciabas y que me decías que me querías.  Nunca imaginé que aquellos pensamientos se convirtieran en realidad. Te amé desde el instante en que te vi. Te he soñado toda mi vida, incluso cuando estuvimos distantes.  Fuiste mi norte y mi sur.  Quiero que sepas, que a pesar de los sinsabores pasados volvería a repetir la misma historia contigo, lo volvería a vivir mil veces si fuera necesario. Te necesito, amor mio:  No se qué hubiera hecho si no me hubieses querido.
- Sean, mi Sean.  Desde siempre fuiste mi motor. Pienso que estábamos destinados el uno al otro, sólo que la vida  quiso que nos conociéramos por Peter, pero que en realidad, tu has sido el amor de mi vida.  Si él no hubiera sido militar, si no hubiera sido destinado a España, no nos hubiéramos conocido nunca. ¿ Te das cuenta ?
- ¿Recuerdas aún a Peter?
- Si, le recuerdo, pero con cariño; mi amor verdadero has sido tú. Y doy gracias por haberle conocido por la razón que te acabo de decir.  Tardé en darme cuenta de ello, porque su muerte me dejó noqueada, pero me di cuenta  el día que hicimos el amor por primera vez. Él se borró de mi cabeza definitivamente, y en cambio era tu rostro el que estaba permanentemente en mi pensamiento.  Nunca más pensé en él como al novio muerto, sino en el amigo que perdí en una guerra injusta.



Sean tomó su rostro entre las  manos y la beso dulcemente, largamente, abrazándola como si fuera la primera vez. Y como la primera vez, en aquel lugar tan poético, se amaron.  Y la brisa les acariciaba meciendo sus cabellos.  Lucía al sentir el suave aire, miró hacia arriba, y se dio cuenta, como  aquella vez, que las hojas de los árboles no se movian; sólo ellos lo percibían.

Tumbados, con las manos enlazadas, permanecían en silencio mirando al cielo.  Sean se puso de lado contemplando el rostro amado de su mujer, que permanecía con los ojos entornados, saboreando aquel momento de unión y amor entre ambos.  Te querré siempre, Lucía, porque siempre te he querido, siempre. Y nuevamente se abrazaron dichosos de estar juntos.

Lucía, Carmen y Sean, emprendieron el viaje hasta Austin para recoger a  la familia Gonzálvez.   El chico permanecería algún tiempo entre ellos, porque su padre había dispuesto que aprendiera el negocio,  como el abuelo enseñó al padre: desde abajo.  Y para ello encomendó a su buen amigo Flanagan tal misión.  Comenzaría de peón y periódicamente, Sean daría un parte a su amigo de los progresos que hiciera el hijo.  Gonzálvez quería jubilarse de los negocios no tardando mucho, pero quería que su hijo estuviera preparado para hacerse cargo de la empresa.

Desde un principio, ambos matrimonios congeniaron perfectamente.  Sobretodo las mujeres, que eran de edad similar y ambas hispanas, por lo que conectaron de inmediato.  Carmen imaginaba a su joven huésped bajito y rechoncho, por lo que al verle quedó gratamente sorprendida al comprobar que su físico era totalmente opuesto al imaginado.

Después de las presentaciones, y mientras tomaban el aperitivo. Carmen ofreció a César, que así se llamaba el joven Gonzálvez, enseñarle la finca montando a caballo. Aceptó de inmediato, pues la sorpresa de él también fue grata al conocer a Carmen.  Mientras tanto los matrimonios hablaban de sus cosas, algo que a ellos les aburría.

Y Carmen, sin saber muy bien porqué, le llevó hasta ese lugar favorito de sus padres y allí descabalgando, pasearon y hablaron de lo que todos los jóvenes hablan: música, libros, películas...
Trabajarían juntos, aunque ella en plan jefa y él como peón.  Riendo prometió no ser muy dura con él.  Habían conectado muy bien; ambos se gustaban, y quizá fuese el comienzo de una grata amistad...  Pero eso sería otra historia.


César Gonzálvez

Carmen Flanagan

Continuará . . . . . . ?

            

F    I   N


Autoría:  1996rosafermu
Editada:   Marzo 2016
Fotografías:  Archivo 1996rosafermu





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